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El secreto del caballero perfecto

Summary:

En un ambiente universitario donde Till es conocido por ser el caballero perfecto, muchas chicas suspiran por su trato respetuoso y atento hacia todas. Sin embargo, su reputación sufre un giro inesperado cuando descubren que no solo tiene novio, sino que lo trata de forma inesperadamente ruda, llamándolo "putita" y siendo brusco con él. Lo que nadie sabe es que este comportamiento no es casual: es una dinámica completamente consensuada y, de hecho, algo que su novio insiste en que mantengan en su relación.

Chapter Text

Till era reconocido en su facultad por su actitud relajada pero trato caballeroso. Esto último, visto más en mujeres que en hombres.

¿Tenías problemas con algún reporte de la universidad? Till con gusto podría ayudarte.

¿Llevabas material pesado a cierto lugar? Seguramente Till ya habría tomado más de la mitad, ayudándote a trasladarlo.

¿Buscabas a alguien que te orientara en clase porque te perdiste en la explicación? Till dedica un tiempo durante su descanso a apoyar a compañeros de ciclos menores en temas que se les dificultara entender. ¡Consulta con confianza!

Tal vez no era la persona más atractiva del mundo, pero nadie negaba que su vibra y trato con los demás lo hacían ver mucho más apuesto de lo que era a ojos de cualquiera que centrara su atención en él.

A todo esto, claro que iba a ser el interés de las chicas, y quién sabe, tal vez de alguno que otro chico.

En la facultad de artes era normal ver a más mujeres que hombres, por lo que Till era un tesoro entre muchos, por no decir también talentoso en lo que le apasiona. ¡Sus pinturas con temáticas de colores negro y rubí eran las más populares en cada exposición de la universidad!

Pero la pregunta del millón era: ¿acaso Till, siendo un muy buen partido, seguiría estando soltero? La respuesta, por lógica, sería que no. Aunque la mayoría se negaba a que eso fuera cierto.

¡Mientras no se vean hechos, Till seguía disponible para cualquiera que estuviera interesado!

... O eso fue hasta que un día, luego de la clase de Diseño Abierto II, Till estuvo dispuesto a irse más temprano de lo habitual, despertando la curiosidad en muchos.

Mientras se quitaba no solo su capucha, sino también la mascarilla de pintura, una chica se le acercó para preguntarle con algo de timidez: —Till, normalmente sueles quedarte hasta que el próximo curso use esta aula, pero hoy pareces apurado. ¿Acaso tienes planes?

Todos centraron su atención en dicha conversación, algunos siendo más disimulados que otros.

—Así es —dijo Till mientras acomodaba su cabello a un lado y sonreía ligeramente, como era habitual en él—. Tengo un compromiso.

—¡Oh! ¿A dónde irás? —En ese momento, la chica se maldijo internamente porque quizás se estaba viendo demasiado entrometida en asuntos ajenos.

Pero eso al de cabellera gris no le molestó. En cambio, respondió algo que los dejó meditando sobre sus palabras.

—Iré a almorzar con mi novio.

El mundo de muchos cayó rotundamente al suelo de forma dolorosa.Sin esperar respuesta, Till cubrió su obra y se la llevó, junto con su maleta, despidiéndose de su clase con un simple "¡Nos vemos mas tarde!"

Rápidamente, todos despertaron del trance y se miraron unos a otros. Era obvio que tuvieron la misma idea.¡Debían averiguar quién era el dichoso novio de Till, aquel que se había ganado el corazón de alguien tan aclamado y popular entre los de su facultad!

Intentaron pasar desapercibidos. Siguieron a Till hasta un aula en donde dejó una de sus muchas obras. Aunque por primera vez esta estaba sin terminar.

¡Realmente debía tratarse de su novio si, por él, estaba dispuesto a dejar un cuadro sin terminar!

Era sabido por varios que Till, si comenzaba algún proyecto, lo terminaba ahí mismo, sin importar qué. Por supuesto que sorprendió a varios.Ello era algo también muy admirable: ¿cómo es que no le daba algún bloqueo creativo mientras pintaba? ¡Muchos no podían terminar sus trabajos ni en una semana y él lo hacía en un solo día!

Till cambió de dirección. Aunque en un momento se sintió observado y giró su mirada hacia atrás, no encontró nada, por lo que su camino hasta llegar a su casillero.Guardó algunos de sus materiales y, entre ellos, revisó su teléfono, donde todos quedaron asombrados por la dulce sonrisa que mostraba Till mientras le hacia ojitos a su pantalla.

¿Habrá recibido un mensaje? ¿Será de parte de su misterioso novio?

Todos se exaltaron en el momento en el que Till cerró con brusquedad su casillero y apoyara su frente en él, dando un suspiro lleno de pesadez.

¿No estaba muy feliz hace unos instantes?

El aura de Till cambió por completo, al igual que la expresión en su rostro: tenía el ceño fruncido y una mirada afilada. Eso definitivamente hizo estremecer a muchos.

Caminó cabizbajo hacia la entrada de su facultad, aún vacía, ya que muchos seguían en horario de clase o inmersos en sus pasiones artísticas, tal como era habitual en Till.Todos notaron cómo la única persona que se encontraba aparte de ellos era, para algunos, alguien a quien jamás habían visto allí, pero hubieron otros que sí lo reconocieron.

¡¿Ese acaso no era Iván, el chico popular de arquitectura?!

Otros tuvieron que pedir que les explicaran sobre la identidad de este "Iván", ya que tampoco conocían mucho de esa facultad. Si bien ambas carreras tienen un toque artístico y matemático, ¡rara vez se cruzaban!

Iván era, claramente, una persona atractiva y muy bien dotada, según muchas personas (y ellos mismos lo comprobaron cuando lo vieron bien) en cuanto a su físico. Tenía una cabellera negra que hacía contraste con su piel lechosa y ojos de pupilas oscuras con un toque rojo como la sangre.Su apariencia era oscura pero atractiva, contradiciendo enormemente su personalidad, dulce como la de un cachorro; y forma de vestir, colores claros y brillantes. ¡¿Cómo alguien que estaba por alcanzar el metro ochenta y cinco podía verse tan lindo?!

A diferencia de Till, se sabía que él tenía una pareja, aunque no muchos la habían visto.

¡No esperaban que las dos grandes joyas de la universidad estabarían en una relación! Aunque tampoco les sorprendía.

—Vaya, realmente fuimos ingenuos al pensar que teníamos una oportunidad, ¿no? —dijo un chico desde el fondo, viendo cómo la mirada de Iván se iluminaba al ver a Till acercársele, saludándolo desde la distancia con entusiasmo.

—¡Cómo me duele no ser tu mujer, Till! —se sumó otra chica.

No obstante, lo que pasó luego los dejó a todos impactados. ¿Acaso no se acababan las sorpresas hoy?

En el momento en que Till llegó a su encuentro con Iván, todos claramente lo oyeron gritar: "¡¿Qué te he dicho de venir a buscarme después de mis clases, idiota?!"

... ¿Qué?

—Perdón —Iván se veía algo avergonzado, pero su sonrisa seguía sin borrarse—. ¡Pero hoy abrieron la cafetería que te había comentado la otra vez! Realmente quisiera que fuéramos juntos.

Till giró los ojos con un "notable" desprecio y siguió caminando de frente, siendo seguido por Ivan, quien se notaba aún resplandeciente.

Cuando finalmente cruzaron las puertas de la facultad, los pocos que habían logrado seguirlos sin ser descubiertos aún no podían procesar lo que acababan de presenciar. Till, el caballero inquebrantable, tan considerado y amable con todo el mundo, acababa de gritarle a Iván en medio del campus... ¿y lo había llamado idiota?

Sin embargo, lo que ocurrió después fue aún más desconcertante para ellos. Mientras caminaban juntos hacia la cafetería, Till le dio un empujón ligero a Iván, haciendo que este trastabillara un poco.

—Camina más rápido, putita. No tengo todo el día —Till se le quedó viendo de reojo a Ivan, quien su rostro lleno de sorpresa lo volteo a ver por el repentino empuje —De por si arruinaste mi rutina por este capricho tuyo. Tengo cosas que hacer luego, asi que apúrate.

El silencio que siguió fue ensordecedor. Los estudiantes escondidos prácticamente se quedaron sin aire, sin poder creer lo que acababan de oír.

Iván bajó la mirada por un momento, pero no para apartarla de vergüenza, sino para ocultar la ligera sonrisa que se dibujaba en sus labios. Había algo en ese tono firme de Till que le hacía estremecer ligeramente, y no de miedo.

—No pude evitarlo, perdón por irrumpir en tu hora de trabajo... —murmuró, mientras con una mano jugueteaba con el tirante de la mochila, que claramente parecía pesarle—. Te extrañé.

La confesión fue tan simple y directa que incluso Till pareció dudar por un instante antes de responderle. Sin embargo, rápidamente recuperó su compostura. —Siempre igual, actuando como un perrito desesperado por atención. —Dio un paso hacia Iván y, con un movimiento rápido, le quitó su maleta y se la colocó en el hombro. Ivan iba a decirle que no era necesario pero su novio habló primero: —¿Qué carajos traes aquí? ¿un cadáver? 

Ivan negó —Son materiales para una maqueta que tengo que hacer más tarde —Ivan entró un poco en pánico, extendiendo sus manos para que le regresara su mochila —Puedo llevarla yo, descuida.

—¿Para que luego te de un dolor de espalda y andes más insoportable que de costumbre? No, gracias —dijo en voz baja, aunque lo suficientemente fuerte para que los curiosos que aún no notaba, lo escucharan.

Iván tragó saliva y asintió despacio, como si aquellas palabras fueran exactamente lo que quería oír.

—Prometo que la próxima vez no volverá a pasar algo así.

Till solo se rió de ello —Claro que volverá a pasar. Siempre pasa contigo, inútil.

Cuando desaparecieron de la vista, los estudiantes que habían presenciado todo no tardaron en formar un círculo para intercambiar impresiones.

—¿Qué demonios fue eso? —preguntó uno, todavía con los ojos como platos.

—No sé qué pensar —murmuró una chica—. ¿Till es siempre así con él?

—¡Imposible! Con nosotros es tan educado y caballeroso... no puede ser el mismo Till.

Pero hubo alguien que finalmente rompió el silencio con una observación que los dejó a todos pensando:

—No sé ustedes, pero Iván parecía feliz. ¿No notaron cómo le brillaban los ojos cada vez que Till le hablaba así?

La declaración causó un revuelo inmediato. Era cierto. Iván no parecía molesto en absoluto; de hecho, parecía disfrutarlo.

Mientras se dispersaban, algunos llegaron a una conclusión: Till e Iván eran mucho más complejos de lo que aparentaban, y quizá ese contraste entre la dulzura de uno y la aparente rudeza del otro era lo que hacía que su relación funcionara tan bien. Aún así, sea la razón que sea por la cual actuaban de esa manera no los excusaba en absoluto: sentían escalofríos cada que recordaban a Till en esa faceta ruda.

Y así, los rumores comenzaron a esparcirse como pólvora por todo el campus, dando inicio a una nueva y fascinante obsesión: desentrañar el misterio detrás de Till, el caballero perfecto, y su dinámica completamente inesperada con el adorable y carismático Iván.

 


 

Mientras ambos caminaban entre los altos edificios de su universidad, Iván le contaba a Till sobre su ajetreado día de clases. La facultad de arquitectura siempre estaba llena de estrés en esa época del año. Su universidad, destacada por su enfoque en artes, letras y arquitectura, seleccionaba a ciertos estudiantes para participar en exposiciones de nivel regional, y algunos incluso competían a nivel internacional.

A diferencia de Iván, Till había participado muchas veces en este tipo de competencias, logrando siempre un lugar entre los tres primeros. Pero este año, ¡el proyecto seleccionado era el de Iván! Tendría que hacer tres maquetas a escala: de sitio, de representación y de interiores. Iván le explicó a Till cada detalle del trabajo y, cuando él entendió lo que implicaba, su cara mostró una mezcla de estrés y sorpresa. ¡¿En serio todo eso en un mes?!

—Al principio de la carrera me hacían hacer cosas mucho más complicadas, esto no es nada —dijo Iván, forzando una sonrisa que no lograba ocultar las ojeras y la fatiga en su rostro.

Till lo miró con desdén, frunciendo el ceño.

—¿Sabes qué? Deberías dejar de decir esas estupideces y poner los pies en la tierra. Esto no es una tarea cualquiera, y claramente estás a punto de estallar si sigues ignorando lo obvio —respondió, su tono altanero y cargado de una mezcla de sarcasmo y preocupación.

Iván, como siempre, intentó minimizar su estrés, pero Till lo conocía demasiado bien. Desde que vivían juntos, Till había intentado cambiar sus horribles hábitos alimenticios y su falta de sueño, pero todo había sido en vano. A pesar de su cuerpo saludable y energía inagotable, Iván no era tan perfecto como parecía.

—¿Has almorzado antes de venir aquí? —Till preguntó con voz dura, mirando a Iván con una mezcla de irritación y preocupación.

Iván no respondió, ni siquiera se atrevió a mirarlo. En lugar de eso, intentó sonreír de nuevo, pero la presión de su colmillo contra el labio inferior dejó claro que no estaba tan tranquilo como intentaba parecer.

Till se detuvo bruscamente, girando hacia él. Su mirada era gélida, pero detrás de la indiferencia había una genuina preocupación.

—¿Es que eres un idiota o qué? —le espetó, con la voz cargada de molestia—. ¿De verdad estás tan ocupado con tus maquetas como para olvidarte de lo más básico, como alimentarte? Esto no es un maldito proyecto, ¡es tu vida!

Iván intentó defenderse, pero su voz se quebró al ver la intensidad en los ojos de Till.

—No es que me olvide... Solo... —trató de explicar, pero sus palabras murieron al ver el desprecio en la mirada de su novio.

—¡Calla y escúchame, imbécil! —le interrumpió Till, caminando hacia el lugar donde normalmente compraban algo de comida—. Ni en tus peores pesadillas deberías estar saltándote el almuerzo, y lo peor es que ni siquiera tienes la decencia de admitirlo. ¡Qué frustrante!

Iván se sintió avergonzado, pero algo en el tono de Till lo hacía sentirse, a pesar de todo, querido. Era como si, aunque estuviera siendo un idiota, su novio siempre estuviera dispuesto a cargar con la culpa por él.

—No es para tanto... Planeaba que este fuera mi almuerzo para pasar el rato contigo —murmuró Iván, intentando restarle importancia, aunque sabía que era inútil intentar minimizar las cosas frente a Till.

Till no respondió, pero su actitud hablaba por él. Con una ligera sonrisa burlona, levantó una ceja y con un movimiento rápido tomó la muñeca de Iván, acelerando el paso sin esperar su consentimiento. Manteniendo su espalda recta y con una seguridad que solo él poseía, de vez en cuando reajustaba el peso de la mochila de Iván, que se le deslizaba de los hombros, como si fuera algo completamente normal.

—¿Dónde dijiste que estaba la cafetería? —preguntó Till con tono indiferente, como si no le importara si Iván sabía el camino o no.

—Fuera, al lado de la universidad. —Iván trató de no mostrar que le sorprendía la rapidez con que Till se había hecho cargo del día.

La cafetería a la que Iván quería ir era una nueva, pero con una particularidad: solo estaría disponible por un tiempo limitado. Era un local temático de Sanrio, creado por temporada, y la verdad, Iván no sabía si estar contento o algo triste porque debido a sus proyectos de la universidad esta sería la única vez que podría ir. Todo el lugar estaba decorado en tonos pastel, con los personajes que tanto le gustaban. Iván, al principio, se mostró asombrado, pero cuando vio la larga fila, su entusiasmo se desvaneció un poco.

—Podemos venir otro día si no quieres esperar —sugirió Iván, al ver la cara de frustración de Till—. Si vamos más allá, hay un local de sopas donde-

—¿Reserva a qué nombre, señor? —Una mesera, con una sonrisa profesional, interrumpió justo en el momento. Ella había tomado su dispositivo y ya estaba consultando la lista.

Till, sin perder tiempo, se acercó. —A nombre de Till, mesa para dos —respondió con un tono suave como de costumbre al interactuar con gente ajena.

Iván, completamente sorprendido, apenas pudo reaccionar. ¡Till había hecho una reserva? ¿Cómo era eso posible? ¡Ni siquiera Iván había podido conseguir una cuando había intentado hacerla en su momento! Recordaba cómo se había quedado despierto hasta las cuatro de la mañana, esperando que la página de reservas no fallara. Pero no alcanzó a tiempo, y ni siquiera logró un cupo.

La mesera, sin decir nada más, les indicó que pasaran, mientras Till, como si nada, seguía guiando a Iván por el pasillo. Iván lo miró, boquiabierto, pero Till no pareció notar la sorpresa en su rostro.

Al llegar a la mesa, Till le dedicó una sonrisa tranquila a la mesera, que, visiblemente afectada, respondió con un leve color rojizo en sus mejillas. Iván observó la interacción, una punzada de celos subiendo por su pecho, aunque rápidamente la desechó. ¿Qué sentido tenía sentirse celoso por algo tan trivial? Además, él mismo estaba profundamente agradecido con Till. Sabía lo difícil que era conseguir una reserva en un lugar tan popular, y ahora, aquí estaba, sentado en una mesa de ese café tan deseado, gracias a su novio.

A pesar de la pequeña chispa de celos que había sentido al ver cómo la mesera reaccionaba ante el comportamiento tranquilo de Till, Iván dejó escapar un suspiro y forzó una sonrisa. Cuando la mesera se retiró, Iván miró a Till con algo de timidez.

—No sabía que habías hecho una reserva... ¿Cómo lo lograste? —preguntó, intentando que su tono sonara lo más natural posible.

Till, sin hacer caso a los susurros que aún flotaban en el aire, se dejó caer en su asiento, sin perder su actitud relajada.

—Imaginé que algo así iba a pasar, y sabes que siempre estoy un paso adelante. Incluso de ti —respondió con arrogancia, antes de sacar la carta del menú y empezar a hojea con desgano. Aunque su actitud era de presunción, Iván sabía que en el fondo Till se sentía satisfecho con poder cumplir con algo que él quería tanto, ya que las comisuras de sus labios parecían luchar por no sonreír.

Iván, aún un poco afectado por la rápida interacción, no pudo evitar sentirse extremadamente feliz. Lo que había comenzado como una ligera molestia pasó a ser una sensación de gratitud que lo invadió de inmediato. Pensó en lo afortunado que era de tener a alguien como Till a su lado. Quizás Till podía mostrar su lado cortés a otras personas, pero eso no era más que una máscara, una que solo Iván, además de él mismo, conocía. No le molestaba la actitud de su novio hacia los demás, sino cómo ellos reaccionaban ante ello.

Tras un rato mirando la carta, Iván seguía indeciso sobre qué pedir de los dos platillos promocionales de Cinnamoroll. Lamentablemente, el tiempo no fue suficiente para que pudiera pensarlo un poco más, pues la mesera regresó a la mesa.

—¿Ya decidieron qué van a pedir?

Till respondió de inmediato —Sí, pediré un... —Comenzó a leer y especificar algunos acompañamientos de un platillo simple, junto con una bebida fría. Iván aprovechó la oportunidad para decidir de una vez por todas su pedido, aunque aún estaba indeciso.

La mesera apuntó en su libreta, pero al notar que Iván no la miraba para ordenar, se dirigió nuevamente a Till con algo de timidez.

—Ehh, ¿su amigo va a ordenar algo?

—¡Sí, pediré algo! Solo... ah.

En ese instante, Till le arrebató la cartilla, mirando la página en la que Iván se había quedado embelesado. Levantó una ceja y, sin pensarlo mucho, comentó: —¿Entre cuáles no te decidías?

Iván tragó con dificultad, un poco avergonzado —El especial tres y cinco.

—Bien —dijo Till con firmeza, luego de echar un vistazo a la carta—. Pediremos ambos.

Iván se quedó nuevamente en blanco, queriendo replicar, pero la mesera fue la que habló primero, visiblemente incómoda por el cambio de actitud de Till.

—¿Está seguro, señor? Si pide el especial tres y cinco, podría ser demasiado para su amigo... —dijo la joven, con un destello de preocupación en sus ojos—. ¡Puedo recomendarle...

—Gracias, pero... —Till sonrió, pero ya no era una sonrisa cordial, sino una que transmitía un claro mensaje de "solo lárgate de aquí". —Mi novio —recalcó con énfasis estas palabras— quiere de ambos. Si resulta ser demasiado para nosotros, simplemente lo pediremos para llevar.

La mesera, visiblemente incómoda por el cambio de actitud de Till, no dijo nada más. Hizo una ligera inclinación y se retiró rápidamente, dejándolos solos en la mesa. Iván, sin embargo, no se relajó del todo. Miraba la carta ahora cerrada sobre la mesa, con los dedos tamborileando en la superficie de manera distraída.

—Till, esos dos platillos son caros... Tal vez no me alcance para pagarlos. Yo quería invitarte aquí, pero con ambos... —su voz sonaba insegura, e Iván evitaba mirarlo directamente. Sabía que Till lo había hecho por él, pero la idea de no poder costearlo lo llenaba de inquietud.

Till, quien había estado revisando su teléfono con desinterés, levantó la vista y apoyó la barbilla en su mano, dedicándole una mirada tranquila. Por un momento, Iván pensó que lo regañaría por preocuparse por algo tan insignificante, pero no podría estar más equivocado.

—¿Y quién carajos dijo que tú ibas a pagar? —su tono era alg brusco, muy contradictorio a sus intencione—. Yo hice la reserva. Esto corre por mi cuenta.

Iván abrió los ojos sorprendido y sacudió la cabeza rápidamente. —¡Pero tú no tenías que hacer eso! Yo quería invitarte, no que tú...

—Ya —Till levantó una mano para interrumpirlo —Solo acéptalo ¿bien?

Iván bajó la mirada, mordiéndose el labio mientras jugaba con el borde de su servilleta. Till suspiró. Solo por esta vez...

Till suavizó su mirada y aprovechó para inclinarse un poco sobre la mesa, apoyando los brazos, y lo observó con una expresión cálida que contradecía completamente su usual actitud arrogante.

—¿No es mejor así? —preguntó en un tono más suave—. Tal vez ya lo hayas notado, pero a mí me hace feliz que me dejes hacer estas cosas por ti... Aunque sea pagar estos ridículos platillos de Sanrio. —El rio —¿Realmente te gustan muchos estos muñequitos, no? Siempre hablabas de ellos el mes pasado desde que anunciaron este lugar.

Iván finalmente alzó la mirada, y aunque todavía parecía avergonzado, no pudo evitar sonreír con timidez. —Gracias, Till. Es... es muy lindo de tu parte.

Viendo que Iván ya se había relajado, Till resopló como si quisiera desviar el tono emocional de la conversación. —Por supuesto que lo es. Soy el mejor novio que podrías tener. Ahora, relájate y disfruta, porque no pienso dejar que vuelvas a preocuparte por esto.

Iván rió suavemente, negando con la cabeza. Till siempre encontraba la manera de hacerle sentir que era importante, incluso en los pequeños detalles. Y si bien le gustaba mucho la actitud dura que tenía Till con él, no negaba que tambien amaba su lado tierno.

Cuando las bebidas llegaron, Iván ya se sentía mucho más tranquilo. Mientras le daba un sorbo a su batido decorado con orejas de Cinnamoroll, observó de reojo a Till, quien habia desviado la mirada un tanto avergonzado y con el ceño fruncido. Por un momento, Iván pensó que quizás no necesitaba nada más en ese instante.