Chapter Text
Título: Nuestra canción.
Han pasado 7 años desde la última guerra mágica, aquella que dejó tantos vacíos en tantas personas. Algunas tratan de olvidarlo y siguen con sus vidas. Otras deciden buscar venganza. Eso nos lleva a encontrarnos en la oficina del galardonado Jefe de Autores: Harry Potter, una leyenda viva, el niño que vivió y más importante, la persona con menos paciencia del mundo mágico. Debe ser por eso que se encuentra en la siguiente situación.
—¿Por qué los documentos de la Aurora Párkinson no están? —preguntó casi aguantando la respiración; su asistente Victoria solo sonrió con vergüenza.
—Creí que ya los había firmado, así que se los envié a ella de nuevo. Justo como pidió. —Y mientras que ella se pone firme, a Harry se le va el color de la cara.
—¡¿Se lo enviaste de nuevo a Parkinson?! ¿Tú quieres que esa mujer me mate? —A todo esto, los tacones de una mujer sonaban por todo el pasillo. Para Potter fue el sonido de la muerte. Como pudo, trató de no asesinar a su secretaria y ordenó los papeles que tenía en la mesa. Unos segundos después se escucharon unos golpes en la puerta. —Adelante.
—Buenos días, señor Potter. —Harry podría apostar a que jamás había escuchado un buen día tan agrio. No la culpaba; conocía muy bien a Pansy; era una mujer que sabía lo que quería y si tenía que pasarte por encima para lograrlo, simplemente lo haría, aunque no iba a esconder que a veces le daba terror. Él pudo con Voldemort, pero igualmente le guardaba respeto a esa mujer. —Creo que hubo un gran problema por su parte, como siempre. Necesito que firme estos documentos ahora mismo, ya que tuve que venir desde Suiza para tener su firma. —Sonrió. Lo único que pensó Potter fue que el diablo tendría la misma sonrisa.
—Espero que pueda disculparme. Señorita Pansy, fue un pequeño traspapelado por parte de mi asistente. ¿Verdad, Subero? —La mujer asintió y se retiró. Lo único que pude pensar fue que esa acción fue la más inteligente desde que la había contratado. Cogió los documentos y le invitó a sentarse. —¿Quieres trabajar con Charlie Weasly?
—Sí, me parece un hombre con buenos argumentos a la hora de ser profesional.
—¿No estabas casada?
—Estoy casada, Potter. Amo a mi marido y quiero este trabajo.
—Entonces, cuando te pedí hace dos meses que trabajaras con Ron, tu respuesta fue no. Pero ¿ahora quieres que te dé permiso para que trabajes con su hermano?
—Por supuesto, Ronald me parece un imbécil, desordenado y se guía por el primer instinto que tenga. Obviamente no quiero trabajar con alguien que pueda quemarme una neurona por estar cerca de él. —Harry ya no sabía si darle permiso o suspenderla por insultar a un compañero. No obstante, ella tenía razón en algunas cosas. Ni siquiera él puede trabajar con Ron. Su desorden lo estresa a niveles estratosféricos. —Está bien, Pansy, puedes irte. Pero quiero un informe de lo que hagas cada semana, así no encuentres nada. ¿Entendido?
—Si señor, ¿pero si me muero por un dragón, él tendría que hacerlo?
—Pansy, vete por favour, antes que me arrepienta de mandarte con Charlie. Ella se limitó a reírse, le dio la mano a su superior y se retiró. Minutos después entró Vyctoria. Harry se limitó a rezar porque no haya olvidado algo.
—Señor Harry, el ministro requiere su presencia. ¿Qué le respondo? —El universo lo odiaba, primero Pansy y ahora el ministro. ¿Qué más podría pasar hoy? —Dile que estaré en su oficina en unos minutos. —Vyctoria asistió y fue a su sitio. Yo cogí mis cosas y fui hasta la oficina; al llegar, toqué y me dejaron sentarme. El único problema fue la cara de enfado de mi superior, perfecto, pensé, ya la cagué y ni sé cómo.
—Señor Potter, ¿Usted lleva la redada contra los mortífagos? —A eso en mi pueblo se le llama pregunta capciosa, pensó Harry. —Efectivamente, Ministro, gracias a mi equipo solo queda un grupo muy reducido de mortífagos.
—Me alegro, aunque he visto que no ha buscado ningún Malfoy.
—No, señor, la familia Malfoy fue perdonada por sus crímenes. Narcissa Malfoy me salvó de ser asesinado por Voldemort y yo le prometí que estarían bien. Lucius Malfoy salió de la cárcel hace dos años y también cumplió su condena. Así que no entiendo a qué viene su pregunta. Las manos de Harry se cerraron en un puño. Sabía que algunas personas seguían con prejuicios, pero a sus ojos la familia Malfoy había pagado su deuda con la sociedad.
—Eso lo sé perfectamente. De quién le hablo, señor Potter, es de su hijo: Draco Malfoy. —Ese nombre lo dejó en blanco; ahora que se paraba a pensar, tenía mucho tiempo de no verlo. Supuso que se mudó a otro país para no tener que aguantar la xenofobia de Londres, aunque nunca quiso indagar en eso. —¿Ha hecho algo malo?
—No sabría definirte eso, señor Potter, lo mejor será que lo mire usted mismo, más que todo para que no le tome de sorpresa el viaje que haremos.
—¿Viaje? ¿Por qué cuando algo malo pasa tengo que viajar? —Cosa que se arrepintió de decir al instante; a veces debería pensar lo que dice antes de, bueno, decirlo. Este hilo de pensamientos paró cuando cogió el periódico Muggle en sus manos... En la portada podía leerse perfectamente "Draco Potter, la estrella del siglo" y, para mí, fue como si todo el odio que tuviese contra Voldemort se traspasara a Malfoy. —¿Qué es esto?
—Un periódico muggle, Señor Potter. Creí que lo sabría al haber pasado su infancia allí. —Harry respiró; casi se levantó a hacerle tragar el papel que tenía en la mano. —Pero entiendo su pregunta; al parecer, él es un cantante de renombre en Manchester y casi todo el mundo muggle. Cuando leí la noticia por primera vez no me pareció nada raro, pero después de ver que el apellido era Potter pensé que lo mejor era decírselo a usted. Y el viaje es porque los embajadores del mundo muggle deben hacer una reunión de negocios con nosotros dos. Y casualmente será el mismo día que el concierto de El señor Malfoy. ¿No le parece graciosa esta casualidad?
—En lo absoluto. Sus manos se dirigieron a su cara para calmar su desesperación. —¿Tengo que presentarme obligatoriamente?
—Por supuesto, es amigo de Malfoy; le aseguro que estará feliz de verlo. Otra sonrisa más. Harry estaba planteándose su propio trabajo. —No se ofenda, Ministro, pero no creo que Draco me considere su "amigo". Miró a su superior y entendió que no podía escaparse está vez. —Pues vaya a terapia con el señor Potter, pero quiero su presencia mañana a las 10, para tomar el translador e irnos a Manchester. Estaremos dos semanas. Llevo ropa suficiente y varios trajes; los embajadores muggles son gente muy bien posicionada.
—Sí, señor —Se levantó y sintió como todo su mundo iba cayendo en picado; cada paso le costaba más, hasta que llegar a su oficina fue un infierno. Él no quería tratar con Malfoy. Podía verlo, sin problema, pero ¿tener que volver a hablarle? Fingiendo que no lo conoce de nada, cuando se sabía cuántas caras hacía cuando se enfadaba... Espera, él ¿acaba de pensar eso? Por Merlín, mejor se avadakeabrada el mismo. Suspiró y se marchó a casa a hacer la maleta; en contra de su voluntad también se llevó el periódico. Le daba intriga sobre qué decía.
Por otro lado, en Manchester la bomba de relojería estaba apunto de encenderse, solo hacia falta un poco de magia o como prefieren los muggles, con un poco de indiscreción.
Draco se encontraba en su camerino, actualmente llevaba 32 horas sin comer absolutamente nada porque entre que se bajaba de un vuelo, se subía a otro y tenía rueda de prensa, secciones de fotos, meeting con los fans... Puede que haya olvidado comer y por eso se encontraba en el suelo de su camerino. Su manager a su lado, desmayado de la misma forma porque también había olvidado comer, en esos momentos Draco se daba cuenta que lo eligió porque era idéntico a él mismo.
—¿Oye puedes levantarte? —Preguntó.
—Sí, aunque voy a esperar un poco, entre la anemia, la ansiedad y el hambre en mi cabeza hay un puticlub gratis.
—Qué divertido.
—Si vamos, sentir la bilis en mi nariz es refrescante. —No dijo nada más y Draco alcanzó a reír un poco. Cuando recuperaron la conciencia se levantaron y (después de varios gritos de su director de imagen) comieron. Al llegar a casa Draco se dio cuenta que la red flu vibraba más que de costumbre, se acercó a la chimenea y contestó.
—¿Hola? —La voz de Pansy respondió. —Dragón te tengo una buena y mala noticia.
—¿Qué pasa Pans? —la curiosidad de Draco se volcó rápido a los papeles que tenía su amiga en la mano. Se alegró al instante creyendo que iba a tener un bebé, cosa que hubiese sido más gratificante que lo que salió de su boca.
—La buena es que San Potty me dió el permiso (firmado por el mismísimo salvador del mundo mágico), para ir a trabajar con Charlie. ¿No es increíble? —Él sonrió, su amiga emanaba la más pura ilusión y felicidad que había visto, todavía no acaba de entender todo el rollo de los dragones pero su amiga se veía tan apasionada con el tema que no quiso interferir. —Absolutamente, voy a estar muy feliz cuando me envíes todas las fotos y postales que existan en Suiza. ¿Y la mala noticia? —La sonrisa de Pansy desvaneció. Sus manos giraron para que Draco pudiera apreciar el título de aquel periódico "Draco Potter, la estrella del siglo" o la muerte del siglo pensó. —¿Por qué tienes un periódico muggle?
—Esa es la mala noticia querido, al parecer se ha comentado que este nuevo periódico se está vendiendo en el mundo mágico y está siendo todo un éxito. Cosa que no me extraña ya que estás como un pan recién horneado, dan ganas de morderte en cualquier momento.
—¡Pansy por favor! Ten un poco de decencia esto es algo delicado. ¿Crees que lo hayan visto nuestros antiguos compañeros?
—Yo diría que lo ha visto hasta Snape.
—Voy a matarme, hasta aquí llegó mi carrera como cantante y como mago. Mi padre tenía razón, soy un imbécil y jamás seré feliz. Qué desgracia que al final haya tenido razón. —La garganta comenzó a picarle y sus ojos se aguaron, no era justo. Él se había dedicado con lágrimas y sudor a su música, joder venía de haberse desmayado por olvidar comer y ahora vienen y ¿le joden la carrera? —Querido respira, no creo que alguno de nuestros compañeros quiera ir a tu mundo para hacerte daño, todos pasamos por una guerra, amor. Eso nos cambió, ¿Lo entiendes? —las palabras de Pansy eran suaves, calmadas, deseándome un respiro. Sé que tenía razón, que no debía estresarme pero mi cabeza decía todo lo contrario. ¿Y si Potter iba a buscarme para tomar venganza por haber escapado del mundo mágico y utilizar su apellido? Sus pensamientos hubiesen seguido de no ser por la voz de su amiga. —Potter no va a buscarte Draco, él se encarga de encontrar a los mortífagos que SIGUEN haciendo daño y aparte si te busca sería para darte como cajón que no cierra.
—¡Pansy! —gritó. El sonrojo le tiñó las mejillas y su compañera rió con más fuerza. —Te odio. —en forma de defensa. Luego la conversación no tocó de nuevo ese tema y siguieron hablando de otras cosas hasta que llegó Blaise del trabajo. Draco se sentó en el sofá tratando de reflexionar y pensar en su situación actual.
Hace 6 años se había mudado a Manchester, vivía en la mierda, en un piso de estudiantes sin dinero. Ya que su padre cuando le contó que recibía acoso de todos y que quería irse, él dijo que era un cobarde, después los insultos volaron por toda la habitación. Su madre lloraba desde la ventana mientras veía como su único hijo tomaba un translador hasta su nueva vida y ella sabía que no podía seguirle.
Al estar sin dinero y solo con ropa y la guitarra de su madre se le ocurrió buscar trabajo en un bar, al inicio lavó baños, barras, mesas... Con el tiempo fue camarero, ayudante de cocina y organizador de eventos. Un año después el cantante que habían contratado llegaba tarde y los estaba dejando tirados, la gente se amontonaba en la barra pidiendo explicaciones y un rembolso y él, en un acto de valentía salió a cantar. Cuándo tocó no esperaba que la canción sonara bien, la había terminado hace unos días después de un "casi algo" como lo llaman los muggles qué lo dejó marcado. Sin embargo cuando los acordes fueron sincronizados con su voz, todos los miedos fueron menos importantes y su propia vida le pareció de nuevo hermosa.
“Give me a call if you ever get lonely
I'll be like one of your girls or your homies
Say what you want, and I'll keep it a secret
You get the key to my heart, and I need it”
Todavía recuerda ese verso, lo escribió en la playa, solo. Lo habían dejado plantado por tercera vez y aún así, no se daba cuenta. Sólo quería que alguien lo volviera a amar.
Luego de esa canción un chico lo grabó y lo subió a YouTube y de allí todo fue creciendo. Ahora ya no eran vasos y servilletas, sino, autógrafos, conciertos, entrevistas, ruedas de prensa, comerciales. Pudo salir de su piso de mala muerte a una casa con agua caliente y calefacción. Su pared dejó de tener una foto de sus padres a ser llenada con discos de oro, premios... Definitivamente, Draco había vuelto. Y ahora querían joderlo, qué irónica es la vida.
