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Tu luz.
Acabo de cortar el teléfono, Ayala me confirma que Pablo llegó de viaje ayer, que nos vamos a juntar a jugar un picadito, y después capaz vamos a comer un asado a lo de Román. Dejo el celular sobre la cama, no nos veíamos con Pablo más o menos desde el dos mil seis, desde el mundial.
Desde que jugábamos juntos en la sub 20 que entre nosotros siempre hubo algo especial, teníamos otro nivel de entendimiento, de conexión y complicidad, él era el único que podía entender cosas, escucharme, sabíamos cosas del otro que nadie más sabia. Siempre hubo cierta tensión entre nosotros, algo de él siempre me atrajo, quizás su timidez o su silencio, era un observador, parecía débil, pero al mismo tiempo siempre fue un enano corajudo que iba al frente sin miedo a nada. Su sensibilidad y su nivel de comprensión eran extraños para un pibe tan chico, pero tenía una madurez extraordinaria. Un tipo adulto en un chico de 18 años, quizás eso fue lo que siempre me atrapó de Pablo.
Estoy preparándome, como un chico ansioso que tiene una primera cita, es algo extraño, o no tanto si tengo en cuenta que hace casi veinte años que no lo veo, pero todavía no logro entender porque me comporto como un adolescente enamorado, si no estoy enamorado, lo estuve, en algún momento, lo que pasó en el dos mil seis quedará en el dos mil seis.
No paro de pensar en cómo estará, vi fotos de él hace poco, se lo ve más maduro, aunque nunca dejó de tener por momentos esa mirada de niño y esa sonrisa tierna. ¿tendrá el pelo largo o corto? ¿con barba o sin barba? Trato de imaginarlo de mil maneras posibles, en miles de escenarios. Tomo las llaves del auto y subo con la mente hecha una nebulosa.
El camino hacia la canchita se me hace eterno y la ansiedad me está volviendo loco, es como si a las cuadras justo hoy se les hubiera ocurrido medir cien kilómetros. Al fin llego, me tengo que calmar esto no está bien, no puedo ponerme como un pendejo boludo, soy un tipo grande.
Desciendo del auto, suspiro, trato de calmar los latidos de mi corazón, cuando entro él está de espaldas, tiene los rulos largos, desordenados, remera gris y pantalones de jogging, escuchó su voz, esta igual de calma y dulce. Camino hacia ellos, Samuel me ve y me saluda, él se da vuelta y me recibe su sonrisa y es entonces donde mis pensamientos empiezan a girar "Esta cambiado, la mirada no es la misma, me acuerdo del brillo de sus ojos, y la luminosidad de su sonrisa. No sé a donde fueron, no las encuentro”
Hablo con el resto, pero mi cuerpo se siente atraído hacia Pablo, su perfume me confunde los sentidos. De su estadía en España habla poco y nada, incluso lo noto un poco evasivo, por lo poco que suelta puedo deducir que se separó, que volvió a Argentina para estar cerca de sus hijos, pero trata de evitar todo tipo de preguntas al respecto.
- ¿Te sentís mejor ahora? ¿Ya no te duele tanto el tobillo? – le pregunta Manna desde su total inocencia y su interés del estado físico de Pablo para el partido, noto cierta crispación por parte del interrogado que solo lanza un “si” entre dientes, por la cara de Matías, sospecho que notó lo mismo que yo, se genera en el ambiente cierta tensión, claramente hay cosas que a Aimar todavía le duelen:
- Bueno, vamos a cambiarnos que estamos perdiendo tiempo-les digo necesito escapar de ahí la energía tensa que se generó también me está afectando. Pablo me mira, puedo adivinar en su mirada el agradecimiento.
Camino detrás de él al vestuario, está en cuerpo con nosotros, pero al mismo tiempo está ausente, no sabría cómo explicarlo, como si nunca hubiera llegado de viaje; va con la cabeza gacha mirando al piso, se le acerca Walter y lo toma de los hombros y le larga un “te extrañé enano” y el otro no hace otra cosa que sonreír con un poco de incomodidad. Habla poco y nada, casi que está ahí de compromiso, para darle el gusto a Fabian quizás, que lo invitó. Tiene el pelo muy desordenado, los rulos son una maraña, recuerdo haberlos visto bien armados como resortes castaños y brillosos, y ahora han perdido todo su esplendor.
Cuando llegamos al vestuario él y yo nos apartamos al fondo cerca de las duchas y le presto más atencion a cada movimiento, cada gesto, a su mirada. No, definitivamente algo pasa, algo pasó. Yo sé que está fingiendo, lo conozco, puedo verle la tristeza detrás de todo ese entusiasmo, es mi amigo, pero siento que algo me ocultó en estos años que no nos vimos. Él comienza a desatarse las zapatillas y en un momento deja de hacer lo que hacía y me observa curioso, confundido incluso un poco molesto:
- ¿Qué te pasa a vo que te quedaste ahí tieso? - siento un vacío en el estómago, vergüenza, oculto mi mirada fijándola en mis propias zapatillas, pero mis pensamientos siguen con él.
Que boludo que soy, nunca fui bueno disimulando. ¿se habrá dado cuenta que estoy pensando en él? Pablo se saca la camiseta, no puedo no mirarlo, mis ojos disimuladamente lo recorren, extrañaba ver esa espalda y su pecho que cuando respira se mueve lento y pacífico. Suena estúpido, pero siempre me quedaba viéndolo respirar porque me calmaba, meneo la cabeza "es muy estúpido” me digo. Sus brazos están más fibrosos desde la última vez que nos vimos, sus venas parecen ríos en un desierto pálido me pongo de pie y también me saco la remera, puedo notar la mirada de Pablo recorriéndome, nos miramos, él se pone colorado y comienza a ponerse su casaca de fútbol, me genera ternura su timidez, siempre fue mi debilidad.
De repente noto algo que me alarma ¿qué es eso en su muñeca? ¿es una cicatriz? siento que el mundo se me viene abajo ¿cuándo fue? ¿por qué? ¿Porque no dijo nada? Tengo que hablar con él. Pablo se coloca una muñequera para tapar la cicatriz, me mira fijo y amenazante, por primera vez desde que llegó, su mirada está encendida y afilada.
- Vos no viste nada- Me advierte. Yo solo asiento y trago con dificultad.
Me pregunto si confía tanto en mi como para dejarme ver su cicatriz, aunque me acaba de amenazar con la mirada para que no le cuente a nadie. ¿Confía tanto como para saber que yo no le voy a contar a nadie? ¿sería prudente hablar con él? Corro el riesgo de que se enoje, incluso de romper su confianza. Voy a esperar a ver si él habla. Camino detrás de Pablo hacia la cancha del fútbol 5, mi cabeza no puede dejar de girar en un carrusel de pensamientos, estoy físicamente en el partido, pero no mentalmente, los veo que me hablan y adivino que me piden la pelota, por momentos la pateo a cualquier lado, y mis compañeros se ofenden, entre ellos Pablo.
- Concentrate Gringo- me dice pasándome por al lado en un trote, pero me mira de una forma en que puedo adivinar que no le está gustando lo que yo estoy haciendo, creo que se dio cuenta que estoy desconcentrado por lo que acabo de ver, me hace una mueca con los labios y se le sale un - Dejate de joder, no seas boludo- pero no lo dice por el partido, los dos sabemos por qué es.
Vamos perdiendo y pasamos al entretiempo, con el equipo nos vamos a un costado fuera de la cancha, él se me para al lado, tiene los rulos transpirados, está muy concentrado en lo que dice Luifa, asiente de a momentos, respira agitado. Me doy cuenta que soy el único que sabe de su marca, nadie sospecha nada, nadie supo nunca nada de lo que atravesó para que llegue a ese punto. Siento que se pega un poco a mí, con los brazos cruzados, puedo adivinar que disimuladamente con sus dedos húmedos de transpiración me toca el codo, nos miramos, apenas esboza una sonrisa y me susurra:
-Dale Lionel, no jodas, quédate tranquilo- creo que ya le está molestando mi actitud hacia él, quizás se siente expuesto. Sacudo la cabeza "por algo confió en mi" le devuelvo la sonrisa
- Dale, vamos a jugar- le contesto, como si hubiéramos hecho un acuerdo para fingir ambos que en el vestuario no pasó nada.
Trato de olvidar todo lo que pasó y me concentro en el partido, logramos darlo vuelta con un modesto 3 a 2. Pablo parece más animado e incluso se acerca a Fabian para hablar con él, intuyo por un gesto de Ayala que le pregunta por la muñequera, Pablo sonríe le hace gestos de que no es nada, se queda parado un momento hasta que yo lo alcanzo, empezamos a caminar juntos al vestuario.
Siento por un momento que volvimos a ser esos muchachitos de la sub 20 que se separaban del grupo para hablar de cosas importantes, cosas que solo podíamos compartir entre nosotros, sonrío un poco al recordar la imagen, nosotros dos con el pelo cortado al ras, atrás de un arbusto comiendo galletitas y charlando de todo, caigo en la cuenta que esas conversaciones solo las tenía solo con él.
- ¿Vas al asado? – me pregunta, me hace volver al presente
- No sé, estoy cansado- le respondo, su cara ahora es de decepción.
- Yo pensé que venias, así me salvabas de situaciones incomodas como la de hoy con Manna- me dice, por un momento me parece ver que hace un puchero, como un nene.
- Bueno, voy, pero porque vos me lo pedís- le respondo con una sonrisa, una veta divertida en todo lo gris que rodea su aura aparece, una ínfima luz en su mirada destella un segundo, y a mí se me ilumina el mundo “¿no puede quedarse así con esa luz? ¿Por qué se fue? ¿Quién o que se la sacó?” navego perdido en un mar de preguntas sin respuestas, rogando en algún momento que él se anime a contármelo.
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Durante el asado Pablo parece animado, creo que todos ya nos dimos cuenta que no está bien, nos miramos entre nosotros sin que este lo note, no puedo decir nada de lo que vi en el vestuario, se lo prometí, pero lo quiero gritar, necesito no ser el único que tiene esta información, que está preocupado por él y tratando de entender que paso este tiempo que no nos vimos. Me estoy mordiendo, mastico la comida junto con las palabras y las trago todas juntas.
Lo noto incomodo, cada vez más metido en sí mismo, evasivo, más concentrado en escuchar que en hablar, ríe ante los chistes, aún fingida esa sonrisa es hermosa. Termina de comer, me mira cruza los brazos y se recuesta en la silla me sonríe, creo que, para tranquilizarme, se sirve un vaso de cerveza y se va al patio, me quedo en la mesa con los demás que me miran:
- ¿Qué? - les pregunto
- ¿Vos sabes algo? - me pregunta Samuel, niego con la cabeza
- ¿Por qué me preguntan a mí? - me siento interrogado, incomodo:
- Porque desde que saliste del vestuario antes del partido estas raro- vuelvo a negar con la cabeza, el no poder decir nada me está carcomiendo:
- Sé lo mismo que ustedes- les miento descaradamente: - Y si tanto les preocupa, pregúntenle ustedes que le pasa- Fabian me mira sorprendido:
- Para, no te pongas así- me dice: - pensamos que a vos te había contado algo- niego con la cabeza.
- No, nada, no me dijo nada y no lo quiero joder tampoco- me pongo de pie, me siento ahogado, con el pecho apretado, presionado me voy al patio y en el camino por el pasillo a la puerta lo único que hago es odiarme, pero me repito como un mantra que él confió en mí, que lo tengo que respetar, que lo amo, que no puedo hacerle eso.
Cuando salgo lo veo parado en el patio en el medio del pasto, mirando el cielo, la briza leve y fresca le movían suavemente los rulos, es raro tenerlo ahí, tan cerca y tan lejos al mismo tiempo, es como si entre nosotros hoy haya un hilo que se encoje y se estira todo el tiempo, por momentos parece que estuviera al alcance de mis manos y al instante, cuando percibe que está demasiado cerca, levanta una muralla y se aleja. Por momentos es el chico que yo conozco hace años y por otros me confunde, no lo reconozco y lo extraño, extraño a mi Pablo. Camino hacia él, me paro al lado, me mira y me sonríe:
- ¿Vos también necesitabas aire? – me pregunta, “necesito que esta noche empiece otra vez” pienso, creo que se dio cuenta que los demás lo miraban, de ellos también se escapa. No puedo estar con los sentimientos tan mezclados, por un lado, pensando que ojalá no hubiera aceptado ir al picadito, y al mismo tiempo agradeciendo tenerlo acá al lado mio:
- Si, hace calor ahí adentro- le contesto, suspiro. Se levanta viento y los rulos se le descontrolan un poco, lo miro él esta con la mano en el bolsillo del pantalón, la cerveza en la otra, la mirada perdida en el firmamento estrellado, y de repente me siento como ese pibe que charlaba con el detrás de los arbustos, otra vez solo para decirnos lo que no le decimos a nadie, “¿si se lo hubiera dicho en ese momento? ¿si se lo hubiera confesado en alguna de esas conversaciones?” me pregunto.
Esta noche tiene una energía especial, misteriosa, y al mismo tiempo en la cual estamos dejándonos ver transparentes nuestras luces y sombras, o por lo menos yo estoy viendo sus luces y sus sombras como si frente mio se estuviera resquebrajando y puedo ver cada grieta, aunque él intente ocultarlas, y lejos de hacer que me alejen, me siento más atraído, sus sombras son extrañamente hermosas, el amor que creí muerto en el dos mil seis, nunca lo hizo, estuvo latente en mí, en la espera por florecer otra vez cuando lo volviera a ver, y si esta noche vamos a resquebrajarnos los dos y dejar que se nos vean las luces, las sombras y las grietas, es momento de que muestre las mías, tomo aire y lo suelto.
- Debo confesar que hasta el 2006 estuve muy enamorado de vos pensé que se me había pasado- no me animo a mirarlo, solo levanto un poco la vista, tiene la mirada desencajada pero aún tierna: - O eso creía hasta que te vi hoy- aclaro. Pablo esboza una ligera e imperceptible sonrisa, solo para mí, vuelve a mirar el cielo de verano con luna llena y atravesada de pequeñas y finas nubes, larga una bocanada de aire, bebe un sorbo de cerveza, camina en mi dirección:
- Estoy cansado- me dice, me acomoda el cuello de la camisa: - ¿Tenés lugar en tu casa para mí? - aun a pesar de haber tenido esa mirada triste toda la noche, puedo adivinar algo de picardía en ella, como siempre, no necesita decirme nada más para que lo entienda, asiento con la cabeza.
Lo tomo de la mano y con un apurado "chau" a los presentes, huimos los dos de aquel asado.
Salimos, él se frena frente a la puerta del acompañante de mi auto: - Gracias- Me dice lo miro: - estaba cansado de fingir- abre la puerta y entra, yo no puedo reaccionar aún a lo que me acaba de decir, esta noche es una de esas en las que vas de sueño en sueño, y no sé si estoy dormido o estoy despierto, por momentos quiero que sea solo una pesadilla y que Pablo estuviera bien, que no tuviera esa cicatriz que no le hubiera pasado nada, y por otros, como estos en los que al fin después de tantos años lo tengo conmigo, no quiero despertar y agradezco que sea real, vuelvo al mundo, al auto donde estoy apoyado y al fin me siento en él y arranco.
No sé porque el corazón me late tan rápido y siento una adrenalina extraña, entre nosotros hay silencio, él mira por la ventanilla de a momentos y después hacia delante pasando sus manos por sus muslos, está nervioso, los dos estamos nerviosos.
Las luces de la calle iluminan fugazmente y de manera clara y tenue su rostro, tiene el ceño fruncido, como si pensara en algo. Su nariz sigue siendo perfecta, recta hermosa, sus labios, aunque un poco menos carnosos, siguen igual de apetecibles. Pasa su lengua por ellos para humedecerlos y la luz del farol que acabamos de pasar los hace brillar, como una línea brillante que corre por los contornos para desaparecer, una y otra vez en un parpadeo y yo estoy viéndolo totalmente embobado, ido, hipnotizado:
- Vas a chocar Lionel- me dice un poco incomodo:
- Perdón es que...- miro al frente "¿Es que QUÉ, que le vas a decir?" Pienso el me mira esperando que termine la frase, pero no se me ocurre nada, y entonces sonríe como entendiendo todo:
- Tampoco soy tan lindo Gringo- sonríe: - y menos en este momento que estoy...- se frena: - que estoy cansado- termina con algo que suena a mentira. Yo todavía estoy lleno de dudas.
Quedamos otra vez en silencio, siento que quiere decirme algo porque por momentos me mira con la mirada llena de palabras:
- ¿Estas bien? - le pregunto, el asiente, pero lo conozco lo suficiente como para que no me convenza: ¿Seguro? - repregunto:
- Dejate de joder- me dice seco y cortante, está a nada de mandarme a la mierda, vuelvo mi vista al frente, ya no quiero ni mirarlo siento que hasta con eso lo molesto. Se genera un nuevo silencio profundo, creo que puedo escuchar mi corazón latir, frunce el ceño un momento- ¿sabes que al único que tenía miedo de volver a ver era a vos? - me dice sin mirarme, siento algo que me choca el pecho, también parece que ahora tiene miedo de mirarme, freno el auto en frente de mi casa.
- ¿A mí? - no puedo evitar el tono incrédulo, el me mira y asiente: - ¿Por qué? - necesito una explicación urgente
- Porque no sabía cómo estabas, ni como estaba nuestra relación después de tantos años- hizo una pausa: - Viste que es una cosa por teléfono y otra muy diferente en persona, tenía miedo de que ya no fuéramos tan cercanos como antes- levanta los hombros: - pero cuando te vi me di cuenta que nuestra conexión seguía intacta, porque te diste cuenta en seguida que yo no estaba bien, lo vi en tu cara- sonríe: - nunca fuiste bueno para disimular Lionel- aunque intente ponerle humor a todo para alivianar la situación, el aire dentro del auto sigue siendo denso, todavía hay algo ahí demasiado doloroso como para que lo tomemos con humor, pero lo dejo seguir: - no sabes cómo me alivió saber eso, saber que puedo confiar en vos como cuando éramos pibes, que puedo- se frena, traga con dificultad: - que no tengo que fingir, porque vos me entendes a la perfección- siento un calorcito en el corazón cuando dice eso, me hace sentir especial, “¿será por eso que fue al único que le dejó ver la cicatriz?”, así como lo pienso lo digo, sin que lo pueda frenar, me mira al escuchar la pregunta: - sí, es por eso, porque sé que no me vas a juzgar- pega un pequeño salto en el asiento y mira por la ventanilla: - ¿ esa es tu casa?- me señala una casita blanca mezcla de moderno y tradicional, asiento con la cabeza: - bueno, vamos- no me da ni tiempo de reaccionar, huye del auto prácticamente, otra vez evade la conversación, se escapa, suspiro, esto va a tomar tiempo necesito paciencia, salgo del auto Pablo ya está en la puerta.
Cuando abro y prendo la luz veo a Pablo que observa su alrededor reconociendo el lugar, el sillón color crema, las paredes celestes claras, los cuadros con camisetas, ve la suya propia del Valencia, se detiene un momento, pone las manos en sus bolsillos, mientras yo observo su espalda deseando dormir en ella:
- Eran picantes esos partidos- le digo, el no habla solo está allí parado, me acerco, hay algo de nostalgia en su mirada mezclada con tristeza, me mira y sonríe, finge una sonrisa:
- Sí, me hubiera gustado que jugáramos juntos en algún equipo, pero no se dio- levanta los hombros: - te extrañe, te extrañaba cuando no estábamos en la selección- se pone frente a mi: - porque yo también estuve enamorado de vos hasta el 2006, pensé que se me había pasado, hasta hoy- de repente me dan ganas de llorar, incluso se me llenan los ojos de lágrimas, ahora necesito besarlo, tengo una urgencia en el cuerpo, toda esa espera se está transformando en una tormenta de alegría a punto de desatarse.
Me besa, no puedo evitar reaccionar abriendo los ojos como dos lunas enormes, el calor de sus labios poco a poco va llegando a cada recoveco de mi cuerpo, la humedad de su lengua suave recorriendo mi boca, acariciándola es una sensación exquisita, siento un sabor indescriptible e infinitamente agradable, y me parece, algo que solo se puede entender como un producto divino, increíble, y me hace preguntarme cual es el milagro que logra que una persona que está rodeada de penumbras y con el corazón triste como Pablo puede con un simple beso encender luces en mi ser. Me abraza aferrándose a mí, siento el calor de sus manos subir y bajar por mi espalda y yo lo único que puedo pensar es que, si esto es un sueño, no quiero despertar. El beso se corta y me mira un momento, veo en su rostro una mezcla rara de expresiones, le acaricio suavemente el rostro le acomodo los rulos detrás de su oreja derecha y sonrío:
- Está bien Pablo, no te preocupes- lo tranquilizo, tiene la mirada de un chico que está a punto de hacer algo por primera vez, una mezcla de miedo y ganas en la mirada.
- No es mi primera vez Lionel, es mi primera vez con vos- me dice: - es diferente, vos sos diferente al resto para mí, sos especial, no voy a sentir con vos lo mismo que sentí con los demás- se frena un momento, baja la vista: - perdón- lo tomo de la barbilla y le levanto el rostro:
- Para mí también mi primera vez con vos Pablo, y estoy igual de nervioso- me sonríe con cierto alivio en la mirada, y volvemos a los besos, a las caricias.
Claramente no es lo mismo que con los demás, él me conoce demasiado, nos conocemos demasiado a pesar de los años sin vernos, hemos hablado de las cosas que nos gustan y las que no, nuestra intimidad empezó mucho antes que este momento. Sé por ejemplo que a él le encanta que le muerdan el lóbulo de la oreja, y él sabe que cuando me besan el cuello me vuelvo loco. Todas aquellas conversaciones nocturnas hoy están siendo llevadas a la práctica, eso es lo que hace más hermoso este momento, esa intimidad y esa confianza de años, que ahora estamos consumando entre abrazos
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Estamos acostados en la cama, su calor húmedo y su olor a sexo me embriaga, su espalda pegada a mi pecho, y puedo sentir sus latidos fuertes y rápidos. Nuestras piernas están entrelazadas, nuestra desnudez en contacto y en reposo luego del éxtasis hermoso que tuvimos. Su mano izquierda sostiene mi mano derecha frente a su cuerpo, juguetea con mis dedos, casi puedo percibir el barullo de pensamientos que es su cabeza, el silencio entre Pablo y yo en ese momento es de espera, alguno de los dos hablará primero. Mis dedos van temerosos a su cicatriz, temo que se enoje, que no le guste, de repente siento como si su respiración se hubiera detenido, aún avanzo con cautela con mis dedos hasta tocar aquella marca con gentileza y suavidad, su mano se mueve apenas, como un reflejo de huida, de vergüenza:
- Es hermosa- le susurro al oído. Él no habla, siento que está tratando de llorar sin hacer ruido, lo abrazo aún más fuerte:
- Me da vergüenza- solo dice entre sollozos: - es una cicatriz horrible, me recuerda que perdí, que me rendí, que...- se frena:
- Que sobreviviste, que estas acá, que todas las noches es un día ganado, que elegiste estar vivo, que lo intentas todas las mañanas- le beso los rulos húmedos: - que sos fuerte y tenés que estar orgulloso de eso- Pablo se da vuelta y hunde su rostro en mi pecho, llora aún con más angustia, lo envuelvo aún con más fuerzas: - te amo- le digo y su llanto ahora emite sonidos, ya no teme que lo escuche, suelta el dolor y la angustia, la derrama en mí. Llora hasta calmarse, o hasta notar que ha demostrado demasiada debilidad, porque se separa de mi y se sienta en la cama.
No me animo a preguntarle, siento que estoy caminando por un piso de cristal, tengo miedo de que con cualquier boludez que diga pueda llegar a lastimarlo, esta frágil. Me mira con los ojos hinchados de llorar, y de nuevo desvía la mirada. Siento que quiere decir algo y no puede,” ¿Cómo puedo hacer para darle valor?” Instintivamente me acerco a donde él está sentado y paso mi mano por su espalda, siento que se relaja un poco, aflojó los hombros y apoyó su mentón en sus rodillas, sus brazos rodean sus piernas. Esta sentado y hecho un bollito junto a mí, tan vulnerable y al mismo tiempo con el cuerpo dispuesto a dejarse querer:
- Confío en vos como en nadie Lionel- me dice en un suspiro: - agradezco lo que me dijiste antes- apenas sonríe después de pronunciar esas palabras: - es una lucha diaria, y creo que la peleo por mis hijos- los ojos se le vuelven a llenar de lágrimas y la voz se le quiebra: - después del retiro me apabullé, se me reventó la burbuja y me encontré en medio de una realidad que era mía pero que nunca había experimentado, pero para tocar fondo hace falta mucho más, uno es un vaso que se llena gota a gota, hasta que no puede contener más tanto dolor, tantos sentimientos. ¿Alguna vez sentiste tantas emociones adentro que no podías definirlas, tuviste ese barullo en tu cabeza que te aturdía? - me dijo, agradezco que al fin se suelte, saque todo aquello que estuvo conteniendo toda la noche: - cuando la gente te pregunta que te pasa o si estás bien es como que todo eso te colapsa adentro y no podes hablar, ni explicarlo- me cuenta, trato de entenderlo, de ponerme en su lugar: - llegó un momento que me levantaba de la cama solo porque salía el sol, sentía que todos los días era el día de la marmota”
“Llegar a la noche y pensar que lo único que queres es dormir, pero no un día, meses, años, callar ese grito constante que tenés adentro- me mira: - esos pensamientos de ¿qué hago ahora? Hicieron que me sienta como si estuviera solo entre medio de un remolino de caminos, y en el medio, la lesión en el tobillo, y todo lo que hice para poder jugar otra vez y esa sensación de fracaso, de que no fue suficiente, empezaron a aparecer esas voces que me decían que era un inútil que ya no servía, que ahora que estaba todo el día en casa era una carga- suspira hondo: - no alcanzaba con las veces que mi ex me decía que no lo era, podía decirme que era el mejor del mundo, pero yo me miraba al espejo y no veía lo mismo- me agarra la mano, fuerte: - no sabía cómo pedir ayuda, no encontraba las palabras, sentía que si lo hacía la gente me iba a decir " pero vos tenés la vida solucionada flaco, ¿ de qué te quejas?" - se le quiebra la voz, me muestra la cicatriz en su muñeca: - estaba agotado Lionel, necesitaba dormir, descansar, callar el barullo- lo abrazo y el vuelve a descargar toda su angustia.
- Ya pasó- le digo, el niega con la cabeza, se aleja de mi un poco:
- No es tan simple, Gringo- me dice: - no es un "ya pasó' y seguir, ahora hay que limpiar la herida, ¿sabes cómo duele? - me dice: - ¿sabes la mugre que escondí ahí durante años? - hace una pausa, yo me siento frente a él, tiene razón, no fue muy inteligente de mi parte ese "ya pasó". Me pongo a juguetear con mis manos:
- Perdón es que no sabía que decir y me salió eso- él pasa su mano por mi cabeza gacha:
- Algunas veces no decir nada está bien también- levanto la mirada y me encuentro su sonrisa: - no tenés porque estar pensando todo el tiempo en que decirme y como decírmelo. Algunas veces con una caricia en la espalda, alcanza- esta frágil, pero al mismo tiempo tiene una fortaleza admirable, lo veo ahí enfrente mío mirándome y tengo ganas de envolverlo armar un escudo alrededor de él:
- Me gustaría poder haberte protegido, poder protegerte, cuidarte, hacerte una fortaleza al rededor- le digo. Me mira:
- ¿Cambiaría en algo? - me pregunta, me descoloca- estaría igual de deshecho, pero rodeado de ladrillos, no serviría de mucho- con cada palabra que dice quedo más confundido: - la idea es rearmarme, y en eso estoy, cuesta, pero en eso estoy- tiene una profundidad en la mirada, el hecho de que haya conocido lo peor lo hace quizás más sabio, alguien me dijo una vez " quien estuvo realmente en la oscuridad, sabe muy bien como apreciar la luz" y tenía razón, vuelve ahora a apoyar su rostro en sus rodillas y me mira con una ternura desoladora -yo te diría que quiero estar con vos, porque conecto de una manera que nunca me pasó en la vida, pero estoy tratando de salir, y en el camino puede haber momentos jodidos, además...- me mira: - ¿igual me querés así de roto? - su pregunta, su tono y su mirada me generan un inmenso amor, de esos que no entran en el cuerpo y salió en forma de sonrisa:
- Yo soy tu descosido Pablo- le digo, sonríe y otra vez aparece esa fugaz luz en su mirada: - todos estamos un poco rotos, yo también tengo cicatrices, pero de las que no se ven- me acerco a él y pego mi cuerpo al suyo: - te espere un montón de años, te voy a esperar un montón más, pero acompañándote, si me dejas- lo piensa un momento, me mira a los ojos:
- ¿Me lo prometes? - apoya su frente en la mía, sus ojos color miel están penetrando mi alma, ahora es toda suya:
- Te lo prometo- no quiero que este momento termine, quiero quedarme así, acaricio su rostro, y bajo por sus brazos, desearía que mis manos fueran bálsamo para sus heridas, el cierra los ojos sin despegarse de mi: -¿Por qué no me dijiste lo que te pasaba? - abre los ojos:
- No quería preocuparte y como te amo, no quería ser una carga o lastimarte, era mejor que no me vieras así- paso mis manos por su espalda, esta fría, trato de acercar más su cuerpo al mio. Me quedo sin palabras frente a su respuesta. Seguimos con nuestras frentes unidas ahora con las manos tomadas, en silencio, un silencio que nos envuelve y está lleno de palabras y significados, un silencio calmo, pacífico. Temblamos los dos yo envuelvo su cuerpo con mis piernas.
¿cuántas veces tuvimos estos momentos de intimidad, esta conexión inexplicable? ¿alguna vez habíamos llorado frente al otro, alguna vez nos habíamos visto las heridas y las cicatrices? ¿alguna vez nos habíamos abierto tanto el pecho y dejado salir nuestros sentimientos y nuestros dolores como esta noche?
- Me siento un poco más ligero- me dice en un susurro: - ya no tengo tanto peso- agrega: - yo sabía que podía confiar en vos- ahora me abraza y apoya su cabeza en mi hombro, lanza un largo suspiro. Yo lo acaricio mientras mi mente repasa cada momento de hoy, recapitulo instante por instante. Hoy fue definitivamente una pesadilla que se transformó en un sueño. Puedo sentir por la relajación del cuerpo de Pablo que se quedó dormido, trato de acomodarlo en la cama, para acomodarme yo junto a él, cuando lo recuesto veo su rostro con una leve sonrisa y una paz contagiosa. Otra vez veo esa dulzura, esa luz, ese brillo. Volvieron, aunque sea un momento y aunque sea difícil y me cueste, voy a hacer lo posible para que no se vuelvan a ir.
