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Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Language:
Español
Stats:
Published:
2024-12-27
Completed:
2025-01-03
Words:
2,846
Chapters:
3/3
Kudos:
5
Bookmarks:
2
Hits:
74

Corazon Silente

Summary:

: En una época donde el destino de las mujeres está ligado a la fortuna y el matrimonio, Penélope Featherington es una joven cuyo corazón guarda más secretos de los que se imagina. Cuando una enfermedad inesperada comienza a afectar su salud, Penélope deberá aprender a confiar en quienes la rodean. Sin embargo, el amor no es un tema fácil de tratar, especialmente cuando se mezcla con la fragilidad de la vida, las normas sociales y los deseos más profundos. En un Londres lleno de alta sociedad, máscaras y bailes de gala, el corazón de Penélope está a punto de ser desvelado… en más de un sentido.

Chapter 1: La Larga Espera

Chapter Text

Capítulo 1:

La mansión Featherington estaba llena de vida aquella noche, iluminada por candelabros brillantes y decorada con los tonos más vivos que el buen gusto de la época permitía. Los familiares y amigos de la alta sociedad londinense se habían congregado para un baile en honor al Duke de Hastings y su esposa, Daphne Bridgerton. En el salón principal, la música de un cuarteto de cuerdas llenaba el aire, acompañando el murmullo de las conversaciones y el roce de los pasos sobre el suelo de madera pulida. Las mujeres, con vestidos de seda que brillaban bajo la luz de las velas, giraban con grácil entusiasmo, mientras los caballeros, impecables en sus trajes de terciopelo, discutían de caballos y las últimas apuestas en las carreras.

Sin embargo, entre el bullicio y la alegría, Penélope Featherington permanecía apartada. Había elegido un rincón discreto cerca de una de las altas ventanas del salón, donde la cortina de encaje le daba cierta privacidad. A pesar del brillo y la música, no podía evitar sentir un peso en el pecho que la alejaba de la diversión. Desde allí observaba todo, pero no participaba. Era como si estuviera atrapada entre dos mundos: el de la alegría que se desplegaba ante ella y el de la inquietud silenciosa que residía en su corazón.

Había sentido un agotamiento creciente en los últimos días, algo que no lograba explicar. No era sólo el cansancio habitual de las largas jornadas de eventos sociales; era algo más profundo, como si su cuerpo le estuviera enviando señales que no podía descifrar. A veces, el dolor en su pecho se presentaba como un susurro tenue, otras veces como una sombra persistente que le robaba el aliento. Y aunque lo había ocultado con esmero, temía que pronto se hiciera evidente para los demás.

—Penélope, ¿por qué no te unes a las demás? —La voz aguda de Lady Featherington interrumpió sus pensamientos. Su madre, con su característico vestido adornado con demasiados volantes, la miraba desde el centro de la sala, rodeada de otras damas. Había notado la ausencia de su hija en las actividades habituales y, como siempre, estaba más preocupada por las apariencias que por las razones detrás de su comportamiento.

—No me siento bien, madre —respondía Penélope con una sonrisa forzada, esperando desviar su atención. Pero Lady Featherington no era fácil de convencer.

—Oh, querida, siempre tan dramática. Ven, un poco de aire fresco te hará bien —insistió su madre, extendiendo la mano como si con ello pudiera resolver cualquier problema.

Penélope asintió con un gesto vago, pero no se movió de su rincón. Sabía que su madre no entendía lo que realmente le ocurría, y en cierto modo, no la culpaba. Nadie, ni siquiera sus hermanas, parecía darse cuenta de la lucha silenciosa que estaba librando. No se trataba solo de su salud física; era el peso de la soledad, el temor de ser vista como alguien débil o, peor aún, como una carga.

La noche continuó. Los asistentes al baile reían y bailaban, ajenos a la tensión que Penélope intentaba disimular. Mientras la observaba desde su rincón, sintió una punzada de envidia por las demás mujeres, que parecían disfrutar de la velada sin preocupaciones. Pero también sabía que no era tan simple. Cada una tenía sus propios secretos, sus propias batallas ocultas tras las sonrisas y las charlas banales.

Cerró los ojos por un momento, tratando de calmar el latido errático de su corazón. La música, aunque hermosa, le resultaba distante, como si llegara desde otro mundo. Inspiró profundamente, dejando que el aroma de las flores frescas y las velas perfumadas llenara sus pulmones, pero incluso eso le resultaba insuficiente.

“No puedo seguir así”, pensó para sí misma, aunque no tenía idea de cuál sería el siguiente paso. Había considerado hablar con un médico, pero la idea de que le confirmaran que algo estaba mal la llenaba de terror. Prefería la incertidumbre a la certeza de una verdad dolorosa.

El eco de una carcajada masculina la sacó de sus pensamientos. Levantó la vista y vio a Colin Bridgerton entrando al salón, su porte despreocupado y su sonrisa encantadora iluminando el lugar. Era imposible no notarlo, incluso entre la multitud. Colin tenía esa habilidad única de hacer que todo pareciera más liviano, más llevadero. Penélope sintió una oleada de emociones encontradas: alegría por verlo y temor de que él también notara que algo no estaba bien en ella.

Decidió apartar la mirada antes de que sus ojos se encontraran, pero era demasiado tarde. Colin ya se dirigía hacia ella, abriéndose paso entre la multitud con esa confianza natural que siempre lo caracterizaba.

—Penélope, ¿por qué te escondes aquí? Este no es tu lugar habitual en los bailes —dijo, inclinándose ligeramente hacia ella para que su voz fuera escuchada por encima de la música.

—No estoy escondida —replicó ella, intentando sonar despreocupada—. Solo necesitaba un momento de calma.

Colin la observó con atención, su sonrisa desapareciendo gradualmente. Él conocía a Penélope lo suficiente como para notar que algo no estaba bien.

—¿Estás bien? —preguntó, su tono más suave, casi como si temiera la respuesta.

Penélope abrió la boca para responder, pero las palabras se quedaron atrapadas en su garganta. Una parte de ella quería contarle todo, compartir su miedo y su angustia, pero otra parte temía lo que él podría pensar. No quería ser vista como alguien frágil o necesitada.

—Estoy bien, Colin. Solo un poco cansada, eso es todo —mintió finalmente, ofreciendo una sonrisa que esperaba fuera convincente.

Colin no pareció convencido, pero asintió lentamente. —Si necesitas algo, estoy aquí. Siempre —dijo antes de retroceder, dándole el espacio que parecía necesitar.

Cuando él se alejó, Penélope sintió un nudo en la garganta. Querer confiar y no ser capaz de hacerlo era un peso que solo hacía que su carga fuera más difícil de llevar. Mientras las risas y la música continuaban a su alrededor, ella se preguntó cuánto tiempo podría seguir fingiendo que todo estaba bien.