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Heaven is a Place on Earth

Summary:

En el mundo real pero lejos de casa, Viktor y Jayce despiertan en el medio de un bosque desconocido. Sus mentes siguen relativamente conectadas y, ahora que no tienen nada, solamente podrán buscar un nuevo camino juntos.

Notes:

¡Hola! Esta es la continuación de 'Mi Boca Insensata', recomiendo leerlo primero para poder comprender bien lo que está pasando pero en mi opinión no es tan necesario. Quise terminarlo antes pero me distraje con cosas y se hizo esperar pero espero que lo disfruten. Toda esta serie está hecha para rascar la parte de mi cerebro que realmente quiere que estos dos sean felices, si les soy sincera.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

La primera bocanada de aire hizo que todo el cuerpo le doliera. Se ahogó, la tos provocó que los huesos le vibraran y solamente pudo quejarse. No sabía dónde estaba. No podía abrir los ojos, tampoco hablar. Sentía algo caliente rodeándolo como una manta. Escuchó algo, pero sonaba lejano y separado de él, como cuando uno está debajo del agua. Cuando su respiración se normalizó se concentró en intentar abrir los ojos, sentía los párpados pegados por lo que volvió a quejarse. La cosa cálida que lo rodeaba pareció apretarlo.

—¿Vik…tor? —dijo alguien, no reconocía la voz, seguía sin poder escuchar bien.

Finalmente pudo entreabrir los ojos y lo azotó la luz. Otra queja, su cuerpo se sentía pesado, todo era incómodo excepto la calidez que venía de aquella persona que le hablaba. ¿Jayce? Recordaba haber estado con Jayce en Piltóver y luego en un lugar raro que cambiaba, recordaba estar conectado a él, luego sus recuerdos acababan y todo se volvía negro. La confusión hacía que sintiera agujas en el cerebro.

Sus ojos se adaptaron y pudo reconocer la cara de preocupación de Jayce frente a él. Tosió nuevamente y, con dificultad, se puso la mano en el pecho. Vio a Jayce sonreír y él le devolvió el gesto. Sentía un extraño silencio en su mente, no podía saber cuánto tiempo pasaron en ese espacio extraño pero el suficiente como para acostumbrarse a oír pensamientos que no eran suyos todo el tiempo. Estaba en los brazos de Jayce, ambos estaban en el suelo pero su compañero lo mantenía contra su pecho, protegiéndolo. El aire se sentía fresco y puro así que miró a su alrededor con curiosidad.

—No estamos en Piltóver, creo—dijo Jayce—, no estoy seguro de dónde estamos exactamente pero esto definitivamente no está cerca de la ciudad.

Viktor cerró los ojos nuevamente, relajándose en los brazos que lo mantenían seguro. Intentó recolectar sus ideas, pero su cerebro se sentía como si estuviera lleno de algodón y, de tanto en tanto, volvía a sentir punzadas. Jayce dejó un beso en su frente y Viktor frunció el ceño.

—Intento pensar —dijo, su voz algo ronca, mientras volvía a abrir los ojos para mirarlo con reproche—, me distraes.

Jayce, en respuesta, volvió a besar su frente casi desafiante. Viktor suspiró, que se comportara de esa forma significaba que no se había imaginado el último tiempo. Lo que sea que había ocurrido en aquel techo cuando detuvieron el apocalipsis los unió por un tiempo y ahora los había separado nuevamente.

—Seguimos conectados, un poco —dijo Jayce—. Siento tu confusión y tu dolor en mi cabeza si me concentro, también puedo escuchar un poco lo que piensas pero no es como antes.

Viktor asintió, feliz de no tener que hablar. Intentó concentrarse en Jayce y su mente pero la cabeza le latía así que soltó un respingo y abandonó la idea por el momento.

—Desperté hace un tiempo y estabas aferrado a mí, me costó como te está costando ahora a ti pero eventualmente mis pensamientos se aclararon —continuó Jayce—. Fue extraño y me preocupé porque sentía puro silencio en mi cabeza, temía que no fueras a…

Jayce se interrumpió a sí mismo para tragar saliva, parecía temer decirlo en voz alta y Viktor lo entendía. Lentamente puso su mano en el pecho de Jayce para calmarlo, apretando su ropa entre sus dedos. En respuesta recibió otro beso, esta vez en su cabeza. Por un rato estuvieron así, Viktor en completo silencio intentando que la niebla que cubría sus pensamientos se disipara y Jayce demostrando su afecto. Parecía casi adicto a tener permitido simplemente besar y darle cariño a Viktor todo lo que quisiera, y Viktor no iba a detenerlo. Decidió que se merecía disfrutarlo, se lo había ganado luego de los años de sufrimiento.

—Siento como si me hubieran licuado el cerebro —murmuró Viktor, frotándose los ojos con sus dedos pulgar e índice—, no creía que seguiríamos vivos luego de lo que pasó.

Jayce colocó su mano en su mejilla y Viktor soltó un suspiro, se sentía como un ancla para él en aquel instante. Sus pensamientos comenzaron a aclararse con lentitud. Primero sintió el cuerpo más ligero, lo que le permitió sentarse, aún encima de Jayce. Luego pudo ordenar su mente y sus recuerdos, finalmente colocando las piezas en su lugar. Ya era capaz de diferenciar lo que pasó en la realidad y en aquel mundo mental en el que pasaron su último tiempo. Finalmente sintió un poco de lo que Jayce sentía: su tranquilidad y su afecto, su preocupación, su dolor corporal. Solo entonces se permitió respirar con más tranquilidad e intentar discernir dónde estaban.

A su alrededor solamente había verde: estaban en el claro de un bosque y los árboles que los rodeaban eran tan altos que a lo lejos todo se veía oscuro. Viktor se apoyó en el pecho de su compañero nuevamente, sin saber muy bien qué hacer. Apenas tenía su cetro a unos centímetros, milagrosamente en una pieza, y nada más. Él seguía usando únicamente la manta que Jayce le puso en los hombros en el laboratorio. Su cuerpo parecía haber vuelto a la normalidad, aunque sentía aún los efectos de Hextech en su cuerpo, probablemente podría volver a su otra forma si lo intentaba. Consideró que sería impráctico cambiar, pues su altura actual era conveniente tanto para seguir en las piernas de Jayce como para no asustar a una hipotética persona a la que podían encontrarse cuando comenzaran a investigar la zona.

Su atención volvió a Jayce, estaba como lo recordaba con su barba y cicatrices. Se veía bien, no parecía herido, eso lo tranquilizaba. Apoyó los labios en su mejilla, dejando un pequeño beso ahí. En ese tiempo se había acostumbrado a la presencia constante de Jayce, al contacto, a sus manos. No era un hábito que fuera a perder rápido.

—¿Te duele algo? —preguntó Viktor con suave voz contra su piel.

—Un poco, como cuando estás quieto mucho tiempo y vuelves a moverte —explicó Jayce, usando su mano para acariciar el pelo de Viktor—. Pero en general estoy bien.

Viktor asintió y tomó aire, preparándose para ponerse de pie, aunque al sentir a Jayce sostenerlo con más firmeza se detuvo. Lo miró, inquisitivo, y Jayce solamente suspiró. No parecía estar listo para dejarlo ir.

—No pasará nada —aseguró, negando con la cabeza—, no tenemos que alejarnos demasiado del otro.

Agarró su cetro y lo usó como soporte para pararse, caminó hacia uno de los árboles y puso su mano contra la corteza. No estaba seguro de la región en la que estaban, podía ser cualquiera, hasta que no consiguieran hablar con alguien no lo sabrían. Jayce se acercó y colocó su mano en el hombro de Viktor.

—Deberíamos empezar a caminar antes de que anochezca —dijo, apretando su agarre—, no sabemos si hay animales salvajes u otros peligros y no tengo mi martillo aquí.

Viktor asintió con la cabeza y pronto Jayce tomó su mano, entrelazando los dedos de ambos. Se sentía extraño estar haciendo esto con tanta libertad, el mundo real y el mundo ficticio se sentían diferentes en espíritu. Y Viktor no se acostumbraba aún a simplemente recibir ese tacto de esa forma, a diferencia de Jayce que parecía haberlo estado haciendo toda su vida. En el mundo ficticio Viktor no tenía todos sus recuerdos tan claros como en ese momento: no recordaba tan bien sus peleas o sus sentimientos pasados. Aun así no se soltó ni se alejó, solamente se puso la capucha para esconder su rostro, por las dudas.

Mientras caminaban por el bosque, Viktor sentía a Jayce acariciar su mano con la yema de su pulgar, trazaba círculos pequeños y garabatos. A Viktor le sorprendía lo mucho que habían cambiado con el pasar de los años. Jayce se veía mucho menos inocente y joven, él mismo se veía más cansado y con menos brillo en la mirada. Recordaba que en el mundo ficticio se veían como cuando comenzaron a trabajar juntos, cuando ambos tenían toda una vida por delante. El pensamiento lo hizo reír y Jayce lo miró de inmediato con curiosidad.

—No es nada —dijo, pero volvió a reírse—, es que pasamos por tanto.

Jayce llevó la mano de Viktor a sus labios y besó el dorso, sin despegar sus ojos de los de su compañero. Luego sonrió también, parecía haber algo en su mirada, había un amor profundo e indecible.

—Parece como si hubieran pasado siglos desde que nos conocimos —dijo, soltando un suspiro—. Al mismo tiempo, parece ayer que inventamos los Portales Hextech.

—Oh, el progreso, glorioso como la evolución —dijo Viktor, no sin un toque de sarcasmo—. Parezco todo menos glorioso en este momento.

—Para mí siempre fuiste glorioso.

Viktor frunció el ceño, no porque no le creyera, sino porque escuchar eso hizo que su corazón diera un salto. Jayce, a sus ojos, siempre había parecido un héroe, casi un símbolo de lo que Piltóver decía representar. Que dijera eso era como si sus esquemas mentales se rompieran. En algún momento había tenido más confianza pero, mientras los años pasaban y su enfermedad se volvía más grave, todo eso se resquebrajó. Se había obsesionado con sanar, con ser mejor, con perfeccionarse y que Jayce siempre lo hubiera visto de esa forma le provocaba una extraña sensación en la boca del estómago.

—Es extraño —cambió de tema Viktor, para no tener que afrontar lo que sentía—, ya no creer en nada de eso, el progreso o la evolución.

—Bueno, podemos encontrar una nueva creencia —dijo Jayce, sonriendo mientras caminaban—. Lo que más nos guste, lo que nos atraiga, lo que nos dé alegría.

Viktor apretó su mano, esas palabras lo tranquilizaban y asustaban en partes iguales. Delante de ambos solo había incertidumbre pero también elección, podían elegir lo que quisieran sin que tuvieran el peso de las expectativas en sus hombros. En ese momento para el mundo no eran nadie. No eran heraldo ni héroe y Viktor sentía que podía trabajar con eso. Solamente necesitaba su cerebro y a Jayce. Juntos lograron en el pasado cosas enormes y cometieron errores de los que habían aprendido. Le daba confianza saber eso.

—Primero tenemos que salir de aquí y averiguar en qué rincón abandonado de Runaterra terminamos —dijo Viktor—. Luego podemos ver qué hacemos con nuestras vidas.

—Daremos un paso a la vez, solamente podemos avanzar, tenemos que creer eso —dijo Jayce, apretando también su mano—. Pasamos por cosas peores.

~•~

Se hizo de noche antes de que pudieran salir del bosque. Aun así, no hubieran podido caminar por mucho más tiempo. La pierna de Jayce no estaba sana todavía, probablemente nunca sanaría del todo, y cuando pasaron un par de horas Viktor notó las muecas de dolor que intentaba esconder. Él mismo necesitaba del cetro para avanzar así que lo entendía demasiado bien. Cuando lo obligó a sentarse y descansar, Jayce no pudo ocultar su suspiro de alivio.

—Voy a buscar algo para comer —dijo Viktor, colocando su mano en el pelo de su compañero para acariciarlo—, quédate aquí.

Viktor recordó haber visto manzanos a lo lejos, así que fue hasta ahí. Miró a ambos lados y su cuerpo cambió: nuevamente tomó su forma de Heraldo. Tener todo ese poder se le hacía extraño, más aún luego de lo que Jayce le había mostrado. Pero se dijo a sí mismo que solamente estaba usando la altura, que nada malo podía pasar. Dudó antes de tocar el árbol pues no quería contaminarlo, pero luego de unos segundos de dudas, simplemente cortó las frutas con cuidado y las dejó caer al suelo una por una. Se concentró en mantener la magia guardada en su interior y que no se manifestara de ninguna forma. Cuando terminó volvió a su forma original y alzó las manzanas del suelo para colocarlas en su manta como si fuera una cesta. Luego emprendió su corto camino de vuelta con Jayce.

Jayce estaba sentado en el suelo contra un tronco, tenía los ojos cerrados. Cuando Viktor se sentó a su lado, se apoyó en su hombro y volvió a tomar su mano. Parecía cansado, pero el dolor aparentemente disminuyó en ese tiempo en el que Viktor lo había dejado solo.

—Ya no se siente tan mal cuando te alejas —dijo Jayce suavemente—, no duele.

—Por suerte, a veces es necesario poder estar separados del otro —dijo Viktor, negando con la cabeza—. En donde estábamos no importaba pero en el mundo real sería muy inconveniente.

—Me daba tranquilidad, de alguna forma retorcida —admitió Jayce a la vez que entreabrió los ojos—, saber que no podíamos separarnos.

—No vamos a separarnos, aprendí la lección y vi lo que me mostraste, no tienes nada por lo que preocuparte.

—No puedes decidir si me preocupo o no —dijo Jayce, a la defensiva, mientras llevaba la mano de Viktor a sus labios una vez más—. Ahora que te tengo conmigo no puedo dejarte ir de nuevo.

Viktor giró su cuerpo hacia Jayce y usó la mano que acaba de ser besada para acariciar su mejilla, lo hizo de la forma más delicada que podía. Sentía en lo más profundo de sus huesos el miedo en su compañero, lo profundo que había calado en él todo lo que pasó ese último tiempo. Viktor no estaba seguro de cómo convencerlo de que estaban seguros, de que nada malo tenía por qué pasar ahora que ya no tenían el peligro respirándoles en la nuca; de que ya no representaban un riesgo activo para nadie. Se inclinó para acortar su distancia y besó su frente, llevando la otra mano también al rostro de Jayce para sostenerlo. Sintió cómo se relajaba y colocaba sus propias manos en los brazos de Viktor, buscando el mayor contacto posible entre ambos una vez más.

—Fue un día largo, deberías comer un poco y dormir —dijo Viktor luego de dejar otro beso en su rostro, esta vez en su mejilla—. Al menos hoy te puedes permitir creer que no voy a ir a ningún lado sin ti.

Jayce lo miró con los ojos bien abiertos, como rogando que no estuviera mintiendo y Viktor sintió un nudo en la garganta. Tuvo que besarlo, necesitaba que Jayce volviera a sentir lo que él sentía, a comprender sus pensamientos solamente para que dejara de parecer tan angustiado. Lo besó con intención, aún sosteniéndolo, y sintió cómo se derretía contra sus labios.

—Lo siento —murmuró, uniendo sus frentes—, no quiero que creas que no confío en ti solo…

—No creo eso —lo interrumpió Viktor—, entiendo lo que sientes, si respiras y te concentras verás lo que yo siento también, como antes.

Jayce asintió y respiró hondo, parecía contar en su cabeza para calmarse. Viktor notó que su cercanía parecía ayudar, así que lo abrazó, permitiendo que hundiera el rostro en su cuello; se mantuvieron así por un largo rato, ambos en silencio. Cuando Jayce fue el que se separó, Viktor colocó una manzana en su mano para que comiera.

~•~

Tenía a Jayce durmiendo en su pecho con sus piernas enredadas entre las suyas. La brisa era agradable y el suelo era bastante cómodo teniendo en cuenta donde estaban. Con una mano acariciaba el pelo de Jayce y la otra la estaba usando para apoyar su cabeza mientras miraba las estrellas. No tenía sueño, pues estaba preocupado por el futuro. Podían pasar un par de noches en el bosque pero eventualmente tendrían que pensar en un plan más elaborado.

Viktor pensaba en lo mucho que en algún momento deseó el lugar que habían ocupado en Piltóver, en lo mucho que dejaron atrás y en lo poco que le importaba. Escuchando la suave respiración de Jayce estaba contento, también sintiendo sus brazos rodearlo y aferrarse a él. Se preguntó entonces si su compañero sentiría arrepentimiento eventualmente, si acaso extrañaría a su madre o a Caitlyn, si querría volver. Viktor definitivamente no podía regresar luego de lo que pasó. Deseó entonces quitarle todo el peso de los hombros y dárselo a otro, sentía que se había enamorado no de un Ícaro, sino de un Atlas. Jayce parecía haber nacido con el deseo de ponerse peso en sus hombros, y aún en ese momento mientras Viktor era el que lo sostenía a él, sabía que cuando despertara volvería a intentar cargar con todo.

Colocó su mano en la nuca de Jayce, sintiendo cómo éste suspiraba ante el contacto de las frías manos de Viktor y sintió la necesidad de mantenerlo seguro. Quiso y se prometió en aquel instante que ambos tendrían una buena vida juntos, que Jayce no podría arrepentirse de estar a su lado porque sería el hombre más feliz del mundo. Cerró los ojos y susurró la promesa con las estrellas como testigos para asentarla en la realidad.

Sintió pasos en el césped y su cuerpo entero se tensó. No quería moverse demasiado, no sabía qué era lo que se acercaba, pero no quería arriesgarse a que simplemente los atacaran sin hacer preguntas.

—¿Disculpen? —era una voz femenina la que se escuchó, y Viktor se sintió iluminado por una linterna—. No pueden acampar aquí.

Viktor soltó un suspiro de alivio al escucharla.

—No estamos acampando —susurró Viktor intentando que Jayce tuviera unos minutos más para dormir—, estamos perdidos.

La mujer, a la que Viktor aún no podía ver, pareció acercarse. También sonaba aliviada de que no fueran gente peligrosa, al menos en primera instancia.

—¿Tu compañero está bien? —preguntó con amabilidad—. Si está herido quizás tengo algo en la mochila.

—Ah no, está dormido, caminamos bastante —dijo Viktor, colocando la mano en la espalda de Jayce—. Si no le molesta decirme ¿en qué región estamos señorita?

—¿En qué región? ¿Te golpeaste la cabeza? —su voz sonaba aún más preocupada ahora—. Estamos en Demacia, amigo.

Demacia era el lugar más hostil hacia la magia que había en Runaterra y por las venas de Viktor corría lo Arcano, eso no era bueno. Si descubrían la verdad lo encerrarían o peor, lo ejecutarían. Aun así, no hizo ninguna mueca por miedo a que la mujer sospechara. Sintió a Jayce moverse un poco, tensarse y luego sentarse en el suelo con rapidez para ver quién más estaba ahí.

—Tranquilo —dijo Viktor a la vez que se sentaba para colocar la mano en su hombro—, esta amable señorita solamente está haciendo preguntas.

Ahora que la veía bien, llevaba ropa de guardabosques. Muy probablemente era su trabajo patrullar el bosque por las noches y por eso estaba ahí en aquel momento. Jayce parecía sobresaltado así que Viktor tomó su mano y la acarició, luego agarró el cetro del suelo y se puso de pie ayudado por este. Jayce lo siguió.

—Lamentamos mucho haber hecho algo que no estaba permitido —dijo Viktor—. No estábamos acampando.

La mujer miró a su alrededor, como buscando sus cosas y, al no ver nada, volvió a mirar a Viktor.

—Ambos se ven honestamente exhaustos —dijo ella, soltando un suspiro mientras se ponía las manos en la cadera—. Técnicamente no violaron ninguna ley, en mi opinión, no tengo razones para creer que mienten.

Era una mujer alta de mediana edad, de piel marrón, pelo negro canoso y ojos gentiles. Viktor sabía que los demacianos encontraban orgullo en ser honorables y justos, bajo su concepción de “justicia”, así que ella no le preocupaba tanto. Viktor miró a Jayce, quién no parecía estar pasando un buen rato, y lo rodeó con su brazo para ayudarlo a mantenerse de pie, se veía profundamente cansado.

—Escuchen, mi nombre es Tatiana, vivo en el pueblo de aquí cerca pero me quedo a veces en la cabaña de guardabosques —explicó la mujer, Tatiana, con suavidad—, pueden quedarse ahí por esta noche si lo necesitan.

—Eso sería muy bueno, muchísimas gracias, es un gusto —dijo Jayce, con voz pequeña y acelerada, hablando por primera vez desde que despertó—. Somos Jayce y Viktor.

Viktor asintió, en señal de que compartía el sentimiento, seguía con su mano en la cintura de Jayce y miraba a Tatiana con seriedad, más no hostilidad. Jayce parecía estar intentando sonreír pero no parecía alcanzar sus ojos. Ambos debían verse muy mal como para que una demaciana sintiera tanta pena por ellos.

—¿Cómo terminaron aquí? —preguntó Tatiana mientras comenzaba a guiarlos en dirección a su casa—. No parecen de la zona.

—Escapamos de la guerra en Piltóver —dijo Viktor—, Noxus invadió, no teníamos a dónde más ir.

El rostro de Tatiana se volvió duro al escuchar eso, su ceño estaba fruncido y se notaba el enojo que sentía ante la nueva información.

—Los cerdos noxianos, no me sorprende que atacaran la Ciudad del Progreso, todo lo que hacen es conquistar y robar —dijo, el veneno se notaba en su voz—. Nos llegaron noticias del ataque, pero no queríamos creer que eran ciertas.

Tatiana no volvió a hablar, pero se notaba enojada por ellos. Viktor sintió un poco de alivio ante eso, pues no haría tantas preguntas; no habían mentido necesariamente, pero tampoco dijeron toda la verdad. Necesitaban, además, ayuda en ese momento y esperaba de todo corazón que esa mujer pudiera hacerlo aunque fuera un poco. Eran inteligentes y capaces, estaba seguro de que podrían sobrevivir si tan solo recibían un empujoncito.

La cabaña no estaba mucho más lejos, no era una mansión pero parecía ser lo bastante grande como para que alguien viviera cómodamente y trajera invitados si así lo deseaba. Tatiana abrió la puerta y los dejó pasar primero. El interior no estaba muy decorado, tenía apenas los muebles básicos. Había un solo cuadro: un paisaje genérico con una blanca ciudad amurallada, la Capital demaciana. Olía a madera y a miel, era agradable. Viktor ayudó a Jayce a sentarse en el sillón que estaba a unos pasos de la entrada y luego se sentó él también, soltando un suspiro; estaba empezando a sentir el cansancio.

—Déjenme darles indicaciones y pueden descansar —dijo Tatiana—, no demoraré mucho, pero es importante.

Viktor se había apoyado en el hombro de Jayce, quién estaba mirándola con atención, esperando que comenzara a hablar.

—Bueno, seré breve, en la cocina hay té, leche, pan y algo de mermelada, no mucho más —explicó Tatiana, su voz era profunda y agradable al oído—. Hay un par de cuartos, los encontrarán fácilmente, hay agua caliente y ropa que pueden ponerse sin problemas, creo que le pertenecía a los antiguos dueños de esta cabaña.

A Viktor le gustaba que fuera directo al punto, quizás si hubiera estado menos cansado le habría sacado algo de charla.

—Muchas gracias, de nuevo —dijo Jayce—, supongo que hablaremos en la mañana.

—Oh, sí, eso es inevitable compañeros —dijo ella, sonriendo—, pero por ahora duerman y recuperen fuerzas.

Tatiana les sonrió una última vez y se retiró, no sin antes dejar una llave en la mesa ratona frente a ellos. Jayce suspiró, rodeando la cintura de Viktor con el brazo, el sillón era una notable mejoría al césped del bosque. Viktor colocó la mano en el pecho de Jayce, esbozando una sonrisa.

—Demacia —dijo Jayce—, de todos los lugares, terminamos en Demacia.

Viktor soltó una risa cansada, aún contra el hombro de su compañero.

—Estaremos bien —dijo suavemente—, podemos ser disimulados, aunque llamemos la atención naturalmente.

Jayce negó con la cabeza y dejó un beso en la frente de Viktor. Estaba tan cansado, los ojos se le cerraban ligeramente mientras hablaba.

—No llamamos tanto la atención.

Viktor solamente soltó una risa, pasándose la mano por la cara, no llamaban la atención y él era el gobernador de Noxus. Se puso de pie, cuando ya no estuvieron en contacto Jayce lo miró como si lo hubiera apuñalado así que él extendió su mano.

—Nos demos un baño y vayamos a dormir.

Jayce lo siguió, rodeando su cintura con ambos brazos desde atrás para mantenerlo pegado a su cuerpo mientras caminaban. A Viktor esto se le hizo adorable, aunque le dificultaba el paso. Cuando llegaron al baño, Viktor comenzó a llenar la bañera con agua, asegurándose de que estuviera a una buena temperatura, luego procedió a quitarse su capa improvisada mientras Jayce hacía lo mismo con su ropa. Viktor tragó saliva, mirando de reojo en dirección a su compañero. Se habían visto en poca ropa antes, pero esto se sentía muy íntimo y doméstico, le emocionaba de una forma casi juvenil. Entró primero a la bañera y soltó un pequeño suspiro de alivio tan pronto como sintió el agua caliente en la piel, luego cerró los ojos y disfrutó de la sensación. Jayce entró después, colocándose frente a Viktor, sus piernas rozándose.

El baño fue rápido, ninguno de los dos tenía mucha energía y sabían que si no se apuraban, alguno de los dos iba a quedarse dormido en el agua. Cuando salieron se pusieron la ropa disponible en la cabaña y, con bastante cansancio, fueron al cuarto más grande y se acostaron en la cama. Jayce se colocó en el pecho de Viktor nuevamente, pues parecía haberlo disfrutado bastante en el bosque, y Viktor no pudo hacer otra cosa que hundir los dedos en su cabello. Su espalda le agradecía estar en un colchón y se sentía renovado.

—Vik —murmuró Jayce—, te amo.

Viktor sintió su pecho encogerse y una descarga eléctrica le recorrió el cuerpo. De alguna manera no le habían puesto nombre a su relación en todo el tiempo que estuvieron conectados y, en ese momento, Viktor pareció notarlo. No puso demasiado esmero en reflexionar sobre sus propios sentimientos luego de lo ocurrido. Todo era fácil en ese pequeño tiempo en el que pudieron sentir lo que el otro sentía y pensar lo que el otro pensaba. En aquel momento sentía aún la conexión, disminuida pero presente, y sabía que Jayce estaba esperando una respuesta, casi rogando en su mente por una confirmación de lo que ambos ya sabían. Temía que la vuelta a la realidad hubiera, de alguna forma, alejado a Viktor de él otra vez. Y Viktor, por su parte, sentía que aquella noción era estúpida, nada podría físicamente alejarlo de Jayce.

—También te amo —dijo Viktor—, lo sabes bien.

Jayce lo apretó contra él con desesperación, como un hombre perdido en el medio del mar se aferra a una tabla de madera. Jayce era fuerte, pasó por un infierno y volvió a cumplir el deber que se le fue impuesto. Pero, al mismo tiempo, Viktor sentía el miedo profundo que tenía de perderlo nuevamente. Jayce, en su mente, parecía convencido de que no soportaría pasar por ello, que si Viktor se le alejaba sería el fin.

—Jayce, ya te lo dije, no me iré a ninguna parte.

—Cuando dijiste eso no tenías mucha opción y no sabíamos dónde estábamos, ahora es diferente, todo es diferente —dijo, negando con la cabeza—. Demacia odia la magia, si se enteran van a matarte, y aun si no se enteran…

Viktor le puso la mano en la cabeza, interrumpiendo su descargo.

—Vamos a cruzar esos puentes cuando lleguemos —dijo Viktor, acariciando con cuidado su cabello—. Lo dijimos, daremos un paso a la vez, disfrutemos esta segunda oportunidad.

Viktor, además, prometió quedarse. Sabía que Jayce lo recordaba, también que tenía el mismo acceso limitado a sus pensamientos que Viktor tenía con él. Esperaba que esto le trajera un poco de paz. Lo sintió relajarse un poco contra él y asentir. No dijeron nada más que eso por el resto de la noche. Viktor cerró los ojos y pensó en momentos felices, recuerdos cálidos, deseando con todas sus fuerzas que Jayce se concentrara en él y no en sus propios pensamientos. Hizo eso hasta que supo con certeza que estaba dormido y, finalmente, se permitió descansar.

~•~

Viktor se despertó con lentitud, la luz se filtraba por el vidrio de la ventana y no supo qué hora era. Sentía que el tiempo se detuvo o estaba avanzando muy lento, que estaba en un sueño de nuevo. También notó que Jayce no estaba. Bostezó y se pasó la mano por la cara, los años siendo compañeros de laboratorio le enseñaron que Jayce era una persona con el sueño ligero que adoraba las mañanas. Viktor, por su parte, dormía a horarios terribles para luego despertarse cuando su cuerpo le diera la orden. Ambos respetaban mutuamente esos hábitos, así que Viktor no se sorprendió al no verlo. Se tomó su tiempo para levantarse, escuchaba a los pájaros cantar o, en algunos casos, chillar y sentía una extraña paz. Su cabeza estaba vacía de pensamientos, de planes, de objetivos. Solo quedaba un extraño gusto por la vida, un deseo de ver a Jayce y el sentimiento, casi absurdo, de que estarían bien.

Se dirigió a la cocina cuando encontró las energías para pararse y encontró a Jayce ahí. Estaba sentado con una taza de té vacía y un plato en el que solamente había migas de pan. Parecía estar pensando en algo, pero al sentir a Viktor entrar, alzó la cabeza de inmediato. Viktor se dirigió a él y dejó un beso en su mejilla antes de ir hacia las hornallas para poner a calentar leche y agua.

—Buen día —murmuró mientras se sentaba a su lado.

—Buenos días —dijo Jayce, sonriendo, Viktor notó que parecía mucho más vivo luego de descansar.

—¿Estás despierto hace mucho?

—No, unas horas quizá, quería ir al pueblo pero…

—No querías ir solo —dijo Viktor, asintiendo con la cabeza, lo entendía—, prefiero si vamos los dos juntos también, funcionamos mucho mejor.

Jayce asintió, pasándose la mano por el pelo, ese gesto hizo que Viktor sonriera pues le recordaba al hombre que conoció tantos años atrás. Acercó su silla a la de Jayce para poder apoyarse en su hombro. No sentía ningún apuro por hacer nada y sentía que podía simplemente tener todo el contacto físico que quisiera con Jayce. Por muchos años se negó a sí mismo ese placer, pero ahora tenía una especie de permiso absoluto de buscar su tacto y la avaricia lo invadía; mientras no lo alejara iba a seguir buscándolo.

—¿Crees que deberíamos hablar? —preguntó minutos después Jayce mientras Viktor preparaba un té con leche—. De lo que pasó, de nosotros, de algo.

Viktor le puso azúcar a su té, bastante, mínimo cuatro cucharaditas, máximo seis, así le gustaba. No respondió a la pregunta de inmediato, pues decidió considerarla. Pensó en qué quería hablar y de qué necesitaban hablar. Se preguntó si debían hacerlo en ese momento y, con el ceño fruncido, se sentó nuevamente.

—¿Algo de lo que necesites hablar? —preguntó, decidiendo que quizás no encontraría la respuesta por su cuenta.

Jayce pareció nervioso de repente, tenía ambas manos sobre la mesa y estaba jugando con sus dedos para luego apretarlas.

—¿Qué vamos a hacer ahora? ¿Crees que nuestra conexión es para siempre? ¿Qué somos? Porque me gusta mucho besarte y estar contigo pero necesito que le pongamos nombre, en serio lo necesito Viktor.

Viktor parpadeó, Jayce dijo todo eso demasiado rápido y estaba intentando procesar sus palabras por partes.

—Deberíamos ir al pueblo, hablar con Tatiana e intentar negociar un lugar donde quedarnos y un trabajo, por pequeño que sea —dijo Viktor—. Creo que nuestra conexión será permanente y…

Hizo una pausa, la última pregunta era complicada. Qué eran, qué no eran, no había respuesta.

—¿Qué quieres que seamos, Jayce?

—Quiero que seas mi compañero para siempre, mi pareja y mejor amigo, todo al mismo tiempo.

Jayce dijo eso tan rápido y acelerado como le había hecho las preguntas; ni bien terminó la oración se sonrojó y Viktor soltó una risita.

—No te burles de mí, Viktor, es serio.

—No me estoy burlando —dijo Viktor y sintió su propio rostro iluminarse—, me gustan tus ideas.

Viktor colocó la mano sobre las de Jayce, dejando que la sostuviera.

—Quiero lo mismo —continuó Viktor—. Y si nos lo permiten, podemos reconstruir algo parecido a lo que teníamos.

Jayce se permitió apoyar la frente en la mano de Viktor, que sostenía firmemente entre las suyas, y por un rato no dijo nada. Viktor sentía que estaba temblando, y pronto escuchó un pequeño sollozo ahogado que delató a su compañero. Su llanto empezó suave y de bajo volumen pero pronto estaba abiertamente llorando. Viktor usó su otra mano para acariciarle el pelo, con delicadeza, como si fuera a romperse si lo trataba demasiado brusco. Y Jayce sollozó tan fuerte que su cuerpo se sacudió. Viktor no le dijo nada, ni que se calmara ni que ya había pasado, le permitió descargar todos los sentimientos que estuvo guardando ese tiempo, dejó que todos sus recuerdos brotaran de sus ojos como un río. No comprendía del todo por lo que había pasado y Jayce no podía comenzar a imaginarse lo que Viktor sintió cuando tuvo todo el control del mundo, pero sentía en lo profundo de su corazón que podían contenerse mutuamente. Ahora que sus mentes estaban entrelazadas, que sus almas parecían haberse quedado pegadas, quizás podrían entenderse y sincerarse.

Apoyó su frente en el hombro de Jayce y este se dio vuelta para abrazarlo, parecía buscar el confort que Viktor le daba y este adoraba contenerlo. Sentía que quizás podrían encontrar un nuevo lugar en este pequeño pueblo: un pequeño paraíso en el que podrían empezar de nuevo. Ambos sabían sobrevivir, ambos eran inteligentes y tenían talento. Quizás y solamente quizás esta era su segunda oportunidad en este mundo para ser felices. Y era cierto que los problemas no desaparecieron, que tendrían muchas cosas que hablar y comportamientos que cambiar. Pero Viktor se reafirmó mentalmente la idea que llevaba teniendo desde el día anterior: estarían bien, tenían que estarlo.

Notes:

¡Espero que les haya gustado! Tengo un par de ideas para agregar partes a esta serie de fanfics pero probablemente voy a publicar un par de escritos de otros fandoms en los que estuve trabajando antes de continuar esto. Muchísimas gracias por leer.

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