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Matándome suavemente

Summary:

Pero la realidad es otra. Porque no podés ir por la vida echándole la culpa a los demás de tus problemas si vos mismo no hacés nada para resolverlos.

Lo más claro es que Adrien tiene que ser el que cambie las cosas, pero lo más invisible es que cree que no puede.

Por eso, el principal, el más grande y difícil de los problemas de Adrien Agreste es él mismo.

 

au donde los buenos ganan, pero las consecuencias de haber lidiado con todo eso por años, pasan factura.

Notes:

buenasss

empecé a subir esta historia en mayo del 20 a ffnet, la abandoné por cinco años y hace unos días me acordé de su existencia y la seguí jaja corregí varias cosas, la puse en audio argentino ahre y estoy escribiéndola ahora. tengo hecho hasta el cap 15, no sé cuántos capítulos va a tener, no sé si la voy a terminar pero hasta el 15, al menos, voy a subirla.

me decidí en los últimos 18 segundos que voy a subir de a dos los caps porque me parecen muy cortitos los caps jajaj ni idea cuántos voy a subir jajaa

me quedé atrasada el programa, creo que lo vi hasta las tercera temporada, o lo que sea que haya salido hasta el 2020 jajaj así que, si hay cosas contradictorias con el canon o lo explicaron ahí o es nada que ver, mal ahí, no lo voy a cambiar porque es mucho trabajo e investigación, cosa que no voy a hacer.

no me acuerdo si tengo algo más qué agregar, más comentarios al final(?

síganme en twt donde hablo gilada y a veces subo lo que escribo jaja @jearmimi

disfruten.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Loz dezcompuzizte

Chapter Text

Hay muy pocas cosas sobre las que Adrien Agreste tiene seguridad. A sus diecisiete años, ya tiene claro que muchas cosas no son lo que parecen, siendo él el primer ejemplo de su lista.

Hay muchas cosas sobre él mismo que no sabe a ciencia cierta, y si bien lo perturba, trata de no pensar tanto en eso. No pensar en sus problemas es la mejor solución que tiene hasta el momento y, la verdad, no piensa en cambiarlo.

Pensar en sus problemas es una pérdida de tiempo. Son cosas que no puede resolver, problemas que nacen a partir de las malas decisiones de las personas a su alrededor y que él se termina llevando la peor parte.

No va a mentir, el mayor de sus problemas es su padre. Gabriel Agreste siempre esperó cosas imposibles de él. ¿Qué podía hacer, más que fingir que eran naturales? Ser perfecto, sin errores, sin problemas. Lo había forzado a crear otra personalidad, el chico que saca buenas notas, que llega a las sesiones de fotos a tiempo, que no se queja cuando tiene que modelar ropa que es uno o dos talles más pequeña que él. 

Después, el resto de sus problemas pasan a segundo plano porque el principal, creía Adrien, era ese.

Pero la realidad es otra. Porque no podés ir por la vida echándole la culpa a los demás de tus problemas si vos mismo no hacés nada para resolverlos.

Lo más claro es que Adrien tiene que ser el que cambie las cosas, pero lo más invisible es que cree que no puede.

Por eso, el principal, el más grande y difícil de los problemas de Adrien Agreste es él mismo.

 

Pelear con un akuma, casi tres años después, ya es pan de cada día. 

La aparición de los akumas en París y otros lugares fue algo de un día para el otro. Nadie tenía idea de dónde habían salido, pero raro como suena, se convirtió en una nueva normalidad la dinámica de los estragos, peleas y reparaciones posteriores. 

A pesar de verse tentada muchas veces, Marinette Dupain-Cheng nunca dejó los miraculous con sus amigos, no por desconfiar, sino para dejar tranquilo al Maestro Fu, quien todavía vivía con culpa y temor de fallar otra vez en su misión. Por ende, los únicos héroes regulares eran Ladybug y Chat Noir. Las ayudas estaban bastante presentes, por si se requería.

Una ayuda que aparecía bastante seguido era la de Luka Couffaine. Era como si cada vez que escuchaba la alerta de akuma, corría al lugar, a pesar de no tener miraculous.

Si algo la había sorprendido mucho de él, aún más que sus acciones heroicas, era el hecho de que Luka había sido el primero en descubrir su identidad. Había sido unos meses después de conocerlo, poco después de haber recibido su kwami. Pero eso, además de ser una gran sorpresa, le hizo recordar que no era imposible que alguien más lo descubriera, y le hizo recordar a ella (y a todos) que debían cuidar su identidad.

Al ver lo cautelosa que era, Luka se había disculpado, a pesar de no haber hecho nada malo. Sentía que debía hacerlo, porque estaba feliz de haberlo descubierto. Compartir el secreto de esa forma había creado una nueva dinámica entre ellos; Luka se había convertido en la persona que le insistía a Marinette que le contara sus preocupaciones en ese asunto, que se desahogara. 

Y si bien a ella le había costado abrirse con él con ese tema, en cuanto lo logró, no hubo vuelta atrás. Era bastante común verlos seguido fuera de la escuela paseando y charlando, tanto que, en más de una vez, Juleka le había preguntado si estaban saliendo, pero Marinette aseguraba que no. Entonces, Juleka le decía que está bien, Marinette, me alegro por ustedes, pero ella solo reía incómoda. ¿Cómo se supone que le diga que su hermano era su confidente en asuntos de héroes? Solo decía que él era un muy buen amigo, lo que hacía reír a la otra, como si hubiera un chiste ahí que Marinette no entendiera.

La verdad es que Luka tenía sentimientos por ella y todos lo sabían. Ah, tal vez Adrien no, pero ese es otro tema.

Luka tenía sentimientos por ella y Marinette lo sabía porque él lo había confirmado. No iba a mentir, lo sospechaba desde hacía un tiempo, pero una noche, cuando terminaron una patrulla ellos dos solos y Viperion estuvo a punto de besarla, Ladybug tuvo que preguntar.

―Sí ―respondió él, orgulloso y sonriendo―, me gustás mucho.

―Pero yo amo a Adrien ―respondió en voz baja, como si fuera un secreto.

―Ya sé ―si había algo que le encantaba de Luka, era cómo hablaba de forma franca y sin avergonzarse, y, en ese momento, él la miraba a los ojos, hablando sin reparos―, por eso no te lo dije. Y lo de ahora– disculpame.

―¿Por?

Viperion se giró a mirarla, contrariado por la pregunta, pero al ver su genuina confusión, respondió―, porque casi te beso sin, ah, ¿preguntar?

Y Marinette sonrió avergonzada, porque si bien la situación había sido la detonante, ella había besado a otras personas –Chat Noir–, sin preguntar.

―Confieso que tengo mucha curiosidad de preguntar, pero creo que me lo imagino ―sonrió Luka. Se levantó de su lugar junto a ella y se estiró―. Ya es tarde, deberíamos terminar por hoy.

Los sentimientos de él era un tema intrigante, el porqué se lo había guardado para sí mismo, porqué nunca la había invitado a salir como más que amigos. Agradecía que mantuviera su distancia y respetara lo que sentía por Adrien, pero había una voz muy dentro de su cabeza que le murmuraba, muy tarde en la madrugada, ¿qué hubiera pasado por si se hubiera enamorado de Luka? Y, pues, era una muy buena pregunta.

A sus dieciséis años, Marinette se permitía preguntarle a esa voz también, ¿qué se sentiría tener novio? ¿Qué se sentiría salir con alguien que sí le correspondiera? ¿Qué se sentiría olvidar a Adrien? Se atrevía a preguntar en la seguridad de la noche, pero jamás lo haría a la luz del día, donde sentía que eso podía volverse algo más que un pensamiento.

Querer a Adrien era doloroso, pero olvidarlo lo parecía todavía más.

 

No le gustaba Marinette, estaba enamorado. Está, porque el sentimiento, más que esfumarse, se acrecienta con el tiempo. En un principio, ella no le había llamado la atención, es la amiga de su hermanita, no podría salir con ella. Pero ese detalle no evitaba que notara lo maravillosa que era, creativa, elocuente, desinteresada. Y se convirtió en un crush, algo no nuevo. Otra cosa que había atraído su atención era el parecido que tenía con Ladybug. Era un detalle pequeño, pero le picaba la curiosidad cada vez que la veía. ¿Y si es…? Nah, capaz era fan de ella, por eso había copiado el estilo.

(A Luka no le cabe en la cabeza que nadie se dé cuenta del parecido. Tienen literalmente el mismo peinado.)

La negación había sido fuerte en él al principio, porque si ella era Ladybug… cuando conoció a Marinette, ella tenía catorce, y hacía meses que Ladybug estaba activa.

Entonces, Sass llegó a sus manos, comenzó a ayudar a Ladybug y conocerla más… Mierda, ella tenía catorce, y algunos akumas eran violentos y– si había alguien que había visto el peor escenario posible, era Viperion, así que sabía más que bien por lo que ella pasaba.

Luka sabía hacía rato que Marinette estaba enamorada. A Juleka le gustaba contarle de sus amigas. Antes de conocerla, creyó que lo que la chica sentía por Adrien era algo superficial. El chico nuevo, el supermodelo. No iba a mentir, no le interesaba para nada. Ah, pero cuando la conoció de verdad. Si buscaras en el diccionario el significado de enamorada, saldría una descripción muy fiel a Marinette, porque no solo se notaban sus sentimientos, sino la genuinidad de ellos.

Aunque a Luka le daba un poquito de curiosidad ver cómo se desarrollaría la situación, tenía cosas más importantes que eso. Su banda, los exámenes de ingreso a la universidad, Juleka, los villanos sacados de una película de poco presupuesto atacando la ciudad. 

Su crush en la chica enamorada del modelo era la última de sus preocupaciones, lejos.

Por otro lado, Adrien también le había resultado una persona curiosa cuando lo conoció. Su hermana también le había hablado de él, de que varios lo habían conocido con el prejuicio que acarreaba su profesión: superficial e insorportable– un segundo Chloé Burgeois, pero Adrien había demostrado lo contrario casi de inmediato. Encantador, tímido, simpático.

Su primera impresión fue que era socialmente inepto, todo oculto bajo la fachada de confianza que debía fingir en su trabajo, seguro. Le parecía falso, pero no del tipo malo. El tipo de persona que prefiere no hablar si no está seguro de lo que dirá. También era muy parecido a Chat Noir, pero no era la única persona rubia de la ciudad. Aunque el hecho de que fuera Chat Noir explicaría en parte el hecho de que Adrien pareciera falso. 

Tardó cerca de un año en descubrir que sí lo era, pero aún tenía dudas. 

La forma en que lo descubrió fue cuando Chat Noir apareció detrás suyo sin que se diera cuenta y le habló. Entonces, Luka pensó, qué hace Adrien acá. Eso fue todo lo que necesitó. 

Pero eso mismo trajo nuevas incógnitas, porque, ahora, ambos personajes le parecían falsos hasta cierto punto. ¿Cuál era el verdadero Adrien? 

Tengo que descubrirlo.

Ese pensamiento, esa pequeña oración, le abrió la cabeza a Luka y se la partió al medio, porque sabía qué significa el interés y curiosidad que le daban algunas personas (y por personas, se refería a Marinette).

Por más que no se fijara, ni pensara en esas cosas, parecía que su corazón era más descuidado que su cabeza.

 

No es una persona negadora, en un punto de su vida también se cuestionó si él era el origen de sus propios problemas. Terminó desechando la idea, porque, si bien trató de cambiar las cosas, no lo logró.

El secreto de eso fue que tenía diez años y no, no era su culpa. Seis pasaron y se quedó con esa versión.

La verdad es que nunca pensó en el futuro. En su futuro. Capaz, muy en el interior, siempre pensó que sería Adrien Agreste, el modelo por el resto de su vida.

¿Iría a la universidad? Seguramente, todos en su familia lo habían hecho. ¿Qué estudiaría? Lo que sea que su padre le dijera. ¿Se casaría? Capaz con Chloé, el tipo de matrimonio estratégico que su padre elegiría. 

No se imagina pasando el resto de su vida con Chloé. Sabe que ella tampoco.

A veces se acuerda cuando eran chiquitos y jugaban a eso. ¡Nos vamos a casar porque el tío me va a elegir a mí! decía Chloé cuando él le decía que no quería casarse con ella. Cuando tenían doce años, Chloé sacaba el tema de vez en cuando. Estamos destinados, Adrien, además, nuestros bebés serían preciosos. Y después, le había mostrado un bebé creado con una aplicación. Se veía raro, una mezcla extraña entre las facciones de los dos. Demasiado rubio. Demasiado falso.

Ahora no le parece malo casarse con Chloé. Lo ve como una salida. Sería bastante conveniente en realidad, lo había visto en películas, los dos estarían juntos para la prensa, pero en la privacidad, tendrían a la verdadera persona que aman. Es… algo triste, tener que esconderse así, pero es el desenlace más posible de todo.

Su padre no podría quejarse, le daría todo lo que le pidiera. Capaz, así, le daría un poco más de libertad. No tendría que escaparse como Chat Noir.

En su vida seudo-ideal, no sabe cómo encaja Chat Noir. ¿Seguirá habiendo akumas en el futuro? Por ahora, parecen una molestia constante. ¿Podrá estudiar y casarse si eso sigue estando? ¿Cómo complacerá a su padre? Tal vez, si le dijera, él entendería.

Y, ya que hablamos de cosas imposibles, ¿por qué no hablamos de Ladybug correspondiendo sus sentimientos? Ahí sí estaría en un mundo perfecto.

Si un mundo perfecto es imposible, ¿por qué su padre piensa en que él debería ser un hijo perfecto?

Es injusto.

 

Otra noche más de akuma. Marinette no puede más que agradecerlo, porque, ¿qué otra cosa haría un día de escuela, a la madrugada? Obviamente que dormir no.

Según ve en el escaso destrozo, el akuma apareció hace poco. Lo observa de lejos, escondida, tratando de descubrir cuál es el objeto akumatizado y esperando a Chat Noir, quien demora más de lo usual. Casi nunca tarda en aparecer en los akumas nocturnos, pero he ahí la excepción.

Quien sí aparece, cómo siempre, es Luka. El problema es que va caminando tranquilo, mirando su celular y con audífonos, totalmente absorto. Ladybug no puede más que suspirar y saltar de su escondite para sacarlo del medio, ya que camina directo hacia el akuma.

―Upsi ―murmura él, cuando ella lo deja en la terraza de un edificio. Mira el akuma un segundo y luego sonríe determinado―, ¿necesitás ayuda? Siempre estoy listo para una buena pelea.

Ella lo mira con los ojos entrecerrados, a punto de retarlo. Mira la hora, luego al akuma y se vuelve a Luka.

―Esperá acá.

 

Para el momento en que Chat Noir puede escapar de su pris– casa, Viperion y Ladybug ya están terminando. Viperion lo había distraído, mientras ella le quitaba el objeto, el único mal cálculo que había hecho, que Luka había aceptado solemne de su visión, había sido que él terminaba en el Río Sena. Chat Noir llega en el momento justo en que Luka cae al agua, destransformado. Corre hacia el agua, pero antes de llegar, el otro asoma la cabeza. Le da un vistazo a Ladybug, pero ella ya liberó a la mariposa.

―Buen trabajo, chicos ―dice Chat Noir mientras él y Ladybug se acercan a ayudar a Luka―, no lo hubiera logrado sin… 

Su broma queda a medio terminar cuando sus ojos caen en el chico en el agua. 

Luka está sonriendo apenas, divertido por lo que él decía. Se pasa una mano por el cabello, quitándoselo del rostro y nada hacia la orilla del canal. Se queda un segundo esperando a que alguno, cualquiera, de los dos lo ayude a salir, pero parece que no pasará. Toma impulso y sale del río, el agua corriendo por sus brazos descubiertos y su camiseta de mangas cortas pegándose a su pecho y abdomen. 

―Gracias por ayudarme, che ―bromea y retuerce su remera y su cabello. El silencio es fuerte y cuando los mira, los dos héroes tienen los ojos fijos en la piel descubierta de su estómago―. Che.

Entonces, los aretes de Ladybug suenan, haciéndola saltar a ella y a Chat Noir.

―Creo que deberías irte ―dice Luka, aguantando la risa y Ladybug asiente.

―Ah- sí ―Chat Noir se aclara la garganta―, yo también- los veo… luego.

Antes de que Luka diga algo, los dos ya desaparecieron, dejándolo con las palabras en la boca y mojado. Suspira y se encuentra con la sonrisa apologética de Sass.

―Parece que Mari se olvidó de vos ―sonríe y después lo mira con un poco de duda―, soy yo, ¿o eso fue raro?

―Loz dezcompuzizte ―ríe el otro también, las z fuertemente marcadas.

 

Esa noche, acostados en sus camas, Marinette y Adrien siguen rememorando los movimientos de Luka al salir del río, preguntándose si es posible que algo tan mundano como alguien saliendo del agua pudiera provocarles tantas cosas.

Luka, por otro lado, se va a la cama pensando dónde habrán quedado sus audífonos.

Arriba del techo. Mierda.

 

Pero, para Adrien, el amor es algo único.

Ya había dado vueltas por su cabeza la idea de qué pasaría si le gustaban dos personas, pero había llegado a la conclusión de que era imposible. Él lo hacía imposible, porque el hecho de que le comenzara a gustar Marinette cuando ya sentía algo por Ladybug le parecía irresponsable. ¿Cómo permitió que alguien más entrara en su corazón, si ya estaba ocupado? Era una traición.

Ahora todo se complica. 

¿Quién le dio permiso a Luka de ser tan… tan él? De ser atractivo y agradable. De hacerlo sentir cosas. Es injusto. Y es todavía más injusto que Adrien tenga que pasar por esto otra vez, porque le hace pensar que no aprendió. 

Cuando se dio cuenta de que quería que Marinette fuera más que una amiga, un nudo se formó en su garganta. No por el hecho de que fuera ella, sino porque ya estaba Ladybug- y no, no le daba bola ella, pero eso no significa que él tenga que desistir. Así no son los Agrestes. No puede desistir si no se esforzó y, definitivamente, no hubo un gran esfuerzo de su parte. 

Tampoco es como si quisiera hacerlo, es… complicado. No es su compañera de clase, es su compañera de equipo, de derrotar villanos y patrullar las calles en la noche. Es inapropiado y desubicado. Más de una vez pasó por su cabeza la idea de preguntarle si saldría con él cuando todo termine- porque tiene que terminar algún día, ¿verdad? Tarde o temprano, los malos serían por completo derrotados y nadie perturbaría sus vidas. Podría saber la identidad de ella- o capaz no lo sabría nunca, pero eso también sería bueno, porque podría seguir adelante. 

Lo que siempre lo había detenido había sido la situación, siempre en medio de una pelea o algo.

No. Es mentira.

Lo único que lo detenía era él mismo. El rechazo. La sonrisa llena de disculpa que ella le daría antes de darle una razón o un millón de razones de porque no.

Se miente cuando dice que no tiene razón para esforzarse con Ladybug, o cuando dice que no puede fijarse en Marinette o en Luka. Se miente cuando piensa en que no necesita a nadie a su lado que lo ame.

La verdad es que tiene miedo de que ese amor, el que Ladybug, Marinette, Luka o el que cualquiera pueda darle, no sea suficiente. Que el amor no lo cure y solo lo hunda más en la tristeza que tiene, calándolo por dentro desde quién sabe cuándo.

 

Se debatió bastante cómo hacerlo, cómo decirle a Adrien sus sentimientos. Primero pensó en hacerlo a primera hora de la mañana, pero eso haría el resto del día incómodo si él la rechazaba. Pensó en hacerlo luego de la escuela, pero no le daría tiempo por las actividades de él. Concluyó que el mejor momento sería en el último receso antes de que termine la escuela.

¿Por qué decirle ahora? Porque cuanto más lo piensa, más deshecha la idea. Pero, ¿por qué ahora? 

No entiende cómo funciona el amor. No sabe lo que es salir con alguien, cómo estar con alguien que la ama de la misma forma que ella. Pero está cansada de quedarse esperando a que el amor golpeé a su puerta, de que lo más cercano a un romance sea Chat Noir y ni siquiera poder corresponderlo. 

Tampoco lo hace porque quiera que Adrien la rechace y así tener una excusa para salir con Luka, la única persona que le da bola fuera de la máscara. Lo hace porque es lo que corresponde, porque si quiere salir con Adrien algún día, el primer paso lo tiene que dar ella.

Ya le parece que pasó suficiente tiempo- hace casi tres años que lo conoce. Si no se lo dice ahora, ¿cuándo lo hará?

―Tenemos que hablar ―suelta ella de golpe, convenciéndose de que es lo que quiere, tragando y escondiendo los nervios y el miedo.

―Claro, justo iba a la cafetería. ¿Me acompañás? ―asiente y camina junto a Adrien―. Estaba pensando en comprar un sanguchito de miga, ¿de qué te gustan?

―Uh, de salame ―responde confundida―. ¿Vos?

―Natalie siempre me compra de lechuga, pero mis favoritos de palmitos ―esconde la mueca de asco―. ¡Ah! Natalie hace esa misma cara cuando le pido esos.

Las ocurrencias de Adrien le sacan una risa, inesperada, pero bienvenida. Quedan en silencio. Marinette observa alrededor, esperando a estar en alguna parte menos concurrida del patio.

―Te toca sacar tema de conversación ―comenta Adrien, mirándola de reojo y sonriendo, totalmente absorto a los latidos del corazón de ella, cada vez más nerviosa.

Había pensado y practicado en voz baja lo que diría. Hasta lo había escrito en su mano la noche anterior, pero se borró cuando se duchó en la mañana.

―Salir ―suelta, lo primero que recuerda, para darse un pie a empezar―. ¿Querés?

―Dale, ¿adónde?

―A donde quieras ―responde ella, un poquito alentada por ese pequeño triunfo―. Cuando quieras… vos y yo. Solos. En una cita-

Adrien abre la boca y Marinette cierra la suya de golpe, como si él la hubiera interrumpido.

―¿Cita? ―la sonrisa del otro no se borra, pero el tono de voz y las cejas se ven… ¿decepcionadas? ¿Está decepcionado de los sentimientos de ella?

―Sí ―ya llegó hasta acá, y no va a llegar solo hasta acá―, porque me gustás. 

Adrien abre la boca.

―Mucho ―agrega ella.

Vuelve a abrir la boca.

―Como más que amigos ―vuelve a agregar.

Adrien la mira, preguntándole con la mirada si terminó y Marinette asiente.

―Gracias por decirme, pero-

―Ughh, no, sí, entiendo, gracias, ya me imagino el resto ―interrumpió ella, tapándose el rostro de la vergüenza. Se gira para irse, pero él la detiene.

―Sos una persona maravillosa, Marinette, pero- estoy enamorado de alguien más, y no es justo para vos que pienses en mí en esa forma cuando yo no lo hago ―eso no la hizo sentir para nada mejor―, estoy seguro de que encontrarás a alguien muchísimo mejor que yo.

No quiere a alguien mejor o peor, lo quiere a él.

―Entonces… ―sigue Adrien y ella lo mira―, ¿sigue en pie la salida?

Es ahí cuando nota que la mano de Adrien sigue en su brazo y, por primera vez desde que lo conoce, se siente irritada por eso. 

―No, Adrien ―da un paso, alejándose―, no sigue en pie.

Le acaba de romper el corazón a Marinette, lo sabe, lo siente. No está enamorado de ella, pero el tono frío de sus palabras también le rompen el corazón a Adrien.

 

Quiso volver más temprano, pero con los ensayos de la banda, la universidad y su siesta programada de tres horas, Luka no pudo más que encogerse de hombros cuando quedó envuelto en otro akuma, en el mismo lugar exacto del día anterior. Esta vez, es Chat Noir quien lo salva.

―¿No es algo tarde como para que estés lejos de tu casa? ―cuestiona Chat, cruzado de brazos.

―¿Oh? ¿Cómo sabés que no vivo por acá? ―Luka le había pedido que lo deje en el mismo edificio que Marinette la noche anterior. Por suerte, sus audífonos siguen ahí. Se gira a Chat, quien todavía está balbuceando, tratando de explicar cómo es que él, un superhéroe que no conoce a Luka fuera de la máscara , sabe dónde vive.

―Está bien, no quería decirlo —comienza el héroe con aire triunfal, como si la excusa que va a dar de verdad fuera buena—, pero… soy fan de tu banda.

Luka levanta una ceja y esconde la risa―, ¿por eso sabés dónde vivo?

Chat se encoge de hombros―, soy un fan muy obsesivo.

―¿Sos fan mío? ¿Tenés pósters con mi cara pegados en tu habitación? ―Luka está cerca de él, a pocos centímetros. Es apenas más alto que Chat, y lo aprovecha tanto . Le encantan las reacciones de Chat cuando coquetea con él, cómo finge estar relajado, haciendo de cuenta que sus mejillas no están rojas y que Luka puede verlas a la perfección.

―¿Qué están haciendo? ¿Otra vez acá, Luka? ―Ladybug llega y Luka dio un pasito atrás.

―Ya sabes cómo soy.

Luka gira a ella, sonriendo, pero la misma se borra cuando ve sus ojos hinchados y su cara seria.

El akuma ruge y él aprovecha para acercarse a ella y murmurar―, ¿estás bien?

―Ahora no ―responde cortante.

Chat Noir los mira, curioso con el intercambio, pero decide ignorarlo y saltar a la acción, seguido de Ladybug. Luka quiere transformarse también y ayudar, pero antes de lograrlo, el akuma salta al edificio donde está él. Está acorralado y ninguno de los dos héroes llegan a ayudarlo.

De todas las opciones que se ocurren, solo una tiene la mayor probabilidad de triunfo y la menor probabilidad de muerte .

Luka se pone en posición de pelea, le mete una piña en la cara al akuma y corre hacia el filo del techo.

―Por favor, atrápenme, por favor, atrápenme, por favor… ―murmura antes de saltar del tejado.

Su corazón late con fuerza y, por un segundo, solo siente el viento en la cara y su cuerpo flotar. Luego ve a Chat, yendo a toda velocidad con su palo, directo a batearlo como a una pelota. Se hace bolita, cubriéndose el rostro con los brazos, listo para el impacto que no llega hacia él, sino al akuma, que había saltado detrás suyo. Lo que sí recibe son los brazos de Ladybug, que lo atrapan suavemente, antes de gritarle.

―¡Qué carajo! ―jadea, entre furiosa y asustada, mientras lo lleva de forma nupcial. Luka siente los dedos de ella clavándose en sus costillas con fuerza, expresando el sentimiento que no le falta en la voz.

—¿Tenés la misma fuerza sin la transformación? —pregunta Luka, en un fallido intento de relajarla, pero Ladybug casi lo tira al piso cuando aterrizan en la calle.

—¿Me estás jodiendo? 

―Ey, ey ―murmura él y le pone una mano en la mejilla―, funcionó y estoy bien, ¿sí? Eso es lo que importa.

Ladybug se muerde el labio, tragándose los regaños porque tiene razón. Más o menos. Gira a Chat Noir, viendo que tiene al akuma sometido, y se permite un segundo para abrazar a Luka, sin importarle si él los ve o no.

Luka se separa y vuelve a mirarla.

―Marinette ―dice suave―, ¿qué pasó?

―Luka, por favor, ahora no es un buen momento.

Chat los mira fijo, tratando de excusar el abrazo de los dos, o porqué Luka había puesto su mano sobre la mejilla de Ladybug, y porqué ella se había apoyado en la caricia. Cuando los ve separarse, gira rápido hacia el akuma y le quita el objeto, para después estrellarlo contra el suelo.

―¿Chat? ―gira hacia ella, de repente avergonzado por sus acciones y sus celos―, ¿estás-?

―¡Por supuesto! ―ríe como si nada―, pero, ah, acabo de recordar que tengo cosas pendientes para mañana, así que…

Ella asiente, pero antes de que diga algo más, él ya se fue.

Libera el akuma y está lista para irse a su casa, pero Luka sigue ahí.

―¿Te acompaño a casa? ―pregunta cuando sus aretes anuncian que su transformación está llegando a su fin.

―Es medio tarde para alguien sin miracu… ¡Ey! ¡Nunca devolviste a Sass!

Luka sonríe culpable.

―Es tarde y Sass está en casa. ¿Mañana? ―ella suspira―, ahora, contame qué te dejó así de mal.

Marinette lo mira y sonríe apenas. Tikki se sienta sobre su hombro mientras comienzan a caminar.

―Le dije a Adrien lo que siento ―murmura.

Luka piensa por un momento qué decir. Es evidente que eso no había ido bien.

―Estoy bien. O sea, no bien-bien, sino más bien, bien-mal, porque, en realidad, estoy mal- estoy triste y decepcionada y- —habla veloz y cada palabra tiembla más que la anterior.

Hace una pausa en la que respira profundo. Se pasa una mano por el cabello y lo mira a Luka, sonriendo y con los ojos ardiendo.

—Pero se me va a pasar, ¿no?

A Luka se le parte un poquito el corazón por la forma en que lo dice.

―Obvio que sí —le pasa un brazo sobre los hombros y la sacude un poquito—, nadie muere por un corazón roto. Solo tenés que distraerte, enfocarte en tus diseños, en la escuela, salir, cosas así.

―¿Salir… con alguien?

Luka se imagina que no puede estar insinuándose ahora, pero cuando gira hacia ella y ve en sus ojos que sí, se refiere exactamente a él, solo atina a sonreír, sacudiéndola más.

—¡Obvio! Con Alya, Nino, Juleka… Salir con tus amigos siempre ayuda a despejar tu cabeza.

En otro momento, en otra situación, Luka la hubiera invitado a salir.

Pero salir con alguien con el corazón roto nunca puede terminar bien.

 

¿Había sentido celos? Por supuesto, eso lo tiene claro. Pero, en el fondo de su cabeza, una voz insiste en preguntar, ¿de quién?

No va a responder esa pregunta, porque justo ha encontrado algo más en lo que entretenerse.

Luka camina hacia su casa, lo sabe porque ha hecho ese recorrido más de una vez con él. Le llama la atención que esté tan lejos del lugar del ataque, ¿tal vez tenía otra parada antes de regresar?

Algo que había notado algo tarde, es que él siempre está en los lugares de los akumas. Eso es sospechoso.

―Nos volvemos a encontrar, Luka ―dice, aterrizando delante de él. Luka había girado en un callejón, listo para acortar camino, pero viendo a Chat frente suyo, se da cuenta que no tiene pinta de ser solo para saludar. Se cruza de brazos y se apoya en una pared.

―Ah, mi fan, qué sorpresa. ¿Haciendo patrullas?

―Algo así —Chat no sabe explicarse porque está tan inquieto cerca de él. Quiere pensar que tiene el enojo por los celos dentro suyo, pero sabe que no es exactamente eso―. Hay algo que me da mucha curiosidad, y es porqué siempre estás cerca de los akumas.

―Ah, la curiosidad mató al gato, ¿sabías?

Chat niega―, pudiste haber usado un refrán menos trillado.

―Acá hay gato encerrado ―responde, entrecerrando los ojos y sin perder su sonrisa.

―Tampoco.

―¿No hay que buscarle la quinta pata al gato? ―Chat frunce el ceño y Luka guarda silencio. Cuando se le ocurre otro, sonríe de costado―, cuando el gato está ausente, los ratones se divierten.

―Pero el gato está acá ―da un paso hacia él, golpeando la pared con su mano, al lado de su cabeza.

―Y se hace notar responde, sin amedrentarse en lo más mínimo.

Chat lo mira a los ojos con el ceño fruncido porque está enojado, a pesar de que ahora no puede recordar porqué. Luka mantiene su mirada sin esfuerzo y Chat siente que sus ojos miran más allá de él, más allá de su máscara. Siente que miran a Adrien, pero no el personaje falso que es siempre, sino la persona que es cuando está solo en su habitación o cuando despierta en medio de la noche.

Y eso le gusta mucho.

Se acerca a su boca, tratando de pensar lo menos posible para no arrepentirse. Los labios de Luka son suaves y tienen sabor mentolado y a otra cosa que no puede distinguir porque se separa antes.

―Eso… fue sorpresivo- ¡pará! —Chat se pone completamente rojo; toma su bastón y sale veloz de ahí, huyendo de sus pensamientos―, ¡Chat!

Ignora a Luka, ignora sus pensamientos, ignora cuando el anillo comienza a sonar, hasta que la transformación desaparece de repente.

―¡Por favor, pibe! ¡Me vas a quitar una vida! ―exclama Plagg, tirándose en el suelo junto a la cabeza de Adrien, mientras respira con fuerza.

Adrien no contesta. Su corazón retumba en sus oídos, nulificando cualquier otra cosa.

 

Llega a su casa alrededor de las dos de la mañana. Por suerte su madre está acostada, olvidé mis audífonos en el estudio, había dicho hacía cuatro horas. Siempre ensaya y compone de noche, por lo que los audífonos son indispensables.

Se va directo a la cama, porque entre tantas cosas esa noche, ya está cansado. Su cuerpo exige descanso, pero su cabeza no para de pensar en Adrien y Marinette, en cómo ella había insinuado eso y cómo él lo había besado. Y también piensa en que ella está enamorada de él, pero que él la había rechazado por estar enamorado de su álter ego.

Ya de por sí, la situación es complicada entre ellos y, ahora, él también se siente envuelto en ese quilombo.

Pues, bien. Bosteza y se dice, problema para el Luka del futuro.