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En el mágico y a veces caótico mundo de El País de las Maravillas, donde los sueños y las realidades se entrelazan, Valentina, la hija de la reina de corazones, caminaba por los coloridos jardines del palacio, ajena a la mirada intrigante que la seguía desde la distancia. Con su cabello negro largo y sus ojos verdes que brillaban como esmeraldas, Valen era la imagen de la dulzura, la coquetería y la tranquilidad. A ella se la distinguía por siempre llevar su maquillaje en tonos rojos, es una chica distinta en personalidad con su madre.
Durante días, la sensación de ser observada la acompañaba, En cada rincón del reino, ya fuera en la plaza del pueblo, en el bosque o en el mismo palacio, Valentina sentía una mirada perspicaz fijada en ella, pero cada vez que intentaba descubrir su origen, solo encontraba una sonrisa que se desvanecía en el aire. Intrigada y confundida, no podía evitar preguntarse quién era esa persona o cosa invisible que parecía seguirla y porque lo hacía.
Por otro lado, Emilia, hija del famoso Gato de Cheshire, se había enamorado a primera vista de la hermosa Valentina. Emilia tenia un cabello castaño claro con mechas lavanda y unos ojos marrones que reflejaban la curiosidad del mundo y las travesuras,
La primera vez que vio a la hija de la reina de corazones fue mientras ella se encontraba descansando en la rama de un árbol cuando la vio por primera vez de cerca quedando encantada por ella, por su hermosura y su personalidad dulce y tranquila, Emilia sintió una chispa que nunca había sentido dentro de ella desde que vio a la pelinegra, usando su habilidad de desvanecerse en el aire, decidió comenzar a seguirla, disfrutando de cada momento y cada lugar que la princesa de corazones visitaba admirándola desde árboles, lugares altos, incluso hasta desde las sombras o cualquier lugar que la chica fuera, le gustaba apreciar su belleza.
Hasta que un día decidió empezar a mostrar su sonrisa de felino encantadora para que la note y así poder impresionarla y conquistarla de a poco, ese gesto logro que Valen este con mucha curiosidad de saber a quién le pertenecía esa linda sonrisa.
Una tarde, mientras el sol se ponía y el cielo se teñía de tonos dorados y rosas, Valentina decidió aventurarse hacia el Bosque del País de las Maravillas, un lugar donde la magia y la realidad se entrelazaban de formas inesperadas. Con cada paso que daba, sentía que la sonrisa de su misteriosa espectadora se hacía cada vez más cercana. Sin embargo, cuando giró su cabeza para buscarla, la figura desapareció una vez más.
-¿Por qué no te muestras?- murmuró Valen al viento, su voz casi como un susurro. -Me encantaría conocerte.
Emilia se encontraba recargada contra un árbol mientras la miraba con curiosidad y sorpresa al escuchar que la chica quería verla, nunca había pensado que la dulce Valentina deseara conocerla. Con determinación, decidió que era hora de dejar a un lado sus miedos. Aplicando su poder para materializarse, apareció frente a Valen con una sonrisa radiante de lado.
-Hola princesa- dijo Emilia, su voz suave como el susurro del viento. -Soy Emilia Cheshire.
Valentina, sorprendida, se quedó sin palabras. Frente a ella estaba la chica que la había estado persiguiendo estos días, era muy linda e irradiaba confianza.
-Eres… tú. La de la sonrisa que me persigue...- pregunto con curiosidad-
Ambas chicas se miraban, el tiempo pareció detenerse en ese instante mientras la se admiraban, la conexión era palpable, una corriente de magia entre ellas resonaba como un eco en el bosque.
-Me intrigaba mucho saber quién eras- confesó Valentina, su timidez abrazando sus palabras. -Tu sonrisa es… encantadora y muy hermosa.
Emilia se sonrojó, sintiendo muchas cosas dentro de ella que antes no había sentido.
-Y vos sos aún más hermosa de lo que todo el mundo dice, quería conocerte, te...habia visto de lejos una tarde, pero no sabía cómo acercarme- Confeso Emilia.
Valen se rio ante eso sonrojándose también. -Pues...tu táctica funciono y me alegra.
La tensión se disipó en el aire como si nunca hubiera existido luego de conocerse, en ese momento, el bosque, que había sido testigo de su encuentro, pareció florecer con una luz mágica del atardecer que bailaba a su alrededor.
Ambas chicas se quedaron hasta entrada la noche en el bosque juntas, hablando de las cosas que les gustaban y conociéndose más, con cada charla y secreto el amor crecía más y más.
-Entonces no quieres ser la Reina aun? -pregunto Emilia sentada en el pasto y con su espalda apoyada en un árbol.
-No, creo que a mi madre se le da mejor eso, excepto por los gritos y decapitar gente, aunque eso lo estuvo cambiando con el tiempo con mi ayuda, no está bien tratar mal a la gente, aunque seas una reina- aclaro y apoyo despacio su cabeza en el hombro de la chica acurrucándose ahí. -Me gusta como estoy ahora y...la realidad es que prefiero con mi pasatiempo y seguir creando vestidos.
Emilia sonrió al saber más cosas de la chica y con su mano acaricio lento el cabello de esta –Sabes? Te llevarías bien con la familia del sombrerero-.
Ambas rieron de nuevo ante eso. -Pero...enserio seguro serás una gran diseñadora, me encantaría ver los vestidos algún día- le guiño un ojo.
Valen sonrió ante eso –te llamare como mi modelo entonces Gatita- dijo con coquetería mirándola.
La Cheshire sonrió de lado haciendo relucir sus colmillos felinos. -Eso me encantaría hermosa, yo con mucho gusto soy tu modelo- la abrazo más contra ella y luego se levantó con cuidado.
-Bueno princesa es hora de volver o se hará más de noche aun, te acompañare a tu castillo- le ofreció su mano para levantarla a lo que Valen asintió tomándola y levantándose.
Ambas caminaron por el bosque hasta salir de este sintiéndose acompañadas y felices, unos minutos después por fin llegaron al castillo de la Reina de Corazones quedándose en la gran puerta de entrada.
-Gracias Emi...por todo, por seguirme hace días y hoy por fin conocerte, la...pase muy bien- susurro valen mientras tomaba la mano de la castaña y la acariciaba.
Emilia sonrió al verla así de tímida –No es nada, también me alegra mucho haber decidido seguirte, me encanto conocerte Valu- dijo con ternura.
Antes de irse Valentina se acercó a la chica y poso sus labios sobre los contrarios en un beso tierno y tranquilo dejando atontada a la castaña cuando se separaron.
-Creo que Cupido me flecho muy fuerte cuando te vi por primera vez porque te amo demasiado Val- admitió Emilia con una sonrisa grande feliz por ese beso.
Valen rio tierna ante eso –Espero vernos pronto Gatita- le guiño un ojo con una sonrisa coqueta para luego entrar al castillo.
Emilia se fue esa noche a su casa muy feliz sintiendo muchas cosas nuevas que le gustaban, se sentía tan bien con la pelinegra.
Con el tiempo, Valentina y Emilia se volvieron inseparables, explorando juntas, compartiendo risas y secretos y finalmente, cada una descubriendo que en el corazón de la otra había un hogar, la chica de la sonrisa y la hija de la reina de corazones encontraron su camino en un mundo lleno de locura, abrazándose en la dulzura de su amor.
Descubriendo que a veces, el amor más extraordinario se encuentra de algunas formas inesperadas.
Fin.
