Actions

Work Header

Vivo

Summary:

¿Qué pasaría si a Ajaw se le antoja seguirle los pasos a Ixlel?

Notes:

yo quería seguir mi otro fic pero las consecuencias de tomarme en serio al comic relief me alcanzaron finalmente

PERDONENME ESTÁ UN POCO RANCIA LA ESCRITURA pero es que estaba sintiendo Vibraz no Descripciones en HD ok kfnwnf además este fic no tenía q existir fue mi hijo no deseado

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

No era raro que Kinich despertara de golpe en medio de la noche. A veces, el motivo eran las pesadillas que lo habían atormentado desde niño; otras, el estruendo inconfundible que anunciaba que Ajaw estaba tramando algo o, más probablemente, provocando algún desastre. 

 

Esa noche, sin embargo, fue distinto. Sus ojos, habituados a la penumbra, no detectaron nada fuera de lugar. No había rastro de lágrimas ni el eco desbocado de un corazón acelerado, y al afinar el oído, solo encontró el murmullo del viento deslizándose por las rendijas y un silencio pesado que parecía envolverlo todo. 

 

Con extrañeza, Kinich dejó que su mirada siguiera el rastro de la brisa helada que lo había despertado. Fue entonces cuando lo vio: un débil resplandor amarillo que asomaba tímidamente entre las cortinas entreabiertas de la ventana.

 

En el marco de la ventana, Ajaw parecía insignificante frente a la inmensidad del cielo nocturno de Natlan. Por la inclinación de su cabeza, Kinich supuso que su mirada estaba fija en la luna. Consideró dejarlo en paz y volver a la cama, pero esta vez, la curiosidad ganó. Caminó descalzo, sin ruido, hasta acercarse.

 

—Ajaw —llamó, en un tono bajo, apenas lo suficiente para quebrar el espeso silencio.

 

Ajaw no se inmutó. —Sirviente —respondió sin mirarlo, apenas dignandose a reconocer su presencia. Aún así, su tono era suave, con ese matiz particular que reservaba para los momentos en los que su habitual arrogancia habría estado fuera de lugar.

 

Kinich se apoyó contra la pared, cruzando los brazos. —¿En qué piensas? 

 

Pasaron unos largos segundos, y Kinich pensó que quizá no obtendría respuesta alguna, hasta que Ajaw finalmente habló, tono casual y plano a la vez.

 

—Ah, en nada importante. En fin, ¿alguna vez esa cabecita tuya se ha preguntado si hay alguna manera de matarme?

 

Kinich se detuvo en seco, congelado en mitad de un paso. —¿Qué? —Su voz salió más aguda de lo que pretendía, pero las palabras lo habían tomado por completo por sorpresa.

 

—No sería difícil decirte cómo hacerlo. Incluso podrías hacerlo ahora ya.—replicó Ajaw, su voz cortando el silencio con una extraña y fría certeza. Todavía no se molestaba en mirarlo.

 

—¿Y esto a qué viene? —preguntó Kinich, inclinándose apenas para observarlo mejor. La brisa que entraba por la ventana le rozó la piel, pero el frío que sentía no venía de allí.

 

—Eh, no importa —respondió Ajaw con simpleza, como si solo hubiese ofrecido un dato trivial y no una forma de acabar con el autoproclamado Señor Dragón. El espiral que era su cola se agitaba sutilmente al viento, sosteniendo algo pequeño y redondo.

 

Los labios de Kinich se tensaron en una línea delgada.

—Lo que sea que estés sugiriendo no es parte de nuestro trato.

 

Ajaw finalmente se volteó a mirarlo, y el flogisto verdoso de su mirada le resultó entonces indiferente e indescifrable.

 

Por supuesto. Porque eso es lo único en lo que se ha convertido mi existencia: un trato.

 

Kinich guardó silencio por un momento. Si algo bueno podía decirse de Ajaw, más allá de su ocasional utilidad, era que no solía cargar emociones en las cosas que realmente importaban. Sí, hacía berrinches. Daba declaraciones dramáticas de grandeza y amenazas vacías. Pero eso era más bien ruido de fondo, jueguitos baratos. Ajaw nunca hablaba de cosas que hicieran a Kinich sentir… esto. Esta extraña e incómoda presión en el pecho, como si lo arrastraran a una tormenta de sentimientos ajenos que no estaba preparado para enfrentar.

Él no era el tipo de persona que tuviera palabras para momentos así. Lo que fuera que Kinich había sido hasta ahora en la vida—hijo, cazador, portador de un nombre antiguo—no incluía ser alguien que ofreciera consuelo. Aún así, no podía dejar que el silencio entre ellos se prolongara.

 

Su mirada se desplazó hacia la pequeña esfera que Ajaw sostenía con la cola.

—¿Eso no es lo que te regaló el Viajero antes?

 

—Sí. —Las patitas cuadradas del dragón, donde quizás había un equivalente a sus garras, se cerraron alrededor del objeto con un aire protector. Éste reflejaba la luz de la luna en su tono verdeagua, con un brillo tenue. —Qué bueno saber que aún ves bien. —intentó agregar con su tono ácido habitual.

 

Kinich ladeó la cabeza, entrecerrando los ojos con curiosidad.

—¿Qué es?

 

—Oh, ya sabes —replicó Ajaw con burla, aunque sus ojos no se apartaron del objeto en su agarre—. Solo el literal corazón de alguien que conocí. De alguien que, quizás, nos importó.

 

Kinich parpadeó un momento, curioso. Recordaba cómo el Viajero se veía dudoso antes, sacando el objeto de su bolsa con manos cuidadosas y una expresión solemne. Había dicho algo vago, acerca de encontrarlo en circunstancias extrañas—pero había algo más ahí que se sentía privado, importante. Luego, se había dirigido específicamente a Ajaw, ofreciéndole la esfera con un peso que implicaba que devolvían algo más que un simple objeto. "Creo que ella habría preferido que tú lo tengas" habían sido sus palabras.

 

Desde entonces, Ajaw había estado… apagado. 

Silencioso, incluso. Con menos comentarios mordaces y menos comportamientos merecedores de tiempo fuera. Kinich lo había atribuido a uno de sus muchos cambios de humor, hasta ahora. No había esperado...esto.

 

—Así que estás de luto —dijo Kinich, sin intención de herir, aunque las palabras sonaron directas.

 

Ajaw giró la cabeza bruscamente para mirarlo, el movimiento casi imperceptible en su diminuta forma.

—¡Yo no lloro pérdidas! —espetó, cortando cada palabra como si fueran huesos quebradizos—. Estoy… superado. Es más por lo que significa, ¿entiendes, insecto insensible?

 

Kinich alzó una ceja, esperando.

 

Ajaw se movió, desenrollando su cola antes de que esta se agitara y volviera a acomodarse. Su voz se suavizó, apenas.

 

—Significa que todo se ha ido ya.

 

El aire se espesó, y el peso que el chico sentía en el pecho se hizo más pesado también. No sabía qué esperaba—quizá un arrebato, o una de las declaraciones dramáticas habituales de Ajaw. Pero este silencio estaba lleno de palabras no dichas, especialmente para él, que había conocido a Ajaw tanto tiempo.

 

Ese "todo se ha ido" no era un simple lamento. Era, más bien, algo como: Mi Natlan se ha ido. Mis seres queridos se han ido, incluso mi cuerpo—todo lo que me anclaba a lo que alguna vez fui, se ha ido, y sin embargo, sigo aquí.

 

—...Y quieres irte con ellos. —murmuró Kinich con voz plana, en una declaración que era más observación que conclusión.

 

Ajaw soltó un bufido, pero era más débil que de costumbre.

—No es como si… como si estuviera vivo de verdad, de todas formas.

 

Kinich ladeó la cabeza, evaluándolo.

—Pues comes, te enfermas, me molestas, y sobrevives. Creo que eso cuenta como estar vivo. —Explicó, y sin pensarlo mucho, extendió la mano, sujetando la cola del dragón como quien toma una mano. Las escamas, condensaciones de flogisto, eran calidas y suaves bajo sus dedos, y, por primera vez, Ajaw no se apartó.

El dragón soltó una risa aguda, pero desprovista de su veneno habitual.

—Pfft. Eres terrible en esto.

 

—Probablemente. —El agarre de Kinich se tensó apenas—. Si realmente quieres morir, supongo que no te detendré. Pero no es eficiente.

 

Ajaw parpadeó, ladeando la cabeza con brusquedad.

—¿Qué?

 

—Luchaste por esta tierra y su gente… conmigo. Has estado conmigo todo este tiempo, esperando que mi cuerpo caiga para poder tomarlo. —La voz de Kinich era neutral, práctica, como si discutiera un trabajo—. ¿Por qué rendirte ahora? Me decepcionas, la verdad.

 

Ajaw lo miró, sus ojos verdes indescifrables por un largo momento. Luego, se giró con irritación hacia la ventana, aunque su cola permaneció en el agarre de Kinich.

—De verdad eres un bastardo insensible —murmuró.

 

Kinich desvió la mirada hacia la ventana abierta, la noche extendiéndose frente a ellos con una indiferencia fría y silenciosa. Tomó aire, sabiendo que quizás iba a decir demasiado. Entonces, su voz, baja y constante, rompió el silencio.

—Alguna vez, estar vivo me fue suficiente para seguir adelante. Pero ya no es así, porque si luché por todo esto… es porque vale algo. Luché por otro día haciendo encargos, soportando los planes locos de dos lunáticas, y claro, otro día discutiendo tonterías contigo.

 

Ajaw se congeló, dándose la vuelta para mirarlo nuevamente. Su boca se abrió ligeramente, y por un instante fugaz, su rostro—si es que podía llamarse así—mostró algo vulnerable, casi inocente. Un par de cuadrados rosados aparecieron débilmente en lo que podrían ser sus mejillas, parpadeando como fallos en su fachada.

Pero el momento pasó. Su mandíbula se cerró de golpe, y sus píxeles se transformaron en una sonrisa amplia y arrogante.—¡Ja! Así que te has ablandado después de todo. Ya era hora de que admitieras que amas servir a tu amo.—Dijo con su confianzudo tono habitual.

Kinich rodó los ojos, y soltó un suspiro. —Lo que sea. Solo no mueras bajo nuestro contrato. Sería molesto.

Ajaw se quedó mirándolo, una pequeña sonrisa estática en su expresión simple. Esta vez, era algo más contenido, menos teatral. Su voz se suavizó, casi irreconocible en su sinceridad.

—Gracias.

 

Kinich no preguntó por qué. Por sacarlo de su espiral, tal vez. Por preocuparse, a pesar de todo. Por unirse a él en una soledad que parecía insuperable. No importaba. No era el tipo que buscara respuestas.

La cola del dragón se enroscó más fuerte alrededor de la mano de Kinich, sin buscar dañarlo, sino más bien como una mano contenta.

En ese instante pasajero, ninguno dijo nada más. El silencio no era pesado, ni incómodo; estaba lleno de ese algo tan mutuo y tan propio del estar juntos.

 

Se sentían vivos.

Notes:

kinich fue muy pesao con ajaw en el AQ y el SQ de mavuika así q lo castigue con la peor tortura: tener que darle apoyo emocional a su pololo 2d