Work Text:
Jisung odia a sus vecinos. No es que sean malas personas, solo que son… muy ruidosos.
Exageradamente ruidosos.
Desagradablemente ruidosos.
Los odia.
Los conoció tres días atrás mientras terminaba de meter las últimas cajas de mudanza a su nuevo departamento de adulto chiquito. Ellos venían saliendo de su propio hogar, riéndose y entrelazando sus manos en un gesto dulce. Cuando la atención de Jisung cayó sobre ellos.
Y simplemente se quedó sin aliento.
Guau. ¡Qué visual más espectacular, por el amor de Dios!
Ciertamente, eran dos de los hombres más hermosos que había visto en su vida. Parecían sacados de una revista para adolescentes hormonales. El chico más bajito llevaba puesto un suéter rosa que le cubría hasta los dedos, su esponjoso cabello rizado oscuro y sus gafas plateadas lo hacían ver absolutamente adorable. Sumándole el tierno puchero en sus labios rosados, su estatura de llavero y esa mirada de borreguito a medio morir fueron una flecha directa a su corazón. Cómo amor a primera vista (pero sin la parte romántica porque él no es una gata rompehogares).
Del otro lado se encontraba el otro majestuoso tipo, un pelinegro cuyas pecas parecían capturar la luz del sol y su mirada derretía los glaciares de la Antártida por la luminiscencia cariñosa que desprendía. Sin embargo, su fachada masculina se oponía a la suavidad de sus fracciones. Definitivamente este era el top de la relación, ya que sostenía la cintura del más bajo con su brazo, una clara señal de posesividad advertencia que Jisung entendió a la perfección. No es que fuera necesario marcar territorio de esa forma tan austera, no cuando el pecoso veía al tierno jovencito como si estuviera viendo todas las estrellas del universo atrapadas en sus ojos.
Eran tan perfectamente románticos y lindos que Jisung sintió la terrible necesidad de encontrar un novio en los próximos quince segundos o moriría como un solterón amargado y tonto por el resto de su vida. Dios, se moría de envidia nada más viéndolos derrochar miel y pétalos de rosas por el pasillo del edificio.
Cuando estuvieron en el elevador, los ojos del más alto se encontraron con los suyos. Jisung lo saludó, queriendo causar una buena impresión. Sin embargo, el chico frunció el ceño y acercó más el cuerpo de su novio al suyo. No le devolvió la sonrisa a Jisung en lo absoluto.
Desconcertado, se preguntó qué había hecho mal para merecer esa grosería. Luego recordó su mirada descarada de momentos atrás y se disculpó mentalmente con la parejita, odiando haberlos incomodado con su involuntario asecho. La próxima vez que los viera se disculparía, prometió y entró a su departamento.
Ya que la vida lo trataba de su miserable puerquito y no le daba ni un descanso a sus desgracias, terminó encontrándose a uno de sus vecinos más temprano que tarde, solo un par de horas después. Jisung atravesaba la recepción del edificio a lentas zancadas cuando chocó accidentalmente con otra persona. Los dos cayeron de culo, escuchando aturdidos cómo crujía y se rompía la funda acrílica que protegía la tablet del desconocido.
—¡Oh, cuánto lo siento! —se disculpó Han, apresurándose primero a la víctima de su torpeza para ayudarlo a levantarse.
—Está bien, son cosas que pasan. Además, también fue culpa mía por no ver por dónde camino —dijo la otra persona. Las mejillas de Han enrojecieron al darse cuenta que se trataba del chico bajito que vivía en el departamento junto al suyo. —Oh, ¡¿Tú eres el nuevo vecino?!
—Sí —Han sonrió, estirando la mano. —Me llamo Han. Han Jisung.
—Encantado de conocerte, Han Jisung. —Le devolvió el saludo, luego hizo una mueca al ver el lamentable estado de su tablet. —Oh, demonios, está arruinada.
—Lo pagaré —se ofreció de inmediato, no queriendo causar más problemas el primer día en su nueva comunidad.
El chico negó, restándole importancia al asunto.
—No tienes que hacerlo, así está bien, Han.
—Tonterías, te compraré una nueva.
—Si insistes —su vecino sonrió, un hoyuelo adorable apareciendo en su mejilla. Honestamente, debería ser ilegal tener una sonrisa tan hermosa. Han no pudo evitar compararlo con un osito de peluche. ¡Era más bajito de cerca! —. ¿Te gusta el samgyeopsal?
—¿Eh?
—Que si te gusta la carne asada —repitió, sus labios torciéndose coquetamente. —¿Eres extranjero, Hannie ?
Oh, demonios. Que no haga eso. ¡Que no haga eso! Es simplemente pecaminoso. ¡Y tiene novio, mierda! El rubio lo matará si los encuentra coqueteando descaradamente en el lobby del edificio.
—No, n-no lo soy.
Su vecino se recargó casualmente en la pared, cruzándose de brazos sin dejar de sonreír. Las gafas colgaban del puente de su nariz, enmarcando sus brillantes orbes oscuros. Con el cabello revuelto y esa expresión galante, parecía la encarnación de la indiferencia y comodidad.
Se vería súper sexy, Han no iba a mentir sobre nada.
Santo infierno, que hombre tan caliente.
«Oh, Dios mío. Tiene novio. ¡Tiene novio!» recordó Han, en pánico mientras se alejaba de su alcance. Esa acción hizo reír ligeramente al más bajo.
—¿Te pongo nervioso, Hannie? —Preguntó, enarcando una ceja.
—¿N-no?
—¿Esa es una pregunta o una afirmación?
—... No lo sé.
Su vecino se volvió a reír, apartándose de su periferia mientras ponía su tablet destrozada bajo el brazo.
—Eres gracioso, Hannie. ¡Estoy seguro que mi novio y tú se llevarán muy bien!
Si… él no cree eso. Probablemente el rubio lo matará a patadas un día de estos.
—Eso suena poco probable, pero gracias de todos modos. —Luego añadió para salir del caos. —Uhm… tengo que irme.
El Chico Poodle (un apodo súper acertado) echó un vistazo a su reloj de muñeca, chasqueando la lengua con cierto desagrado.
—Cierto, también tengo que ir a trabajar —recordó. Han suspiró aliviado. Sin embargo, todavía quedaba un asunto pendiente. —¡Oh, cierto! Casi lo olvido.
Jisung se adelantó avergonzado, sacando su billetera ante la suposición de lo que iba a decirle.
—¿Quieres efectivo o transferencia?
Su tierno vecino lo miró perplejo.
—¿Qué?
—¿Qué si quieres tu dinero en efectivo o en transferencia? —Fue su turno de repetir. —Por tu tablet.
Él negó, riéndose de nuevo. Era un sonido estridente y francamente ridículo, como el rechinar de una puerta desengrasada.
—¡Te dije que no te preocupes por eso, Hannie!
—Pero está rota.
—¿Y eso qué? Las cosas materiales son fácilmente reemplazadas. —Dijo desinteresadamente. Jisung pensó lo contrario; las cosas costaban, pero su vecino parecía no dimensionar la importancia del dinero. Quizás era rico. O un delincuente. —A lo que yo me refería es que quiero invitarte a cenar en mi departamento el martes que viene.
«¡PERO TIENE NOVIO!»
—Tienes novio. —Señaló Jisung. Su vecino parpadeó sin comprender.
—Sí. ¿Y?
—¡No cenaré contigo si tienes novio! —Chilló, horrorizado.
El más bajito tardó aproximadamente cinco segundos en comprender a qué se refería el recién llegado. Y sin más, estalló en sonoras carcajadas, casi orinándose en sus pantalones de la risa.
Hannie no entendía qué demonios pasaba.
—¡En serio eres tan gracioso, Hannie! ¿De casualidad eres comediante? ¡Porque eres buenísimo! —Gritó alegremente, limpiándose un par de lagrimitas acumuladas en el borde de sus ojos. —No estoy coqueteando contigo, hombre. Tengo un hermoso novio al que amo mucho, y él también me ama. Simplemente espero que nos llevemos bien, ya sabes.
Oh, que mierda. Jisung había hecho el ridículo. Sintió su rostro adquirir al menos doce tonos de escarlata debido a la vergüenza. Quería que la tierra se abriera y se lo tragara de una buena vez.
—¡Lo siento…! Joder, que vergüenza.
—Está bien, lo entiendo. Este primer encuentro ha sido de lo más raro, así que no puedo culparte por sacar conclusiones igual de raras. Además… Soy impresionante, es normal que los hombres y mujeres se enamoren de mí en un instante —admitió, guiñándole juguetonamente un ojo. Jisung sonrió, guardando su billetera.
—Pobre de tu novio, debe rabiar cada que salen a la calle.
—Ahí está el detalle. La gente puede enamorarse de mí, pero mi corazón siempre le pertenecerá a él. Somos almas gemelas. Y nadie puede cambiar eso.
Aww~ era un pensamiento demasiado tierno para el corazón de pollo de Han. Un amor que no es frágil y está basado en la reciprocidad es muy hermoso de admirar. Aunque es muy difícil de encontrar. Cómo un tesoro. Uno que Han encontró en el lugar menos pensado.
Mantuvieron una breve conversación antes de despedirse, cada uno tomando un rumbo distinto.
Estando en el ascensor, Jisung se dió cuenta de una cosa.
No le preguntó su nombre.
──── ∗ ⋅◈⋅ ∗ ────
Desafortunadamente para Jisung, terminó descubriendo el nombre de uno de sus guapos vecinos a mitad de esa misma noche.
«—Binnie hyung… ahhh… ¡Oh, Dios más rápido, hyung!»
Jisung parpadeó consternado, enfocando su vista en un punto lejano en el techo. El cabecero de la cama de sus vecinos chocando incómodamente contra la suya a través de la fina pared.
«—¡Ahí hyung, justo ahí! Mierda, mierda, mierda… hyung… lo haces tan bien»
Exhaló despacio, tratando de ignorar las actividades nocturnas de los demás. Cosa imposible dado el tremendo ruidero que el Chico Poodle estaba armando desde el otro lado de la pared.
Jodida mierda, el pelinegro alto debe follar como un toro para hacerlo gritar así.
«—Ya no puedo más, hyung. Estoy tan lleno de tu polla que… voy a explotar… ¡AH~ MIERDA!»
Ok. Jisung tuvo suficiente. Cerró los ojos con la esperanza de conciliar el sueño, aunque los golpes en la pared no se detenían en lo más mínimo. Al contrario. Parecían aumentar de velocidad.
Estaba tratando de no sentirse ofendido por la evidente falta de decoro de sus vecinos, pero era una tarea complicada. No es que Jisung fuera un mojigato, porque sabía de primera mano lo increíble que era el sexo. Así que no culpaba a su tierno vecino por dejarse follar deliciosa y salvajemente por su novio pecoso en medio de la madrugada. Estaban en su derecho y Jisung no iba a juzgarlos…
Mucho. No iba a juzgarlos mucho. Porque quizás lo disfrutarían más si le compraban una maldita mordaza al tierno Poodle.
Entonces, Han decidió hundirse debajo de sus dos almohadas más afelpadas y dormir. Gracias al Cielo mañana estaba libre o estaría en serios problemas debido al cansancio.
Que sus vecinos siguieran poniéndola como mejor les plazca. A Jisung no le importaba su vida sexual. Es más, los felicitaba por el entusiasmo.
¡Que viva la juventud homosexual!
¡Hurra!
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Días después, Jisung admitió que se equivocó. Resulta que sí terminó importándole la vida sexual de sus vecinos. Quizás demasiado, excediendo el límite de cualquier persona.
Que no se malentienda. Él no tenía nada en contra de su relación. Hasta podría decise que era su fan. Pero estaba preocupado. Específicamente, le preocupaba el Chico Poodle y su pobre trasero desgastado.
Una noche de sexo desenfrenado estaba bien. Dos también. Tres ya es ocio. Pero una semana entera ya se considera un abuso, maldita sea.
Han tenía muchas cosas que decir al respecto, quejas en su mayoría. No es que fuera un cavernícola de mente cerrada, ni mucho menos. ¡Él también era orgullosamente gay! Solo que ya no soportaba los gritos desenfrenados de su vecino Poodle a deshoras de la noche. ¡Qué falta de respeto, por el amor de Dios! Uno intentaba dormir, mientras que ellos follaban como conejos en celo.
Eso sí, la resistencia que se carga ese pecoso pelinegro es de admirar. ¡Fuah, una semana entera usando su herramienta y no ha disminuido el ritmo! Qué hombre tan saludable. Y qué relación tan goals .
Sin embargo, Jisung ya no quería ser el miserable espectador anónimo de sus shows nocturnos. Estaba cansado y necesitaba desesperadamente dormir sus ocho horas de sueño o en serio moriría. Y si ese hermoso hombre de cabellos rizados seguía gritando “¡Hyung, hyung, hyung!” mientras su novio se lo follaba, iba a enloquecer y tiraría la puerta para zarandearlos por los hombros en medio del acto coital.
No estaba exagerando. Realmente lo haría.
¡Él solo quería una maldita noche de sueño! ¡Solo eso pedía!
Así que la tendría.
Terminando su trabajo en el estudio, despidió a sus compañeros y empezó a sacar las mantas y almohadas que escondió en su mochila de viaje y las acomodó en el sofá. No era el sitio más cómodo, pero como quien dice; tiempos desesperados requieren medidas desesperadas. Y Han estaba muy desesperado.
Chan lo encontró poniéndose el pijama. El australiano se rió, cerrando la puerta del estudio con evidente interés en su expresión.
—¿Qué estás haciendo, Sungie?
—¿No es obvio? Me preparo para dormir.
Chan arqueó una ceja, confundido por la falta de honorífico en la oración pero no lo señaló. Jisung lo agradeció en silencio. Se negaba a decir la palabra hyung desde que dichas letras se convirtieron en su pesadilla más horrible.
—Pensé que ya estabas viviendo en el edificio que te recomendé. ¿Has dormido aquí toda la semana? —Frunció el ceño.
Jisung negó, metiéndose a las cobijas. Chris le hizo cosquillas en la planta del pie, haciéndolo reír.
—No, hoy es la primera vez. Si, ya estoy viviendo en mi departamento.
—¿Entonces?
—Odio a mis vecinos.
La convicción en la frase asombró a Chan, quién solo atinó a mirar al menor en busca de una explicación, ya que este acostumbraba a ser agradable y tierno con todos a su alrededor. Así que Han no tardó en explicarse.
—¡Es un infierno vivir a su lado, Channie hyung! Tienen sexo todas las malditas noches. ¡Todas! Joder, ¿Cómo es que el trasero del Poodle sigue intacto? Cada noche escucho sus gritos de cuánto lo está llenando la polla monstruosa de su novio, y aún así, saluda a todo el mundo con una sonrisa matutina. ¡Debe ser mago o algo así para que no le duela de tanto empalarse en ese pene! —Vociferó, un tanto histérico. —¿Y sabes qué es lo peor? Que no puedo mover mi cama de lugar porque no cabe en otro sitio de la habitación. Estoy condenado a escuchar la sinfonía de sus folladas por el resto de mis días.
Jisung pataleó, haciendo un berrinche como si fuera un niño al que le robaron los dulces que ganó en la piñata. Chan lo miró compasivo, dándole un abrazo reconfortante.
—Llego del trabajo muy cansado, Channie, y lo único que quiero es dormir. Pero no puedo hacerlo porque siempre hay un “¡Binnie hyung! ¡Binnie hyung! ¡Binnie hyung!” que lo arruina.
En este punto, Jisung estaba al borde de las lágrimas. Bang Chan, como el amigo comprensivo que era, lo abrazó, reconfortándolo como lo haría con Berry. A Jisung le enterneció su empatía.
—Creo que estás exagerando, Hannie.
—¡No, no lo hago! ¡No lo entiendes! ¡Es… no hay palabras para describir tal tortura, hyung! Oh, demonios. No, no te dije hyung. Guácala. Ni siquiera quiero pensar en eso .
Se estremeció con fingida violencia, cosa que hizo sonreír burlón al australiano. Aun así, siguió quejándose fervorosamente.
—Si ya no lo soportas, entonces díselo. Estás en todo tu derecho de quejarte en sus narices por su falta de respeto. Ve a tocar su puerta, y diles que necesitas dormir. Que se callen.
Jisung chilló, horrorizado.
—¡¿Estás loco?! ¡El pecoso me mataría!
—¿El pecoso?
—¡Sí, es el novio del Poodle ! ¡Y me odia!
—Nadie jamás podría odiarte, Hannie —dijo Chan con cariño. Luego añadió: —Que tiernos apodos.
—Es que ni siquiera les pregunté sus nombres.
—Qué lástima. ¿Entonces piensas quedarte aquí hasta, no sé, el día en que mueras? ¿Has pensado en comprar tapones para los oídos? ¿Poner música relajante en volumen alto?
Sí, sí, sí. Jisung había hecho todo eso, y hasta más. La música funcionó hasta cierto punto. De hecho, estaba por entrar al profundo y agradable mundo de los sueños cuando, inesperadamente, la voz aguda del Poodle se elevó por encima del beat. Demonios.
Cuando los ruidos de chapoteos y jadeos sin aliento inundaron su habitación, Jisung pensó que Binnie hyung debía ser jodidamente bueno cogiendo para hacer que alguien gritara así. Un dios del sexo o algo parecido.
Después de ese fracaso, decidió comprar tapones para los oídos. Que terminó siendo un desperdicio de dinero porque, contra todo pronóstico, el Chico Poodle gimió como un actor porno profesional durante la mayor parte de la noche.
Maldita sea, la situación había dejado de ser sexy después del segundo día. Ahora se encontraba cansado y harto de la rutina de sus vecinos.
Jisung dejó salir un ruidito de tristeza, escondiéndose en la cuna de sus brazos cruzados. Chan le dió palmaditas en la espalda.
—¿Puedo quedarme contigo, hyung? —Le pidió, usando su voz linda para encandilarlo.
Chan rió por lo bajo, pero negó.
—No, Hannie. Lo siento.
—Bien. ¡Bien! Me quedaré aquí para siempre —exageró, tumbándose de espaldas en el sofá. —Demonios, algo se me está enterrando en el pulmón.
—Es el control de la televisión, lo perdimos hace semanas —respondió Chan con simpleza. —Jisung.
—¿Sí?
—Tienes que enfrentarte a tus vecinos.
—No, absolutamente no.
—Sí, claro que sí.
—¡No hyung, no puedo hacerlo! ¿Qué rayos les diría? Ni modos que me acerque y le diga: “Oye, ¿Podrías taparte la boca cuando te estén jodiendo?” al Chico Poodle . ¡Eso es una locura!
—Tal vez podrías acercarte al pecoso y felicitarlo por su… eh… vigor . Luego le pides amablemente que deje de follarse tan bien a su novio y asunto arreglado. —Murmuró Chan, divertido. Jisung abrió los ojos de par en par y aplaudió.
—¡Oh, eso suena fantástico! Solo que omitiste la parte donde me golpea hasta el infierno. —Dramatizó.
—No va a golpearte, Hannie —le aseguró el australiano.
—Eso tú no lo sabes.
—Tú tampoco.
—Bueno, no tengo intención de averiguarlo. Tendremos una cena el martes que viene y para entonces deben haberse detenido ¿cierto? Nadie puede coger tanto sin sufrir dolores de espalda, mierda.
Chan esbozó una sonrisa de hoyuelos completos, alborotándole el pelo al de mejillas prominentes.
—Suerte, Sungie.
Sí. Suerte. La iba a necesitar.
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Pero la suerte no estaba nunca de su lado, porque a la mañana siguiente cuando regresaba del estudio, se encontró con el pecoso en el ascensor.
Y como si un rígido asentimiento de reconocimiento no fuera suficiente… el elevador se descompuso al inicio del viaje. Así sin más.
Demonios. Mierda. Pamplinas. Repampanos.
Él iba a llorar.
Jisung apretó varias veces el botón de emergencia, pero nadie aparecía para rescatarlo de su cruel destino. Entonces, con la espalda presionada en el frío metal, cerró los ojos y se concentró en cualquier cosa menos el hombre junto a él.
¡Que situación tan más incómoda, maldita sea! La sola presencia del pecoso le recordaba el salvajismo de sus actividades de almohada. Jisung tuvo ganas de suplicarle que, por favor, convirtiera a su ruidoso novio en una princesa de almohadas para que todos en el edificio pudieran dormir tranquilos.
Pero se contuvo.
Siendo sincero consigo mismo, de cerca el pecoso no parecía una persona que golpea a alguien solo porque se le da la gana. No. Parecía alguien dulce y amoroso, la clase de personas que hornea panquecitos de vainilla y prepara leche con chocolate para sus mejores amigos en los días de invierno. Alguien cálido.
A Jisung le encantaban esas personas. Sin embargo, era difícil eliminar el estereotipo previo que tenía del pecoso. La mirada fulminante que le lanzó ese día todavía rondaba en su memoria y le daba escalofríos.
Un momento. ¿Esto contaba como drama amoroso? No, definitivamente no. Para que fuera uno, los tres deberían de mantener un vínculo afectivo. Y Jisung lo único que quería de sus vecinos es que dejarán de coger cada doce horas.
En otras circunstancias le habría recomendado un especialista al pelinegro alto, ya que esos celos no son para nada sanos. Además, pese a la personalidad burbujeante y coqueta del Chico Poodle, estaba evidentemente enamorado de él. No había nada que temer. Ugh. Cosas de enamorados que nunca entendería.
Jisung suspiró, rindiéndose en sus intentos de salir del maldito elevador. La falta de alboroto al otro lado fue una indicación de la respuesta a su llamada de auxilio.
Oh. LLAMADA DE AUXILIO.
Desesperado, Jisung se apresuró a sacar su móvil. Sin embargo, antes de encenderlo, una voz de ultratumba lo detuvo.
—No tenemos señal.
¡HAN EXIGÍA HABLAR CON DIOS! ¡Vaya injusticia! ¿Cómo es que Mr. Pecas, además de ser un dios del sexo, también tenía una voz tan varonil y embriagante? Definitivamente se llevó el premio gordo en la ruleta genética. Jisung iba a demandar a la cigüeña.
Ahora entendía por qué los calzones del Chico Poodle se caían noche tras noche. Si Jisung tuviera ese espécimen varonil para él, difícilmente saldrían de la cama.
¡Pero todavía tenía sueño! Y eso era algo que no olvidaría rápidamente. Así que intentó hablar sobre el tema sin parecer muy obvio.
—Ohh… uhm… Hola.
El ahora bautizado oficialmente como Mr. Pecas le dió una sonrisa tímida.
—Hola.
Bien. Sigue así Jisung. Despacio, tranquilo y amable.
Somete a la bestia. Así~
—Tu novio es uno de los hombres más lindos que he visto.
La sonrisa en los labios ajenos desapareció, siendo reemplazada por una mueca desagradable. Su expresión enfurecida.
Mierda. ¡MIERDA!
COSORRO, DIOS.
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—¡HUBIERAS VISTO SU CARA, CHANNIE HYUNG! ¡ESTABA A PUNTO DE ASESINARME!
Han ahogó otra exagerada exclamación con uno de sus mullidos cojines del sofá. Del otro lado de la línea, Bang Chan se reía a viva voz, completamente divertido con su terrible situación.
—¡Hyung! ¡Se supone que tienes que apoyarme, no reírte!
«—¡No pude evitarlo, Sungie! —Se defendió el mayor. — ¡Le tienes pánico!»
Si, ni siquiera trataría de negarlo. Había algo en él que lo inquietaba. Era como si no fuera la persona que creía que era.
Quizás era un agente secreto y estaban en una misión ahora mismo. ¡Oh, sí, eso sería increíble! ¿También lo sería el Chico Poodle? Mmm, que extraño. Algunas veces parecían no encajar con la imagen de top y bottom que tenía en su cabeza.
«—¡Han!»
—¿Eh?
«—¿En qué estás pensando, Sungie? Llevo hablándote varios minutos y no me haces caso.»
—Yo… perdón, es que estoy-
«—Cansado, lo sé. ¿Todavía insistes en no quejarte con tus molestos vecinos y huir de por vida?»
El atormentado joven se lamentó, justo en la bocina del teléfono. Chan siseo en desacuerdo.
—Faltan tres días para nuestra cena.
«—¿Y?»
—Se los diré ahí.
Chan tarareo, incrédulo.
«—Uhm. No te creo.»
—¡Oye, tenme un poco más de fe!
«—¡Lo siento, pero no puedo mentirte tan descaradamente! No después de que te orinaste en los pantalones frente a Mr. Pecas.»
—¡Yo no me orine en los pantalones!
«—Ay ajá.»
—¡No lo hice!
«—Fingiremos que te creo, Hannie, pero ambos sabemos que no fue así —habló el australiano. —Ya díselo, quokka testarudo. ¡Mírate, ya pareces un zombie!»
Y también se sentía como uno. Los pocos ratos de descanso que lograba tener al día los tenía en el colectivo. Necesitaba su cama de una vez por todas.
—En tres días esto habrá acabado. Lo juro.
E iba a hacerlo. Esta vez sí.
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La madrugada del martes fue la peor de todas.
A Jisung le fue imposible pegar los ojos en toda la noche. TODA. Eran las 5:48 de la mañana y él seguía despierto, apenas manteniendo la cordura mientras la frase “¡Más hyung, más, más, más!” se repetía un millón de veces en sus oídos.
Definitivamente esta era la gota que colmó el vaso. Jisung estaba al límite de su paciencia, y sus vecinos cachondos de mierda iban a escuchar sus gritos así como él escuchó los suyos.
Vistiéndose lo más rápido que pudo (para que la vergüenza no lo consumiera y terminara arrepintiéndose), salió de su departamento y dió cuatro largas zancadas hacia la izquierda, estrellando sus nudillos varias veces en la puerta ajena.
Cuando finalmente alguien atendió el llamado, lo hizo el Poodle. Vestía una camisa negra y unos pantalones cortos del mismo color, muy alejados de los grandes suéteres color rosa que solía usar. Sus gafas habían desaparecido, pero la ausencia de mangas largas dejaban al descubierto sus… wow.
Qué brazotes. Dios mío. Jisung estaba seguro que el Chico Poodle podría alzarlo sin dificultad alguna. Además, ese pecho de una milla de ancho parecía la almohada más perfecta del mundo.
«¡Detente y enfócate!» se auto regañó.
—H-hola. Buenos días.
—Buenos días —murmuró de vuelta, con una voz ronca de lo más sexy y halagadora. Su garganta debía dolerle de tanto gritar por las noches. —¿A qué debo tu visita tan temprano, Hannie? La cena será a las 7 pm, no ahorita.
—No es eso. Yo solo vine a… rayos, que difícil. Uhm, ¿Está tu novio? —titubeó, dudoso.
La sola mención de Mr. Pecas fue un hechizo mágico en el Chico Poodle. Sus ojos se iluminaron como dos estrellas y una sonrisa bobalicona estiró sus labios mordidos . Ugh. De pronto, Jisung recordó el motivo de su presencia en la entrada ajena.
—Sí, está tomando una ducha. ¿Lo necesitas para algo urgente?
—De hecho, quisiera hablar con los dos, por favor.
Asintiendo, el más bajo abrió la puerta de su casa de par en par, invitándolo a entrar. Jisung lo hizo, quitándose los zapatos y usando una de las pantuflas organizadas en el bonito cajón en forma de pollo.
—Estás en tu casa, Hannie. Iré a decirle que se apresure —indicó, desapareciendo por el pasillo lateral.
La sala era acogedora y había un montón de fotos de la pareja decorando las paredes. Se amaban muchísimo y no dudaban en demostrarlo, algo que calentaba el corazón del invitado.
Poodle volvió y se dirigió a la cocina, gritando desde el interior:
—¿Te gustaría un café, un té o un jugo?
—Jugo, por favor.
Un vaso le fue puesto frente a él en la mesita de noche, seguido de un plato de galletas recién horneadas. Demonios. La hospitalidad del agradable sujeto estaba haciendo que una lucha se librara en su interior. Jisung no podía ser desagradable con gente tan amable.
Pero esto era necesario. Debían detenerse y respetar el horario de sueño de los demás inquilinos del edificio, o su amistad sería un fracaso desde el principio.
—¿Eres productor, verdad?
La voz ajena lo sacó de sus divagaciones.
—Sí. ¿Cómo lo sabes?
—Te he visto en el edificio de JYP varias veces desde que nos conocimos el otro día. Es como si hubiera desbloqueado tu personaje en este juego llamado vida.
—¿En el edificio de JYP? ¿Qué haces tú ahí?
—Trabajando. —Se encogió de hombros.
Jisung abrió la boca, sorprendido.
—¡Santo cielo! ¡¿De qué trabajas?!
—Yo también soy productor. —Presumió entusiasmado.
Jisung hubiera chillado de alegría de no ser por la figura que emergió del pasillo unos instantes más tarde. Sin embargo, este se encontraba lejos de su habitual look pelinegro, ahora luciendo un rubio brillante muy espectacular y que resaltaba las tiernas pecas en su carita angelical.
De hecho, se veía tan tierno que Jisung tuvo las irremediables ganas de abrazarlo y envolverlo en un burrito de mantas y peluches para que ninguno de los males del mundo pudiera alcanzarlo. Era un pensamiento desconcertante.
—¿Amor?
—Aquí estoy, cariño.
Se giró en la dirección del recién llegado, prácticamente vibrando de la emoción. Sus ocelos brillaban de una forma muy romántica y fantasiosa. Jisung envidió otro poco esa bonita relación. Solo un poco. Es que el dió justo en la soltería.
Observó en silencio como el Chico Poodle tomó asiento en el sofá de un fuerte sentón, haciendo que de manera inconsciente Hannie esbozara una mueca de dolor. ¿Cómo es posible que fuera así de descuidado? ¡Lo acaban de follar como si su vida dependiera de ello! ¿Es que tiene un trasero mágico o de plano es muy imprudente? ¡Podría lastimarse!
—Hola, ¿en qué podemos ayudarte? ¿Todo está bien? ¿Desde cuándo son tan cercanos ustedes dos?
El famoso Binnie hyung le lanzó una mirada acusadora e inquisitiva mientras se acomodaba a un lado de su novio, manteniéndolo cerca con una mano en su bicep. A Han le pareció que el contraste de colores era discordante. Por un lado había un mar de oscuridad, y por el otro un bombón afelpado en tonos azul bebé.
Los dos anfitriones le prestaron su total atención al invitado.
Estando ahí, Jisung perdió el hilo de sus pensamientos previos. Y la amplia sonrisa que convertía sus ojos en felices medialunas del Mr. Pecas lo distraía para pensar al respecto.
Afortunadamente, el Chico Poodle parecía adivinar su dilema y se adelantó a explicar.
—Hannie dice que necesita hablar con nosotros.
—¿ Hannie ? —Repitió.
Han afianzó sus uñas en el reposabrazos del sillón cuando una nueva y poderosa mirada lo estancó en su sitio. No debía ser un genio para interpretarla. Era un claro “aléjate de mi hombre”.
Él iba a hacerlo en cuanto Binnie hyung pudiera mantenerlo en silencio.
Con un movimiento dócil de la mano, el Chico Poodle distrajo la pequeña tensión que rondaba la atmósfera. Ya que la atención de ambos estaba sobre él, decidió no darle más vueltas innecesarias al asunto y tomar el toro por los cuernos antes de que todo saliera estúpidamente mal y el bochorno ganara esta partida.
Tomando una profunda inhalación, Han soltó un decidido:
— Binnie hyung.
Los dos anfitriones se congelaron, con idénticas expresiones de aturdimiento. Fue Mr. Pecas quien rompió el silencio.
—¿Q-qué? —Tartamudeó, viéndolo con grandes e inocentes ojos llenos de pánico.
Han Jisung continuó hablando, haciendo caso omiso a los involucrados.
—Binnie hyung. Sé que ese es tu nombre porque… porque ustedes son extremadamente intensos y… mi habitación está justo al otro lado de la pared así que… —su voz fue apagándose conforme la expresión del rubio se volvía más y más horrorizada. El bajito ni siquiera se inmutó.
Probablemente tocó una fibra sensible en la pareja porque ninguno parecía dispuesto a decir nada al respecto. Han estaba por disculparse y planear otra mudanza de emergencia cuando entendió que, tal vez, se había inmiscuido en algo demasiado íntimo para ser compartido a alguien ajeno a la relación.
Así que se apresuró a enmendar su error.
—¡Lo siento, de verdad lo siento mucho! No pensé que ese apodo fuera exclusivo para él, pero es que no se tu nombre…
—Me llamo Félix. Lee Félix.
Oh… eso no tenía sentido. ¿Quizás Binnie es una broma privada o un diminutivo de algo? Quizás sí.
La pálida tez del rubio se volvió dos tonos más blanca y enfermiza mientras su novio Poodle soltaba un resoplido burlón, mirando al invitado fijamente.
—Changbin.
—¿Disculpa?
—Mi nombre es Seo Changbin.
Changbin. Chang-bin . Sí, eso sonaba más lógico que el primero. ¿Cómo es que Félix podría ser una variación de “Binnie hyung”? Eso no era ni remotamente correcto…
Oh.
OH.
Han se quedó inmóvil durante un momento, tratando de asimilar el malentendido mientras todas las piezas del rompecabezas encajaban en su lugar. Inconscientemente fijó su vista en el Chico Poodle (Changbin. Su nombre es Changbin. Changbin, Changbin), quién lucía a nada de explotar en carcajadas. Mr. Pecas, ahora Félix, estaba a punto de desmayarse.
Sufriendo la humillación más grande de su vida, entendió que:
Uno: Jamás debemos juzgar a nadie sin antes conocerlo, o podrías terminar siendo la burla del público en general.
Dos: Que bien come su vecino, joder. ¡Los brazos de Changbin probablemente son del tamaño de su cabeza! Por no hablar de esos semejantes pedazos de tet-
Tres: Ojalá se hubiera quedado en casa.
Jisung iba a mudarse de galaxia porque definitivamente no estaba soportando esta humillación degradante. Siendo incapaz de salir del shock, simplemente atinó a jadear un:
— Son unos ruidosos de mierda.
Ese comentario fue el detonante para que la risa estridente de Changbin apareciera en escena. El chico rompió a reír a carcajadas, manoteando como un lunático. Por otro lado y lejos del júbilo de su compañero, Félix estaba sonrojándose tanto que el color en sus mejillas ya parecia más púrpura que escarlata. Sus ojitos llorosos y ese puchero lamentable hicieron que le doliera el corazón a Jisung.
Pero a pesar de su apariencia mortificada, todavía agarró a zapes a su novio.
—¡¿Qué demonios, Changbin hyung?! ¡Eres el peor!
En su lucha por salvar su dignidad, agarró una frazada cuidadosamente doblada del sofá y se envolvió el rostro, gritando con el puño en la boca. Changbin todavía no dejaba de reírse.
De todo corazón él simpatizaba con el pobre Félix. Si la situación hubiera sido al revés, Han se lanzaría por la ventana sin dudarlo. Es más, quería teletransportarse al baño de su casa y llorar del enorme bochorno que sentía. Dios mío, ¿Por qué a él? Lo peor es que el ruido de la risa de Changbin lo empeoraba a cada mísero segundo.
—¡Ya cállate, Bin! —Le espetó, golpeándolo con un cojín en forma de pollito.
Cuando la hilaridad del Chico Poodle pasó, los tres se miraron un tanto avergonzados, unos más que otros (Changbin). Jisung quería correr de vuelta a su casa y jamás volverse a cruzar con ellos en la vida.
—Hannie. —Oh, mierda. Esa era la voz de Changbin. Lentamente le dió la cara, encontrándose de frente con una sonrisa más grande y jocosa. Era bastante obvio que a Changbin le divertía toda la tormentosa situación. —Lamentamos el inconveniente, debes tener una idea equivocada de nosotros. Pero te prometemos ser más, eh… silenciosos.
Silenciosos. Si, eso serviría.
Félix emitió un quejido ahogado y se hundió con las fuerza entre los cojines, dispuesto a terminar con su sufrimiento de una vez por todas. Jisung sentía las irremediables ganas de hacer lo mismo, pero se contendría hasta estar en su propia guarida. Contrario a ellos, Changbin no parecía tener remordimiento alguno. Es más, lucía presumido de su logro. Típico hombre que piensa con el pene.
—G-gracias… —tomó una bocanada de aire para calmar sus nervios crispados. —Fue una buena charla.
—La mejor de todas —confirmó Binnie hyung. Félix sollozó, envolviéndose en la manta con más fuerza.
Preocupado, Jisung se atrevió a cuestionar:
—¿Él estará bien?
El Chico Poodle asintió, acomodándose de cucharita detrás de su lloroso novio pecoso.
—Sí, sólo está mortificado por… esto .
—Oh — «Ya somos dos, Poodle. Yo también estoy mortificado hasta la muerte».
—Sí… uhm, si eso es todo lo que querías decirnos… ¿Podrías marcharte? Lixie necesita estar solo un rato.
¡Sí, maldición, sí! Han se puso de pie de un salto, dándole una última mirada a la parejita acaramelada antes de salir corriendo del departamento impropio.
Apenas había terminado de cerrar la puerta, cuando los chillidos amortiguados pero exageradamente indignados retumbaron en sus oídos.
—¡VETE A LA MIERDA, SEO CHANGBIN! ¡UNA MALDITA SEMANA! ¡UNA! ¡TÚ DIJISTE QUE NO ESTABA HACIENDO RUIDO, JODER! ¡ESTO ES CULPA TUYA!
Las carcajadas de Changbin volvieron a inundar la estancia. Qué pareja tan más random.
Jisung exhaló despacio, luego sacó su teléfono y marcó el número de la primera persona que tenía en mente.
—¡Channie hyung~! —Lloriqueó, entrando al ascensor. —¡Channie, tengo algo que contarte!
Por supuesto, la reunión planeada con anterioridad se canceló debido al bochorno. Jisung lo agradecía de sobremanera, porque no sabía qué haría si tuviera que cenar con ellos justo después del desastre.
Sin embargo, fue Félix quién lo sorprendió en la puerta de su propio hogar a la mañana siguiente, llevando en las manos una bandeja de brownies recién hechos. Olían delicioso. Han escuchó su interminable disculpa, casi llorando cuando las lágrimas de vergüenza empañaron los ojitos de cachorro apaleado del rubio. ¡Qué monada, por Dios!
El rubio se marchó luego de reprogramar la dichosa cena de bienvenida (también abrazó a Han cuando este admitió que no les guardaba rencor por su incómoda vida sexual). Más tarde, Jisung estaba viendo un maratón de su anime favorito cuando escuchó el inconfundible ruido de muebles siendo arrastrados por toda la casa.
Sólo cuando finalmente pudieron verse para cenar se enteró de que habían cambiado su habitación de lugar, reemplazando la sala de música de Changbin por su nuevo dormitorio.
—Así Lix podrá gemir todo lo que quiera sin molestarte, Hannie, porque está insonorizada.
Jisung terminó riéndose del comentario, mientras Félix amenazaba al fornido chico entre balbuceos y sonrojos. Lo que restó de la cena fue fantástica y divertida.
