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Noble Corrupción

Summary:

El 28 de junio de 1981, Peter Pettigrew sacrificó su vida para salvar al mundo. Tras diez años de paz, surge una nueva generación de magos y brujas ansiosos por demostrar su valía y convertirse en héroes ante la remota posibilidad de que Voldemort regrese.

Sin embargo, para Draco, nada de esto importa. Su único objetivo es llevar una vida tranquila en Hogwarts y proteger a su familia a toda costa. Su principal preocupación es evitar que las sombras del pasado alcancen a su padre, especialmente cuando algunos insisten en que hay una celda esperándolo en Azkaban.

Entra en escena Harry Potter, hijo de uno de los más célebres jugadores de Quidditch y de la bruja que revolucionó el mundo de las pociones con su famosa creación «Alma de Lobo». Harry no solo es un Legado de héroes, sino que parece decidido a hacerle la vida imposible a Draco.

Si Harry es un héroe, ¿eso convierte a Draco en el villano?

Notes:

Les recomiendo estar pendiente de los tags acorde va avanzando la historia.

Esta es una hermosa y entretenida comisión solicitada por alguien muy estimada. Valen, espero que te guste la historia que va a surgir a partir de lo que inició como una pequeña idea entretenida: Draco siendo Hufflepuff y Credic tomándolo bajo su ala.

Chapter 1

Notes:

Les aseguro que Hazel es un personaje canon. Lo que pasa es que hay muchos personajes femeninos que solo son conocidas como "La señora...." y el apellido de su esposo. Así que le di un nombre.

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

A pesar de que era una tarde perfecta para disfrutar del té, ambas mujeres susurraban como si alguien pudiera oírlas. No estaban equivocadas, por supuesto.

—Cissy, querida, ¿no sueles decirle a Andromeda que no es saludable preocuparse demasiado?

—Porque lo hace. Pero debes admitir que esto es completamente diferente.

—¿Lo es…? Andromeda se preocupa por su hija como tú te preocupas por el tuyo.

Draco contuvo la respiración. Muy en el fondo sabía que ya no era un niño pequeño y no tenía excusa para espiar conversaciones de adultos, pero ¿de qué otra manera podría entender qué estaba agobiando a su madre? ¿Cómo podría solucionar las cosas sin la información adecuada? Se sentó en el suelo y apoyó la cabeza contra el marco de la puerta, fuera del alcance de las miradas de las dos mujeres. Sabía que su tía Hazel no actuaba con mala intención, pero no podía evitar que una parte de él se sintiera mal al saber que su madre estaba siendo acorralada con sus propias palabras.

—Dime la verdad —insistió su madre—. ¿No estás preocupada?

—Indudablemente. Solo un ingenuo no estaría en alerta. Han pasado años, pero no lo suficiente para olvidar. Creo que jamás podré dejar atrás lo que todos vivimos a manos de ese monstruo, y siento pena por aquellos que pueden hacerlo. —Hubo una pausa. Los pasos de alguien recorrieron la sala, de un lado a otro, hasta detenerse ridículamente cerca del escondite de Draco. La voz de su tía sonó a un suspiro de distancia—. El Ministerio dio la orden al Profeta para que retuviera la información todo lo posible, pero no podrán ocultarlo para siempre.

—Tan jóvenes… Lucius dice que todos eran Aurores recién reclutados, apenas se habían graduado de Hogwarts… —otra pausa, y esta vez la voz de su madre sonó como agobiada—. Podría tratarse de él.

—No lo sé, querida… Muchos de ellos eran sangre pura. No tiene sentido que El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado ataque a quienes consideraba su propia gente.

Draco frunció el ceño y sintió como si miles de agujas estuvieran atravesando su piel y perforando sus oídos. Se forzó a respirar profundamente, intentando calmar su corazón. La gente parecía querer creer que Voldemort había muerto cuando la famosa Orden del Fénix y los Aurores hicieron una redada masiva. Desde entonces, el Ministerio había celebrado la Noche de la Luz cada 28 de junio, una fiesta para recordar a los caídos y el día en que el mundo se liberó de otro Mago Oscuro. La última celebración había sido un espectáculo sin precedentes, conmemorando una década de supuesta libertad. Pero no importaba cuántas luces estallarán en el cielo ni cuántos festivales se organizarán; los rumores de que Voldemort seguía con vida, respaldados por una profecía de su regreso, se filtraban entre los oídos ansiosos de todos.

—El Señor Tenebroso no solo mataba a quienes consideraba impuros, sino también a traidores. Sería muy propio de él considerar una traición que los sangre puras se unieran a las filas de quienes lo cazaron años atrás. —Su madre continuó, y se notaba en su voz el cansancio por permitirse pensar en todo esto—. Podría ser él o algún seguidor…

—¿Un seguidor…? Pero Cissy… Tu esposo ayudó para que los que no cooperaron con los Aurores fueran arrestados.

—Alguien pudo haber escapado.

—Lo intentaron, pero créeme, no pudieron.

—Lo sé… —su madre repitió las palabras que siempre se decía, como esperando que se volvieran realidad—. Lo sé

—Los informantes dieron a los Aurores la lista de todos los seguidores de ese monstruo. Los mismos carroñeros que una vez cazaron a hijos de muggles, fueron y persiguieron a los seguidores de El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado, y las celdas de Azkaban se llenaron, —hubo una pausa y algo de dolor se permitió filtrarse en las siguientes palabras—. Todas ellas…

Siempre había un tono melancólico en la voz de su tía cuando hablaba de los mortífagos en Azkaban. Por mucho que ella hubiese despreciado desde el inicio el discurso de pureza de sangre, no podía evitar lamentar que su hermano estuviera encarcelado de por vida. Mientras unos celebraban una década de libertad, otros lamentaban en silencio, casi avergonzados de sus confusos sentimientos, sin poder decirlo a nadie, añorando a aquellos seres amados y familiares que ahora colmaban Azkaban con sus gritos. Su tía Hazel era una de esas personas, aunque nadie lo creería a menos que presenciara estas secretas charlas que mantenía en esa sala de té. Draco estaba bastante seguro de que ni siquiera el esposo de su tía Hazel conocía este lado de ella o estas visitas.

—¿Deseas que Lucius intente apelar otra vez para que te dejen ver a Evan…?

—No, la gente pensará que apoyo su causa, que… tal vez… fui parte de ellos.

—Solo te preocupa tu hermano —insistió su madre, con firmeza—. No hay nada de malo en ello.

Cuando todos les dieron la espalda, la tía Hazel había estado allí para ayudarlos a recuperar sus vidas. Y Narcissa Malfoy era leal a quienes protegían a su familia.

—No es lo que la gente percibe. Por ejemplo, tú no has intentado ver a Bellatrix —su tía señaló sin reproche.

—Ella me puso en peligro… puso en riesgo la vida de mi hijo —respondió su madre, con enojo—. Ella dejó de ser mi hermana hace mucho tiempo.

—Y yo debo pensar en la mía… Mis intentos por ver a Evan eventualmente traerían sospechas sobre mi esposo e hijo. Además… —intentó cambiar el tema—. ¿Qué hay de malo en tener fe? En creer, como el resto, que El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado murió en manos de Peter Pettigrew, que la muerte de ese muchacho no fue en vano. Y que todo lo que está pasando ahora, aunque catastrófico, podría ser obra de un asesino serial o algo más…

—¿…simple que el retorno del Señor Tenebroso? —completó su madre, melancólica—. Sí, me gustaría tener fe, pero creo que la perdí cuando la gente que más amaba terminó uniéndose a un culto que destruyó nuestras vidas.

—Oh, Cissy, no llores.

—No seas ridícula, Hazel, —su madre respondió a la defensiva—. No lo estoy haciendo.

—Llorar sin lágrimas sigue siendo un acto del corazón.

Draco se presionó más contra la pared, evitando ceder al consuelo que deseaba dar. No era la primera vez que oía a su madre reprochar las acciones de su padre sin decir su nombre. Ella lo amaba, pero esos dos sentimientos coexistían en su interior, devorándose mutuamente. A veces, Draco también sentía reproche hacia su padre, y en más de una ocasión había mirado a los ojos de su progenitor y soltado palabras llenas de veneno, impulsado por el deseo infantil de proteger a su madre o de decir lo que ella, por amor, no podía decir en voz alta. Su padre solo lo miraba con culpa, demasiado orgulloso para desviar la mirada o agachar la cabeza. Esos momentos nunca eran satisfactorios. Al final, Draco se sentía culpable, porque sabía todo lo que su padre había tenido que atravesar, los riesgos que había corrido para garantizar la seguridad de su familia.

Pero también era cierto que, si ellos habían estado en peligro, se debía a las acciones de Lucius.

—Aunque esa profecía sea cierta, tu corazón debe estar en paz al saber que Draco no cumple los parámetros para que se trate de él, ¿verdad? —dijo su tía Hazel, tratando de calmarla, lo que hizo reír a su madre.

—Definitivamente, mi hijo no es ningún “Legado” de héroes.

Draco se atrevió a espiar por el pequeño espacio entre la puerta y la pared. Su tía Hazel, con su abundante y ondulado cabello color chocolate aplastado bajo un sombrero, era una mujer pequeña y jovial, del tipo de personas que inspiraban confianza inmediata. Aun en ese momento, arrodillada a los pies de la madre de Draco, había algo de paz que la rodeaba. En cambio, su madre había dejado caer la cabeza entre las manos; su cabello rubio, perfectamente recogido en un moño elegante, dejaba escapar cabellos rebeldes sobre su rostro. Por un largo momento, hubo silencio entre ellas, una camaradería y lealtad tan íntima que parecía demasiado privada para testigos. Draco volvió a apoyarse contra la pared, listo para retirarse y darles privacidad.

—Pero si el Señor Tenebroso ha vuelto, tomará represalias contra Lucius… —la voz de su madre lo alcanzó, deteniendo sus planes. Estaba llorando. Ella realmente llorando—. No le permitirá que lo haya traicionado… y cumplirá sus amenazas, irá por Draco. Hazel, va…

—Y por eso él estará a salvo en Hogwarts —la interrumpió su tía con fervor—. Y si él realmente ha vuelto, encontraremos una solución. Juntas.

—No podría pedirte eso. No podría arrastrarte con nosotros después de toda la ayuda que nos has dado.

—No puedes pedirle a una Hufflepuff que no siga su corazón. Además, somos familia. Ya te perdí una vez, no planeo perderte otra.

Draco sintió una mano jalarlo de su escondite y cubrir su boca para que no gritara. Se encontró cara a cara con un vibrante cabello magenta y unos ojos grises traviesos. Tonks lo miró fijamente, indicándole que guardara silencio, antes de levantarse y alejarlo de la sala de té. A lo largo del camino, las pequeñas argollas que adornaban las orejas femeninas chocaron entre sí como campanas. Draco permaneció en silencio, dejando que la distancia creciera antes de quitarse la mano de Tonks.

Siempre había tenido que mirar hacia arriba cuando se trataba de ella. Aún recordaba, con algo de vergüenza, haber deseado años atrás asistir a Hogwarts solo para estar en el mismo colegio que Tonks. Claro, eso nunca fue posible: ella era siete años mayor que él. Su prima se había graduado en julio, y ahora él iniciaría su primer año.

—¿No te han dicho que es de mala educación espiar a los demás? —le preguntó Tonks cuando se detuvieron en un corredor del segundo piso.

—Podría apostar a que tú estabas haciendo exactamente lo mismo. —Draco cruzó los brazos, mirando con desafío.

—Estamos hablando de tus travesuras, no de las mías, lagartija.

—No me llames así. —Draco presionó sus labios, visiblemente frustrado, mientras ella sonreía con satisfacción.

—Cuando te comportes como tu nombre, te llamaré acorde a este. Yo no actúo como el mío, y por eso no lo uso. —Ella dio un paso atrás de forma juguetona—. Pero si quieres que te diga “Draco”, deja de actuar como una lagartija pegada a las paredes.

—No estaba pegado. —Draco gruñó.

Tonks imitó su voz y su cabello cambió al mismo color que el suyo para enfatizar su pequeña parodia.

—Solo quería preguntarle algo a mi madre, pero no quería interrumpirla. —Draco se defendió, girando el rostro, incómodo.

—Claro. —Tonks lo abrazó de repente, levantándolo del suelo con facilidad y sacudiéndolo de un lado a otro—. Una vez lagartija, siempre lagartija chismosa ¡Como voy a extrañarte!

Él luchó por soltarse, empujándola con frustración mientras Tonks se reía de él. Si Draco aún fuera un niño, ya habría comenzado a patear y a llamar a su madre. Pero ya tenía once años y estaba a punto de ingresar a Hogwarts, así que debía actuar con madurez. Así que solo se deslizó entre los brazos de la chica y puso distancia con ella, mientras se arreglaba la ropa.

—Escurridizo como una lagartija —canturreó Tonks—. Y te ves ridículo intentando actuar como un señor con esos huesos.

—Tengo un nombre, —Draco le recordó, con un suspiro.

—Tienes razón, Lace —Tonks dijo, acercándose tan rápido que Draco no pudo esquivarla cuando le dio un picotazo en el costado.

Si había algo que odiaba más que ser llamado “lagartija” era “Lace”. Tonks se creía muy ingeniosa por haber creado ese apodo a partir de lacerta, “lagartija” en latín.

—Tu madre tiene razón —Draco la apartó con un empujón—. No tienes modales. Te comportas como un troll de montaña.

—Y los trolls comen lagartijas —dijo Tonks, y, para enfatizar sus palabras, su cabello se tornó verde, al igual que su rostro.

Él luchó por no sonreír y, en su lugar, giró los ojos.

Ya no era un niño.

—Oh, vamos, deberías aprender a defenderte cuando alguien te molesta. ¡Vas a Hogwarts! Hay gente increíble ahí, pero también puros idiotas.

—Dice la idiota que tuvo un ridículo enamoramiento con su profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, —Draco le recordó con una sonrisa sardónica.

—Un crush que ya superé. Además, no fui la única, —Tonks retomó su apariencia original.

—Tuviste el cabello y los ojos castaños durante todo un año, —él la acusó, como si fuera algo terrible—. Escuchabas música triste durante las vacaciones y actuabas como una de las protagonistas de los romances que publica el Profeta. —Arrugó la nariz—. ¿Y lo más patético de todo? Deambulabas por todos lados mirando por la ventana con melancolía.

Tonks se sonrojó, avergonzada, y se cruzó de brazos.

Draco sonrió. Era satisfactorio ganar.

—Bueno, ya lo superé, —ella insistió, pero con menos firmeza.

—¿Antes o después de que comenzaras a vestirte como su esposo con toda esa ropa muggle? —Draco retomó, disfrutando de la sorpresa y vergüenza que apareció en el rostro de Tonks—. Apuesto a que todos esos piercings en tus orejas te los hiciste porque el señor Lupin tiene unos iguales.

—¿Estuviste leyendo mi correspondencia otra vez?

—Si la traes a mi casa, se vuelve propiedad nuestra.

—No funciona así y lo sabes. Óyeme bien, pequeña lagartija, —ella advirtió, con tono serio—. Voy a maldecirte. Voy a maldecirte para que tu primer amor sea tan ridículo como esas novelas serializadas que salen en el Profeta, a ver si te gusta.

Draco se encogió de hombros y levantó el mentón.

—Primero tendrías que ser excepcional en ese tipo de magia. Pero lo más cerca que estuviste de aprender algo así fue en la clase del profesor con el que, en lugar de tomar notas, intentabas dibujarlo y escribirle cartas de amor. Así que creo que sobreviviré a tu “maldición”. —Y señaló con los dedos las comillas en la palabra.

—Eres un idiota, —Tonks le sacó la lengua, mostrando el piercing que tenía ahí.

—Y tú, una risible.

—Pretencioso.

—Ri-dí-cu-la.

—Aburrido.

—¡Inmadura!

Tonks comenzó a reír, mirándolo desafiante. Solo en ese momento Draco se dio cuenta de que tenía las manos en puños a cada costado de su cuerpo, y su rostro estaba rojo de frustración.

Como si fuera un niño.

Se obligó a relajarse y respirar hondo, haciendo que Tonks se riera aún más.

—¡Nymphadora! —La voz de la tía Hazel resonó en toda la casa, sin ser un grito, pero clara.

—¡Es Tonks, tía! —ella chilló, visiblemente irritada. Su prima no tenía la misma gracia.

Escucharon pasos subir por las escaleras, y eventualmente la tía Hazel se asomó al final del corredor, sonriendo como si Tonks hubiese dicho algo absurdo.

—No, querida, ese es tu apellido. Tu nombre es Nymphadora, —la tía Hazel explicó—. Debemos irnos. Le prometí a tu madre que volverías antes de la cena.

Tonks intentó replicar, seguramente para reprochar el uso de su nombre o ganar más tiempo. Pero, como siempre, la suave mirada de su tía hacía difícil irse en su contra.

—Sé que te gusta pasar tiempo con Draco, pero mañana van a verse, —la mujer hizo un gesto para que se acercara—. Vamos, es hora de partir.

—Nos vemos, Lace.

—Ese no es mi nombre… —Draco protestó, pero ya era demasiado tarde. Tonks ya había recorrido la distancia del corredor y guiado a su tía Hazel escaleras abajo mientras se reía con burla.

Ridícula.

 

— ♣ —

 

Draco ni siquiera estaba sorprendido.

No importaba que Tonks fuera adulta, seguía comportándose como una niña que necesitaba supervisión las 24 horas del día.

Ridícula.

—Es raro tener jóvenes tan tranquilos cuando sus padres los dejan solos, —comentó Madame Malkin mientras tomaba las medidas de Draco.

Él no respondió, sus ojos fijos en la vitrina, esperando ver a Tonks deambulando por ahí.

Su tía Andromeda era bastante sobreprotectora con su hija, y Draco no podía culparla, después de todo lo que habían vivido en la guerra. En algún momento de su recorrido por el Callejón Diagon, Tonks se había distraído y apartado de ellos, poniendo a su tía Andromeda en alerta. La madre de Draco se había ofrecido a acompañarla en la búsqueda de Tonks.

—Gira un momento, —Madame Malkin ordenó, y Draco terminó dándole la espalda a la puerta.

Tonks parecía ignorar que la severidad que mostraba su madre ocultaba una profunda preocupación por su bienestar.

La puerta del local se abrió y la risa jovial de un hombre llenó el lugar.

—¡Madame Malkin! Debo decirlo, los años no le han pasado factura. ¡Luce igual que la última vez que la vi!

—¡Sirius Black! —la mujer soltó a Draco y, apuntando en dirección al nuevo cliente con uno de sus alfileres, exclamó—. ¡Creí que te había prohibido a ti y a tus amigos volver aquí después de que casi quemaron mi tienda!

Draco se giró al oír un jadeo escapar de la boca de Madame Malkin.

—Por Merlín, ¿qué tipo de retorcida broma es esta? ¡Y has traído una copia miniatura de James Potter para atormentarme!

Lo primero que captó la atención de Draco fue que esa era la primera vez que veía oficialmente a Sirius Black. Le costaba conectar todas las historias sobre él con el hombre que estaba parado ahí. Era joven. No debía tener ni treinta años. Un moño recogía su cabello negro y fino, sostenido por su varita, y vestía ropa muggle: una camiseta con una de las bandas que escuchaba Tonks, chaqueta de cuero, pantalones ajustados y, por lo que su prima le había explicado, botas de combate. Había algo en el rostro de Sirius, en sus ojos grises y afilados o en los pómulos altos, que lo hacía parecer entretenidamente diabólico. Tenía tatuajes en los brazos, orejas perforadas a lo largo del perfil y dedos llenos de anillos, hasta en cada doblez y debajo de las uñas.

Sirius le guiñó un ojo y luego apoyó sus manos en los hombros del niño que lo acompañaba. Draco se forzó a apartar la mirada, cerrar la boca y mantener su compostura.

—Es igual a James porque es su hijo. Se llama Harry, ¿no es adorable?

—De todos los halagos que podías escoger, ¿debías ir con ese? —el niño se quejó burlón.

—¡Se reproducen! —Madame Malkin susurró alarmada, retrocediendo y cubriéndose la boca con la mano que no sostenía los alfileres.

Sirius comenzó a reírse, y el niño lo siguió. Seguramente no era la primera vez en el día que obtenían esa reacción de los dueños de las tiendas.

Los ojos de Draco se desviaron hacia Harry.

El niño tenía su misma edad, piel bronceada y unos ojos vibrantes de color esmeralda, ocultos tras unos lentes que no podían disimular la travesura en su mirada. Tenía un cuerpo saludable, como si jugara bajo el sol o practicara deporte a diario. Su cabello negro era un desastre, parecía que acaba de bajarse de una escoba o de despertarse de una siesta. Draco notó una cicatriz pálida sobre el labio superior de Harry, justo atravesando el arco derecho, que descendía y atravesaba el labio inferior, casi llegando al mentón. Al sonreír, desaparecía, pero volvía cuando la boca se relajaba. También usaba ropa muggle: una camiseta blanca con la cabeza de un lobo pintada en caleidoscopio y jeans como los del hombre.

—Para ser justos, solo James se reprodujo, —Sirius finalmente respondió, después de contener la risa—. Pero ¿después de ver la reacción de algunos de ustedes? Me antoja sugerirle a Remus que adoptemos una niña con historial delictivo.

Pero al parecer, Madame Malkin no lo tomó como una broma, porque giró el rostro visiblemente indignada. Volvió a su trabajo en la túnica de Draco y, sin preguntarle, lo giró para que se enfrentara a los intrusos, usando su presencia como excusa para no mirarlos.

—Si solo tienes ganas de molestar, Twilfitt y Tattings está al final de la calle. Pero si vienes por túnicas para el pequeño, súbelo al taburete y esperen su turno, —Madame Malkin lanzó una mirada sobre el hombro de Draco—. Y no rompan nada.

Draco mantuvo la vista fija en el vacío, intentando evitar mirar a su izquierda. Uno de sus secretos mejor guardados era que era fan del equipo de Quidditch Puddlemere United, lo que no era necesariamente un secreto, excepto que su jugador favorito era James Potter. Había sido un golpe emocional enterarse de que ese año se retiraba de las ligas. No solo era un jugador increíble, carismático y osado en la escoba, sino que siempre tenía trucos de vuelo que robaban el aliento de todos. Su club de fans era tan devoto como una religión.

Y en ese momento, parado a su lado, estaba el hijo de ese jugador, que, al parecer, lucía tan parecido a su padre que había alarmado a Madame Malkin.

Draco hacía un esfuerzo sobrehumano por no mirar a Harry.

—¿Tú crees que lo que dijeron Fred y George es cierto? —el niño le preguntó.

—¿Que si comer plumas de hipogrifo te van a salir alas? —Sirius preguntó divertido—. No, no es verdad, créeme.

—¿Qué…? ¡No! —Harry se rio, animado—. Que Voldemort está vivo y la profecía es cierta.

Draco sintió sus hombros tensarse, recordando lo que había oído de su madre. Lentamente, dirigió su atención hacia la conversación que ocurría a su lado.

—No lo creo, cervatillo. Peter hizo su parte. Ahora los seguidores de Voldemort están encarcelados y él está muerto.

—Pero no encontraron su cuerpo, —Harry le recordó, susurrando conspirador y con los ojos brillando de interés.

—Seguramente usó su último aliento para aparecerse en algún lugar y murió ahí, —Sirius respondió, mirando sus anillos—. Espero que haya sido en algún bosque o lugar abandonado donde la vida salvaje se lo comiera. Le vendría bien, sin tumba ni restos que recuperar. Pero… —miró a Harry—. Si la profecía fuera real…

—¿Tú crees que podría tratarse de mí? Terminaría lo que Peter inició, —Harry sacó su varita y apuntó a un adversario invisible frente a él—. Ustedes tuvieron su aventura, yo quisiera tener la mía.

—No sabes de qué estás hablando, —Draco gruñó, sin poder evitarlo, captando la atención del chico—. Para que esa profecía se cumpla, él tendría que obtener seguidores y—

—¿Estás insinuando que después de que ese tipo perdiera, va a haber gente que quiera unirse a su causa? ¡Todos están encarcelados!

—Harry… —Sirius intentó calmarlo, pero este solo sonrió de lado a Draco.

—Si él vuelve y recluta a la escoria que queda, me encantaría ser la razón por la cual terminen pudriéndose en Azkaban y limpiar las calles de la basura que se quedó, —Harry respondió, inflando el pecho.

Por Merlín…

¿En serio creía eso?

Harry Potter pensaba que las cosas eran blanco y negro, como en un cuento. Realmente creía que podía ser el héroe que salvaría a todos de los villanos, sin enfrentar consecuencias. Draco lo observó con incredulidad y una risa amarga escapó de sus labios.

—“Limpiar las calles”, ¿eh? No muy heroico de tu parte usar las mismas palabras que Quien-Tú-Sabes usaba para reclutar a la gente —dijo Draco, con tono sardónico, mientras una sonrisa afilada aparecía en sus labios.

Harry lo miró como si lo hubiera golpeado en el vientre.

La puerta del local se abrió, y Draco sintió su cuerpo relajarse. Su madre y su tía Andromeda habían encontrado a Tonks, quien estaba cubierta de hollín.

—Cissy... —susurró Sirius, sorprendido, como si estuviera viendo un fantasma.

—Sirius... —respondió su madre, aclarándose la garganta antes de mirar a Draco—. Es hora de irnos. Terminaremos las compras en otro momento.

Pero Sirius desvió su atención completamente hacia él, mirándolo con una mezcla de sorpresa y alivio. Luego, volvió a centrarse en su madre.

—¿Es tu hijo...? Ha crecido tanto... —frunció el ceño y suspiró—. Se parece a Lucius, pero, por fortuna, tiene tu gracia. Y… —se rio nervioso antes de mirar a tía Andromeda— ¿Meda...? Por Merlín ¿Eres tú...?

La tensión en la tienda se intensificó al instante, pero no por Sirius. Había algo genuino en él, era obvio que quería hablar con ellas, aunque algo —quizás la culpa— lo detenía. La tensión venía de ellas. Tonks, rápidamente, se puso frente a la tía Andromeda de forma protectora, aunque no entendía lo que estaba ocurriendo. Su cabello y ojos cambiaron rápidamente a un color oscuro.

Sirius, sabiendo que había tocado un tema delicado, levantó las manos en señal de rendición y dio un paso atrás.

Madame Malkin aprovechó el momento para ayudar a Draco a quitarse la túnica con la que le había estado tomando las medidas, animándolo a bajarse del taburete y salir de la tienda.

—Señora Malfoy, si le parece bien, enviaré el pedido directamente a su casa, junto con la cuenta.

—Bien —respondió su madre, extendiendo la mano hacia él—. Vámonos, Draco.

Él asintió y siguió a su familia. Cuando cruzaron la puerta, oyó la voz de Harry a sus espaldas.

—¿El hijo de Lucius Malfoy? Ahora entiendo por qué sabe tanto sobre Voldemort.

—¿Qué dijiste? —preguntó Draco, sintiendo cómo su sangre comenzaba a hervir y se giró para enfrentarlo.

—Me oíste bien —Harry se cruzó de brazos—. Me encantaría ser la razón por la que los mortífagos que se quedaron terminen pudriéndose en Azkaban, y así limpiar las calles de la basura que, obviamente, se quedó.

Estaba hablando de su padre.

—Bueno, si tú resultas ser el Legado, todos estamos condenados —respondió Draco, levantando el mentón, antes de salir de la tienda.

Lo peor de todo es que, desde la perspectiva de Harry, desde su lado de la historia y de aquellos que vencieron y salvaron el mundo, lo que Harry había dicho no era necesariamente malo. Algo ingenuo y estúpido, típico de un niño que aspiraba a ser un héroe, pero no era malo.

Salvar el mundo. Encarcelar a los malos. Y todos felices.

El problema era que Draco estaba del otro lado de esa narrativa y, quisiera o no, los sueños heroicos de Harry Potter lo convertían, inevitablemente, en parte de los villanos de esa pequeña aventura.

—No sabía que teníamos un problema con el señor Lupin —comentó Tonks cuando Draco los alcanzó.

—Cissy, ¿sabías que Sirius se casó con Remus Lupin? —preguntó indignada su tía Andromeda.

—No lo vi relevante —respondió su madre, tomando del brazo a Draco para que caminara más rápido.

—Tampoco sabía que el señor Lupin era Sirius, mi... ¿tío? Sirius —continuó Tonks, aún sorprendida—. ¡Todos en Hogwarts lo conocen como el señor Lupin, el esposo del Profesor Lupin!

Draco la miró sobre su hombro. En otras circunstancias, disfrutaría cada segundo de la revelación que estaba teniendo Tonks.

Pero en lugar de eso, decidió contarles la discusión que había tenido con Harry. Tanto su tía como su madre reaccionaron indignadas, mientras que Tonks seguía procesando lo que había pasado, con la sorpresa aún reflejada en su rostro.

—Solo un niño criado por Sirius creería que es divertido que El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado esté vivo —dijo su tía Andromeda, indignada.

En cambio, su madre se detuvo y se giró hasta quedar frente a Draco.

—Escúchame bien. Te quiero lejos de ese niño.

—No estaba en mis planes hacer amistad con gente como Harry Potter, —respondió él, con firmeza.

Aspirantes a héroes solo lo convertían en el villano.

Notes:

Si les gustó el capítulo y quieren seguir acompañándome en esta aventura (o simplemente chismear un poco más sobre mis proyectos), pueden visitar todas mis redes sociales dando aquí. ¡Ahí nos mantenemos en contacto y se enteran de todo antes que nadie!

¡Gracias por leer y espero que lo hayan disfrutado muchísimo!