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El persistente y caprichoso llanto de un recién nacido se escucha a través de las delgadas paredes de su departamento. El llanto casi desesperado es molesto e interrumpe sus preciadas horas de sueño. Cuando se acostó en su cama lo único que pensó fue en tener una horas de sueño placentero, algo que estaba lejos de ocurrir. Hace algunas semanas se olvidó de como era dormir ocho horas sin interrupciones, al menos agradecía que el llanto no molestará a los vecinos.
El sonido era fuerte y cada vez lo irritaba más, se levantó con algo de pereza, no era como si pudiera resolver el problema, pero cualquier cosa era mejor que seguir intentando dormir en vano. Recorrió el pasillo y se deslizó hasta la habitación de enfrente, hasta que el llanto se escucho más alto y claro. La puerta estaba semiabierta y podía observar la luz del habitación salir por la brecha.
Se asomó como si fuera un ladrón, irónico ya que ese era su departamento; podía apreciar el perfil de la persona que susurraba una melodiosa canción en busca de calmar al pequeño bebé en brazos. Unos hombros pequeños, una silueta esbelta, sus brazos delgados que se remarcada a través de la ajustada camisa de botones, piernas tonificada y delicadas, pero lo más hermoso de aquella persona era sus impresionantes rasgos. Una pequeña nariz perfilada, unos ojos grandes y de un marrón oscuro, pestaña proveniente y de un tono platinado, unas cejas cortar y pobladas que le daban un semblante tranquilo y amable, su cabello algo largo y del mismo tono platinado, pero lo que más le gustaba de esa persona eran sus labios delgados y de color melocotón junto a ese característico lunar debajo de su ojo izquierdo.
—Suga —lo llama en un tono bajo y tranquilo.
Él mira en su dirección, girando sobre su torso sin dejar se sostener con cuidado al pequeño bebé. Sus ojos lo miran con algo de pena y una floja sonrisa aparece en su rostro, le pide una silenciosa disculpa por el ruido.
—Kageyama, lamento el molesto llanto.
Sin embargo, aquel sonido disminuye y se convierte en solo un débil sollozo, eso hace que los tensos hombros de Suga se relajen. Él niega con cuidado.
—No me molesta, simplemente no podía dormir por el estrés —agrega tras unos segundos, miente.
—Oh, puedo preparar un té si gustas.
Sus brazos mecen al bebé que finalmente parece querer dormir. Con delicadeza lo deja sobre la cuna, cuidando que no haya nada peligroso alrededor, por lo que decide quitar el oso de peluche de la cuna.
—No es necesario. Te ves cansado.
—Cuidar de un bebé es más difícil, llora a cada rato, apenas y puedo dormir, de verdad que no entiendo porque no duerme durante la noche, pero sí todo el día —una débil sonrisa se asoma y la imagen de enfrente le parece única, pero pronto se deforma por una mirada de culpa—. Lo siento, debes estar demasiado cansado y el llanto no te deja dormir. Mañana tienes exámenes, será difícil para ti.
—No importa, estoy seguro de que pasaré, al final tu eres un gran maestro.
La sonrisa que Suga le regala es única y la guarda en los momentos más preciados en sus memorias. Al final ambos terminan durmiendo en la cama que colocaron en el cuarto del bebé, la cama individual los obliga a dormir uno pegado al otro y están bien con eso, la calidez del otro cuerpo es suficiente para que pronto se encuentre cómodos y cálidos.
Kageyama valora ese instante, puede oler de manera ligera el encantador aroma que Suga desprende y lo único que puede hacer es enterrar su rostro en el hueco entre el hombro y cuello de su acompañante. Le encantaría poder quedarse así toda la vida.
▃▃▃▃
—Sí, ya dije que sí, ya estoy llegando —con una amable y coqueta sonrisa saluda a las hermosas mujeres que pasan a su lado acompañadas de sus hijos, quienes desconocen a que se debe el tono rojo en las mejillas de sus progenitora.
Oikawa no desaprovecha ninguna oportunidad para tratar de ligar con alguna linda persona, es alguien egocéntrico y que ama ser venerado y no tiene miedo de demostrarlo, aunque todas sus conquisto terminan en algo pasajero y sin un verdadero compromiso a pesar de sus palabras.
Ese día había accedido a pasar por su sobrino al colegio como agradecimiento a su hermana mayor por sucesos pasados en donde intervino a su favor. Realmente no quería ir a recoger a ese niño, sin embargo, su hermana paso de un simple favor a una amenaza si no iba por su hijo. Así que tras insistentes llamadas que monitoreaba que cumpliera con la orden finalmente llego al colegio.
—No te preocupes, cuidaré de mi sobrino, bye bye sister —y colgó la llamada sin terminar de escuchar a la mujer, quien seguramente se molestaría por su acción.
Camino hasta la entrada del colegio, atravesando el patio delantero de la institución, había dos maestras en la entrada revisando que lo menores tuvieran cuidado al salir. Su sobrino no tardó mucho en aparecer acompañado de sus amigos, una sonrisa traviesa apareció en la comisura del hombre castaño al verlo al niño caminar hasta él, sin embargo el menor lo ignoró y pasó de largo. Su relación no era mala, sin embargo era peculiar.
—¿Cómo te fue? —tarareo mientras caminaba detrás del niño.
—Como siempre —escasa y seca fue su respuesta.
Él hubiera estado apunto de llevar esa repuesta a una conversación en donde podría preguntar, siempre como ayer o siempre como antier, en donde nada de sus palabras tendría sentido y su sobrino lo observaría como un loco, un loco que respeta de alguna manera. Sin embargo, sus palabras mueren en su garganta mientras observa a la persona que pasó a su lado sin pretar atención a su llamativa persona.
No es molesto ser ignorado por desconocidos, menos cuando el tampoco insite en llamar su atención, sin embargo en esta ocasión ha sido diferente, tal vez por la brisa de aire primaveral que mueven y danza con los cortos mechones de color oscuro de aquel hombre frente a él. Posiblemente sea su vestimenta cómoda y casual junto a un maletín que han logrado atraer su atención. O bien que esa persona sea atrayente, un perfil, que es lo único que logro observar muestra rasgos bien definidos, un rostro atractivo, alguien que caerá a sus pies.
—Dime, ¿cómo se llama él? —pregunta a un desconcertado niño, quien tras unos segundos mira a su tío con una burla sonrisa.
—Olvídalo, se dice que está casado y es maestro de lengua extranjera de los últimos años, el próximo año me dará clases —agrega lo último con algo de burla ante la suerte que él tendrá, mientras que Oikawa solo podrá observarlo como un objetivo fuera de su alcance.
—¿Casado? Eso parece imposible para mí, sin embargo, dijiste que "se dice" o sea que no es del todo cierto —declara como si hubiera ganado.
Su sobrino sólo puede golpear su cara con su mano sin intentos de detener el camino de su tío dirigiéndose a donde su futuro maestro caminaba.
Fueron unos apresurados pasos antes de estar detrás de aquel azabache. Aclaró su garganta, sin embargo, no consiguió la atención que esperaba. Así que paso de un intento fallido a la acción.
—Hola, soy Oikawa Toru, mi sobrino estudia aquí —dice caminando a lado joven, mismo que le mira algo confundido antes de asentir.
—¿Ah? Un gusto, soy el profesor Kageyama. ¿Tiene algún problema en que pueda ayudar? —tiene un tono firme y la vez neutro, le agrada a Oikawa.
—Ninguno, pero quería presentarme y tal vez podamos ir a tomar algo.
Coqueta. Sonríe y es agradable, sin embargo, su encanto no es suficiente para hacer que su invitación sea aceptada, en cambio un ceño fruncido aparece y cree, no, él sabe que fracasó.
—Ha dejado a su sobrino atrás —declara observando al niño que lleva segundos viéndolos.
—¿Eh?
—Debe tener más cuidado al cuidar un niño, es un lugar seguro la escuela, pero no por eso puede quitarle la atención a su sobrino —entonces Oikawa se ofende.
—Cuido de mi sobrino muy bien —declara dejando atrás cualquier coqueteó. Las palabras en sí, no le molestaron, pero el tono fue ofensivo.
—Entonces no lo deje atrás y veo que no es ninguno de mis alumnos, no creo que tenga ningun tema que tratar conmigo.
Takeru observa como su tío es sermoneado por su próximo maestro y decide en un acto de respeto y vergüenza por su tío acercarse a donde ambos adultos están y ayudar.
—Mi tío quería saber cómo será la educación que recibiré en el siguiente años, le comenté que usted me daría clase el siguiente año y quiso conocerlo. Me dio pena acercarme y por eso me quedé atrás, no piense que es culpa de mi tío.
Kageyama los mira desconfiado, sin embargo, tras uno segundo asiente con tranquilidad, tal vez porque se trata de uno de sus próximos alumnos, da una corta respuesta a esa declaración y una despedida algo vaga. La irritación por la incompetencia de Oikawa disminuye y se marcha tranquilo.
—Me debes una.
—Sí, sí.
—¿De verdad te interesa? —inquiere tras unos segundos— El maestro Kageyama es alguien muy querido y respetado, pero es un beta, tu sueles salir con omegas.
—¿No eres aún muy pequeño para conocer esos temas?
—Mamá me habló de eso, mencionó un día "ese tonto alfa de Oikawa" y me dio curiosidad —menciona con inocencia, tomando algo desprevenido al alfa.
—Así que te explicó ese tema gracias a su insulto a mi persona. Bueno, no importa porque tu tío preferido nunca discrimina a nadie, sea omega, beta o alfa igual saldré con ellos si son atractivos.
Declara, siendo sincero en cada palabra, sus antiguas parejas que no dudaron más de dos meses son una prueba, su relación más larga fue con una alfa de la cual nunca se aprendió su nombre, pero si tenían algo en común con su antiguas relaciones era su atractivo. Pasajeras han sido cada situación amorosa en la que ha estado rodeado, nada duradero o verdadero, un trato mutuo de simple necesidad por afecto y la imagen de una buena pareja para levantar la envidia.
Algo que el pequeño de 9 años no entiende, pero el niño tampoco desea preguntar más, no es de su interés un tema que es reservado para la vida adulta. Apenas ha logrado entender lo más básico en las casta de la sociedad basadas en aquel segundo género.
—Ah, cierto, Kageyama-sensei parece tener un hijo —sin mala intención dice, pero el color en la ya blanca piel de su tío desaparece.
Un hijo, la palabra rebota en su mente, esas son ligas mayores, algo a lo cual no está dispuesto a enfrentarse, quiere coquetear, algunas muchas noches de pasión y luego ambos se aburren y cada uno sigue su camino con un vago recuerdo de quien alguna vez fue su amante, sin compromiso. Pero le encanta la sensación de saber que alguien tiene más que un sentimiento de utilidad hacía su persona, su egocéntrico le hace desear que todos piense en él y tarden demasiado en olvidarlo, que les fuera imposible. Y no quiere que esta vez sea diferente, siempre ha conseguido lo que quiere, algo pasajero y sin responsabilidad es lo que busca con ese atractivo beta, aunque ahora debe pensar más en su estrategia.
—Bueno, tal vez podamos dejar al niño en alguna guardería —bromea tras unos segundos, pero su sobrino no entiende y tampoco pregunta.
—Es un niño pequeño de 5 años, algunos dicen que es su sobrino ya que no se parecen —explica Takeru, solo diciendo lo que conoce, aunque también lo acompaña un tono curioso.
Y eso de nuevo enciende el interés de Oikawa, aquel beta le ha interesado desde el comienzo, su rostro atractivo y esos ojos enigmáticos y llamativos, hace unos meses que no tiene ninguna relación por más pasajera que sea, piensa que no le importa tener de nuevo pareja, y a lo visto ninguno de ellos tiene compromisos, aunque su primera interacción no fue la mejor, le agradó ese carácter fuerte que el beta demostró tener, pero algo que llama la atención del alfa es como el corazón le palpita tan rápido desde que su mirada se encontró con la del joven maestro.
