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Entre lo mundano y lo sagrado

Summary:

Lisandro y Cristian se conocen en un boliche y tienen un encuentro que resulta en una inesperada sorpresa que, accidentalmente, los ata al otro.

Notes:

VOLVÍ!!!

Aclaraciones: esto es puramente experimental porque nunca escribí nada del omegaverse y si alguien que es purista del género encuentra esto le pido disculpas porque esto no es para nada tradicional, aunque transcurre en ese universo no es una parte demasiado esencial de la historia (más que para explicar a la bendi) y lo digo desde ya para que después no me bardeen 😔

Esto es para entretenimiento del antro porque hay una sequía espantosa a la que espero poder ayudar con este humilde aporte de 8k palabras, así que no lo piensen y solo disfrútenlo

También es la primera entrega de mi primera serie, lo cual me tiene muy emocionada y espero que los motive a leer los próximos trabajos 🙂‍↕️

Y muchas gracias a mi beta reader Agus por bancar este proyecto desde su concepción (no pun intended) 🤍

En fin, les dejo adentrarse en este nuevo delirio místico y espero sus kudos y comentarios porque saben que yo vivo por estos momentos de chusmerío y feedback 🫶

Disfruten!!!

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Lisandro ve a su bebé dormida en su cuna, tapada con una manta color rosa pálido y rodeada por una almohada en forma de estrella y un pingüino de peluche. Su expresión es de completa paz mientras su pechito sube y baja lentamente y la ilumina una veladora colgante en forma de luna.

 

El omega mordisquea su labio inferior ansiosamente, llevando una de sus manos a su cabeza para intentar calmar la migraña que comenzó a formarse desde su nuca. No sabe por qué continuaría con el plan si todo a su alrededor le grita que es mejor dejar las cosas como están: con su hija dormida pacíficamente y sin sentir dolor en su cuerpo por la incertidumbre. 

 

Igual ya había llegado demasiado lejos y no podía echarse para atrás. Bueno, si se le considera “llegar lejos” a marcar un número de teléfono y no presionar el botón de llamada por miedo a lo que va a escuchar en la otra línea. No esperaba una respuesta negativa, necesariamente, pero tampoco podía darle una noticia tan inesperada a otra persona y esperar que le dé una respuesta que llene sus expectativas. 

 

Suspira y se acerca a la cuna con cuidado de no despertar a su hija, que todavía seguía durmiendo completamente ajena a la maraña de pensamientos con la que luchaba Lisandro. Al verla, siente una ola de valentía invadirlo por completo y antes de que pueda pensarlo hace la llamada. Dos tonos después, una tonada que casi ya había olvidado se escucha desde la bocina del celular.

 

— ¿Hola? 

 

*** 

 

18 de enero de 2024 

 

—¡Licha! ¡Por acá! 

 

La voz de Nahuel, su mejor amigo beta que siempre lo arrastraba a sus salidas en contra de su voluntad, se escucha a través del retumbe del bajo y el altavoz de la música en el boliche. El lugar se llamaba Caracol, había abierto hace 3 meses y era supuestamente “el mejor boliche de Capital Federal”, según Rodrigo y Enzo que eran catadores expertos de la vida nocturna de la ciudad. 

 

Si era honesto, a Licha no le gustaba mucho salir de noche, prefería quedarse en su casa con su gato a dormir todas sus horas y no parecer un zombie en el trabajo al día siguiente, pero sus amigos le habían insistido tanto para que festejara su cumpleaños que no tuvo otra opción que dar el brazo a torcer y dejarse agasajar. Al final estaba cumpliendo 26 años, no 80. 

 

—¡Qué bueno que viniste, boludo! —lo saluda con una sonrisa deslumbrante Rodrigo, otro omega que había conocido junto a Nahuel cuando estaban en la facultad. 

—Un milagro que haya salido de la cueva. —agrega con tono burlón Enzo, su amigo alfa que parecía más bien un cachorrito por su personalidad distendida y extrovertida. Misma personalidad que lo llevó a obligar a Licha que lo incluya en su equipo desde que jugaban a la pelota en los recreos de la escuela. 

 

Licha rueda los ojos por los comentarios descanseros, pero saluda a sus amigos dándoles un abrazo corto a cada uno, antes de que Enzo empuje un vaso lleno de líquido no identificado hacia su pecho. 

 

—Hasta el fondo. 

 

Licha frunce el ceño y acerca el vaso a su nariz para olfatear el contenido en busca de alguna pista para saber qué tipo de alcohol le estaban ofreciendo. 

 

—¿Qué es? Acuérdense que mañana yo laburo temprano, no soy un vago sin futuro como ustedes. 

 

El grupito estalla en risas y silbidos, acompañados de leves golpes a la cabeza y los hombros del cumpleañero, que se contagia de las risas rápidamente. 

 

—Dale, pelotudo. —lo anima Nahuel, señalando su vaso con un gesto de la mano. —Es un gin tonic nomás, tranqui. 

 

Lisandro duda de las palabras de su amigo, no por maldad, sino porque ya tiene un historial de ofrecerle tragos y shots aparentemente inofensivos que después termina sintiendo en su esófago por horas después de tomarlos. 

 

Pero bueno, es su cumpleaños. Si ahora no se deja llevar por la valentía de la edad para segundear las malas ideas de sus amigos, ¿cuándo lo haría? 

 

La noche continúa entre más tragos que vienen y van y canciones que rotan entre clásicos y otras que jamás en la vida había escuchado, pero hacían gritar de emoción a sus amigos y ponerlos a bailar animadamente, así que se permitía el disfrute aunque ni siquiera supiera los coros. 

 

El omega hace una nota mental de cortar con el consumo de alcohol una vez que empieza a sentirse un poco mareado porque no quiere lidiar con resaca en la oficina, más que responsable quiere ser práctico. Además, realmente no estaba borracho si se comparaba con Enzo, por ejemplo, que estaba bailando una cumbia con una pobre chica que se veía a dos segundos de vomitar por tantas vueltas que le daba. 

 

Se excusa rápidamente con Nahuel que estaba a su lado hablando animadamente con un grupo de chicos omegas, a juzgar por sus olores dulzones mezclados entre sí, para ir a la barra a traerles botellas de agua a sus amigos antes de que alguno quiebre o haga algo de lo que se arrepienta después. Lo cual pasaría pronto, si se dejaba guiar por sus ojos perdidos y brillantes y sus sonrisas bobas. 

 

Cuando Lisandro le hace el pedido al barman, accidentalmente vuelca un vaso que se encontraba cerca de su brazo y derrama todo el trago sobre la campera de la persona sentada a su lado. Abre los ojos en pánico, rápidamente agarrando una servilleta para intentar secar el desastre que hizo. 

 

—Uh, disculpame, en serio. —explica con la voz atareada. —No ví que tenía el trago tan cerca. 

 

El dueño de la manga mojada se da vuelta y a Licha casi se le corta la respiración. Morocho, pelinegro y carilindo, pero con expresión dura a la vez, justo cómo le gustan. Sus grandes ojos color caramelo recorren sus facciones con curiosidad y el omega siente sus orejas arder cuando reconoce por el olor que es un alfa, sabiendo que seguramente él también lo haya reconocido como omega. 

 

—No te preocupes, igual ni estaba tan rico. —el chico accidentado esboza una sonrisa reluciente y Licha siente su corazón acelerarse. ¿Desde cuándo los dientes podían ser tan atractivos? —Era un fernet muy mal preparado, no recomiendo. 

 

El omega reconoce la tonada cordobesa y le devuelve la sonrisa. Si había algo que le gustaba, eran los acentos. —¿En serio? Yo lo probé y no estaba tan mal. 

 

—Es que vos no sos experto en fernet, yo sí. —bromea, encogiéndose de hombros y guiñándole un ojo con facilidad. Licha agradece estar sentado para no hacer el temblor de sus rodillas tan evidente. —Derecho de nacimiento. 

 

—Claro, mala mía. —responde, dejándose involucrar en el intercambio coqueto que había empezado el alfa. Normalmente Lisandro no se dejaría embelesar tan pronto por alguien que no conoce, pero ya habían pasado 6 meses desde su última relación. Ya era hora de salir a pescar y probar suerte. Y ahora había tenido muchísima suerte. Animado por ese pensamiento, le extiende una mano al extraño.  —Soy Lisandro, pero todos me dicen Licha. 

 

—Qué lindo nombre y apodo, te quedan bien. —el alfa acepta su mano con una sonrisa amplia y la cubre con la suya más grande en un apretón suave. —Yo soy Cristian, pero me podés decir Cuti. Encantado. 

 

Lo que pasa después, solo puede ser explicado por el instinto y el resultado de dejarse llevar por las circunstancias, porque Licha no estaba tan en pedo como para explicar por qué se quedó hablando por lo que sintió como horas con Cuti y cómo terminó aceptando ir a su departamento sin siquiera haberlo besado antes. 

 

Cuando fue a despedirse de sus amigos, todos lo miraron desconcertados por el plan que les comentaba. ¿Licha iría a la casa de un pibe que conoció esa misma noche? ¿Su Licha? ¿Lo habían clonado antes de su cumpleaños y recién ahora se dieron cuenta? 

 

Igualmente estaban felices de que saliera un poco del pozo en el que había entrado después de haber terminado con su ex novio uruguayo, por lo que lo dejaron irse con la condición de que compartiera su ubicación con Nahuel y les avisara cuando regresara a su hogar. 

 

Cristian, por su parte, también fue a la pista a despedirse de dos chicos, uno era un castaño bajito con ojos de venado que le sonrió a Licha ni bien lo distinguió como el que llevaría a casa a su amigo y otro chico más alto de ojos claros y semblante serio. 

 

La casa de Cristian no estaba tan lejos de Caracol, entonces caminaron unas cuantas cuadras bajo las luces del alumbrado y los negocios y envueltos por el barullo característico de Buenos Aires hasta llegar a un edificio de departamentos mucho más vistoso y exclusivo que el de Licha. 

 

Mientras subían el ascensor, se intercambiaban miradas fugaces y sonrisas nerviosas como si fueran dos adolescentes a punto de mandarse alguna, pero contentos de disfrutar de la compañía del otro. 

 

Una vez que entran al departamento, Lisandro decide que ya perdió suficiente tiempo y estampa al alfa contra la puerta cerrada para comenzar a besarlo con hambre y determinación. Cristian ahoga un sonido de sorpresa en su boca y le corresponde empujando su lengua contra la suya mientras lo toma de la cintura con ambas manos. 

 

—¿Te asustaste? —le pregunta Licha, borracho de poder por haberlo agarrado con la guardia baja, una vez que se separan para tomar aire. Sus pechos están alineados y las manos de Cuti lo atraen imposiblemente cerca.

 

—No. —responde Cristian negando con la cabeza y bajando la mirada para poder encontrarse con la del omega que lo mira por debajo de sus pestañas con el labio inferior entre sus dientes. Sube una de sus manos hasta su nuca y lo tira del pelo corto ligeramente para verlo desde un ángulo más abierto. —Me gusta que me traten así. 

 

Lisandro arquea una ceja y antes de que pueda decir algo más, el alfa comienza a comerle la boca otra vez y tironea de su ropa para que se la saque. Por primera vez decide ser obediente y seguir las indicaciones no verbales, aunque también le exige al otro que esté en su mismo estado al deslizar su campera manchada por sobre sus hombros. 

 

Es así como dejan un rastro desordenado de ropa desde la sala hasta el cuarto de Cuti y para cuando se dejan caer sobre la cama, ambos están solamente en ropa interior y respirando pesadamente en la boca del otro. 

 

El omega se siente a sí mismo mojado por todas las atenciones del alfa a su cuerpo, sus manos pesadas recorriendo su espalda, su cintura y sus caderas; sus labios besando su piel caliente, desde su boca hasta su cuello y su pecho. Licha deja salir un sonido lastimero cuando palma la entrepierna del chico y siente su erección en sus dedos. 

 

En ese momento decide dejar atrás al Licha que era hasta antes de esa noche. El Licha que jamás hubiera aceptado ir a la casa de una persona que conoció esa misma noche, pero el Licha de ahora se sentía muy bien dejándose hacer por este extraño que enseguida aprendió cómo y dónde tocarlo para hacerlo suspirar y apretarlo más contra su cuerpo. No quería parar, quería más. Quería sentir cómo lo estrechaba y llenaba hasta que sintiera que algo le faltara siempre que no lo tuviera adentro. 

 

Entonces, deja que pase. 

 

***

 

20 de febrero de 2024

 

—Dios, soy un pelotudo. —dice Licha, sentándose sobre la tapa del inodoro lentamente mientras ve la prueba de embarazo con dos líneas sobre el lavabo. Positivo . Un sollozo ahogado se escapa de sus labios y se cubre la cara con ambas manos. 

 

— Licha. —la voz de Nahuel que sale desde el altavoz del celular intenta inútilmente ofrecer algo de consuelo. Licha deja salir otro sollozo, negando con la cabeza. — A veces son falsos positivos, tenés que hacerte un examen de laboratorio. Además, como omega hombre no es tan fácil quedarse en estado. 

 

Si era honesto, Licha ya se venía sintiendo raro desde hace unas semanas. No podía dormir bien a pesar de sentirse completamente exhausto, le dolía el cuerpo como si se estuviera preparando para una maratón y no podía tolerar casi ninguna comida, a excepción de té de limón y facturas de crema pastelera. 

 

Sabía que algo estaba pasando con su cuerpo, pero no quiso indagar mucho en eso para no desesperarse. Eso fue hasta que ayer se desplomó en su escritorio a las 2 horas de llegar a la oficina y su jefa, una omega menudita que le dió el puesto ni bien lo vió entrar por la puerta en su entrevista de trabajo, le dió el día libre para que descanse y le pidió encarecidamente que use la obra social para consultar con el médico. 

 

Los hospitales le causaban angustia por una razón que ni siquiera él comprendía, así que terminó comprando una prueba de embarazo de la farmacia que está en la esquina de su edificio bajo la mirada crítica de la mujer con ambo blanco que le cobró detrás del mostrador. 

 

Mientras esperaba que las dos rayitas dictaran su sentencia, el omega no tuvo mejor idea que llamar a Nahuel para tener al menos una persona que pudiera ayudarlo si se desmayaba otra vez. También porque su gato, Fosforito, no le brindaba el apoyo moral que necesitaba en esos momentos. 

 

—Es que me van a decir lo mismo. —responde Licha, fijando su mirada en los azulejos del baño, su mente yendo a mil por hora. —No me puede estar pasando esto. 

 

— Pero el último con el que estuviste fue el cordobés, ¿no? 

 

Licha traga saliva forzosamente y sube sus manos a su pelo para estirarlo con frustración, no sabía qué más hacer consigo mismo. 

 

—Sí, pero ni siquiera volví a verlo de nuevo. 

 

—¿Y se cuidaron? 

 

El omega se recuerda a sí mismo aferrándose a los hombros de Cristian y pidiéndole por favor que lo anude, mareado por el calor de sus cuerpos juntos, los sonidos húmedos y el miembro dentro de él haciéndolo retorcerse de lo bien que lo estaba haciendo sentir. Recuerda también que Cuti negó con la cabeza, sus ojos oscuros fijos en los suyos y su labio inferior atrapado entre sus dientes. Se separó lentamente para no lastimarlo, se puso un condón y resumió el choque de sus caderas contra Lisandro. 

 

—Sí, sí. —responde Licha con la voz temblorosa, poniéndose de pie para recorrer su pequeño baño frenéticamente bajo la atenta mirada de Fosforito. —Sí nos cuidamos. 

 

—Entonces te estás haciendo la cabeza por nada, quedate tranquilo. 

 

Licha exhala, acercándose a su gato para acariciar su cabecita y tomar asiento sobre el piso frío en un intento de regular sus nervios que por poco no lo hicieron explotar hace unos minutos. 

 

Unas semanas después ya no estaba sentado en su baño, sino en el consultorio de un médico claramente sorprendido que le explicaba con la voz más calmada posible que estaba encinta, pero que si quería interrumpirlo podía recomendarlo a otro profesional que conocía personalmente y daba fe que estaría en buenas manos. 

 

Lisandro tuvo que hacer ejercicios de respiración para no desmayarse por quinta vez consecutiva en el mes. 



***

 

—¿Hola? 

 

Vuelve a repetir la voz del otro lado de la línea y Licha carraspea antes de hablar, rogando que no salga su voz nerviosa.

 

—Hola, ¿Cristian? Soy Lisandro, no sé si te acordás de mí. Nos conocimos a principios de año. 

 

Conocimos es una palabra curiosa para usar en este contexto. La realidad era que cada vez que recordaba detalles de esa noche, no podía evitar sonrojarse. Obviando el resultado que había tenido ese encuentro, claro. 

 

El otro lado de la línea se queda en silencio por unos segundos en los que escucha un poco de estática y cosas moverse, hasta que Cuti vuelve a hablar con una risa suave. 

 

—Licha, claro que me acuerdo de vos. Hasta te envié mensajes, creo. —la pausa hace recordar al omega sobre los mensajes que dejó abiertos y leídos hace unos meses atrás porque no tenía cabeza para responderlos. Siente toda su cara ardiendo de repente.  —¿Todo bien?



—Eh, sí… sí. Todo bien. —titubea en respuesta, todavía un poco sacudido por tener que ignorar la primera parte del discurso que tenía preparado en caso de que Cuti no se acordara de él o fingiera no hacerlo. —¿Y vos? ¿Cómo estás? 

 

—Tranqui, no me puedo quejar realmente.

 

Pasan unos segundos más en los que ninguno de los dos dice nada porque Lisandro se rompe la cabeza intentando descifrar cómo invitar a este perfecto extraño a su casa para darle la noticia de que ahora es padre. Dios, nunca tener problemas normales, ¿no?

 

—Cristian. —empieza el omega con cautela, rompiendo la pausa casi incómoda. —¿Cuándo podemos vernos? 

 

—Y… y yo tengo guardia los fines de semana, pero los otros días estoy libre desde las 4 de la tarde. —explica Cuti sonando un poco desconcertado por la petición y Licha frunce el ceño ante la respuesta. 

 

—¿Guardia? —inquiere curiosamente, antes de poder salvarse a sí mismo de quedar como un chusma. 

 

—Sí, soy pediatra. Trabajo en el Hospital de La Costa y también doy consultas gratis en un centro de medicina familiar en Gran Buenos Aires.  

 

Lisandro estaba a punto de entrar en pánico al escuchar que Cristian aparentemente era pediatra y que pudo habérselo cruzado en el hospital con su hija sin querer, pero después de escuchar que no atendía en el mismo centro asistencial al que iba pudo respirar más tranquilo. 

 

—¿En serio? —enarca ambas cejas, sintiendo genuino asombro. Y sí, si esa noche hubieras hecho preguntas en vez de metértelo a tu boca y en otras partes seguro sabrías más datos básicos de él. —Debe ser una profesión muy linda. 

 

—Me encanta. —confirma Cuti con una sonrisa que Licha nota incluso sin verlo. —Me encanta poder ayudar a los nenes para que disfruten la parte más linda de la vida. Cuando les decía a mis profesores que quería especializarme en pediatría me miraban re extrañados, pero siempre tuve mucha paciencia y vocación. 

 

El corazón de Licha se le estruja solo un poco cuando escucha la explicación y dirige su mirada a su bebé dormida en su cuna con la luna colándose por las cortinas y su móvil de cuna haciendo una sombra de figuras estrellas sobre su carita. Antes de que pueda pensarlo dos veces, vuelve a hablar. 

 

—¿Entonces te queda bien el lunes? —pregunta en un arrebato de estupidez, mordiéndose su labio como reprimenda cuando se escucha a sí mismo. ¿Hace falta sonar tan desesperado? 

 

—Creo que sí. —responde Cuti después de unos segundos, Licha ruega que no haya escuchado su tono ligeramente angustiado a través de la bocina. —¿Me mandás la ubi por mensaje? 

 

Licha sacude la cabeza cuando siente todo el peso de la situación volverse una realidad. En serio está pasando esto. ¿Por qué no se detuvo hace 5 minutos? ¿Por qué Cuti tuvo que hablarle sobre lo mucho que amaba a los nenes sin saber que tiene a una bebé a su nombre que mientras más pasan los días, más se parece a él? Nada tiene sentido, pero no deja de sentirse un poco correcto. 

 

—Claro, te la paso en un rato. 

 

—Listo, Licha. —accede el alfa sin tanta necesidad de convencimiento cómo lo había anticipado. —Nos vemos el lunes, entonces. 

 

—Nos vemos. 

 

***

 

—¿Pero vos sos pelotudo, flaco? 

 

La voz de Nahuel suena como un gruñido frustrado en sus oídos, Giovanni también está en el mismo cuarto con la bebé acurrucada en su pecho mientras la arrulla suavemente. Al escuchar el tono de su novio, frunce el ceño y le envía una mirada desaprobatoria desde su lugar cerca de la cuna. 

 

—Nahu, cuidado que recién puse a dormir a la nena. 

 

—Uh, perdón, amor. —se disculpa rápidamente el beta, parpadeando varias veces con una expresión de arrepentimiento en su rostro. Licha ahoga una risa detrás del dorso de su mano al ver cómo las reglas tradicionales no se aplican a ciertas parejas, como por ejemplo la de sus amigos, que a pesar de que Giovanni es el omega, es quien tiene la correa bien puesta en su cuello y la tira y afloja a su gusto y conveniencia. 

 

—Boludo, es que tiene que saber que tiene una hija, ¿o no? —se excusa Licha después de unos segundos más de descansadas entre su mejor amigo y su novio. —¿A vos no te gustaría que te contaran si fueras papá? 

 

—Obvio, pero si fuera de un encuentro de una noche medio que no quisiera saber. —responde lentamente Nahuel, aunque cuando llega a la última palabra abre sus ojos ampliamente y se dirige a Giovanni con la cola entre las patas, metafóricamente. —Perdón otra vez, amor, pero sabés a lo que me refiero. 

 

Giovanni suspira exasperado y se inclina en la cuna para depositar suavemente a la bebé en sus mantas color verde pastel. Cuando se incorpora de nuevo, pone ambas manos a cada lado de su cadera como si fuera una mamá a punto de darle un sermón a su hijo peor portado. 

 

—Licha, no lo escuches a este salame insensible. Claro que tu hija tiene derecho a saber quién es su papá. Y voy a ignorar ese comentario horrendo por tu propio bien, Nahuel. 

 

El nombrado agacha la cabeza como un perro al que acaban de retar por destrozar las cortinas y Lisandro une sus labios en una línea para no reírse, aunque en el fondo sabe que el otro omega tiene razón. 

 

—¿Pero si no se lo toma bien? No lo ví durante todo este tiempo, puede haberse encontrado otro omega y formado familia. No tengo ni idea. 

 

—Ni ahí, ya hubiéramos sabido. —añade Nahuel con un encogimiento de hombros casual. —Enzo sale con un amigo suyo… ¿Julián? ¿Puede ser? 

 

—Jodeme. —suspira el rubio con sorpresa y confusión mezcladas en su voz. —Vos me habías dicho que habían cogido nomás. 

 

—Bueno, claramente escaló. 

 

—Esperen. —Licha interrumpe el ida y vuelta entre la pareja con ambas manos levantadas y la cabeza ladeada como si acabara de escuchar que los chanchos vuelan. —¿Enzo anda con uno de los amigos de Cristian? ¿Por qué nadie me contó? 

 

—Porque andabas muy ocupado con el milagro de la vida, hermano. —le bromea el beta con una sonrisa canchera que enseguida se le borra cuando su novio le acierta en la cara con un almohadón con forma de mariposa y procede a explicarse con un tono más serio. —Es que no queríamos preocuparte, ya tenías un montón de cosas encima en estos meses que pasaron. 

 

Licha exhala pesadamente, renunciando a la idea de pelearles a sus amigos por haberles ocultado algo tan importante porque no cree que lo hayan hecho con mala intención y además, realmente en estos meses estuvo muy enfocado en procesar todas sus emociones de una manera sana que no lo afecte a él ni a su bebé, así que no podía culparlos mucho por querer cuidarlo. De hecho, lo ponía un poco sentimental sentir que sus amigos son tan considerados con él. Antes de que pueda evitarlo, lágrimas comienzan a rodar por sus mejillas y siente los brazos de Giovanni envolverlo rápidamente, lo cual hace que se ponga a llorar más. 

 

—Todo va a estar bien, Lisi. Por lo que sabemos Cristian sigue soltero y disponible y según Enzo es un tipazo. 

 

—Igual a Enzo le cae bien todo el mundo, vos fijate. —agrega con un poco cauteloso Nahuel, que también se había acercado para ofrecerle su apoyo a Licha. 

 

—Basta, gil. ¿A todo le tenés que sacar la diversión? 

 

—Esta situación es todo menos divertida, Gio. 

 

—Eso no lo va a saber hasta que lo haga. —el otro omega le da un apretón suave en los hombros para llamar su atención. —¿Cuándo pensás hacerlo? 

 

—Mañana. —contesta Licha mientras se seca los ojos húmedos con la manga de su buzo. —Lo quiero hacer cuanto antes para no arrugar. 

 

—¿Tenés su número? 

 

—Creo que sí. —Lisandro se encoge de hombros y busca su celular en los bolsillos de su jogging gris. —Si mal no recuerdo se agendó a sí mismo antes de irse a la mañana siguiente después de que estuvimos juntos. 

 

—Ay, sos tan trola retirada. —bromea Nahuel con un tono divertido, apretando una de las mejillas del omega entre sus dedos antes de que Giovanni se estire desde su lugar para darle un empujón en el pecho con una de sus manos. 

 

—Nahuel, la nena está acá también. 

 

—Pero está durmiendo y no entiende nada todavía, además solamente digo la verdad. 

 

Licha se queja en voz alta y se cubre los ojos con sus manos, después niega con la cabeza y ríe en voz baja por las ocurrencias de sus amigos. Mañana será el gran día, por ahora todavía puede fingir demencia y actuar como si el cielo no se le fuera a caer en la cabeza en cualquier momento. 

 

***  

 

El lunes llega antes de lo esperado y cuando se da cuenta, Licha está dando vueltas por su departamento con el corazón acelerado y las palmas de las manos sudadas por los nervios. Tal vez no lo pensó tan bien y debió haberse echado para atrás cuando tuvo la oportunidad, pero ahora era muy tarde. 

 

Agradece al universo aún no tener que ir al trabajo por el permiso que le dieron cuando nació la bebé porque se quedó en casa todo el día ordenando y limpiando compulsivamente mientras veía las manecillas del reloj acercarse lentamente a la hora pautada para el encuentro. Por suerte también la nena se había portado de maravilla, aunque normalmente era muy tranquila, lo cual le llamaba mucho la atención a Lisandro porque según las historias de sus propios padres él era todo menos calmado cuando era un bebé. 

 

Es más, cuando regresó a quedarse unos días en Gualeguay después de que haya nacido la nena, su mamá la tomó entre sus brazos y cuando se quedó dormida después de mecerla por 10 segundos contados, levantó la mirada para fruncirle el ceño curiosamente a su hijo y preguntarle, medio en broma y medio en serio, si de verdad era su hija o si se había secuestrado a una bebé aleatoria del hospital. Licha rodó los ojos y se cruzó de brazos, un poco ofendido por el chiste, más todavía al recordar las caras de sus amigos cuando conocieron a su hija y todos intercambiaron miradas preocupadas (y tentadas) entre ellos cuando se dieron cuenta de que no se parecía casi nada a su progenitor. 

 

Licha no quiso pensarlo tanto en el momento, pero cuando sostuvo a la nena por primera vez y vió sus ojos caramelo devolverle la mirada, supo que esa criatura era toda Cristian. No solo físicamente, con su pelito negro y su pielecita tostada, sino también por su manera de ser. Licha era un poco más neurótico e inestable, la mayoría de las veces, pero su nena era siempre apacible y suave, y notó todavía más esas similitudes cuando habló con Cuti y lo escuchó explicar su profesión con toda la parsimonia del mundo. Tal vez tenía que ser así para atender nenes, pero fue una grata y graciosa sorpresa igualmente. 

 

Ahora la bebé estaba descansando en su cuna con su peluche de pingüino haciendo guardia a su lado. La expresión pacífica en su carita durmiente derretía el pecho del omega, dejándose llevar por sus instintos menos racionales y queriéndola resguardar celosamente del mundo que la rodea para que nadie nunca jamás pueda hacerle daño. Sabía que no podía, pero nada ni nadie iba a detenerlo de al menos intentarlo. 

 

El sonido del timbre interrumpió sus pensamientos y sintió las palmas de sus manos sudorosas al registrar que probablemente se trataba de Cuti. Miró el reloj en la pared y eran las 6 de la tarde puntualmente. ¿Hasta eso iba a hacer bien? 

 

Licha se sacudió a sí mismo para sacarse de encima el zumbido molesto de la ansiedad retumbando en sus huesos y se dirigió al intercomunicador para darle acceso a Cristian. Dió un par de vueltas más alrededor del cuarto de la nena y después de varias respiraciones profundas, se armó de valor para ir a abrir la puerta. Se convenció a sí mismo de que lo peor que podía pasar es que Cristian no quiera saber nada de ellos y estaba en paz con esa opción, después de todo había pasado todos estos meses sin él y sobrevivieron, así que no ve por qué ahora sería demasiado indispensable. Lo mejor que podía pasar sería que le diga que quiere criar a la nena con él, ¿pero en serio sería lo mejor? No lo conocía en lo absoluto, ¿y si no le copaba la idea de ser papá todavía? ¿Y si le tenía rencor por haberle guardado el secreto tanto tiempo y de repente tirarle la bomba en el regazo un lunes cualquiera? ¿Y si no se llevan bien como padres y por su culpa su hija crece con traumas? 

 

Antes de que su cerebro lo hiciera volverse completamente loco, inhaló por la nariz y se puso más recto antes de abrir la puerta con una sonrisa que se obligó a sí mismo a poner en su rostro para no evidenciarse frente al alfa. 

 

—Cristian, hola. —saluda casualmente, como si no sintiera su corazón en la garganta y el estómago lleno de nudos. —Pasá, por favor. 

 

Cuti le correspondió la sonrisa y el saludo y entró a su departamento con cierta timidez, después de todo la única otra vez que estuvieron juntos en el mismo cuarto fue en la casa de él. No conocía el espacio de Licha en lo absoluto y Licha se dió cuenta de eso apenas lo vio en el medio de su sala, viéndose un poco fuera de lugar con su ropa deportiva y una bolsita color madera en sus manos. 

 

—Traje café y facturas. —explica rápidamente el cordobés cuando siente la mirada de Lisandro en sus manos. —Es que no quería venir con las manos vacías, me sentiría muy maleducado. 

 

El tono honesto hizo reír suavemente al omega, ¿quién pensaba en algo así después de que una persona con la que te viste una sola vez en tu vida te invita a su casa? 

 

—Gracias. —sonríe Licha, haciéndole un gesto a Cuti con la mano para que tomara asiento en el sofá y tomando la bolsa entre sus manos para apoyarla sobre la mesa ratona. —La verdad que no tuve tiempo de merendar así que me viene joya.  

 

Cuti asiente mientras saca la comida y le acerca un vaso humeante a Licha que se sienta a su lado. Un poco le puede al más bajo la manera en la que se dirigen al otro con cierto retraimiento en sus movimientos, como si no se hubieran visto desnudos ya. 

 

—Yo tampoco tuve tiempo de merendar. —agrega Cuti antes de darle un sorbo a su café con leche y acercarle una medialuna a Licha, quien acepta la masita con una sonrisa. 

 

—¿Son muy pesadas tus guardias? 

 

—Sí y no. —contesta el alfa, encogiéndose de hombros y escaneando sus ojos disimuladamente por el departamento. Licha agradece ser tan precavido y haber guardado todos los artículos de bebé antes de que llegara su visita. —Son muchas horas, pero no es algo que odie hacer. 

 

—Cierto, me contaste que te gusta mucho tu trabajo. —agrega el gualeyo con una sonrisa chiquita, dándole un sorbo a su café con leche. 

 

—Obvio hay días malos y odio tener que darles malas noticias a los papás. —comenta Cuti con una mueca fija en su rostro, Licha puede sentir que genuinamente es algo que le causa conflicto. —Pero es parte del oficio, aunque no me guste. 

 

—Uh, yo no me imagino como médico en general. Es un laburo enorme y no creo tener madera para eso. 

 

—Dale, tampoco para tanto. —ríe suavemente el cordobés, sus ojos arrugándose en las esquinas y sus dientes haciendo una aparición estelar. —¿Vos a qué te dedicás? 

 

—Soy abogado, trabajo en un estudio jurídico. 

 

—Ah, ¿pero yo soy el que tiene un laburo pesado? —ríe nuevamente Cuti, haciendo montoncito con las manos y contagiándole su risa a Licha. —Los dos tenemos que darles malas noticias a la gente a veces. 

 

—Bueno, yo soy abogado de derecho laboral nomás. 

 

—O sea que contribuís a la estadística de desempleados. 

 

—Me matás. —admite Licha con una sonrisa un tanto avergonzada y los cachetes colorados, ¿quién lo viera al cordobés tan descansero? —Igual creo que las noticias que das vos son peores que quedarse sin laburo. 

 

—Un poco. —murmura el cordobés, dándole otra mordida a su medialuna que había dejado olvidada para hablar con Licha. 

 

Hablaron unos minutos más hasta que Licha miró el reloj de su muñeca y se dió cuenta de que no quedaba nada para que su hija se despertara de la siesta, así que tenían que apurar el trámite y sacarse la curita de un tirón. Cuti no parecía un mal tipo, es más, era gracioso y amable, para nada cumplía con los roles estereotípicos de un alfa de ser posesivo e instintivo por sobre lógico y racional. Tenía una mirada cálida, no se enojó con Licha por haberle ignorado sus mensajes hace meses y le caían bien los nenes. ¿Qué podría salir mal? 

 

Cuando Cristian lo acompañó en la cocina para lavar las tazas por él (hasta eso se había ofrecido a hacer), Licha se decidió a ser valiente y tomar dos respiraciones hondas antes de hablarle a la espalda de Cuti mientras depositaba sus cubiertos en el lavabo. 

 

—Cristian. —lo llama en un hilo de voz, que rápidamente intenta disipar carraspeando. —No te invité a casa para merendar nomás. 

 

El alfa se da vuelta cuando escucha la oración completa, sus pómulos sonrojados y una de sus manos todavía mojadas por el agua del grifo. Licha entiende que tal vez no fue tan claro a lo que se refería, entonces se apura a aclarar su punto. 

 

—No es lo que estás pensando. —explica, tomando un paso más cerca del otro chico que ahora lo mira con el ceño fruncido. —Capaz quieras sentarte para escuchar esto. 

 

—Licha. —murmura el alfa, su olor cambiando ligeramente y siendo captado por Licha. No lo siente enojado, pero sí un poco preocupado y ansioso. —Pensé que el que daba malas noticias era yo. 

 

El chiste en medio de la tensión que se asentó en el ambiente hace resoplar a Licha y sacudir la cabeza, antes de estirar una de las sillas que rodean la mesita que funge como comedor e invitar al otro que se siente con un gesto de la cabeza. 

 

—No es nada grave, bueno, no sé. —empieza, tomando asiento en la silla frente a Cuti para sostenerle el contacto visual. —Pero, ¿recordás nuestro… encuentro? ¿A principios de año? 

 

Cuti nuevamente vuelve a sonrojarse y al omega se le derrite el corazón un poco al notar que se había pescado al alfa más tímido del mundo, aparentemente. 

 

—Sí, sí. Claro. —responde con la voz un tono más baja, estudiándolo con sus ojos para intentar adivinar lo próximo que saldrá de su boca. Pobrecito, no tiene ni idea. 

 

—Bueno… —suspira pesadamente Licha, abriendo y cerrando su boca un par de veces para averiguar cómo darle las noticias. Se preguntó por un segundo cómo hacía Cuti cuando tenía que dar noticias complicadas. —Yo sé que nos cuidamos y que los omegas varones no tienen un nivel alto de fertilidad, pero igual me quedé… —se pausa a sí mismo para hacer un gesto vago en dirección a su estómago que espera que sea suficiente para Cristian. Cuando ve sus ojos hacerse imposiblemente más grandes y su mandíbula caer en asombro, supo que entendió. 

 

Antes de que el alfa pudiera darle una respuesta, Licha se tropieza con sus palabras para seguir explicando. 

 

—Solamente te lo cuento porque merecés saberlo. Tomé la decisión de tener a la bebé sin consultarte porque soy un egoísta de mierda y estaba pasando por mil cosas y te pido perdón por eso, pero es que no quería cargarte con una responsabilidad que capaz no pediste. Así que no te sientas obligado a algo, nada más te lo digo porque no es justo ocultártelo y… 

 

—¿La puedo conocer? 

 

La pregunta musitada casi sin aire y con Cuti mirándolo con ojos temerosos y esperanzados a la vez, descoloca completamente a Licha y hace frenar su palabrería de golpe. Le sorprende un poco que entre su explicación caótica haya captado que dijo la bebé y se refiera a ella en femenino con toda la seguridad. Realmente le estaba prestando atención a pesar de que seguramente su cabeza tenía 1000 pensamientos distintos a la vez.

 

—Si querés, sí. —contesta simplemente el omega, parpadeando lentamente para procesar todo el panorama. El papá de su hija en su cocina pidiendo conocerla, las tazas que había lavado secándose en su mesada, el brillo de sus ojos que no disminuyó desde que lo vió entrar por su puerta. Es demasiado, pero se decide a ignorar el temblor en su propio cuerpo cuando Cuti asiente con firmeza. 

 

Licha inhaló temblorosamente antes de emprender camino al cuarto de su bebé que con su amiga Muri y su mamá habían pintado de amarillo unos meses antes de que naciera, porque le habían insistido que el rosado era muy “anticuado”. También tenía juguetes que servían de decoración, peluches, una mesada de madera en color verde pastel y distintos dibujos y ramos de flores obsequiados por sus amigos después de su nacimiento. Solamente habían pasado 2 meses y las flores seguían intactas, también los cuadros en su pared con postales de Gualeguay y la primera foto que le sacó cuando regresaron a casa después del hospital, impresa y conservada en un marco floral y una figura de resina de un Snoopy con una pelota de fútbol a su lado, regalo de su abuelo. 

 

Todo en ese cuarto era entrañable para Lisandro porque era su hija, su corazón fuera de su cuerpo, la única persona por la que daría la vida en 2 segundos sin dudarlo. Y ese amor era lo que lo había impulsado a buscar a Cuti para decirle la verdad, ella se lo merecía. A Licha poco y nada le importaban los cuchicheos y las miradas cuestionadoras que recibía cada vez que salía con ella y la gente lo veía solo con su bebé, los murmullos de que era un pobre omega sin pareja que tendría una vida infeliz por tener que criar a su hija sin un alfa no le quitaban el sueño. Desde que se lo tuvo que contar a su familia, amigos y conocidos cuando empezó a notarse y los que realmente importaban no le hicieron ningún comentario prejuicioso ni de lástima, supo que estaría bien. Estarían bien. 

 

Ahora mismo tenía que ser fuerte por ambos y afrontar las consecuencias de su acto porque ya era una persona adulta y, por más que lo odie, parte de la adultez es bancarte las decisiones que tomás. Así que no duda mucho en inclinarse sobre la cuna y despertarla como siempre lo hace, pasando la yema del dedo delicadamente desde su frentecita hasta la punta de la nariz para “quitarle el sueño”, como solía hacer su propia mamá con él cuando era chico. 

 

La beba abre los ojos lentamente y lo desequilibra por completo el hecho de que es la viva imagen de Cuti. Mismos labios, misma nariz, mismo color de ojos. Ahora que había pasado una hora entera viendo sus manierismos, gestos y su cara sumamente expresiva, no podía dejar de verlo en su hija. 

 

—Hola, bebé. —la saluda con apenas un susurro, sonriendo cuando escucha los ruiditos alegres de la nena porque le encantaba escuchar su voz, algo sobre las vibraciones enviándole señales de calma o alguna otra teoría falopa de Gio que ahora no sonaba tan alejada de la realidad. 

 

El omega la toma entre sus brazos, como ya lo había hecho miles de veces y tenía ya casi implementado en piloto automático, y se da vuelta para enfrentar a Cuti que se encuentra parado en medio del cuarto amarillo con sus ojos llorosos y el labio inferior tembloroso. Licha se enorgullecía de sí mismo por no ser de ese tipo de omegas llorones e híper sensibles, pero verlo a Cristian en ese estado le estrujó el pecho desde el fondo. 

 

Toma unos pasos para acercarse y le entrega la bebé vestida en un mono color celeste con detalles en rosado que mira al alfa curiosamente con sus ojitos caramelo, en el mismo tono que los suyos. Licha piensa en indicarle a Cuti cómo sostenerla correctamente, pero después se rescata de que seguramente carga a 200 criaturas por día y debe tenerlo tan automatizado como él. 

 

Lisandro no despega su mirada de Cuti y de la nena, que se miran mutuamente como si estuvieran conversando por telepatía. Seguramente la bebé percibe su olor diferente al de Licha y por un segundo se preocupa de que eso vaya a alterarla, pero pronto esas dudas se disipan cuando el alfa le dedica una sonrisa con ojitos arrugados y acerca una de sus enormes manos a las diminutas de su hija. 

 

—Hola, princesa. —murmura con el tono de voz más afectuoso y cálido que Licha escuchó en su vida. Toda su expresión enternecida por la bebé que está sosteniendo con delicadeza, como si fuera a despertarse de un sueño en cualquier momento. —Soy Cuti, ¿vos cómo te llamás?

 

El omega tiene que morderse el labio para que sus ojos no se llenen de lágrimas cuando la nena agarra con toda su manito uno de los dedos de Cristian y esboza una sonrisa que no le había dedicado ni siquiera a Licha antes. Dios, ahora ni siquiera puede culpar estas reacciones a las hormonas. 

 

—Se llama Lucía. —contesta Licha con la voz un poco inestable por sus emociones, interrumpiendo el momento padre e hija y captando la atención de ambos. —Pero si querés sugerir otro nombre está bien, no la registré todavía porque quería hablar con vos primero. 

 

El alfa enarca ambas cejas y vuelve a mirar a su hija con una expresión exagerada de sorpresa que le arranca otra sonrisita a la bebé en sus brazos. 

 

—¿Cómo no te registraron todavía? ¿A una princesa pueden tratarla así? No me parece, che. 

 

El tono que usa para hablarle es el mismo que usaría cualquiera cuando está tomado por la ternura de una criatura chiquita e indefensa que te despierta esos sentimientos delicados y a Licha otra vez se le comprime algo en su interior de ver cómo este hombre con el que no tuvo contacto por meses trata a su bebé. 

 

—Es hermosa. —agrega Cuti después de unos segundos más de alternar sonrisas con Lucía y recorrer su carita con sus ojos. —La más hermosa del mundo. 

 

—Como vos. —contesta Licha con los cachetes un poco entumecidos por la sonrisa que se había fijado en su cara sin darse cuenta y los ojos cristalizados, hasta que se rescata de cómo sonó eso y agita su cabeza rápidamente ante la mirada divertida del alfa. —O sea, que se parece mucho a vos. Tiene tu cara. 

 

—Ni ahí, para mí es toda de vos. Tienen la misma sonrisa dulce y los ojitos miel. 

 

Lisandro suspira al escuchar a Cuti, ignorando el calor que se agolpaba en sus mejillas y se acerca nuevamente para delinear la carita de su bebé con la punta de su dedo, como siempre hacía cuando quería arrullarla y calmarla. 

 

—Es un angelito, posta. No lo digo solo porque sea mi hija, pero casi no llora, duerme toda la noche y nunca hace quilombo. 

 

—Mirá vos. —susurra el alfa, acomodando a la bebé en sus brazos para recorrer su pelito fino con sus dedos suavemente. —Te portás bien con mami, entonces. 

 

—Dale, boludo. —lo reprime Licha con una risa y pegándole suavemente en el hombro, sin enojo real detrás. Sus orejas a ese punto están ardiendo por ser referido de esa manera por Cuti.  

 

El alfa se contagia de su risa, aunque intenta no moverse tanto para no agitar a Lucía, que igualmente está a punto de quedarse dormida otra vez a juzgar por sus pestañeos lentos y cómo se acurruca lentamente más cerca del pecho de su papá. 

 

—¿Cuánto tiene? ¿Dos meses? ¿Le hicieron todas las pruebas de reflejos? ¿Cuándo es su chequeo mensual? 

 

—Tranqui, doc. Todo está en orden. —dice el omega con un guiño que pretende ser descansero, pero termina pareciendo más un tic nervioso después de todas las sensaciones de las últimas dos horas. —Yo también me porto bien y soy muy responsable. 

 

—Perdón. —Cuti se muerde el labio avergonzadamente y niega con la cabeza, volviendo a fijar su atención en Lucía. —No me puedo sacar el chip de pediatra, es más fuerte que yo. Además ella es mi hija. 

 

Licha inhala cortamente al escuchar lo último y mira con detenimiento al alfa mientras se dirige de vuelta a la cuna y acomoda a la bebé con sumo cuidado, no sin antes depositar un beso liviano en su cabecita. 

 

Cuando están de vuelta en la sala de estar preparándose para despedirse del otro, el omega vuelva a hablar. 

 

—Cuti, no es joda. No quiero que te sientas obligado a nada porque no es tu responsabilidad si no la pediste, en serio. Sos muy buen pibe, pero te prometo que si decidís no ser parte de esto no me voy a enojar. Fue mi decisión y me la banco, pero vos no tenés por qué hacerlo si no querés. 

 

El alfa frena sus movimientos y arruga la cejas como si hubiera escuchado la oración más disparatada de su vida. Licha traga saliva forzosamente y frota sus manos en un gesto nervioso al sentir el peso de su mirada. 

 

—Licha, claro que quiero ser parte de la vida de Lucía. —aclara en un tono honesto y abierto, como si le estuviera ofreciendo todo lo que tiene a Lisandro con temor a que lo rechace, pero sin echarse para atrás tampoco. —Si me aceptás, claro. 

 

Lisandro saca todo el aire que no sabía que estaba conteniendo y lucha contra el impulso de tirarse al suelo a llorar, en parte del alivio, porque fue tanto tiempo de no saber exactamente qué iba a hacer con su vida y cómo iba a afrontar esta situación tan transformativa solo. No sentía que su biología fue la que lo obligó a buscar a Cuti, de verdad quería saber de él y contarle sobre la bebé, aún cuando no sabía cómo se lo iba a tomar. 

 

Ahora sabe que no tenía nada que temer y que todas esas dudas que le carcomieron la cabeza no hubieran existido si dejaba de lado su propia insolidaridad y contestaba esos mensajes que Cuti le había enviado hace meses. Igual, todo pasa por algo. Quizá si le respondía no estarían acá hoy, sintiendo el olor de su hija mezclado con el del chico y su pecho llenándose de una sensación cálida y abrumadora. No tiene caso ya lamentarse por lo que no pasó, solamente quedaba concentrarse en el presente. 

 

—¿Estás seguro? Porque mirá que no hay devoluciones ni vuelta atrás. 

 

El comentario le saca una risa suave a Cristian, que se encoge de hombros y mira a Licha con una luz diferente a la que tenía al llegar. 

 

—Nunca podría ni querría devolverla. —pausa, entrecerrando los ojos divertidamente. —Ni a vos, porque algo me dice que no se venden por separado.

 

El omega siente sus cachetes tibios por las palabras de Cristian, pero niega rápidamente con la cabeza para intentar disimular un poco su exaltación. 

 

—Es cierto, yo voy a donde ella vaya. Por siempre. —confiesa, con toda seriedad porque era completamente real. —Así que me vas a tener que bancar a mí también, no solo al angelito que tuviste en los brazos hace unos minutos. 

 

—No estás nada mal, la verdad. —murmura el alfa, acercándose a Licha hasta que están de frente e inclina un poco la cabeza hacia abajo por la diferencia de altura. —Creo que sí me la voy a bancar. 

 

Licha resiste el impulso de suspirar porque no sabe de dónde viene, tal vez solamente está cansado y todo el torbellino de emociones de las últimas horas le está pasando factura. O sentir la presencia de un alfa con quien tuvo intimidad al punto de resultar en una criatura en el mismo cuarto que él le está afectando en los instintos más básicos. Pero no era un animal, era una persona, y estaban hablando de un tema muy importante para él, así que mantuvo la compostura y le extendió una mano a Cuti para cerrar el trato. 

 

—Bueno, entonces así quedamos. 

 

Cuti frunce el caño al ver su mano, pero termina estrechándola con la suya y reprimiendo una sonrisa mordiéndose el labio inferior. 

 

—¿Siempre sos tan formal? ¿Lo traés automático por ser abogado? 

 

—¿Y vos traés automática la ansiedad por ser doctor? 

 

—¿Siempre sos tan rápido?  

 

—Todavía estás a tiempo de arrepentirte, eh. 

 

—Jamás. —contesta el alfa. Su expresión cálida y cómo sigue sacudiendo la mano de Licha para alagar el chiste, contrastando con la firmeza de su voz. 

 

Licha asiente porque elige creer esa promesa que le ofrece estabilidad después de meses de incertidumbre y rompe el contacto entre sus manos, dejándolo con una sensación hormigueante en su piel por la tibieza de la mano de Cuti. Con razón Lucía se relajó tan rápido con él, era como una estufita este pibe.

 

Cuando el omega le abre la puerta del departamento para despedirlo, Cuti se vuelve a dar vuelta para mirarlo una última vez. Parecía nunca cansarse de posar sus ojos en Licha y este tampoco presentaba quejas de ser percibido por él. 

 

—Muchas gracias por esto, Licha. Sé que no fue fácil para vos, pero significa mucho para mí que hayas elegido ser valiente y sincero a pesar de eso. —admite el alfa con una sonrisa chiquita, tomando un paso hacia Licha para rodearlo con sus grandes brazos y pegarlo contra su cuerpo en el abrazo más envolvente que le habían dado al omega.  

 

—¿No estás enojado? ¿Posta? —cuestiona Licha con su tono de voz amortiguado por la tela de la remera de Cuti, mientras le corresponde el abrazo sintiendo su espalda musculosa debajo de sus manos. 

 

—No, es más, te admiro por haber hecho eso. —responde Cuti, todavía sin soltarlo del abrazo. El omega se siente como si lo hubieran anclado a tierra de repente, solo con un toque tan simple como un abrazo. —Ya está, ya pasó. Ahora tenés a uno más en tu equipo. 

 

Licha no puede evitar sorber por la nariz y parpadear rápidamente cuando siente sus ojos humedecerse. El alfa se siente tan fuerte contra su cuerpo, pero sus palabras llenas de dulzura dejan ver que detrás de ese exterior duro y tosco, solo hay un chico que solamente quiere ayudarlo y estar ahí para él. 

 

—Muchas gracias a vos. —murmura en respuesta después de unos minutos de no separarse y sentir como Cuti lo mecía ligeramente de lado a lado como solía hacerlo con Lucía. La comparación para nada lo hace poner su corazón más blando. 

 

Finalmente rompen el contacto luego de escuchar cómo las puertas de su elevador se abren y pasan al lado de ellos las vecinas betas de Licha que siempre suelen saludarlo a él y a Lucía cuando salen a pasear por el parque. Las miradas sobre Cuti y la cara llorosa de Licha son un poco dudosas, pero por suerte al pasar no hacen ningún comentario y ambas chicas lo saludan brevemente levantando la mano. 

 

—Dios, disculpá que ande tan llorón. Tener hijos realmente te aplaca. 

 

—Yo antes de saber de Lucía ya era un llorón, así que no tenés que disculparte conmigo. —confiesa Cuti con una risa en voz baja, secándose las lágrimas que habían caído por sus mejillas con el dorso de la mano. 

 

—Dos llorones criando a una nena que solamente llora una vez al día para comer, ¿a vos te parece? 

 

—Al final solamente se parece a nosotros desde afuera, ¿no? 

 

El omega ríe por el chiste porque era una observación muy acertada y se despide de Cuti prometiendo que ya no volvería a ignorar sus mensajes nunca más. 

 

Cristian se despide por segunda vez de él cuando llega al final del pasillo y sube al ascensor, su sonrisa mostrando todos los dientes haciendo acto de presencia y un gesto adorable de su mano es lo que ve Licha antes de que las puertas de metal vuelvan a cerrarse. 

 

Cuando se mete otra vez a su departamento y regresa al cuarto de su hija, ya no siente un vacío en el pecho cuando la ve dormida y vulnerable. Su peor miedo ya pasó y demostró ser falso, por lo que cualquier otro que pudiera surgir en el futuro no podía igualarse. 

 

Lisandro Martínez al fin había hecho una cosa bien. Solo tenía que mantener esa buena racha, por primera vez en su vida. 

 

Su primer reto era la planeación de una crianza compartida con una persona que hasta ese entonces había visto tres veces en su vida y una de ellas fue para tener sexo, ¿qué podría salir mal?

Notes:

Hagan sus apuestas de si esto termina mal o no 🤞

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