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Pink Witch

Summary:

Mientras que Wooyoung apenas está aprendiendo a cómo se debe controlar sus poderes mágicos, sus padres deciden que es momento de mudarse. Él odiaba la idea, hasta que, sé encontró con su alma gemela para hacer travesuras: San.

O también la situación de que Seonghwa y Hongjoong toman la decisión de mudarse porque casi alguien descubre que su hijo mayor, Mingi, es un brujo.

Chapter 1: ★ Nuevo Hogar ★

Chapter Text

Wooyoung estaba tranquilo en la sala de estar, viendo la televisión que estaba puesta en un canal cuyo nombre no recordaba pero que transmitía un documental sobre cosas paranormales.

 

Es increíble cómo algo así podía hacer que su atención estuviera por completo, teniendo en cuenta que su mente trabaja con veinte pensamientos a la vez y que, era sensible a que cualquier cosa lo distrajera.

 

Bueno, también que no tuviera muchas ganas de hacer la tarea logró que le diera más importancia a la televisión.

 

¿Pero lo pueden culpar? ¡El documental comenzó a hablar sobre teorías que afirmaban la existencia de las brujas ! ¿Y qué es él? ¡Justamente un aprendiz en hechicería!

 

Fue inevitable, en realidad.

 

“Desde tiempos inmemorables existen en diferentes culturas del mundo la creencia de que hay personas que cuentan con cierto don, supuestamente, espiritual, ahora bien, intentamos entender a que se refieren con eso”—. Wooyoung asintió con la cabeza lentamente, viendo la pantalla fijamente y con tanta atención que casi parecía que no pestañea.

 

Él justamente era alguien que nació con ese don, aunque no lo parezca, dentro del ámbito de la magia hay diferentes formas de expresarla o usarla, hay personas que no pueden emitir la magia, pero, pueden crearla, otros no pueden hacer eso pero, quizás sí manejarlo y, por otro lado existen personas que ni siquiera pueden, percibir o verla, ¡O sea nada!, pero extrañamente este tipo de personas son los más comunes, hacienda que personas cómo él se vean obligadas a ocultar sus poderes o, cómo se refieren en el documental: Su don.

 

Bueno, en realidad él aún ni era capaz de hacer un “abracadabra” sin incendiar todo, pero un don sigue siendo un don.

 

¡Oh pero qué injusto es el mundo! ¡Con la de bien que se la pasaría jugando con amigos y magia si no existiera la posibilidad de que alguien lo llevará con la Santa Inquisición!

 

Ah, no, espera, la Santa Inquisición ya no existe ¿no?, bueno, da igual, de todas formas sus padres siempre le han dicho que pasaría algo malo sí revela sus poderes mágicos.

 

Tampoco es como sí pudiera en realidad tan fácil pero ejem, eso ya es otro tema.

 

Pero, en fin, por ahora sólo puede conformarse haciéndose una idea de cómo lo ve el mundo a personas cómo él sin saber que existen personas cómo él, con ayuda de ese documental, por ejemplo.

 

—“Martin Lleweys es un joven que asegura haber visto magia negra en acción, escuchemos cómo fue su experiencia”—.

 

«¡Oh, vaya!», pensó Wooyoung enseguida, viendo cómo en pantalla la cámara enfocan en un plano medio a un chico con una apariencia cansada. 

 

—“Bueno, sucedió que, estaba con un amigo en el bosque de noches caminando, cuándo de repente sentí una sensación rara y pesada”.

 

«En primer lugar, Martín, no deberían de haber estado en el bosque a esa hora, ¿Qué rayos les pasa?», se quejó en su cabeza, y ahora la imagen en pantalla cambiada a un bosque oscuro.

 

“Entonces, de la nada, mi amigo desapareció y—”.

 

La atención de Wooyoung fue desviada radicalmente a la puerta principal de la casa, que fue abierta por su hermano mayor, Mingi, y luego azotada con fuerza por este debido al apuro y nerviosismo que tenía.

 

—¿Qué bicho te picó?—, preguntó enseguida, viendo raro a su hermano mayor.

 

—¡¿Dónde están?!—, preguntó en cambio, Mingi, luciendo asustado. El menor se sobresaltó por el grito pero igual siguió manteniendo su expresión confundida.

 

—¿Quiénes?

 

—¡Nuestros padres, imbécil!—, aclaró, ahora más alterado, a lo que el menor ahora estaba molesto por escuchar el insulto hacia él por parte del pelirosa.

 

—Arriba, grandísimo, idiota—. Respondió con el ceño fruncido, pero el mayor no le prestó atención al insulto y sólo subió rápidamente las escaleras.

 

Wooyoung miró por dónde se fue el mayor, manteniendo una expresión incrédula.

 

Luego de unos segundos simplemente regresó su atención a la televisión lentamente.

 

—“Y eso fue lo que pasó”—. Dijo el cansado Martín en pantalla, dando por finalizado su relato. El pelinegro al notar eso, chasqueó la lengua, molesto.

 

—¡Oh, vamos!—, se quejó en voz alta, alzando los brazos en protesta por no haber sido capaz de escuchar el relato.

 

Culpa a Mingi por su desgracia.

 

—“Aquí tenemos al amigo de Martín, Arthur, que nos contará también su punto de vista con la experiencia en contacto con usuario de magia negra”—, explicó el narrador, causando que enseguida los ánimos de Wooyoung volvieran.

 

—¡Sí!, ¡Cuenta, cuenta!—, animó el pelinegro, a pesar de que las personas en pantalla no tienen ni la menor idea de su existencia.

 

—“Bueno, cómo contó mí amigo, Martín…”—, empezó a contar Arthur, que a diferencia del mencionado, mantiene una apariencia más estable, notó que al ver a los dos juntos parecía que toda la energía que le faltaba a Martín, Arthur la tenía. El chico intentó ignorar ese detalle y se concentró en el relato—“Estábamos en el bosque de noche, cuando de repente sentí qu—”.

 

¡Wooyoung!—, le llamó con voz fuerte y dura uno de sus padres, desde el fin de las escaleras.

 

El chico maldijo en su cabeza.

 

¡El mundo parecía estar en contra de que escuchará el documental!

 

[★]

 

Ya han pasado quince minutos desde que Wooyoung subió al segundo piso y desde hace diez minutos que persigue a sus padres por toda la casa, reclamando por la decisión que acaba de ser tomada, DE LA NADA.

 

—¿¡Cómo qué mudarnos?!—, preguntó, alterado, siguiendo a Hongjoong que saca varias maletas de su habitación y las deja en medio del pasillo, una sobre la otra formando una torre. El mayor de pelo negro simplemente suspira cansado sin perder el ritmo apurado.

 

—Wooyoung, no podemos perder el tiempo, ¡además la decisión ya fue tomada!—, sentenció, volviendo al cuarto para luego abrir otra maleta sobre la cama y meter en ella cuantas cosas pudiera.

 

El pequeño pelinegro chasqueó la lengua, hasta que vio a su hermano mayor llegar a la torre de maletas, también con un ritmo apurado y desesperado como su padre. El menor puede ver como el adolescente de pelo rosa está sudando un poco, pareciera que estuviera al borde de un ataque de ansiedad.

 

—¿¡Qué rayos pasó?! ¿¡Por qué nos vamos de la nada?! ¡¿Qué fue lo que hiciste?!—, empezó atacar a su hermano con preguntas y este hizo una mueca, pasando de él para tocar la maleta en lo más alto, con sus dos manos bien extendidas.

 

—¡No tengo tiempo para esto Wooyoung!—, le gritó para luego cerrar los ojos y concentrarse en las siguientes palabras que diría. —Viam cela, hanc rem ad optatum locum dirige—, y con eso, inmediatamente la maleta se levantó y, levitando, comenzó a moverse, en dirección a las escaleras, bajando cómo sí alguien invisible la sostuviera. El menor miró esto fascinado por un momento, pero enseguida recordó que aún seguía molesto, así que volteó a ver a su hermano otra vez con una expresión exagerada de enojo.

 

—¡No quiero mudarme!—, se quejó, de nueva cuenta y el adolescente de pelo rosa le miró estresado.

 

—¡Yo tampoco quisiera Woo, pero es lo que hay!, ¡Ahora deja de joderme y guarda tus cosas también!—, y con eso volvió a su tarea. 

 

¡El lenguaje!—, regañó Hongjoong desde su habitación, siendo ignorado por completo por los dos.

 

—¡Ahg!—, el chico pelinegro soltó un resoplido y luego bajó corriendo las escaleras, sin notar que le seguía una maleta, levitando.

 

Wooyoung llegó a la sala de estar donde antes veía el interesante documental en la televisión, que ahora, se encuentra en medio de un círculo dibujado en el suelo con tiza por Seonghwa, quien acomodaba las cosas que venían llegando mágicamente hacia él, dentro del círculo.

 

¡¿Por qué toda su familia está haciendo un excelente trabajo en equipo para dejar atrás todo lo que conoce?!, pensaba Wooyoung, irritado.

 

Se acercó a su padre de pelo rosa, que estaba concentrado en lo que hacía, lucía algo ajetreado, cosa que es rara en él cuándo normalmente es el más tranquilo en casa.

 

Wooyoung ve cómo una maleta pasa a su lado y siendo tomada por el mayor, haciendo que el hechizo se detuviera. El de pelo rosa brillante lo notó y enseguida le sonrió.

 

—¡Woo, ven, ayúdame con esto!—, le ordenó y el chico obedeció.

 

—¡Papá, no quiero mudarme!—, pero siguió quejándose.

 

—Lo sé, lo sé, pero…—, Seonghwa tuvo que hacer una pausa para acomodar la maleta, la soltó, luego tomó una caja y se la extendió al menor, que enseguida las tomó. —No tenemos opción—, concluyó, para después agacharse sin salir del círculo.

 

—¡Pero..!

 

—¿Puedes meter todo lo que puedas de la cocina en esa caja, por favor?—, el mayor interrumpió a su hijo menor, haciendo que se mordiera el labio con frustración. —Si cuándo la traigas llena aún no regrese la dejas aquí al lado y traes más cosas—. Wooyoung estuvo a punto de negarse pero el adulto colocó sus manos sobre las líneas dibujadas en el suelo y recitó un hechizo igual que Mingi: —Viam secat et omnia in area ad locum desideratum capit—. Y ¡Chas! De un momento a otro, todo lo que había en el círculo, inclusive su padre, desapareció.

 

Wooyoung, al hallarse solo, se sintió molesto. Miró la caja con fastidio y luego dió un suspiro.

 

No había de otra, de verdad se van a mudar.

 

El chico dió media vuelta sobre sus talones para dirigirse a la cocina, pero fue sorprendido cuando vio justo a la altura de su cara, una maleta flotante, junto a detrás de ella otro montón de objetos levitando.

 

—Quítate—, ordenó con molestia al objeto inanimado mientras lo apartaba con su mano libre cómo sí fuera un bicho.

 

Mala decisión.

 

Wooyoung había olvidado que al tocar el objeto el hechizo para que volará se rompe de inmediato.

 

Así que, causó que la gran y pesada maleta cayera sobre su pie izquierdo.

 

—¡Mierda!—, grito en un susurro dolido, saltando en una pierna cómo un imbécil.

 

¡El lenguaje!—, le regañó H

ongjoong desde el segundo piso, otra vez.

 

“¿¡Cómo es capaz de escucharlo!?”, se pregunta Wooyoung, viendo al techo con horror.