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Otra Alternativa

Summary:

Un pequeño cambio en su viaje al futuro crea una nueva alternativa. La exhausta investigación de Reborn lo llevó a crear una solución a sus problemas. Una salida de aquella maldición que tanto dolor les trajo. Quizás se aferraba demasiado a que quería volver al pasado, o quizás y estaba arriesgándose por ellos. Pero probablemente lo haría de nuevo.

Notes:

Pequeña historia que fragmenta una parte del canon y directamente elimina un arco completo. De paso tiene un ship un poco raro pero denle una oportunidad plox.

Está triste, pero si no lloran no es porque falte drama, es que mi narración es un asco.

Chapter 1: Capítulo 1

Chapter Text

Un pequeño error logró cambiar todo su futuro, y fue debido a que Uni no contó con que no debía decir eso.

Estaba junto a Reborn, observando la fogata mientras mantenían una conversación tranquila, a vísperas de la batalla final contra Byakuran.

—Debes extrañar mucho a los demás Arcobalenos, Tío Reborn. —Uni observó su reacción, pensando que quizás era hora de tener la conversación que había deseado desde hace mucho.

—Ni tanto, es más tranquilo así. —Como se esperaba, no hubo ninguna reacción diferente a lo habitual. Incluso pensaría que de verdad era un psicópata como alegaba Tsunayoshi, pero no era algo en lo que caería Uni.

Había podido escuchar a los Arcobalenos cuando hablaba con ellos, al igual que recordaba historias que le habían contado sobre la convivencia de ellos incluso antes de que su abuela se uniera. Todos eran un grupo raro pero de alguna forma inseparable. Incluso provocando que Luce se sintiera un poco fuera de lugar, pero también tenían la habilidad de poder integrarla con ánimos.

Podía no parecerlo, pero todos se cuidaban entre ellos como una familia distanciada por problemas que nunca desearon.

—Tío Reborn, no sé si está bien que te diga esto o no... —Tomó un momento para pensar, preocupada de las consecuencias que podría tener este encuentro cuando su tío volviera a su línea temporal.

—Si no estás segura entonces no lo digas.

—El hombre de sombre de hierro...

—... —Una pesada mirada se posó sobre Uni, pero ella decidió advertirle, porque no quería que pasara algo peor que este futuro. No se lo perdonaría si tuviese la oportunidad de evitarlo.

—Su nombre es Kawahira, él... vino conmigo hace unos años, cuando había iniciado todo este problema, cuando todos los Arcobalenos ya habían caído. No estaba interesado en meterse en esta nueva guerra entre dos partes del Trinisette, simplemente me observó fijamente antes de desaparecer. De alguna forma luego de ese encuentro, supe cuál era mi función.

El silencio cubrió esa pequeña zona del bosque, solo escuchándose las llamas terminando de abrazar la leña hasta volverla ceniza. Uni pensaba en sus siguientes palabras, cuando aprovechó para mirar a Reborn, no pudiendo conectar con su mirada, que parecía haber encontrado algo interesante en el suelo.

—Tengo el presentimiento de que había venido por una razón, pero al ver todo el problema que se originaba cambió de parecer. El problema es que... si en vuestra línea temporal se elimina esta catástrofe, Kawahira aparecerá allí. No sé por qué.

—Puede que tenga una idea.

—Soy conciente Tío, que no quieres perderlos si tienes la oportunidad. Que estás callando el dolor porque estamos en una guerra y no es el momento, y porque aún hay esperanza de que regresen a su tiempo y ellos estén de vuelta. Pero si ese hombre aparece, no puedo prometer que no vaya a ocurrir el mismo destino. En este tiempo tienen ciertos contactos que los ayudarían, pero aún no están familiarizados con ellos.

—¿Contactos que saben de ese hombre? —Para bien o para mal, eso pareció llamar la atención del sicario.

—Vindice, fueron ellos los que me dijeron su verdadero nombre, pero no me dijeron más. —Observó al contrario, esperando que esa información fuera suficiente, porque no tenía más. Sabía que Vongola había hecho algún trato con Vindice, fue por eso que se aparecieron frente a ella, pero al igual que Kawahira, una vez vieron el destino que habían sufrido los Arcobalenos, simplemente se retiraron.

—El simple hecho de que sepan su verdadero nombre es más que suficiente.

El infante miró hacia el cielo. Si ese hombre aparecía, era obvio que tenía que ver con esa maldita maldición. Si tenía aunque sea una sola oportunidad de liberarlos a todos, y deshacerse de ese destino. Si de verdad existía, entonces no le molestaría contactar con Vindice.

 

(🍀)

 

—No pienso darte mi dinero, ¡eres un prófugo de la ley! —Se quejó Skull, alejando su dinero de la mano enemiga que trataba de quitárselo.

—¿De qué coño hablas? ¡Ya pagué mi sentencia, no soy un criminal kora! —Colonnello se estiró, tratando de alcanzar el dinero que le debían.

— Si no eres un criminal, ¿por qué fuiste a la cárcel en primer lugar?

—¡Cállate Verde! ¡Skull, dame mi maldito dinero!

—¡No!

—Dejen la estupidez ya —Un fuerte golpe aterrizó en la cabeza de ambos, callándolos al instante mientras Lal los observaba enojada. —Viper juega de una vez.

—¡Pero mi dinero-!

Rápidamente se calló cuando la mujer le devolvió la mirada, apartándose a su rincón en la mesa. El suspiro de Viper no se hizo esperar antes de tirar los dados sobre el tablero del Monopolio, callendo justamente en la casilla de Colonnello al lado de Skull.

—¡Ja, págame!

—No pienso pagarle a un criminal —Declaró Viper confiada, levantándose con su dinero hacia otra habitación.

—¡Son unos hijos de-! ¡Vuelve aquí kora!

—¡Jódete!

—¡De verdad que no se puede jugar con ustedes a un maldito juego!

Cuatro de los presentes entraron en una acalorada discusión, volteando el tablero de la mesa, más nadie les prestó atención. Verde solo se fue a la cocina a por un vaso de agua mientras Reborn solo podía tocarse la frente estresado.

Aún no sabía porque insistían en reunirse cuando siempre acababan así. Algunos días no negaría que era divertido verlos pelearse hasta el cansancio, pero en días como este, solo era agotante.

Salió de sus pensamientos cuando un taza de expresso fue dejada frente a él, mientras su nuevo acompañante se sentaba a su lado dejando un humeante té sobre la mesa.

—Al menos esta vez no han sacado las armas —Expresó como siempre calmada la tormenta, viendo como se desarrollaba la discusión.

—Si esto sigue así ese va a ser mi trabajo esta vez.

—Te ves más estresado de lo habitual. Pasamos unos meses separados, estos pequeños momentos de tranquilidad deberías ser capaz de apreciarlos más. —Señaló con una mirada divertida ante la expresión ofendida que recibió por sus palabras.

—¿Resulta que la culpa es mía? —Dramatizó, pues sabía que su acompañante tenía razón. Le había tocado un cliente que le había colmado la paciencia completamente y justo cuando creyó que podría tomarse un respiro, se declaró que el grupo se reuniría.

Tomó el café y se lo llevó a los labios, disfrutando de su delicioso sabor, y, como algún tipo de hechizo, todo su estrés desapareció, empezando a divertirse con la pelea frente a ellos.

Eran un grupo raro, que por casualidades de la vida se habían reunido y de alguna forma apreciaban sus momentos juntos. Algunos llamaba a esa unión armonía, pero ni siquiera había un cielo entre ellos que los guiara, habían cubierto ese espacio con animales. Tenían demasiados.