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not a hero

Summary:

En donde el héroe Hawks se interesa en una chica bonita que conoció en medio de un patrullaje, pero a ella no le gustan los héroes.

Chapter 1: Fukuoka

Summary:

—Ya vámonos —masculló Kimi a su lado.

Akira la miró un segundo, notando su postura tensa y como miraba la tienda de comida a un costado sin interés, usándola para no mirar al héroe frente a ella. Akira sintió una punzada de lástima picar en su pecho y asintió. Con su hermano como excepción, Kimi detestaba a los héroes. Akira no sabía toda la historia del acoso que sufrió cuando cursó la secundaria, ni siquiera cuando se lo preguntó a Kenta, su primo y amigo de Kimi, pero no los toleraba. Sea lo que sea que haya pasado, se ponía de un terrible mal humor cada que su camino se cruzaba con algún héroe.

—De nuevo, gracias... —le dijo al chico al frente, dejando la oración al aire al no saber su nombre de héroe.

—Hawks —se presentó.

Chapter Text

Necesito olvidar así que

Llévame a Florida

Tengo algunos arrepentimientos

Los enterraré en Florida

—Florida!!! by Taylor Swift ft. Florence + The Machine.

I

Fukuoka

La primera vez que Kimi pensó en mudarse fue después de que su hermano se graduó de la Academia U.A. como héroe profesional y se mudó a Osaka. Con dieciséis años, la idea no era realmente viable, sin embargo, no podía soportar la idea de permanecer en Shizuoka más tiempo. En una sociedad en donde el ochenta por ciento de la población mundial tiene un súper poder, pertenecer al veinte por ciento restante era como cruzar el infierno una y otra vez y hacerlo hasta el día de su muerte.

Honestamente, Kimi odiaba la escuela. No, la escuela no, sino a sus compañeros, quienes se metían con ella en cada oportunidad porque ellos tenían alguna habilidad especial y ella no. Kimi había sido feliz cuando se graduó de la secundaria y pensó que no volvería a ver a ninguno de ellos nunca más, pero lo mismo pasó en preparatoria. Pero, si tenía que verle el lado positivo, la preparatoria duró un año menos de lo que debió después de que aplicara para una graduación adelantada. Así, a los diecisiete años, se paró frente a sus padres y les contó sobre la próxima mudanza de su mejor amiga a Fukuoka y que quería irse con ella.

—Lamento la tardanza. ¿Me esperas hace mucho? —le preguntó Akira, corriendo hasta ella cuando la vio parada en la acera frente al hospital con su bolso colgando de uno de sus hombros y una lata de refresco en su mano derecha.

—Diez minutos a penas —contestó simplemente—. ¿Qué quieres cenar? Para saber si tenemos que pasar a comprar algo antes —dijo y comenzó a caminar.

— ¿Qué te parece lasaña? —propuso.

Kimi asintió mientras le daba un sorbo a su refresco, caminando en silencio y oyendo a Akira contarle como había sido su turno en el hospital mientras caminaban de vuelta al apartamento en donde vivían juntas hace tres meses. A Kimi le sorprendió bastante que sus padres aceptaran que a los diecisiete años se mudara de casa a bastantes kilómetros de distancia a una ciudad en donde nunca habían estado, pero ellos le habían sonreído mientras le deseaban suerte y dijeron que todo lo que querían era que fuera feliz como Yuta lo era en Osaka, cumpliendo su deber como un héroe. A pesar de que mudarse era lo que quería, a Kimi le dolió dejar a su hermana, sus padres y la casa en la que nació y creció, pero si quería librarse de las personas a las que tanto odiaba, tenía que arrancar el problema desde la raíz, aun si esa raíz era su vida entera.

Las calles de Fukuoka estaban bien iluminadas por las farolas encendidas y un montón de gente paseaba alrededor, conversando y riendo. Kimi le daba un vistazo a cada tienda por la que pasaban, viendo los productos en las vitrinas y los anuncios llamativos hasta que sintió un tirón en su brazo derecho y lo próximo que vio fue a un tipo correr con su bolso en sus manos. Sin embargo, no llegó muy lejos para cuando unas plumas rojas y brillantes se adhirieron a su ropa mientras Akira reaccionaba y tiraba su cuerpo hacia ella, preguntándole si estaba bien, pero su voz se ahogó en el fondo de su mente cuando vio a un tipo con alas rojas y brillantes tomar su bolso y plantarse en el suelo frente a ellas.

—Creo que esto es suyo, señoritas —dijo con una sonrisa en el rostro. Tenía el cabello rubio peinado hacia atrás, vestía un abrigado traje ámbar en conjunto con unas gruesas botas y guantes y usaba un visor dorado para cuidar sus ojos y un par de auriculares de color amarillo y negro cubrían sus oídos.

—Lo que me faltaba. Un héroe —se quejó Kimi en un siseo, fastidiada.

—Gracias —dijo Akira a cambio, sonriéndole al tipo y tomó el bolso de sus manos para pasárselo a Kimi—. Kimi, di gracias —murmuró bajito, mirándola.

Kimi resopló y cruzó los brazos sobre su pecho sin hacerle caso.

—No tiene por qué. Solo cumplo con mi trabajo —dijo el tipo.

—Seguro solo está algo asustada —excusó Akira, mirando atentamente al chico frente a ellas. Medía alrededor de un metro con setenta y a juzgar por su rostro, debía ser de su edad o un poco menor. Tal vez dieciocho años, si ya era un héroe profesional. Un par de grandes y brillantes alas llamaban la atención desde su espalda y tenía una sonrisa encantadora.

—Ya vámonos —masculló Kimi a su lado.

Akira la miró un segundo, notando su postura tensa y como miraba la tienda de comida a un costado sin interés, usándola para no mirar al héroe frente a ella. Akira sintió una punzada de lástima picar en su pecho y asintió. Con su hermano como excepción, Kimi detestaba a los héroes. Akira no sabía toda la historia del acoso que sufrió cuando cursó la secundaria, ni siquiera cuando se lo preguntó a Kenta, su primo y amigo de Kimi, pero no los toleraba. Sea lo que sea que haya pasado, se ponía de un terrible mal humor cada que su camino se cruzaba con algún héroe.

—De nuevo, gracias... —le dijo al chico al frente, dejando la oración al aire al no saber su nombre de héroe.

—Hawks —se presentó—. Esperemos que la próxima vez que nos veamos sea en una mejor situación. Tu amiga es muy bonita —añadió bajito, lo suficiente para que Kimi no lo oyera al no estar prestándoles atención.

Akira asintió en medio de una risita, de acuerdo con él. Kimi era bonita. Aunque no era algo que le gustara escuchar, se parecía mucho a Yuta. Los tres hermanos Kimura tenían el pelo plateado y ojos azules, además de que tenían una buena altura. Como el hermano mayor y el único hombre, Yuta era el más alto con casi un metro ochenta, seguido por Kimi con casi un metro con setenta y luego estaba Nara, de doce años, que era una chica bastante alta para su edad y sus facciones todavía eran infantiles, pero seguramente va a parecerse mucho a ellos al crecer.

—Espero lo mismo, Hawks —dijo y reanudó su camino.

Kimi miró su espalda cuando lo notó y después miró al tipo que parecía estar listo para irse también, encontrándose con el hecho de que estaba mirándola y le sonrió. Apartó la vista tan rápido como pudo y se apresuró a seguir a Akira a casa, ignorando el agitado latir de su corazón.

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Como Akira intuyó después de ese primer encuentro, Hawks era un héroe nuevo, pero no tardó mucho en hacerse de una reputación en la ciudad. Lo había visto patrullar por las calles múltiples veces cuando iba de camino al hospital para su trabajo o cuando iba de regreso a casa, a veces acompañada de Kimi y otras solas porque ella estaba ocupada con trabajos de la universidad que consumían bastante tiempo. Ese había sido el caso en las últimas semanas. Kimi estaba siempre ocupada con trabajos que requerían horas frente al computador y apenas tomaba descansos para comer algo o dormir en su cama y no en la estancia del apartamento de dos recamaras que compartían, así que a Akira le pareció una buena idea aprovechar su día libre para tratar de distraerle un rato o iba a terminar colapsando pronto.

—Hola de nuevo —saludó la voz de Hawks desde arriba. Akira paró en seco cuando lo escuchó, viéndolo descender hasta el suelo para colocarse a su lado. Estaba vestido con ropa de civil en vez de su traje de héroe, lo que lo hacía lucir tan joven como era en vez de la visión imponente de siempre con su traje grueso y brillante, pero las alas siempre resultaban llamativas y sin el visor, sus ojos dorados y las facciones de su rostro podían apreciarse mejor—. ¿Prepararás una cena para alguien especial? —preguntó con los ojos puestos en las bolsas de compras con comida que llevaba.

—Para Kimi, sí —asintió—. Ha estado muy ocupada con la escuela y como hoy es mí día libre, pensé en pasarlo con ella.

— ¿Son familia?

Akira negó con una sonrisa.

—No, es mi mejor amiga. Nos conocemos desde siempre porque su hermano mayor y yo fuimos juntos a la escuela —explicó. Hawks asintió en comprensión—. ¿También es tu día libre? —adivinó, señalando su vestimenta.

—Sí. Pero es aburrido si no tienes nada que hacer —respondió.

— ¿Quieres venir con nosotros? —le ofreció.

—Dudo que a Kimi le agrade la idea —respondió en una risita—. Como que me detesta.

—No es personal. A excepción de su hermano, no le gustan los héroes. Y Yuta de hecho le desagrada la mitad del tiempo —comentó con una sonrisa—. Anda, de que sí. Tal vez te diviertas —animó.

—Un rato —aceptó Hawks luego de un momento.

Akira sonrió y comenzó a contarle que prepararía para comer.

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Como era de esperarse, Kimi tuvo problemas con la presencia de Hawks, pero si Akira le veía el lado positivo, al menos sirvió para que se olvidara del estrés de la escuela por un rato, aunque solo para cambiarlo por otro tipo de estrés. Sin embargo, resultó mejor de lo que esperaba. Sí, ella lo miró mal más de la mitad del tiempo, pero fue porque al parecer a él le divertía genuinamente molestarla. Comer juntos fue como estar al filo de una guerra por explotar, con Hawks lanzando algún comentario burlón con la intención de molestarla y Kimi respondiendo como se esperaba de ella, pero Akira pensó que era incluso divertido mirarlos, además, la mitad del tiempo estuvo mirando su celular para responder los mensajes de Yuta, el hermano mayor de Kimi. Akira había tenido el mayor enamoramiento de su vida en él cuando iban en secundaria, pero nunca tuvo el valor suficiente para confesarse y se hizo a la idea de que ellos dos siempre iban a ser buenos amigos, pero nada más. Pero, aun así, todavía sonreía cada vez que leía su nombre en su celular y las fotos que él enviaba siempre.

—Está muy enamorada, ¿no? —preguntó Hawks a media comida.

—Por los últimos ocho años, al menos —contestó Kimi mientras tomaba un pedazo de comida con sus palillos.

—Los estoy oyendo —dijo Akira mientras levantaba la mirada.

—Ya sabemos. —Akira negó con la cabeza al oír a Kimi y en su mente resonó la voz de Yuta llamándola molesta. Ciertamente podía serlo, pero Akira la adoraba así tal como era—. Dile que digo hola.

Akira asintió y volvió la mirada al celular un momento para decirle a Yuta que Kimi le enviaba saludos, pero terminó distrayéndose fácilmente, perdiéndose de cualquier cosa que Kimi o Hawks pudieron haber dicho.

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Siendo honesto, Hawks no tenía ninguna intención cuando atrapó al ladrón que le quitó el bolso a una chica a mitad de la calle durante una noche cualquiera. Tenía poco tiempo siendo un héroe profesional, tanto que no mucha gente lo conocía todavía, pero estaba seguro de que cambiaría pronto. Ciertamente, no esperó que se encontraría con Akira a menudo durante sus patrullajes y siempre fuera tan educada de saludarlo y a veces le regalaba cosas como un café o algo para comer durante el patrullaje con el argumento de que era importante mantenerse fuerte para cumplir su labor.

Darse cuenta de que terminaron volviéndose amigos fue sorprendente, tomándolo con la guardia baja. Akira era unos meses mayor que él, pero se sentía como debía sentirse tener una hermana mayor, siempre preocupada por saber si ya había comido y a veces lo invitaba a pasar el rato con ella y Kimi después de que él le contó que no hacía nada en sus días libres. Hawks se había dicho a sí mismo que la única razón por la que aceptó fue porque no quería ser descortés, consciente de que a Kimi definitivamente le iba a desagradar su presencia ahí, pero no pudo mantener esa mentira mucho tiempo ni para sí mismo, sentado con ellas sobre el suelo de la estancia y riendo de las cosas que ambas contaban, aceptando para sus adentros que a menudo se sentía muy solo y realmente necesitaba pasar tiempo con alguien que le hiciera reír como lo hizo ese día.

Aunque era evidente que le agradaba a Akira, Kimi era un tema aparte. Akira a menudo lo invitaba a pasar el rato juntos y siempre era agradable, especialmente porque podía molestar a Kimi, lo cual era realmente divertido y lo entretenía. Ella siempre lo miraría mal y él le sonreiría para molestarla, fascinado con sus reacciones. A pesar de la actitud que adoptaba a su alrededor, Hawks no era idiota. Consciente de la picazón en la mitad de su pecho que siempre lo llevaba a comenzar alguna pelea para atraer la atención de Kimi, no le sorprendió cuando Akira lo acusó de estar un poco enamorado de ella.

—No es amor —negó sin mirarla, caminando a su lado hacia el hospital en donde Akira trabajaba, a punto de iniciar su turno, pero se encontraron de camino y ella decidió que no podía esperar más para hablar de eso.

—Tal vez no todavía —aceptó ella—. Pero podría serlo en el futuro.

Hawks no dijo nada, despidiéndose de ella cuando llegaron a la entrada y le dijo que no prometía estar alrededor cuando su turno terminara para acompañarla a casa, pero lo intentaría. Sin embargo, el plan cambió totalmente cuando recibió un mensaje de texto de parte de Kimi con su ubicación y le pedía que se encontrara con ella tan pronto como pudiera. Tres minutos después, Hawks la encontró caminando apresurada por una calle poco transitada y había saltado en su lugar cuando lo vio frente a ella, asustada, pero se relajó tan pronto como se dio cuenta de quién era.

— ¿Estás bien? —preguntó de inmediato, convencido de que debía pasar algo a juzgar por su actuar.

—Acompáñame a casa, por favor. Siento que alguien me está siguiendo desde hace unas calles —respondió bajito, encogida en su lugar. Hawks miró alrededor para confirmar si había alguien sospechoso cerca, pero lo olvidó tan pronto como Kimi volvió a hablar y llamó su atención—. Por favor.

Hawks asintió y se colocó junto a ella, extendiendo una de sus alas detrás de su espalda para protegerla.

—Ya estás bien, Kimi-chan —dijo.

Y aunque Kimi detestaba a los héroes y también lo detestaba a él, le creyó y dejó que la llevara a casa.

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Hawks no tardó mucho en caer en cuenta de que Akira no mintió al decir que si lo que sentía por Kimi no era amor, podía llegar a serlo. Aunque no lo decía en voz alta, a Kimi le asustaba la idea de volver sola de la universidad por las noches, asustada después de sentir que alguien la siguió por varias calles hasta que Hawks apareció después de que mandó su orgullo al diablo y le pidió ayuda porque además de Akira, era el único al que conocía en la ciudad. Hawks no hizo preguntas de camino a casa, hablando de cualquier cosa para distraerla, y Kimi pensó por primera vez que no era un mal tipo. Todavía creía que era un tanto idiota, sí, pero no malo. Todos los chicos eran idiotas, pero él al menos lo compensaba un poco.

— ¿Quieres que te lo cuide? —preguntó Hawks, aceptando en su mano derecha la lata de café que Kimi le pasó. Eran casi las ocho pm y ella acababa de salir de su última clase del día y estaba lista para irse a casa, por donde él patrullaba casualmente desde aquella noche hace dos semanas enteras.

—Es para ti, idiota —respondió Kimi—. A mí me gusta frío —añadió y le enseñó el vaso de café frío que sostenía en su otra mano—. Akira me dijo que te gusta esa marca —dijo como única explicación y comenzó a caminar.

Hawks obligó a las comisuras de sus labios a bajar cuando se curvaron hacia arriba en una sonrisa y abrió la lata, dándole el primer sorbo al café antes de ir detrás de ella.

— ¿Qué tal tus clases de hoy? —preguntó con interés. El edificio en donde vivían ella y Akira quedaba lo suficientemente cerca de la universidad como para que Kimi pudiera regresar caminando a casa, pero el camino duraba lo suficiente como para entablar una conversación adecuada siempre que ella estuviera de humor.

—Aburridas. Estamos en temporada de proyectos finales, entonces solo venimos para mostrar avances. No puedo esperar a que este semestre termine y cambiar mi horario de clases. Detesto salir de noche —se quejó—. Por cierto, gracias por... acompañarme a casa —dijo con una mueca, luchando notoriamente contra todo su ser para agradecerle cualquier cosa—. Siento que hayas decidido andar por esta zona a esta hora porque me asusté.

—Ni lo menciones. Era tiempo de cambiar, de todos modos —respondió—. Admito que voy a extrañar acompañarte a casa cuando las clases terminen —dijo sin vergüenza.

Kimi no dijo nada más, bebiendo su café. Hawks no insistió, dedicándose a caminar a su lado en silencio mientras la voz de Akira resonaba en su cabeza.

Podría serlo en un futuro.

Tal vez ese futuro estaba bastante cerca.