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Año nuevo

Summary:

Un año nuevo muy diferente a lo que el británico estaba acostumbrado.

Notes:

notes! ♡

i. ¡Buenas! Les presento un OS cortito y al pie de un 31 de diciembre en Argentina de éstos tortolos.
ii. Si hay errores en la gramática y línea temporal, finjan demencia. Es entretenimiento, no una tesis.
iii. Disfruten. <3 Si quieren votar o dejarme comentarios, son más que bienvenidos.

Work Text:

Las responsabilidades e incertidumbres de sus carreras se habían quedado semanas atrás. Después de la premiación de la FIA y negocios, estar en Argentina en plena transición de primavera a verano fue la mejor decisión de la pareja. Aprovecharon cada día libre para salir de joda, recorrer la capital, comer todo lo que querían y juntarse en casa de alguno de los amigos del menor a jugar lo que sea.

Habían viajado a Inglaterra a pasar Navidad con la familia Norris, para volver a darle la bienvenida al año nuevo en el territorio argentino. Era un choque cultural lo que estaba experimentando Lando, empezando con el cambio de estación y terminando con las costumbres.

Para el piloto inglés, sus fiestas de año nuevo eran el frío invernal, las ropas elegantes y las bebidas ilimitadas al pertenecer a la clase social alta de Mónaco donde compartía con algunos de sus colegas hasta que se hacía de día. En cambio, en el fin del mundo, la energía era totalmente diferente. El calor sofocante y la preparación para la cena tenía otra cosa que no supo distinguir.

El día había pasado con lentitud para la familia Colapinto, desde que amanecieron temprano hasta la media tarde donde la siesta bajo el aire acondicionado después de tirarse a la pileta fue aclamado. Lando se había despertado por el incesante sonido de un celular y actuó rápido cuando se dió cuenta que era el propio no queriendo despertar al argentino que se quejó para darse vuelta y seguir durmiendo, sonrió divertido para atender cuando vió el nombre de su mamá en la pantalla saliendo con cuidado de la habitación.

Franco al sentir la cama fría a su lado se despertó casi enseguida confundido. Tardó varios segundos en orientarse, como primer instinto agarrando su celular ignorando cualquier tipo de notificación para mandarle mensaje a su novio, al no recibir respuesta se levantó para ir a buscarlo. Descartó el baño y otras habitaciones, bajó preocupado encontrándose a su mamá en la cocina preparando ensalada de frutas.

—Ma ¿viste a Lando?

—Está hablando por teléfono en el patio —comentó su mamá—. Ahí tienen helado, la tía me llamó diciendo que si podía hacer más ensalada porque no llegaba a comprarla.

—Ella nunca llega a nada —suspiró divertido el argentino—. Voy con Lando, seguro que quiera.

No esperó respuesta de su mamá para salir al patio con cuidado. Su novio estaba sentado bajo el sauce llorón con la vista fija en su celular mientras sonreía. Se quedó observandolo por unos minutos, notando lo relajado y feliz que estaba. No había rastro de preocupación e inseguridad, esa etapa había quedado en Abu Dhabi después de que le hubiera ganado el título a McLaren.

Fue enseguida que el británico sintió una mirada sobre él y sonrió divertido al verlo en el quincho. Se despidió de su familia prometiendoles ir apenas se organice y corrió bajó el sol de la media tarde hasta estar a su lado. Franco aprovechó para rodear sus brazos sobre los hombros y besarlo.

—¿Estás bien, amor?

—Si, era mi mamá. Te deseo feliz año —Lando murmuró sobre sus labios sin querer separarse—. ¿Te desperté? Creo que no hice ruido, perdón.

—Ay, que linda. Gracias. Me desperté porque sentí la cama fría. ¿Querés helado? Aprovechemos estás poquitas horas de paz antes que empiece el quilombo.

Lando no supo de qué “quilombo” hablaba su novio hasta que llegaron las siete de la tarde. El calor seguía más sofocante que durante todo el día, pero está vez la música movida reproduciendo desde un parlante y la familia del argentino que empezaba a llegar a medida que los mates y picada salían, fue rápida la escala de la tranquilidad al bullicio. La mezcla de idiomas también se hacía notar y cuando el alcohol dió su presencia, fue un estalle de carcajadas. Los más chicos corrían de un lado a otro jugando a la pelota, metiéndose a la pileta acompañados de los más grandes también, incluido ellos mismos para pasar el calor.

Era una verdadera fiesta desde el punto de vista del extranjero, quién cada dos palabras le robaba besos al menor encantado con el sabor del fernet en sus labios. Sentía que los demás se burlaban de lo mimoso que estaba, pero le echaba toda la culpa a la bebida y a lo lindo que se veía el argentino solo con unas bermudas totalmente empapado por haber salido de la pileta. No podía dejar pasear a su novio como si nada sin reclamarlo de alguna forma.

—¿La argentinidad te afectó, pedazo de puto? —Franco se burló, dejándose abrazar por el inglés que se quejó ante la broma que entendió a medias escondiéndose en su cuello—. Lan, amor, me haces cosquillas.

—Mmh, estoy bien acá. —Lando bajó sus manos hasta la cintura apretando levemente—. Te me vas a reír, pero te amo mucho mucho mucho. Gracias por dejarme aparecer en tu vida.

Franco si quería reírse más porque esa faceta cariñosa del británico salía cuando se sentía seguro en una habitación sin exposición, pero solo se quedó en silencio con una sonrisa tonta acariciando el inicio de sus rulitos en su nuca.

—A ver, babosos. Ya van a ser las doce, muevan el orto y ayuden. —Martina apareció golpeando sus manos y arrastrandolos hasta el quincho—. Séquense al menos antes de tocar la comida.

Los diez minutos para el año nuevo pasaron rápido. La ansiedad de llegar a tiempo al brindis se notaba y la mesa dulce los llamaba. Los más chicos inquietos querían cazar a Papá Noel y los adultos con sus copas ya en mano le dió un nuevo panorama a Lando, que aceptó la botella de sidra que le habían dado lo dejó confundido.

—El campeón de constructores tiene que hacer los honores —se rió su suegro animandolo a salir al patio—. Dale, Franco, vos también.

A las doce en punto los fuegos artificiales en el cielo oscuro dieron la bienvenida al nuevo año y Lando hizo su característico festejo feliz, mojando a su novio que hizo lo mismo hacía él. Los gritos de felicidad se escuchaban ante el bullicio del cielo y la música.

Franco tiró la botella antes de acercarse al inglés, quién le dió un trago a la bebida, para acunar su rostro y besarlo con fuerza, cuál fue correspondido con la misma intensidad. El argentino sintió las manos tibias aferrarse a su cintura y no sabía si era el alcohol en su sangre, pero todo se detuvo en ese momento. Solo le importaba su presencia embriagadora. Se separaron por falta de aire uniendo sus frentes sonriendo con ese brillo especial en sus ojitos.

—Feliz año, amor. Por muchos más juntos. —Lando saludó primero.

—Feliz año, mi cielo. Por muchos más juntos.

No había glitter en el piso, ni pasillos lujosos de hoteles. No había apariencias que cuidar y Lando entendió realmente por primera vez que merecía todo lo que tenía, creyó que todo lo que obtuvo desde que Franco apareció en su vida lo merecía. Con el argentino salía a la luz su verdadera esencia, su yo real que en el mundo al que pertenecía no caía para nada bien. Se complementaban de maneras únicas y eso amaban. Lando supo en ese año nuevo que siempre tendría un lugar al que volver si era todo demasiado para él.