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“Hoy está siendo una noche aburrida”
Nigthwing, sentado en la cornisa de un viejo edificio abandonado mientras sorbía un zumo de naranja con pajita mientras vigilaba aquella extrañamente tranquila noche de Blüdhaven, casi se atragantó al oír por su auricular la tranquila voz de Robin, quien estaba de “vacaciones” en dicha ciudad y ayudando a su hermano mayor en sus deberes de vigilante. No sabía en que parte de la ciudad estaría, pero ganas tenía de matarlo en ese momento.
- Calla que ahora va a pasar…
Disparos. El mayor se llevó la mano a la cara. Lo sabía. Y al escuchar la ahogada risa de su hermano pequeño juro venganza.
- Cuando vuelva a casa más te vale tener escondidas las galletas de chocolate que te gustan, gafe - advirtió mientras, sin dudarlo un instante, se tiró de un salto de la cornisa.
Sus manos agarraron sin problema una barandilla cercana, y con facilidad su propio cuerpo saltó hasta una farola cercana, donde se propulsó hasta el edificio de enfrente. Hacía un poco de viento. Podía notar, mientras corría y saltaba de edificio en edificio pese a la mala iluminación, un ligero aroma a basura. En realidad era un olor mucho más potente pero la costumbre lo disimulaba. Al menos el aire, que revolvía su cabello negro algo mal cortado mientras corría y saltaba le recordaba a su infancia. Cuando volaba, como si de una segunda naturaleza se tratase, con sus padres en el circo. Pero la felicidad de aquella infancia perdida no tardó en desaparecer cuando la imagen de sus padres, inmóviles en el suelo como muñecos rotos en un charco de sangre, volvió a su mente. Y la rabia comenzó a subir poco a poco. Un último salto y llegaría. Sin problema alguno, tal vez con demasiada violencia para la empobrecida infraestructura de Blüdhaven, logró colgarse de una chirriante farola apagada antes de dejarse caer al suelo, apoyándose por un momento con sus manos. Y la imagen volvió. Él había caído sin problema. Él seguía vivo. Y bajo él podía ver el rostro deformado de su madre, la sangre y los dientes que habían salido volando por el impacto. Los huesos rotos que él no tenía. Aquel breve segundo de duda fue suficiente para que no tuviera tiempo de reaccionar antes de recibir un violento golpe en la cara que le tiró hacia atrás, caída que logró salvar para apartarse y colocarse dispuesto a luchar, viendo como aquel grupo de como diez criminales desaparecía en una furgoneta. Pero antes de poder siquiera pensar en seguirles un sonido le sobresaltó. En un callejón cercano resonó, con bastante fuerza, un quejido de dolor.
- Gafe - comentó refiriéndose a Robin y llevándose la mano al auricular inconscientemente - Diez sospechosos armados huyen en una furgoneta blanca creo que Fiat, matricula empieza por AFG. ¿Puedes perseguirla por mi?
“Por supuesto. Déjamelo a mí.”
Mientras hablaba se iba acercando al callejón de donde presuponía que aquellos hombres habrían tenido su pelea, no queriendo asustar a quien estuviera ahí herido, pero igualmente atento por si podía resultar una amenaza. Su desliz previo no podía repetirse, pensó. Pero apenas se asomó lo primero que vio no fue el rostro de aquella persona herida, sino el cañón de un arma a menos de tres centímetros de su rostro dispuesto a atacar. Su cuerpo reaccionó solo y de un movimiento rápido intentó patear a la persona, pero este se apartó tan rápido que hasta a él le sorprendió. Sin embargo aquel breve momento de separación entre ambos fue suficiente como para que la pobre luz de la luna iluminase al desconocido e inmediatamente dejase de serlo.
- ¿Jason?
Delante suyo, respirando con dificultad, arma en mano y apenas manteniéndose en pie, pudo reconocer el más que reconocible uniforme de Red Hood, tan manchado de sangre como era habitual. Con la diferencia de que por primera vez dudaba de que esa sangre no fuera suya.
“No me digas que te has cruzado con Jay” - bromeó Robin desde el otro lado del auricular, ignorante de la condición ajena.
No hizo caso. Apenas le oía. Le preocupaba más el otro. Jason tardó unos segundos más en reconocerle, pero al hacerlo al fin tan solo bajó el arma visiblemente exhausto, y de repente pudo ver con horror como parecían fallarle las piernas. Sin darle tiempo a ver si se estaba desmayando o no Dick prácticamente voló el metro que les separaba para sostenerle, notando en cuanto le rodeó el torso con los brazos, horrorizado, que tenía el hombro izquierdo dislocado. Toda su ropa estaba más destrozada de lo habitual. Podía notar, en todo su cuerpo, la calidez anormal de la sangre.
De repente el circo volvía a rodearle. Y entre sus brazos tenía el cadáver roto de su madre.
- Estoy… bien, imbécil, suéltame… - logró murmurar Jason intentando separarse de su hermano mayor.
Pero este no le soltó. Y Jason, a través de su mascara, pudo ver por primera y con cierta confusión, el absoluto pánico en los ojos azules de Dick, quien por unos instantes parecía ido, como si no le reconociera, pero no tardó en volver a fijar su mirada en el cuerpo magullado del menor.
- Estás herido… ¿Qué coño ha pasado? ¿Qué haces aquí?
- Estoy bien y… - su voz se cortó por un repentino latigazo de dolor en el hombro, pero no tardó en recomponer su voz - Persiguiendo a unos capullos. Ahora por tu culpa los he perdido.
- Robin se está encargando de ellos. Maldita sea apenas te tienes en pie.
De hecho no era del todo falso. En ese mismo momento el propio Jason, casi inconscientemente, se estaba apoyando en el brazo de su hermano para mantenerse en pie. Todo le daba vueltas. Le costaba respirar. Le quemaban los pulmones. Le ardía la boca. Apenas lograba distinguir la sombra de Dick correctamente y sentía que sus piernas le iban a fallar en cualquier momento. Incluso en aquel estado todavía podía matar a todos esos hombres, pero razón no le faltaba a Dick. Pero oír que Robin se estaba encargando de ellos le hizo alzar la mirada confundido por la presencia del menor en la ciudad, y que se preocupase.
- No debería encargarse él… solo de ellos…
- Estará bien…
- ¡¿Tú me has visto?!
- ¿Ahora si te parece grave tu estado? ¿Me estás vacilando?
- Dile a… Tim que se retire. Ya mismo.
No queriendo discutir, y con un débil suspiro, Dick acabó por asentir dirigiéndose a su auricular.
- Robin. Retirate. Ve a casa y…
“¿Por? Si ya los tengo maniatados. ¿Ha pasado algo?”
Dick tuvo que callar por unos segundos para procesar lo que acababa de escuchar.
- ¿Disculpa? ¿Ya los tienes a todos? ¿A los diez?
“Por supuesto, ¿quién te crees que soy? Que no sea tan fuerte como tú no significa que no pueda ocuparme por mis propios medios.”
- Vale… eh… Déjalos atados por ahí y retírate por si acaso hasta nuevo aviso. Podrían tener algo escondido.
“Oye… ¿Jay se encuentra bien? Te noto nervioso y no me pedirías que me retirase porque si.”
- Luego te cuento. Ve con cuidado.
Finalmente colgó, pero apenas lo hizo noto horrorizado como el cuerpo de Jason parecía terminar de fallar y casi tropezó él mismo intentando sostenerle para que no cayera. Mil alarmas sonaron en su mente y tan rápido como pudo llevó a su hermano al callejón donde estaban antes. El olor a alcantarilla empezaba a ser demasiado incluso para él. El suelo estaba sucio y la oscuridad le impedía ver casi nada. Así que en el primer hueco medio limpio que encontró ayudó a Jason a sentarse, resbalando su espalda por la pared hasta prácticamente dejarse caer en el suelo sin fuerzas mientras Dick se sentaba enfrente suyo para buscarle heridas o huesos rotos.
- ¿Se puede saber qué ha pasado?
- No te importa… - se quejó intentando ponerse en pie para irse sin éxito ya que Dick le sostuvo rápidamente, cosa que le sobresaltó, su pesada respiración dificultándose tras su mascara.
Odiaba que le intentasen inmovilizar.
- Si me importa, maldita sea. ¿Puedes al menos dejarme que te revise? Estás echo un destrozo, joder - repuso más borde de lo que quería, señalado con la mano sus heridas y especialmente hombro dislocado.
- Suéltame, Dick.
La respiración de Jason se estaba volviendo cada vez más errática. Dick aflojó un poco su agarre al darse cuenta, pero aquello fue suficiente para que Jason lograse al fin ponerse en pie e intentar alejarse, cojeando sin poder evitarlo mientras su hermano mayor le perseguía para interponerse entre él y la salida, agobiado al verle sostenerse el hombro con dificultad.
- Jason, estás herido… Demasiado herido - casi gruñó aquello, encarando la ausencia de rostro del menor.
Tal vez Jason era más alto y ancho que él, pero no por ello le intimidaba. Para él era su hermano pequeño. No podía dejarle ir así. Pero aquello parecía molestar a Jason de más, quien rodando los ojos tras su mascara no dudó, para horror ajeno, darse un violento golpe en una tubería cercana con el hombro descolocado para colocarlo de nuevo en su sitio del golpe. Dick casi gritó del susto al ver a Jason gritar de dolor, pero tampoco tuvo tiempo de reaccionar cuando este, agitado, pero con la movilidad del brazo recuperada, le volvía a encarar.
- ¿Ves? Estoy bien… Ahora… apártate.
- No.
- He dicho que…
Una repentina tos obligó a Jason casi a doblarse en dos, y el único motivo por el que no acabó de rodillas en el suelo fue porque Dick le sostuvo rápidamente, aprovechando para volver al interior del callejón y hacerle sentarse mientras este seguía tosiendo visiblemente dolorido, su mano más útil apretándose el estómago por el dolor de cada tos, las cuales a oídos de Dick no sonaban nada bien. Sin esperar el permiso ajeno le apartó la mano y le subió la camisa, viendo, con horror la cantidad de golpes que se había llevado ese día, y especialmente que, con solo mirar, sabía que tenía que tener al menos dos costillas rotas. Un movimiento le llamó la atención y alzó la mirada. Jason se estaba quitando la máscara, y no tardó en comprender que era para no ahogarse con su propia sangre. Por un breve momento Dick sintió que el vómito se le subía a la boca. Jason, aquel muchacho que ni llegaba a los veinte años, con su cabello negro y su mechón blanco más rojo que blanco por la sangre, revueltos y sudados, parecía destrozado. Tenía casi más sangre que piel visible. Su nariz sangraba. Parecía que la tenía rota. Su boca sangraba. Era un milagro que no le faltase ningún diente, o eso esperaba Dick porque igual no podría verlo bien. Su ojo derecho estaba hinchado, como si le hubieran dado un puñetazo con un bastón. Ni siquiera debía de poder ver por ahí.
Y de repente una imagen terrible pasó por su mente. Ya no eran sus padres, rotos y deformados por la caída quienes veía delante suyo, sino a un Robin demasiado alegre, diez o más años más joven, con aquellas mismas heridas. Al propio Jason.
- Dick, solo déjame respirar un poco… - logró jadear apoyando su cabeza en la pared, demasiado acostumbrado a aquella suciedad como para que le molestase - Sabes que puedo aguantar esto.
Razón tenía. Le había visto en peores condiciones y seguir en pie. Y precisamente por eso le preocupaba. Porque no estaba en pie.
- Que… ¿Qué cojones te ha pasado? - logró preguntar al fin tras volver a la realidad con cierta dificultad.
- Me pillaron… desprevenido.
Mentía. Aquello era imposible. Al Jason que conocía no le hubieran nunca pillado desprevenido. El Jason que conocía no estaría tan afectado por el dolor como para no haber sido capaz de apartarle de un golpe, cosa que no había hecho. Eso, o no era tan urgente la situación como le hacía creer. Lo cual también era extraño en Jason. Nada le paraba. Y ahí estaba, sentado en el suelo sucio de un callejón, respirando con dificultad y herido.
- ¿Dick?
No hubo respuesta. Demasiadas cosas pasaban por la mente de Dick en ese instante. La muerte de Jason. Como Bruce no le había dejado ver el cadáver de su hermano pequeño en ningún momento. Como no había podido asistir al funeral y no se había enterado hasta después. Y se estaba dando cuenta de que la imagen que tenía delante suyo no debía de ser muy diferente a lo que debería haberse encontrado si hubiera estado ahí para él. Podía ver, apoyado en aquel muro, aquella capa amarilla que tan bien conocía empanada de sangre. Aquel ridículo uniforme de colores brillantes que tanto adoraba destrozado. El cuerpo casi sin vida de Jason. Como no había podido hacer nada para salvarle la vida. Como había fallado en ello. Como no le había podido proteger. Como por su culpa llevaba aquel uniforme que le había llevado a la muerte. No pudo evitar pensar en sus padres, mirándole desde el cielo todos aquellos años, que con tanto cariño le habían puesto el mote de Robin de pequeño y como habían visto a un niño casi indistinguible de su propio hijo tras el mismo uniforme que una vez llevó, con el mismo nombre, morir. Sus manos estaban manchadas de sangre. De la sangre de su alegre hermanito pequeño.
- ¡Dick!
Al oír la agitada voz de Jason Dick volvió a la realidad de golpe, viendo el maltrecho rostro ajeno mirarle confundido. Como si le extrañase que estuviera tan afectado por verle así. Como si le extrañase que se preocupase. Intentó responder, pero ningún sonido salió de su boca más allá que un débil jadeo carente de aire.
- Dick, respira.
Recordaba como Dick alguna vez le enseñó métodos de respiración y meditación cuando era pequeño. Pero también recordaba que aquellos mismos métodos no funcionaban bien para el propio maestro. Dick, muy a su estilo, entendía lo que funcionaba con Jason, aunque fuera diferente para él, sin embargo, Jason desconocía lo que funcionaba mejor con Dick. Y verle con tanta dificultad en ese momento para modularse le estaba agobiando. Entonces recordó un suceso. Acababa de empezar como Robin. No recordaba el motivo, pero, a escondidas, podía ver a Dick, de rodillas en el suelo, llorando desconsoladamente, no muy diferente a como parecía estar a punto de hacerlo ahora, mientras Bruce le consolaba en silencio, sentado enfrente y solo tomándole las muñecas con suavidad en total silencio, como si dejase que se sostuviera así. Tal vez eso funcionaba. Así que, con mucho cuidado de no sobresaltarle, y pese a su propio dolor, le tomó de las muñecas. Podía notar que estaba ardiendo. Dick pareció sobresaltarse. Estaba temblando. Aunque parecía más presente que segundos atrás su mirada estaba a punto de reventar en lágrimas. Pero al menos no le apartó. Aunque bajó la mirada a sus manos, cuya palidez contrastaba sobremanera con el tono de piel de Dick algo más tostado, sus ojos parecían estar algo perdidos antes de volver a alzar la mirada hacia su rostro. No podía estar así por verle herido, ¿verdad? Había estado peor otras veces. Por el amor de dios, pensó, ya había muerto con anterioridad. Y de repente esa realidad le golpeó. ¿Tal vez era eso lo que estaba angustiando tanto a Dick? ¿Porque le recordaba a aquel suceso? Aquello era imposible. No había visto su cadáver. Sabía que Bruce, en un muy mal manejo de sus emociones, no había avisado a Dick de lo sucedido. No había vivido aquel evento.
- Dickiebird - le llamó por aquel apodo que apenas usaba ya y que pareció surtir el efecto deseado, sin soltarle las muñecas, pero aun así intentando que le mirase a la cara - No puedo ir a un hospital, pero tengo… una casa franca aquí cerca. ¿Me ayudas a ir? Hay medicinas…
Lo último que quería era aquello. No necesitaba ayuda. Pero no quería dejar a Dick en ese estado, y reclamar algo de atención había servido. Dick asintió tan rápido que le sorprendía que no se hubiera mareado, y sin decir nada más ninguno, le ayudó a ponerse en pie, sosteniéndole con todo el cuidado que podía para no empeorar sus heridas. Por suerte la casa ajena estaba más cerca de lo que parecía, y con aún más suerte nadie les molestó. Era un edificio destartalado. No abandonado, alguna familia debía de vivir ahí ilegalmente, pero sin duda en una ciudad más decente habrían demolido ese edificio hacía años. Parecía a punto de caerse.
- Tengo las llaves… en el bolsillo izquierdo de la chaqueta…
Bajo indicación de Jason subieron al tercer piso, una subida excruciantemente larga para el menor de los dos, pero que pudo aguantar en silencio hasta que llegaron. Con cierta dificultad Dick logró abrir la puerta de aquel piso y en cuanto encendieron la luz pudo ver bien aquel lugar con cierto disgusto. Los muebles eran todos viejos y al punto de la evaporación por antigüedad. El suelo y las paredes tenían claros problemas de humedad; y hongos negros; que podía oler. No entraba la luz de la luna ya que Jason se había ocupado de tapar todas las ventanas con papel de periódico o cartones, algo que no llamaba la atención en un barrio como aquel. Le revolvía el estómago imaginarse a su hermano viviendo ahí. Aun así, era lo mejor que tenían por el momento y con mucho cuidado le ayudó a sentarse en el chirriante sofá de desgastada tela roja.
- ¿Te gusta? - bromeó Jason dejándose caer sin fuerza alguna en el sofá respirando agitado y dándose cuenta por primera vez de la cantidad de sudor que le cubría el rostro y que apenas distinguía de la sangre - Lo encontré… En el basurero de la esquina.
Dick no respondió. Tan solo le miró. Jason intentó comprender su expresión sin éxito. No parecía pena. Tampoco incredulidad por aquella mala broma.
- ¿Dónde tienes el botiquín?
El cómo le había ignorado logró sorprenderle bastante. Aun así, tan solo dejó escapar un cansado suspiro, apoyando del todo la cabeza mientras se intentaba acomodar sin éxito.
- En la caja debajo de la mesa.
Pudo ver como Dick, algo robóticamente, se giraba para ir directo a aquella caja donde efectivamente encontró una enorme caja de primeros auxilios bastante completa y que llevó directa hasta él para comenzar a rebuscar. No tardó en encontrar un par de agujas para el dolor, desinfectantes, hilo y aguja para puntos, y vendas.
- ¿Puedes quitarte la camisa?
Jason asintió. Pese al dolor de las costillas logró quitarse toda la parte de arriba con algo de ayuda ajena, pero no pudo evitar fijarse en como la mirada de Dick se dirigía por un momento no a sus heridas más recientes, sino a la descomunal cicatriz en Y que tenía en el pecho producto de la autopsia años atrás. Aún si fue una mirada muy rápida Jason si pudo reconocer lo mucho que debía de haber revuelto dicha imagen a su hermano por como este, en silencio, intentaba concentrarse en sus heridas nuevas antes de inyectarle la aguja para el dolor, cosa que en media hora sabía que agradecería. Pero por ahora le tocaba aguantar el dolor que era que le limpiase las heridas. No quería ni imaginarse cuando se acercase a las costillas.
- ¿Puedes explicarme que ha pasado? - preguntó al fin mientras comenzaba a coserle un corte en el brazo.
Agradecía la distracción. Tenía aguante. No demostraba el dolor. Pero lo sentía.
- Me distraje.
- Tú no te distraes, Jason.
- Te lo digo enserio.
Dick por primera vez en todo ese rato alzó la mirada para mirar a su hermano directamente a los ojos, o al menos al único que podía abrir bien. Aquellos cansados ojos turquesa, que uno no sabía si eran azules o verdes, y que antaño eran vivos y azules.
- ¿Con que te distrajiste para acabar así?
Jason dudó por un momento en si decirle la verdad. ¿Le haría quedar en ridículo? ¿Dick creería que era débil por ello? ¿Se lo contaría a Bruce? Sabía que no lo usarían en su contra, pero tampoco era algo que le gustase que alguien lo supiera. Pero al ver como Dick parecía insistir con la mirada tomó aire y asintió llevándose la mano libre a la cara para cubrirse un poco, mirando al techo, exhausto.
- Había… algún tipo de reloj. Sonaba como una cuenta atrás. Me congelé… Fue apenas un segundo. Pero fue suficiente para noquearme.
- ¿Una cuenta atrás? Pero por qué eso…
Dick calló de golpe al comprender con horror a que se refería. Nunca había tenido todos los detalles, pero sabía que aquella trágica noche la mayor parte del daño lo recibió por las bombas con las que el Joker le rodeó. No se había parado nunca a pensar que lo que oiría en sus últimos momentos de soledad sería la cuenta atrás. Hizo algo de memoria. Ahora que se daba cuenta las pocas veces que había ido a la mansión Wayne no recordaba verle nunca en una habitación con un reloj de pared. No quería ni imaginarse el miedo que aquel niño debía de haber sufrido. Solo. Escuchando aquella cuenta atrás. Atado y herido. Tal y como estaba en ese instante. La imagen era demasiado vivida. Rápidamente bajó la mirada para volver a concentrarse en sus heridas y comenzar a coser la siguiente.
- Lo siento - fue lo único que supo decir.
- No es nada, tranquilo. A todos nos pasa.
De hecho no pudo negarlo. A él mismo le pasó rato atrás. La imagen de sus padres le había congelado un precioso segundo.
- Tienes razón…
Finalmente se atrevió a alzar la mirada para mirarle las heridas de la cara. Intentaba, de alguna forma, no pensar en la muerte de su hermano pequeño. Así que se concentró en otra cosa mientras le separaba con cuidado los mechones de cabello para verificar que no tuviera ninguna contusión grave.
- ¿Como te han podido hacer tanto daño con el casco puesto?
- Porque no lo llevaba puesto.
Dick alzó una ceja. Aquello sí que le extrañaba. Pero no dejó de buscar heridas en su cráneo que pudieran suponer un peligro. Jason, solo con la visión periferal, pudo darse cuenta de aquella pequeña micro expresión, y sin muchas ganas dejó escapar una débil risa.
- ¿No me vas a regañar por ser un descuidado?
Dick no respondió. No se sentía con fuerzas para ello. No podía. Porque mientras le iba apartando el pelo poco a poco, manchándose las manos de sangre en el proceso hasta finalmente encontrar un corte poco profundo pero muy sangrante a la altura de su sien, todo lo que veía era el cuerpo frio de su hermano. No había visto la autopsia. No le hacía falta. Jason en aquel sofá, lleno de sangre golpes y heridas y con la cicatriz en Y visible, no le hacía falta. Su imaginación estaba haciendo todo el trabajo por él. Pero estaba vivo. Se estaba autoconvenciendo de ello en su mente. Por eso no escuchaba palabra alguna de Jason. Porque en su mente se repetía una y otra vez que seguía vivo y debía curarle las heridas.
Jason sin embargo se daba cuenta de que algo le sucedía a Dick. No era su comportamiento normal. Parecía muy ido. Se preguntó si a él también le habrían dado un golpe en la cabeza. Si tal vez habría discutido con su novia y por eso estaba pensativo. Si tal vez había discutido con Bruce. Y habría preguntado directamente si no fuera porque dos palabras se escaparon de repente de la boca a Dick que lograron congelarle la sangre como pocas cosas lo habían hecho en mucho tiempo.
- Está vivo…
Había sido un susurro. Si no fuera porque había logrado ver los labios ajenos moverse con suavidad podría haber pensado que lo había alucinado.
- Está vivo…
De nuevo. Un susurro casi indiscernible de los sonidos lejanos de la calle. ¿Estaba hablando de él?
- Dick.
Silencio. No le había oído. Jason no pudo evitar dejar escapar un quejido de dolor cuando le desinfectó la herida de la cabeza. Tal vez no era el mejor momento para sacarle de la ensoñación en la que estuviera. Pero algo andaba mal. Podía notar las manos del mayor temblar ligeramente. Y ni de coña iba a dejar que nadie, ni Dick, le tratase una herida en la cabeza con las manos temblando y lo que parecía en shock. Y en cuanto le vio coger la aguja, pese al dolor en todo su cuerpo, le detuvo rápidamente agarrándole de la muñeca y separando su cabeza de la mano ajena.
- Richard Grayson, para - le repuso viendo la mirada ajena clavarse en él.
Y por primera vez lo distinguió. Lágrimas. No tenía una expresión agobiada, ni triste, ni asustada. De hecho parecía en blanco. Pero tenía lágrimas bajando por los ojos. No entendía muy bien que le sucedía. Pero no estaba bien. Dick pareció murmurar algo que ahora sí que no escuchó, mirándole ahora como si fuera lo más extraño que había visto en su vida, y Jason finalmente, con mucho cuidado, se puso en pie, volviendo a tomarle de las muñecas. Estaba ardiendo. ¿Tendría fiebre? Ahora su expresión parecía… ¿Asustada? No estaba seguro. Volvió a murmurar algo que de nuevo no escuchó.
- No te oigo.
- Estás vivo…
Jason, pese al destrozo en su rostro, logró alzar una ceja. Creía saber que sucedía. Y aunque no fuera así no tardó en seguirle el rollo al mayor, asintiendo.
- Si. Estoy vivo.
- Estás vivo.
- Vivito y coleando.
- Vivo.
Jason asintió y con cuidado le llevó la mano derecha a su yugular, obligándole a colocarla de tal forma que pudiera sentir su pulso. Dick pareció tardar unos segundos en procesar lo que sucedía. Pero su mirada finalmente pareció comprender y un sonido extraño salió de sus pulmones. Como una mezcla de alivio e incredulidad.
- ¿Como tengo el pulso?
- Estás… vivo…
- Si, Dick, estoy vivo. ¿Puedes decirme como tengo el pulso?
- Normal.
- Bien. Le había respondido. Le oía. Entendía lo que decía.
- Mira, eso es bueno, pensaba que estaría más acelerado. ¿Qué temperatura tengo?
- Estás… ardiendo…
- Perfecto. Eso significa que estoy vivo. ¿No?
- Si.
- Además de que te estoy hablando.
- No.
- ¿No?
- Que me hables… no significa que estés vivo.
Aquello logró dejar en silencio a Jason durante unos largos segundos. Pero aun así mantuvo la mano ajena en su cuello. Eso si o si era prueba innegable de que estaba vivo. Y al menos Dick parecía concentrado en ello, ya que su mirada estaba quieta en aquel lugar de su anatomía como si de una estatua se tratase.
- ¿Disculpa? Si me oyes es que estoy vivo.
- Cuando estabas muerto… a veces te oía.
De nuevo silencio. Jason necesitaba procesar esa información. Tenía la tentación de soltar alguna broma de mal gusto, decir que se sentía halagado, pero tal vez esa no era la situación más indicada. Sobre todo porque le preocupaba más que hacerle gracia. Nunca había hablado del todo con Dick sobre cómo había sobrellevado su muerte. De hecho todo lo que sabía realmente era por Tim. Y este tampoco le había querido dar demasiados detalles más allá de que no lo habían llevado bien. Así que descubrir que su hermano mayor había sufrido alucinaciones con él cuanto menos era una jarra de agua fría.
- ¿Alucinabas conmigo?
- Si.
- Pues las alucinaciones no tienen pulso ni calidez ni nada. Así que te puedo asegurar que no soy una alucinación. No ahora.
- No ahora…
- Exacto. Estoy vivo. Estoy aquí.
- Estás aquí…
- Si. Vivito y coleando. ¿Que estabas intentando hacer hace un momento?
- Curarte.
- Correcto. Porque estoy herido. Porque estoy vivo. Pero te tiemblan las manos. Así que necesito que respires poco a poco conmigo si quieres hacer bien tu trabajo.
Dick logró asentir algo mal, intentando concentrar su mirada en su propia mano y el pulso ajeno y no en la cicatriz de su pecho. Tenía pulso. Tenía calidez. Respiraba. Le estaba de hecho guiando la respiración. Estaba vivo. Un minuto. Dos. Tres. Cuando finalmente Jason pudo ver el cuerpo de Dick relajarse, pareciendo volver a la normalidad y alzando la mirada para verle, mostró una incómoda sonrisa de vuelta, aún sin soltarle.
- ¿Un poco mejor, Dickiebird?
- Lo siento… - murmuró ahora soltándose él mismo para limpiarse como buenamente podía la cara, algo avergonzado, antes de recibir una colleja suficientemente fuerte como para sobresaltarle - ¿Qué?
- Ni se te ocurra pedir disculpas, enano.
- Soy más mayor que tú.
- Pero también más bajito.
Un segundo de silencio. Pero finalmente ambos dejaron escapar una débil risa, y Jason volvió a dejarse caer en el sofá, exhausto. Sentía como si un camión le hubiera pasado por encima. Y no era tanto por las heridas sino por Dick. Emocionalmente aquello le había dejado como físicamente un muñeco de trapo atropellado. Pero al ver como Dick hacía amago de volver a coger la aguja rodó los ojos y sin pensarlo le dio un tirón lo suficientemente fuerte como para obligarle a sentarse a su lado, Dick dejándose hacer con un débil suspiro.
- No vas a coger una aguja hasta que no estés calmado del todo. No me estoy desangrando así que relájate un poco.
- Podría llamar a Bruce para que traiga medicamentos - murmuró Dick apoyándose en sus propias piernas, ya que no sentía fuerzas para mantener su torso erguido por sí solo, y estirarse hacia atrás se le hacía incómodo en ese momento.
- Y yo podría tirarte por la ventana. Pero ninguno de los dos va a hacer lo que dice, ¿verdad?
- Igual tienes heridas graves…
- Me curo rápido así que no te preocupes. Ahora… ¿Quieres contarme que carajo te acaba de pasar? Si quieres, claro.
Dick no dijo nada. Jason se encogió de hombros. Podían hacer un duelo de silencio. No le importaba. Él podía ganar sin problema. Tenía mucha más paciencia de la que la gente creía. Y de hecho no hizo falta ni esperar treinta segundos para que finalmente Dick abriera la boca, jugando nerviosamente con sus dedos.
- Cuando moriste… No pude asistir a tu funeral.
No era para nada lo que Jason se esperaba oír. Pero tan solo se encogió de hombros, aun mirando al techo, exhausto. Aquello no era una novedad.
- Lo sé. Estabas en el otro lado del mundo, en otro planeta, o algo así.
- Bruce no me avisó. Me enteré al volver por Danny Chase.
Aquello sí que no lo sabía. El techo dejó de ser tan interesante y giró un poco la cabeza para mirar a Dick, o al menos su espalda y nuca, lo único que llevaba a ver al estar este tan encogido sobre sí mismo. Lo de Bruce era consciente, de hecho, le había llamado más la atención lo de Danny. Recordando lo repipi que era ese niño en su juventud se imaginaba que no habría tenido mucho tacto al decirlo. Pero en un gran esfuerzo de autocontrol se aguantó las ganas de comentar eso, imaginándose que debía concentrarse en el comentario de Bruce.
- ¿No te dijo nada, enserio? - preguntó como si no lo supiera ya.
- No. Cuando llegué ya te habían hecho el funeral y estabas enterrado. Entiendo que al momento fuera difícil avisarme, pero… No era imposible.
- Bruce es un gilipollas cuando quiere, pero dudo que...
- Dos semanas, Jason - murmuró mientras su pierna comenzaba a sacudirse nerviosamente - Cuando pude visitar tu tumba por primera vez ya había crecido la hierba. No pude verte. Nunca supe en qué estado estabas. No pude ni ver tu ataúd. Debería haber estado ahí. Debería haber podido protegerte. Debería haber intentado tener más relación contigo. Eras mi hermano pequeño por el amor de dios, te di mi uniforme, mi nombre, y… moriste por ello. Yo debía ser tan responsable de ti como lo era Bruce y fallé miserablemente.
Jason escuchaba en silencio. Aquella información para él era nueva. Efectivamente en su juventud su relación con Dick era bastante efímera. Le consideraba un hermano, pero apenas había desarrollado confianza con él. Originalmente llegó a pensar que Dick no debía de sentirse muy mal por su muerte, y aunque al volver si descubrió que sí le había afectado, no se imaginaba hasta qué punto. Y eso incluía a Bruce. En qué estado mental debía estar como para no avisar en dos semanas a Dick, a su niño de oro. Pero tras unos segundos de silencio, al ver que Dick iba a volver a hablar, él mismo calló. Prefería no cortar el chorro de confesiones que le estaba saliendo al mayor. Era obvio que necesitaba desahogarse más de lo que creía.
- Cuando… te he visto así de herido… yo… - su voz se cortó un poco, alzando la mirada al techo como si eso fuera a evitar que las lágrimas volvieran a caerle - No vi tu cadáver, Jason. No lo vi en su momento. Pero hoy… yo… te juro que creía estar viéndolo. Ese niño demasiado pequeño para su edad… golpeado… y herido… Yo… lo siento tanto… No he podido evitar imaginarlo y… no podía creer que estuvieras vivo. Otra vez.
Jason dejó caer por un momento la mirada. Le dolía el pecho. Ya no por las costillas rotas sino por la ansiedad que le estaba causando aquella confesión. Los recuerdos de aquella noche seguían frescos en su memoria. Nunca se habían ido. Y oír a Dick confesarle tal cosa le había revuelto. Intentó centrar su mente en otra cosa, así que se centró en el comentario de Danny Chase. Sabía cómo era aquel niño. Sabía que habría dicho algo del estilo “son cosas que pasan”. En el pasado se habría ofendido sobremanera y lo habría aceptado, le habría dado la razón en que nadie se preocupaba por él. Ahora le hacía gracia la imagen. Le entristecía un tanto saber que su muerte sí había afectado negativamente a aquel intento de familia que tenía, pero la imagen de Dick seguramente perdiendo la calma con Danny hasta merecía la pena.
- No te sientas tan culpable.
- ¿Como no me voy a sentir culpable, joder? - le cortó algo en seco, girándose para mirar aquel rostro herido con los ojos aguados, imagen que logró tensar al aludido - Te cedí mi manto. Te di, literalmente, mi uniforme, esperando que algún día crecieras en él. Te di el apodo que mis padres me dieron. Acepté que un niño casi famélico, sin entrenamiento previo de ningún tipo y con demasiadas ganas, se convirtiera en un vigilante, para luego... ¿Qué? ¿Abandonarte a tu suerte con Bruce? ¿Entrenarte de vez en cuando y rezar que eso fuera suficiente? Ni siquiera me esforcé en ser un buen hermano para ti, peor mentor fui. Y mírate ahora. Incluso ahora esa decisión te afecta. Si no hubiera dejado que Bruce te acogiera no te habrían matado, no te habrían revivido, no serías un ex criminal y no te habrían metido la paliza del año.
Jason se quedó unos segundos en silencio, pero finalmente tomó aire y le miró directamente a la cara, aún apoyado en el sofá. Su expresión era algo seria. No solo por el dolor.
- ¿Sabes qué, Dickiebird? - comentó seriamente - Tienes razón. Sabías lo que era. No debiste aceptar que un crío famélico y sin entrenamiento previo fuera Robin. Pero no te permito que te eches toda la culpa de esa decisión. Si. La tienes. Pero no fuiste tu quien me adoptó. Eso fue el viejo. Fue él quien me puso en primera línea de fuego. Pero también te digo. Tampoco le echemos toda la culpa a Bruce. Fui yo quien se escapó y se puso en peligro al alejarme de Batman. Pero yo era un crío inconsciente que no seguía normas. Tampoco podemos echarme toda la culpa a mi o a Bruce o a ti. Porque cuando buscamos culpables siempre se nos olvida alguien muy importante en todo esto, Richard Grayson. El puto payaso. El puto desquiciado que me... torturó - su voz tembló un poco, pero la rabia le estaba superando y ahora era él quien no podía dejar de hablar - Quien me engañó, se aprovechó de mi inocencia por buscar a mi madre, me secuestró, torturó y acabó por explotar una bomba en la cara. ¿Pero sabes cual es el asunto, Dick? Que yo no debería haber estado, aquel día de junio, en el callejón del crimen, intentando robar las ruedas de ese coche para poder alimentarme porque quien creía que era mi madre murió de sobredosis dejándome solo en esta ciudad de mierda. ¿Y sabes qué más? Que veinticinco años atrás un crío de ocho años no debería haber visto a sus padres morir en un robo de mano armada dejándole altamente traumatizado y con una futura obsesión por cuidar a niños enseñándoles a luchar contra el crimen porque nadie apareció para salvarle a él cuando más lo necesitaba. No digo que no tengas la culpa, pero también te digo que no te sientas tan culpable. Somos gothamitas. La tragedia y la injusticia es lo que siempre ha movido y moverá nuestras historias, Dick. Independientemente de nuestras decisiones, algo malo siempre pasará. Si no me hubierais adoptado tal vez me habrían matado cuando intentase robar el coche a la persona equivocada. O yo me habría convertido en un villano mucho antes y sería quien matase a los Robins. No digo que ser Robin y lo que me sucedió fuera el mal menor. Eso es una mera excusa para sentirnos mejor. Es la misma mierda. Y ese es el problema. Que decidiéramos lo que decidiéramos, si seguíamos en Gotham, algo pasaría. Esa puta ciudad son nuestros cimientos, y salir de ella dudo que fuera una solución. Somos gothamitas. Se nos pega la tragedia a la piel como el olor a podrido del aire y los humos tóxicos de las fábricas a la ropa colgada. Y eso nunca se va.
Cuando al fin dejó de vomitar palabras Jason, dándose cuenta de que apenas había respirado, dejó escapar un débil quejido cerrando los ojos mientras recuperaba el aliento. Se sentía mareado. Tal vez había perdido más sangre de la que creía. No vomitaba sangre, por lo menos sabía que no tenía nada roto por dentro más allá de las costillas. Silencio. Se atrevió a mirar a Dick. Este tenía la mirada perdida en algún punto indeterminado del suelo. Su pierna había dejado de temblar. Ya no jugaba con sus dedos. Estaba inmóvil. Se imaginaba que tal vez le había hecho replantearse muchas cosas. Y eso le hacía cierta gracia. Pero finalmente Dick volvió a hablar, y sus palabras lograron hacer que le mirase algo sorprendido.
- Entonces según tú... ¿No hay nada que pueda hacer? ¿Que haga lo que haga, decida lo que decida, cualquier vida que salve hoy, sufrirá mañana? ¿De qué sirve esforzarme si nuestro destino ya está escrito?
- No me refiero a eso, Dick. Si no nos esforzamos las cosas solo irán a peor. Hacemos lo que podemos. A veces no tanto como en realidad podríamos, pero eso no lo sabemos hasta después. Gotham, igual que Blüdhaven, es una ciudad injusta de raíz. ¿Tú crees que estaríamos teniendo esta conversación, en un piso de mierda con humedades, en Metrópolis? ¿Dónde, si siquiera hiciéramos falta, seríamos superhéroes y no vigilantes? ¿Dónde lucharíamos a la luz del sol y no en las sombras de la noche? Tenemos un contexto, Dick. Eso es lo que quiero que entiendas. Incluso la burbuja que era tu circo acabó sufriendo los estragos de Gotham. Nosotros nadamos en tragedia y es lo que conocemos. En su momento creíste que hiciste todo lo que podías conmigo. Luego te diste cuenta de que habrías podido hacer mucho más. Y te sentiste culpable por ello hasta ahora. Sabes que la cagaste. Eso es algo. Y lo agradezco. Pero ni se te ocurra asumir toda la culpa, eso sería quitarle la culpa a quien más la tiene, o pensar que si no habrías hecho lo que hiciste las cosas serían mejor, porque eso tampoco es verdad. Todo lo que nos queda hacer es aprender de nuestros errores y seguir avanzando. No estoy intentando hacerte sentir mejor, Dick. Sigo pensando que la cagaste con muchas cosas y la sigues cagando. Pero rebozarte en la mierda no sirve de nada.
Dick de nuevo se quedó en silencio. Aún inmóvil. Jason esperó por si tenía algo más que decir, pero al no oír nada tan solo dejó escapar un suspiro volviendo a mirar al techo.
- Mira, Dick... Solo prométeme una cosa.
- ¿El qué?
- Ahora que sabes que conmigo pudiste hacer más, intenta ser algo mejor con Tim.
- No le metas en esta conversación, por favor...
La voz de Dick temblaba un poco. Parecía a punto de rompérsela. De nuevo estaba a punto de llorar. Y ahora sí que Jason no pudo evitar fruncir el ceño, ahora molesto de verdad, llegando a erguirse un poco y todo por la molestia.
- No no, ahora esto se habla - le cortó acusatorio, fulminándole con la mirada - Quiero que me digas por qué después de lo que me pasó, después de que aparentemente sufrierais tanto según tú, tuvisteis la maravillosa idea de aceptar que otro crío tomase el manto.
- El muchacho insistió...
- No le eches la culpa al niño o te reviento la cara.
Casi había gruñido aquellas palabras. Dick se encogió sobre si mismo un poco más, su mirada culpable en el suelo.
- Era un genio y...
- ¡Por favor, Richard! - le cortó casi gritando aquello con cierta desesperación furiosa - La educación en Gotham será una puta mierda, pero genios nos sobran. Eso al crío no le hace en absoluto especial.
- Ya lo sabes, joder...
- Pero quiero que me lo digas, Dick. Porque si, tengo una idea bastante clara de por qué aceptasteis a otro crío, pero quiero que me lo digas en voz alta.
- Jason, por favor...
- ¡Dímelo!
- ¡Era una venda!
Por primera vez en un rato Dick le había mirado a la cara. Y Jason pudo ver la absoluta desesperación y culpa en aquellos ojos azules henchidos en lágrimas. Y como le molestaba. No podía evitarlo. Que ganas tenía de golpear a Dick en ese momento por si quiera atreverse a llorar. Pero apenas terminó la voz de Dick se había ahogado en si misma por el soponcio y enseguida se cubrió la cara con las manos, queriendo ocultar de alguna forma su propia culpa.
- Una venda... Un sustituto querrás decir - le recriminó Jason, pudiendo ver como el tic nervioso de la pierna de Dick volvía, sacudiendo todo su cuerpo por el movimiento.
- No digas eso...
- Si que lo voy a decir. Porque sabes que es así.
- Bruce no quería al principio. Yo... me opuse... Me opuse. Te lo juro que lo intenté. Pero al final hacía falta un Robin. Siempre le ha hecho falta uno. No pude evitarlo.
Jason tomó aire lentamente, cerrando el ojo bueno para intentar calmarse. Dios, como le dolía la cabeza. Quería vomitar. Pero finalmente se calmó. Al menos lo suficiente como para controlarse y no pegar una patada a Dick.
- ¿Y os sirvió?
- ¿Disculpa?
No se atrevió a mirar a Dick. Aquella mirada culpable le revolvía.
- Que si Tim os sirvió como venda. Si poner la vida de otro niño en peligro constante os sirvió para sentiros mejor con vosotros mismos por dejarme morir.
Silencio. Algo confundido Jason volvió a mirar a Dick. Seguía con aquella expresión culpable. Pero ahora había algo más. Su mandíbula tensa. Estaba furioso. Le tenía a punto de reventar. Justo lo que quería. Si algo sabía de Dick era que tenía la mala manía de reprimir todo a presión y encerrarlo muy en el fondo de una mente apenas lo suficientemente fuerte como para que acabase reventando. Jason tenía sus propios problemas de control de ira, pero, y esto lo sabía bien, Dick era mucho peor. Se presentaba siempre como el niño amable, ocultaba cuanto le pesaban las cosas, hasta que finalmente el globo reventaba por la presión. Que poco le quedaba para poder escuchar aquel globo reventar.
- ¿Te crees que yo quería esto? - murmuró Dick, su voz temblando violentamente entre el soponcio y la ira - Me prometí que no cometería el mismo error que cometí contigo. Que, ya que no había podido evitar que se metiera donde se metió, me aseguraría estar ahí para él. Que le entrenaría. Que le protegería. Que sería, esta vez de verdad, su hermano mayor. ¡Que no le pasaría lo que a ti!
- ¡¿Lo que a mí?! Joder, Dick, ¡me alegro que tu definición de hermano mayor sea intentar que el crío no sea torturado y asesinado! ¡Lo puto mínimo, que no se te muera el niño! ¡Al menos por ahora estás haciendo un trabajo maravilloso!
- ¡PERO NO LO HICE!
Jason por primera vez se sobresaltó de verdad. Aquello Dick lo había gritado mucho más alto que cualquier otra cosa dicha previamente. Le miró confundido. Dick se había puesto de pie por la desesperación. Sus manos, temblorosas, las tenía a medio camino de su propio pecho, como si eso le ayudase a respirar. Parecía que se estaba ahogando. Su rostro estaba enrojecido ya no solo por las lágrimas. No podía cerrar la boca porque estaba respirando, por dificultad, por ahí. Jadeaba. Y su mirada. La culpa y la ira de nuevo se mezclaban. Pero esta vez era diferente. Jason se dio cuenta. Algo había sucedido. Algo de información le faltaba.
- Dick... ¿Le pasó algo a Tim?
Dick, incluso en silencio, pareció callar de golpe. Su boca seguía medio abierta por la falta de aire, pero era obvio que la respuesta era afirmativa. Jason sintió su sangre a punto de arder. Normalmente era mejor controlando sus emociones. Mejor que su hermano, al menos. Pero en ese instante le dio igual. Furioso, sin ocultarlo, logró ponerse en pie, agarrando a Dick de los brazos con cierta brusquedad. Pese a estar encogido por el dolor de las costillas seguía siendo más alto que Dick. Y este, a su sombra, encogido sobre sí mismo, parecía aún más pequeño. Y esa mirada culpable... Si se sentía culpable por su muerte era una cosa. Pero que se sintiera culpable por Tim era algo que le cabreaba más que nada. Y el silencio ajeno lo empeoraba.
- Dick - se le escapó aquello entre dientes, en un susurro bajo pero aun así intimidante - ¿Que le pasó a Tim?
- Le maté...
Jason calló, incrédulo. La rabia se convirtió en confusión, y su expresión lo demostró. Pero no soltó a Dick en ningún momento. Ni se había dado cuenta de la fuerza con la que le sostenía. Seguramente le dejaría marca al día siguiente.
- ¿Mataste a Tim?
- No, no... Yo... Él le secuestró - logró jadear, sus lágrimas volviendo a caer pesadamente por sus mejillas enrojecidas, pero su ceño ahora fruncido - Creía que había muerto, Jason. Creía que le había asesinado. Creía que se estaba repitiendo todo. Creía que estaba volviendo a vivir esa pesadilla - su voz había cogido algo de firmeza, y poco a poco el soponcio se estaba transformando en una velocidad casi rabiosa - Creía que...
- ¿De qué coño estás hablando?
- ¡El puto payaso, Jason! ¡Secuestró a Tim! ¡Volví a fallarte! ¡No pude protegerle! ¡Creía que le había asesinado! ¡Creía que había llegado demasiado tarde! ¡Y todo lo que pude hacer fue matarle!
Las manos del menor se tensaron en los brazos ajenos. Ahora sin duda dejaría marca. Una imagen poco agradable le estaba pasando por la mente. El Joker había secuestrado a Tim. Seguramente le habría torturado. Eso nunca se lo habían dicho. Claramente el chico seguía vivo así que Dick era sincero en ese “creía”, pero que hayan permitido que aquella situación se repitiese le estaba cabreando sobremanera. Sin embargo, había otra cosa en sus frases que había llamado su atención.
- Dick... ¿A quién... mataste?
La expresión de Dick se transformó de repente en shock. Como si hubiera dicho algo que Jason no debía oír. Como si se le hubiera escapado un secreto importante. Y a su turno la mirada de Jason se endureció. Porque creía tener una idea. Pero eso no era posible. Porque sabía donde estaba esa persona en ese instante. Porque no tenía ningún sentido. Debía de estar mintiendo.
- Richard... ¿A quién mataste?
Le dolía el pecho. Las costillas le estaban matando. Pero igualmente seguía en pie. En parte apoyado en los brazos ajenos, no solo para inmovilizarle. Y Dick tan solo pudo cerrar los ojos, cansado de tanta rabia, pero sin apartarse.
- Al Joker, Jason... Dijo tu nombre. Le maté. Perdí el control. Y le maté.
La rabia que podía oír en la voz de Dick era, por primera vez, aterradora.
- Sigue vivo, Dick, de que me estás hablando...
- ¡Porque Batman le revivió, joder! - exclamó de repente apartando bruscamente las manos ajenas de sus brazos al fin - ¡Porque le salvó la vida para enviarle a Arkam!
Jason no fue capaz de responder. Aquello había sido demasiada información de golpe. El Joker había secuestrado a Robin de nuevo. Habían fallado en proteger a Tim. Dick había matado al Joker. Su hermano había matado a su asesino. Batman le había revivido. Bruce le había revivido. Su padre había revivido a su asesino. Había revivido al asesino de su hijo.
- Qué...
Le faltaba el aire. No podía respirar. Ahora, sin el soporte de Dick, por el dolor trastabilló un paso hacia atrás. El movimiento causó que una de sus costillas se moviera hacia dentro. Y un dolor agudo recorrió su cuerpo con tal sacudida que cayó de rodillas. Inconscientemente se abrazó a su mismo, encogiéndose, pero aquello empeoró el dolor. Y ahora sí que gritó. No sabía si era por el dolor o la rabia. Daba igual. Y el problema era que gritar también empeoraba el dolor de sus costillas. ¿Estaba llorando? Ni siquiera lo sabía. De repente sintió dos manos corriendo a sostenerle de los hombros. Oía una voz. No veía nada. Intentó calmarse. Recordaba a Dick guiarle la respiración cuando se asustaba de pequeño. Como le ayudaba a concentrarse a su alrededor. En reconocer su entorno. Intentó hacer eso. Pero no podía. Estaba herido. ¿Por qué estaba herido? Le dolían las costillas. Tenía dos rotas. No veía de un ojo. Olía a humedad. Estaba oscuro. Oía gritos. ¿Sus propios gritos? Alguien le sostenía. Alguien le estaba inmovilizando. Estaba inmovilizado. Desesperadamente buscó el sonido de un reloj. De una cuenta atrás. Y de repente volvía a ser aquel preadolescente asustado, solo en mitad de la nada, herido y a punto de morir.
- ¡Jason!
Dos manos le sostuvieron repentinamente de las mejillas obligándole a alzar la mirada. Era Dick. Normalmente este nunca le habría agarrado de esa forma para devolverle a la realidad. Pero necesitaba que parase con urgencia. Se estaba haciendo daño. Si seguía así se iba a clavar las costillas rotas en los pulmones y eso podría acabar muy rápido en tragedia.
Jason dejó de gritar por unos segundos. Aquel payaso no estaba por ningún lado. Delante, quien le sostenía, era Dick. Su hermano mayor. Seguía siendo aquel preadolescente. Pero no tenía al Joker delante. Y por primera vez en mucho tiempo, comenzó a llorar de verdad. En su momento no había llorado. Se había burlado, reído, se había resignado, todo menos demostrar el miedo que realmente sentía. Pero ya no estaba frente al Joker. Y al fin se dejó caer. Dick, sentado en el suelo, rápidamente le envolvió entre sus brazos, ocultando el rostro ajeno en su hombro, acariciándole el cabello con una mano y la espalda con otra. No se atrevía a apretar. Pero no le soltó en ningún momento. Podía notar las manos ajenas sacudirse violentamente entre ambos pechos. Su mandíbula temblar en su hombro. Sus lágrimas sangre y saliva mancharle la ropa. Podía hasta notar la vibración de sus gritos y lamentos en la piel. Notó como buscaba pegarse más a él con las piernas. Dios, realmente parecía un niño pequeño en ese instante. Dick cerró los ojos con fuerza. No quería llorar más. No podía permitírselo. Pero no podía evitarlo. Con mucho cuidado escondió su propio rostro en el hombro de su hermano pequeño, y se atrevió a apretar un poco el abrazo en la mano que sostenía la cabeza del menor, sus dedos enredándose en su cabello canoso. Jason gritó. No de dolor. Físico no, al menos. Había sido un lamento tan fuerte que Dick no pudo sino encogerse un poco más en aquel incómodo abrazo e inconscientemente apretó más su cabeza contra la ajena pese a que eso pudiera dejarle sordo. No le importaba. Jason estaba vivo. Podía oírle. Esta vez de verdad. Y no le iba a soltar.
No supo cuanto rato había pasado hasta que finalmente Jason ya apenas hacía ruido más que un débil hipo resultado del soponcio. Pero no se había separado. Y Dick no tenía intención alguna de ser el primero en soltarse. Lo que si es que aprovechó para acomodarse; se le estaba quedando dormida una pierna y ahora que empezaba a volver a la realidad aquello era tremendamente incómodo; pero apenas se movió un poco, sin soltar en ningún momento el agarre en Jason, notó algo que le congeló en su sitio. Una de las manos ajenas había subido hasta su propia nuca y prácticamente había clavado sus uñas ahí. Dolía. Pero no le molestaba. Jason parecía estar aferrándose a él como si fuera un flotador. Como si se estuviera ahogando. Muy a su manera le había devuelto el abrazo. Con algo de dificultad pareció pasar el segundo brazo por su espalda. Incluso a través de aquel traje especialmente diseñado para recibir el mínimo daño posible Dick de nuevo pudo notar las uñas ajenas clavarse irregularmente en su espalda. Con cuidado se atrevió a apoyar su rostro en el cabello ajeno. Como si así terminase de envolverle. De esconderle un poco en sí mismo. Pudo escuchar un débil quejido de dolor. Preocupado dejó una pequeña caricia en el cabello hasta su nuca. No quería separarse, y no pensaba hacerlo, pero sabía que estaba herido. Necesitaba al menos verificar que estaba bien. Una tos. Pudo notar algo de saliva de nuevo en su hombro.
- Jason...
No hubo respuesta. No le sorprendía. Debía de seguir en shock. Otra tos. Y de repente se dio cuenta. Aquello cálido que sentía en el hombro no era saliva. Mil alarmas comenzaron a sonar en su mente, y rápidamente, ayudándose de su propio cuerpo, movió el de Jason hacia delante. Lo primero que notó fue como las manos de Jason, que hasta entonces se clavaban en su piel, perdían toda fuerza y se dejaron resbalar poco a poco hasta caer al suelo sin vida. Lo siguiente que vio fue el rostro de su hermano pequeño. Tenía los ojos entre cerrados. Parecía costarle mantenerlos abiertos. Respiraba con mucha dificultad. Estaba pálido. Y tenía sangre fresca resbalándole por la boca a borbotones. Y Dick gritó en pánico.
Lo último que Jason vio antes de perder la consciencia fue el rostro de su hermano lleno de lágrimas, sosteniéndole entre sus brazos, e intentando desesperadamente despertarle.
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Cuando despertó lo primero que vio fue una luz cálida. Era agradable. No le cegaba. Confundido parpadeó intentando definir más cosas. Pero no hizo falta. Apenas reconoció aquel extravagante candelabro eléctrico que se dio cuenta donde estaba. Era su antigua habitación en la mansión Wayne. Comenzó a entrar en pánico. No podía estar ahí. Intentó sentarse, pero un repentino dolor en su pecho le quitó el aire por un instante. Apenas tuvo tiempo de apoyarse en sí mismo que un par de manos le detuvieron con fuerza de los hombros causando que intentase echarse para atrás, pero todo lo que consiguió fue volver a acabar tumbado antes de, al fin, reconocer el rostro preocupado de Dick. Y de repente los recuerdos de aquella noche volvieron a él con tanta fuerza que juraría que aquello era lo que causaba la terrible migraña que sufría en ese instante.
- No hagas movimientos bruscos - comentó Dick soltándole poco a poco - Te estás curando rápido, pero si te mueves será peor.
- ¿Que... Que hago aquí? ¿Porque me has traído aquí?
- Te desmayaste. No podías respirar, se te había clavado una costilla en el pulmón. Entré en pánico, y bueno... Solo se me ocurrió llamar a Bruce.
Jason chistó molesto. Si bien ya no era una situación en la que huía de la justicia, Bruce era la última persona que quería ver en ese instante. Pero no podía culpar a Dick por llamarle. A la desesperada seguramente él también lo habría hecho. Algo más tranquilo miró a su alrededor. Lo primero que notó, para su sorpresa, era que al lado de su cama había un monitor de signos vitales. Siguió con la mirada el cable y para su sorpresa llegaba hasta su dedo. Pero no oía nada. Confundido volvió a mirar el monitor y efectivamente ningún sonido salía de él. Dick pareció darse cuenta de su confusión, y algo cansado se encogió de hombros mostrando que tenía un auricular en el oído.
- Pedí que transfirieran el sonido a mi auricular - confesó con un débil suspiro - No quería que... te asustase.
Por un momento no sabía a qué se refería. Hasta que finalmente se dio cuenta que quería decir, y no pudo sino dejar escapar una exhausta risa. La cuenta atrás. Como le había confesado su reacción a aquel sonido se había tomado la molestia de quitar el sonido del monitor por si le desencadenaba una reacción de pánico. Ni se había parado a pensar en ello.
- Gracias... - murmuró intentando fijarse bien en Dick - Tienes un aspecto horrible.
Efectivamente parecía que le había pasado un camión por encima. Su cabello estaba despeinado. Su ropa, una camisa XXL del equipo de futbol de Gotham y unos pantalones deportivos, parecían arrugadas, como si no se las hubiera quitado en varios días. Sus ojos parecían algo hinchados y tan cansados como si no hubiera dormido en un año. Dick no se ofendió, tan solo se puso en pie y se encogió de hombros.
- Estoy bien, tranquilo. Voy a avisar a Alfred de que estás despierto.
Jason no pudo decir nada antes de que Dick desapareciera por la puerta. Cansado cerró los ojos. No quería mirar aquel cuarto. No quería aquellos buenos recuerdos. Normalmente aprovecharía para huir, pero no tenía más fuerza en ese momento. Mental al menos. Sorprendentemente rápido volvió a oír la puerta abrirse, y vio pasar primero a cara conocida que le hizo gracia reconocer tan seria como siempre.
- Alfred... Estás viejo, eh.
Alfred, aquel mayordomo tan bien vestido como siempre, con su bigote y entradas cada año más visibles en su frente ya despejada, tan solo sonrió mientras dejaba en la mesilla de noche algo que sorprendió a Jason. Era una bebida de chocolate caliente.
- Pero al menos estoy en pie, maestro Jason.
Aquella contestación, que sinceramente debería habérsela esperado porque conocía a Alfred igual de bien que todos, logró que callase y todo apretando los labios mientras este le ayudaba, con mucho cuidado, a sentarse. Debía de estar sedado porque no le dolía tanto como debía saber que le dolía, pero seguía siendo un pinchazo doloroso hacer el más mínimo movimiento.
- Gracias... - murmuró en un susurro bastante bajo.
- Por lo menos su época como criminal no le ha borrado la buena educación que le enseñé, eh - comentó con su habitual sarcasmo, pero repitiendo aquel “eh” final a propósito casi haciendo reír a Jason - Le he preparado su bebida de cacao favorita. Pero primero le voy a hacer unas pruebas, ¿vale?
Jason asintió. Sabía bien a que se refería. Era para ver si estaba consciente del todo, si tenía algún problema debido a la inconsciencia, etc. Así que se dejó hacer. Una vez terminado, y por suerte parecía estar perfecto, Alfred le dio con cuidado el vaso de leche con cacao caliente y una pajita para que bebiera, cosa que Jason agradeció mientras comenzaba a sorber poco a poco. Dios como lo echaba de menos. Le costaba un poco tragar, pero la calidez de la bebida merecía la pena.
- Tomaré apunte de sus signos vitales y les dejaré hablar en privado.
De nuevo asintió mientras veía a Dick volver a acercarse. Ninguno dijo nada mientras Alfred tomaba apunte. Pero en aquel silencio de repente vio algo. Una cabeza asomándose por la puerta. Confundido él mismo intentó mirar mejor, y para su sorpresa la cabeza intentó esconderse de nuevo. Dick al ver a Jason así se giró, pero no pareció hacerle falta ver nada para saber que sucedía.
- Tim, pasa.
Alfred finalmente se despidió, y salió al mismo tiempo que Tim finalmente se atrevía a entrar. A Jason le sorprendía que aquel adolescente pareciera tener tanta timidez para entrar. Ya le conocía. Habían hablado alguna vez. Era verdad que todavía no había entablado una relación cercana con él y la idea de ello se le hacía extraño. Pero sabía que era un muchacho descarado. A veces más incluso que él. Al menos él nunca se había presentado en la puerta de la mansión Wayne diciendo: “Hola, sé que sois Batman y Nightwing, sé que se os ha muerto el anterior Robin y ahora quiero ser Robin para ayudaros a sobrellevar la tragedia y que no se os vaya la cabeza”. Tal vez no había sido así exactamente. Pero por cómo se lo habían contado no debía haber sido muy diferente.
- Así que... Una venda.
Tim ni saludó. Aquellas habían sido sus primeras palabras. Parado frente a la cama, con sus manos tras la espalda y perfectamente recto, tan alto como ya era a su edad. Jason se quedó frío por un momento, su mirada incrédula dirigiéndose lentamente a Dick, quien apartó la mirada algo avergonzado.
- ¿Se lo has dicho? ¿Enserio?
- No exactamente... Se me olvidó apagar el auricular - confesó mordiéndose por un momento los labios antes de continuar - Escuchó toda nuestra conversación.
- ¿Toda?
- To. Da. - repitió Tim asintiendo con cada sílaba antes de encogerse de hombros - Admito que casi me fui a hacerme palomitas.
- ¿Y este puto crío de donde ha sacado esta actitud? - preguntó Jason directamente volviendo a Dick - ¿Así lo has criado?
- Vino así de fábrica.
- ¡Oye! - exclamó Tim cruzándose de brazos mirando ahora a Dick - Mirad, soy consciente de cual es mi situación en esta familia. Lo digo enserio. Pero... Eso no significa que no me duela que se me compare con una venda o me llamen sustituto.
- Lo siento - dijeron a la vez Dick y Jason, cosa que hizo sonreír un poco a Tim.
- Gracias. Sabiendo que estáis bien os abandono, que tendréis cosas de las que hablar.
Ambos asintieron con un silencioso gracias, y en cuanto Tim se fue y cerró la puerta un incómodo silencio inundó el lugar. Dick estaba de pie, no atreviéndose a sentarse o a moverse en general. Jason por su parte, sin atreverse a moverse mucho, bebía sorbito a sorbito su bebida con la pajita. Le dolía todo el cuerpo. La garganta le ardía de la sed. A saber cuánto rato llevaba inconsciente. Se estaba poniendo el sol por la ventana. Tal vez quince horas. La medicina que le habrían dado le estaba dando sueño. El silencio no ayudaba. Y definitivamente quería irse de ahí lo más rápido posible.
- Quieres que... me vaya, ¿y hablamos más tarde?
Al oír a Dick decir aquello no pudo evitar suspirar cansado y negó, indicándole que se sentase, cosa que el aludido hizo enseguida. Jason aun así se quedó en silencio. La presencia de Alfred y Tim había sido un buen distractor, pero ahora que se encontraba solo con Dick los recuerdos de la noche anterior comenzaron a incomodarle de verdad. Como había acabado llorando antes de perder el conocimiento. Pero lo que le interesaba de verdad era otro tema. Uno que quería quitarse de encima cuanto antes. Así que lentamente dio un último sorbo a la pajita, su mirada perdida en las sábanas, antes de tomar aire y atreverse a a carraspear llamando la atención de Dick, pero sin querer mirarle.
- ¿Y el viejo?
- Está... fuera.
- Por qué no me sorprende - murmuró Jason con una risa amarga rodando los ojos, sintiendo la sangre volver a hervirle por momentos.
Tampoco es que quisiera verle, pero igual dolía un poco.
- Jason...
- No intentes defenderle.
- Te salvó la vida, Jason.
- Vaya, al fin haciendo su trabajo como padre.
- Jason, por el amor de dios - le cortó Dick, su anterior pena y culpa volviendo a transformarse en molestia antes de respirar profundamente - Mira, no quiero pelearme con un herido convaleciente.
- Por favor, anoche parecías muy dispuesto a pelear.
- Hace dos noches.
Silencio. Jason le miró incrédulo. ¿Tal vez por eso tenía tanta sed? ¿Como era posible que llevase inconsciente dos noches?
- ¿Disculpa?
- Llevas sesenta y dos horas inconsciente, Jason.
De nuevo Jason volvió a mirar de arriba a abajo a Dick. Como odiaba conocer tan bien a su hermano. Ahora entendía su mal aspecto físico.
- Por favor... Dime que te has separado de mi en algún momento.
- No.
- ¿Y has dormido al menos?
- No - repitió como si fuera la respuesta más normal y obvia del mundo.
- ¿Y la ciudad? Tendrías que estar patrullando Blüdhaven.
- Bruce se está ocupando - respondió viendo en la expresión de Jason un deje de sorpresa - Aunque quisiera... No me hubiera dejado ir a patrullar.
- ¿Para qué te pudieras quedar aquí conmigo? - al verle asentir finalmente no pudo evitar dejar escapar una cansada risa - Si hasta parece que quieres que piense que se preocupa por mí.
- Claro que se preocupa por ti - le cortó Dick con el ceño fruncido antes de llevarse los dedos al tabique nasal para intentar relajarse, cerrando los ojos con el masaje - Sé que te cuesta creerlo. No te culpo. Pero Bruce te adora. No lo sabes tú bien.
- No te equivoques tú, Dick. Bruce no me adora. Soy su mayor decepción. Siempre lo fui. Incluso antes de morir. Y más ahora.
Pero para su sorpresa la expresión de Dick pasó de exasperada a genuina confusión. Como si realmente hubiera dicho algo absurdo de verdad. Y de alguna forma aquella expresión tan sincera le había descolocado un poco.
- ¿Qué coño dices? - preguntó irguiéndose un poco en el asiento - Su mayor decepción fue tu muerte, Jason. No tu vida. Mira, Bruce no es sutil cuando quiere a alguien. Vale que no hablaba mucho con él en esa época, pero de alguna forma casi todas las conversaciones acababan en ti. En como sacabas las mejores notas de la clase. En que te gustaba el heavy metal pero también te gustaba la literatura clásica. Como mejorabas cada día más en tu entrenamiento. Como siempre te emocionabas y sonreías cada vez que salíais a patrullar. Como... siempre estabas tan lleno de vida. De todos nosotros, tú siempre fuiste su favorito.
- Revivió al Joker, Dick - casi escupió aquellas palabras, y Dick tan solo se vio capaz de apartar la mirada - Le mataste porque creías que había asesinado a otro de tus hermanos. Y Batman le revivió. Por dios, ya ni siquiera le estoy pidiendo a mi propio padre que asesine a alguien por mí, estoy pidiendo que al menos le deje muerto, ¡joder!
Le dolía el pecho. De nuevo le costaba respirar. Molesto se llevó una mano al pecho de forma inconsciente, pero en cuanto vio a Dick hacer amago de levantarse le detuvo rápidamente con la mirada, logrando calmarse poco a poco. Dick sin embargo no volvió a sentarse. Se quedó ahí, de pie en el borde de aquel viejo sillón que en años atrás el propio Jason usó para leer. Pero antes de que Dick pudiera decir nada Jason logró recuperar todo el aire y volver a hablar sin darle tiempo a cortarle.
- ¿Cuánto daño ha hecho ese maldito payaso? ¿Cuanta más gente tiene que sufrir por él porque Arkam no se digna a mejorar sus sistemas de seguridad? ¿Cuántas familias han perdido a seres queridos por su culpa? - dijo más rápido de lo que debía, ya que ir a tal velocidad le empeoraba el dolor, pero la furia era mayor, y fijarse en como lentamente el ceño de Dick, palabra a palabra, se iba frunciendo, terminaba de motivarle, y finalmente decidió clavar el clavo final - ¿Babs? ¿Te recuerdo lo que ese monstruo la hizo? ¡¿Y vais a seguir dejándole correr libre por ahí?!
- ¡Ya lo sé! - exclamó Dick de repente perdiendo del todo la paciencia al finalmente oír la mención de Barbara - Me sentí mal por perder el control de mí mismo, Jason. Por matar a alguien. Pero no me sentí mal por matar al Joker. Y es algo que todavía arrastro. Así que no me hables como si no te entendiera porque hazme caso, ¡estoy en la puta fila para matar a ese capullo! ¿Vale? Cada vez que veo a Babs en su silla de ruedas me acuerdo de él. Cada vez que veo tu uniforme colgado en la cueva me acuerdo de él. Y cada vez que veo a Tim me acuerdo de él. Cada vez que paso por delante de esta habitación vacía me acuerdo que está vacía por su maldita culpa. ¡El simple hecho de caminar por aquí me recuerda a él por lo que te hizo, joder! ¡Porque te perdimos! ¡Eras su hijo, Jason! ¡Eras mi hermano pequeño! ¡Para Babs y Alfred eras su ojito derecho! Lo demostrásemos o no en esta familia te queríamos más que a nadie. Eras el maldito rayito de esperanza que iluminaba esa casa en ruinas. Así que sí, hazme caso, ¡quiero al Joker muerto más que a nadie! ¿Te crees enserio que no me siento culpable? ¿Que nadie en esta casa se siente culpable? ¡Todos nos sentimos culpables! ¡Y Bruce más que nadie!
- ¡Pues que le hubiera dejado muerto! ¡Deja de defender al viejo, por el amor de dios, ya es mayorcito para mirarme a la cara y decírmelo él!
Dick ya no supo que más decir. Sentía que iba a volver a llorar. De hecho se tuvo que pasar las manos por los ojos para evitarlo. Iba a vomitar. Comenzó a dar nerviosos pasos de un lado a otro. Aquello no lo podía arreglar. Era imposible. Él mismo todavía no había perdonado a Bruce por revivirle. Le entendía. Pero no le había perdonado. No podía. El resentimiento seguía ahí. Le había arrebatado a su hermano pequeño. La movilidad a una de sus mejores amigas. Había torturado a su otro hermano pequeño y le había hecho creer que había muerto. El sufrimiento personal que le había infligido nublaba su vista. A día de hoy todavía se esperaba recibir las buenas nuevas de que había fallecido. Aunque fuera de una enfermedad natural, le daba igual. Solo le quería fuera de la realidad en la que vivían.
- Sé que eres el mayor y quieres comportarte como tal - murmuró de repente Jason con un cansado suspiro, causando que Dick se detuviera de sus pensamientos - Pero esto se te escapa de las manos. No puedes hacer nada al respecto. Porque por mucho que Bruce me quiera según tú, él nunca va a cambiar en sus valores. Y yo tampoco voy a cambiar en los míos. Y tú tampoco. Pasó lo que pasó y por mucho que quieras esas rendijas siempre van a estar ahí.
Mientras hablaba se fijó en la pose de Dick. Aún de pie, temblaba un poco. Con un brazo se abrazaba a si mismo a la altura del estómago. Con la otra mano se cubría malamente la boca, tal vez para intentar ocultar el soponcio que de nuevo luchaba por escaparse de sus pulmones. Y le miraba con tanta culpa, tanto agobio y pena, que el propio Jason tuvo que apartar la mirada por la incomodidad. Porque ahora él de nuevo tenía ganas de llorar.
- Lo siento... tanto...
Aquello había sido un susurro apenas audible, el sonido colándose con dificultad entre los dedos que cubrían la boca de Dick. Y Jason se quedó quieto, incapaz de reaccionar por un breve momento, mirando en silencio a su hermano. Este no decía nada más. Había vuelto a bajar la mirada. No repitió aquellas palabras. No parecía en pánico como antes. Tampoco parecía esperar respuesta alguna. Sencillamente ya no sabía qué hacer. Y Jason se había congelado. Era la primera vez que cualquiera de ellos se disculpaba activamente por todo aquello. En realidad no estaba siquiera seguro de porqué Dick se estaba disculpando. Si por “intentar comportarse como el mayor”, por lo del Joker, por su propia muerte, o por todo. Tampoco le importaba. Era sencillamente refrescante que alguien se disculpase. Pero no quería verle llorar. No otra vez. Pero antes de poder siquiera empezar a pensar en que decir o hacer se sobresaltó un poco al ver como de repente Dick comenzó a caminar a la puerta con cierta velocidad, seguramente queriendo huir.
- Dick.
El aludido se detuvo en seco, justo a tiempo ya que ya tenía la mano en la puerta. Respiraba con dificultad. Ni siquiera sabía muy bien que estaba haciendo. Pero le hizo caso. Se quedó quieto. Ni siquiera se giró. Ni soltó la puerta.
- Dick, no te vayas por favor...
La voz del menor sonaba extrañamente suplicante. A punto de romperse. Dick sintió que se le subía el estómago a la boca. Pero la culpa y la ansiedad seguían manteniéndole inmóvil.
- Por favor... No me dejaste solo cuando estaba muerto, no me dejes solo cuando estoy vivo... Por favor...
Finalmente, un quejido se escapó de su garganta. Poco humano. Como si se hubiera mezclado un golpe en las costillas con recuperar el aire a la vez. ¿Se refería a sus alucinaciones? Todo su cuerpo tembló. Por un breve momento tuvo que apoyar la frente en la puerta para no derrumbarse. Y al fin asintió. Tan rápido como pudo se dio la vuelta, y por dios podía ver, en aquella cama, a aquel crío vestido de Robin, disfrazado de su hermano mayor, lleno de golpes y huesos rotos, pedirle ayuda. La realidad no era tan diferente. Diecinueve años era muy poca edad para haber pasado por todo lo que había pasado. Diecinueve años era muy poca edad para estar en cama con los daños que tenía. Para haber muerto, ser revivido y haber sido un jefe criminal hasta hacía muy poco. Con cierta lentitud, en silencio, Dick tomó la silla que había estado usando esos días y la arrastró hasta el borde de la cama. Prácticamente solo se escuchaban las patas de madera arrastrarse con suavidad contra el parqué del suelo hasta detenerse, casi pegado al colchón. Jason pudo ver como Dick, sin parecer atreverse a mirarle, se sentaba; o más bien se dejaba caer; en el asiento, totalmente derrotado. Algo era algo. Cerró los ojos tumbándose con cierta dificultad, casi dejándose resbalar para ello ya que le costaba doblarse. Quería dormir. Estaba exhausto. Pudo notar algo de movimiento en Dick. No le hizo caso. Parecía haberse apoyado en el colchón. Lo entendía, también debía de estar de reventado. Pero de repente algo le sobresaltó que le hizo abrir los ojos. Dick, medio tumbado en el borde de la cama, con el rostro oculto en un brazo no sabía si por comodidad o para ocultarse, le había agarrado de la mano. Era una sensación extraña. Pero sin duda aquel gesto decía mucho más que cualquier cosa que pudiera decir en voz alta. Y volviendo a cerrar los ojos devolvió el gesto con un cansado apretón.
Cuando Dick despertó lo primero que pudo ver fue la luz del sol inundando todo el lunar y cegándole por unos segundos. Parpadeó con cierta dificultad. Mientras se acostumbraba a la luz lo segundo que notó fue el sonido en su auricular de un pulso relajado. Lo tercero, mientras se erguía con la misma dificultad que un muelle oxidado, que tenía una manta encima. Se había quedado dormido apoyado en la cama. ¿Cuántas horas llevaría dormido? Confundido hizo amago de llevarse la mano a la espalda para identificar la manta. Pero al hacerlo un repentino tirón en su dedo que pareció arrastrar un objeto de gran tamaño causando un ruido metálico le sobresaltó lo suficiente como para sentarse del todo y observar algo asustado lo que había sucedido. El sonido en su auricular se aceleró repentinamente. Lo que había movido era el monitor de signos vitales. Confundido miró su mano. Tenía puesto el enganche que se conectaba al monitor. Y mientras los pitidos en su oído se aceleraban, alzó la mirada a la cama y al fin se dio cuenta. Jason no estaba. Rápidamente se puso en pie quitándose el enganche del monitor y el auricular, dejando caer la manta al suelo mientras miraba agobiado a su alrededor. No le hizo falta más que localizar la ventana completamente abierta para darse cuenta de lo que había sucedido. Pero no se asomó. No corrió. Se quedó quieto. Y por lo bajo tan solo pudo maldecir, exhausto, ya no por la falta de sueño, sino psicológicamente, antes de dejarse caer de nuevo en el asiento cubriéndose la cara con una mano, masajeándose la nariz.
- Maldita sea, Jason...
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Habían pasado dos días desde que Jason se había escabullido. Aunque toda la familia había estado buscándole había sido en vano, y no hacía falta ser un genio para saber que no quería que le encontrasen. Al menos no aún. Bruce aquella madrugada llegó, exhausto, a la cueva, quitándose la máscara antes de dejarse caer en la silla frente a los monitores, masajeándose el tabique nasal para mantenerse despierto mientras insertaba en el ordenador todos los datos recogidos durante aquella noche de lucha contra el crimen. Un agradable olor cálido le llamó la atención y al seguirlo se dio cuenta, con una cansada sonrisa, que en la mesa estaba su vieja taza llena de café, descansando aún caliente sobre la pequeña base que tenía para mantenerlo caliente. Enseguida le dio un largo trago. El calor enseguida le asentó todo el cuerpo, las agujetas el cansancio y los golpes, y solo luego se dio cuenta de que no era café. Era leche con miel. Algo divertido pensó que si seguía bebiendo eso se quedaría completamente dormido, así que lo dejó de nuevo en la base caliente. Luego le agradecería a Alfred aquel detalle. Realmente le vendría bien para dormir. Aquellos días no habían sido fáciles. Y había dormido peor que en muchos años. Lo sucedido con Jason aún le daba vueltas en la cabeza y le costaba procesar todo ello. Cansado dirigió su mirada al uniforme de Robin que tenía expuesto ahí. Como un recordatorio constante de aquella falla.
- ¿Crees que aún me valdría?
El único motivo por el cual su primera reacción no fue lanzar un batarán hacia sus espaldas mientras se ponía en pie y giraba, sobresaltado, fue porque reconoció aquella voz al instante. Sentado en una de las barandillas que daban al vacío de la cueva, estaba Jason. No llevaba su uniforme habitual de Red Hood. En su lugar llevaba un conjunto ligeramente parecido, pero que claramente había sacado de la ropa de su armario personal como sustituto. Lo único propio de su uniforme normal era su casco rojo que no llevaba puesto, sino que se encontraba apoyado con pereza entre sus dos manos y cadera, y el cual observaba con una expresión que Bruce no terminaba de comprender. Era como si no reconociera el casco.
- ¿Crees que aún me valdría?
Al oírle repetir la pregunta, sin alzar la mirada, Bruce suspiró mirando de nuevo el uniforme antes de volver a Jason.
- No.
No solo en el sentido físico. Jason, tal vez debido a las aguas de Lázaro, había crecido tanto que nadie diría que era el mismo niño de doce años desnutrido que no parecía tener más de ocho. Era actualmente el más alto de todos. Y con diferencia. Pero había otro motivo por el que lo decía. No quería volver a verle con aquel uniforme. Ni siquiera debería haberlo llevado puesto nunca. Jason pareció ahogar una leve risa, alzando un poco el casco hasta la altura de su rostro. Aunque aún no le miraba directamente Bruce pudo darse cuenta entonces de que el golpe de su ojo ya había desaparecido casi por completo. Seguía teniendo un moratón negro y violeta que le cubría aquella zona, pero la hinchazón ya no estaba y su ojo afectado estaba visible. En las medias sombras donde se encontraba Bruce podía jurar que aquellos ojos turquesa desconocidos para él brillaban un poco.
- La pubertad me pegó fuerte, ¿eh?
Bruce tan solo pudo alzar una ceja ante aquel pobre intento de chiste. No porque no fuera gracioso, de hecho el propio Jason dejó escapar una leve risa ahogada, sino por la tragedia que ocultaba tal humor.
- ¿Como te encuentras?
Al oír tal pregunta finalmente Jason, dejando caer los brazos con el casco, miró a Bruce. No parecía especialmente molesto. No más de lo habitual al menos. Miró a su padre adoptivo durante unos largos segundos, casi inexpresivo, antes de encogerse de hombros.
- No me quejo. Por suerte me curo rápido.
- ¿Y las costillas?
- Sigo vivo, ¿no?
- Jason...
- Dick me contó algo curioso el otro día.
Bruce sabía que iba a decirle. Dick ya le había avisado que le había contado a Jason lo del Joker. No se había enfadado con Dick por ello pese a ser el primero en querer ocultarlo del otro. En el fondo sabía que merecía saberlo.
- Me imagino que querrás explicaciones.
Jason asintió bajando por un momento la mirada a su casco mientras comenzaba a acercarse, paso a paso. Bruce, en silencio, pudo reconocer una ligera cojera en su hijo. Era bastante disimulada. Y finalmente Jason se detuvo. No estaba demasiado cerca, aún les separaban un par de metros. Pero era mucho más cómodo.
- Claro que las quiero – repuso finalmente Jason, alzando el rostro para mirar a su padre directamente – Dick me dijo que... ¿Yo? Al parecer era tu hijo favorito.
El silencio resonó con la misma fuerza que una explosión en el eco de la cueva. Bruce casi sintió que se tropezaba consigo mismo sin moverse siquiera por aquella pregunta. No era en absoluto lo que se esperaba. Aquella no era la pregunta que debía hacerle. Y tal vez por ello el tono recriminante de Jason parecía resonar con aún más fuerza de lo que lo habría hecho en cualquier otra ocasión.
- ¿Disculpa?
- No te voy a preguntar si es verdad o no. Eso me da igual. Pero Dick claramente vive con esa sensación.
- ¿Qué es lo que quieres saber, Jason?
El aludido frunció un poco el ceño, pero finalmente pareció decidirse a preguntar.
- Teniendo eso en cuenta, porque como mínimo voy a asumir que a tu forma me querías... ¿Por qué reviviste al payaso?
Ahí estaba. La pregunta que esperaba y temía. Pero el contexto en la que la había hecho, con aquel inciso sobre su favoritismo, le había desequilibrado por completo, y tan solo pudo bajar la mirada. Jason le miró molesto, en silencio, esperando una respuesta. No podía creerse que Bruce en ese instante pareciera siquiera mínimamente sentirse culpable. Tal vez avergonzado por sentirse enfrentado. Pero no podía sentirse culpable. No tenía ese derecho. No se lo iba a dar.
- Sabes lo que opino de los asesinatos - respondió al fin volviendo a alzar la mirada pero igual sin atreverse aún a mirarle aún los ojos, su expresión mostrando algo de pena – No quería que Dick viviera con sangre en sus manos por haber perdido el control. Es lo que el Joker hubiera querido y nunca me habría perdonado dejarle ganar de una forma tan cruel.
- ¿Y lo que Dick quería? Porque me dio la sensación de que él parecía bastante contento con la idea de haberle enterrado.
- Me da absolutamente igual – repuso casi con un gruñido molesto, al fin dirigiendo la mirada a su hijo dando un paso adelante y este reconociendo con cierta diversión exasperada bastante molestia en la expresión ajena - También soy su padre, Jason. Fallé en protegerte a ti. Fallé en proteger a Tim. Dejar que Dick le matase hubiera sido fallarle a él también. Y al menos eso si pude evitarlo.
- Y ni mi muerte te hizo cambiar de opinión - espetó molesto viendo a Bruce alzar por un momento ambas manos con exasperación antes de calmarse.
- No espero que lo entiendas, Jason. Sé que has formado tu propia opinión al respecto. Que tienes tu propia forma de manejar el crimen. Siempre fuiste más reaccionario. Yo eso no lo puedo cambiar. Pero revivir al Joker era mi forma de proteger a Dick.
- Pues gracias por pensar en mi cuando lo hiciste.
Y, logrando evitar la tentación de tirar su propio casco por la rabia se dio la vuelta decidido a irse por donde se había colado. Pero apenas tuvo tiempo de dar un paso que Bruce, tan rápido no hubo segundo de reacción, le había agarrado del brazo para detenerle. Jason se detuvo, su mirada clavándose en la de su padre, pero antes de que el otro pudiera decir nada se separó de él con una sacudida que le obligó a ocultar el dolor de sus costillas. Aún así a Jason no le dio tiempo a decir nada que Bruce, pese a verse obligado a soltarle, habló primero, su rostro crispado por la molestia.
- No he dejado de pensar en ti ni una sola vez, Jason. Nunca – repuso pese a su respiración entrecortada por lo que Jason creía que era ira – Incluso en ese momento, cuando salvé al Joker... ¿Tú te crees, de verdad, que no dudé? ¿Que por un breve segundo, un microsegundo, no me tenté en dejarle ahí? ¿Porque recordé lo que te había hecho? Pero no es la justicia en la que yo creo. No es la justicia que he pasado toda mi vida defendiendo y por la que me puse mi capa. Pero no pienses ni por un momento que haya dejado de pensar en ti en cada situación que haya vivido. Aunque no te guste el resultado.
- Oh venga ya, viejo... No eres un médico con juramento de no dejar morir a nadie. ¡Eso podría hasta entenderlo! ¡Pero no eres un médico! ¡En todo caso les das trabajo a los médicos! Eres un vigilante. Proteges a la gente de otras personas. ¡Te aseguras de impartir justicia y seguridad!
- Es verdad, no soy un médico, pero tampoco soy un juez, Jason. No podemos...
- Déjalo ya – le cortó en seco, alzando una mano para hacerle callar – No me vengas con moralidades de esas. Esto es absurdo, ni siquiera sé para que he venido...
- Pues esas moralidades son la base de mis creencias - murmuró Bruce dejando caer un poco el rostro, su voz suavizándose ligeramente al ver a Jason apartar la mirada por la frustración - Matar nunca me parecerá la solución adecuada.
Jason se quedó unos segundos en silencio. Bruce tampoco dijo nada. Esperaba a que el menor le dijera algo. Y finalmente pareció reunir las palabras necesarias, pero para sorpresa ajena lo primero que hizo fue dejar una pequeña risa algo cínica, en absoluto sincera, con la mirada perdida en algún punto indeterminado entre el suelo y la pared más lejana.
- Por desgracia... Como le dije a Dick, nuestras creencias nunca van a cambiar. Siento si he sido una decepción constante para ti, pero te tocará aguantarte. Mi opinión tampoco va a cambiar.
- Jason. Mírame.
No le miró. No podía. Todo lo hablado esos días le estaba pasando factura. Y no se atrevía a mirar a Bruce. No en ese momento. Au así pudo escuchar claramente los pasos ajenos acercarse, e inconscientemente dio un paso atrás, apretando inconscientemente el agarre que tenía en su casco.
- Jason por favor...
Quería huir. Quería gritar. Quería romper algo. Y si eso, incluso, llorar. Y cuando sintió, para su horror, las manos ajenas finalmente llegar a tomarle del rostro para intentar hacerle mirar, cerró con fuerza los ojos, intentando apartar el rostro y dejando caer el casco para alzar los brazos en un débil amago de liberarse. Por el amor dios, pensó, si podía liberarse con facilidad. Sabía luchar. Tenía fuerza. El agarre de Bruce no era fuerte en ese instante. Joder, apenas parecía una caricia. Literalmente podría soltarse en cualquier momento. ¿Por qué en ese instante se estaba comportando como un niño pequeño y asustado, congelado por la pena?
- Por favor...
Finalmente se atrevió a abrir los ojos, con una pose aún algo defensiva, dándose cuenta de que los tenía algo ahogados en lágrimas que empezaban a acumularse. Y lo primero que vio fue el rostro de Bruce, igual de agobiado, mirándole con tanta culpa que hasta le incomodaba.
- Jason Todd. Eres mi hijo – repuso con tanto convencimiento que el aludido no pudo sino mirarle confundido – No desde el momento que te adopté sino mucho antes. Desde el momento en el que te encontré robándome esas malditas ruedas. Y te aseguro que no haber podido conocerte los doce primeros años de tu vida no cambia eso. Eres mi hijo. ¿Vale? Y te quiero como tal. Y siempre te he querido como tal y siempre te querré como tal. Y... Que tomes las decisiones que has tomado no cambia eso ni lo va a cambiar – su voz pareció temblar un poco, un nudo formándose en su garganta, pero no tardó en acelerar – Pero no te voy a mentir. Claro que me he decepcionado con ese ideal tuyo. Maldita sea sí. Y eso es precisamente porque te quiero, Jason. No puedes decepcionarte de alguien a quien no quieres. Porque eres mi hijo y tenía una idea planeada para tu futuro y no se ha cumplido, y no he podido protegerte e hice un trabajo horrible en intentar evitar que sufrieras. Estoy decepcionado porque te fallé. En todos los sentidos que un padre puede fallar a un hijo, te fallé. Fallé en protegerte. Fallé en darte un futuro. Fallé en demostrarte como yo veo el mundo, porque sinceramente, tienes todo el derecho del mundo en creer en lo que crees. Y me decepciona. Si. Porque es resultado de que yo te haya fallado. Que haya fallado a... mi propio hijo...
Jason se quedó en silencio todo ese rato. Pero a medida que el peso de aquellas palabras iba golpeándole poco a poco, en silencio, le costó mantener un rostro sereno, y finalmente un débil soponcio se escapó de su garganta, queriendo llorar. Pero por muy obvio que eso fuera estaba intentando evitarlo. Una cosa era llorar delante de Dick. Otra muy distinta era hacerlo delante de Bruce. No debería haber ido. No había sido una buena idea. Tembloroso se llevó una mano al pecho bajando los ojos incapaz de mantener más la mirada ajena. Le dolía. Le ardían los pulmones. Y finalmente se cubrió el rostro con ambas manos para ocultar las lágrimas. Bruce no le soltó las mejillas en ningún momento. Ni siquiera cuando acabó por llevarse las manos al pelo para intentar calmar la ansiedad y cubrirse el rostro con los brazos por completo. Un nuevo quejido se le escapó, ahogado por las lágrimas. Le dolía intentar aguantar tanto. No podía aguantar tanto.
Pero cuando sintió que Bruce hacia amago, al verle así, de abrazarle, rápidamente dio un paso hacia atrás apartando los brazos ajenos sin saber muy bien que hacer con los suyos, e intentando de nuevo evitar la entristecida y culpable mirada ajena.
- Dile… Dile a Dick que lo siento por escabullirme la otra noche y que.. – tuvo que tomar aire para intentar continuar, su voz cortándose por intentar evitar llorar – Me encuentro bien… Y cuida bien de Tim, por favor.
Bruce no pudo decir nada antes de ver a Jason volver a ponerse la máscara con cierta velocidad y de repente saltar por la barandilla barranco abajo con una cuerda. No se asomó. Ni siquiera se movió. Tan solo se quedó durante unos largos segundos el vacío que había enfrente suyo. Estaba, otra vez, solo. Y sentía que había vuelto a fallar a su hijo.
Tras unos largos segundos lentamente dio media vuelta y comenzó a dirigirse al ordenador. Pero no se sentó. Se quedó quieto de nuevo, su mirada endureciéndose por momentos mientras intentaba gestionar sus propios sentimientos. Alfred, cuando apareció un par de horas después, tan solo pudo suspirar cansado al encontrarse con varios muebles destrozados, la silla en el otro lado de la sala, el teclado destrozado en el suelo y una pantalla rota. Y en medio de todo aquel destrozo, a Bruce, traje aún puesto, de rodillas en el suelo, claramente aún relajándose del ataque de ira que hubiera sufrido antes.
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Jason, algo más de una semana después, se había detenido tranquilamente en una azotea abandonada para descansar. Había sido una noche muy rentable. Y ahora que podía darse un buen descanso, apoyado en la base metálica de un silo de agua, aprovechó para recargar sus pistolas y limpiarse un poco. Al menos le habían quitado de encima a aquel grupo al que perseguía más de una semana atrás y podía concentrarse en otros asuntos. Pudo escuchar pasos. El sonido de una capa. Seguido de un suave carraspeo. A Jason no le hizo falta alguna de girarse para reconocer aquella presencia, con una leve risa hizo un leve gesto de cabeza para que el recién llegado se sentase a su lado. Y ahí vio sentarse a Tim, con su traje de Robin. Aunque parecido era distinto al que él llevó, o el de Dick. Sin duda era mucho menos... circense. Al menos tenía pantalones. En general de hecho estaba casi cubierto del todo.
- ¿Como me has encontrado, chiquillo? - preguntó algo divertido al verle sentarse a su lado con un termo de gran tamaño y sorber de él - ¿Café?
- Té, en realidad. ¿Quieres? - preguntó Tim con una leve risa, viendo tras su propia mascara como el mayor negaba antes dar él mismo otro sorbo y finalmente responder a la primera pregunta - No ha sido difícil encontrarte. No para mí, al menos.
Jason, tras su casco, alzó una ceja, antes de reír con ganas. Cada día la actitud de aquel crío le hacía más y más gracia. Era tranquilo, pero madre mía que lengua afilada tenía cuando quería.
- ¿Y has venido a hablar de algo o sencillamente quieres ver la salida del sol conmigo?
- Te quería preguntar una cosa, aunque es algo... personal.
- A ver, dime.
- ¿Qué te llevó a aceptar ser Robin?
Desde luego aquello no se lo esperaba. Tardó un poco en responder, mirando por un breve momento a Tim. Pensando en aquella pregunta se dio cuenta de algo por primera vez. Él y Tim solo se llevaban dos años. Aquello no era una novedad, sabía de la edad del muchacho desde hacía tiempo. Pero viéndole ahí, sentado con aquel colorido traje y un apodo demasiado personal para otra persona, el contraste era demasiado. Cualquiera que les viera juntos pensaría que Tim era aún más joven, y Jason considerablemente más mayor. En realidad solo se llevaban dos años. Pero sus circunstancias eran tan distintas que se extrapolaba con exageración sus presencias físicas. Sobre todo lo notaba porque al pensar en sí mismo como Robin, identidad ahora usada por Tim, lo veía como algo extremadamente lejano a su yo presente.
- No termino de entender a qué te refieres.
- Pues… Yo por ejemplo elegí ser Robin, como tu dices, para ser una venda. Porque Batman necesitaba un Robin. Dick vio morir a sus padres y quería justicia. ¿Y tú?
- Bueno, un poco reduccionista lo de Dick, pero vale – comentó con una cansada risa antes de quitarse lentamente el casco para poder hablar más cómodamente agradeciendo haberse puesto debajo la máscara en los ojos y desvelando parte del moretón que aún duraba – Me hacia ilusión.
- ¿Te hacía ilusión?
- ¿A que niño no le hace ilusión acompañar a su padre de aventuras por la noche y patear villanos?
Tim le miró en silencio por unos segundos buscando cualquier retazo de sarcasmo en aquella cansada mirada perdida en algún punto indeterminado del horizonte de Gotham. Pero no había. Aquella suave sonrisa que mostraba, sus palabras, eran genuinas. Y sabiendo el resultado oír hablar a Jason de Bruce como un padre le había causado un leve pinchazo en el corazón.
- Debía de hacerte muy feliz entonces.
- No lo sabes tu bien – murmuró doblando lentamente las rodillas para apoyarse en ellas – Recuerdo que siempre esperaba con ansias los entrenamientos. Como grité de ilusión, dando saltos por todos lados, cuando me regalaron el uniforme de Robin. El mismo uniforme de Dick. Hubo que ajustarlo un poco, me quedaba grande… También recuerdo como lloré cuando Bruce decidió adoptarme legalmente. Cuando un día dije de casualidad cual era mi plato favorito y esa misma noche Alfred me lo sirvió de cena. Pese a todas las peleas, pese a que sé que nunca estuve a la altura para Bruce y Dick, para Batman y Robin, pese a todo lo que sucedió después…. Aquellos años fueron los mejores de mi vida. Fueron mis únicas alegrías.
- ¿Entonces no te arrepientes de haber sido Robin?
- Arrepentirme no es la palabra – comentó girando un poco el rostro para mirar a Tim a través de la máscara con un cansado suspiro – Pero admito que morir de esa forma no estaba entre mis planes de infancia.
- Bueno, morir de cualquier forma no creo que esté en los planes de nadie – se atrevió a bromear Tim con cierta incomodidad, pero callando de inmediato al ver a Jason alzar una ceja, irguiendo la espalda antes de mirar las calles de Gotham.
- ¿Tú alguna vez has vivido en las calles de Gotham?
Aquella pregunta ahora pilló desprevenido a Tim, pero enseguida negó. Él había crecido en una familia casi igual de adinerada que la de Bruce. Su vida había tenido lujos. Seguridad. Privilegios que poca gente en esa ciudad y en muchas otras tenían. Eso era algo que sabía. Pero incluso sabiendo que la juventud de su compañero había sido muy diferente a la suya aquella pregunta le había sorprendido.
- La verdad es que no. No debe de ser agradable…
- Oh, te puedo asegurar que no lo era. Cuando nací ya era pobre. Ya tenía mi seguridad vendida al mejor postor. Mi madre, bueno, la mujer que me crio, murió de sobredosis cuando yo aun era pequeño y comencé a vivir en las calles de Gotham. En la Gotham de la mayoría. Sucia, oscura y peligrosa. Me quede huérfano a muy temprana edad y tuve que ganarme la vida a base de ponerla en peligro todos los días. Yo sabía desde muy temprana edad que a la mínima podría morir. Aún así te aseguro que lo que sucedió no era algo que hubiese llegado siquiera a soñar en mis peores pesadillas, y te dice alguien que creyó ver morir a su madre de sobredosis siendo un crío. Pese a ello arrepentirme no es una palabra que usaría. Déjame darte un consejo. No asumas lo que está o no en los planes a futuro de nadie si no has estado en sus zapatos. Porque el viejo y tú venís de un mundo totalmente distinto al mío. Tendréis vuestros problemas, y bueno, Bruce no es ajeno a la violencia de las calles, pero no habéis vivido ahí. Incluso Dick vivía en una comunidad cerrada y aún así la violencia les llegó, pero… Lo que es sobrevivir todos los días ahí no es algo que hayáis vivido y no os lo deseo nunca por mucho que creo que eso os complica entender algunas cosas. Vosotros habéis visto Gotham desde la altura, nunca desde los bajos. Pero creo que aún así puedes entender porqué me hacia ilusión ser Robin. Me dio esperanzas. Una nueva vida. Seguridad. Vio en mi no a un ladrón problemático más de Gotham, sino a alguien con potencial, a alguien que merecía ser protegido y mostrado cariño. Dejé de ser un niño indefenso y me enseñó a luchar. Era una oportunidad de no morir. De impartir justicia allí donde solo había sufrido. Pero ya ves como salió.
Tim le escuchó en silencio. En algo tenía razón que no había tenido en cuenta. Veían Gotham desde la altura, tan literalmente como no. Luchaba contra villanos y criminales que principalmente afectaban a una población de la ciudad con la que nunca se había relacionado del todo, al menos no de la misma forma que Jason lo había hecho. Le sorprendió darse cuenta que incluso Dick caía en esa categoría pese a no ser alguien adinerado en su infancia. Era algo que se prometió estudiar a futuro. Se consideraba bueno en su trabajo pero siempre había más espacio para la mejora.
- Ahora que lo dices… Es cuanto menos curioso.
- ¿El qué?
- Como cada uno ha tenido una vida tan distinta del otro antes de conocer a Batman. Como cada uno teníamos rutas de futuro marcadas hacia un lado, y al final hemos convergido. ¿Nos habríamos siquiera conocido si no fuera por ser Robins?
- Es... extraño de pensar, ahora que lo dices - murmuró Jason frunciendo el ceño al pensar en profundidad algo así, intentando encontrar alguna instancia en su vida que propiciase siquiera cruzarse con los otros dos, hasta que de repente cayó en algo que casi pareció iluminar una bombilla en su mente mientras se dirigía a Tim directamente - ¿Alguna vez fuiste al circo de Dick con tus padres?
- ¡¿Que si fui?! - exclamó Tim más alto de lo que quería haciendo reír a Jason antes de asentir con ganas mientras buscaba su móvil antes de recordar que se lo había dejado en la mansión por seguridad – Era super fan de los Grayson Voladores. De pequeño quería ser como ellos. A ver, mis padres nunca me habrían dejado meterme al circo, pero vamos, que por lo menos me llevaron muchísimas veces a verles. ¿Tu fuiste alguna vez?
- Una vez - respondió Jason algo divertido por la ilusión ajena – Mi padre le robó las entradas a una abuela y su nieta para meternos - comentó antes de ver la mirada de Tim encenderse detrás de su mascara.
- Espera. ¿De casualidad fue una sesión de tarde de domingo? Porque recuerdo un día ver a una abuela llorar desconsoladamente porque alguien la había robado su ticket para entrar con su nieta.
- De hecho si... - murmuró gratamente sorprendido imaginándose a donde quería llegar Tim - ¿Día que el elefante se asustó porque a un niño le explotó un globo en primera fila?
- ¡Justo! Oh dios mío, eso significa que al menos una vez en nuestras vidas habíamos coincidido los tres antes de Bruce. Fue genial, hasta tengo en casa una foto enmarcada y firmada que me hice con los Grayson Voladores después del espectáculo.
Jason asintió con una suave sonrisa, volviendo a mirar a Gotham, viendo como el sol empezaba al fin a salir. Era, en cierta forma, relajante imaginarse un mundo donde tal vez se hubieran podido conocer sin necesidad del sufrimiento que conllevaría poder llegar a ello. Sabía que era imposible. Que aquella sesión de tarde de domingo en el circo sería, seguramente, la única vez que habrían podido estar los tres tan cerca del resto. Pero entonces otro pensamiento le llegó a la mente. Como tanto Tim como él habían estado en el público admirando a Dick volar como el petirrojo que le definía. Como a ambos les había fascinado aquella imagen. Como Tim deseaba un día ser como Dick, un acróbata en el aire, y como él deseaba tener lo que Dick tenía, una familia feliz y libertad. Y como, de una forma u otra, usando el mismo uniforme y el mismo nombre que la madre de Dick le había dado como apodo cariñoso, habían conseguido justo lo que deseaban cuando eran más pequeños y nada había sucedido aún. No creía en el destino, pero sin duda a veces este parecía tener un humor retorcido. El precio que pagaban por aquellos sueños infantiles era terriblemente alto.
Así que finalmente se puso en pie. Empezaba a hacerse de día y por lo menos necesitaba una buena siesta.
- Tim - le llamó estirándose antes de ponerse de nuevo el casco rojo y viendo al menor ponerse en pie confundido - Ya estás metido en todo esto. Si en algún momento necesitas ayuda... No dudes en avisarme. ¿Tienes mi número de teléfono, no?
Tim asintió. En realidad aún había muchas cosas que quería hablar con Jason. Sobre Bruce. Sobre Dick. Sobre el Joker. Y sobre todo, sobre él mismo. Sobre ser Robin. Pero ese no iba a ser el día. Por lo menos, mientras veía a Jason despedirse y saltar por la cornisa sin demasiada dificultad, Tim no pudo evitar sonreír un poco. Habían hablado pocas veces. Pero era cómodo.
