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Fue Miyako la que nos llegó con el chisme. Como una profesional, trajo el tema a colación de forma muy sutil, como quien no quiere cosa. Con su dedo capturó la atención del garzón para que rellenara las copa, y cuando se marchó, le preguntó a Mimi:
—¿Qué has sabido de Koushirou?
Mimi y Koushirou se amaban desde primaria, pero solo comenzaron a salir en su último año de preparatoria por dos motivos.
Mimi se fue a Estados Unidos al terminar la primaria, donde tuvo una breve relación con Michael. Al regresar a Japón para comenzar la preparatoria, Koushirou seguía afectado por el noviazgo de Mimi con Michael. Durante este tiempo, Miyako cambió sus bebidas sin alcohol por otras con alcohol y como resultado, varias virginidades de varios tipos se perdieron ese día.
Desde entonces Mimi y Koushirou se convirtieron en una de esas parejas estables que nadie se imagina que puedan terminar. Nosotras contábamos con esa boda una vez ambos se graduaran de la universidad. Yo hasta hube bosquejado varios diseños de vestidos, también contaba con que Mimi me pediría que yo hiciera el suyo (y aunque no me lo pidiese). Entonces, ocurrió una tragedia llamada Taichi, que desencadenó un tormento.
Taichi fue mi novio en secundaria. Rompimos porque yo me enamoré de su mejor amigo Yamato, y luego me enamoré del superior Jou, y en fin, que mi vida amorosa no es tema aquí. Lo que importa es que luego Yamato se lio con Jou, y Taichi me quiso sacar celos con Catherine, pero el burro se acabó enamorando de su rebound y hasta se prometieron.
Como existe esta idea de que los gais dan las mejores fiestas, Taichi le encargó su despedida de soltero a Yamato y Jou, y dentro de los invitados contaban con Koushirou. Algo sucedió allí. Según la red de informantes de Miyako (Ken), algo gay sucedió allí. Algo impuro. Algo que no se puede creer, mencionar ni reproducir. Y sea lo que fuese aquello, le cambió la vida a Koushirou, quien decidió que estaría desperdiciando su vida atándose a alguien más, que el futuro solo se encuentra en la soltería, no en las relaciones, y con esos argumentos tan frívolos terminó con Mimi.
Al principio, Mimi se la tomó conmigo:
—Es tu culpa, Sora —me criticaba, agripada de tanto llorar—, si no hubieses traicionado a Taichi con Yamato, y luego a Yamato con Jou, nada de esto hubiese sucedido.
—Oye, de qué hablas.
—Taichi jamás habría mirado a esa francesa pretenciosa. Pero lo engañaste y todo se sucedió como una bola de nieve.
Traté de defenderme.
—Oye… es que en ese momento Taichi era muy mal partido y Yamato era un 10 de 10. Y luego Yamato se estropeo, y en fin, es superinjusto que esto sea mi culpa, Mimi, no es así.
Al final, un poco por mantener la paz, concluimos que la culpa fue de Taichi, pero buscar culpables no sería suficiente para Mimi, y en su intento por superar a Koushirou, regresó a los Estados Unidos durante una temporada, donde se hizo modelo, rodó algunas películas, tuvo un breve pero intenso romance con el filipino que le hacía el aseo, y regresó a Japón como rostro de una pequeña marca de productos nutricionales, continuando su carrera de modelo.
Estábamos en un bar, aprovechando que nos coincidió un hueco en la agenda a todas (me refiero a Miyako, Hikari, Mimi y yo: a Catherine la odiamos por lo que su boda le hizo a Mimi, y a la Meiko nunca la incluimos para estas juntas), cuando Miyako deslizó aquella pregunta.
—¿Qué has sabido de Koushirou?
Nosotras que conocíamos los modos de Miyako, nos interesamos al momento.
—No he sabido nada de ese cretino —murmuró Mimi— ¿por qué?
—No, por nada, es que he oído cosas… —y ahí la Miyako generando intriga. La tipa saber contar historias y nosotras que somos simples, caemos como mosquitos en su telaraña.
—Anda, Miyako, dinos qué sabes —le imploró Hikari.
—¿Qué?, ¿no me digas que se ha echado novia? —siguió Mimi, un chupito tras otro—, ¿al fin se aburrió de seguir soltero y decidió “sentar cabeza”? Por favor, vaya patán.
—No exactamente… sentar cabeza, lo que se llama sentar cabeza, pues no mucho…
—Si tiene nueva novia, sea estable o no, no quiero saberlo, Miyako.
—Ay, pero yo sí quiero saberlo —pidió Hikari.
—¿No puedes taparte los oídos, Mimi? —dije yo, también quería saberlo.
—¡No! ¡Si a mi no me interesa, a nadie! ¿Dónde quedó la sororidad, hermanas?
—Pero yo creo que esto precisamente sí te interesa —siguió Miyako, sólida.
Lo que a Mimi le disgustaba era que, la que venía con el chisme era la única del grupo que sí se había casado, con Ken, quien peses a que también fue a la despedida de soltero de Taichi, se casó con su novia a diferencia de Koushirou.
—A ver, pruébame. Pero con una condición: tienes que condensarlo en no más de cinco palabras. Si no puedes condensarlo en cinco palabras, quiere decir que es una historia larga, y eso quiere decir que no me interesa: no pienso perder ni un segundo hablando del estúpido de Koushirou
—Cinco palabras, uhmm… veamos… —empezó a murmurar y contar con los dedos—, ¿pueden ser seis palabras? Queda mejor con seis.
—Vale, seis.
—Koushirou es el máximo Rompecamas de Tinder.
—¡SON SIETE PALABRAS, ESTÚPIDA!
Mimi recogió su cartera y se encaminó hacia la puerta. Luego regresó.
—De acuerdo, explícame de qué va eso del Rompecamas de Tinder.
Tiempo atrás, aquellos días en que Mimi todavía era novia de Koushirou, nos compartió una infidencia.
—Bueno es que el tema en la cama, no les voy a mentir, se ha vuelto un poco soso la verdad. Siempre soy yo la que llega con ideas, con iniciativas, y a veces ni harto a vino lo convenzo. No se confundan, es buen sexo el que tenemos, pero… a veces siento que confundo sus gemidos con los muelles de la cama, ¿no les pasa? Es tan tranquilo y silencioso que me dan ganas de quitarle el pene y follarlo yo. Pero uf, ni se imaginan el rollo que me montó cuando se me ocurrió traer un vibrador al tema.
Así que, cuando te dicen que una persona con esa descripción es ahora el Rompecamas de Tinder, te ríes y piensas que Miyako está loca.
Luego te ríes y le pides a Miyako que se ponga seria de una vez, que basta de suspenso y nos diga cuál es la novia de Koushirou.
Y luego, cuando Miyako no ríe, y su cara seria te afirma de que no está exagerando, que no está mintiendo de ninguna manera, demandas que te explique ya qué es eso del Rompecamas de Tinder.
La primera vez que Miyako oyó del Rompecamas de Tinder fue, curiosamente, en un club de lectura. Varias madres del curso de su hija mayor, Kurumi-chan, se reunían mes a mes para beber margaritas con el pretexto de comentar libros. Aquella vez se juntaron a hablar de Orgullo y Prejuicio (otra vez), de su adaptación cinematográfica (otra vez), de lo rico que estaba Mister Darcy y cómo se lo follarían en grupo hasta romper la cama.
Tras esto, una de las madres se rio, se puso colorada, y tuvo que confesar sus pecados.
Sí, había tenido una aventura con un chico que conoció en Tinder. Sí, se dieron cita en un hotel. Sí, era callado, delgadito, bastante educado. Pero luego se desabotona la camisa y sí, se podría decir que rompieron la cama. El gerente del hotel la contactó, tuvo que pagar los destrozos.
Otra de las madres, recientemente divorciada, se puso lívida.
—¿Podría ser que te dijo literal que rompería la cama?
Resultó que ambas habían roto camas con el mismo hombre de Tinder, y no era Mister Darcy.
—A ambas les pareció un tipo con maneras muy europeas. Desde el principio les dejó claro que no buscaba ninguna clase de relación. Que solo quería descargar las tensiones acumuladas, y de ser posible, romper la cama. Ni la casada ni la divorciada creyeron que hablaba en serio, y cuando rompieron sus respectivas camas, lo consideraron una coincidencia. Pero después de oír sus relatos, a ninguna del club de lectura le pareció una coincidencia.
Como era una historia picante, Miyako envolvió esta historia en un paño de tela y la llevó al club de tejido que habían organizado varias madres del curso de Zetaro-kun, otro de los hijos de Miyako. Algunas madres mutaron colores.
—Mi hermana quedó con un hombre que conoció en Tinder, lo invitó a la casa de veraneo de mis padres, en Karuizawa, y entre los dos quebraron la cama. Luego de eso, el chico se hizo humo.
—Interesante —dijo otra—. Mi vecina, la que les digo que le pone el cuerno a su marido cada día con alguien distinto, el martes tuvo que comprar una cama de emergencia. No supo explicarme cómo la rompió, que simplemente habían cedido las vigas.
—¿No viste ningún hombre entrar o salir de la casa? —preguntó Miyako.
—No, no lo vi.
—¿Y tu hermana? —le preguntó a la chica con casa en Karuizawa—, ¿te dijo cómo era ese chico en apariencia?
—Me dijo que en un principio parecía poquita cosa. Era menudo, un poco callado, pero una vez se quita la camisa, oh my god, qué bestia.
—Era intrigante conocer tantos casos de camas quebradas, posiblemente por el mismo rompedor de camas. En el curso de Satoru-chan no tengo muchas mamás amigas, pero sí me llevo bastante bien con la maestra encargada del salón, y en un día de campo, fue ella la que trajo el tema. Me dijo: «Miyako-san, tengo un problema terrible, ¿tú conoces de alguien que arregle camas?» Y les prometo, fue como si alguien me desbloquease todos los chakras.
Miyako le pidió detalles. Cómo, cuándo, dónde, por qué. Si le pareció delgadito y educado. Si se convirtió en una bestia cuando se quitó la camisa. Si antes de romper la cama, le advirtió que su intención era romperle la cama.
—¿Cómo sabes tanto, Miyako? ¿También tuviste una cita con Izumi-sama?
—¿Izumi? ¿Así se llama?
—No, lo dudo mucho. Creo que usó un alias. Lo busqué por redes sociales, pero nada, ha desaparecido. Ay, Miyako, no sé qué hacer. Me gustaría volver a verlo al menos una vez más. Solo una.
Así empezó la saga de investigaciones de Miyako.
—Lo primero fue averiguar cómo se supone que se repara una cama, se lo prometí a la maestra. Y esta fue la parte increíble. Cuando busqué en internet «cómo reparar una cama» encontré varios hilos en twitter, grupos en Facebook, y foros en Twitter sobre el rompecamas de tinder.
Había dos reglas primordiales:
- El rompecamas te encontrará a ti, no al revés.
- Nunca encontrarás al rompecamas si lo estás buscando.
Miyako decidió encontrarlo.
—Lo primero fue armar una base de datos con todas las descripciones encontradas, obviamente: la estadística es siempre lo más importante. Así descubrí que el 80% de las camas rotas habían sido reportadas en la región de Kanto, que en el 70% de los casos el rompecamas fue descrito como alguien «menudo y callado», en el 75% se indicaron que las citas se dieron en un hotel, el 83% solo solo tuvo una cita con el rompecamas y no retomó el contacto, el 89% uso la expresión “literalmente se transforma en otra persona cuando se quita la camisa”, y en el 100% de los casos el rompecamas les advirtió que su intención era romper la cama.
No le fue fácil a Miyako llegar a estos resultados. Siendo madre y esposa a tiempo completo, le resultaba muy difícil compaginar la vida de la detective con sus responsabilidades domésticas, por lo que le tomó más de un mes armar la base de datos, y cuando lo consiguió, se encontró conque había mucha discrepancia respecto al físico del rompecamas.
—Casi todos concuerdan con que es alguien menudo —le explicó a Ken, ya que hablar en voz alta solía ser su mejor método para hallar respuestas—, pero las descripciones de largo y color de cabello, color de ojo, incluso número de lunares, todo es muy contradictorio. Me hace pensar que se disfraza cada vez que va a un encuentro.
—No lo entiendo, Miyako. ¿Esta es tu manera de pedirme ampliar nuestra relación, incluir a una tercera persona?
—¿Qué? ¡Oh, no! ¡Cómo se te ocurre pensar así!
—Sé que no hemos llegado a romper camas, pero siempre he creído que te satisfacía.
—Ay, Ken, no se trata de eso. Tú y yo lo hacemos mejor que nadie, eso no hay ni que dudarlo. Pero, no lo sé, tengo un presentimiento, ¿sabes? Mira bien las estadísticas. Aunque las descripciones físicas son muy disímiles, hay un color de ojos y de pelo que se repiten por sobre los demás.
—Sí, aunque ningún dato parece significativo.
—Individualmente no, pero si los cruzas, la combinación «ojos negros-pelo rojo» es por lejos la que más se repite. Y aunque esto no lo incluí en la base de datos, mi amiga Hanami-chan, la profesora de Satoru-chan, me dijo que el rompecamas había utilizado el supuesto alias «Izumi».
—No. Miyako, no. No abras ese portal. Me niego a creer que Koushirou-kun pueda ser el rompecamas que estás buscando. No, es imposible. No, no, y no.
Pero ahí estaban los datos.
—Yo tampoco quería creer que pudiese ser cierto. Anda que no habrá hombres menudos y callados, con ojos oscuros y pelo rojo, con cuentas de Tinder activas, buscando ligues de una noche, y que respondan al nombre Izumi. Y sin embargo, los datos eran los datos. ¿Qué habrían hecho ustedes? Yo, por mi parte, lo vi clarísimo: también me abrí una cuenta en Tinder.
Miyako se pasó una semana rechazando chicos por Tinder. Al principio lo hacía a escondidas de Ken, hasta que se cansó de sus nulos avances y le pidió su ayuda: Ken era un agente del departamento de investigaciones de la policía, al fin y al cabo.
—¿Te hiciste una cuenta de Tinder? ¿Y me lo dices así como así?
—Ay, Ken, es parte de la investigación.
—Desapruebo que tengas una cuenta activa en Tinder, lo desapruebo rotundamente.
—Solo échale un vistazo a mi perfil. Algo mal debe haber porque no consigo dar con Koushirou.
Ken, débil ante Miyako, revisó su perfil.
—¿Por qué pones «no busco una relación seria»?
—Porque Koushirou no busca una relación seria, bobo. O sea, terminó con Mimi porque quería vivir la vida de soltero, qué más pruebas necesitas. Y si miras mis estadísticas, en el 91% de los casos, el rompecamas indicó que no buscaba una relación seria.
—Ya, pero yo sé que Koushirou sí busca una relación seria.
—Nones, imposible. Si fuera así, ¿por qué el 83% de los casos solo fueron una cita? Y de todos los casos, ninguno pasó de la cuarta cita.
Fue el turno de Ken de revelar sus investigaciones secretas.
—Fui a hablar con Koushirou. Y lo vi mal, Miyako, lo vi muy mal. Dice que haber terminado con Mimi fue el mayor error de su vida. Ha tratado de recuperar el contacto, pero no hay manera, no le coge los llamados, lo tiene bloqueado de todas las redes sociales, y en el fondo no puede reprocharla. Se siente muy apenado y avergonzado.
—Entonces qué hace en Tinder.
—De eso se trata, Miyako: dudo mucho que Koushirou siquiera tenga una cuenta activa en Tinder.
Mimi que escuchaba con cara de amargada desde el momento uno, se hartó.
—¿Entonces Koushiro es o no es el rompecamas? No sé ni para qué me quedé a oírte, no haces más que decirme disparate tras disparates. Que alguien pague mi cuenta, yo me largo.
Miyako la agarró del brazo.
—¿Por qué te vas tan rápido? ¿Acaso tienes una cita, Rompecamas?
—¿Disculpa?
Quizá Miyako eligió ser ama de casa, dedicarse a los hijos, y aficionarse a clubes de lectura y de tejido, pero su mente deductiva sigue intacta, y su corazón que es hacker bombeando sangre en especial si hay chisme de por medio.
Había dos reglas primordiales:
- El rompecamas te encontrará a ti, no al revés.
- Nunca encontrarás al rompecamas si lo estás buscando.
Pero Miyako derribó algunos cortafuegos, traspasó algunos sistemas de seguridad, y quizá, solo quizá, robó cierta información que no debía ser encontradas y descifró la identidad del rompecamas. O, mejor dicho, la rompecamas.
Miyako terminó borrachísima, endeudada, y con un sentimiento de haber hecho algo imperdonable. En tal estado, decidí escribirle a Ken que me llevaba a su esposa a mi casa, que mañana se la dejaba en la entrada de la suya, junto al correo.
Luego, movida por la curiosidad, me metí a mi cuenta de Tinder, que no usaba demasiado porque se me daba mejor ligar en persona que por chat. Me llamó la atención un perfil de un tal M.Izu. Su descripción indicaba «No busco nada serio, y podrás ver más fotos de mí si hacemos match». La única foto del tal M.Izu era la de un hombre con una camisa naranja, el cabello corto y oscuro, con gafas de sol y una bufanda. No podría decir que me recordase a Koushirou, pero conocía perfecto lo bien que se le daba el maquillaje a Mimi, el repertorio de pelucas que tenía debido a su trabajo como modelo, y que, tras la ruputura, Mimi quemó todas las posesiones que guardaba de Koushirou, excepto la camisa naranja.
Conocía especialmente la historia de su peluca pelirroja. Fue en una fiesta de disfraces. Él se disfrazó de ella y viceversa.
¿Cómo interpretaba aqullo? Quizá solo se tratase de una coincidencia. O no. A lo mejor era una manera de expiación. O una venganza. Una forma de manchar el nombre de Koushirou. De seguir con él, de suplantarlo. Quizá, para Mimi, al no encontrar a nadie que pudises ocupar el lugar de Koushirou, jugó a convertirse en él. Hay historias locas y raras en la vida. Hay gente que engaña a su novio con su mejor amigo, y luego el mejor amigo se hace gay se comienza a salir con tu otro novio. Hay otra gente que se convierte en su exnovio. Y luego hay otra gente que se hace cuentas en Tinder y le pregunta a su novio detective qué opina de su perfil.
Y finalmente hay gente como Hikari, que nos escucha todas nuestras torpezas.
No lo sé. No me interesa mucho saber la verdad. Pero, por si acaso, marqué a la derecha. Si hacemos match o no, ya se lo contaremos a Hikari la próxima vez que nos veamos.
