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Characters:
Language:
Español
Stats:
Published:
2024-12-31
Updated:
2025-12-24
Words:
13,888
Chapters:
5/?
Comments:
7
Kudos:
20
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5
Hits:
121

Muñequitos de nadie

Summary:

Una mañana Kaido encuentra sobre su banca un pequeño perrito tejido, al cual no le toma demasiada importancia hasta que empiezan a aparecer muñecos tejidos todos los días, sobre su banca, acompañados de lindos mensajes dedicados a él, que no están firmados por nadie.

Pero si no es una trampa tendida por la Unión Oscura, ¿quién podría ser la chica que le manda regalos tan bonitos?

 

Aren está enamorado de su mejor amigo pero no tiene el valor de decírselo a la cara, así que aprende a tejer muñecos para regalárselos de forma anónima. El problema es que Kaido comienza a pensar que la persona que le teje los muñecos es una chica, específicamente, una de sus amigas.

Notes:

Esta es mi primera vez publicando en ao3 y estoy muy feliz :)

Espero que disfruten leyendo este fanfic tanto como yo me divierto escribiéndolo <3

Chapter 1: Plan Perfecto

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Hay demasiadas razones por las que declararse a la persona que le gusta puede salir muy mal. Pero si Aren tuviera que elegir la peor, definitivamente diría que es porque se trata de su mejor amigo.

No sabe desde hace cuánto tiempo sus sentimientos hacia Shun cambiaron y lamenta no haberse dado cuenta antes, porque ahora no hay nada que pueda hacer para controlarlos. Sin embargo, en el fondo sabe que dichos sentimientos siempre han estado presentes y lo único que han hecho es crecer hasta que  ya no puede esconderlos ni de sí mismo.

Aren siempre se sintió interesado en Shun, desde el primer día en que pisó la Academia PK. Cuando Shun no estaba con sus dos únicos amigos, se encontraba solo. Y Aren se preguntó la razón de eso, pues todos en esa clase parecían llevarse bien.

Llegó a pensar que Shun tenía una mala reputación y todos temían acercarse a él. Pero de inmediato descartó esa idea, porque él, mejor que nadie, sabía cómo se veían las miradas llenas de miedo. Y las que los demás le dirigían a Shun, no eran ni un poco parecidas.

Luego creyó que era un chico raro y molesto, esa podría ser la única razón por la que todos ignoraban su presencia. Y como tampoco quería que su primer amigo en una escuela normal fuera alguien con una mala reputación, decidió que lo mejor sería no acercarse a él. 

Al final, fue Shun quién le habló primero. Recuerda haberlo visto tímido y un poco avergonzado, seguramente nervioso por hablarle a alguien que estaba fuera de su círculo social. A pesar de que al inicio Aren se mostró cortante y poco interesado, Shun siguió intentando acercarse a él.

Entonces, Aren se dio cuenta de lo maravilloso e interesante que era Shun. 

Siempre tenía una nueva historia que contar, llena de emocionantes aventuras, villanos y misiones que solo los valientes héroes podían enfrentar. Historias que él mismo inventaba. 

Si cualquier otra persona hablase sobre ellas, sonarían ridículas. Pero Shun nunca le ha parecido de esa manera, porque tiene algo que le hace sentir a Aren que todo lo que dice es real.

Aren jamás ha entendido, y probablemente jamás entienda, cómo alguien tan genial como Shun puede tener tan pocos amigos.

Es cierto que a veces se comporta infantil. Pero no existen personas sin defectos ―excepto, tal vez, Teruhashi― además de que otras personas, como Hairo, tienen obsesiones aún más molestas de las que nadie se queja. 

Y a Aren no le molesta nada sobre Shun. Al contrario, ama todo sobre él. Sus ojos, del color de la sangre. Su risa, que le contagia la alegría. Y su linda sonrisa, que lo hace sentir cosas que no puede explicar con palabras.

Como ahora que está pensando en él. 

Siente su corazón latir como nunca antes, tan rápido que teme estar volviéndose loco.

Mierda.

Nunca ha sido bueno expresando sus sentimientos. No se imagina cómo podría confesarle a Shun todo lo que siente sin arruinar el momento.

Por eso quiere hacer las cosas bien desde ahora. Sin improvisaciones ni equivocaciones. Todo debe salir perfecto. Así que está en la entrada de la mercería, porque ha encontrado la solución perfecta: tejerá muñecos y se los regalará a Shun de manera anónima.

Shun jamás podrá imaginar que es él quién los manda y así podrá expresarse sin confesar nada directamente. Y si Shun lo rechaza, las cosas entre ambos no se volverán incómodas. 

Ganar-ganar, piensa Aren.

Ha descartado la opción de preparar postres. No es tan malo en la cocina, pero no quiere arriesgarse a que salga mal. 

Las manualidades tampoco se le dan especialmente bien y, aunque tejer es algo que nunca ha intentado, no tiene suficiente dinero como para comprarle un peluche todos los días, entonces prefiere hacerlo él mismo.

Está parado frente a las repisas llenas de estambres de todo tipo de colores y texturas diferentes. 

Escoge uno de cada uno y los mete en la canasta de compra. Mientras más rápido elija, más rápido se irá de ese lugar. No porque le disguste sino porque teme encontrarse con alguien de la escuela y si lo reconocen, su plan podría arruinarse.

Lleva sus cosas a la caja y en cuánto paga, se va caminando a su casa lo más rápido que puede.

Tejer es más difícil de lo que esperaba. Le sorprende la paciencia que ha tenido para no rendirse desde el comienzo, cuando el primer muñeco que intentó hacer le salió horrible y no parecía más que una papa deforme.

Se detiene un momento a pensar que quizá debería haber empezado con algo más fácil, pero realmente le gustaría que el primer muñeco fuera algo significativo; fue por eso que eligió un perrito.

Recuerda que una vez escuchó a Toritsuka decir que el espíritu protector de Shun era un chihuahua y eso le pareció muy tierno. Así que llegó a la conclusión de que ese debía ser el primer regalo.

Sin embargo, el muñeco sigue sin salir perfecto. 

Está tan desesperado que le tiemblan las manos, lo que no es más que un retraso que empieza a molestarle. Decide pausar el vídeo tutorial que puso y se toma un momento para respirar. 

No pasa nada, piensa. Lo intentará las veces que sean necesarias hasta obtener un resultado decente. No puede esperar que algo así le salga perfecto en el primer intento, solo debe dar lo mejor de sí mismo. 

Bosteza y se da cuenta de que hay demasiado silencio. Los grillos dejaron de cantar desde hace un rato y tampoco se escuchan carros en la calle. No sabe qué hora es, así que toma su reloj despertador y lo mira; son las tres y media de la madrugada. 

Maldice. Ni siquiera se dio cuenta cuándo pasó todo ese tiempo. Suele desvelarse, pero nunca pasa de la medianoche. Tampoco se había dado cuenta de lo cansado que se siente, así que decide que lo intentará de nuevo más tarde porque ya es hora de irse a dormir. 

O bueno, a descansar la hora que le queda antes de que suene su alarma.

∆    ∆

Aren escucha la campana sonar justo cuando está entrando al salón. No sabe cómo, pero ha llegado a tiempo, incluso después de haberse despertado tan tarde. Era de esperarse, pues la noche anterior estaba muy cansado y aún así decidió no dormir temprano.

Intenta recuperar el aire, jamás en su vida había corrido tan rápido como esa mañana que salió tardísimo de su casa. No puede permitirse faltar de nuevo a esa clase o perderá su derecho a examen y reprobará la materia.

Todos sus compañeros ya están sentados en sus lugares cuando él llega porque el profesor entra justo detrás de él.

Shun lo saluda con la mano y le sonríe alegre cuando llega a su lugar, justo delante suyo. Ya no pueden hablar porque la clase ha comenzado, así que Aren le devuelve el saludo de la misma forma y acomoda sus cosas bajo la banca, luchando contra el impulso de recostarse sobre ella para dormir un poco. 

Mientras el profesor explica el tema, Aren se pregunta quién pensó que poner dos horas de Química Avanzada la primera hora de un miércoles era una buena idea.

O quién pensó que desvelarse un martes también lo sería.

No logra entender nada de lo que les están enseñando, la voz del profesor suena muy lejana y las letras del pizarrón se ven borrosas.

Mira su banca.

Ah.

Ahí están sus lentes.

No recuerda cuando se los quitó, pero la ausencia de ellos explica por qué no puede ver nada del pizarrón. Se los pone. Finalmente puede ver con claridad, aunque eso no mejora su situación.

Ya no ve manchas, sino números, letras y fórmulas que ahora mismo no entiende. Espera que no les hagan exámenes sobre eso, porque sin duda los reprobará.

Pasa las siguientes dos horas intentando mantenerse despierto y pareciendo interesado para que no le pidan resolver ningún ejercicio, cosa que le funciona extrañamente bien, ya que el profesor ignora su existencia.

—¡Aren! —lo llama Shun cuando la clase termina. Aren sonríe— pensé que no vendrías hoy.

—Hola, Shun —dice y bosteza—. Lo sé, pensé que no llegaría a tiempo porque me dormí un poco tarde anoche.

—¡Hola, compañero! ¿Por qué te ves tan cansado? —pregunta Nendo, acercándose a ambos con su usual y molesta energía. Aren rueda los ojos, lo ignora y se recuesta sobre su banca. Nendo se encoge de hombros y se va a otro lado.

—Ah, bueno… te dejaré dormir —le dice Shun. Aren lo mira. Están los dos solos, así que niega con la cabeza.

—Que esté cansado no significa que no pueda escucharte—dice. Shun sonríe, así como le gusta a Aren, y empieza a contarle otra de sus increíbles historias. 

∆    ∆    ∆

Mierda, mierda, mierda.

¿Por qué es tan difícil hacer un pequeño muñeco?

Lleva cinco días practicando sin descanso, y lo único que lo consuela un poco, es que sus muñecos han mejorado. Cada día se ven un poco más decentes, aunque todavía no lo suficiente para regalárselos a Shun. 

Deberían ser perfectos.

Por eso ha estado dedicando tarde y noche a intentar crear el regalo perfecto, lo que lo ha llevado a interrumpir (casi en contra de su voluntad) sus horarios de sueño.

No sabe la hora que es pero cree que debe ser muy tarde. Si es honesto, el tiempo pasa muy diferente cuando está tejiendo y esa es una de las razones por las que se ha estado durmiendo después de las tres de la mañana.

Aunque ni siquiera tener sueño todos los días o dejar de entender los temas de clase puede hacerlo arrepentirse de su decisión de dedicarle cada vez más tiempo a los regalos para Shun.

Es por eso que decide no mirar la hora. No importa, de todas maneras ya se ha desvelado demasiado y otro rato no podría afectar mucho. Esta vez no puede parar, no puede esperarse al día siguiente para continuar tejiendo; debe terminar el muñeco esa noche. 

Ya no puede detenerse, no hasta conseguirlo, porque detenerse significa tiraría todas sus horas de práctica a la basura.

Decidido, toma la aguja, el estambre y lo intenta de nuevo.

Lo hace más lento y con más delicadeza que las otras veces, siguiendo el tutorial de YouTube que puso en su teléfono. Agradece que la voz de la mujer que explica sea tan tranquila y agradable, porque ha visto tantas veces aquel vídeo, que si no hubiera sido así, probablemente se habría rendido desde el comienzo.

No sabe de dónde está saliendo tanta paciencia. Tal vez es su dedicación, su amor por Shun o su deseo de ver la ilusión en sus ojos cuando encuentre el muñeco, pero por la razón que sea, ahí está su inusual tranquilidad y debe aprovecharla.

No se permite distraerse de lo que está haciendo para no arruinarlo. Despeja su mente y se concentra como casi nunca antes lo había hecho. Sabe que si el muñeco no le sale esa noche, lo más seguro es que se dé por vencido y se rinda. Tirará todos los estambres o hilos y luego se deprimirá en su habitación, creyendo que nunca fue una buena idea.

Pero la última vez estuvo tan cerca de lograrlo, que no quiere rendirse. 

Entonces lo intenta.

Hasta que finalmente lo logra. Luego de horas y horas de intentos fallidos, tiene a un lindo perrito de peluche entre sus manos, tejido por él mismo.

No es perfecto —tal como le hubiera gustado— pero es lo más decente que ha hecho hasta ahora. Es lo suficientemente bonito para dárselo a Shun. Sonríe orgulloso. Puede regalárselo ese mismo día.

Mira la hora en su teléfono y está tan feliz que no le importa que su alarma esté a punto de sonar, que sean casi las cinco de la mañana, ni que ya se tenga que preparar para ir al instituto.

No ha dormido nada, cosa que no le había pasado en ninguno de los días anteriores. Sin embargo, valió la pena. No puede dejar de sonreír.

La alegría recorre tanto su cuerpo, que incluso si fuera más temprano, sería incapaz de dormir por la emoción.

Decide darse un baño y empezar su rutina diaria. No quiere que se le haga tarde. De todas maneras debe llegar un poco antes para dejar el muñeco sin ser visto, esa es su nueva misión secreta.

El tiempo vuela. Entonces cuando mira nuevamente la hora, ya son casi las seis de la mañana.

Perfecto.

Toma su teléfono y le manda un mensaje a Shun, le avisa que no es necesario que lo esperen para irse a la escuela. Luego guarda su teléfono en su bolsillo y toma el pequeño chihuahua entre sus manos. 

Sale de su casa y se dirige a la escuela. El camino directo a ella es más corto que el que debe tomar cuando se junta con sus amigos. Además, es más temprano de lo normal, así que llegará justo cuando abran las puertas de la Academia. 

No puede pensar bien. Lleva el muñeco en sus manos, temblorosas de la emoción. Obviamente, Shun jamás podrá imaginarse que es él quién lo hizo, pero eso no le importa. Dárselo es suficiente. 

Llega a la escuela justo cuando el maestro Matsuzaki abre las puertas y deja pasar a los alumnos. Le alegra que su predicción haya sido correcta, mientras menos alumnos haya, menos alumnos lo verán en la escena del crimen. Después de todo, apenas son las seis y media de la mañana.

Corre a su salón y deja el muñeco bajo la banca de Shun.

Vuelve a sonreír. Ese perrito es su orgullo. Se ve tan lindo sentado ahí. Y de alguna forma le recuerda a Shun. Tal vez es porque ese tímido perrito de bonita sonrisa es su reflejo en forma de un animalito.

Concéntrate, piensa. Nadie puede verlo o sabrán que fue él quién dejó el muñeco en la banca de Shun. Acomoda sus cosas en su propia banca y huye al baño de chicos. Dejará que el salón se llene para encubrir lo que acaba de hacer. 

Todo está saliendo tan bien, es perfecto. Aún no puede dejar de sonreír y eso lo demuestra su reflejo cuando se ve a sí mismo en el espejo del baño.

Intentará regresar a tiempo para ver la reacción de Shun, pues él, Nendo y Saiki suelen ser los últimos en llegar al salón.

Oficialmente, su plan para "Enamorar a Shun a través de animalitos tejidos" ha comenzado.

∆   ∆     ∆     ∆   ∆

Notes:

No me había animado a publicar aquí, pero me parece una buena manera de finalizar el año, especialmente porque me propuse (después de 5 años, literalmente) completar por lo menos un fanfic.

Espero que les guste mucho y que tengan un feliz Año Nuevo <3