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El cielo estaba envuelto en un crepúsculo rojo sangre, iluminado por las llamaradas que surgían desde los restos de la ciudad. Julián apretaba los dientes mientras ajustaba el comunicador en su oído, intentando filtrar el caos que lo rodeaba.
Había sido una batalla sin tregua. Los escombros de los edificios caídos se mezclaban con el olor a humo y metal quemado, un recordatorio constante de la devastación. Pero Julián no podía pensar en eso. Solo tenía un objetivo: llegar al epicentro y detener la máquina que amenazaba con borrar todo lo que conocían.
***
Los meses anteriores habían sido una mezcla de caos y camaradería forjada bajo fuego. Julián recordó el día que conoció a Enzo, cuando ambos fueron asignados a la misma escuadra de la Liga de Héroes. La desconfianza inicial había sido evidente. Julián, metódico y analítico, consideraba que Enzo, con su actitud desenfadada y su propensión a actuar antes de pensar, sería una carga. Pero con cada batalla, esa percepción había cambiado.
Había algo en la forma en que Enzo afrontaba los momentos de mayor tensión: un optimismo feroz que se volvía contagioso. Cuando las probabilidades parecían insuperables, era su voz la que les recordaba a todos que aún tenían una oportunidad. Julián se había dado cuenta de que, lejos de ser una carga, Enzo era el ancla que los mantenía unidos.
***
—Enzo, ¿estás ahí? —preguntó Julián, su voz rasposa por el cansancio y el polvo.
La estática respondió primero, seguida por la voz de Enzo, firme y tranquilizadora, como siempre.
—Atrás tuyo, Juli.
Cuando se giró, lo vio. Enzo estaba cubierto de polvo, con cortes visibles en el rostro y el uniforme destrozado, pero su sonrisa seguía intacta. Esa maldita sonrisa que había sido su ancla durante los últimos meses.
—Pensé que habías... —comenzó Julián, pero las palabras se atoraron en su garganta.
—Ni en tus sueños —respondió Enzo, sacudiendo la cabeza —No te voy a dejar solo con esto.
“Wherever you go, that’s where I’ll follow... Nobody's promised tomorrow”, resonó en la mente de Julián mientras lo observaba. Había algo en la determinación de su mirada que hacía que el peso del momento se sintiera un poco más llevadero.
***
El trayecto no fue sencillo. Los enemigos mecánicos, drones que parecían inagotables, seguían apareciendo en oleadas, protegiendo la máquina que pulsaba con una energía amenazante. Julián y Enzo se cubrían mutuamente, disparando y esquivando mientras avanzaban entre los escombros.
—A la derecha, Julián —gritó Enzo, disparando hacia una torreta automática que había comenzado a cargar.
Julián reaccionó rápido, lanzando una granada de pulsos que desactivó la torreta. Se giró hacia Enzo, que le dio un pulgar arriba antes de seguir corriendo.
En el camino, se encontraron con civiles atrapados en un edificio a punto de colapsar. Sin dudarlo, Enzo lideró la evacuación mientras Julián mantenía a raya a los drones. Cuando el último civil estuvo a salvo, ambos compartieron una mirada breve pero significativa antes de continuar hacia su objetivo.
***
Cuando finalmente llegaron al centro, se encontraron cara a cara con la máquina. Era un monstruo de metal y energía, una torre imponente que emitía un zumbido ensordecedor. Su luz cegadora parpadeaba en tonos rojos y amarillos, como si advirtiera de su inminente activación.
—Es ahora o nunca —dijo Enzo, acercándose a los controles.
Julián lo siguió, observando los complejos circuitos y pantallas. Ambos comenzaron a trabajar en silencio, sincronizados como si fueran una extensión del otro. Cada vez que sus manos se rozaban, Julián sentía un calor que lo mantenía firme.
“I’m gonna love you every night, like it’s the last night...”
Cuando el sistema comenzó a apagarse, una alarma resonó. Una cuenta regresiva apareció en la pantalla principal: treinta segundos.
—Activaste una autodestrucción —dijo Enzo, mirando los números descender. Sus ojos se encontraron con los de Julián—. No hay manera de salir a tiempo.
Julián asintió lentamente, aceptando lo inevitable. Pero en lugar de sentir miedo, sintió una calma extraña. Miró a Enzo, su rostro iluminado por las luces intermitentes de la máquina.
—Si el mundo se acaba, quiero estar con vos —dijo Enzo, con una sinceridad que lo desarmó.
Julián sonrió, a pesar de todo.
—Vos sos un idiota.
—Y vos insoportable —replicó Enzo, antes de acercarse y besarlo. Fue un beso lleno de urgencia, desespero y amor, como si todo lo que no habían dicho estuviera contenido en ese momento.
“If the world was ending, I’d wanna be next to you...”
El sonido de la alarma aumentó, pero ninguno de los dos se movió. Se tomaron de las manos y cerraron los ojos, dejando que la luz los envolviera. No había miedo en sus rostros, solo una paz que venía de saber que habían hecho todo lo posible.
***
Mientras la ciudad y sus sobrevivientes intentaban recuperar el orden que solían tener, los sucesos no tardaron en llegar a los medios nacionales e internacionales.
