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En cada palabra (son para ti)

Summary:

Ran nunca ha sido bueno expresando todo lo que siente por Yuki en palabras, pero sí en papel. Página tras página, escribe lo que su corazón no se atreve a decir en voz alta. Lo que no espera es que, un día, Yuki encuentre su diario.

Chapter 1: Encuentro

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

"Eso es todo por hoy. Buen trabajo a todos", la voz del entrenador resuena en todo el gimnasio a medida que el golpe de los balones se disipa lentamente.

"Buen trabajo", repiten uno a uno los jugadores, agitados y cansados por el entrenamiento diario. Yuki aún sostiene el balón en sus manos, sintiendo el calor entre ellas. Aunque está cansado, realmente no quiere ir a casa todavía. Sus energías no se han agotado por completo y sus músculos, entrenados durante años, le piden con exigencia no abandonar el entrenamiento. Entre las voces cantarinas de sus compañeros y el espejismo reflejado en el piso por los últimos rayos del sol, Yuki se queda inmóvil. Espera pacientemente poder estar solo, con su obstinación y la dura cancha, como muchas veces lo hace. Pero sus planes se ven torcidos cuando choca casualmente con la mirada aguda de su entrenador. No tiene que decir nada, sus pupilas hablan antes que su boca, y Yuki comprende que no lo dejarán hacer lo que quiere. Mientras los demás salen directamente de la cancha hacia los vestidores, su entrenador lo llama con un gesto de mano, indicándole que se acerque. Yuki se acerca, aún con el balón pegado a sus manos, sin dejarlo ir.

"Entrenador, no regañe mucho a nuestro capitán, por favor", grita Nishida con las palmas juntas como una súplica. Yamauchi y Yamamoto lo siguen en su burla, riéndose descaradamente. Yuki sonríe, moviendo la cara de un lado a otro en señal de negación. Las voces se dispersan a medida que se alejan hasta que solo quedan ellos dos junto con el gimnasio vacío y los pequeños murmullos que se esconden detrás de las paredes neutras.

"Yuki", comienza a decir el entrenador, ligeramente serio pero con una postura relajada. "Sé que quieres dar lo mejor, todos lo quieren. Y entiendo que ahora la exigencia es mucho mayor, pero debemos saber cuándo es hora de parar", dice con voz pausada y tranquila. "¿Lo entiendes?" Yuki asiente con la cabeza, sintiéndose como un niño al que le están dando lecciones por primera vez. Su cabeza está baja, pero cuando siente una palma cálida en el hombro, la levanta para encontrarse con una mirada fraternal. "No te exijas más de la cuenta" dice, apretando un poco su hombro y luego dándole un palmada suave. "Anda, ve a casa". Tan directo y escueto como siempre. No es necesario decir más para comprenderlo. Yuki no es rebelde, pero a veces la exigencia consigo mismo lo envuelve más de lo que está permitido y necesita a alguien que lo empuje fuera de su propio encierro. En el fondo, agradece este tipo de comprensión abstracta.

"Entiendo" dice, lanza el balón que sostenía en sus manos hasta el resto de los balones con puntería exacta. Se despide y camina a paso calmado hasta los vestidores. Cuando está a medio camino, la misma voz tranquila le habla a sus espaldas: "Pero mañana te quiero aquí temprano". Yuki sonríe, volteando el rostro y respondiendo con un "Sí" contundente. En los vestidores, ya más relajado, escucha el chapoteo estridente de las duchas continuas. Los baños están ocupados por sus compañeros que inevitablemente llegaron antes que él. El cansancio se asienta en sus piernas y brazos, cayendo en cuenta de pronto que no ha tenido un momento de descanso, y aún así quería continuar. Se ríe de sí mismo por su descuido. Con la mirada, busca un lugar donde descansar, sentándose en un banco junto a la pared fría. Cierra los ojos, intentando relajar su cuerpo caluroso y sudado, esperando que alguien termine de ducharse.

Pasan algunos minutos en silencio hasta que escucha un ruido en la habitación. Cuando abre los ojos, Ran aparece en su vista, con el cabello mojado y un conjunto deportivo limpio.

Yuki lo ve justo en el momento en el que está acomodando su cabello mientras guarda sus cosas en el maletín. Ran, dándose cuenta de su presencia, lo mira de vuelta y detiene su movimiento a la par que sus ojos se quedan fijos en él con una expresión de sorpresa grabada en sus facciones.

"Ah, Yuki-san, lo siento. No quería despertarte", se disculpa. Su voz baja y cantarina retumba en los oídos de Yuki, sosegando el incesante sonido del agua. Extrañamente, se siente más dulce de lo normal.

"No, está bien. No estaba durmiendo", responde Yuki, despabilando la extrañeza en su cuerpo mientras intenta sonar amigable, ignorando con habilidad la tenue tensión que se respira en el aire. Ran parece recuperar movilidad al escucharlo, volviendo a su tarea.

"El entrenamiento estuvo bien hoy, ¿no?", dice Ran. "Aunque parecía que no estabas satisfecho". Su sonrisa se forma natural en su rostro, encajando perfectamente con sus rasgos lozanos. Yuki capta con viveza la pequeña mofa del menor. Se contagia inevitablemente de su sonrisa, y como respuesta, su cerebro lo obliga a devolvérsela.

"Los partidos importantes están cerca. Entrenar un poco más no estaría mal", responde con soltura, incluso cuando sabe que no es lo más correcto. Ran lo mira de nuevo, con el maletín colgando en su hombro derecho y el bidón de agua en la mano izquierda.

"Sí, pero el entrenador te dijo que no entrenaras más. A veces eres tan terco", lo reprocha, no solo con palabras, también lo hace con la mirada. El pequeño ciervo escondido ha desaparecido y, en cambio, ha aparecido una forma más tenaz. Esos pequeños cambios hacen que Ran sea aún más intrigante a los ojos de Yuki. Ran es capaz de captar su atención en la cancha, al hacer buenas jugadas en situaciones de presión palpable. Pero también logra captar su atención fuera de la cancha por su genuina forma de ser.

Yuki sonríe con más avidez al escucharlo.

"Está bien, acepto que lo soy. ¿Pero acaso tú no lo eres también?", pregunta Yuki, mirando divertido la expresión que se forma en su rostro.

Ran lo mira con una sonrisa juguetona mezclada con desafío. "Parece que es algo que tenemos en común. Aunque al menos yo sé cuándo parar", responde encogiendo los hombros con falsa desgana. Yuki lo observa por un momento, casi entretenido. No dice nada de inmediato, pero la sombra de una sonrisa se dibuja en su rostro. Ran siempre tenía una forma peculiar de responder, de mezclar la ligereza con algo que lo hacía imposible de ignorar.

Como rompiendo el silencio en coordinación, ambos se ríen de sus propias palabras.

"Es hora de irme. Buen trabajo, Yuki-san", se despide, volviendo a su respiración natural después del momento divertido.

"Buen trabajo. Ve con cuidado". Aún después de que la puerta del vestuario se cerrara tras él, la presencia de Ran seguía flotando en el aire, como el eco de una conversación sin terminar. Su mente repite incesantemente y, en contra de su voluntad, la bonita risa que escapa de sus labios cada vez que tienen una conversación como esta.

No cuantifica el tiempo que pasa, pero cada segundo se alarga con cada respiración en su atontado rostro. Solo es sacado de su anonadación cuando el choque de dos palmas cerca de su cara hace eco en la habitación y en su mente, como un estruendo de rayo. Yuki se sobresalta sin evitarlo y se choca con la cara de Nishida, que lo mira desconcertado pero divertido.

"¿En qué piensas? ¿Acaso viste un fantasma?"

Yuki parpadea, sacudiendo la cabeza con rapidez, pero su reacción tardía solo hace que Nishida sonría con más burla.

"No es nada".

"Claro, claro, nada en absoluto", responde Nishida con obvia ironía mientras deja caer su toalla sobre el banco. Luego, inclina la cabeza con curiosidad. "Pero… tienes una expresión rara. ¿No me digas que alguien te dejó en las nubes?"

Yuki frunce el ceño, pero Nishida no parece intimidado en lo más mínimo. Solo ríe, divertido, antes de empezar a sacar su ropa del casillero. Yuki quiere ignorarlo, pero el eco de la risa de Ran todavía se enreda en su mente.

"Solo estaba pensando en los próximos partidos", su voz sale baja, casi un murmullo. No es partidario de las mentiras, de hecho, podría decir que las aborrece. Pero hoy es la única salida que ve factible, así que no lo piensa más y la usa. Para su suerte, Nishida parece creerle lo suficiente como para dejar de sonreír como un niño burlón y poner su faceta de jugador responsable en su rostro.

"Te entiendo. Los partidos que se vienen son esenciales. Hagamos nuestro mejor esfuerzo", dice Nishida, formando un puño con su mano. Yuki frunce el ceño de nuevo, esta vez con más diversión.

"Eso no suena como algo que tú dirías", responde Yuki. Nishida cierra el casillero y se voltea hacia Yuki.

"Tienes razón", afirma. "Hagamos polvo a los demás equipos", extiende el mismo puño hacia adelante, dando un golpe en el aire.

"Eso está mejor."

Nishida sale del vestuario, no sin antes despedirse y burlarse de él una última vez en el día.

El aire frío le hace sentir la piel pegajosa por el sudor. Se levanta con pesadez después de un largo rato sentado y camina directo a las duchas, con una toalla en la mano que deja deliberadamente en las barandas. Una vez dentro, el agua choca contra su piel, salpicando por todo el lugar. Yuki suelta un suspiro de placer. Puede escuchar a sus demás compañeros despidiéndose entre ellos y luego los pasos alejándose hasta desaparecer en el pasillo. No le importa. Ahora mismo, la sensación de frescura y relajo es lo suficientemente fuerte como para mantener su mente en calma.

Cuando ya está completamente cambiado y con ropa limpia, Yuki no tarda en alistar sus cosas en el maletín negro. Rebusca dentro de él, buscando su chaqueta, pero luego recuerda que la dejó en el casillero. La saca y, justo cuando está a punto de cerrar el maletín, su mirada se fija en un punto azul entre el filo del casillero y el banco contiguo en el que había estado sentado.

Se queda inmóvil unos segundos, tratando de entender qué es lo que atrae su atención.

La curiosidad lo consume, lo incita, lo obliga a acercarse. Deja el casillero medio abierto y se aproxima al objeto con lentitud. Se agacha un poco, extiende el brazo y, con los dedos temblorosos, lo toma. Lo tira hacia arriba, hacia sí, como si fuera un hallazgo importante.

Es un cuaderno.

Es raro. De entre todos los objetos que uno podría esperar encontrar en un gimnasio, un cuaderno no es precisamente lo que se imagina. La portada es simple, de un azul marino minimalista. Los bordes están algo arrugados, avellanados por el tiempo y el uso constante. La parte posterior no es diferente. Yuki, confundido, lo examina. No hay nombre, ni palabra alguna que indique a quién le pertenece.

Pasa sus dedos por la portada, sintiendo la textura áspera del cartón envejecido. No debería importarle. Probablemente alguien lo olvidó y vendrá a buscarlo más tarde. Lo más lógico sería dejarlo ahí, cerrar su casillero e irse.

Pero no lo hace.

El silencio se vuelve más denso, interrumpido solo por el zumbido lejano de la ventilación. Yuki mira el cuaderno una vez más. Es delgado, no parece ser algo importante… O tal vez sí.

Aprieta la mandíbula, la culpa lo detiene. No es suyo. Abrirlo sería invadir la privacidad de alguien. Pero la curiosidad es más fuerte, un picoteo constante que lo empuja a tomarlo entre sus manos. Si al menos tuviera un nombre, podría devolverlo sin dudarlo. Pero no hay nada, solo una portada vacía, como si estuviera esperando ser encontrado.

El pulgar recorre con suavidad los bordes, presionando hacia arriba la segunda hoja. No es suyo. No es suyo.

No lo es.

La culpa moral lo frena, y decide guardarlo sin siquiera mirar dentro, dejándolo en el maletín. En su mente, se repite que lo preguntará más tarde, que resolverá el asunto pronto y todo quedará en el olvido.

Sí, eso hará.

Cuelga el maletín sobre su hombro y se apresura a salir. Pero al llegar a la puerta, recuerda que aún no ha cerrado su casillero. Lo hace rápidamente.

Camina por el pasillo, pero el peso del maletín no desaparece. No es que el cuaderno sea pesado en sí, pero hay algo en él que le hace sentir como si estuviera cargando con más de lo que debería.

Sacude la cabeza, como si intentara deshacerse de esos pensamientos absurdos. Es solo un cuaderno. Nada más. La exasperación comienza a envolverlo, empujándolo a caminar más rápido, a huir del lugar sin saber por qué, con el corazón latiendo a un ritmo más acelerado de lo que debería.

.

.

.

El ruido lánguido de la ciudad se filtra por las ventanas semiabiertas. El cielo ya está oscuro, iluminado por la tenue luz de la luna y las luces artificiales de los edificios. El silencio es tan compañero suyo como es posible. Yuki está acostado en su cama, con la espalda descansando contra el respaldar y sus piernas estiradas. Una lámpara de noche es suficiente para iluminar su rostro y el libro que sostiene entre sus manos. El sueño aún no llega, aunque el día ha sido ligeramente agotador y se dice a sí mismo que es hora de dejar descansar su cuerpo. Cierra el libro en la página que ni siquiera terminó de leer y deja sus lentes sobre la mesita de noche, junto a la lámpara. Sus ojos se cierran por un momento mientras apoya la cabeza hacia atrás. No pasa ni un minuto cuando el destello de un recuerdo ilumina su mente.

Yuki abre los ojos, mirando directamente hacia el maletín que no ha abierto desde la tarde.

Desde que regresó, su mente había apartado la curiosidad a un rincón lejano, forzándola a no pensar más en ello. Pero ahora, con el insomnio a su favor y la curiosidad instigándolo a averiguar más sobre ese cuaderno azul perdido, le es difícil ignorarlo. Se levanta de la cama sin prisa, sus pies descalzos sienten el frío del piso recorriendo su piel. No lo piensa más y abre el maletín, buscando con la mano el cúmulo de páginas ordenadas. Cuando lo halla, lo saca inmediatamente.

Ahí está, igual que lo encontró esta tarde. Había dicho que lo publicaría en el chat grupal de sus compañeros, que lo haría lo más pronto posible, lo correcto. No apropiarse ni husmear en algo que no es suyo, está tan arraigado en su moralidad que la idea de invadir la privacidad de alguien le resulta incómoda. Pero ahora…

Yuki vuelve a recostarse en la cama con el cuaderno en las manos. Es más interesante que el libro anterior, más lleno de intriga y, lamentablemente, más prohibido de saber. Quiere culpar a la noche, a su cansancio y a su estúpida curiosidad.

La portada sigue igual, azul marino, sin rayones, solo líneas arrugadas en los bordes. Su pulgar recorre el filo magullado de las páginas oscuras, debatiéndose entre si será lo suficientemente desvergonzado como para abrir la puerta de una morada ajena.

Su respiración es pausada, pero su pulso late con un ritmo alterado. El borde del cuaderno se siente rugoso bajo sus dedos, desgastado por el uso constante. Alguien ha pasado innumerables horas escribiendo en él, piensa, y la sola idea le provoca una intriga casi indigerible.

Si lo abre, cruzará un límite del que tal vez se arrepienta después. Si no lo hace, pasará la noche en vela, con la tentación en las manos.

Suspira, mirando el cuaderno entre sus dedos. La habitación sigue en calma, la ciudad murmura a lo lejos.

Abre la primera página.

Su corazón acompaña el ritmo caótico de sus pensamientos.

En ella solo hay apuntes de horas y lugares citados. Nada importante. La culpable decepción se asienta en su pecho mientras deja escapar una exhalación tranquila, pero cargada de desilusión. Las siguientes páginas son similares, con algunos nombres aquí y allá. Nombres que no conoce, y parecen carecer de importancia para el dueño.

La culpabilidad desaparece desde la primera página. En su interior, cree que tal vez fue un poco dramático con sus pensamientos o simplemente no quiere aceptar que está decepcionado hasta más allá de lo permitido.

Está a punto de dejar el cuaderno en el maletín, cuando, por mera costumbre adoptada en sus días de escuela, hojea rápidamente todas las páginas. Tan rápido que, si no fuera por su vista hábil —y también gracias a los lentes a medida—, no se habría dado cuenta de que no solo hay apuntes banales, sino también escritos. Algunos más largos que otros.

La curiosidad lo invade más fuerte esta vez, la leve somnolencia se ha esfumado sin dejar rastro.

Puede sentir el cosquilleo que sube desde su estómago hasta su rostro, un hormigueo que lo obliga a tragar la saliva acumulada en su boca. Mira el cuaderno de nuevo, y ya no hay marcha atrás. Con el pulgar, vuelve a hojear las páginas, ahora más lento, más pausado, con una atención meticulosa, buscando el comienzo de los manuscritos.

Se sorprende al descubrir que los escritos empiezan desde la página seis en adelante, extendiéndose hasta cerca de la mitad del cuaderno. Se pregunta si las primeras hojas, casi vacías, fueron intencionales, una forma de proteger lo que realmente importa.

Yuki, aún tenso, busca paciente y metódicamente la primera página por leer. Respira hondo, como si con ello pudiera ordenar su mente. Pasa la yema de los dedos sobre la tinta apenas seca en algunas líneas, sintiendo la leve rugosidad del papel bajo su piel. La caligrafía no es desordenada, pero hay trazos que parecen haber sido escritos con prisa, dejando huellas más marcadas en la hoja.

Su pulgar se detiene sobre la primera página escrita. Es algo corto, sin fecha ni destinatario. ¿Será este cuaderno algún tipo de diario? Lo duda. Los diarios llevan nombres, un dueño con el que se puedan asociar, como un perro con un collar. También llevan fechas, para poder sumergirse en los recuerdos del ayer, sopesar las acciones pasadas y cuantificar cuánto tiempo ha pasado. Este no lleva nada. Está desnudo, huérfano de propietario, sin un nombre al que asociar.

Por suerte, o tal vez no tanto, ha caído en las manos curiosas de Yuki. Tan curiosas que ahora serán ellas quienes descubran el secreto, y sus ojos quienes lo analicen.

Yuki lee el primer párrafo:

"Es extraño. No puedo conciliar el sueño, entonces escribiré algo aquí. Tampoco creo que sea la mejor idea, aunque realmente no importa."

Una pequeña sonrisa se extiende en las comisuras de sus labios. Parece que el dueño no tenía previsto escribir en este cuaderno. Pero lo que más le causa gracia es lo irónico que resulta todo esto. Él tampoco puede dormir, pero a diferencia del desconocido, él no está escribiendo, sino leyendo. La incomodidad de lo indebido surge como una pequeña ola, pero la ignora. Sigue leyendo el segundo párrafo:

"Hoy el entrenamiento fue normal. Tan normal que a veces llega a ser monótono, pero está bien así. Después del entrenamiento, mis brazos quedaron muertos, tal vez porque no dormí mucho ayer o porque mi cabeza estaba en otra parte. No es novedad. Mi cabeza suele posarse en otra parte además de la cancha. Es molesto... pero no tanto. No, en realidad no lo es. Es tonto."

Yuki frunce el ceño y entrecierra los ojos detrás de los lentes que fragmentan la luz de la lámpara. Sus pestañas se tiñen con el color diáfano de la luz. No entiende muy bien a qué se refiere. ¿Su cabeza se posa en algo? Tal vez esta persona está maquinando demasiado sobre algo que no lo deja concentrarse, lo cual es un punto débil para su entrenamiento. Y luego dice que no es molesto… pero sí tonto. Yuki no es ingenuo, pero parece que ni siquiera esta persona logra entenderse a sí misma. ¿Cómo puede entenderlo él entonces? Niega con la cabeza débilmente, contestando mentalmente al diario, y continúa leyendo la última línea:

"Ah, y perdí una rodillera hoy. No tengo idea de dónde la puse."

La forma tan brusca y casual de cambiar de tema y romper la tensión le saca una risa casi como un jadeo. Esta persona parece ser que está lidiando con algo, pero aún es muy pronto para sacar conclusiones rápidas. Tal vez tenga más información en los siguientes escritos. Sí, seguro que las hay.

Yuki se acomoda mejor en su cama, hundiéndose más profundamente en el colchón ya calentado por su calor corporal. Pasa a la siguiente página, tranquilo y resuelto como si fuera un libro normal de un autor desconocido.

Lo que encuentra ahí es muy similar al anterior, claro que con una nueva información escrita. Pero de nuevo no hay fecha, así que le es, por ahora, imposible saber si fue hace mucho tiempo o no.

"Hoy fallé. Las recepciones no estuvieron tan bien como yo quería. Por supuesto, nadie dijo nada, tal vez ni siquiera lo notaron. Pero yo lo noté, lo noté demasiado. Es un poco frustrante cuando las cosas no salen bien."

Algo se removió dentro de Yuki. Conoce esa sensación. De hecho, como jugadores profesionales, duda mucho que alguien no haya sentido esa frustración consigo mismo. Puede comprender lo que siente y eso lo reconforta un poco y cree que de alguna manera, telepática o abstracta tal vez, que es como si estuviera conversando con el corazón de esta persona. Claro, ha tomado las llaves sin su permiso, pero la forma en como describe su día a día, lo hace sentir como si le estuvieran susurrando en el oído cada palabra, cada oración.

"A veces me encuentro observando a otros jugadores, en especial a aquellos que parecen ser eruditos en su juego. Me pregunto como es que logran esa precisión casi perfecta, casi inalcanzable. ¿Sentirán también lo que yo siento? Probablemente sí, y aún así... es envidiable. Sobre todo tú, no puedo dejar pasar cada jugada extraordinaria que haces, es hipnotizante. Tan fluido, tan natural. Un ave que vuela columpiándose en el aire y aterriza en su nido. Estoy pensando mucho hoy."

Estás pensando mucho. Quiere decir Yuki. Cuando era más joven sentía lo mismo, podría decir que con las mismas palabras. Cuando aún estás floreciendo y en el capullo de tu carrera, sentirás que los demás están a años luz de ti. Pero cuando los alcanzas, no cambia mucho realmente. Los errores siguen cometiéndose y las victorias son tan dulces como agrias son las derrotas. Uno aprende a vivir con ello, no siempre ganas y no siempre pierdes, pero debes seguir adelante. Yuki suspira. Los años lo han hecho conocedor de todo, y ver como alguien más está en el trance en el que él estuvo hace un tiempo, le hace revivir épocas buenas.

No, no ignora la aparición de una segunda persona en la narración. El dueño de estos pensamientos acaba de incluir a alguien más. En sí, es lo que más le llamó la atención. ¿Quién es? Se expresa de forma muy profunda de él. Hipnotizante. Fluido. Natural. No son palabras cualquiera, y no va a negar que su corazón dio un pequeño salto cuando leyó el “tú” tan pronunciado, casi como si lo estuviera mirando por entre las líneas del cuaderno y señalándolo con el dedo. Como si esas palabras fueran dirigidas para él. Pero es absurdo, las estrellas no se alinean tan casual. Vuelve a leer el párrafo una vez más buscando algo que llene más su vacua curiosidad, pero no encuentra nada. En cambio, sonríe de nuevo al leer la última frase: “Un ave que vuela columpiándose en el aire y aterriza en su nido.” ¿Acaso esta persona tiene aires de poeta?

"Pdt: Encontré mi rodillera. Sekita-san lo tenía. Gracias a los cielos."

Esta vez Yuki suelta una risa más fuerte. Es tan divertido. No esperaba para nada encontrarse con algo así. Él es tan fluido y ocurrente, alguien joven por lo que puede deducir. Pero hay muchos jóvenes en el equipo que hace difícil dar con una cara exacta. Pero para Yuki, extrañamente se forma un rostro en su mente. Uno familiar y lindo. Sus ojos marrones claros brillan en la fluorescencia de su mente, su piel clara y pulcra es un lienzo en blanco, dispuesto para pintar sus mejores anhelos y delirios. En el fondo, su voz lo llama por su nombre de pila, jovial y risueña. Entonces piensa que tal vez ya es demasiado tarde y la falta de sueño lo está afectando más de lo que quería.

Pero antes...

Voltea la página una vez más. Será la última, lo promete. Para su suerte, esta nota es pequeña.

"¿Es normal sentirme inquieto? Supongo que sí. Pero estar con él tanto tiempo... mi corazón puede estallar."

Yuki se queda quieto, leyendo una y otra vez la única línea que hay en toda la hoja blanca. Es tan corta y precisa, pero alberga en sus palabras escritas con tinta azul más de lo que Yuki puede analizar. Esto no parece algo ligero. ¿Qué quiere decir con "su corazón puede estallar"? ¿Por qué parece más una confesión romántica que otra cosa? Tal vez lo está sobreanalizando y...

Y no tiene nada que decir. En primer lugar, es él el que está fisgoneando en la vida de alguien que no le dio permiso. En segundo, ¿Qué le da derecho a reprocharlo? Sería un hipócrita cuando él está en el mismo lugar. Porque sí, Yuki Ishikawa no está en un momento estable, no cuando su mismo corazón tambalea como hoja golpeada por gotas de lluvia cada vez que mira a su compañero y amigo de veintitrés años. No cuando cada día parece florecer más intensamente y a borbotones los sentimientos confusos que nacen de él. Ran Takahashi no sabe lo que le provoca y es mejor así.

Con un suspiro largo y exagerado, se quita los lentes y los vuelve a poner en su lugar; al lado del libro que leía al comienzo. Cierra el "diario", que no tiene fecha ni nada, pero tiene lo esencial para convertirlo en uno. La portada azul contrasta con el cielo oscuro de la ciudad. El universo alberga infinitas estrellas tan lejanas, como este libro parece contener enredados sentimientos de una persona lejana.

El sueño se presenta ante Yuki en un bostezo y los ojos pesados. Apaga la luz de la lámpara y se acomoda dentro de su cama.

Rápidamente se queda dormido.

Notes:

Muchas gracias por leer!!! Los capítulos se irán publicando periódicamente, por favor tenme
un poco de paciencia 😔
Perdón por los errores de ortografía, estoy en proceso de aprender. Eso es todo, nos vemos en
próximo capitulo 💕