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Language:
Español
Stats:
Published:
2024-12-28
Words:
2,621
Chapters:
1/1
Kudos:
13
Hits:
121

Sueños

Summary:

Un os en 4 actos, con un amanecer de escenario principal en el que por las mentes de Lionel y Pablo se entremezclaran , sueños, anhelos, recuerdos y nostalgias y un futuro en común.

Work Text:

El viaje.

 

Habían salido a la noche hacia aquella escapada romántica y clandestina, había sido un viaje agotador en que la camioneta se había parado un par de veces. El camino monótono, en el que al costado de la ruta se veía algún que otro animalito comiendo los granos que caían de los camiones, hacia que por momentos fuera hipnótica y somnífera. Lionel estaba agotado y se había quedado profundamente dormido mientras Pablo manejaba con la vista fija en el camino delante de él, siempre había sido el más prudente de los dos y un seguidor acérrimo de las normas de tránsito. Suave y bastante bajo sonaba la voz del Indio Solari, con un " Un poco de amor francés ". El cordobés había tapado al santafesino con una campera para que no tuviera frío. Aunque estaban en pleno enero, las mañanas todavía eran frescas.

 

Un estruendo hizo que Lionel pegara un salto en el asiento, pensó que había sido un trueno fuerte. Pero al lograr ubicarse en tiempo y espacio aún con el corazón latiéndole a mil, pudo ver por la ventanilla, en un lejano horizonte como asomaban las primeras luces del sol. Aquellos primeros rayos iluminaban de una forma especial. Se quedo un instante viendo el rostro serio y concentrado de Pablo, como una luz amarilla, le delineaban su perfecto perfil. Sus ojos que siempre habían sido pardos ahora tenían una tonalidad miel clara y profunda en la cual el más alto comenzó a caer extasiado. Se acomodó un poco y pasó su mano por la pierna del riocuartence

 

- ¿que fue ese ruido? - le preguntó sin poder detener un bostezo.

 

- un camión que pasó muy cerca- se acomodó un poco. Vio al costado que el sol recién estaba asomando, a lo lejos se podían ver las sierras tandilenses, y la luz del día que estaba naciendo estaban dando un aire mágico y pacífico al paisaje, al pintar de un amarillo anaranjado las laderas lejanas en el horizonte.

 

Disminuyó la marcha, puso las balizas y fue yendo para la banquina para alejarse despacio de la ruta, detuvo el auto, reclinó casi completamente el asiento.

 

- necesito dormir un rato- suspiró recostándose, Lionel se acomodó en el asiento del acompañante de tal manera que quedó mirándolo de frente al cordobés. Cerraron las ventanillas de vidrio polarizado, no completamente, dejaron una rendija para que pasara el aire. El pujatense tomó la mano de Pablo entre las suyas y las besó, le sonrió y le acarició los rulos.

 

- Estaba pensando mientras nos quedamos varados allá. Que lindo seria que nos vayamos a vivir a un lugar así, tranquilo, cerca del mar quizás- mientras hablaba con un tono lleno de deseo e ilusión, acariciaba los cabellos del cordobés que le sonreía y escuchaba con atención, mientras hacía un esfuerzo por no quedarse dormido.

 

- ¿Como seria ese lugar? La casita, ¿cómo sería? - le preguntó interesado, quería saber cómo se imaginaba el más alto aquel lugar idílico:

 

- Pensaba en una cabañita, no muy grande, con una cocina tipo salamandra, como las que te gustan a vos. Me imagino un ventanal que dé al mar, o a un parque lleno de árboles y plantas. La cocina chiquita, y blanca, una chimenea en el living- mientras el castaño iba contando, no notó que su compañero había caído rendido en un sueño profundo. Cuando lo vio allí con esa paz, tomó su campera y lo tapo, para luego tomar la mano de Pablo nuevamente y acomodarse el mismo para dormir.

 

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El sueño de Pablo

 

Cuando Pablo despertó con la luz del sol dándole en el rostro, apenas abrió los ojos pudo ver a Lionel venir con dos tazas en sus manos, giró su cabeza hacia la izquierda y un ventanal enorme le mostraba un paisaje serrano y verde, hermoso, a los costados del ventanal del lado de afuera había canteros con varias y coloridas alegrías del hogar, dos hortensias crecían enormes aferradas al paredón que enmarcaba la casa. La cama donde estaba sentado era cómoda con una manta color crema y bien abullonada, el olor a café que provenía de la taza que le ofrecía Lionel con una sonrisa de oreja a oreja, lo comenzó a envolver.

 

La habitación tenía una puerta con arcada, y del otro lado el living, de donde provenía el sonido de alguien o algo corriendo hacia ellos, se asomó a la habitación un crudelísimo perro Golden de color negro intenso y con una energía abrumadora, parecía sonreír sacando su lengua rosa y húmeda.

 

Lionel llamo al canino para que se subiera a la cama:

 

- Ruca, vení, vení con papi- Pablo comenzó a reír y su pareja lo miró confundido:

 

- Es lo que me decis todas las noches- el pujatense largó la carcajada:

 

- es que a vos te gusta- le contestó, el cordobés le lanzó una mirada pícara mientras tomaba un sorbo de café: - no me mires así, que vos sabes cómo termina esto- Pablo dejo la taza sobre la mesa de luz:

 

- ¿a ver? ¿cómo termina? - le pregunto desafiante. El más alto no dudó en comerle la boca con un beso apasionado y ardiente, mordiendo suavemente el labio inferior del contrario.

 

La boca de Pablo sintió un cosquilleo que rápidamente le recorrió todo el cuerpo haciendo que de a poco la temperatura de su piel fuera aumentando. Contestó el beso de manera profunda y apasionada, recorriendo con su lengua la suave textura de la boca del pujatense, una vez separados el cordobés lo miró fijamente y con la mirada prendida fuego. Lionel sabía perfectamente lo que aquello significaba y para ambos nunca había mejor forma de empezar el día, que, con un mañanero salvaje, lento y disfrutable, especialmente en fin de semana.

 

Una mano lenta bajo por la espalda del riocuartense, y los dedos parecían tocar las teclas de un piano cada vez que se detenían en cada una de sus vertebras. Lionel recorría todo su esplendor con detenimiento y pausadamente, con las yemas de sus dedos podía sentir los lunares que Pablo tenía en relieve, esos que conocía tan bien y amaba recorrer. Los ojos cerrados de ambos, mientras se besaban. Ruca adivinando lo que ocurriría salió de la cama de un salto para irse al living. Toda la habitación se llenó de hojas verdes que danzaban alrededor de ambos, como formando un refugio. Se recostaron en la cama sin despegar ni sus plexos, ni sus besos, Pablo había quedado debajo de Lionel y doblando una de sus piernas lo envolvió, pasando su pie de arriba hacia abajo por la pierna del pujatense, las hojas se movían alrededor de ambos.

 

Pablo sintió que su pecho se unía al de Lionel, como si hubiera entrado al cuerpo ajeno y se hubieran fusionado y los dos corazones ahora latían juntos y al unisonó en una sola caja torácica que los protegía, y se sintió caer en un éxtasis y una paz que pocas veces había sentido. Sus cuerpos fluían como ríos, se mezclaban el uno en el otro, sus pieles se convertían por momentos en el mismo lienzo donde pintaban con sus manos caricias que se transformaban en flores.

 

Estaban haciendo el amor, no solo con sus cuerpos, sus almas y sus mentes eran una, las luces del sol que entraban por la ventana se plasmaban en la pared pintando las sombras de los dos moviéndose con dulzura y pasión, sus cuerpos eran perfectos juntos, y sus movimientos coordinados como la mejor obra de la naturaleza. El cuarto comenzó a deshacerse y a su alrededor apareció el universo con las estrellas rodeándolos, y acercándose hasta introducirse en sus anatomías. Pablo ya no era Pablo, y Lionel ya no era Lionel, eran un solo ser, representación del sexo y el amor.

 

Ese sueño, era lo que sentía el Riocuartence cada vez que estaba con Lionel, el subconsciente del de rulos había representado a la perfección lo que pasaba por su cuerpo y su mente cada vez que tenían relaciones, ya sea en un cuarto a escondidas, o en una cabaña libres del mundo. Eran exactamente esas las sensaciones que lo colmaban al sentir el contacto con el pujatense.

 

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Lionel y su amor.

 

Lionel pasaba su mano por la espalda del de rulos, con tanto amor y cariño, mientras lo miraba dormir pensaba que no podría estar más feliz. Afuera se oían los autos pasar lejos en la ruta, el sonido del viento entre los árboles y los pájaros recién despertándose, las sombras de las ramas atravesando la luz naranja de un sol naciente dibujaba patrones dentro de la camioneta, pero para él su mundo se reducía en su enorme amor por Pablo, en su admiración de la inmensa calma de su rostro al dormir, podía percibir como sutilmente el cordobés sonreía dormido y eso se contagiaba al propio rostro del pujatense.

 

“te amo” escucho en una voz adormilada, y no pudo evitar el llanto, toda su vida había esperado por ese instante, por ese momento, por esos momentos que tenían de amor en clandestinidad, desde aquella vez que comenzaron a hablar en la AFA, a sus tiernos 19 años ya veía a Pablo y lo único que quería era compartir momentos con él, lo espero tan pacientemente, hasta que el riocuartence al fin se animó a decirle que sentía lo mismo que él.

 

Vino a su mente aquella noche en que Pablo fue corriendo a su casa después de haber discutido porque el pujatense había dicho en conferencia de prensa que no sabía si seguía, recordó su rostro lleno de desesperación, su agitación, tomándose las rodillas, ya que hacía tiempo que no corría tanto.

 

- ¿Qué haces acá Pablo? – le preguntó mientras el otro intentaba recuperar el aliento:

 

- No te vayas- le dijo el cordobés en un tono implorante y sin aire: - hacelo por mí, quédate por mi Gringo- Lionel recordó que cuando escuchó eso se le paralizó el corazón y casi se le cae el mundo a los pies: - porque yo te amo, y te necesito al lado mio ¿entendes? – al pujatense se le vino a la mente que luego de decir eso Pablo se sorprendió de sí mismo, de la locura que había cometido: - perdón. No sé si vos sentis lo mismo, soy un boludo- Lionel se tocó recordando la sensación que tuvo aquella noche que se unieron sus labios por primera vez, era precisamente como él había imaginado, suave, húmedo, cálido y dulce.

 

Volviendo a aquel momento en la camioneta, al presente soñado en el que estaba susurró “yo también te amo” su cabeza era un carrusel de recuerdos y sonreía con cada uno de ellos, desde el 97 al presente había coleccionado un sin número de sonrisas de Pablo en el álbum de su memoria. Acomodó suavemente el rulo que siempre caía en la frente del cordobés y este se movió un poco, abrió lentamente los ojos, mostrándole al obnubilado Lionel una mirada color miel profunda, clara y dulce, se sonrieron ambos y se miraron un momento en silencio:

 

- Hola, ¿dormiste bien? – la sonrisa del de rulos no se borraba y solo asintió con su cabeza: - por lo visto soñaste algo lindo, sonreías de a momentos- le comentó el pujatense, Pablo se estiró y lo miro, se sentó y le dio un beso pequeño en los labios:

 

- ¿queres preparar unos mates y te cuento? – Lionel asintió, se fijó si aún quedaba agua en el termo y comenzó con la preparación de la infusión mientras Pablo lo observaba y pensaba palabra por palabra de lo que le diría, imaginándose el escenario más romántico del mundo, aun allí, en el medio de la nada, tomando mates.

 

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Sueños compartidos.

 

Estaban los dos sentados en el capó de la camioneta viendo como el sol se levantaba en el cielo entre los árboles del campo que tenían frente a ellos, el olor a mañana de verano los envolvía y los llenaba de una paz y tranquilidad que hacía tiempo no sentían, ese año había sido una locura entre Copa América y eliminatorias no habían podido relajarse mucho. Pablo le tomó la mano a Lionel y el pujatense no pudo evitar mirar aquel gesto, sus dedos entrelazados encajaban como las piezas del rompecabezas que faltaban en su ser, en su corazón, levantó la vista lentamente y Pablo tenía la mirada lejana, como si se hubiera ido quien sabe a dónde, y la luz del sol no hacía más que resaltar el hermoso color de sus ojos, su semblante tenía una tranquilidad inmensa.

 

Pablo sentía que después de mucho tiempo había encontrado su lugar, que ya no necesitaba deambular ni buscar donde echar raíces, la paz que le daba saber que donde había decidido terminar su vuelo en busca de la tranquilidad que siempre había deseado desterró las tormentas de su mente y su corazón, ya podía anidar y descansar, al notarlo no pudo evitar lanzar un hondo y largo suspiro:

 

- Tuve un sueño- empezó con su voz calma, dulce y profunda: - teníamos un perro, se llamaba Ruca, ¿te acordas que nos dijeron en las cabañas allá en el sur lo que significaba? – Lionel trató de recordar:

 

- Si, Ruca significa “casa” en mapuche- Pablo asintió y lo miró cómplice y de reojo: - ¿Qué paso? – el cordobés le cebó un mate:

 

- ¿Pensaste en que vamos a hacer cuando dejes la selección? – Lionel negó con la cabeza: - yo sí, un montón de veces- el pujatense le devolvió el mate expectante por lo que estaba por decir su compañero- yo pienso en que quiero estar con vos, y estoy cansado de tener que hacer las cosas a escondidas- lo miró: -¿Por qué no blanqueamos todo y nos vamos a vivir al campo, o a las sierras? – Lionel miró hacia el frente pensándolo, nunca se imagino que Pablo pudiera hacer un planteo así, y realmente él también lo había pensado muchas veces:

 

- Pensé que era el único que lo pensaba- el de rulos sonrió con cierto alivio, tenia miedo de que Lionel lo mandara a la mierda: - ¿eso soñabas hoy, con una casita? – el mas bajo llevo su mirada al frente sin borrar su sonrisa y asintió:

 

- No sabes la paz que me dio ese sueño, hacia mucho que no sentía algo así- volvió a suspirar hondamente: - quiero esa paz, esta paz- le tomó ambas manos al santafesino: - esa tranquilidad que me diste vos no me la dio nadie, no quiero estar en otro lado que no sea con vos- le acaricio el rostro: - ¿Qué decis, me aceptas una casita en las sierras con un perro, tal cual me la describiste? – Lionel asintió.

 

El sol ya los envolvía con su luz brillante y amarilla, siendo el marco perfecto para un beso hermoso, suave y lento, la brisa les movía los cabellos, el sonido de las hojas de los árboles, los pájaros cantando, el aire fresco de la mañana, la soledad que los rodeaba, hacia que sintieran que su amor era inmenso y podía con todo. De repente, se levantó una ráfaga de viento que hizo que se soltaran algunas hojas de los arboles y los comenzaron a rodear, como aquel sueño que había tenido el cordobés. Cuando se separaron, Lionel vio que enganchado en uno de los rulos de Pablo había quedado una hoja y sonrió dulcemente, quitándola y guardándola luego en su billetera:

 

- De recuerdo, del día que soñamos juntos- le dijo, Pablo apoyó su cabeza en el hombro del mas alto:

 

- Siempre estuvimos medio locos- agregó el mirando al frente:

 

- De amor- se olvidaron del tiempo, del mundo, del universo, eran solo ellos dos flotando en el amanecer, volando entre sueños compartidos, y tomados de la mano. Eran el mundo del otro, ya estaba, era hora de anidar y dejar de buscar un lugar tranquilo, porque ya lo habían encontrado el uno en el otro.