Chapter 1: La Noche De La Transformación
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A la media noche, cuatro miembros del equipo Platinum fueron a completar una "dungeons", la cual no era muy común. Un miembro del servidor había escuchado ruidos cerca de una cueva, quien rápidamente llamó al admin para avisarle de los recientes ruidos insoportables.
—Esto va hacer fácil PAA— Habló energéticamente el mono, adelantándose.
—Acuérdense, todo lo podemos hacer plata— Dijo el fan del mate, mirando seriamente al farfano.
—No, puede tener lore del bueno— Se negó el gladiador fan del lore. Siempre que iban a una dungeons tenían la misma discusión.
—Che, tengo sueño, vamos hacer esto rápido así nos vamos a dormir— Se quejó la ex vtuber. Nadie la culpaba, después de todo fue culpa del farfano quien la despertó de su sueño matutino.
—Bue, cierren el orto que casi llegamos. Rich me dijo que por acá escucho los ruidos, y como administrador tengo que ver si todo está correcto—Exclamó ya arto de sus amigos.
—AYY, el y su novio, ¿para cuando la boda? Trolo muerde almohada—Se burló Amílcar, haciendo reír a Suwie y el posho. La cara del farfano no era muy de bueno amigos, no le gustaba que jodan con su amigo, además que él también tenía sueño, no estaba de humor.
[...]
Era de noche, terminaron de hacer la dungeons, no era muy complicada, un par de monstruos que fácilmente mataron y listo, ahora tocaba afanar todo lo que veían.
—¡FUA, MIRA ESTA ESPADA!— gritó Amílcar emocionado, ya estaba pensando a cuánto la podía vender, pero no estamos acá para ver a Amílcar poner precios, mejor vamos a ver qué hace el farfano.
Farfadox se encontraba solo en la cueva, se había separado de sus amigos porque quiso explorar más la cueva. Era húmeda y oscura, parecía película de terror, ya que se podía ver hasta las telarañas, ni hablar de los ruidos que producía la misma cueva y de lo grande que era el boludo se perdió.
—Concha, tenía que haber venido con algunos de los chicos— Se quejó, la cueva le daba escalofríos, sentía un mal presentimiento, tenía piel de gallina. Escuchó un ruido, el gladiador al instante se puso a la defensiva, por la oscuridad no podía ver mucho, así que dependía de su sentido auditivo. Bruja, una bruja era lo que escuchaba, la hija de puta era rápida, no le podía dar con la espada.
Escuchó como estaba atrás de él, quiso golpearla pero lo único que logró fue hacerse daño golpeando la misma pared. La escuchó de nuevo, se estaba riendo de lo regalado que estaba el farfano. El caballero enojado fue corriendo hacia ella, fue ahí donde sintió un frasco romperse en su cabeza.
—¿Una poción?— pensó el caballero, se sentía cansado de un momento a otro además su mundo se agrandaba produciendo le un gran mareo, ahí la vio, vio como ella se reía de él, gritó con todas sus fuerzas para después caer dormido.
[...]
Volvamos con el grupito de 3, quienes estaban en una "pelea" para ver quién era mejor en chamuyarse a una mina.
—Dale, amigo, admite que gané— Habló Gian arto.
—Pshh, sí, sí, posho, tienes razón— Dijo sarcásticamente Suwie, mientras Amílcar afilaba las espadas y sonreía.
—Che, Farfa no se está tardando mucho— Volvió a hablar la chica gato, no era muy común que el caballero tardara tanto.
—Na, vos tranquila, seguro está por ahí viendo el lore, viste— Habló Amílcar sin darle mucha importancia a la tardanza de su amigo, tranquilizando a la ex, Tranquilidad que duró poco al escucharse un grito.
—¿Qué fue eso?— Preguntó la vtuber asustada.
—Sonó como si viniera de allá—Dijo Gian, señalando hacia la oscuridad.
—¡Vamos!— Ordenó Amílcar con preocupación
Los tres corrieron hacia el lugar de donde provenía el grito, listos para enfrentar lo que fuera que estuviera sucediendo.
—¡Farfa!—Gritó Gian, llamando a su amigo. No hubo respuesta. Solo silencio —¡Farfa!— Volvió a gritar, esta vez con más desesperación.
De repente, escucharon un ruido extraño. Parecía como si alguien estuviera riendo.
—¿Y eso?— Preguntó Suwie, asustada.
—Que se yo— Respondió Amílcar, sacando su espada —Pero vamos a encontrar a Farfa y salir de esta mierda—
Los tres avanzaron con cautela, listos para enfrentar lo que fuera que estuviera sucediendo.
El mono decidió adelantarse a sus amigos, corriendo lo más rápido que podía hacia el lugar de donde provenía el grito de ayuda. Su corazón latía con ansiedad, temiendo lo peor. Mientras corría, escuchaba los pasos de sus amigos detrás de él, pero sabía que debía llegar lo antes posible para ayudar a Farfa así que corrió lo mas rápido que podia.
Finalmente, llegó a una gran caverna y vio una pequeña silueta tendida en el piso. La figura parecía frágil y vulnerable. La bruja estaba de pie junto a el, con una poción en la mano. Gian se sintió un escalofrío al verla, se escondió detrás de una roca observando la escena con horror. La bruja se rió.
Gian se escondió detrás de una roca, observando la escena con horror. La bruja, estaba de pie junto a Farfa, quien yacía inconsciente en el suelo. ella estaba puteando y gritando, claramente enfurecida.
—¡Mierda!— gritó la bruja —¡Me equivoqué de poción! ¡Tenía que darle la de debilidad!—
El hibrido mono se sorprendió al escuchar las palabras. ¿Qué quería decir con eso? ¿Por qué quería debilitar a Farfa?
Pero antes de que Gian pudiera hacer algo, la bruja se acercó a Farfa con una sonrisa maligna en su rostro.
—No importa— dijo riendo —Aún así, voy a matarte. Y no habrá nada que puedas hacer para detenerme—
Justo cuando estaba a punto de matar a Farfa, Amílcar y Suwie llegaron corriendo y la detuvieron.
—¡No!— gritó Amílcar. —¡No vas a matarlo!—
La bruja al ver que no estaba sola escapó tirando una bomba de humo. Gian se lanzó hacia Farfa para despertarlo, y este se despertó con un sobresalto, mirando a su alrededor con confusión y miedo.
—¿Qué... qué pasó?—Preguntó con voz temblorosa, su voz temblando de miedo por el miedo y la confusión.
Gian se arrodilló junto a él, tratando de calmarlo.
—Tranquilo, Farfa, estamos acá para ayudarte—Dijo Gian tratando de tranquilizarlo.
Pero Farfa no parecía tranquilizarse. Miraba a sus alrededores, viendo a Amílcar y a Suwie
Suwie se acercó a él, mirándolo con tristeza. Trataba de encontrar las palabras adecuadas para decirle a Farfa la verdad sobre su situación.
—Farfa...—Empezó con voz suave y compasiva.
Farfa la miró, esperando a que continuara.
—Che Farfa, tenes que saber esto—Dijo Suwie, tratando de encontrar las palabras adecuadas.
Farfa la miró con curiosidad, esperando a que le dijera qué era lo que tenía que saber con impaciencia.
Suwie respiró profundamente antes de continuar.
—Sos un nene—Dijo finalmente, su voz apenas audible.
Farfa la miró con su rostro pálido y asustado, para cambias a una expresión de completa confusión.
—descubriste américa— hablo como si fuera evidente, para después cambiar su expresión —¿Quiénes son?— Preguntó Farfa, su voz aniñada llena de irritación
Gian, Amílcar y Suwie se miraron entre sí, sorprendidos y consternados. Se dieron cuenta de que Farfa no los reconocía, y que su nueva realidad como niño era algo que no podían cambiar. La mirada de tristeza y compasión que se cruzaron entre sí hablaba por sí sola: estaban perdidos y no sabían cómo ayudar a su amigo.
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Me desperté con un sobresalto, rodeado de gente que no conocía. Mi corazón latía con rapidez y mi mente estaba confundida. ¿Dónde estaba? ¿Quiénes eran esas personas? Miré a mi alrededor tratando de recordar algo. Pero mi memoria estaba en blanco. No recordaba nada.
Un mono alto, con tapa rabo hecha con hojas, se acercó.
—Tranquilo, Farfa, estamos aquí para ayudarte— dijo el mono con una sonrisa suave.
Yo no sabía quién era ni por qué me llamaba Farfa. Me sentí confundido y asustado. Miré alrededor buscando una salida para huir. Estar rodeado de gente sin conocer era peligroso.
De reojo, vi como la chica de pelo bicolor se acercaba a paso lento.
—Farfa...— llamó la chica con gorro de gato.
¿Farfa? ¿Quién es Farfa? ¿Se refiere a mí?
—Farfa, tienes que saber algo— continuó la chica con pelo bicolor, confirmo que me habla a mí... pero yo no sabía quién era ni por qué me llamaba Farfa. Además, ¿qué me tenía que decir y por qué tanto suspenso?
—Sos un niño— dijo la chica.
¿Qué? ¡Tanto para esa pelotudez!
—Descubriste América— dije enojado. Si no fuera porque son mayoría, ya estaría fuera de esta situación
—¿Quiénes son?— interrogué.
La chica me miró con tristeza y se sentó a mi lado.
—Somos tus amigos, Farfa— dijo ella con suavidad —Pero parece que no nos reconoces—
Me sentí aún más confundido. ¿Por qué no los reconocía? ¡Nunca los vi! Si no, los reconocería rápidamente.
—Che pero, ¿qué pasó conmigo?— pregunté a la chica con curiosidad.
La chica me miró con tristeza y se encogió de hombros.
—No lo sabemos, Farfa— dijo ella con suavidad —Pero vamos a encontrar una forma de ayudarte a recordar—
Genial, ahora en qué me metí...
Me levanté rápidamente y salí corriendo de la cueva sin mirar atrás. La chica bicolor y el mono junto al peli marrón me gritaron que esperara, pero ni ahi les hice caso. Estaba experimentando una sensación de pánico. No sabía si ellos eran confiables ¿Mejor prevenir que curar?
Corrí durante un rato, hasta que llegué a un bosque oscuro y espeso. La luna llena brillaba en el cielo, y yo me sentí atraído por su luz. Me detuve un momento para mirarla, y eso fue suficiente para que la chica bicolor y los otros dos me alcanzaran. Genial...
—Eu para, por favor, no corras— dijo la chica con pelo bicolor, jadeando —No sabemos qué puede pasar—
—Pelotudo, mira si en el camino te pasaba algo— el de mascara interrumpió a la chica llevándose un codazo de parte de ella
—¿Quién chota son?— pregunté de nuevo interrumpiendo a la chica que se iba a quejar. Los mire con desconfianza.
—Somos tus amigos, Farfa— repitió ella —Soy Suwie, un híbrido gato— se señaló a ella misma, para luego señalar al chico con máscara —El salame de allá, es Amílcar—
Miré al chico, quien achinó los ojos ¿Sonriendo? Supongo, ya que tiene una máscara.
La chica, ahora Suwie, dejó de señalar a Amílcar para proseguir con el mono
—Y este...— comenzó a decir, pero el mono la interrumpió.
—¡Soy el posho paaá!— grito el mono, acercándose a mí.
Suwie lo agarró del hombro, alejándolo de mí
—El boludo este es Gian— lo presentó Suwie
—Bueno, Farfa, ahora que ya sabes nuestros nombres, te vamos a explicar lo que va a pasar a continuación. Vamos a llevarte a la base del equipo Platinum, ósea nuestro grupo— explico Suwie
—Es un castillo re piola además que es seguro— agregó Amílcar, asintiendo con la cabeza emocionado, misma acción que repetía el mono.
Me miraron a los tres, esperando que yo entendiera y aceptara su plan. Asentí con la cabeza dudosamente.
—Bien, en marcha pipol— dijo Suwie, riéndose —La base no está tan lejos—
Comenzamos a caminar por el bosque, los tres hablando y riendo mientras yo los seguía en silencio. Después de un rato, llegamos a la orilla de una playa. Allí, había un barco anclado en la arena.
—Este es nuestro medio de transporte— dijo Amílcar, mire al barco sorprendido por esa chatarra pueda flotar —Nos llevará a la base en un abrir y cerrar de ojos, full easy—
Me subí al barco con los demás, y pronto nos pusimos en marcha. La brisa marina me golpeó la cara, y me sentí mucho mejor. Miré hacia el horizonte, preguntándome qué me esperaba en la base y qué pasaría a continuación.
De repente, escuchamos un ruido extraño. Suwie se levantó y se acercó a la borda del barco.
—Son criaturas acuáticas, vienen a atacarnos— saco una espada y se puso a la defensiva
Gian se subió a la borda del barco y comenzó a lanzar piedras a las criaturas acuáticas que se acercaban. Amílcar se puso al lado de Suwie y comenzó a lanzar flechas a las criaturas.
Yo me quedé en el medio del barco, sin saber qué hacer. Suwie me gritó que me agachara y me cubriera la cabeza, así que lo hice.
La batalla fue intensa. Las criaturas acuáticas eran rápidas, pero Gian, Amílcar y Suwie son habilidosos. Gian lanzaba piedras con precisión, Amílcar lanzaba flechas con rapidez y Suwie luchaba con su espada con destreza.
Después de unos minutos de lucha, las criaturas acuáticas se retiraron y la batalla terminó. Gian, Amílcar y Suwie se relajaron y se sentaron en la cubierta del barco, jadeando.
—Che, buen trabajo loco— dijo Suwie, sonriendo
Gian se rió y se acercó a mí.
—Y vo' Farfita, ¿qué chota hiciste?— preguntó, burlándose de mí
Amílcar se tentó y se unió a Gian.
—Sí, Farfi, ¿qué hiciste? ¿Te measte encima? ¿Querés que consigamos un pañal?— preguntó mientras hablaba como boludo
Suwie trató de no reírse, pero no pudo evitar sonreír.
—Eu dejen de burlarse, pobrecito— dijo, tratando de defenderme, cosa que le salió para el orto porque los chicos se reían más fuerte, pero yo ni pelota
Me limité a ignorarlos y a mirar hacia el horizonte. Después de un rato, me sentí cansado. La emoción y la falta de sueño me habían agotado.
Me acerqué a la chica del grupo y le dije que estaba cansado.
—Vamos, Farfa— dijo ella, con sus manos me acarició levemente la cabeza y seguidamente me envolvió en sus brazos, me apretó contra su pecho y rápidamente el sueño hizo efecto.
Lo último que escuché fue de parte de todos un; —Buenas noches Farfa...—
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Mientras el barco se mecía suavemente en el agua, Farfa se durmió en mis brazos. Lo había visto asustado y aterrorizado durante la batalla en el barco, le había dicho que se agachara y se cubriera la cabeza, y él lo hizo, demostrando que confiaba en mí. Dios, no puede ser tan tierno de chiquito, realmente me dan ganas de aplastarlo y comerlo.
Lo bajé del barco con cuidado, tratando de no despertarlo. Gian y Amílcar se separaron de nosotros, diciendo que iban a explicar lo sucedido a los otros miembros del equipo Platinum. Yo tomé rumbo a la habitación más alta de la base, la que corresponde a Farfa.
Mientras subía las escaleras, no podía evitar sentirme pensativa y preocupada. La batalla en el barco había sido un poco más difícil de lo que habíamos esperado, y Farfa había estado muy asustado.
Me dolió ver al caballero de netherite con esa cara de miedo. La posta, me sentí culpable por haber esperado demasiado de un niño de nueve años. Soy una pelotuda, realmente no sé qué pensaba. ¡Como si Farfa hubiese aprendido a manejar la espada antes de caminar!
Llegué a la habitación de Farfa y lo acosté en la cama con cuidado. Lo cubrí con una manta y le di un beso en la frente.
—Dormi tranquilo, Farfi— susurre para no despertarlo, me senté en la cama a su lado y lo miré con cariño durante un rato. Estaba tan tranquilo y relajado, que no podía evitar sentir un cariño especial por él.
Finalmente, me levanté y salí de la habitación, dejando a Farfa dormido. Mañana sería un nuevo día, y estábamos listos para enfrentar cualquier desafío que se nos presentara.
Notes:
Suwie tiene mucha admiracion por farfa, ahora solo quiere que farfa sienta la misma admiracion en ella
Un dato que no creia incluir en la historia es que, como habrán leído, la mitad de este capítulo está desde la perspectiva de Farfa. En cuanto a la pelea con los ahogados, Farfa ve que los chicos son buenos peleando, pero esto es mentira; está narrado desde la perspectiva de un niño, por lo que la pelea esta distorsionada.
En realidad los monos se cayeron a pedazos 😔
(no sé si se dio a entender en el pov de suwie)
Si ven algún error me pueden avisar, no hay drama
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Farfa se encontraba en un lugar desconocido, rodeado de niebla. De repente, una figura se acercó a él. Era el Maestro, su rostro serio y sabio.
—Franco, recuerda que la verdadera fuerza no viene de la espada, sino del corazón— Dijo el Maestro, su voz calmada y autoritaria, relajándolo.
Farfa se sintió confundido, pero antes de que pudiera preguntar algo, el Maestro continuó hablando.
—La verdadera batalla no es contra los demás, sino contra vos mismo. Recuerda que siempre hay una opción, siempre hay una salida—
De repente, todo se oscureció. La figura de su maestro se encontraba en el suelo. Farfa gritó, pero el Maestro no mostró reacción alguna. Farfa se despertó de un salto, hiperventilando. Se encontraba en una habitación que no recordaba, en una cama grande y cómoda. Miró a su alrededor tratando de recordar cómo había llegado allí.
Vio varios cofres y armaduras en la habitación, pero algo que le llamó la atención fue una flor Wither, rodeada por un vidrio que la protegía. Era hermosa y delicada, y Farfa se sintió atraído hacia ella.
Justo en ese momento, Suwie entró en la habitación, sonriendo.
—Buenos días, Farfi— Saludó, acercándose a él. —Me alegra verte despierto. Te he traído una muda de ropa nueva. ¿Por qué no te bañas y te vistes? Vas a conocer al resto de los salames en el desayuno—
Farfa se sintió un poco confundido, pero asintió con la cabeza. Suwie le dio una toalla y lo dirigió hacia el baño.
[...]
En la sala de reuniones del equipo Platinum, Gian, Amílcar, Spreen, Conterstine, Silithur y Crisgreen estaban reunidos, discutiendo sobre la situación de Farfa.
—No entiendo cómo pudo pasar esto— Dijo Gian mientras se estiraba, recién despertado —El gordo es nuestro líder, y ahora... ahora es un nene boludo—
—No me digas, posho— Dijo sarcásticamente Amílcar —Pero tenemos que encontrar una forma de revertir el hechizo. No podemos dejar que Farfa siga así, tenemos que encontrar a la bruja esa y devolvérsela— Propuso.
—Banco, pero no sabemos con quién estamos tratando. Intentó acabar con Farfa, no es una boludez esto— habló Spreen, jugueteando con sus anteojos.
—Eso es cierto— Estuvo de acuerdo Conterstine —Pero tenemos que intentarlo. No podemos dejar que Farfa siga así, después de todo es el puto admin—
—Yo creo que deberíamos buscar ayuda— Propuso Silithur, el mago —Estuve toda la noche buscando soluciones y nada. Los Hunters podrían tener alguna idea sobre cómo revertir el hechizo. Spreen, Amílcar y yo nos vamos a buscar ayuda. El resto de ustedes queda aquí, haciendo las tareas de siempre— Ordenó.
—Joya, entonces el Posho y Suwie se quedan con Farfa mientras yo, con el furro vamos a hacer algunas dungeons— Habló Crisgreen, mientras se levantaba para prepararse.
—No, Crisgreen y Conterstine, ustedes dos se quedan aquí con Farfa— Negó Silithur, haciendo que los dos furros se quejaran —Hay que entrenarlo para que pueda defenderse. Si no puede matar a un simple ahogado, no va a poder con la bruja que trató de matarlo—
—Pero Sili...— Conter y Cris se iban a quejar, pero de repente, la puerta se abrió, interrumpiendo sus quejas. Farfadox entró en la sala junto con Suwie.
La reacción fue inmediata. Todos se sorprendieron al ver a Farfa en su nueva forma física. Crisgreen fue el primero en reaccionar.
—¡Sos un BEBE!— Gritó Crisgreen, sorprendido. Cuando decían que Farfa era un nene, no se esperaba a un pendejito.
Conterstine, riendo a carcajadas —El mini Pekka, el mini Pekka— Se burlo, haciendo reír a todos. Spreen trató de disimular su sonrisa, pero no pudo evitar reírse un poco, lo contrario a Amílcar, que no trató de disimular una mierda.
Farfa se cruzó de brazos y miró para otro lado, tratando de contener su enojo.
—¡No soy un bebé!— Gritó.
Crisgreen, Conterstine y Amílcar siguieron burlándose de Farfa, quien se enfadó tanto que su rostro se puso rojo de enojo.
—Eu, paren, boludos, se va a largar a llorar— Hablo Suwie, acercándose al nene, tratando de calmarlo. Ya estaba tratando de contener las lágrimas de la bronca.
Silithur suspiró al ver la reacción inmadura de los que tendrían que dar el ejemplo, en lugar de lo contrario.
—Joder... Spreen, Amílcar, vamos a preparar los caballos. Nos iremos rápidamente a la base de los Hunters— Habló saliendo de la sala de reuniones, acompañado de los recién nombrados, quienes se despidieron de los chicos con un saludo simple.
Suwie se acercó a Crisgreen y Conterstine, y les dijo:
—Bueno, par de boludos, creo que es hora de dejar de lado la joda y enfocarnos en ayudar a Farfa. ¿Por qué no lo llevan al patio de entrenamiento y comienzan a entrenarlo?— Habló, irritada.
—Yo me voy a pescar, ¿me acompañas, vtuber?— Preguntó Gian, a punto de salir por la puerta. Suwie miró a Farfa, dudosa si dejarlo con los chicos.
—Anda tranquila, Chuwie, déjalo todo a nuestras manos o... patas— Habló Cris, mirando ahora sus ¿manos?.
Conter se rió, se acercó a la chica y la acompañó hacia donde se ubicaba el mono.
—Quédate tranquila, nosotros sabemos manejar esto— Dijo seriamente, transmitiendo confianza.
—Bien, los dejamos. No se excedan mucho que no está Sili para curarlos— Habló despreocupado Gian quien se llevaba a Suwie, dejándolos solos.
Crisgreen y Conterstine se miraron entre sí, y luego se dirigieron a Farfa, que todavía estaba enfadado.
—Vamos, Farfi— Empezó a hablar Crisgreen, tratando de sonar lo más amigable posible —Es hora de aprender a defenderte. ¡Vamos a hacer que seas el mejor guerrero del equipo!— Continuo con voz exageradamente infantil.
Farfa, cruzado de brazos, lo fulminó con la mirada. Luego, mirando solo a Conterstine, dijo:
—¿Este qué discapacidad maneja?—
El conejo, al escuchar las palabras del niño, se rió fuertemente.
—¿De qué te reís, gordo mórbido?— Crisgreen se acercó al otro furro y lo abrazó del cuello, apretándolo.
El conejo, defendiéndose, le dio un codazo en la panza, haciendo que el otro quedara en el piso, arrodillado.
—Puto. Vamos, Farfi empezaremos con lo básico— Dijo Conterstine mientras salían de la sala de reuniones junto al niño, dejando al caballo en el piso.
[...]
Spreen, Amílcar y Silithur cabalgaban hacia la base de los Hunters, disfrutando del día soleado y tranquilo. El aire estaba fresco y limpio, y los caballos trotaban con facilidad por el camino.
A medida que se acercaban a la base, Silithur se bajó del caballo y se acercó a la puerta de la casa. Llamó con los nudillos y esperó a que alguien lo atendiera.
Mientras esperaba, Silithur se dio la vuelta y miró hacia atrás, donde Amílcar sostenía su caballo y cabalgaba el suyo propio. Spreen, por su parte, estaba ocupado dándole agua a su caballo, que bebía con avidez.
El sol brillaba sobre ellos, iluminando la escena con una luz cálida y acogedora. Todo parecía tranquilo y pacífico.
De repente, la puerta se abrió y un hombre alto y delgado se asomó. Era Killer, un miembro de los Hunters. Su piel era blanca como la nieve y su traje negro parecía absorber la luz a su alrededor. Su rostro era sereno y calmado, sonrió al ver a Silithur.
—¡Sili! ¡Qué bueno verte de nuevo!— Dijo extendiendo la mano para saludar a Silithur.
Silithur sonrió y estrechó la mano —¡Killer! ¡Qué bueno verte también! ¿Cómo estás?—
Killer se encogió de hombros —Estoy bien, gracias. ¿Y tú? ¿Qué te trae aquí?—
El mago se puso serio —Es Farfa. Algo le ha pasado. Ha sido víctima de un hechizo y...— Dudó un poco antes de continuar
Killer se puso alerta de inmediato —¿Qué le ha pasado? ¿Está bien?— Pregunto preocupado esperando lo peor.
Silithur negó con la cabeza rápidamente —No, no. Está bien. Solo se ha convertido en un niño. El problema es que no sabemos cómo revertirlo. Busqué todo lo posible y nada—
El albino se puso la mano en el pecho y suspiró de alivio, para después retomar su pose seria, asintiendo con la cabeza —Vamos a hablar con Rich. Él sabrá qué hacer—
Killer los llevó a la sala de cofres, donde se encontraba Rich ordenándolos. Al ver a Silithur y a los demás, dejó de hacerlo y se acercó a ellos.
—¡Hombree, Sili, ¿qué pasa?— Preguntó, mirando a Silithur con preocupación, al ver el ambiente opresivo.
Silithur se lo explicó todo lo sucedido, y Rich se puso cada vez más serio. Cuando Silithur terminó de hablar, Rich asintió con la cabeza, decidido.
—Vamos a encontrar una forma de revertir el hechizo— Dijo mientras se armaba —Vamos a por los caballos— Ordenó el Wither.
[...]
Spreen, Silithur, Amílcar, Rich y Killer entraron en la famosa cueva. El aire estaba lleno de un olor a moho y descomposición.
Spreen, con su buen olfato y vista, lideraba el grupo a través de la cueva, siguiendo el rastro que había dejado la bruja. Amílcar, por su parte, no se acordaba del camino que había tomado anteriormente, por lo que se había quedado atrás junto a Wither para proteger la espalda de cualquiera que quisiera atacarlos.
Mientras tanto, Silithur y Killer caminaban juntos, con el mago alumbrando el camino con su magia. La luz mágica iluminaba la cueva, permitiendo que vieran cualquier obstáculo o peligro que se les presentara.
—Acá se terminó el rastro— Dijo el oso, después de un rato de caminar.
—Acá es donde encontramos a Farfa después de que el boludo se haya ido solo— Habló el fan del mate, mientras miraba a los alrededores buscando pistas.
—Mh, no sé. No se separen mucho, sigamos buscando alguna pista— Ordenó Rich, recibiendo asentimientos de parte de todos.
Killer, alejándose un poco, se detuvo al ver un reflejo que le iluminó la cara. Se agachó para examinarlo y vio que había encontrado un pequeño fragmento de tela que parecía haber sido arrancada de una capa o un manto. Se levantó y se acercó a Silithur.
—Oye, Sili, mira esto— Llamo mostrándoles el fragmento de tela —Hay un símbolo aquí. ¿Sabes qué significa?— Preguntó el albino.
Silithur se acercó para examinar el símbolo. Después de un rato de estudio, se encogió de hombros.
—No lo sé con certeza, pero me suena de vista— El mago, desconcertado, se lo entregó al esqueleto negro.
Rich miró quien ahora sostenía la tela y la examinó, negando con la cabeza, afirmando que no sabía de qué se trataba.
Spreen, quien se encontraba inquieto, habló —Che, se ve que es un símbolo viejo, ¿por qué no vamos a la base y lo investigamos? Acá ya revisé todo y no hay nada más—
—Listo entonces, volvamos— Dijo Amílcar, quien ya estaba yendo por el túnel por donde habían entrado —Está atardeciendo y no queremos que nos cojan los bichos—
El grupo salió de la cueva y se dirigió hacia la base de Platinum. La luz del sol se estaba poniendo, y el cielo se estaba tiñendo de un color anaranjado. El grupo cabalgó en silencio, ansiosos por llegar a la base y comenzar a investigar sobre el símbolo.
[...]
Cuando llegaron a la base de Platinum, ya era de noche. La luna estaba alta en el cielo y los ruidos de la noche se escuchaban a lo lejos. Los chicos habían dejado los caballos en su respectivo lugar y entraron al castillo. Fueron recibidos ruidosamente por Gian y Conter, quienes les dijeron que estaban haciendo pescado a la parrilla. Esto emocionó a Amílcar y Spreen, quienes fueron rápidamente a ver la comida.
Por mi parte, me quedé atrás de Sili, admirando la grandeza del castillo por dentro.
—Mola mucho el castillo— Alago Killer.
Sili se rió y dijo —Toda la parte de la construcción viene de esta mente... y de Farfa, obviamente— Se sacó la capa y la dejó colgada —Primero, antes de ponernos a investigar, deberíamos comer— Propuso.
Habíamos llegado afuera, donde estaba la parrilla con la mayoría de los argentinos, junto al mexicano.
—Ey, Ricardito, Killer— Saludó Crisgreen de forma coqueta, guiñándome el ojo mientras se acercaba a darle un beso en el cachete a Killer —Vienen para la mejor parte— Dijo mientras se llevaba a Killer para que probara un trozo de carne que habían puesto.
—Eu, Rich, ¿puedes ir a buscar hielo que está en el freezer?— Gritó Amílcar mientras cortaba una botella junto a Sili. Miré a Conter, quien se encontraba con Spreen discutiendo al lado de la parrilla. Crisgreen hablaba alegremente con Killer, mientras Gian hacía una mezcla de bebidas junto a Amílcar y Sili. Suspiré al ver que me había mandado a mí por ser el único parado sin compañía.
Rápidamente me dirigí a la cocina para buscar el hielo, ansioso por ir de vuelta a afuera y comer un poco. Pero al entrar en la cocina, me detuvo en seco al ver a Farfa parado en una silla, sonriendo inocentemente mientras revolvía la ensalada junto a Suwie.
—¿Qué onda, Rich?— Saludo la chica, notando mi presencia. Farfa se giró, me miró confundido y sin interés.
—Hola— Saludó el niño cortante, para seguir con su tarea de revolver.
Me sentí como si hubiera recibido un golpe en el estómago. No podía creer lo que estaba viendo. Farfa, mi Farfa, estaba parado allí, sin reconocerme, sin saber quién era yo. Me sentí abrumado por la emoción. Quería correr hacia Farfa, abrazarlo y nunca soltarlo. Pero sabía que no podía hacer eso. Farfa no me reconocía.
Así que me quedé allí, parado en la entrada de la cocina, mirando a Farfa con una mezcla de tristeza. Solo Suwie me notó, y me miró con lástima.
Notes:
¿Qué onda? ¿Qué les pareció el capítulo?
Seguramente el próximo tardará un poco más, así que disfruten este que lo hice largo.
No creo que este libro tenga mucho contenido de Farfarich, solo interacciones, más que nada porque Farfa es un nene ajdhjsa.
Si tienen algunas preguntas sobre el AU, con gusto se las respondo🤗
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[...]
Rich suspiró internamente, intentando calmarse antes de acercarse a Suwie. La chica lo miraba con una expresión de preocupación, como si pudiera leer su mente. Con voz suave, casi temerosa, le preguntó:
—¿Estás bien? ¿Necesitas algo?— La mirada de Suwie pasó de él a las verduras que aún quedaban por cortar.
—Todo bien, los chicos me pidieron hielo— Respondió, mientras se rascaba el pelo, su incomodidad seguía presente. Quería decir algo más, decir algo que lo ayudara, pero no encontraba las palabras. Justo cuando pensaba en lo que podría decir, el niño los interrumpió:
—Che terminé— Dijo, mientras acomodaba los utensilios sobre la mesa.
—¿Posta?, genial. Podes conseguir hielo para Rich mientras yo llevo las ensaladas— Ordenó Suwie, guiñando le un ojo disimuladamente al esqueleto, quien quedó parado, mudo observando.
Rich sintió una mezcla de gratitud hacia Suwie por haberlo dejado solo con Farfa, dándole espacio para intentar hablar con el niño
Sabía que no era fácil entablar una conversación con alguien tan... peculiar. Su mente se llenó de preguntas, y las palabras parecían escapársele. En su cabeza, se repetía una y otra vez que debía ser amable
El niño suspiró dramáticamente antes de levantarse y dirigirse a la heladera. Rich, en su nerviosismo, observaba con atención.
El niño al ver que Suwie les había dejado solo con el wither, empezó la conversación, algo grosero pero sin maldad:
—Che viejo, el hielo está en el freezer y vos sos el doble de alto que yo, ¿podes agarrarlo vos?— Dijo, cruzando los brazos con impaciencia, sin apartar la mirada.
Rich, un tanto desconcertado por la actitud del niño, murmuró:
—Ah, eh... sí, sí, enseguida— Mientras se dirigía a lo que había pedido, no podía evitar pensar en lo curioso que era ver a Farfa tan parecido a como lo recordaba de adulto. La actitud no había cambiado en lo más mínimo, y eso le dio algo de consuelo. En su interior no pudo evitar reírse por la forma en que el niño se acomodaba esperando.
—Uh... gracias por decirme dónde está, eh...— Dudó al pronunciar el nombre del niño
—Franco, pero todos me dicen Farfa— Interrumpió el niño con indiferencia, jugueteando con su capa, como si lo que más le interesara en ese momento fuera la tela que se movía.
—¿Te molesta?— Preguntó Rich, algo tímido, temeroso de haber dicho algo inapropiado.
—Uh, ya no. Me acostumbré. Además me gusta más Farfa que Franco— Respondió con una sonrisa, como si fuera un tema que ya no le preocupaba. Sin decir más, salió hacia el patio.
Rich lo siguió, agradecido de que las cosas no hubieran sido tan incómodas como había imaginado. Llegaron justo a tiempo para ver cómo Amílcar recibía el hielo y lo agradecía con una sonrisa.
De reojo, Rich vio cómo Killer se acercaba a Farfa, quien se había quedado atrás de Suwie. Se le escapó una pequeña risa. No podía evitar encontrar gracioso que Farfa, el niño que parecía tan valiente, estuviera tan callado frente a Killer. Aunque lo entendía. Con un amigo de dos metros de altura, ¿quién no se sentiría pequeño?
Spreen gritó, llamando a todos para que se sentaran a la mesa. En un instante, todos se acomodaron, excepto Amílcar, que paseaba de un lado a otro, sirviendo las distintas carnes sobre la mesa.
El grupo de amigos charlaban entre risas después de la comida, la conversación sobre dónde dormir comenzó a surgir
Rich, con el rostro relajado pero los ojos aún llenos de ese nerviosismo que siempre lo acompañaba cuando había muchas personas alrededor, miró a Killer y a los demás. Ya estaba acostumbrado a las camas pequeñas y a dormir en cualquier lugar, pero esa noche había algo diferente en el aire. No quería incomodar a nadie, ni mucho menos que nadie se sintiera incómodo con él.
Killer, por su parte, cruzó los brazos con una sonrisa tranquila. A pesar de su actitud relajada, había algo en su mirada que sugería que estaba atento a lo que sucedería. La idea de dormir en el suelo o en una cama no le molestaba, pero no quería causar más ruido de lo necesario.
Fue entonces cuando Silithur, siempre tan directa pero con un tono más suave de lo que solía ser, intervino.
—Bueno chicos necesitamos decidir dónde dormirán Killer y Rich, ¿les parece si duermen juntos?— Preguntó, con una sonrisa ligera
—No, no nos molesta— Respondió con una sonrisa tímida, mirando a Killer, quien asintió con su acostumbrada calma.
—No hay drama, estamos acostumbrados. A veces hasta compartimos espacio en situaciones más incómodas— Continuo hablando killer haciendo reír a todos
—Bien, si todo está claro la mejor opción es que duerman en la cama más cómoda. La de Farfa, por supuesto— Dijo Silithur con tono tranquilo, casi juguetón.
En ese momento, Farfa, que había estado sentado en la esquina de la mesa con Suwie, levantó la mano, claramente no muy entusiasmado con la idea.
—¡Pero! Es mí cama— Protestó, con una pequeña mueca en el rostro —No quiero dormir con ellos— Chasqueo la lengua con asco
Rich y Killer se miraron incómodos. A Killer le preocupaba dormir con un niño tan enérgico como Farfa, mientras que Rich se sintió triste al ver el disgusto que mostraba el niño ante la idea de dormir con él.
Suwie, que había estado en silencio hasta ese momento, intervino de manera calmada y comprensiva.
—¿Y si Farfa duerme conmigo?— Sugirió tímidamente con una sonrisa amistosa —Así todos podemos dormir tranquilos y no hay problemas con las camas—
Farfa levantó los hombros en un gesto de aceptación, su rostro se iluminó con una sonrisa débil.
Silithur, con una ligera risa, se giró hacia Suwie y asintió, mostrándose más relajada.
Rich junto a killer asintieron, feliz de que todo estuviera resuelto.
El bigotes, satisfecha de que la conversación llegara a una solución, levantó la mano de manera juguetona, como si estuviera dando la última palabra.
—¡Perfecto! ¡Todo solucionado! Ahora, a descansar, que mañana será otro día de "aventuras"— Dijo con una sonrisa relajada, dándole un tono ligero a la situación.
—Genial entonces, ahora a descansar— Dijo al ver al niño junto a la vtuber bostezar,
Todos se levantaron hacia su propia habitación para prepararse para dormir.
[...]
Rich y Killer estaban en la habitación de Farfa. Ambos observando atentamente
Rich, con una sonrisa nostálgica, comenzó a recorrer la habitación, su mirada posándose sobre varios objetos que le traían recuerdos de su vida junto a Farfa. Fue entonces cuando algo llamó su atención: una flor de wither, protegida por un vidrio que la rodeaba cuidadosamente. La flor, rara y preciosa, era un regalo que él mismo le había dado a Farfa en una de sus primeras aventuras juntos, como símbolo de su amor y conexión. Ese simple gesto había marcado un momento de complicidad y romance, uno de esos pequeños detalles que, aunque insignificantes para otros, eran infinitamente significativos para él.
Con un suspiro suave, Rich se acercó, observando la flor con una mezcla de cariño y melancolía. Sin pensarlo demasiado, colocó su mano sobre el vidrio, como si quisiera tocarla. Un leve sonrojo le subió a la cara mientras la recordaba, y con un movimiento lento y cuidadoso, se apartó para no romper la paz de ese pequeño recuerdo.
Al lado de la flor, enmarcada, estaba una foto. Rich la tomó con la mano que aún temblaba ligeramente. Era de una de sus tantas aventuras juntos: él y Farfa saliendo de una mazmorras, el rostro de ambos lleno de sudor y cansancio pero también de una alegría inconfundible. La foto había sido tomada justo después de un incidente en el que, por accidente detuvieron a un tal Yao Cabrera. En ese instante, había un brillo especial en los ojos de Farfa, una mezcla de risas y complicidad. Rich no pudo evitar sonreír al recordarlo.
—¿Qué miras Rich?— Preguntó Killer, mientras acomodaba la cama, interrumpiendo su ensoñación.
—Ah, nada solo recuerdos— Rich respondió distraído, todavía con la foto entre las manos.
En ese momento, tres golpes suaves sonaron en la puerta. Farfa asomó la cabeza, dejando solo sus ojos visibles al principio.
—¿Puedo... puedo pasar? Vengo a buscar ropa...— Su voz, aunque suave, traía consigo una carga de vergüenza palpable.
—Tranquilo Farfa, pasa— Dijo Killer, riendo suavemente al ver la expresión tan cautelosa del niño.
Farfa, con pasos rápidos pero cortos, se acercó al ropero, casi como si esperara que alguien lo reprendiera por hacer algo indebido. Abrió la puerta del armario y, al ver lo que había dentro, su rostro se transformó en una mezcla de desconcierto y desilusión.
Entre las ropas colgadas se encontraban dos capas de mago, algunas armaduras de combate y... un traje de maid. El vestido estaba perfectamente colgado, pero la expresión en el rostro de Farfa dejó claro que no esperaba encontrar algo así.
—¿Qué.. que carajo es esto?— Farfa murmuró casi sin creerlo, alzando una ceja mirando a Killer y Rich con sorpresa y un toque de incomodidad.
Rich, al ver el vestido, sintió sorpresa y decepción, el otro español al ver las caras de los dos, no pudo evitar estallar en una carcajada.
—Joe tío. Es un traje de maid— Dijo el más alto entre risas, señalando el vestido con la mano.
Farfa frunció el ceño, claramente avergonzado por la situación. Se giró hacia los dos españoles y, con una mueca de molestia, soltó, casi como un susurro entre dientes:
—Seguro es de Suwie...— Pronunció con cierta irritación, como si el simple hecho de que esa prenda estuviera allí le causara una incomodidad.
De manera apresurada, Farfa abrió otro cajón del ropero y tomó una camiseta de dormir, casi como si su vida dependiera de hacerlo. Cerró el cajón con prisa, y, sin dejar que ninguno de los dos respondiera, se acercó rápidamente a la puerta.
—Hasta mañana— Dijo con voz baja, y antes de que Rich o Killer pudieran decir algo, la puerta se cerró de golpe, resonando en el pasillo.
Ambos se miraron y, de inmediato, estallaron en carcajadas.
—¡Madre mía! ¡Qué cara!— Dijo Killer, aún riendo.
—Joe, macho... pobre Farfa...— Rich se limpió una lágrima que había caído por el lado de su ojo debido a la risa. Ambos se tumbaron en sus respectivas camas, cada uno en su lado de la habitación.
Rich, con una gran sonrisa aún en el rostro, dejó escapar un suspiro profundo. No podía dejar de reírse de la situación tan peculiar, aunque una parte de él sentía una extraña nostalgia. Farfa, a pesar de la transformación, seguía siendo la misma persona, y ese momento con él, aunque incómodo, había sido un recordatorio de que seguía ahí.
—Vaya, qué risa tío— Comentó Killer, mientras se tapaba con la manta, al igual que Rich.
—Sí... no me lo esperaba— Rich se acomodó en su almohada, mirando al techo, mientras el eco de las risas de Farfa resonaba en su mente. Ya un poco más tranquilo, dijo: —Buenas noches, Killer—
—Buenas noches, tío— Respondió Killer desde su lado de la cama, girándose hacia la pared.
La habitación quedó en silencio, excepto por los susurros de la noche que se colaban por la ventana. Rich se acomodó en su almohada, la suavidad de la tela y el olor de la habitación de Farfa crearon una atmósfera de paz que lo envolvía lentamente. A pesar de la incomodidad de la situación, un sentimiento cálido se esparció por su pecho. Pensó en Farfa, en su transformación y en lo que le esperaba al día siguiente.
Sin darse cuenta, el cansancio comenzó a pesar sobre sus párpados. Mientras el sonido suave de la respiración de Killer llenaba la habitación, Rich se permitió cerrar los ojos, dejando que la tranquilidad se apoderara de él.
El aroma del guerrero, aunque leve, le transmitió una sensación de seguridad que le permitió relajarse finalmente, y en pocos minutos, cayó en un profundo y reparador sueño.
Notes:
Qué onda gente.
Este capítulo contiene mucho FarfaRich, así que quería aclarar que al principio pensaba que no iba a profundizar mucho en este ship.
Una de las razones por las que pensé que no iba a explorar tanto esta relación era que inicialmente planeaba que esta historia tuviera solo 5 capítulos. Pero la verdad es que me gusta desarrollar bien a los personajes y ver cómo evolucionan, así que nada, acá estamos jua jua
Hablando de este cap. Originalmente, tenía planeado combinarlo con el siguiente, pero al final resultó ser demasiado largo y denso. Así que decidí dividirlo y dejar este capítulo como un momento más ligero y "divertido". Espero que lo hayan disfrutado
Chapter Text
[°°°]
Suwie estaba en un claro del bosque, rodeada de árboles altos y hojas que apenas dejaban pasar la luz. Frente a ella, Farfadox sostenía un arco largo, con una flecha perfectamente colocada. A pesar del aire fresco, Suwie sentía el peso de los nervios. El arma en sus manos parecía demasiado extraña, demasiado ajena.
—Dale, Suwie. El ciervo está ahí nomás, ni se mueve— Le dijo Farfa, ajustándole la postura mientras su tono alternaba entre paciencia y ganas de reírse.
—¡Ya sé che! No me presiones, que se me van las manos— Le respondió Suwie, tensando la cuerda con dedos temblorosos.
El tiro salió, pero ni cerca del ciervo. La flecha se clavó en un tronco lejano, haciendo que el animal saliera disparado entre los árboles.
—Bueno, a ver ¿qué fue eso? ¡Le tiraste al aire boluda!— Se burló Farfa, soltando una carcajada.
—¡Cerrá el orto tarado! ¡Estoy aprendiendo!— Respondió Suwie, ya con las mejillas rojas de frustración.
—Mirá, flaca, te voy a decir algo... A veces no es tan difícil como parece. Tenés que respirar hondo y apuntar como si estuvieras viendo con el alma— Dijo Farfa, poniéndose algo filosófico mientras señalaba otro ciervo más grande que apareció a unos metros.
Suwie lo miró, frunciendo el ceño —Si tirás otra frase cursi te revoleo el arco, ¿Entendés?—
Respiró profundo y tensó la cuerda nuevamente. Esta vez, la flecha voló con precisión y dio directo en el blanco. El ciervo cayó al suelo. Suwie quedó paralizada, sin creer lo que acababa de pasar.
Farfa sonrió con orgullo. —¡Eso! ¿Viste que podías? Ya tenemos para morfar. Se acabaron las sopas aguadas ¡gorda!—
Pero, antes de que pudiera decir más, la figura de Farfa empezó a desvanecerse, dejando a Suwie sola en el bosque. Se quedó mirando el lugar vacío con una mezcla de sorpresa y tristeza....
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hasta que despertó.
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Al abrir los ojos, el sol comenzaba a filtrarse a través de las cortinas, iluminando suavemente la habitación donde Suwie se despertaba, con una ligera sensación de desorientación.
Al girar la cabeza, vio a Farfa. El estaba completamente desparramado en la cama, sus pequeños brazos extendidos por todo el colchón, la almohada arrugada bajo su cabeza.
Un calor tierno le llenó el pecho. No podía evitar sonreír al verlo así, tan vulnerable, tan distinto al guerrero decidido que solía ser. Pero al mismo tiempo, no podía ignorar cuánto extrañaba a esa otra versión de él.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por un suave movimiento a su lado.
Farfa se removió en la cama, murmurando algo incoherente mientras su pequeño rostro se arrugaba. Suwie rió bajo, se acercó y le tocó el hombro.
—Farfiii... despertate— Le dijo suavemente, tocándole el hombro.
—No quiero. Cinco minutos más...— Protestó el niño, dándose vuelta y enterrando la cara en la almohada.
—Dale, vago. Terminó la hora de dormir— Insistió Suwie, levantándolo en brazos sin que él opusiera demasiada resistencia.
—Vamos a desayunar— Aviso
Lo llevó en brazos hacia la cocina, donde ya se encontraban Amílcar y Killer.
—¡Ah!, por fin te despertás ¡bruja!— Saludó Amílcar mientras le pasaba el mate, con una sonrisa burlona.
—Buenos días, ¿Todo bien?— Añadió Killer, quien había preparado la mesa con pan tostado y manteca. Farfa, aún adormilado, se quejó mientras bajaba de los brazos de Suwie.
—Quiero chocolatada— Pidió el niño con un tono quejoso, frotándose los ojos con la mano pequeña.
—Todo bien— Respondió Suwie, mirando a Killer antes de preguntar —Che ¿Y los demás?— Devolvió el mate y caminó hacia la heladera para sacar la leche.
—Están haciendo sus tareas, lo de siempre— Le respondió Amílcar mientras se cebaba otro mate —El único que falta despertar es el noviecito del admin, que debe de estar en el 5to sueño— Agregó con una carcajada mientras tomaba un sorbo.
—¿No despertó todavía?— Preguntó Suwie, dejando entrever una ligera preocupación mientras miraba al más alto.
—Uh, no. Cuando me levanté, ni se inmutó. Parece que estaba muy cansado; toda esta situación lo debe tener preocupado— Comentó Killer, observando de reojo a Farfa, quien jugaba distraído con su comida. —Debería ir a despertarlo— añadió, dejando lo que hacía para dirigirse hacia las escaleras, pero fue interrumpido por unos pasos.
—Buenos días... ¿Hay cafe?— Saludó el wither esqueleto, bostezando mientras bajaba.
—Mira quien apareció ¿Te peleaste con la almohada— Se burló el ceba mate
Rich se limito a bufar y se acercarse a las sillas —Dejame tranquilo, anda...— Le sonrió al argentino haciéndolo reír
—¡Ah, justo iba a ir a despertarte!. El desayuno ya está listo— Dijo El más alto.
—Oh, mola— Respondió Rich, con una sonrisa al notar el esmero puesto en la mesa.
Cuando Rich se sentó, varios pasos resonaron en la entrada. El resto del equipo Platinum llegó, listos para desayunar.
—Oye, papi, la comida ya está lista— comentó un mono híbrido con un acento puertorriqueño. Su comentario provocó la risa burlona de Amílcar, quien traía medialunas recién salidas del horno.
—Uh, amigo, estoy muerto de hambre— Exclamó el oso mientras tomaba asiento junto a Conter.
—¡Si lo único que hiciste fue molestar, oso apestoso!— Le soltó el mexicano, fulminándolo con la mirada. El oso, que ya devoraba una factura, le respondió alzándole el dedo medio sin dejar de masticar.
Rodeados por un ambiente de camaradería, todos se reunieron alrededor de la mesa. Algunos comieron tranquilamente; otros, como si no hubieran probado comida en días.
Amílcar, quien ya había terminado, rompió el silencio —Después de desayunar, ¿qué hacemos?— Preguntó mientras daba un largo sorbo de mate.
—Estaba pensando en eso— Dijo Silithur, captando la atención de todos —Propongo dividirnos en dos grupos: uno para investigar el símbolo y otro para enseñarle esgrima a Farfa—
Farfa, al escuchar su apodo, no pudo contener la emoción. —¡Sí! ¡Me gusta entrenar!— Exclamó, terminando de un trago la chocolatada y levantándose apresuradamente para dirigirse a la sala de entrenamiento.
—Yo me voy con Farfa. Hace banda que no entreno— Dijo el híbrido oso, tomando una factura antes de seguir al niño.
El mono híbrido sonrió antes de correr tras Spreen. —¡Yo también voy, ya estoy re oxidado boludo!—
Crisgreen imitó a sus amigos, levantándose y despidiéndose con la mano antes de desaparecer tras abrazar al mono por la espalda.
—¿Nadie más?— Preguntó Silithur, mirando al resto.
Conter, acariciándose la panza con dramatismo, respondió: —Yo no, estoy lleno para entrenar— Se levantó perezosamente y se dirigió al pasillo que conducía a la biblioteca.
—Bien. Mientras yo, junto a Amílcar, lavamos los platos, ustedes pueden empezar— Dijo Silithur, recogiendo los utensilios de la mesa.
Amílcar iba a protestar, pero al recibir una sonrisa de Silithur, se limitó a reír algo embobado, antes de empezar a recoger los platos restantes.
Killer, Rich y Suwie intercambiaron miradas desconcertadas, antes de que la híbrida gato guiara al grupo lejos de la escena, evitando quedarse más tiempo del necesario.
[°°°]
Lo que restaba de la mañana y el mediodía transcurrieron en un mar de frustración y búsqueda constante. Cada uno, absorto en sus tareas, había revisado pilas de libros y registros sin descanso. El tiempo parecía alargarse interminablemente mientras las páginas se sucedían sin ofrecer respuestas claras, como si la misma historia se empeñara en ocultar sus secretos.
Conter hojeaba frenéticamente varios libros, sentado junto a Suwie, quien revisaba con él en silencio, aunque su mirada empezaba a perderse en la monotonía de los textos.
Sili, por su parte, estudiaba antiguos registros mágicos que Killer le acercaba sin pausa, siempre de pie y atento a lo que el pudiera necesitar.
En una esquina de la biblioteca, Rich se encontraba apartado, de pie frente a una estantería, tomando libros al azar y hojeándolos con desesperación. El símbolo le parecía familiar, pero ninguno de los textos le daba pistas concretas.
Mientras tanto, Amílcar estaba recostado en una silla cercana, sosteniendo un libro como si leyera, aunque era evidente que solo estaba matando el tiempo.
—¡Nada! No encontré nada— Exclamó Conter de repente, golpeando con frustración el libro contra la mesa.
—¡Eh! Pará, capo, el libro no te hizo nada— Le reclamó Amílcar con una mezcla de fastidio y desgano mientras bostezaba.
Sili, contagiado por el bostezo, dejó escapar uno propio mientras cerraba un registro con un suspiro cargado de frustración. —De magia no hay nada que pueda solucionar el problema de Farfa— Murmuró mientras giraba la cabeza hacia Killer, que al escucharlo dejó lo que estaba haciendo y se acercó para sentarse junto a el, buscando ofrecerle algo de apoyo.
—Esto no está funcionando, llevamos varias horas y nada— Comentó Rich mientras cerraba un viejo libro de historia que apenas se sostenía por sus destartaladas cubiertas y lo dejaba en la mesa.
Suwie agotada, se dejó caer en su silla como si se derritiera, observando el libro que Rich acababa de dejar. —¿Eso es de la historia de Oblivion?— Preguntó, enderezándose un poco con renovada curiosidad.
—Sí, ya lo leí. Supuse que si buscaba en la historia de Oblivion podría encontrar algo, pero nada. Nada específico, además faltan bastantes hojas— Respondió Rich mientras le pasaba el libro. Su voz cargaba el peso de la frustración. —Cuando pensé que me estaba acercando a la respuesta, las hojas siguientes simplemente no estaban—
Conter, ahora comiendo bizcochitos junto a Amílcar, levantó la mirada y comentó: —¿Por qué faltarían hojas? Es como si alguien no quisiera que supiéramos la historia de este pueblo—
—O de este símbolo— Añadió Killer, atrayendo todas las miradas. —Lo que quiero decir es que no hay nada específico sobre este pueblo ni su historia. Sí hay menciones sobre los seres que lo habitan, pero más allá de eso... nada— Explicó con su voz calmada y reflexiva.
—Hace mucho tiempo quise saber sobre Oblivion. Leí varios libros, pero no encontré nada que abarcara más allá de magia especial— Comentó Sili, acariciándose el bigote con aire pensativo.
—O sea, ¿aunque busquemos no vamos a encontrar nada porque la información simplemente no está?— Preguntó Suwie encorvándose en su silla. Subió los pies al asiento y abrazó sus piernas, como si quisiera hacerse una bolita para protegerse de la frustración que sentía.
Killer al notar su estado, se acercó con calma y colocó una mano reconfortante sobre su espalda. —No te preocupes. Encontraremos una forma. Siempre hay algo que se nos escapa y que puede guiarnos— Dijo con una sonrisa cálida, transmitiendo un consuelo genuino. Suwie lo miró y a pesar de su tristeza, le devolvió una sonrisa pequeña pero agradecida.
—Básicamente buscamos al pedo— Soltó Amílcar de golpe, levantándose abruptamente mientras se agarraba los pelos —Me voy, necesito aire libre— Añadió, agarrando su mate y termo antes de salir sin esperar respuesta.
—¡Si vos ni siquiera buscaste, puto!— Gritó Conter detrás de él, persiguiéndolo con un paquete de bizcochitos en la mano.
Los demás los miraron irse con incredulidad, pero pronto volvieron a centrarse en su búsqueda. Sin embargo, Suwie permaneció inmóvil, con la cabeza apoyada sobre la mesa. Su mente divagaba, sumida en pensamientos oscuros
—Entonces, ¿ahora qué hacemos? Si en los libros no hay nada, ¿cómo buscamos?— Preguntó Sili mirando a Rich, buscando alguna solución.
Rich se tomó unos segundos para pensar antes de responder: —Supongo que podríamos preguntar a la gente. ¿Hay alguien que sepa sobre Oblivion?— Sugirió, levantándose mientras hablaba.
Sili negó lentamente con la cabeza. —El único que sabe es Farfa— Respondió haciendo que la esperanza en los ojos de Rich se desvaneciera.
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Un silencio pesado y opresivo cayó sobre el grupo.
°
°
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—Gian...—
Susurró Suwie de repente, aún con la cabeza apoyada en la mesa.
—¿Qué?— Preguntó Killer, confundido.
—Farfa... al único que le contó la historia de Oblivion fue a Gian— Repitió Suwie, levantándose de golpe, con una chispa de determinación en los ojos.
Los ojos de los chicos se abrieron de par en par mientras la miraban, atónitos. La respuesta estaba finalmente al alcance.
Notes:
me olvide que tenia que subirlo acá
Chapter Text
[°°°]
Caminaba a pasos lentos pero largos detrás de Suwie, quien avanzaba apresuradamente por el pasillo. La chica parecía decidida. Killer, con su altura imponente, mantenía un ritmo constante, sin mostrar ni una pizca de esfuerzo, mientras que Silithur, aunque no tan rápido, parecía forzarse un poco para no quedarse atrás. Mis propios pasos eran más pesados, cargados con un cansancio que no solo era físico, pero aun así intentaba no quedarme atrás.
El pasillo era extenso y elegantemente decorado. Los ventanales dejaban entrar la luz del cielo de la tarde, pintado de un amarillo anaranjado que me hacía pensar en un atardecer que nunca termina. Las nubes parecían perfectas, era imposible no quedarse mirándolas.
Al final del pasillo, había una puerta abierta. Cuando la cruzamos, nos encontramos con el patio, o como lo llamaba Silithur: "el depósito improvisado de cofres". Era un lugar donde Crisgreen y otros miembros de Platinum solían dejar sus pertenencias desordenadas, aunque también lo usaban como área de entrenamiento o para "boludeces" como diría Farfax
El aire del exterior era diferente. Miré hacia el cielo, y su belleza me golpeó con fuerza. Las tonalidades cálidas iluminaban el castillo a mis espaldas, resaltando cada detalle de su arquitectura. Cerré los ojos, intentando absorber todo: el viento fresco acariciando mi rostro, el susurro de las olas chocando contra la muralla.
—¡SUWIE!— La voz infantil resonó en el patio, trayéndome de vuelta a la realidad.
Abrí los ojos y vi a Farfa corriendo hacia Suwie con una emoción que se podía sentir a la distancia. La chica se agachó con los brazos abiertos esperándolo con una sonrisa. Cuando Farfa llegó a sus brazos se abrazaron con una ternura que me removió el pecho.
Suwie lo levantó con facilidad tomándolo con cuidado por debajo de los brazos y le habló con una calidez.
—Hola, Farfa— Dijo con una voz alegre. Los ojos del niño brillaban con una luz especial que parecía iluminar su alrededor.
Me quedé observándolos, sintiendo un peso en el pecho que era imposible ignorar. Esa mirada iluminada, ese cariño tan puro... si no fuera un niño, esa mirada sería para mí.
Cerré los ojos de nuevo, pero esta vez no fue para buscar paz. Fue para evitar que mis propios sentimientos me traicionaran.
—¿Qué hiciste hoy?— Preguntó Suwie con curiosidad bajándolo, mientras Farfa la tomaba de la mano con entusiasmo. Sin decir nada más, el niño tiró de ella llevándola casi a tropezones hacia donde se encontraba Spreen.
—¡Hoy peleé contra el Posho! ¡Preguntale a Spreen cómo lo hice!— Anunció con orgullo, señalando al oso de gafas que estaba ordenando cofres. Suwie apenas pudo reaccionar cuando Farfa, con esa energía excesiva volvió a interrumpir: —¡Che, Spreen! ¡Contale cómo lo hice hoy!—
La emoción en su voz era tan genuina que era imposible no mirarlo. Estaba claro que lo único que quería era captar toda la atención de Suwie.
El oso se giró lentamente, saludando con un tono neutral: —¿Qué onda?—
Su mirada recorrió al grupo pero cuando llegó a mí, se detuvo unos segundos más. No me incomodó, pero pude notar cómo intentaba leerme antes de seguir. Finalmente, se centró en Farfa.
—Hoy se detonó a Gian— Dijo con indiferencia, ajustándose las gafas como si fuera un detalle sin importancia.
—¡¿Posta?! Sos un groso, Farfa— Respondió Suwie, sonriendo mientras revolvía el cabello del niño con cariño.
—¡Eu!— Protestó Farfa, cruzando los brazos mientras le sacaba la lengua.
Esa actitud infantil arrancó unas risas espontáneas de los que estábamos alrededor. La dinámica entre ellos era tan natural que era difícil no sentirse contagiado por la calidez de la escena.
Silithur, que había estado observando en silencio, frunció el ceño.
—¿Cómo es que le ganó? Gian es malo, pero tampoco para tanto— Preguntó con su marcado acento español, con una expresión seria que dejaba claro que su mente ya estaba buscando explicaciones.
Farfa infló los cachetes mientras cruzaba los brazos, claramente molesto por la duda.
—Mi maestro dijo que soy un genio y un prodigio— Exclamó con su ceño fruncido y su voz cargada de orgullo.
La imagen me arrancó una sonrisa; verlo así, haciendo un puchero lo hacía parecer aún más pequeño. Incluso Suwie no pudo resistirse y dejó escapar un "iii" mientras lo atrapaba en otro abrazo.
—¡Sos re tierno Farfi!— Dijo la chica apretándolo como si fuera un peluche.
—¡No me digas así!— Gritó Farfa, forcejeando con sus pequeñas manos mientras intentaba apartarla.
Mientras ellos seguían la atención del grupo cambió cuando Spreen, con un semblante mucho más serio, se acercó a Silithur. Había algo en su tono bajo y en la rigidez de sus orejas que capturó nuestra atención.
—Farfa hizo movimientos que jamás le enseñé— Murmuró Spreen casi en un susurro, pero lo suficientemente firme como para que todos lo escucháramos —Era un estilo que manejaba antes. Le pregunté de dónde lo sacó y me dijo que nadie, que simplemente hacía lo que le parecía mejor—
El ambiente se tensó al instante. Había algo en la forma en que Spreen dijo que puso a todos en alerta. Killer, que rara vez mostraba nerviosismo, parecía un poco inquieto al sentir esa atmósfera. Yo, en cambio, observaba al oso con cuidado.
—¿Qué?— Interrumpí, mirando a Spreen con el ceño fruncido —¿Estás diciendo que recuerda algo?—
Spreen negó con la cabeza —No, no es eso. Es puro instinto— Explicó con seriedad —Cuando pelea, su cabeza le dice qué hacer, pero no sabe por qué. No es que recuerde cómo luchar, solo… actúa—
Silithur chasqueó la lengua —Entonces, su mente sigue funcionando como antes pero él no se da cuenta—
Killer junto a Spreen asintieron lentamente, procesando la información, dándole la razón.
El grupo quedó en silencio, asimilando la información. Incluso yo, aunque intentaba mantenerme neutral, no podía ignorar lo importante que era este detalle.
apenas podía concentrarme en la conversación. Farfa… él solía ser mi compañero en todo. No solo en nuestras misiones, sino en cada batalla importante que compartimos.
Siempre estuvimos juntos
No éramos la pareja más romántica, al menos él no lo era, pero yo nunca necesité palabras dulces o gestos exagerados. Con que él estuviera a mi lado, era suficiente.
Y ahora… ahora me miraba sin reconocerme.
Apreté los puños. Era absurdo sentirme así. No era culpa suya. Pero eso no hacía que doliera menos.
Me obligué a soltar el aire y desviar la vista hacia el patio, hacia Farfa, que seguía charlando con Suwie sin preocuparse por nada más en el mundo.
En su mente, nunca habíamos estado juntos. Nunca habíamos luchado codo a codo como comandante y mano derecha. Nunca había habido un "nosotros".
—¡Volví!— Dijo Suwie interrumpiendo mis pensamientos apareciendo con su energía habitual.
Nos giramos hacia ella mientras sacudía la mano con entusiasmo.
—Che, le pregunté a Amílcar dónde estaba Gian y me dijo que está en el muelle. Vamos hacia allá— Dijo la chica
Con esa frase la tensión se disipó un poco. Dejamos a Spreen con lo suyo y seguimos a Suwie, que ya había comenzado a caminar.
[°°°]
El sol estaba alto, y el sonido del agua golpeando contra el muelle marcaba el ritmo del día. Gian estaba sentado al borde, con una caña de pescar en la mano y un parlante reproduciendo a "Los del Fuego" al máximo volumen. No había pescado nada en toda la tarde, pero no le importaba. La pesca, para él, era más una excusa para estar solo en su viaje.
Mientras tarareaba el estribillo de una canción, su mente volvió a Farfa. La última pelea que habían tenido seguía dando vueltas en su cabeza. No porque le molestara haber perdido, sino porque había algo extraño en cómo Farfa lo había derrotado.
Farfa había usado los mismos movimientos que él le había enseñado tiempo atrás. Gian había estado distraído, es verdad, pero aun así, los movimientos eran demasiado precisos. No debería recordarlos. ¿Cómo mierda me toteo?
Antes de que pudiera reflexionar más, un grito rompió el silencio.
—¡GIAAAAAAN!—
Gian giró la cabeza y vio a Suwie corriendo hacia él, con Killer, Silithur y Rich siguiéndola. Se puso de pie de un salto y agitó los brazos.
—¡QUÉ ONDA MAMASA...!— Grite con una sonrisa, mientras Suwie llegaba a toda velocidad.
—¡Posho! Tenemos que hablar de algo importante— Dijo ella, resoplando un poco mientras trataba de recuperar el aliento.
Killer cruzó los brazos, y Silithur sacó algo de su bolsillo. Gian se inclinó, curioso.
—¿Qué?— Me quedé callado de inmediato al ver el objeto que Silithur me mostró: una pequeña tela con un símbolo grabado. Mi rostro, habitualmente iluminado por mi sonrisa, se volvió serio. Tomé la tela con cuidado, examinándola.
Rich fue el primero en hablar —Necesitamos saber si conoces este símbolo—
Gian suspiró y miró al grupo. —Esto... Esto es del gremio...— Dije, aunque su tono era más reservado de lo habitual.
—¿Gremio?— Preguntó Killer, directo al grano.
Gian giró la tela en sus manos mientras su mente viajaba al pasado. No había sido Farfa quien le había contado sobre el símbolo. Lo había escuchado de un viejo en un bar, años atrás, cuando llevaba una armadura similar a la de Farfa, con una gema incrustada en el pecho.
—Estaba tomando algo después de unas dungeons. Me acuerdo porque era una noche re tranqui. Tenía puesta una armadura que el fofa me había dado, y un viejo me miró como si hubiera visto un fantasma. Me dijo que hacía años no veía algo así y empezó a hablar del gremio de caballeros... o lo que quedaba de él.—
El grupo se quedó en silencio mientras yo continuaba.
—El gremio es donde pertenecía Farfa. Guerreros impresionantes, pero bastante cerrados. No les gustaba que se supiera mucho de ellos, ni que nadie fuera parte si no era de su raza. Eran... bueno, exclusivos. Tanto que casi no quedó información después de que desaparecieron. Los pocos libros que había fueron quemados o modificados. La única gente que sabía algo eran los del pueblo cercano al gremio, pero lo que contaban eran más teorías que otra cosa. Chismes básicamente—
—¿Y qué les pasó?— Preguntó Suwie.
Yo levanté la vista y les di una mirada seria. —El gremio cayó por una profecía. Se decía que un caballero iba a destruirlos. El rey, paranoico, mandó matarlo. Pero en lugar de evitar la profecía, la cumplió. El caballero perdió todo: su maestro, su gremio, y al final se convirtió en el guerrero que iba a destruirlo todo.—
Hubo un silencio pesado. Yo vi a Suwie fruncir levemente el ceño. —¿Farfa sobrevivió a eso? Sabía que Farfa es reservado, pero que maten a todos los que quiere es... Es un montón...— Murmuró ella, la voz más baja de lo normal.
Me di cuenta de que las manos de Suwie temblaban. Siempre había admirado a Farfa.
Rich la miró con duda, luego dirigió la vista a Sili, después a Killer. Lo vi apretar los labios, como si estuviera decidiendo si debía decir lo que pensaba.
—Suwie, el caballero que asesinó a todos... ¿es Farfa, verdad?— dijo la pregunta mirándome a mí. El silencio fue bastante. Yo asentí. Suwie abrió los ojos como platos.
La noticia le pegó como un mazazo. Yo vi cómo sus hombros se tensaban, como si algo dentro de ella se hubiera roto un poco. Por un momento, pareció querer decir algo, pero lo único que salió de su boca fue un simple:
—Wow...—
Yo suspiré y me pasé una mano por el cabello. No era fácil decirlo en voz alta. Saber que Farfa no recordaba nada solo hacía todo más jodido. El gordox vivía sin saber la verdad de su propio pasado.
Sili, que había estado callado todo este tiempo, finalmente habló: —Entonces... ¿hay algo que podamos hacer con esto?—
Rich fue el siguiente en responder. Su tono sonaba más grave de lo usual. —Si tenía este símbolo, significa que tiene algo que ver con el gremio y que no fue simple coincidencia el ataque hacia Farfa.—
—Entonces toca viajar. Espero que el viaje no los canse— Dijo Sili mirándome
Yo lo miré y noté que tenía esa expresión de cuando se hacía el relajado, pero en realidad sabía que se venía algo grande. No era la primera vez que Sili actuaba así antes de una tormenta.
Yo dejé escapar una risa y, con un movimiento despreocupado.—Vamos a por un par de góticas antes— Dije, avanzando hacia la entrada del castillo. No había razón para pensar demasiado en lo que venía. Iban a necesitar a todo el equipo Platinum para esto.
[°°°]
La noche no era del todo oscura, el cielo aún conservaba un tinte azul profundo, y las estrellas ya comenzaban a asomarse. Farfa estaba sentado en el muelle, observando el mar. Al principio, el agua se veía tranquila, como si todo estuviera en calma. Las olas eran suaves, apenas un murmullo contra la madera del muelle.
Un ruido detrás de él lo sacó de sus pensamientos. Se giró y vio a Amílcar dejando unas cajas en el suelo antes de acercarse con un fibron en la mano. Mientras etiquetaba una de las cajas con la frase "devolvieron el oro", le habló con su tono despreocupado de siempre: —¿Qué te pasa, wachín?—
No conocía a Amílcar del todo, pero aun así sentía que podía confiar en él. Era una sensación extraña, la misma que tenía con Suwie y Gian. Como si fueran importantes para él, pero sin saber por qué. Cada vez que los veía, algo en su interior se revolvía, como si su corazón los reconociera antes que su mente. No entendía ese sentimiento, pero tampoco le disgustaba.
—¿Para qué es todo esto?— Pregunte señalando el barco. Desde donde estaban, se veía a Killer y Cris sacando más cajas, charlando animadamente mientras trabajaban.
Amílcar levantó la vista y miró en la dirección en la que yo señalaba. Luego dejó escapar una risa burlona, lo que solo me confundió más. —Estamos sacando lo innecesario. Después de todo, nos vamos todos de viaje—
Frunci el ceño —¿A dónde?—
El ceba mate dudó un segundo. Sabía la respuesta, pero también sabía que le habían dicho que no debía decirle nada al niño. Suspiró con resignación y se encorvó un poco mientras seguía escribiendo sobre las otras cajas.
—Ni idea. Solo nos dijeron qué hacer sin decirnos mucho más. Pero generalmente cuando salimos, nos dividimos: dependiendo del peligro, van dos o cuatro personas nunca todos juntos. Así que si esta vez vamos todos... la cosa es seria—
Amílcar murmuró algo sobre que la comida ya casi estaba lista y que me preparara. Luego agarró las cajas y, sin apuro, se alejó hasta desaparecer de mi vista.
Me quedé quieto, viendo cómo su silueta se desvanecía en la noche. Algo dentro de mí me decía que debía seguirlo, que su presencia era importante, pero no entendía por qué.
Sacudí la cabeza y miré de nuevo el océano. Sentía una emoción extraña, una mezcla de entusiasmo y nervios. Nunca había salido a una misión... después de todo solo era un aprendiz, me faltaba mucho por recorrer.
Mi pecho se apretó un poco. La emoción quería salirse de mi cuerpo, pero entonces recordé la regla número seis del gremio.
"Un caballero no muestra sus emociones."
Apreté los puños. Tenía que mantenerme firme, tenía que ser fuerte. No importaba lo que sintiera.
Sonreí levemente. Quería ver a mi maestro, mostrarle cuánto había aprendido, lo que los chicos me habían enseñado. No iba a decepcionarlo.
—¡Chicos!— la voz femenina interrumpió sus pensamientos. —¡La comida ya está! ¡Vengan rápido antes de que se enfríe!—
Farfa miró una última vez el mar. Las olas eran aún más grandes y violentas ahora. Ya no eran solo movimientos del agua.
Dio media vuelta y corrió hacia la voz de Suwie.
Notes:
Mucho texto? Disculpen si no se entendió lo que quería explicar. Me cuesta 🏄
Si tienen alguna pregunta les respondo sin drama jijija
Chapter 7: Te odio
Chapter Text
[°°°]
El sol brillaba en el horizonte, y la brisa salada del mar soplaba fresca, enredándose en los cabellos de los tripulantes y haciendo crujir con un lamento constante la madera vieja del barco.
A lo lejos, las gaviotas giraban como flechas blancas sobre el mar abierto, mientras las velas infladas se quejaban con fuerza, empujando aquella mole flotante hacia un destino que Farfa no conocía.
El niño estaba sentado contra uno de los postes más gruesos, con las piernas balanceándose al compás de las olas y los ojos grandes clavados en el cielo. Todo en ese barco le resultaba extraño, nuevo. Los ruidos ásperos, los olores intensos, la forma en que el piso se movía bajo sus pies.
A su lado, Amílcar tiraba de unas sogas gruesas y anudadas, con el ceño apenas fruncido, concentrado pero sereno.
—¿Qué hacés?— Preguntó Farfa, su voz arrastrando aburrimiento, apenas girando el cuello para mirarlo.
—Estoy acomodando esta vela para que atrape mejor el viento— Contesto la pregunta el ceba mate
—¿Y eso para qué sirve?— Preguntó de nuevo, esta vez con una chispa de genuina curiosidad en los ojos.
Amílcar al ver cómo el niño se encendía de interés, se limpió las manos polvorientas contra los pantalones y se agachó frente a él.
—¿Querés que te muestre cómo funciona todo esto?— Dijo con los ojos arrugados por la sonrisa detrás del barbijo.
Farfa asintió enseguida, esa energía pura que irradiaba cada vez que descubría algo nuevo.
Amílcar señaló hacia arriba con el brazo
—¿Ves ese palo enorme que va para arriba? Es lo que sostiene esa tela grande. El palo se llama mástil, y la tela: vela. Cuando el viento sopla y pega en ella, empuja el barco hacia adelante. Es como… como cuando soplás una hoja en el suelo y ves cómo se mueve— Explicó lo más mono posible, buscando hacerlo lo más divertido posible para el nene.
—¿Y esas otras cosas más chicas?—
—Son otras velas, ayudan a girar y a movernos mejor. Cada una tiene su nombre, pero no hace falta que los recuerdes ahora— Agregó mientras se rascaba la cabeza.
El sol hacía ya varios minutos le pegaba de lleno en la nuca, y no pudo evitar maldecir mentalmente al resto del equipo, que se encontraba cómodamente bajo la sombra.
Farfa se acercó curioso a una de las sogas, tocándola con los dedos.
—¿Y esto?—
Amílcar soltó una risa breve, contagiado por la ternura de verlo tan hambriento por aprender. Había algo profundamente enternecedor en esa actitud. Siempre había admirado cómo Farfa parecía saber de todo; ahora entendía por qué: el gordox había sido siempre así.
una esponja insaciable de conocimiento.
—Esa soga... o mejor dicho “cabo”, sirve para subir, bajar la vela o ajustarla. Si el viento cambia, tenemos que moverlas. Si no, el barco va para cualquier lado— Explicó, acompañando sus palabras con gestos grandes y exagerados, haciendo reír al niño.
Farfa parpadeó, procesando toda esa nueva información —¿Cómo sabés todo esto? ¿Quién te lo enseñó?—
Amílcar bajó la mirada hacia sus propias manos callosas, dudando apenas un segundo antes de contestar. La voz le salió más baja, cargada de algo más pesado.
—Me lo enseñó un amigo... bue, más que un amigo. Un hermano...— Dijo, y sus ojos normalmente tan seguros, se suavizaron al posarse sobre Farfa, como si las palabras llevaran consigo un recuerdo que dolía y reconfortaba al mismo tiempo.
—Un amigo... ¿Dónde está? ¿Lo puedo conocer?— Preguntó Farfa con emoción vibrante, casi saltando en su lugar.
Una sombra cruzó rápidamente la mirada de Amílcar, antes de que la cubriera de nuevo con una sonrisa serena con los ojos.
—Eh... se podría decir que está de vacaciones— Respondió, desviando la vista hacia la línea infinita del mar —Espero que sean vacaciones cortas...— Añadió en un susurro casi inaudible
Farfa lo miró en silencio, sin entender del todo, pero intuyendo que no debía preguntar más.
Amílcar se incorporó y le hizo una seña con la cabeza con nueva energía.
—¿Querés aprender cómo se maneja el timón?— Preguntó ahora con una chispa de entusiasmo franco en la voz.
—¿El qué?— confundido hablo
—La rueda con la que se gira el barco. Dale, veni que te muestro—
Caminaron juntos hacia la parte alta de la embarcación, donde una gran rueda de madera dominaba el espacio, anclada firmemente al suelo. Spreen giraba la rueda con precisión, los ojos puestos en el horizonte como si fueran parte del mismo cielo. A su lado, Silithur lo acompañaba en silencio, con un postura firme.
—Che, mostrále al nene cómo se hace— dijo Amílcar con una media sonrisa, el tono cómplice.
Spreen alzó una ceja divertido —¿Está listo para manejar una bestia de estas?— preguntó burlón dirigiéndose al niño.
Farfa se irguió enseguida, hinchando el pecho como si aceptara un desafío épico —¡Obvio pá!—
Spreen rió por lo bajo divertido y le cedió el lugar con un movimiento de cabeza, soltando el timón.
—A ver negro, agarrá ahí bien firme, y mirá allá— Señaló una islita apenas visible en el horizonte —Si girás despacito para ese lado, el barco va a empezar a doblar. No es rápido, pero se siente—
Farfa tomó la rueda con fuerza dudando al principio, pero pronto ganando confianza. Sintió la vibración tenue bajo sus pies, el leve cambio de rumbo. Como si el barco obedeciera su voluntad.
—¡Se está moviendo! ¡Estoy manejando!—
—Estás guiando— Lo corrigió Amílcar con suavidad —El viento empuja, pero vos le marcás la dirección—
Silithur, siempre reservado, sonrió apenas. En sus ojos había una ternura callada, una calidez discreta, como si ver a Farfa descubrir el mundo le trajera de vuelta memorias de días más simples.
El momento fue interrumpido por pasos apresurados. Conter apareció bajando la escalera de golpe con Crisgreen siguiéndolo, soltando una risa baja y traviesa.
—Ey, Farfiii— llamó Conter —¿Tenés ganas de mover un poco el culo?—
—¿Eh?— pregunto confundí el menor.
—Vamos a practicar. Batalla, reflejos. Nunca sabés cuándo puede venir un quilombo— Dijo ahora el ser verde.
Farfa soltó la rueda algo inseguro.
—¿Acá? ¿Encima del barco? Se mueve todo… me mareo— Protestó señalando con la cabeza hacia un rincón donde Suwie estaba abrazada a una caja como si su vida dependiera de ello.
—Yo no sirvo pa’ esto… — Se quejaba Suwie, con la voz un hilo tembloroso —Mar... hijo de puta...—
Farfa la miró con un dejo de compasión antes de volverse hacia Conter —No me parece buena idea...— Murmuró inseguro.
Pero Conter se encogió de hombros, su tono poniéndose un poco más serio —En una pelea real no importa si el piso se mueve o si te sentís mal. A veces solo tenés lo que tenés a mano—
Farfa frunció el ceño, bajando la mirada, pensativo. Sabía que tenía razón. No podía esperar condiciones perfectas.
—Bueno— Aceptó finalmente —Pero si me caigo, me salvan, ¿sí?— Agregó, frunciendo el ceño de manera exagerada.
—Obvio— Rió Crisgreen —Te ponemos inflables en cada brazo si hace falta— Bromeó.
—Callate— Protestó Farfa, aunque una sonrisita se le escapó.
Amílcar se quedó atrás, observando cómo se alejaban entre risas. El viento le desordenó el cabello, y por un instante cerró los ojos, dejándose llevar por el recuerdo de cuando hacía tantos años, era Farfa quien le enseñaba cómo manejar un barco.
—“La vida giraba en círculos extraños”— Pensó, con un dejo de nostalgia y orgullo que le caló hondo.
[°°°]
Cuando el sol empezó a deslizarse detrás del horizonte, pintando las velas del barco de un naranja cálido, haciendo brillar las olas como si fueran de oro líquido.
Rich se apoyó en la baranda y avisó en voz clara: —En menos de media hora tocamos tierra—
El aire marino ya no golpeaba con fuerza; ahora era apenas una caricia. Las velas crujían suavemente mientras el navío se deslizaba, y a lo lejos las siluetas de los árboles marcaban la línea donde terminaba el mar.
—¡Tierra a la vista!— Gritó Spreen desde el timón, estirando la voz como un actor de película de piratas.
Rich apenas levantó una ceja. Conter le respondió lanzándole una piedra que nadie supo de dónde saco. Enseguida se armó la típica discusión absurda entre el oso y el conejo.
Un salto torpe interrumpió el bullicio. Gian cayó en el centro de la cubierta, despeinado y con un mapa más arrugado que útil en la mano.
—¡Bueno, escuchen todos que tengo un plan!— Exclamó agitando el papel como un loco.
—¿Un Plan? Justo vos...— Bufó Cris con una risa —Mono, vos no sabés ni dónde queda nuestra base...—
Gian le sacó la lengua fingiendo una herida emocional —Para posho, me hacés re mal. ¡Esta vez pensé todo!, ¡posta!—
Conter soltó una carcajada ruidosa y le dio un codazo cómplice a Spreen —Viste Spreen. Hasta Gian piensa más que tú— Bromeó conteniendo apenas la risa.
—Callate dinosaurio trucho— retrucó Spreen, empujándolo con una sonrisa que no se le borraba de la cara.
Todo el barco parecía estar vivo, vibrando con una energía contagiosa. El caos y el calor humano que emanaban de cada rincón eran algo que Rich, aunque no lo expresara en voz alta, había aprendido a apreciar y disfrutar con el tiempo.
Lo mantenían alerta, vivo. Pero de vez en cuando, su mirada se desviaba hacia Farfa, que estaba sentado junto a Suwie, observando todo con diversion, aunque el entrenamiento con los chicos parecía haberlo dejado exhausto; intentaba disimularlo, moviéndose inquieto pero sin pronunciarse demasiado
Gian, ajeno a todo, desplegó el mapa sobre una caja vacía y se golpeó la frente dramáticamente.
—escuchen giles ¡Atenti que explico!— Gritó, como si estuviera una obra de construcción —Primero cruzamos este bosquecito que parece tranqui, pero seguro está lleno de bichos raros. Después viene más bosque, todo derecho. Y después...— Se infló las mejillas como si estuviera haciendo suspense —llegamos a la zona de árboles gigantes y si no metemos la pata, directo al gremio che—
El silencio que dejó tras esa frase hizo que más de uno soltara un suspiro decepcionado.
—Básicamente: bosque— Comentó Killer entre risas, mirando a Rich al ver la decepción en su rostro.
—Seee pa— Asintió Gian con orgullo, golpeándose el pecho como si fuera un logro.
El grupo estalló en risas, Sili soltó un resoplido y se quitó el sombrero de mago para pasarse una mano por el pelo.
—Vale... antes de que nos agarre la noche y el hambre, movamos el culo, ¿sí?— Dijo con ese tono entre resignado y jefe que todos respetaban.
—Coincido— Respondió Rich ajustándose la capa con precisión.
Bajó del barco primero. Uno tras otro, como una manada desordenada sus compañeros fueron siguiendo el ejemplo. Las botas pisaron la arena húmeda con un sonido casi pegajoso, como si el suelo intentara tragárselos.
El bosque delante era una sombra viva, inmensa. El olor a tierra mojada y a hojas viejas les llenaba la nariz. Y sin embargo, a pesar de lo intimidante del entorno, las risas no paraban.
Gian tropezaba con raíces invisibles cada dos metros. Spreen y Cris le tiraban ramitas a Conter para hacerlo enojar. Amílcar cantaba cualquier pavada a los gritos, desafinando con propósito solo para sacarle la bronca a Sili.
—A este ritmo llegamos el año que viene— Se quejó Conter apartando una liana que casi lo hace besar el suelo.
Suwie caminaba tímida, con pasitos cortos, siempre cerca de Farfa y Killer, El Alto, parecía encantado con cada rama, flor o bichito que encontraba.
Rich, en cambio, tenía la vista entrenada. No solo observaba el camino: escaneaba cada movimiento. Su prioridad era clara. Se mantuvo siempre cerca de Farfa. No era casual. No dejaba que se alejara más de unos pasos de el, o de suwie.
Al rato, Gian levantó la mano en seco.
—¡Alto ahí... yo ya estuve en estos juegos!— Gritó, frenando con un derrape de tierra.
—¿Qué pasó, mono?— Preguntó Conter, detrás de él.
—Era acá— Dijo Gian, con los brazos abiertos como si presentara un monumento—Este lugar es perfecto para acampar—
—Perfecto dice...— Gruñó Amílcar, pateando una rama —Si no hay más bichos es porque ya se comieron a todos—
—Te vamos a comer a ti si seguís quejándote— Hablo Sili con una sonrisa.
—aY BoludÓ, eN privadÓ AmÓR— hablo Amílcar lo más desafinado posible mientras le guiñaba al español, provocando una carcajada general.
Sili se sonrojó hasta las orejas —¡Bueno, ya fue la payasada! Vamos a trabajar. Se viene la noche y no quiero ver ni un solo rascándose el culo— Dirigió el español.
—A sus órdenes bigotes— Bromeó Amílcar, saludando como un militar.
—Rich, organizá tú— Le dijo Sili, señalándolo con el mentón.
Rich asintió sin dudar, ajustó su máscara con una firmeza casi ritual y habló con voz clara sin margen a objeciones:
—Conter, Spreen, Cris: vayan a buscar algo para comer. Carne, Vegetales, hongos... lo que sirva—
Los tres asintieron sin chistar, agradecidos de tener una excusa para correr entre los árboles.
—Gian, Amílcar, Suwie: ustedes busquen agua. Tiene que haber un arroyo cerca, por la humedad y el color del suelo—
Suwie asintió dudosa, bajando la mirada hacia el no. Amílcar le pasó el brazo por los hombros tranquilizando la.
—Tranqui, bruja. Si viene un bicho, lo cagan a trompadas— Le dijo, dándole un empujón leve.
Farfa, que había estado en silencio, observando todo, apretó los puños sin darse cuenta. Cuando notó que los grupos se formaban y él no estaba en ninguno, su voz salió bajita:
—¿Y yo?— Pregunto bajito.
Rich lo miró. Y por un segundo, no supo qué responder. Sabía que decirle “quedate quietito” era lo peor que podía hacer. Farfa quería sentirse útil, pero no lo quería poner en peligro...
El silencio le duró apenas dos segundos. Pero fue suficiente para que Farfa lo interpretara como un "no".
Se sentó en el suelo, con la cabeza gacha, rascando la tierra con una ramita.
Mientras clavaba una estaca para la carpa, lo miró de reojo. El nene dibujaba un perro deforme en la tierra con la rama. Se notaba que estaba triste, pero hacía un esfuerzo enorme por no quejarse.
Rich respiró hondo, pensó rápido. Luego, dejó las cosas, se giró completamente y le habló en un tono mucho más suave, con una media sonrisa.
—Ey, Farfa...— Llamo al niño
El niño levantó la cabeza. Sus ojos brillaron de inmediato, aunque intentó fingir seriedad.
—¿Querés ayudarme a buscar madera para la fogata?— Pregunto.
Farfa se iluminó como una luciérnaga. Se enderezó de golpe.
—Está bien— Dijo subiendo los hombros, disimulando el entusiasmo.
—Pero vamos juntos— Añadió Rich, seriamente —Nunca se sabe qué puede salir de entre esos árboles— Aclaro
Farfa asintió con energía. Se ajustó el casco como si fuera a una misión épica y corrió hasta él. Le dio un saludo exagerado a los demás y le agarró la mano sin preguntar, tirando de él con fuerza para que fueran más rápido.
Rich apenas pudo contener la sonrisa. Miró de reojo a los otros dos que quedaban, suplicando en silencio que se encargaran.
Sili, sonriendo con cariño, le hizo señas de que ellos se ocupaban. Killer simplemente agitó la mano sin despegar la vista de la carpa que estaba armando.
Y así, Rich se dejó arrastrar por esa manito chiquita, internándose entre los árboles con el corazón un poco más liviano.
[°°°]
La mañana comenzaba a despuntar entre las nubes mientras recogíamos las carpas en silencio. Nadie decía nada. El ambiente pesaba sobre nuestros hombros.
Era el día.
Farfa caminaba a mi lado, aferrado a mi mano con sus deditos tibios, con una alegría inocente que contrastaba con la tristeza del entorno
Me hablaba de su maestro y de cómo funcionaba su gremio. Lo hacía con esa chispa suya, como si contarme esas historias fuera lo más natural del mundo... y eso solo me dolía más. Porque yo sabía la verdad.
—Él me dijo que ser caballero no te hace morir con honor— Comentó Farfi sin detenerse, como si compartiera una anécdota trivial —Ser guerrero es proteger a los que amas. Morir con honor es hacerlo mientras proteges a alguien— Añadió, con la misma naturalidad, como si esas palabras no cargaran el peso de una enseñanza profunda.
Sentí que el corazón se me apretaba en el pecho. Las palabras de Farfa, tan sencillas y sinceras, tenían un impacto más profundo de lo que parecían. Me esforcé por mantener la compostura, forzando una sonrisa.
—Qué bien, Farfi— Dije sin saber que contestar, intentando que mi voz sonara cálida y afectuosa.
El nene se rió y siguió su camino, concentrado, respirando con calma. Cada tanto me miraba de reojo sonriendo. Yo me mordía el labio. Estaba al borde de pegarme un tiro.
Después de varias horas caminando, el bosque finalmente se abrió en un terreno llano. A lo lejos, recortada en el horizonte, apareció una muralla vieja y descuidada. La madera podrida, los portones rotos, el pasto seco cubriendo lo que alguna vez fue un camino.
Sentí cómo Farfa despertaba de golpe.
Su cuerpo se tensó y su mirada se encendió. Me apretó la mano con fuerza.
—¡El pueblo! ¡El gremio!— Exclamó con tanta ilusión que me destrozó el pecho.
Antes de que pudiera decirle algo, soltó mi mano y salió corriendo hacia la entrada.
—¡Farfa esperá!— Grité desesperada.
Pero no me oyó.
A mis espaldas escuché a los chicos moverse, pero nadie lo alentaba. No esta vez. Solo pasos apurados y silenciosos. El aire se sentía tenso.
El pueblo... no era un pueblo ya.
Era una ruina.
Casas de madera podrida, techos vencidos, puertas colgando de un solo clavo. No había un alma en las calles. Solo el viento, arrastrando pedazos de lo que alguna vez fue un hogar.
Farfa, que había corrido a toda velocidad, fue frenando. Sus pasos se volvieron más lentos... y luego torpes. Lo vi detenerse, justo al frente mío. Su expresión se apagó como una vela vencida por el viento.
Se acercó otra vez, y me tomó la mano con desesperación.
Miraba alrededor con los ojos abiertos de par en par. Calles vacías. Ventanas rotas. Silencio.
Me agaché a su altura.
—Farfa... mírame— Le pedí con la voz temblando.
Él levantó la mirada. Tenía los ojitos brillosos —¿Dónde...? ¿Dónde está la gente?— Susurró con la voz hecha pedazos —¿Donde esta mi maestro...?— Un sollozo le cortó el aire.
Tragué saliva. Todo en mí quería abrazarlo. Quería mentirle. Quería decirle que estaba bien, pero no podía mentirle.
—Farfa...— Dije apenas en un hilo de voz —ellos... ya no están—
El nene parpadeó confuso. Me miró con fuerza buscando algo, Una señal, una mentira piadosa, Algo...
—¿Es verdad?— Preguntó bajito.
—Decime que no es verdad, no me gusta esta broma Suwie...— Su voz fue bajando de tono a un susurro inaudible.
Yo bajé la mirada. Dándole a entender que no era ninguna broma...
Y en ese instante, todo se vino abajo.
—¡Te odio!— Gritó de golpe con una furia desesperada —¡Te odio, te odio, te odio!—
Me empujó con torpeza. No midió su fuerza, solo reaccionó, después... salió corriendo entre las ruinas.
No lo detuve. Me quedé ahí, paralizada, mirando cómo se alejaba. El eco de sus gritos seguía resonando adentro mío.
Gian se acercó primero, con pasos lentos, y se colocó a mi lado sin decir una sola palabra. Un segundo después, Amílcar lo imitó. Los dos me ofrecieron su compañía en silencio, sin necesidad de preguntas ni explicaciones. Era su forma de decirme que estaban ahí.
Los demás chicos se habían quedado unos metros atrás, dándonos espacio. Ya no había bromas ni risas, solo quedaba el silencio, Uno denso, incómodo, que parecía envolvernos a todos.
Me giré disociado, sin darme cuenta que estaba mí mirada posada en Rich, pensé que iba a encontrar tristeza en el, pero en su lugar encontré algo que me hizo tensar.
El español estaba completamente quieto, de pie como una estatua. Fruncía el ceño con intensidad, sus ojos completamente negros fijos en la dirección por donde Farfa se había marchado.
Cuando finalmente me miró, sentí un escalofrío. Su mirada no era de tristeza ni de enojo: era otra cosa. Algo más profundo. Algo que parecía venir de un lugar que ni él mismo entendía del todo.
—Tengo un mal presentimiento— Susurró fuertemente, con voz grave y cortante. Hizo movimientos con la mano llamando la atención de todo. Hablo;
—Algo anda mal...—
Chapter 8: Lo Siento
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[•••]
El eco de sus pasos rompía el silencio del salón vacío. Las columnas de piedra, altísimas, lo hacían sentirse diminuto, ajeno. El lugar le resultaba extrañamente familiar... pero a la vez tan desconocido.
Farfa avanzaba despacio, arrastrando las botas sobre el suelo frío. Su mirada se perdía entre los vitrales, los estandartes y las paredes que alguna vez fueron hogar de algo importante.
El zumbido volvió.
Se llevó una mano a la frente con un quejido, tambaleante se apoyó con fuerza contra una de las columnas. Aunque el guante amortiguaba el contacto, podía imaginar el frío del mármol filtrándose por debajo. No le importó; necesitaba sostenerse.
Fue ahí cuando lo escuchó.
—¡Corran! ¡No se queden atrás!—
—¡Está viniendo, por Dios, PELEEN!—
—¡Mamá!—
—¡No... no! ¡NO!—
Las voces surgían de todas partes. Voces rotas, desesperadas. El las oía como si estuvieran a centímetros de su oído.
Farfa apretó los dientes, las rodillas le temblaban, el zumbido creció y entonces vio algo.
Ahí, a sus pies había un cuerpo.
Tirado, retorcido con los ojos vacíos mirando al techo. La sangre espesa y oscura, extendiéndose bajo el cuerpo en un charco inmóvil que olía a hierro y muerte. Una mano todavía se aferraba al aire, con los dedos rígidos como si hubiese intentado detener lo inevitable. Tenía la boca abierta, congelada en un grito que nunca salió.
Farfa retrocedió un paso con el corazón latiéndole tan fuerte que parecía que se le iba a salir del pecho. Le costaba respirar, sentía que le faltaba el aire.
El silencio se volvió insoportable. Solo su respiración se colaba entre los ecos muertos del lugar, cuando reunió valor para mirar de nuevo, para obligarse a entender qué había pasado, parpadeó...
Ya no estaba.
—¿Qué...?— Susurró jadeando.
Alzó la vista de golpe con el corazón acelerado, lo que vio lo paralizó por completo.
En el centro del salón, donde antes no había nada, ahora se alzaban cuerpos desgarrados. Soldados, Hombres y mujeres esparcidos como muñecos rotos, con las armaduras partidas y los miembros desmembrados en ángulos imposibles. Las antorchas parpadeaban, arrojando sombras temblorosas sobre los rostros sin vida. Algunos aún tenían los ojos abiertos, fijos en él.
Sintió un escalofrío fuerte en el pecho. Dio un paso atrás temblando, tropezó con sus propios pies y cayó de espaldas. El golpe le sacó el aire.
Quiso gritar, pero la voz no le salía. Solo jadeó, mirando al techo esperando que eso desapareciera.
Volvió a pestañear... ya no había nadie.
El castillo estaba otra vez en silencio. Frío, vacío: como si todo lo que vio hubiera sido un sueño.
Farfa se puso de pie con el cuerpo temblando. El dolor de cabeza comenzaba a calmar sin embargo un sudor frío le recorría la espalda. Detrás suyo una voz suave pero áspera lo sacó de su espanto.
—Vaya... así que ya empezó—
Farfa se giró con brusquedad, con la respiración entrecortada y el corazón todavía golpeándole el pecho.
Allí parada entre las sombras del salón una figura lo observaba. Una bruja, envuelta en telas oscuras con el rostro medio cubierto.
Farfa no se movió al principio, se quedó mirándola. La mujer tenía una túnica negra que le caía hasta los pies, su silueta afilada se recortaba contra la oscuridad, imponente.
Entonces, ella dio un paso.
El sonido resonó como un golpe seco contra la piedra, un eco solitario que viajó por el salón vacío. Una sonrisa apareció en su rostro, pero no fue como la de Suwie, no había dulzura ni calidez, era una sonrisa torcida.
Farfa aún sacudido por todo lo que acababa de ver, forzó una pequeña sonrisa nerviosa. Se acomodó la ropa arrugada y juntó las manitos frente al pecho entrelazando los dedos sin darse cuenta. Era un gesto que había copiado de Suwie, no sabía por qué lo hacía ahora, pero en medio de ese silencio espeso... le daba seguridad.
—Ho-hola...— Saludó sin atreverse a levantar la mirada, dudando si dar un paso o quedarse quieto.
La bruja no respondió. Ni un gesto, solo se giró sobre los talones con un movimiento lento y elegante empezando a caminar hacia uno de los pasillos laterales.
Farfa la siguió sin pensar, feliz incluso. Después de tanto miedo, tanto vacío... alguien al fin.
El pasillo era angosto, húmedo, las paredes cubiertas de musgo y grietas parecían cerrarse a medida que avanzaban. El aire olía a piedra mojada y algo más... algo rancio: Viejo, Como si el castillo hubiera estado descomponiéndose en silencio durante años.
Los pasos de la bruja eran rítmicos, como tambores resonando en una caverna. El niño trotaba detrás esforzándose por seguirle el paso. Ella no se detenía, no lo esperaba, ni siquiera lo miraba.
Farfa intentó hablar, hacerle preguntas —¿Cómo te llamás? ¿Por qué el castillo está tan vacío?— Pero no obtuvo respuesta. Solo el eco de su voz rebotaba contra las paredes frías.
Entonces, sin aviso volvió el dolor.
Un zumbido sordo, como si alguien golpeara su cráneo desde adentro con martillos. Farfa se llevó las manos a la cabeza y soltó un quejido.
—¡Ahg...!— Se dobló hacia adelante, encorvado, jadeando con fuerza.
La bruja se detuvo. No se giró, pero murmuró con un tono seco apenas audible:
—Tks... La poción está perdiendo efecto...—
"¿Qué... poción...?"
pensó Farfa. Ella; la bruja, reanudó el paso con la misma firmeza dejando al niño atrás. Farfa apretó los dientes, respiró hondo y corrió para alcanzarla.
El pasillo se ensanchó. Los muebles estaban cubiertos de polvo, el techo podrido y las paredes ni hablar.
Farfa se sentía raro, estaba tan metido en sus pensamientos que no vio que la bruja se había detenido.
Se la llevó por delante.
—¡Ay!— Exclamó rebotando contra ella, el golpe le dolió un poco en la cara haciéndolo retroceder un paso mientras se la agarraba con una mano.
La mujer giró lentamente, sus ojos vacíos se posaron en él con una ceja levantada. Inmóvil como una estatua, como si lo estuviera evaluando.
Farfa tragó saliva y rió con nerviosismo.
—P-perdón...— Murmuró con las mejillas encendidas de vergüenza, bajó la mirada y volvió a jugar con los dedos incómodo. Se sentía diminuto frente a esa figura enorme.
La bruja levantó una mano lentamente señalando hacia adelante, una puerta, pero no una puerta cualquiera.
Era gigantesca. Tallada en madera negra, reforzada con hierro, decorada con detalles dorados como dragones, espadas cruzadas y una corona en el centro, Farfa lo supo de inmediato. Era la puerta del trono.
Se acercó con cautela y empujó la puerta con ambas manos. Esta crujió con un gemido grave... y ahí lo vio: una figura sentada en lo alto del trono.
¿El rey? No. No era el rey, no tenía su apariencia. No era la figura de los cuadros, ni la que recordaba.
Farfa avanzó unos pasos con la boca entreabierta, dividido entre el miedo y la necesidad desesperada de saber. Por fin, alguien como él. De su especie, un rostro que no era hostil, una figura que, aunque desconocida no le resultaba ajena. Quería hablar. Tenía mil preguntas en la punta de la lengua.
Pero... la puerta se cerró de golpe.
El estruendo sacudió el aire, Farfa se giró de inmediato.
La bruja estaba allí con la mano aún extendida contra la puerta, la había cerrado con fuerza, bloqueando la salida. Farfa volvió la vista al trono... la figura ya no estaba sentada: se había puesto de pie.
Bajaba los escalones con pasos pesados que hacían temblar el suelo. Su armadura negra brillaba con reflejos púrpuras; era como obsidiana viva. El aire vibraba a su alrededor.
—Te estaba esperando... Franco— La voz lo atravesó, no por su volumen sino por la forma en que dijo su nombre, como si lo escupiera.
Farfa dio un paso atrás, apretando los puños.
El hombre siguió avanzando.
—Sabés... no pensé que ibas a tardar tanto. Siempre con ese don, ¿no? El de sacarme de quicio...— Hablaba como si lo conociera, como si le guardara rencor.
Entonces, desenvainó su espada. Farfa se vio reflejado en ella.
El filo era gris, en ese reflejo... vio su propia cara: temblorosa, asustada. Sus ojos, su miedo. Todo estaba ahí.
Pero entonces recordó: —Regla número seis...— Susurró para sí apretando los dientes —Un caballero no muestra sus emociones— Respiró hondo y se obligó a calmarse.
—¿Qué pasa, Franco? ¿El gato te comió la lengua?— Rió el hombre, esa risa le provocaba una desconfianza profunda.
Cualquiera desde afuera habría visto a un niño indefenso.
Pero el hombre no.
Él vio otra cosa.
La mirada de ese niño...
Era la misma.
La misma mirada que le helaba la sangre.
La que mato a todos sin dudar.
Ardía en sus ojos como una llama que se negaba a apagarse.
Farfa desenvainó su espada de madera, se puso en posición con las piernas temblorosas tratando de recordar lo que le habían enseñado.
El hombre se lanzó con una velocidad brutal y le dio una patada directa en la cabeza, más centrado en el cachete.
Farfa voló hacia atrás, rodó por el suelo y se detuvo con un gemido ahogado, se llevó una mano a la mejilla, los ojos húmedos por varias razones: humillación, miedo, confusión... y dolor.
—¿Quién sos...? ¿Dónde está el rey? ¡Mi maestro!— Gritó con la voz hecha trizas.
Se levantó como pudo, tambaleando, con la espada de madera temblando en las manos. Apenas estaba en guardia, apenas se sostenía, pero no iba a llorar, no le iba a dar ese gusto. Se limpió los mocos con la manga y se secó los ojos con furia, mordiéndose el labio hasta hacerse daño.
"No"
"No lo iba a dejar ganar así."
El hombre se rió otra vez, una carcajada rota, vacía que llenó todo el salón y rebotó en los muros como un eco. Farfa apretó su espada con tanta fuerza que sintió los nudillos crujir.
—¿Realmente no recordás...? ¿No recordás las vidas que arrebataste?— El grito fue un rugido y cargó con la espada en alto, furioso. Farfa saltó hacia un costado como pudo, torpe y desesperado, con el sudor frío bajándole por la espalda y el corazón retumbando en la garganta.
—¿Recordar...? ¡¿De qué mierda hablás?! ¡¡SOLO QUIERO SABER DÓNDE ESTÁ MI MAESTRO!!— Gritó el niño con la voz quebrada por el enojo y la confusión.
El aire se volvía irrespirable, todo giraba, su cabeza era un tambor golpeado sin pausa. Apenas terminó de gritar, un puñetazo seco le dio de lleno en la cara, el golpe fue bestial.
La nariz de Farfa crujió sin llegar a romperse, cayó de espaldas con fuerza, la nuca golpeó contra el mármol, el cuerpo le temblaba por la sacudida.
El dolor fue instantáneo, punzante, la sangre brotó en un chorro espeso que le resbaló por la cara, le entró en la boca, manchó la remera vieja de rojo. Llevó una mano temblorosa a la nariz y al verla empapada, los ojos se le abrieron con pánico.
No tuvo tiempo para más. El hombre se acercó a paso firme con la sonrisa torcida de un sádico.
—Muerto. Muerto se encuentra— Escupió con desprecio.
Farfa trató de retroceder como pudo, empujándose con los talones pataleando débil sobre el suelo, pero fue inútil. El hombre lo agarró de la camisa con una sola mano y lo levantó como si no pesara nada. Quedó colgado en el aire, los pies sin tocar el piso. Forcejeó, pateó en vano, mientras el otro sostenía la espada en la otra mano. No se molestaba en usarla, ni en defenderse, solo lo miraba. Entonces lo soltó, no para dejarlo caer, sino para agarrarlo de nuevo con más fuerza, esta vez directo del cuello.
Los dedos se le cerraron en el cuello como una garra, el aire se le fue de golpe en un jadeo seco mientras las piernas se le sacudían solas y los brazos subían al toque para zafarse, rasguñaba como podía, con las uñas clavadas en la piel áspera del tipo, dejando marcas rojas, chiquitas, que no hacían nada, quiso morder, manotear, pegar, pero nada servía, cada segundo era un suplicio que no terminaba más.
Sus ojitos perdían el brillo volviéndose opacos, inyectados de lágrimas, mientras su boca se abría sin que saliera ningún sonido.
—Te irás con él, si tanto lo querés ver— Gruñó el rey entre dientes, apretando con aún más fuerza.
El cuello de Farfa estaba rojo, marcado por los dedos que le hundían surcos en la piel. La presión no aflojaba y él seguía pataleando sin aire, con el cuerpo temblando del esfuerzo. Tenía las mejillas mojadas, la nariz sangrando sin parar, los dedos crispados arañando con furia.
"Ayuda... por favor..."
"No quiero morir..."
Pensó el niño, justo cuando sus brazos empezaban a caer vencidos, colgando. Sus uñas ya no arañaban solo temblaban en el aire, rendido.
La puerta del salón se abrió con un estruendo. Una ráfaga de viento irrumpió con violencia trayendo consigo polvo y una flecha que silbó entre las columnas como una sentencia.
Rozó la mejilla del rey apenas a milímetros de su sien, se clavó en la pared de piedra con un golpe seco que retumbó.
El hombre soltó al niño por puro reflejo con los ojos abiertos como platos. Dio un paso atrás confundido.
Farfa cayó de rodillas con un gemido áspero. Tosía con espasmos, las manos apretadas contra su cuello marcado. Sus dedos chiquitos recorrían las heridas rojas como si no pudiera creer que seguía vivo. Los ojos llenos de lágrimas temblaban mientras intentaba llenar los pulmones otra vez.
—¡Farfa!— Gritó Suwie desesperada.
—¡Soltalo puto!— Hablo Conter ya con otra flecha cargada y apuntando directo al pecho del rey.
Crisgreen y Spreen no perdieron ni un segundo irrumpieron como un rayo cruzando el salón.
El híbrido verde embistió al rey con todas sus fuerzas haciéndolo tambalear, mientras Spreen se interponía con una daga en mano, cuerpo tenso, listo para pelear.
El tipo, furioso, se zafó de golpe y dio un salto atrás, quedando cerca del trono. Respiraba con rabia, los ojos le ardían de furia.
Farfa tosía fuerte. Se apretaba el cuello, lleno de marcas moradas que quemaban como fuego. Le temblaban los brazos y todo el cuerpo. Apenas podía mantenerse en pie.
Suwie llegó corriendo y se dejó caer de rodillas a su lado. Lo abrazó fuerte, lo apretó contra el pecho y le susurró al oído, con la voz temblando: —Shh... ya pasó, estoy acá. Respirá Farfa... respirá—
No podía responder. Lloraba roto, encogido en sí mismo, sollozando con la garganta herida y el pecho agitado por el miedo. El cuerpo le dolía todo, el cuello ardía como si aún lo apretaran. Le costaba tragar y respirar.
Y aún así, con la cara hundida en el abrazo de Suwie, lo único que sentía... era alivio.
[•••]
El rey distante y aparentemente inofensivo por el momento, se sacudía con desinterés el polvo de la capa. Estaba erguido observando desde la lejanía como si todo lo que ocurría a su alrededor le resultara insignificante. Su figura imponente aunque quieta, parecía encerrar una amenaza latente como un león que aún no ha decidido atacar.
A pocos metros de él avanzaba la bruja. Sus pasos eran lentos casi ceremoniales. El viento jugaba con los pliegues de su túnica raída y su bastón marcaba un eco seco contra el suelo agrietado.
—¡Vos hija de puta!— Gritó Amílcar con furia, su voz retumbando por las paredes del salón, sus ojos chispeaban de rabia al ver a la bruja.
El rey no se inmutó, solo alzó la vista con una sonrisa maliciosa dibujándose en su rostro arrugado mientras terminaba de sacudirse el polvo de los hombros como si la acusación de Amílcar no mereciera ni una reacción.
—¿Pensaron que iba a estar solo?— Dijo el hombre con calma, su voz no necesitó alzarse, se expandió por la sala como una bruma espesa susurrando desde cada rincón
Dio un paso adelante sacudiéndose el polvo con elegancia como si el caos que lo rodeaba no tuviera nada que ver con él —¿De verdad creen que todo esto fue obra mía? No, muchacho...— Miró a Amílcar y una sonrisa se dibujó en su rostro
Un crujido profundo quebró el aire como si el tiempo mismo se partiera, las luces de las antorchas titilaron y una presión invisible recorrió la sala
Desde las sombras del trono como si emergiera de las grietas del mundo algo tomó forma, no caminaba flotaba, una criatura imposible compuesta de pura oscuridad como si la noche hubiera sido destilada en su forma más pura, tenía unos ojos rojos y vacíos, una sonrisa del mismo color.
Tenía cuernos curvados hacia atrás largos, a cada movimiento suyo el aire se densaba, en medio del silencio atroz una única voz se atrevió a romperlo, un susurro tembloroso como si nombrarlo fuera invocar su ira
—Tenebrius...— Murmuró Gian con los ojos abiertos, retrocediendo un paso sin siquiera darse cuenta.
Entonces lo entendieron. El rey no estaba solo, nunca lo estuvo.
Rich reaccionó al instante; sintió la presencia del semidiós como una presión insoportable sobre el pecho, sacó el tridente en un solo movimiento fluido, con los músculos tensos y la mandíbula tan apretada que apenas podía respirar, y mantuvo los ojos fijos en la figura flotante, sin parpadear.
El rey, aún sereno, esbozó una sonrisa de triunfo y recorrió la sala con la mirada, disfrutando del miedo que había sembrado.
—Haz lo que quieras con el resto— Ordenó con arrogancia sin molestarse en señalar a nadie, ya no le importaban los nombres solo el resultado.
Acto seguido todo se desató.
Tenebrius elevó un brazo.
El aire se volvió denso, cargado de electricidad mágica, un estruendo invisible rasgó el cielo y el suelo al mismo tiempo.
Sili reaccionó primero, con una rapidez instintiva: empuñó su vara, la golpeó contra el suelo y un escudo invisible surgió a su alrededor como una burbuja de cristal, protegiendo apenas a quienes estaban cerca: Amílcar, Conter, Crisgreen y Spreen. No había tiempo para más.
Killer, al otro lado, sintió cómo la energía oscura invadía cada rincón del lugar; con reflejos certeros alzó su arma e invocó una barrera protectora alrededor de Gian y Rich, que quedaron cubiertos por la magia justo a tiempo.
Gian giró la cabeza.
Farfa y Suwie seguían ahí sin protección, expuestos en medio del caos. Parados uno junto al otro.
El castillo tembló. Algo se quebró en lo más hondo. Una luz blanca estalló desde lo alto y lo cubrió todo, tan pura y violenta que los colores desaparecieron. El destello los envolvió como una marea muda, arrasando las formas, el tiempo, todo lo que alguna vez tuvo peso.
—¡NOOOOOOO!— Gritó el mono con un dolor que desgarró el aire al ver a Suwie abrazando a Farfa con todas sus fuerzas como si pudiera protegerlo de un dios con solo su cuerpo.
Después, la nada, como si el mundo se hubiera borrado.
Cuando la cegadora claridad comenzó a desvanecerse lo que vieron fue destrucción.
El gremio ya no estaba, como si nunca hubiese existido. No quedaba más que un enorme cráter de escombros, fragmentos de madera, restos de piedra rota, arena gris y cenizas flotando en el aire como polvo de hueso.
El pueblo que antes era ruina ahora ya ni existía.
[•••]
Spreen y Crisgreen giraban la cabeza sin parar buscando algo, cualquier señal entre el humo y los restos. Sus miradas eran puro desconcierto, como si al mirar dos veces todo volviera a estar en su lugar.
Conter, igual de aturdido, retrocedió un paso; la confusión le apretaba el pecho y se volvió hacia Sili.
El bigotudo estaba de rodillas jadeando, la vara mágica aún chispeaba entre sus dedos. Había usado un hechizo demasiado complejo, uno que exigía más de lo que su cuerpo estaba listo para dar, le temblaban los brazos.
Amílcar estaba en el suelo sin moverse, los ojos abiertos de par en par y fijos en el vacío, las pupilas contraídas hasta parecer puntos. Miraba exactamente donde antes habían estado Farfa y Suwie; ahora solo quedaban escombros, madera rota y cenizas flotando.
No decía nada, solo respiraba rápido como si algo se hubiera quebrado adentro y no supiera cómo volver a unirlo.
Sili apretó los puños con fuerza. El sudor le corría por la frente y se lo limpió con rabia. Murmuró algo entre dientes, una maldición amarga que apenas salió de su garganta: —Tantos años...—Dijo apenas audible —Tantos años entrenando, memorizando hechizos, dominando conjuros prohibidos... ¿Para qué? ¿De qué sirvió si no pude alcanzarlos?—
Su voz se quebró en la última palabra y el silencio volvió como un manto pesado sobre todos.
—Chicos...— Susurró Amílcar apenas audible.
Todos se giraron hacia él, notando que señalaba algo a lo lejos.
Una figura se acercaba entre la ventisca de arena y polvo. Apenas podía distinguirse su forma por culpa del viento que silbaba con fuerza y levantaba remolinos de tierra caliente, pero había algo en esa silueta... algo que heló la sangre de todos.
La bruja.
Una figura se acercaba entre la ventisca de arena y polvo. Apenas podía distinguirse su forma por culpa del viento que silbaba con fuerza y levantaba remolinos de tierra caliente, pero había algo en esa silueta... algo que heló la sangre de todos.
Spreen gruñó al verla y se adelantó con los puños cerrados. Crisgreen y Conter lo imitaron de inmediato, formando un semicírculo defensivo. Todos menos dos.
Sili apenas podía mantenerse en pie. Amílcar lo sostenía del brazo y apretaba los dientes mientras lo ayudaba a no caer.
—No puedo con otro hechizo...— Murmuró Sili entre jadeos.
A la distancia la bruja alzó el cetro con los dedos largos aferrándolo con fuerza mientras lo movía en patrones extraños casi hipnóticos.
El aire se volvió denso y una energía oscura empezó a emanar del báculo vibrando como un zumbido grave que se colaba en los oídos.
El viento pareció callar de golpe y un escalofrío recorrió el suelo.
Entonces el temblor.
El suelo retumbó como un trueno seco y se quebró en grandes grietas negras que se abrían como bocas hambrientas. De ellas emergieron siluetas translúcidas flotantes soldados espectrales.
Llevaban armaduras antiguas gastadas idénticas a las de Farfa. Cascos con espadas al cinto y escudos en los brazos. Pero tenían los ojos un brillo vacío como si no quedara nada humano en ellos.
La bruja sonrió, una sonrisa tan blanca y filosa que parecía cortarlo todo.
—Ataquen— Ordenó con una voz suave pero más mortal que cualquier grito.
Los caballeros espectrales avanzaron sin dudar corriendo hacia ellos como un ejército salido del mismo infierno.
[•••]
En otro lugar se encontraba Rich que recién abría los ojos. El suelo le raspaba la espalda y tenía la boca seca. Tardó unos segundos en recordar dónde estaba.
Cuando abrí los ojos lo primero que hice fue buscar a Farfa. Me incorporé de golpe con el corazón en la garganta. Me mordí los labios al ver que lo único que se encontraba cerca eran Killer arrodillado y el amigo de Farfa: Gian, inmóvil como una estatua, con la mirada perdida. Apreté los puños con fuerza y cerré los ojos con impotencia.
"Ojalá Farfa se haya encontrado con el grupo restante... y no esté solo"
pensé con un nudo en el pecho. Me acerqué a Killer, que se encontraba sacándose el sudor de la frente con la manga, el rostro marcado por el cansancio y la preocupación. Parecía haber salido de una pelea a muerte.
—¿Estás bien?— Pregunté con voz seca pero tensa por dentro. Él me miró un segundo y asintió con lentitud, sin palabras al principio.
—Un poco cansado— Me habló mientras se paraba apoyándose con una mano en el suelo. Tenía los ojos pesados pero no se permitió descansar. Su mirada se centró en Gian y, sin decir nada más, se acercó a él levantando las manos con suavidad. Una energía verde salió de sus palmas, magia curativa que se arremolinó alrededor del híbrido.
El híbrido mono salió de su estado de shock lentamente como si despertara de una pesadilla. Parpadeó varias veces y le sonrió a Killer aunque la sonrisa era temblorosa, apenas un reflejo de alivio.
—Che, gracias. No es necesario... estoy joya— Habló Gian con una voz apagada pero cálida, frotándose los ojos.
Pero la sonrisa desapareció tan rápido como había aparecido. El ambiente cambió en un instante cuando una risa profunda resonó desde todas partes a la vez, vibrando en el suelo y en los huesos como si el mundo mismo se burlara de nosotros.
Me puse en guardia al instante con el corazón latiendo con fuerza en los oídos. Mis ojos recorrían cada rincón intentando encontrar el origen de esa risa que parecía venir de todas direcciones al mismo tiempo.
—Sabés, Gian... nuestro trato sigue activo todavía— Habló una voz gruesa que parecía arrastrarse entre las piedras.
"¿Trato? ¿De qué trato habla?"
Pensé mientras me giraba hacia Gian buscando alguna explicación. Para mi sorpresa él también me estaba mirando. Tenía los ojos grandes como si acabara de recordar algo terrible.
Killer, que también buscaba la fuente de la voz, se giró hacia Gian de golpe con las cejas fruncidas —¿Qué trato?— Preguntó con firmeza, dando un paso hacia él. Su tono era tan seco como una cuchilla, cargado de desconfianza.
La risa volvió, ahora mucho más fuerte, carcajadas que parecían llenar el aire como un humo venenoso. Entonces, con un "puff" sordo el humo se materializó, girando sobre sí mismo.
Del centro emergió una figura oscura y elegante: el semidiós Tenebrius.
Sacudí el brazo y desenfundé el tridente con rapidez. Killer alzó su varita apuntando sin pestañear. Nos pusimos en guardia como un solo cuerpo instintivamente. Gian, por su parte, se levantó lentamente tragando saliva.
El semidiós inclinó la cabeza como si no entendiera por qué todos estaban tan tensos. Su sonrisa era tan amplia que parecía imposible que no le doliera la cara pero seguía ensanchándose. Sus ojos brillaban con una malicia burlona.
—Una vida por otra vida— Habló con voz dulce pero venenosa clavando su mirada en Gian que se encontraba mordiéndose el labio incapaz de sostenerle la mirada —¿No es eso lo que querías? ¿Revivir a la Posha...?— Cerró los ojos por un segundo encogiéndose de hombros como si fuera una broma inocente.
Pero nosotros sabíamos que ese gesto esa pausa fingida era todo menos inocente. Era un juego. Y ya estábamos atrapados en él.
[•••]
Cerré los ojos al sentir una ráfaga de viento cortándome la cara, apreté fuerte el cuerpo abrazando a Farfa con todas mis fuerzas para que no saliera volando. Sentía cosas golpeándome: piedras, escombros, no sé bien qué; me raspaban los brazos, me cortaban la piel, pero él no recibía nada, yo lo estaba cubriendo.
Cuando todo se calmó abrí los ojos temblando y me paralicé.
Donde antes estaba el castillo ya no quedaba nada, solo ruinas, polvo, destrucción, solo nosotros, Farfa y yo. Él apenas se mantenía en pie, tenía la nariz seca manchada de sangre, el cuello amoratado, los ojos entrecerrados por el dolor, seguía temblando, lo veía tambalear, seguía vivo pero al límite.
Y ahí estaba él, el rey, entre los restos, caminando como si no le afectara nada; su capa sucia se arrastraba por las piedras y sus ojos blancos como cuarzo se clavaban en nosotros con una calma espantosa. Sentí cómo se me congelaba la espalda.
Avanzó lentamente, cada paso hacía más pesado el aire.
—¡No te acerques más!— Grité poniéndome frente a Farfa sin pensarlo. Escuché cómo él caía detrás de mí jadeando rendido y yo me paré firme, o al menos eso intenté.
El rey se detuvo y en un pestañeo ya estaba frente a mí, ni lo vi moverse de la velocidad que manejaba.
Me pegó de lleno en el estómago, fue como un martillazo, se me fue el aire de golpe, escupí saliva. Otro golpe me lanzó lejos, rodé por el suelo raspándome con cada piedra o con cada maldito grano de arena.
—¡SUWIE!— Escuché a Farfa. Intentaba llegar hasta mí.
Me forcé a mirar. Él trató de ir conmigo como podía, hasta que el rey lo agarró del brazo y lo estampó contra el piso. Farfa gimió de dolor, raspado, enseguida el rey le clavó el pie en el pecho como si fuera solo un insecto.
—Farfa...— Susurré con la garganta ardiéndome. Me levanté como pude, adolorida, corrí hacia él, agarré mi espada, salté, ataqué con todo lo que tenía.
Fallé. Él ni siquiera me estaba mirando, solo se giró como si hubiera sentido el aire moverse y me esquivó sin esfuerzo, sin verme siquiera, como si supiera exactamente dónde iba a estar mi golpe antes de que lo lanzara. Me sentí patética. No llegábamos ni a rozar su nivel.
Al menos se alejó de Farfa.
—Te dije que te alejaras— Murmuré con el cuerpo temblando pero sin detenerme. Corrí de nuevo hacia él, lo enfrenté con todo lo que había aprendido junto a Farfa cuando él era grande, combinaciones que practicábamos hasta el cansancio. Esta vez el rey sí me miraba, esta vez no iba por Farfa, estaba peleando conmigo.
—Podrías salir ilesa si me entregás al mocoso— Dijo bloqueando mi espada como si fuera un palo de juguete. Su voz era baja, seca, casi un susurro pero helaba la sangre.
—Jamás— Escupí más con el alma que con la voz. Sonó como un rugido.
Él sonrió, no con burla sino con esa calma horrible de quien ya sabe cómo termina todo. En un segundo desvió mi espada y la lanzó lejos. Cayó con fuerza clavada en la tierra, fuera de mi alcance.
Mierda, ya no puedo más. Cada músculo me arde, los brazos me pesan como si fueran de piedra, la garganta se me cierra y la cabeza me late como si fuera a reventar. Sigo llena de raspones, cortaduras, moretones; todavía me duele el cuerpo por los escombros que me golpearon cuando todo voló por el aire. No sé si me queda fuerza para pelear cuerpo a cuerpo.
El rey se rió fuerte, una carcajada áspera que me taladró los oídos como si disfrutara cada segundo.
—Si así lo deseás— Musitó con un tono grave, casi satisfecho.
Entonces vino el golpe.
Ni siquiera vi la espada, solo sentí cómo me abría el costado como si me rasgaran la piel con una hoja caliente. Caí de rodillas, grité sin voz, se me fue el aire. Me pateó con tanta fuerza que salí volando, rodé por el suelo, algo se rompió adentro, la espalda me ardía, la sangre me empapaba la ropa y no podía respirar.
Quedé ahí boca contra el polvo sin poder moverme, tosí y escupí rojo.
—Mató a mi gente— Dijo el rey acercándose lento —Exterminó todo lo que amaba. ¿Y vos...? ¿Vos vas y lo protegés...?— Terminó con una furia que le quemaba la voz.
No le respondí, no valía la pena, no iba a darle mis palabras; él no las merecía.
Apretó fuerte la empuñadura de su espada sin recibir respuesta, estaba a punto de dar el golpe final pero algo lo frenó
—¡Basta! ¡Dejala!— La voz de Farfa retumbó quebrada. Estaba ahí frente a mí, sangrando y temblando con la mirada apagada pero el cuerpo firme. Tenía mi espada en las manos, la misma que perdí cuando el rey me la arrancó, y sin pensarlo se lanzó al ataque.
No tuvo oportunidad.
—Realmente me sorprende que no recuerdes Franco— Dijo el rey mientras movía una mano y lo hizo girar como una hoja al viento. Vi su cuerpo volar y rebotar contra una pared rota de piedra, el impacto tan brutal que escuché el crujido de algo rompiéndose y no fue solo la pared.
—Mi nombre es Farfadox— Dijo con esfuerzo, le costó decirlo. Después escupió sangre. Quedó tirado como una marioneta sin hilos sin moverse. Solo el leve brillo de sus ojos mostraba que seguía ahí. Se sujetaba el brazo dislocado con el otro apretándolo fuerte los dientes para no dejar caer las lágrimas
—Tú nunca llegaste a ser un caballero, nunca tendrás el honor de serlo— El rey se giró hacia él. Lo vi avanzar con la mirada fría como un verdugo.
—¡FARFA!— Mi voz se escapó, rasgando la garganta. Me levanté de inmediato.
No sé cómo lo hice. Todo el cuerpo me dolía, sangraban mis piernas y brazos, tenía el costado abierto y la vista nublada. Pero me levanté; no iba a dejarlo morir.
¡CLANG!
Bloqueé el golpe con una daga oxidada que me había dado Amílcar antes de todo esto. El impacto me lanzó lejos; sentí cómo me desgarraba el hombro, el dolor me atravesaba y caí contra el suelo. Tosí, el sabor metálico llenó mi boca. No podía más, pero me obligué a levantarme.
Las piernas temblaban, la vista me daba vueltas, aun así, corrí hacia él y grité un grito más de angustia que de fuerza.
Corrí porque si no lo hacía, Farfa iba a morir. Corrí porque si no lo intentaba, nunca podría perdonarme. Si esa era mi última carrera, que al menos sirviera para salvarlo.
Le pegué con la empuñadura en la cara; ni se inmutó, como si le hubiera tirado una hoja seca. Me devolvió un puñetazo en el estómago, el aire salió disparado de mis pulmones. Vomité sangre, caliente y espesa; el sabor me llenó la boca. Caí de rodillas, las piernas temblando.
—¡S-suwie!— Se escuchó Farfa detrás, desesperado, al borde de romperse.
No podía dejarlo solo, no a él.
Me levanté y corrí. Logré rasguñarle el brazo con la daga que Amílcar me había dado antes de todo esto, dejando apenas una línea roja sobre su armadura negra. No reaccionó, ni se inmutó. Pero al levantar el brazo, me golpeó la mandíbula con la empuñadura y sentí un crujido; un diente salió volando, otro quedó colgando.
Caí de nuevo, la sangre y la saliva llenaban mi boca, el suelo giraba abajo de mí mientras el dolor se extendía desde la mandíbula hasta el pecho.
Me levanté otra vez, y otra.
—¿Por qué peleás por él?— Escupió con asco, mirándome como a un insecto —Es un asesino... tsk, si es lo que deseás... muere— Me agarró del cuello y me alzó como si no pesara nada. Mis pies dejaron de tocar el suelo. Pataleé, intenté zafarme, pero no podía respirar. Todo se apretaba, todo dolía.
—Ser un guerrero— Tosí con un susurro débil, la voz rota y los labios partidos —No te hace tener honor. Proteger a los que amas, sí...— Me costaba hablar, cada palabra era un esfuerzo, como si el aire me faltara aún más.
Me azotó contra el suelo con tal fuerza que escuché un crujido seco en mi espalda. Mi cuerpo se arqueó, quise gritar, gritar con todas mis fuerzas... pero no salió nada. No tenía aire para hacerlo.
Me dejó tirada a unos pasos, en el polvo y las piedras. Apenas podía respirar, el pecho me dolía y mantener los ojos abiertos era una lucha constante. Solo escuchaba un zumbido agudo, un "tiiiiiin" insoportable en mi oído.
Con un solo ojo abierto, lo único que veía era el cielo nublado, pesado, como si estuviera a punto de desatarse una tormenta.
—¡SUWIE! ¡NO!— Gritaba Farfa, arrastrándose por el suelo, dejando un rastro de sangre, llorando como nunca —¡NO!— Su hombro estaba dislocado pero seguía avanzando, gateando como un desesperado sin importarle el dolor.
El rey se rió lento y cruel, burlándose de su esfuerzo inútil. Se acercó a mí con pasos pesados, como un verdugo al acecho. De repente la espada me atravesó el pecho.
El grito que salió de mí no era humano, era puro horror. Sentí el metal hirviendo abrirme en dos, el crujido de huesos quebrándose, la carne rasgándose brutalmente. Un dolor insoportable que me paralizaba.
Vi a Farfa. Ya me costaba mucho mantener los ojos abiertos.
Su cuerpo estaba destrozado, la ropa hecha pedazos, la cara cubierta de tierra, sangre y el dolor que se le caía en cada lágrima. Estiraba la mano hacia mí pero no llegaba. Lloraba, suplicaba con todo lo que le quedaba.
—¡NO TE VAYAS!— Gritó, la voz rota, temblando —¡PERDÓN...! ¡NO ME DEJES! ¡NO TE ODIO! ¡NUNCA TE ODIÉ!— Hablaba con la voz quebrada, un grito de quien quiere proteger a alguien pero no puede —Por favor resistí—
Intenté moverme, levantar el brazo, apenas un poco, solo para que supiera que lo escuchaba. Mi brazo tembló, un músculo se desgarró, un dolor agudo me atravesó. Mantenerme despierta era una batalla que estaba perdiendo.
—¡Conter! ¡Spreen! ¡Cris! ¡Sili! ¡Killer! ¡Alguien, por favor, sálvenla!— Gritó Farfa, sin poder levantarse, con la voz rota y desesperada —¡Rich! ¡Amílcar! ¡Gian! Por favor... ¡Morirá!— Las lágrimas grandes caían de sus ojos brillantes, como si fueran a romperse —Maestro, te necesito...— Dijo lo último susurrando.
El rey me agarró del pelo y sin dudar retiró la espada de mi panza como si sacara un clavo de madera podrida. La hoja se deslizó con un sonido húmedo, denso. No reaccioné. El cuerpo ya no respondía. Me soltó sin cuidado y caí a un lado, sin peso, sin voluntad.
Se acercó y apoyó su bota sobre mi cabeza. Empezó a presionar. Primero fue una amenaza, luego una sentencia. Escuché el crujido en mi cráneo como ramas secas partiéndose. Los huesos vibraban. La boca se movía sola como si quisiera hablar por mí, pero no había voz. No había aire. La sangre me llenaba la garganta, los oídos, los ojos.
Solo vi su cara.
Tan parecida a la de antes, aunque más redonda, infantil... con esa grasita de bebé que todavía no se le fue. Sin cicatrices...
Mientras lo miraba, solo pensaba en eso... en lo que fuimos. En los monos. En Platinum. En cada día que luchamos juntos. Cómo me encantaría escuchar su voz diciéndome que iba a estar bien, que podía con esto, como siempre lo hacía.
Ja... los momentos que vivimos pasaban por mi cabeza como si los viera en una pantalla, uno tras otro. Y, lamentablemente, vos ya no recordás nada de eso.
"Ey... Farfa... lo siento..."
Cerré los ojos. La espada se acercó, y el corte fue lo último que sentí.
[•••]
Muy lejos de allí, el resto de los equipos seguía peleando, concentrados en su batalla, sin notar nada... hasta que lo sintieron.
Una explosión de energía los sacudió. El suelo vibró, el aire se volvió denso, caliente, imposible de respirar. Un viento brutal los arrojó hacia atrás, como si el mundo hubiera reventado. Se miraron desorientados, cubriéndose del polvo.
Venía del castillo o de lo que quedaba de él. No era solo viento. Lo acompañaba un sonido grave, como un beacon activándose bajo tierra. Entonces estalló la luz: morada tirando a negro, con una energía única, no era de cualquiera.
Era de él.
El caballero de Netherite.

wintxr on Chapter 1 Mon 20 Jan 2025 04:57AM UTC
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GordoBoludo777 on Chapter 1 Mon 20 Jan 2025 06:29AM UTC
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Thephantom_Ph on Chapter 2 Mon 24 Nov 2025 05:19AM UTC
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HishyaInfinity (Guest) on Chapter 4 Tue 21 Jan 2025 04:52AM UTC
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GordoBoludo777 on Chapter 4 Tue 21 Jan 2025 09:37PM UTC
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PERCYLUX (Guest) on Chapter 4 Tue 21 Jan 2025 08:24PM UTC
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GordoBoludo777 on Chapter 4 Tue 21 Jan 2025 09:27PM UTC
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M31ssy on Chapter 8 Sat 19 Jul 2025 01:11AM UTC
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