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Language:
Español
Stats:
Published:
2024-12-29
Words:
2,000
Chapters:
1/1
Comments:
1
Kudos:
25
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262

the lakes

Summary:

Es un au para boludear un rato, espero que les guste tanto como a mi escribir esta idea.
Agustín llevaba su naturaleza con discreción, manteniéndose alejado de relaciones profundas con una misión: proteger al príncipe vampiro Yuki.

Work Text:

En lo más profundo de una cordillera que separaba el mundo humano del sobrenatural, vivían criaturas que habían sido relegadas a las sombras. Entre ellas, los licántropos y los vampiros eran los más temidos, pero también los más antiguos. Agustín,Alto, de cabellos rubios que reflejaban el brillo del sol, tenía un porte imponente, pero una personalidad tranquila y tierna que conquistaba a quienes lo conocían. Aunque evitaba llamar la atención, su naturaleza protectora era evidente en cada gesto. Bajo su fachada de hombre corriente, se escondía un hombre lobo que cada luna llena corría libre en la profundidad del bosque.Agustín llevaba su naturaleza con discreción, manteniéndose alejado de relaciones profundas con una misión: proteger al príncipe vampiro Yuki.
El encargo no era algo que hubiera elegido. Había jurado lealtad al Consejo de las Sombras, una alianza entre vampiros y licántropos creada para preservar la paz entre sus razas. Yuki, con su figura esbelta, cabello negro como la noche y piel de porcelana, era el heredero de la dinastía más antigua de vampiros en Japón. Aunque parecía frágil, sus ojos oscuros escondían una fuerza indomable.
Agustín conoció a Yuki durante un consejo en Kioto. El príncipe vampiro no lo miró al principio, como si la presencia de un licántropo no mereciera su atención. Pero Agustín no se dejó intimidar. Con una sonrisa tímida, rompió el hielo.
–Hola
–Hola
agustin carraspeo antes de hablar nuevamente–y..yo fui asignado como tu guardián personal, espero que podamos er..trabajar juntos.
Yuki levantó una ceja pero la verdad era que, en el instante que vio los granados ojos marrones que lo contemplaban con nerviosismo, los muros que había construido empezaron a desmoronarse inevitablemente.

 

 

Una noche, mientras yuki atendió asuntos en su oficina y agustin hacía guardia, el peligro alcanzó su castillo. Un grupo de cazadores sobrenaturales, hombres entrenados para eliminar a cualquier criatura fuera de lo común, había rastreado a Yuki. Agustín, con su olfato agudo, los detectó primero. El aire estaba cargado de pólvora y tensión.
—Yuki, vienen —advirtió Agustín, con una voz grave y urgente. Tomó la mano del vampiro y lo guió rápidamente hacia un refugio en el bosque.Una vieja cabaña cubierta de enredaderas y musgo, lo suficientemente oculta como para que no pudieran ser descubiertos fácilmente. Agustín empujó a Yuki adentro y cerró la puerta, clavándole un tronco pesado.
—Quédate aca. No hagas ruido —ordenó Agustín mientras su mirada se volvía más salvaje, un indicio de que estaba preparado para liberar su naturaleza.
—No voy a dejar que enfrentes esto solo —protestó Yuki, pero Agustín lo callo con sus ojos llenos de determinación.
—Es mi deber protegerte. Confía en mí, Yuki. voy a hacer lo que sea necesario para mantenerte a salvo.

Antes de que Yuki pudiera replicar, Agustín salió de la cabaña, transformándose por completo en su forma de lobo. Su figura imponente y sus ojos brillantes eran un recordatorio de la fuerza que ocultaba detrás de su carácter tranquilo. Con movimientos rápidos y sigilosos, rodeó a los cazadores, distrayéndolos y llevándolos lejos del refugio. Usó su conocimiento del bosque para crear trampas naturales, llevando a los intrusos a terrenos peligrosos donde tropezaban y caían.
Mientras tanto, en la cabaña, Yuki sentía cada segundo como una eternidad. Aunque confiaba en Agustín no podía evitar preocuparse. Su corazón, normalmente frío, latía con fuerza al pensar en el peligro que enfrentaba su protector.Finalmente, después de lo que parecieron horas, Agustín volvio, cubierto de rasguños pero vivo. Entró en la cabaña y encontró a Yuki esperándolo con los ojos llenos de alivio.

—¿Estás bien? —preguntó Yuki, acercándose para tocar el rostro del mas alto.Sus movimientos fueron tan naturales que ni él mismo tuvo tiempo a cuestionarse
Agustín asintió, exhausto pero sonriente.

—Ahora que sé que estás a salvo, sí y por lo tanto no van a despedirme– Se atrevió a bromear.

Yuki lo abrazó con fuerza, sus manos temblando ligeramente. Esa noche, mientras el peligro aún persistía en la distancia, se marcó el inicio de algo más profundo.
Con el tiempo, las diferencias entre ellos se desdibujaron. Yuki aprendió a confiar en la fuerza de Agus, y este se sintió atraído por la inteligencia y el sarcasmo del príncipe. Una noche, mientras permanecían en el refugio en esa cabaña en el medio del bosque, Yuki confesó algo de repente.

—Siempre sentí que estoy solo, incluso entre los míos. Pero con vos... es diferente.
Agustín lo miró con los ojos expectantes lentamente cayendo en el entendimiento, su instinto protector transformándose en algo más.
—Nunca vas a estar solo mientras yo esté acá.

 

Fue bajo la luz de una luna que compartieron su primer beso. A pesar de sus naturalezas opuestas,Agustín y Yuki se encontraban sentados juntos al borde del lago escondido en el bosque. La luna reflejaba su luz plateada en el agua. Yuki observaba su el reflejo, mientras Agustín lo miraba en silencio, como si tratara de grabar cada detalle de su rostro en su memoria.
—Es curioso —dijo Yuki, rompiendo el silencio. Sus ojos seguían fijos en el lago—Nunca imaginé que un lugar tan tranquilo pudiera hacerme sentir tan... vulnerable.

Agustín ladeó la cabeza

—¿Te hace sentir incómodo?
—No —respondió Yuki, girando para mirarlo directamente. Su mirada era intensa, cargada de emociones que apenas podía contener

—Me hace sentir seguro, como si este fuera el único lugar donde puedo ser yo mismo.
El corazón de Agustín dio un vuelco ante esas palabras. Sin decir nada, extendió una mano para tocar la de Yuki y un calor reconfortante pareció emanar de ese contacto.
Yuki inclinó su cabeza, acercándose ligeramente.

—Es diferente a todo lo que he conocido, Agu.
Agustín rió suavemente, con un toque de timidez.

—¿Eso es algo bueno?
—Es lo mejor que me ha pasado —susurró Yuki.

Antes de que Agustín pudiera responder, Yuki se acercó más, cerrando la distancia entre ellos. Sus labios se encontraron en un beso lento y profundo. Agus respondió con igual intensidad, inclinándose hacia él mientras su mano libre se posaba suavemente en la mejilla de Yuki. La brisa que acariciaba sus rostrosy el susurro de las hojas se desvanecieron, dejando solo el latido de sus corazones. El beso era una mezcla de delicadeza y pasión contenida, Cuando finalmente se separaron, Yuki sonrió, su expresión más relajada que nunca
—Sabes —dijo Yuki con una sonrisa traviesa—. Para ser un hombre lobo rudo y protector, besas como un niño. ¿Eso es algo natural o es por mí?
Agustín, sorprendido por la broma, sintió que sus mejillas se calentaban.

—¿q…que queres decir? —dijo, desviando la mirada.
Yuki soltó una risa suave, inclinándose hacia él nuevamente.

—Es adorable. Aunque, si lo pienso bien, tendría que preocuparme. ¿Y si descubren que el gran protector de los bosques tiene un lado tan tierno?
Agustín resopló, divertido. —¿Y vos ? El príncipe vampiro que siempre parece tan misterioso y frío, pero que ríe como un niño travieso cuando me hace enojar.
—Entonces este es nuestro secreto —admitió Yuki, apoyándose en su hombro con una expresión relajada.
—Supongo que somos buenos guardando los secretos del otro.

Con el paso del tiempo, Yuki comenzó a debilitarse. Aunque evitaba mencionarlo, necesitaba alimentarse, y los animales del bosque ya no le proporcionaban la energía que requería. Agustín lo notó
—Yuki, ¿qué te ocurre? —preguntó preocupado.
—No es nada —intentó evadir el vampiro, pero su voz era un susurro y sus pasos más lentos que de costumbre.

Agustín se detuvo frente a él, sus ojos marrones llenos de determinación.

—No me mientas. Puedo verlo. Decime.
Finalmente, Yuki confesó.

—Necesito sangre, Agu.
Agustín lo miró fijamente, sin apartar la vista solto.

—Si me necesitas, tomala. Prefiero que lo hagas a que sigas debilitándose.
Yuki retrocedió, horrorizado ante la idea. —¡No puedo hacerte eso!.
—Y yo no puedo permitir que mueras por desnutrición—respondía Agustín con firmeza—. Estoy aquí porque es mi deber, Yuki. Y si esto es lo que necesitas para seguir, lo haré.
Después de un largo silencio, Yuki aceptó a la fuerza.

Con un cuidado extremo, tomó la mano de Agustín y lo guió hacia un lugar tranquilo del bosque.Agustina se apoyó en un roble grueso dejando su cuello expuesto, ante esto yuki se acerco casi por instinto, sentía el calor que le irradiaba de la sangre circulante debajo de la piel.Cuando el vampiro se detuvo a solo un paso de distancia, tan cerca que Agustín podía percibir el leve aroma de la noche en su piel. Yuki levantó una mano, sus dedos largos y pálidos rozando apenas el cuello del hombre lobo, donde las venas latían con fuerza.

—¿No temes lo que soy? —preguntó Yuki, con una sonrisa que dejaba entrever sus colmillos.

Agustín respondió con una sonrisa torcida.

—No más de lo que tú deberías temerme a mí.

La atracción entre ellos era como un imán irresistible. Yuki inclinó la cabeza, acercándose más, hasta que sus labios estuvieron a un suspiro del cuello de Agustín. El vampiro se detuvo, respirando profundamente, como si quisiera prolongar el momento antes de ceder al hambre que lo consumía.

Cuando finalmente hundió sus colmillos en la piel del hombre lobo, el contacto fue un estallido de sensaciones para ambos. Agustín dejó escapar un gruñido profundo, pero no de dolor, sino de algo más primitivo, más íntimo. La mordida era a la vez una invasión y una caricia, un vínculo que los conectaba.La sangre de Agustín fluía cálida y poderosa, llenando a Yuki con una energía que le hacía estremecer. Pero no era solo el sustento lo que lo embriagaba,era la conexión, la vulnerabilidad compartida en ese momento.

Cuando Yuki finalmente se apartó, sus labios estaban teñidos de rojo, y su mirada, antes fría, ahora ardía con un fuego inusual.

—Eres... peligroso —murmuró Agustín, su voz más ronca de lo habitual.

—Y tú eres irresistible —respondió Yuki, rozando con sus dedos el rostro del hombre lobo.

le pasó la lengua por el cuello tanteando el lugar donde clavar sus dientes nuevamente, escucho un gruñido bajo de parte del lobo frente a él y como le clavó las palmas en la cadera acercando su cuerpo lo más posibles. Para Yuki, aquello no era solo un acto de supervivencia; era una muestra de confianza inquebrantable. Cuando terminó, Agustín sonrió, aunque estaba algo pálido.

—No fue tan terrible, ¿ves?.
Yuki se quedó en silencio por un momento, procesando lo que significaba. Finalmente, sonrió con suavidad.

—¿sabes lo qué implica esa marca que deje? —Agustín lo miró intrigado. —Es simbólico. la cicatriz en tu cuello, hecha con mis colmillos, que sanará rápidamente gracias a tu naturaleza. Pero para mí, significa que siempre vas a estar conmigo.
Agus asintió, sus ojos llenos de emoción.

—Entonces esta bien. Quiero ser tuyo,yuki, como tú eres mío.
Esa misma noche, decidieron compartir algo más íntimo. De regreso en la cabaña de Agustín, el calor de la chimenea iluminaba el ambiente, Ambos se sentaron juntos en el suelo, mientras una sensación de expectación llenaba el aire.
—Nunca imaginé sentirme tan en paz con alguien —confesó Yuki, dejando que sus dedos rozaran la piel de Agustín.

Agustín, acercándose más con su mano acarició su rostro, deteniéndose un momento para mirar en esos ojos oscuros que lo fascinaban.Sus labios se encontraron en un beso lento y profundo. A medida que las horas avanzaban, dejaron atrás las palabras y permitieron que sus acciones hablaran por ellos. Entre caricias suaves, se despojaron de las barreras que aún podían quedar entre ellos.La conexión entre ambos trascendió lo físico ese dia, Yuki con su piel fría como el mármol, encontró calor en los brazos de Agustín, mientras que él, con su naturaleza salvaje, encontró calma en la presencia de Yuki.
Cuando la noche avanzó y mientras el primer rayo de sol se asomaba por las montañas, sellaron su unión con promesas silenciosas que no necesitaban ser dichas en voz alta. Habían encontrado un refugio el uno en el otro, un amor que desafiaba las reglas de la naturaleza misma.