Work Text:
–¿Debería intentarlo?
Till frotó el suave cabello de Ivan luego de hacerle un gesto para que bajara su cabeza, rascando su cráneo con las yemas de los dedos. Se preguntaba si por fin había comprado un shampoo o si seguía lavándose solo con un jabón de cuaba; Till no se explicaba cómo lograba tener un cabello tan perfecto haciendo tan poco para mantenerlo.
El cabello de Ivan era negro como el alquitrán pero todavía lograba ser resplandeciente, como si se tratara del pelo de una estrella de televisión o algo así. Mientras tanto, Till sufría cada día el dolor de que su madre le incite a hacerse algún nuevo corte o usar alguno de los miles de productos de belleza que podía volverlo manejable (como mínimo).
Tener una esponja brillo en la cabeza era un problema cuando quería parecer decente o mínimamente presentable.
–¿El qué?
–El tema ese del modelaje, ya sabes... –Ivan suspiró, inclinándose al pecho de Till para disfrutar el masaje un rato más–. Mientras venia para acá me interceptaron para ofrecerme otra oferta más, no entienden que quiero concentrarme en esto primero.
Till piensa que Ivan está hablando acerca de graduarse en la universidad. No se refiere a eso en lo absoluto.
–Si quieres puedes intentarlo –el ojiverde habló, distraído–, Hyuna podría darte un par de consejos para conseguir un contrato decente.
–¿Hyuna...? Ah, tu compañera de entrenamiento rítmico auditivo.
–Llevamos ya dos semestres yendo a sus fiestas, va siendo hora de que te aprendas su nombre.
El problema es que, al llegar a dichas fiestas, Ivan siempre se quedaba pegado a Till como un parásito y no prestaba atención a nada más a su alrededor. Hyuna más de una vez había intentado entablar conversación con él para ser completamente ignorada por este tipo. Por suerte no parecía que le importara mucho, ya que ella misma tenia su propio parásito del que encargarse; Till lo agradecia en silencio porque Hyuna era como una hermana para él y temía que esta situación hiciera las cosas incómodas ('¿Pero porqué lo serían?', Till no sabria que decir si le preguntaban eso).
Till jaló un mechón e Ivan gimió en voz baja.
–No entiendo cómo de modelo pasó a estudiar música.
–Me había contado que era para escapar de la industria... Y para poner un poco de distancia con Luka.
–¿Luka...?
–El chico que está siempre a su lado. Parece que tuvieron una pelea hace años o algo así, y que la cosa llegó al punto en que tuvo que abandonar su carrera para ponerle un alto –tal vez no deberían de hablar de esto, era un tema muy privado de su amiga–. Todavía no tenemos tanta confianza como para que me diga que fue lo que pasó. No le digas que te dije.
El calor aumentaba conforme pasaba el día, pero ninguno de los dos quería levantarse a apagar el abanico y reemplazarlo con el aire acondicionado. El sudor era un precio a pagar para mantener esta comodidad un rato más.
–Chismoso.
–Mira quien habla.
De alguna forma, siempre terminaba hablando de más con Ivan.
El pelinegro se rió, enterrando su rostro en la clavícula del otro. Su risa hizo temblar el corazón de Till.
Se conocían desde que tienen memoria, había escuchado esa risita maliciosa muchas más veces de las que podían ser contadas. Y aun así, aun siendo consciente de los años que han pasado desde la primera vez que vio a este chico sonreír, el peligris añoraba verle de esa manera a cada segundo. Ya era una costumbre.
Si tan solo ambos pudieran estar así por siempre...
Till parpadea, sintiéndose perdido por un minuto.
¿Y eso? ¿Desde cuando se preocupaba tanto por Ivan? Este tipo adora molestarlo, su felicidad era el tormento de Till.
Por eso cuando sintió que le mordían el cuello con fuerza no fue ninguna sorpresa.
–¿Qué estas pensando?
–¡Quítate!
Tal vez algún día Till pondrá en orden sus sentimientos, pero mientras tanto ambos se conforman con ahogarse en estos sentimientos que no saben explicar, en la tranquilidad que le otorga estar el uno al lado del otro.
