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Es bien sabido que llega una edad donde todo omega debe estar en compañía de otro omega, alguien con quien hablar y desahogarse del mundanal ruido, es bien sabido que la compañía crea omegas de sociedad, pero, sobre todo, deben aprender cómo comportarse con decoro, para eso son las compañías, un omega en buena compañía deberá llegar a la edad adulta con un carácter educado, refinado y, sobre todo, dócil...
Era una regla que cualquier omega de alta cuna debe acatar, y para Carlos Sainz Jr. Hijo mayor de la casa Sainz, era también algo que debía seguir, y con 13 años, sus padres decidieron que sería buena idea que su compañero fuera un alguien de buenos modeles, opiniones en su lugar y de humor sencillo, y la respuesta era Sergio Pérez, hijo mayor de la casa Pérez Mendoza, que por jugada del cruel destino, el padre de la casa perdió su fortuna a manos de su hermano, que en sus juegos de apuestas ilícitas perdió todo el dinero familiar. Aun así, en el pueblo sabían de buena manera que Sergio era el sueño de cualquier persona con hijos e hijas en edad para compañía. Culto, sencillo y obediente, no fue difícil para los Sainz convencer a los Pérez que Sergio sería perfecta compañía para su hijo Carlos.
Así que ambos jóvenes de igual edad se conocieron, y los que se podría pensar de Carlos Sainz Jr., que es un niño arrogante y obstinado, fue para él una sorpresa el conocer a otro omega hambriento de aventura y curioso, que además no dudaba en ponerlo en su lugar cuando el genio del otro este salía en fuego, fue solo cuestión de tiempo para que se hicieran inseparables.
Naturalmente los que fueron niños, pronto se convirtieron en hombres, y nadie podía negar su belleza, hermosos jóvenes de buena cuna, aunque solo uno era rico, ambos eran el sueño de cualquier casa con vástagos en edad casamentera.
Pero lo que no sabían los demás, ni los padres de ambos omegas, es que los ahora jóvenes de veinticuatro años eran más que amigos, primero fueron los besos detrás de la puerta, los toque de las manos desnudas debajo de la mesa, no veían los poemas que Sergio le lee a Carlos en la oreja, cuando solo están ellos dos, y como Carlos queda boquiabierto de tales palabras, llenas de deseo y hambre, como son palabras que solo se esperan que un alfa le diga a su pareja, pero a Sergio no le importaba, él amaba a Carlos, y él merecía esas palabras. Nadie veía como Carlos llenaba de regalos, tela, collares, perfumes a Sergio con la excusa de "amistad", ellos sabían lo que eran, amantes, aunque lo demás no se dieran cuenta, ellos eran más que amigos en la libertad de su pequeño mundo.
Hasta que un día eso cambio, o alguien cambio...
Carlos caminaba por las calles del pueblo, las tiendas de diseños europeos le recordaban a España, antes de llegar a México, por nostalgia de una niñez interrumpida por un barco en dirección a México.
Cansado de vagar por las calles, decidido entrar en la tienda de telas, tal vez podría comprar algunos metros y hacer un hermoso traje, tal vez uno a juego para Sergio y su lenguaje secreto.
Ese era el plan hasta que una molesta voz lo saco de su idea.
"Ya escuchaste que Max se va a casar" Dijo Lando Norris, hijo de la familia Norris, y un adulto con problemas de confianza.
"¿Max? ¿Max Verstappen?" La voz inconfundible de Lance Stroll cargada de sorpresa no se hizo esperar, a lo que Lando respondió con un "hum hum"
"¿Y con quién se casará?" dijo Oscar Piastri con poca atención a los dos hombres, mientras sostenía una tela azul cielo, sobre su pálida piel, meditando como le quedaría tan delicada tela.
"Con ese muchacho de baja cuna, Sergio" dijo en tono altanero, las palabras de Lando rozaban al asco, pero eso no fue lo que borro la sonrisa de los labios de Carlos, no, fue saber que Sergio, su Sergio estaba comprometido y él no sabía nada de eso.
Debía ser una broma ¿Verdad? Sergio le habría dicho algo, después de todo, es su Sergio.
Pálido como si hubiera visto un fantasma, salió de la tienda con sigilo para no ser visto, no quería lidiar con Lando ahora, como endemoniado, empezó a caminar hacia su propia casa, el reloj marcaba la una, Sergio debería estar en casa con sus hermanas, leyendo algo, tejiendo, Sergio debería estar con ellas. Claro sí que es no estaba lo suficientemente ocupado besándose con tan poco alfa.
El rostro del español era un cuadro, cejas juntas, labios apretados y mirada de asesino, las personas que pasaban su alrededor se quitaban del camino, pues no querían ser víctimas de la ira de un Sainz.
La mayoría sabían Carlos era tan posesivo con Sergio, no dejaba que otros los cortejaran, o que siquiera elogiaran su belleza, muchos decían que quería proteger a su amigo de un mal matrimonio, pero si era lo suficientemente observador, sabrías que esos eran celos.
Carlos entró a su casa fúrico, a paso rápido se dirigió a la sala donde su hermana leía con un Sergio que escuchaba las palabras, camino con el ruido de sus botas de piel negra, que al llegar a la sala las dos personas ya lo esperaban.
-Querida hermana – dijo Carlos con falsa modestia –Permítanme hablar con Sergio de algo de suma importancia-
-Estamos leyendo Carlos, estoy segura de que lo que tengas que decir, puedes esperar – Blanca no se inmutó ni lo miro a la cara, siguiendo con su lectura, pero Sergio si vio la máscara del español y la ansiedad se coló en sus huesos.
-No, esto no puede esperar – El tono dictatorial apareció de repente, sin pedir permiso, tomo a Sergio del brazo y lo arrastro a su habitación, la voz de su hermana se escuchó por todo el salón, pidiendo que regresara, pero no planeaba escucharla ni a ella ni a nadie.
Sergio por su lado intentaba seguirle el paso, hasta que casi a tropezones llegaron a la habitación de Carlos.
- ¿Ahora que te pico Carlos? ¿Qué es tan importante que tienes que decirme? - Dijo tomando aire Sergio
- ¿Te vas a casar con Verstappen?-
Las palabras salieron de él sin duda, debía saber la verdad ahora.
El rostro de Sergio paso de divertido a sombrío, la sonrisa que siempre iluminaba en sus labios, de repente fue borrada, algo que Carlos no pasó desapercibido.
-Así que es verdad.
La cara de Sergio reflejaba culpa, pero Carlos no tenía ni un derecho a reclamarle, menos algo que sería imposible, dos omegas juntos, que escándalo, aquí el único que se decidió engañarse fue Carlos, al pensar que algo así podría pasar.
-Carlos, sabías que esto iba a pasar – la voz sueva de Sergio intento tocar las manos de Carlos, pero este las alejo como si quemaran.
-No.
-Carlos déjate de juegos, esto es lo correcto- el tono de Sergio era bajo, como si temiera que él mismo se rompiera.
-No son juegos – la forma en la que Sergio lo dijo fue como una burla, las palabras de su amor dolían más que nada, pero le dolía más su indiferencia.
-Claro que lo son, por dios Carlos abre los ojos, jamás íbamos a funcionar, tienes que madurar.
- ¿Madurar? ¿Esto es madurar? Casarte con un hombre que apenas conoces – Carlos hablaba con prepotencia, él tenía más dinero que verstappen, podía darle lo mejor de lo mejor a Sergio, porque irse con Max ¿Qué tenía Max que él no tuviera?
-No te atrevas a dudar de mi juicio ¿Tú qué sabes de carencias? - Sergio frunció el ceño, cerrando sus puños con fuerza – ¡No sabes nada! Tengo que ver por mis padres, hermanos, y Max, Max, me quiere, él... será buena conmigo, un alfa de alta cuna quiere casarse conmigo y no voy a perder esa oportunidad, no por una fantasía-
Carlos no podía crees lo que escuchaba ¿quién era esta persona? Donde quedo su amor, el que le leía poesía, y lo besaba con cariño cada mañana, a donde se escapó su amor.
Carlos miro directo a Sergio como si le hubiera disparado ahí mismo, pasando la mano por su pelo, con su diestra sobre su boca tratando de no gritar y romper todo a su paso.
- ¡No me mires de esa forma Carlos! ¡NO TE ATREVAS! En serio pensaste que iba a pasar con nosotros, que nos casaríamos y viviríamos felices por siempre ¡Despierta ya! - Suplico Sergio mientras se acercaba peligroso a Carlos -Tengo que ver mis hermanos, mis padres, por mí mismo, si la familia Verstappen me quiere, no soltaré esa oportunidad, no ahora- Sergio suspiro evitando ver a su amado, por si lo hacía no sabría si podría soportar casarse con alguien más que no sea él -Nunca has tenido carencia, tu ropa es de las más finas telas, tu cuarto está decorado con oro y tus adornos son estatuas de marfil, no vengas a verme a los ojos y decirme que entiendes lo que es no saber si mañana podrás comer, no te atrevas Carlos... No conmigo...
Las palabras de Sergio fueron como una bofetada, pasaba tanto tiempo en su mundo que nunca se dio cuenta de que Sergio tenía otras necesidades.
Carlos seco sus lágrimas con su manga mientras bajaba al suelo, quito el paño de su cuello y después lo extendió a Sergio en señal de sumisión, el lugar donde debía ir la marca de una alfa era lo que Carlos guardaba para Sergio y era lo único que pedía, la marca de Sergio sobre su piel.
-Sergio Michel Pérez Mendoza no tengo más que pedir perdón por ignorar la realidad – La voz profunda de Carlos se sobreponía ante el mundanal ruido- Hoy te ofrezco mi mano para ser tu esposo, en la riqueza y en la pobreza, quiero llevar tu marca y que todos sepan que te pertenezco, como tú a mí ¿Me aceptarías como tu esposo? -
Si Sergio quería algo seguro donde caer, con quien caer, Carlos se lo daría, si quería un castillo, Carlos se lo daría, quería toda su fortuna, él se lo daría, solo tenía que pedirlo y Carlos le daría el mundo a Sergio.
Pero Sergio no estaba tan seguro de cómo el mundo los recibiría.
- ¡Ya basta de juegos Carlos! - las lágrimas de sus ojos amenazaban con salir como Carlos se atrevía a mofarse de su situación, como decía amarlo y aun si romperle el corazón –¿Para ti esto es un chiste? - dijo Sergio con filo en la lengua.
-No es un chiste, te amo, y si tengo que luchar contra Max por tu mano, lo haré, solo dame...-
Sergio no lo dejo terminar, los brazos de Sergio se hundieron en un abrazo, sus ojos derramaban pequeños diamantes, cayendo a la suave alfombre de tejido azul, Carlos se permitió abrazarlo de regreso, aspirar su amargo olor, como las tardes de domingo jugando con el tiempo prestado, Carlos aspiro su aroma y lloro en silencio, dos omegas abrazadas como dos amantes, como si la sociedad lo permitiera.
"Te amo Carlos, pero por favor, no me hagas decidir entre mi familia y tú, no me hagas esto" La voz de Sergio se atrapo en sus labios, mientras Sergio se fundía en un beso necesitado de realidad, un beso que solo podía describirse como herido, buscando ignorar el mundo real.
Pero antes que Carlos pudiera responderle de vuelta, Sergio se separó de golpe, de repente consiente de sus acciones, se tapó la boca y se levantó del suelo con una cara de arrepentimiento, pero aun con ojos preocupados se permitió hablar como si no fueran suficientes dagas para el corazón de Carlos.
-Te veré en la boda? - dijo como si nada, como si no fuera prisionero de los juegos de otros.
Carlos levantó la cabeza del suelo, con sus labios entreabiertos y los ojos rojizos se permitió reír herido, maniaco incluso.
- ¿Cómo puedes preguntarme tal cosa Sergio? Como esperas que me quede quieto mientras eres entregado al altar a un desconocido- Se levantó con la fuerza de la fúrica tristeza –No me pidas ver como mi amor se entrega a otra persona ¿Cómo eres tan cruel Sergio? Disfrutas de verme sufrir aun cuando ya no eres mío.
Sergio no respondió, así que volteo su cuerpo bajo los ojos de Carlos, que solo quería tocar su mano y pedirle que se quedara con él para siempre en ese cuarto, donde el tiempo no pasa.
-Te amo Carlos... pero tengo responsabilidades... nadie vive de amor- termino Sergio para comenzar a caminar hacia la puerta, como Orfeo a su gran amor, Sergio volteo a sabiendas de que Eurídice se iría al inframundo. Carlo estaba ahí, roto, cabellos rebeldes volaban por su rostro, ojos rojizos y labios partidos, esta sería la última vez que Carlos vería a Sergio como soltero, como un joven con sueños, como algo más que una moneda de cambio para una vida "perfecta" - ¿Te volveré a ver Carlos?
-No...-
Sergio asintió dolido, sabiendo que era lo correcto se dirigió a la puerta y cruzo de ella hacia la luz, hacia una vida que le fue prometida.
Carlos al escuchar que la gran puerta de su casa se cerraba se permitió destruirse, cayendo de rodillas sobre su alfombra y llorando como un niño, rogando al cielo que lo convirtiera en un alfa, en un beta al menos, al menos así tendría oportunidad de pelear por Sergio, así podría hacer algo, pero... Tampoco podría hacer algo así a su familia, él tampoco era libre.
Con una idea en mente sabía que ya no había vida aquí para él, no mientras su amor besa a otro hombre en los labios, como Sergio besaba a Carlos, o como haría el amor con su esposo, uniendo sus cuerpos en una danza vieja. Recuerdo de como Carlos se fundía en el cuerpo de Sergio bajo los dulces gemidos del omega, y como ambrosía se regaba en su boca. Como Sergio le daría hijos a otro, hijos de los cuales Carlos ya tenía los nombres.
Carlos no podía ver a otro hombre vivir la vida que él quería, así que, con eso en mente, bajo la soledad de la noche, decidió que no había otra respuesta que regresar a España, aunque ya no fuera su hogar, sabía que era mejor que quedarse en el lugar donde estaba lo que más anhelaba, pero que no podía tener.
La vida es cruel, en especial para los amantes, Carlos corto de edad aprendió eso cuando se enamoró de alguien de la misma casta.
