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Nam-gyu estaba detrás de la barra, como siempre, mezclando bebidas mientras el club retumbaba con la música y las luces parpadeaban al ritmo de los bajos. Era una noche como cualquier otra, llena de gente y con el ambiente cargado. Mientras agitaba la coctelera para el cóctel Manhattan que el hombre frente a él había pedido, su atención fue atrapada por alguien que acababa de entrar por la puerta.
El tipo lleva el cabello teñido de morado, llamando la atención a su paso. Saluda a quienes se cruzan en su camino, y una chica incluso se detiene a pedirle una foto. ¿Tal vez es un famoso?
Apartó la vista solo lo necesario mientras preparara la bebida. No le preocupaba parecer un raro, ni que lo atraparan mirando; la luz era lo suficientemente tenue como para cubrirlo, lo típico en un club, con luces de colores parpadeando por aquí y por allá.
A su lado está Se-mi, con su habitual cara de aburrimiento. Termina de servir unos cócteles cuando Nam-gyu aparta la vista para buscar al hombre guapo que ha estado observando durante el último minuto. No lo encuentra. Frunce el ceño mientras inspecciona la sala abarrotada con la mirada, cuando—
"Señorita" escucha a su lado, dicho con un acento un tanto forzado. Es el hombre de cabello morado, frente a Se-mi.
La coctelera casi se le resbala de las manos. Su corazón se acelera, sintiendo un micro ataque de pánico al tener al hombre tan cerca.
Solo dura unos instantes antes de asimilar la situación: está frente a Se-mi, coqueteándole. Si su tono galán y su amplia sonrisa son algún indicio, parece estar esforzándose demasiado.
Nam-gyu aparta la mirada y suspira, intentando centrarse en terminar el pedido del cliente frente a él.
O al menos lo intenta. Aún puede oír la conversación (casi unilateral) entre el hombre y Se-mi. El tipo parlotea algo sobre ser famoso; al parecer, es un rapero. Incluso suelta algunas rimas algo tontas, tratando de impresionarla.
Nam-gyu ríe por lo bajo. Aunque es atractivo, es bastante estúpido.
De todas las personas del club, decidió acercarse a ligar con la bartender. Se-mi es linda, sí, con un corte que le favorece, piel pálida y piercings. Incluso él, como gay, puede reconocer su atractivo. Pero también puede ver lo poco que le interesan los hombres. Es casi el prototipo de lesbiana. Y aunque nunca han sido tan cercanos, ha tenido la desgracia de escucharla hablar por teléfono con su novia. (A pesar de su apariencia seria, es increíblemente cursi).
Nam-gyu continúa con su trabajo como si nada. Tal vez se siente un poco decepcionado, pero no es nada nuevo. No sería la primera ni la última vez que alguien que le atrae resulta ser hetero. Y estúpido.
Después de unos minutos, el hombre se cansa de intentar ligarse a Se-mi. Ha durado bastante, un tipo terco; la mayoría se rinde después de un par de monosílabos.
Cuando Nam-gyu termina de atender a otro cliente, empieza a limpiar la barra. Inconscientemente, sus ojos buscan el púrpura. Lo encuentra. Está en una mesa, con una bebida en la mano, rodeado de hombres y mujeres. Es el centro de atención.
Suspira antes de atender a otro cliente, forzando una sonrisa un poco tensa.
El hombre de pelo morado seguía apareciendo en el club. Ahora incluso tenía un nombre para su bonito rostro: Choi Su-bong. Nombre artístico, Thanos. Un rapero aparentemente bastante famoso en el medio. 27 años, aparentemente soltero. Y no, no estaba obsesionado, toda esa información la había obtenido después de una rápida búsqueda en la web.
Tampoco es que fuera a intentar nada. Para empezar, Thanos no se había acercado a la barra desde esa primera vez, limitándose a enviar a alguien más para que le llevara las bebidas. Así que no, no iba a dejar la barra ni a desatender su trabajo para intentar ligar con un hombre aparentemente muy hetero y claramente fuera de su alcance. Tanto económicamente como físicamente, estaban en ligas completamente distintas.
La noche transcurría con normalidad hasta que un borracho causó un desastre en la barra, negándose a pagar. Hubo vasos y copas rotos. Mentiría si dijera que no le amargó la noche. Uno de los guardias se apresuró a detener al tipo, pero ya era tarde: los vidrios estaban repartidos por la barra y el suelo. Se hizo algunos cortes mientras limpiaba el desastre.
Se-mi, viéndolo frustrado y con el club un poco más vacío, se ofreció a encargarse de la barra para que pudiera tomarse un descanso. Nam-gyu aceptó, pero antes de salir se tomó unos minutos para limpiarse y curar superficialmente los cortes en sus manos.
Una vez listo, serpenteó entre algunos borrachos antes de llegar a la puerta trasera del club. Esta daba a un callejón poco iluminado, pero lo suficientemente despejado como para poder relajarse un rato.
Se recostó contra la pared y buscó un cigarrillo en sus bolsillos. Lo encendió. Estaba mirando fijamente el suelo cuando oyó una voz a su lado.
"¿Me das fuego?"
Al levantar la vista, vio a Thanos, con un cigarrillo en la mano y esa sonrisa de siempre.
Se sobresaltó un poco. Todavía estaba de mal humor por el incidente de hace un rato.
Nam-gyu asintió sin decir palabra. Con el cigarrillo aún en los labios, tanteó los bolsillos de su pantalón en busca de un encendedor, pero fue detenido por el otro hombre.
"No te molestes, es más fácil así", afirmó Thanos mientras se colocaba su propio cigarrillo entre los labios y se inclinaba hacia él. Juntó ambos cigarrillos, encendiendo el suyo con el de Nam-gyu.
Nam-gyu abrió los ojos con sorpresa. Y aunque sabía que no era médicamente posible, sintió que su corazón se detenía.
Y, uh... eso no había sido muy hetero. ¿Le estaba coqueteando?
"Gracias, hermano" susurró Thanos mientras se quitaba el cigarrillo de la boca y soltaba un poco de humo. Sonrió de nuevo, arrugando la piel alrededor de sus ojos. Nam-gyu estaba un poco jodido, después de todo, este tipo no hacía más que lanzarle señales contradictorias. ¿Hermano? ¿En serio?
Se contuvo para no resoplar. Asintió una vez más antes de apartar la vista, mirando por encima del hombro del más alto. Thanos no se había alejado demasiado.
"¿Necesitas algo más?" preguntó Nam-gyu con cautela, quizá un poco frío. No iba a demostrar interés ahora. Que le jodan. No iba a arriesgarse a quedar en ridículo y ser la burla de este hombre y sus amigos mientras estaba prácticamente encadenado a la barra, sin poder esconderse.
"Yo..." Thanos empezó, pero no terminó. Su fachada de confianza se desmoronó en un instante, probablemente incómodo después de ser rechazado trás un coqueteo tan directo. Dio un paso atrás, y la mano que no sostenía el cigarrillo se posó en su nuca.
Nam-gyu levantó una ceja. ¿Tal rápido se habia acobardado?
Exhaló la última calada de humo antes de tirar el cigarrillo y aplastarlo con sus botas.
"Lo tomaré como un no" dijo Nam-gyu antes de girarse para volver al club.
Una mano grande en su antebrazo lo detuvo.
"¡Espera!" exclamó Thanos en un tono demasiado alto. Nam-gyu se detuvo, girándose apenas para mirarlo.
"¿Me das tu número?"
Bueno, parece que no eran tan "hermanos" después de todo.
Nam-gyu quiso burlarse un poco.
"¿Para qué?" preguntó con falsa inocencia, ladeando la cabeza. "No soy el dueño. Si quieres hacer alguna reservación..."
"No, no, no es eso." Thanos parecía frustrado, lo cual era... un poco lindo. Se dio cuenta de que aún tenía la mano sobre el antebrazo de Nam-gyu y la retiró rápidamente, pasándosela por la cara. "No es eso. Es que tú... MIERDA." Thanos gritó, dando un par de saltos mientras se apretaba la mano contra el pecho.
"¿Mi... mierda?" repitió Nam-gyu, cada vez más confundido. ¿Le estaba coqueteando o lo estaba intentando intimidar? Bajó la mirada al suelo y vio el cigarrillo de Thanos, casi consumido. El muy tonto lo había olvidado y se había quemado los dedos.
Nam-gyu no pudo contener la carcajada que brotó de su interior. Se dobló, agarrándose el estómago mientras reía sin control.
Tras unos instantes, logró detenerse, limpiándose una lágrima de la comisura del ojo.
Thanos se veía ridículo. Incluso con la poca iluminación, el sonrojo en su rostro era evidente. Si era malo ligando con mujeres, con hombres lo era aún peor.
Nam-gyu sintió un poco de pena.
"Dame tu celular" dijo, extendiendo la mano.
Thanos parpadeó, procesando lo que acababa de oír, antes de darse cuenta de que no lo estaban asaltando y entregárselo.
Nam-gyu tecleó su número rápidamente y se lo devolvió.
"Nam-gyu" leyó Thanos en voz alta al ver el nombre en el contacto. Sonaba tan emocionado que Nam-gyu tuvo que reprimir una sonrisa.
Sus días y noches siguientes estuvieron llenos de Thanos. Le enviaba mensajes todos los días, hablando de tonterías, enviándole memes, y de vez en cuando, hablaban de temas más serios.
Desde entonces, cada vez que iba al club, se sentaba en la barra y hablaban un poco más.
Nam-gyu descubrió que Su-bong era tan tonto como parecía: torpe con las manos, torpe al hablar. Tal vez secuelas de sus años hundido en las drogas, como él mismo le había contado una madrugada, durante una de sus llamadas serias. Nam-gyu también se abrió un poco. Solo un poco.
Y a esas alturas, era evidente que ambos se sentían atraídos el uno por el otro, pero ninguno se atrevía a dar el paso. Su-bong se limitaba a sus coqueteos torpes, mientras Nam-gyu se dedicaba a fingir que no se daba cuenta.
Admite que está siendo un poco cruel, pero no puede evitarlo.
Sus últimas relaciones habían acabado en desgracia, y siente que tiene algo lindo con Su-bong. Algo especial. Una conexión que no ha sentido en mucho tiempo. No desea perderlo tan rápido. No quiere dejarlo ir ahora. Y cree que está bien así, hasta que...
Su turno está por terminar, y Su-bong sigue sentado frente a la barra, haciéndole compañía. Últimamente, Su-bong pide alguna bebida sin alcohol, para mantenerse sobrio y llevar a Nam-gyu a casa, como el buen amigo que es.
Nam-gyu seca perezosamente una copa mientras conversa con Su-bong, cuando una chica aparece de la nada, se aferra a su brazo y le coquetea descaradamente. En su cara.
Pero Nam-gyu no puede hacer nada. Solo son amigos.
Lo peor del asunto es que Su-bong le corresponde, la incita a seguir. Y para Nam-gyu es más que obvio que ella no está realmente interesada en Su-bong, teniendo en cuenta la manera en como se fija en sus anillos y cadenas.
Siendo Su-bong tan guapo, ¿qué está mal con ella?
Mira la hora. Son las 2 AM. Ya puede irse. No se molesta en interrumpirlos. Se irá solo, tomará un taxi.
Busca sus cosas en la trastienda, y su compañero de trabajo ya está ahí, listo para cambiar. Nam-gyu saluda y se despide rápidamente antes de irse.
Mientras camina por la acera, piensa un poco en Su-bong. Tal vez es así con todo el mundo y no está realmente interesado en él. Tal vez se lo imaginó todo. Tal vez Su-bong liga con todo el mundo y él se imaginó erróneamente que era especial…
"¡Nam-gyu!" Gritan a sus espaldas. Es Su-bong.
Nam-gyu se detiene y se voltea despacio. El hombre de pelo morado corre hacia él.
Se inclina y se sostiene las rodillas mientras recupera el aliento. Solo fueron unos metros. Tan dramático como siempre.
Jadea antes de hablar. "Nam-gyu, ¿qué pasa, no nos íbamos juntos?"
Pregunta como si no hubiera estado babeando por esa chica hace apenas un minuto.
"Solo… Parecías bastante ocupado y quería volver a casa rápido." Suena más duro y cortante de lo que pretendía.
Su-bong abre la boca y la vuelve a cerrar, sin saber qué decir. "Yo no... no estaba... Lo siento."
Nam-gyu se cruza de brazos. Le duelen los pies. Quiere irse a casa, no lidiar con esto.
"Está bien, no hay por qué disculparse. Puedes volver, tomaré un taxi."
"Olvídalo, te llevaré" ofrece Su-bong.
Nam-gyu va a negarse otra vez, pero Su-bong lo interrumpe. "Los taxis son caros." Y bueno, eso es cierto, tanto como es cierto que Su-bong es pobre y lucha por llegar a fin de mes.
Termina yéndose con él.
Una vez frente a su humilde apartamento, Nam-gyu vacila. Debatiéndose entre irse o arruinar su amistad de una vez.
Entonces recuerda a la chica del club y decide mandar todo a la mierda.
"¿Quieres entrar?" Las palabras salieron de su boca antes de poder pensarlo más.
Su-bong lo siguió tan feliz y emocionado como un cachorro tras una golosina.
Una vez que abre la puerta y Su-bong entra, se le echa encima. Literalmente.
"¿Nam-gyu? ¿Estás bien?" Pregunta un poco confundido, contra la pared, con los brazos de Nam-gyu enredados en su cuello.
Nam-gyu solo se limita a sonreír y acorta la distancia, besándolo.
Su-bong tiene las manos en el aire, sin saber qué hacer. Está tan inmóvil que por un momento Nam-gyu cree que la cagó y malinterpretó todo, otra vez. Pero cuando Su-bong reacciona, devolviéndole el beso con fervor y envolviendo su cintura con los brazos, se calma.
El beso se alarga, volviéndose todo menos inocente. Es desesperado, sucio. Las manos de Su-bong pasan de su cintura al cabello largo de Nam-gyu, acariciándolo lentamente.
Se separan al cabo de un rato, ambos jadeando.
Su-bong rompe el silencio primero. "Wow."
"Sí, wow." Nam-gyu repite, un poco risueño.
"¿Quieres casarte conmigo?" Suelta Su-bong de la nada.
"¿No crees que nos estamos saltando algunos pasos?" Ríe.
"Tal vez" Su-bong lo vuelve a besar.
