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Español
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Published:
2025-01-10
Updated:
2025-01-10
Words:
5,908
Chapters:
1/3
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3
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20
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305

Una mentira bastante dulce

Summary:

Tokimitsu, un oficinista, estaba harto de su vida cotidiana y su rutina diaria hasta que se encuentra con un café maid donde trabaja Barou Shoei, a partir de ese momento visita el café todos los días con tal de verlo todos los días.

Notes:

⚠️ Advertencia: esta obra menciona brevemente temas como el suicidio. Se recomienda discreción ⚠️

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Tokimitsu Aoshi

Chapter Text

El trabajo te mata. El trabajo te destruye. El trabajo te convierte en un robot. La rutina diaria puede llegar a matar a alguien.

 

Todo esto pensaba Tokimitsu, un oficinista que se la pasaba trabajando día y noche sin descanso. Se le podían notar las ojeras y la posición tan encurvaba, incluso peor que la que tenía en su época adolescente.

Cada que terminaba su jornaba, no perdía el tiempo en despedirse de los demás y se retiraba inmediatamente para tambalear por el mismo camino que lo llevaba a su casa, hambriento y sediento, esperando comer la misma comida de siempre: unos fideos instantáneos y una lata de refresco. Debido a su poca paga, no se podía dar el lujo de preparase algo de comer o ir a un buen restaurante para cambiar la dieta. Todo era parte de su asquerosa rutina.

 

En cuanto a personalidad… ni se diga. Es el hombre con la peor autoestima de todo Japón. Tiene además cero motivación para seguir trabajando más que solo ganar dinero, ahorrando lo que gana en un sobre guardado en su clóset. Su familia de vez en cuando le manda regalos como comida y ropa, pero no le satisface porque siente que es una carga para ellos. No tiene pareja; cómo podría un hombre como él conseguir pareja, nadie querría estar con un aburrido donnadie como él. Nunca tiene tiempo para él, menos tendría tiempo para su pareja.

 

Sus amigos… tuvo algunos en la preparatoria; pero una vez entras a la vida adulta, dejas de verlos constantemente, ellos hacen de su vida sin ti y poco a poco se dejan de hablar. Hasta volverse conocidos… Hasta volverse desconocidos…

 

Siempre que piensa en su vida social, laboral, amorosa y económica; no puede evitar llorar pensando en dónde salió todo mal, por qué no es como los demás que tienen una vida además del trabajo o la escuela, por qué su confianza es tan baja que alcanzan números negativos, por qué… sigue vivo.

 

Nadie lo va a extrañar si desaparece.

 

Su familia estará mejor sin él porque ya es una boca menos que alimentar.

 

La oficina puede reemplazarlo inmediatamente porque su presencia y aporte son tan insignificantes.

 

 

Tokimitsu cambió su camino para dirigirse a un puente. Se estaba decidiendo a tirarse. Sentía como el aire pegaba en su rostro una “última vez” antes de dejar este mundo.

 

Es hora de descansar en paz.

 

 

 

O tal vez no.

 

Tokimitsu comenzó a temblar. Las luces de los carros que pasaban por debajo lo cegaban. Le daba vértigo ver el suelo, se mareaba y vomitaba. Después de tanto… se tira a llorar rogándole a Dios un perdón por intentar comenter un acto que no se iba a perdonar. Estaba tan desesperado que no estaba pensando bien las cosas, pensaba que esa la solución más fácil a sus problemas, pensaba que era la decisión correcta cuando en realidad iba a tener incluso más implicaciones. Él veía hasta la muerte como un lujo… un lujo que nadie pagaría por él, un lujo que todos tienen porque serán recordados… mientras que él será olvidado…

 

¿Acaso… tiene miedo de ser olvidado?

 

Entre tanto estar atrapado en un espiral de pensamientos, a lo lejos escucha una campanilla, producto de una puerta abriéndose. Volteó a ver y nota que es un café, ve gente entrar y salir satisfechos, con una sonrisa en sus rostros.

 

Oh como envidiaba que la gente fuera feliz.

 

¿Cuál es el secreto? ¿Qué sucedía ahí?

 

Las luces estaban prendidas, señal de que el sucursal estaba abierto. Tomó su maletín, se secó el vómito y las lágrimas para ir a resolver sus dudas.

 

No estaba seguro de si era correcto, pensó que era raro que alguien como él pudiera disfrutar de un café solo, sin acompañante y de algo dulce. Sin embargo, su anhelo por ser feliz era más fuerte, por lo que se puso en marcha hasta tocar el maniubro de la puerta y abrirla al son de la campana.

 

“Buenas noches, mi amo~ Baro, Baro, kyu~”

 

“¿…Eh?”

 

Era un café maid. Un café con temática de maid donde las meseras actúan como doncellas al servicio de su “amo” que son los clientes; el truco también es que cada maid tiene un rol, como interpretando a un personaje, aunque esto es más dependiente de la política de la empresa.

 

No obstante, no era un café maid como cualquier otro.

 

Las Los maids eran hombres.

 

“¿Se le ofrece algo, mi amo~?” — el maid con cabello de erizo le hace entrega de la carta con el menú del lugar.

 

“S-Solo una malteada… por favor…”

 

“En seguida~”

 

Sigue anonadado con el ambiente del lugar. Las maid eran hombres con e uniforme de doncella; sus voces eran agudizadas para transmitir un trato más maternal y coqueto para la comformidad del cliente. No parecían… verse incómodos con actuar de esta forma.

 

Todo era un acto. El amor que estaba recibiendo no era real.

 

Lo que más le llamó la atención era el maid que lo atendió. Un hombre de aparentemente la misma edad que él pero un poco más alto —tal vez sea por los tacones que usaba—, un cuerpo de mucha musculatura —aunque no tanto como la de él, que a simple vista podía verse—, un cabello levantado como el de un erizo con una “X” en uno de sus sienes y unos ojos rojos bastante brillantes que parecía que tuviera brillitos en ellos.

El hombre usaba un vestido maid como el de los otros, pero lo que lo diferenciaba es que era hasta más corto que el de los demás. La parte superior no cubría para nada sus pectorales —un descuido y podrías verle un pezón—, la falta era demasiado corta que de reojo, por accidente, pudo verle su bóxer; las medias por encima de sus rodillas, tacones y, la espalda descubierta, una espalda bien tonificada y desnuda.

 

El maid más sexy y varonil de todos.

 

Tokimitsu se abofetea para alejar esos pensamientos lujuriosos de su cabeza sobre alguien que finge amar, sobre alguien que solo actúa por dinero, sobre alguien en quien jamás se fijaría. El amor era un privilegio inalcanzable para él.

 

¿Por qué… nunca pensó de esa forma sobre una mujer?

 

“¡Aquí le traigo su malteada, mi amo~!”

 

“…Gracias.”

 

“¡Baro, Baro, kyu~!”

 

“¿Qué haces?”

 

“¡Dándole todo mi amor a su comida~!”

 

Los maids solo fingen.

 

“Ah… g-gracias.”

 

“Awww, ¿le sucede algo~?”

 

Los maids solo te hablan por trabajo, lo olvidarán al terminar su turno.

 

“Yo solo… n-no tengo confianza en mí… *sniff* M-Mi vida… es un desastre…”

 

Es bastante patético llorar ante un desconocido que no le interesa tu vida.

 

“Usted no se preocupe, amo~” — le contestó entusiasmado el maid gorila que se inclinó a su mesa, colocando sus manos para sostener su barbilla, señalando que lo está escuchando — “Si usted quiere que su vida mejore, debe verle lo postivo a todo; para eso debe mejorar su autoestima.”

 

Las palabras son puramente falsas, vacías de empatía y comprensión.

 

“Primero: usted debe hacerse cumplidos cada día por cada logro que haga; por ejemplo cuando usted salga a tiempo de su trabajo, sea feliz porque finalmente terminó su jornada. Segundo: duerma y despierte temprano para que su energía amanezca feliz y haga cosas que lo emocionen. Debería cambiar la rutina de vez en cuando.”

“Lo más importante es amar a todas las cosas que te rodean y sentirte bendecido por existir.”

 

Si las palabras son falsas, entonces… ¿por qué el corazón se siente cálido? ¿Por qué comienza a palpitar fuertemente?

 

“Inténtelo conmigo: ¡Baro, Baro, kyu~!” — el maid forma un corazón con sus manos.

 

Tokimitsu le sigue el juego, solo para que se vaya.

 

“Baro… Baro… kyu.”

 

“Eso es un buen inicio, amo~”

“Hasta entonces… ¿le parece que lo vea mañana para más clases~?”

 

Mentiroso. Lo va a olvidar.

 

“S-Seguro…” — Tokimitsu asintió la cabeza.

 

El oficinista terminó su malteada, pagó y se retira del lugar.

 

“Ah- um… pe-perdón si esto es muy atrevido, p-pero… ¿cuál es… tu nombre?”

“¡A-AH, ol-olvídelo jaja…! No te molestes en dármelo.”

 

Tokimitsu ya estaba por cerrar la puerta, cuando escucha el sonido de pasos acercarse a él.

 

“Amo… mi nombre es Barou Shoei~” — le lanza un beso.

 

“Barou Shoei… E-Entiendo. Gracias…” — se retira finalmente.

 

¿Por qué se interesó en su nombre? Solo es un cliente de más, nadie importante.

 

Tokimitsu se había sentido como un campeón en lo más profundo de su ser. Era la primera vez que tomó la iniciativa de preguntar algo por su cuenta sin pedirle a alguien que lo haga por él.

 

En todo el camino a su casa, no podía dejar de pensar en esos brillantes ojos rojos que penetraban su cuerpo, así como el encanto servicial que lo caracterizaba y el cuerpo tan musculoso que podría reventar el vestido en un descuido.

 

Fue… una hermosa noche, debía admitir.

 

Llegó a su casa un poco más relajado a comparación de las otras veces que llegaba tenso. Se tomó un baño y se acostó a dormir. No dejaba de pensar en como iba a desaparecer de este mundo, era un pensamiento que lo estaba inquietando, le estaba dando insomnio, cómo pudo pensar en hacer algo así, cómo iba a reaccionar su familia, cómo iban a reaccionar sus compañeros de trabajo…

 

Huh, qué raro fue eso.

 

Pensó entonces en la rica malteada y en el maid que lo atendió. Sintió tanta satisfacción que cayó dormido, agradeciendo por haber tomado un camino diferente, por querer… suicidarse.

 

 

 

A la mañana siguiente, Tokimitsu amaneció de una forma ligera, como si hubiera tenido un sueño reparados. Claro, las ojeras seguían ahí, pero el día se sentía diferente y no sabe por qué.

 

Ese café tiene un secreto…

 

En el trabajo todos notaron que Tokimitsu se veía un poco más entusiasmado de lo normal, incluso sonreía más de lo usual que era casi nunca o solo mostrando una sonrisa incómoda. Esta vez era genuina.

 

 

La jornada terminó y tenía antojo de una deliciosa malteada como la que tuvo ayer, especialmente porque ansiaba ser atendido por ese maid musculoso de ojos rojos.

 

Esperaba… escuchar esas dulces mentiras una vez más.

 

“¡Bienvenido de vuelta, mi amo~! ¡Baro, Baro, kyu~!”

 

“Mu-Mucho gusto…”

 

Su estancía en el lugar fue igual de dulce y cálido como el día de ayer. El maid, Barou, lo atendió servicialmente con una sonrisa; la malteada estuvo igual de deliciosa y volvieron a entablar una conversación. Maid Barou le volvió a aconsejar cómo ser feliz y disfrutar de la vida.

 

“Disculpe, mi amo, ahora es mi turno de hacerle una pregunta~”

“¿Cómo se llama usted?”

 

“Ah, um, T-Tokimitsu… Aoshi.” — tímidamente le contestó. No se esperaba que le preguntara por su nombre.

 

“Awww es un prrrrecioso nombre~ Le queda con esos lindos ojos verdes.”

 

“¡¿D-De verdad?!”

 

“Se lo prometo, mi amo.”

 

Jamás había recibido un cumplido por sus ojos que no fuera por parte de su familia. Todos solían pensar que eran exageradamente grandes e intimidantes. Sus amigos bromeaban que les daría miedo dormir con él porque sería como dormir con un acosador vigilándote con esos ojos; comentario que le dolió a Tokimitsu y le produjo mucha inseguridad, tanto que lloraba el por qué tenía la maldición de portar tales ojos en su rostro. Maldecía a sus padres por darle esos genes y no ser un niño normal.

 

No obstante, este maid los encontró bellos junto a su nombre completo. Cada vez su corazón se sentía cálido. Un cumplido no hacía daño de vez en cuando.

 

Incluso si ese cumplido es vacío y solo lo hizo por dinero.

 

“G-Gracias…” — inclina su cabeza como agradecimiento, la excusa perfecta para ocultar sus lágrimas de felicidad.

 

Toki paga la cuenta y espera por el recibo. Al llegar, nota que había algo más que estaba fuera de lugar: una tarjeta con una serie de números y un corazón al final de este.

 

¿Podría ser… su número de teléfono?

 

Él no era tan tonto para caer en una broma tan pesada y de mal gusto como ese. No era la primera vez que lo coqueteaban de broma.

Volteó a ver al maid y este solo le respondió poniendo su dedo por encima de sus labios como gesto de silencio mientras le guiñaba el ojo. En efecto, era su número de teléfono.

 

Tokimitsu lo guardó en el bolsillo de su saco y se retira, dando una cálida sonrisa a la administración.

 

Llega a casa y repite lo mismo de ayer, pero ahora, en lugar de inundarse de pensamientos, saca la tarjeta y decide observar de nuevo el número de teléfono que estaba escrito ahí.

 

Definitivamente es una broma. No era la primera vez que jugaban con sus sentimientos. Era su trabajo coquetear con la gente.

 

De todas maneras, sacó su celular y escribió el número porque la curiosidad lo estaba matando. ¿Será verdad? ¿Será mentira? ¿Por qué el repentino interés de conocerlo más cuando es un simple maid?

 

Agregó el número a sus contactos como “Maid Barou” y abrió la caja de mensajes. Para su sorpresa, vio que tenía como perfil una camisa de fútbol del equipo Ubers con el número 13 en ella.

 

Sí, era un número falso. Qué sorpresa que querían jugar con sus sentimientos.

 

 

Tokimitsu en serio era realmente patético. Le creyó a un simple maid que trabaja por dinero. Qué estúpido.

 

Tokimitsu solo tiró su celular y se volteó para dormir abrazando su almohada favorita. Las lágrimas no paraban. Ojalá las lágrimas fueran falsas como sus palabras.

 

 

 

Desde ese entonces, Tokimitsu se ausentó al café por 3 días seguidos. No quería verle la cara a ese mentiroso de ojos rojos que lo ilusionó con esas palabras bonitas. Lo que más le enojaba es que estaba sintiendo algo por un empleado, hah.

 

A pesar de ello, algo había en ese café que se estaba decidiendo si romper su racha de ausencia o seguir sin ir. Hasta que pasó por ahí y agarró un delicioso olor a flan. Vio por el cristal y era un flan con crema batida en la partida de arriba, mientras que el caramelo caía del flan como una carrerita de gotas de agua en una ventana de carro tras un día lluvioso. Estaba enamorado de ese postre y quería darle una probada sí o sí; pero eso significaría verle la cara a ese patán.

 

 

A la mierda todo.

 

Tokimitsu se puso los pantalones y entró al café a probar ese delicioso flan que vio en el cristal.

De nuevo, fue atendido por maid Barou quien lo saludó cálidamente, aunque esta vez no hubo respuesta de su parte.

 

“¿Qué sucede, amo?”

 

Solo lo miró y se volteó, quería darle la ley de hielo.

 

“¿Por qué no me mandaste mensaje~? Esperaba con ansias que me hablaras, mi amo.”

 

Entonces eso lo confirma. El número con la playera de fútbol como perfil era de él, de nadie más.

 

Tokimitsu nunca dejará de ser tachado como idiota, huh.

 

“Lo-Lo siento… he estado ocupado con el trabajo que… ugh, de-de verdad lo siento…” — inclinó su cabeza de la vergüenza.

 

“Awwie que lindo te ves disculpándote hehe; pero por favor no me dejes plantado, ¿sí~?”

 

“S-Sí…” — sigue con la cabeza inclinada mientras ordena el flan que vio en el cristal.

 

La orden le llega y le da un bocado. Es el mejor flan que había probado en la vida. Usualmente no es fan de los dulces, pero ese flan lo hizo considerar hacer una excepción, se sentía en el cielo con cada bocado dulce de ese suave manjar; pero, más que nada, había un toque maternal en ello.

 

¿Cómo era posible un toque maternal en un postre? A pesar de ser maids y actuar de manera afeminada, seguían siendo hombres, ellos no deberían ser capaces de transmitir algo “maternal”.

 

Debe ser una chef, sí, esa es la respuesta.

 

Tokimitsu termina el tan delicioso flan de sus sueños.

 

“¿Ya se terminó el flan, mi amo~?”

 

“¡S-Sí! Mis… felicitaciones al chef.”

 

“Haha gracias por tus comentarios. Eso fue tan dulce como el postre que baña sus labios, amo~”

 

“¿Eh?”

 

“Sip. Yo preparé ese flan con mis suaves manos~”

 

¿Qué? ¿Ese gorila hizo el mejor flan del mundo? ¿Esas manos tan venudas y rocosas prepararon algo tan delicado como un postre? Imposible. Está mintiendo. Es un maid que trabaja por dinero, era obvio que mentiría para satisfacer a su cliente.

 

“Ah… entonces gracias por el flan.”

 

“Un gustito~ ¡Baro, Baro, kyu~!”

 

Tokimitsu no estaba satisfecho con la respuesta, pero se enamoró del flan que no le importó una pequeña mentira blanca. Después de todo, él fue quien se equivocó al no hablarle por pensar que todo era una broma de mal gusto. La inseguridad le ganó. Temía volver a ser el perdedor de antes.

 

Inmediatamente llegó a casa y se acostó para armarse de valor para hablarle.

 

Maid Barou

Última vez: xx-xx, 11:22 pm

 

Buenas noches

Hablo con maid Barou?

 

Su mano temblaba al reaccionar que se armó de valor al escribir dos mensajes y presionar “Enviar” a cada uno. Tenía ganas de tirar su celular y esconderse bajo las sábanas para evitar una respuesta suya demandándolo por creerse su teatro.

 

Seguro no quería un mensaje, fue otra mentira.

 

Tokimitsu quería borrarlo, pero más temprano que tarde, su celular vibró.

 

Maid Barou

En línea

 

Buenas noches

Hablo con maid Barou?

 

[Maid Barou]

¿Se le ofrece algo?

 

Tokimitsu estaba gritando, gritando y gritando porque contestó antes de arrepentirse. No sabía si eso era bueno o malo, pero ya estaba hecho, no había vuelta atrás, maid Barou -Barou- le contestó el mensaje. Lo único extraño es que sus mensajes se veían bastante secos; de hecho, todo su número contrastaba con su personalidad en el café; desde la foto de perfil hasta la forma de escribir.

 

Maid Barou

En línea

 

No nada

Solo pasé a saludar

Lo siento

Estuvieron ricos los postres por cierto

Perdón por molestarlo tan tarde

 

[Maid Barou]

Deja de disculparte, es un mal hábito

Y gracias por venir al café maid. Le agradezco que haya disfrutado del flan

Espero seguir viéndolo

 

El mensaje podrá haberse escrito de la forma más seca y firme posible, pero una cosa era segura: fue genuino agradecimiento. Tokimitsu estaba perplejo por haber entablado una conversación con alguien más que no se detenga hasta el “buenos días”. Era raro que fuera con un empleado, pero fue el mensaje más sincero que pudo haber recibido. Sin maquillaje, sin falda, sin nada.

Por supuesto, no sabe qué cara estará poniendo Barou en ese momento, pero para escribir algo así, claramente estaba agradecido. Se empezó a sentir motivado para seguir yendo.

 

A partir de ese día, Tokimitsu siguió yendo al café después de trabajar por varios meses. Cambiando su rutina por completo y probando no solo los postres, sino también los almuerzos que ofrecían en ese lugar. Inclusive llegó a invitar a algunos compañeros del trabajo para que puedan disfrutar del servicio que los maid hombres puedan ofrecer. Todo iba de maravilla, los mejores 6 meses de su vida. Sentía que todo estaba cambiando, sentía su cuerpo más vivo, las conversaciones con Barou no se morían y no se despegaba del celular hablando de lo que hacían en el trabajo —aunque le gustaría conocerlo más allá de su vida fuera del trabajo—. Tokimitsu sentía… algo cálido en su corazón. Cada que veía a Barou, sentía una tranquilidad inigualable, como si estuviera viendo a un ángel, como si estuviera en un prado de flores con mariposas alrededor, era el hombre más hermoso y lindo de todos. Se sentía bendecido por sentirse de esa forma.

 

Toda felicidad tiene un límite. Todo en esta vida tiene un límite. El destino te enseñará a equilibrar las bendiciones con las desgracias.

 

Tokimitsu llega al café después de trabajar para comer; sin embargo, en esta ocasión es atendido por un hombre igual de musculoso, pero tenía barbita, ojos de diferente color y mechones verdes al fondo de su cabello.

 

“Buenos días, maestro, ¿le gustaría una mesa~?”

 

“U-Um… ¿podría preguntarle… dónde está maid Barou?”

 

El maid de turno, cuyo nombre era Oliver Aiku, se quedó serio por un momento hasta que regresó a su personaje.

 

“Lo siento, mi maestro, pero mi compañero no está disponible~ booo…”

 

“Ya veo…”

 

Era la primera vez que Barou no asistía a trabajar. Él no era el tipo de persona que faltara a menos que había una emergencia familiar o de salud. Asumiría que sería por esas razones, pero tenía un mal presentimiento especialmente porque Aiku se quedó callado.

 

“¿S-Sabe dónde puedo hallarlo?”

 

“Pero maestro~ ya estoy yo hehe, usted no necesita de mi compañero.”

 

“¡P-PERO—!” — quiso levantar la voz y exigir una explicación, pero notó que maid Aiku estaba formando un puño y lo amenazaba con la mirada. Sintió miedo, no quería sentir miedo en su lugar favorito, por lo que se sentó de nuevo y pidió solo un café.

 

La tarde pasó hasta que era ya la hora de cerrar. Tokimitsu estuvo esperando todo el rato pero Barou nunca llegó; se levantó y se retiró del lugar.

 

Pero no se rindió.

 

En lugar de ir a su casa, quiso seguir a uno de los empleados para ver si le daba las respuestas que buscaba. No obstante, 3 de los empleados presiguieron a Tokimitsu y lo acorralaron.

 

“Sí que eres un testarudo de mierda, ¿eh?” — dijo Aiku.

 

“¿Q-Qué quieren de mí…?”

 

“Oi, oi, eso deberíamos preguntártelo a ti, duh.” — le contestó un tipo bastante esquelético que parecía un zombie andante.

 

“Don, Aiku, no lo intimiden más. Solo díganle la verdad.” — intervino el tercer sujeto que se caracterizaba por tener un cabello de color salmón.

 

“¿Q-Qué cosa…?”

 

“Vinimos a decirte que te vayas olvidando de él. Barou… renunció.”

 

“¡¿Qué—?!”

 

Los tres se acercan a él con una presencia más imponente.

 

“No podemos decirte nada más porque eso es asunto de él, pero por favor ya no lo busques más. Puedes seguir viniendo aquí, pero si vas a insistir en verlo, te vamos a pedir que ya no vengas a este lugar jamás.”

 

“¡P—PERO NO PUEDEN HACER—!”

 

“Duh, claro que podemos, somos empleados kehehe.”

 

“¡¿A-Acaso yo… hice algo malo…?!”

 

“Mira, amigo, tú no eres el problema, te lo aseguro; pero déjalo en paz.”

 

“No queremos problemas, tú tampoco quieres y seguro no quieres que él esté en problemas, ¿no podría ser este el mejor trato?”

 

 

Tokimitsu se quedó pensando. Se preguntaba por qué tenía tanta ansiedad en querer verlo si solo era un empleado más.

 

“Oi, ojos verdes, ¿acaso… te gusta Barou-chan~?”

 

Oh. Conque eso era.

 

El chico zombie se acercó sigilosamente para preguntarle en voz alta en el oído, lo que exaltó a Tokimitsu; pero no por su voz, sino por la pregunta, porque se sabía la respuesta desde el principio, pero se negaba a aceptarlo. Era un maid, ellos solo te conscienten por dinero, es todo.

 

“N-No…”

 

“Pff— ¡JAJAJAJAJA MIREN COMO SE SONROJA! ¡MENTIROSO!”

 

“Cállate, Don, no lo molestes.”

 

“De todas las personas por las que te podías enamorar… y fue Barou…”

 

Tokimitsu estaba bastante rojo de la vergüenza por admitir sus verdaderos sentimientos, especialmente frente a tres personas que parecían querer matarlo aunque no era así; a excepción del tal Don que se burló sin pena alguna de él.

 

Esa burla le hizo recordar la secundaria cuando sus compañeros se burlaron de él por confesarle a un compañero, todo era parte de una broma de mal gusto.

 

“¡Po—Por favor no me hagan daño…! *sniff* ¡NO SE RÍAN POR FA…VOR! ¡DETÉNGANSE!”

 

“Oye, oye, ¡tranquilo, no te estamos haciendo nada!”

 

“¡Por eso te dije que te callaras, Don!”

 

“Oye amiguito, solo jugaba, ¿sí? No tienes que llorar.”

 

“¡A-ATRÁS… por fa…vor…!” — Tokimitsu rogaba mientras se posicionaba en defensa, cubriendo su cara con sus brazos y su estómago con sus rodillas. Al parecer los recuerdos de la secundaria le siguen afectando.

 

Qué patético.

 

“Me va a odiar por esto, pero… ¿quieres ver a Barou?”

 

“Aiku, ¿qué haces?”

 

“No soy un experto, pero este sujeto está sufriendo un ataque de pánico. Seguramente la burla de Don le hizo recordar algo malo y por eso se posiciona de esta forma. Mierda, lo que más odio es intimidar a alguien…”

“Te llamas Tokimitsu, ¿verdad? Mira, Tokimitsu, ¿tienes su número? Si no te ha bloqueado, dile que te quieres reunir con él.”

 

Esa voz tan madura de Aiku era genuinamente comfortante a pesar de lo grave que era, mostraba madurez y, aunque Tokimitsu sentía vergüenza porque no estaba actuando como un adulto, se puso mejor a escuchar su consejo, mientras sentía su mano en su hombro para hacerlo sentir seguro.

 

“S-Sí… lo tengo…”

 

“Muy bien. Háblale y que él hable contigo sobre lo que le pasa, sería bueno que acabe todo de una vez por todas, así todos regresamos a nuestras vidas normales.”

 

“A Barou no le va a gustar esto.”

 

“Ay el amor es una magia… una simple fantasia~”

 

Tokimitsu no le quedó más de otra que recibir el apoyo de Aiku y seguir su consejo. Se levantó y corrió a casa a mandarle un mensaje. Él necesitaba verlo, necesitaba respuestas, necesitaba hablar con él de por qué ahora quiere desaparecer de su vida.

 

No quisiera ser el culpable de que alguien desaparezca de su vida, como todos sus amigos lo han hecho con el paso de los años.

 

Él no quiere ser solo una experiencia, él no quiere a Barou como solo un empleado. Él quiere… pasar el resto de sus días con él.

 

Maid Barou

Última vez: ayer, 12:02 am

 

BAROU!!!

CONESTA POR FAVOR!!!!

YO QUISIERA VERTE AL MENOS UNA VEZ MÁS QUE NO SEA EN EL CAFÉ

PUEDO?????

 

Sí, era ridículo el ser un rogón, pero estaba desesperado por respuestas que no le importó el modo en que se lo envió. Él solo quería saber por qué Barou se estaba alejando de su vida, por qué Barou tomaría una decisión así, ¿está… haciendo lo correcto?

 

¿A quién se parece?

 

*ding*

 

Maid Barou

En línea

 

[Maid Barou]

Mañana. Metro. 6:00 pm.

No faltes.

 

Sorpresivamente, Barou se tomó la molestia de escribirle; sin embargo, de la forma más amarga posible, pero eso no le afectaba, estaba aliviado de poder contactar con Barou y al menos saber que estaba bien —o eso esperaba—, solo era cuestión de ir y hablar con él.

 

¿Qué podría salir mal?

 

 

 

Al día siguiente, ahora que es fin de semana, busco en su clóset una buena ropa para ir a verlo porque entró en cuenta que era la primera vez que lo veía sin maquillaje, sin ropa de maid y en un lugar que no es el café, es decir, iba a estar presente ante el verdadero Barou. Debía ir presentable, sí, tan presentable que lo enamorará, que olvide sus problemas y lo ayuden a superarse, sí, quiere ayudar a los demás; él lo ayudó bastante y ahora quiere ayudarlo a él; sí, ese es su propósito en la vida, ahora siente que tiene un motivo para continuar.

 

En el clóset solo se encuentra una camisa blanca, un chaleco de cuello V verde, pantalón kaki y zapatos cafés. Formal, pero elegante para impresionar a alguien, especialmente si es alguien por el que sentía…

 

Estaba nervioso, muy nervioso, temía que tal vez fuera algo malo y Barou solo le quería decir que no lo va a ver jamás. Empezó a sudar y a temblar, Tokimitsu se estaba intentando tranquilizar con técnicas de respiración, lo cual funcionaba, pero su corazón latía rápido y más rápido ante la idea de ver a Barou como una persona genuina y no un personaje. ¿Qué sorpresa le esperaba?

 

 

El día pasa y Tokimitsu se encuentra en el meteo bien puntual, odiaría que Barou lo odie por ser impuntual, lo que menos quisiera es dar una pésima primera impresión. Estaba arreglado, olía delicioso a perfume y quiso ser tan caballeroso que quería darle flores —no estaba seguro si los hombres se podían dar flores entre ellos—, específicamente unas rosas porque le recordaban el rojo siniestro de sus ojos. Estaba tan ansioso que no dejaba de mover su pie y de revisar el reloj a cada minuto.

 

Fue entonces, cuando desde la puerta ve llegar a un chico musculoso con una chaqueta negra y estampados de dragón, una playera negra y un pantalón de cuero con botas de cuero; una cadena que rebosaba su bolsillo; parecía un motociclista de pies a cabeza. Lo que más le llamó la atención, eran sus ojos hostiles y siniestros que esparcía terror y hambre hacia donde iba, muy opuestos a los ojos coquetos de su personaje maid; pero no había duda: era él, Barou Shoei.

 

Con solo verlo, Tokimitsu se sentía intimidado por su hostil presencia y asesina mirada, pero si quería respuestas, debía enfrentar esos miedos y llegar al fondo de esto; después de todo, solo lo estaba juzgando por la apariencia, un mal hábito que tiene, tal vez no sea así en personalidad.

 

“Ho-Hola…”

 

“¿Qué quieres?”

 

No le estaba gustando ese tono agresivo.

 

“B-Bueno… *ahem* Yo solo quería hablar contigo porque no te vi en el café lo cual se me hizo raro porque tú nunca faltas y nunca la harías a menos que sea una emergencia— quiero decir, te conozco y no creo que seas tan irresponsable—“

 

“No me conoces, imbécil.”

 

No le estaba gustando ese insulto.

 

“¿Qué…? Ah, perdón, creo que me pase jajaja; yo solo quería saber qué te había pasado—“

 

“¿Y a ti qué te importa? Solo eres un cliente de más y ya, no necesito de tu lástima.”

 

Ah. Lo sabía. Sabía que su corazón se engañó a sí mismo con esa dulzura. Al final del día solo era un hombre que lo hacía por dinero; era imposible que dos hombres se cuidaran de esa forma.

 

Esto igual debe ser una mentira.

 

“¿S-Solo un cliente…? ¿P-P—Pero y lo que tenía—?”

 

“¡ABRE LOS MALDITOS OJOS! ¡SOY UN PUTO MAID, MI TRABAJO ES SATISFACER A LOS PERDEDORES COMO TÚ QUE SOLO LAMENTAN SU PATÉTICA VIDA! ¡¿EN SERIO CREÍSTE QUE ME ENAMORÉ DE TI?! ¡HAH, QUÉ IDIOTA, NO SOY UN MARICÓN COMO TÚ! SOY MAID, MI TRABAJO ES ACTUAR Y ENTREGAR MI PUTO CULO A ESTÚPIDOS COMO TÚ, ¡¿ENTIENDES?!”

“Solo… ¡ALÉJATE DE MÍ!”

 

 

El trabajo te destruye. Los maids son solo actores que fingen simpatía hacia tu persona por dinero.

 

¿Por qué Tokimitsu olvidó algo tan importante como eso?

 

¿Cómo dejó que el amor hacia un gorila lo cegara de la verdad? ¿Tanto necesitaba pertenecer a un mundo de fantasía?

 

Tokimitsu siempre fue un perdedor aun después de muchos años, huh.

 

Tokimitsu se quedó en silencio cuando vio a Barou gritarle de la peor manera posible. Este no era el Barou del que se enamoró. Este no era el Barou que se preocupó por él ya sea fuera o dentro de personaje; pero aun así, este era el Barou más genuino de todos… Odiaba admitirlo.

 

Tokimitsu pierde su fuerza de agarre y deja caer el ramo de rosas que tenía en su mano, mientras las lágrimas comienzan a caer sin detenerse. Quería ocultarlas porque estaba en un lugar público, pero su corazón estaba tan roto que lo único que podía era llorar y llorar como un bebé. Ridículo.

 

“En este mundo solo los más fuertes pueden sobrevivir. Si no eres capaz de serlo, ¿entonces qué haces aquí?”

 

El más fuerte…

 

Tokimitsu soportó muchas burlas de sus compañeros, soportó tantas humillaciones a lo largo de su vida que ya no puede diferenciar entre burla o cumplido, él terminó por adaptar una personalidad ansiosa por dudar de los demás, así como una lengua brusca que suelta verdades y opiniones muy honestas que harían enojar a cualquiera. Él estuvo soportando tanto sufrimiento todo este tiempo y esto… era la gota que derramó la gota del vaso.

 

¿El más fuerte…? No tenía ni idea.

 

Tokimitsu seguía llorando, pero esta vez veía a Barou con una ira que su sangre podría hervir un huevo. Barou se agarró desprevenido ante tal reacción tan provocativa que no esperaba ver a Tokimitsu sumamente enojado.

 

Cuando estaba por retirarse, Tokimitsu lo agarra del cuello de la camisa y lo tumba al suelo de un solo jalón gracias a las clases de judo que creyó haberlas olvidado, pero su enojo lo hicieron recordar.

 

Barou se estaba sintiendo aturdido ante la conmoción. En un abrir y cerrar de ojos ya estaba en el suelo cuando hace un segundo estaba parado. Intentaba safarse pero su agarre era demasiado fuerte, no tenía oportunidad. Mientras que Tokimitsu, solo se puso de rodillas encima de él, formando un puño en su mano con los ojos más hostiles y vengativos que había visto en su vida.

 

“¡¿DE QUÉ PUTA MIERDA ESTÁS HABLANDO, MALDITOOO?! ¡¿QUE NO TENGO IDEA?! ¡TÚ ERES EL QUE NO TIENE IDEA DE LO QUE YO SIENTO! ¡¿SABES LA CANTIDAD DE VECES QUE ME HE QUERIDO RENDIR PERO NUNCA LO HICE?! ¡YO HE… YO HE… YO HE ESTADO PELEANDO SOLO TOOODO ESTE TIEMPO, HIJO DE PUTA! ¡TENGO UNA CASA DE MIERDA, UN TRABAJO DE MIERDA Y UNA VIDA DE MIERDA, HASTA QUE TE CONOCÍ Y CREÍ QUE EN SERIO HABÍA ALGUIEN CON EL QUE PODÍA SENTIRME DÉBIL, CON EL QUE PODÍA SER YO MISMO! ¡P-Pero tú… TÚ… A TI TE IMPORTÓ UN CARAJO! Si de verdad no te intereso, ¡¿POR QUÉ ME HABLABAS?! ¡¿POR QUÉ ME DISTE TU NÚMERO?! ¡CONTESTA, MALDITO GORILA!”

 

*smack*

 

Tokimitsu no se resistió y le dio un puñetazo en la mejilla de Barou. Luego le dio otro y otro y otro… A Tokimitsu le estaba doliendo romperle la cara a alguien que le gustaba, pero no podía controlar esa fuerza bruta y violenta naturaleza que despertó en él debido a las decepciones y estrés que fue desarrollando en los últimos años.

 

“Si vamos a hablar de fuertes, ¡TÚ NO ERES EL INDICADO! ¡¿POR QUÉ ME OCULTASTE QUE RENUNCIASTE?! ¡¿POR QUÉ NO FUISTE UN HOMBRE Y ME DIJISTE LO QUE TE SUCEDÍA?! ¡¿POR QUÉ MALDITA SEA?!”

 

Para este momento sus brazos ya se estaban entumiendo. Sus manos temblaban de dolor mientras la cara de Barou estaba hinchado por los golpes, lleno de morados y marcas de puños.

 

“Eres lo peor… ¡TE DETESTO, MARICÓN!”

 

Finalmente se rompió y salió huyendo Tokimitsu. No quería verle la cara a ese sujeto nunca más. Se sentía como un imbécil, como un tonto al enamorarse de un hombre. Por supuesto que a él nunca le iba bien en el amor, ¿por qué creyó que esta vez sería diferente? Tokimitsu era de lo peor.

 

Ignoró toda la gente que lo quería detener y los atropellaba con su gran musculatura porque no lo dejaban pasar para su casa. Estaba destrozado.

 

Llegó a su casa. Ni se tomó la molestia de acostarse, solo se deslizó de su puerta para el suelo y comenzó a sollozar y sollozar… El corazón lo tenía demasiado roto, era demasiado bueno para ser verdad que alguien se fijaría en él, pero no fue así, solo cayó en las mentiras de la gente, del trabajo de una maid. Los maids solo trabajan por dinero, nunca debió olvidarlo. Barou no era la excepción.

 

Tokimitsu ya no tenía idea de cómo continuar, solo estaba en el suelo sollozando y jalándose el cabello como forma de auto-castigo por su estupidez. Está contemplando si seguir viviendo o no…

 

 

No hay tiempo para contemplar. El día de mañana tiene trabajo y tiene mucho que hacer. No puede darse el lujo de tomar decisiones. Ese privilegio lo perdió el día que decidió cambiar su rutina e ir a ese café maid.

 

“Maldito seas… maid…”

Notes:

Debo decir que me siento bien por esta obra ajjaj