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Language:
Español
Stats:
Published:
2025-02-04
Completed:
2026-07-05
Words:
68,982
Chapters:
16/16
Comments:
16
Kudos:
65
Bookmarks:
3
Hits:
1,091

Montaña Rusa.

Summary:

Lionel un apasionado del futbol pero frustrado que sigue su sueño de ser periodista deportivo, conoce a Pablo, un tímido jugador de inferiores con el que conectará en mas de un sentido.

Chapter Text

Yo no buscaba nada y te vi.

 

El colectivo frenó y se abrió la puerta, el menudo muchacho que esperaba para bajar suspiró como si estuviera por lanzarse dentro de la boca de los leones:" Chau pibe, cuídate, hace goles y dedicamelos" Pablo dio vuelta la cabeza, aunque entre el gorro y la bufanda solo asomaban sus ojos color miel el colectivero pudo adivinar en los ojos del cordobés una sonrisa: " dale José, nos vemos" lo saludó con la mano antes de bajar.

 

Cuando descendió se chocó de lleno con el frío húmedo porteño, se envolvió a sí mismo para darse calor, pero en el fondo el tierno jovencito de casi 16 años lo único que quería era un abrazo de su mamá, por un momento se le llenaron los ojos de lágrimas, pero sacudió la cabeza: " No seas maricon" se dijo y tragó el nudo y siguió caminando decidido, vio una silueta en la esquina, primero sintió un vacío en el estómago, y después se tranquilizó a reconocer un gorro de lana de River, mientras más se acercaba se encontraba con unos flecos medio rubios que se escapaban del gorro y unos ojos celeste amistosos

 

- Che, me hiciste madrugar, estoy mas dormido que despierto- le dijo Placente envolviéndolo en un abrazo, Pablo sintió otra vez un calor humano que le hacía sentir bien y olvidar por un ratito que ya extrañaba su casa.

 

-Perdón Diego, por mi iba solo a la pensión- le dijo el cordobés sintiéndose terriblemente culpable:

 

- No te preocupes nano, fue el hincha de Ramon que me mando a buscarte, además no estamos tan lejos- lo abrazo por los hombros: - ¿Vamos así seguimos durmiendo? – comenzaron a caminar por la calle húmeda de la ciudad camino al estadio Monumental, donde estaba la pensión, el mas bajo se frenó en seco y casi hace que los dos se caigan: - ¿Qué pasó Pablin? - le preguntó Placente notando que su amigo al parecer había recordado algo.

 

- Tengo que avisarle a mi vieja que llegué, dijo Pablo: - pero no sé dónde hay un locutorio abierto a esta hora- agregó mirando su reloj, Diego miraba al rededor buscando uno o alguna idea que se le viniera a la cabeza:

 

- La llamas desde la pensión- era quizás lo más lógico, pero el cordobés negó con la cabeza:

 

- Mi vieja dijo que apenas llegue la llame- le gustaba seguir todas las indicaciones al pie de la letra, el rubio de ojos claros que lo acompañaba levantó los hombros con resignación:

 

- Creo que hay uno acá a dos cuadras- le señaló hacia la derecha: - hace poco abrió, y abre las 24hs porque también es quiosquito, si queres de paso compramos alfajores- lo tentó.

 

Cuando entraron al locutorio encontraron a un joven dormido sobre el mostrador, con el pelo cortado al ras, totalmente rendido, una remera gris clara, con una mano sosteniendo a duras penas su cabeza dormida, la boca semiabierta, y el ceño fruncido, "¿que estaría soñando?" Se preguntó Pablo, Placente lo codeó, se miraron y se hicieron señas, no sabían si despertarlo o no:

 

- ey, vos despertate- Diego le aplaudió en frente de la cara y el pobre joven dio un salto que casi cae de su silla:

 

-Sos un boludo, ¿cómo lo vas a despertar así? - le recriminó el riocuartence a su amigo que se reía a carcajadas, Lionel todavía no entendía ni como se llamaba, Pablo lo miró con sus ojos color miel, y a Lionel le parecieron los de un niño tierno: - perdónalo, es un pelotudo- se disculpó: - ¿Tenés alguna cabina habilitada? - Lionel asintió y se fijó en la computadora:

 

- Sí, la 5- hizo una pausa y miró a Diego: - sí, definitivamente tu amigo es un pelotudo- le lanzó al rubio una mirada asesina que hizo que este borrara su sonrisa divertida. Mientras el cordobés estuvo hablando por teléfono Diego caminaba por el quiosco bajo la mirada atenta y enojada del joven a quien le había cortado el sueño, el rubio se sentía intimidado y ninguno de los dos habló y el tiempo parecía eterno.

 

Cuando Pablo salió de la cabina colocándose otra vez el gorro y la bufanda, antes de que se tapara casi por completo la cara, Lionel notó que había estado llorando, lo miró un momento y el joven cordobés desvío la vista agarrando 3 alfajores "Blanco y Negro" y los dejo sobre el mostrador:

 

- ¿Cuánto es? - le pregunto casi sin mirarlo.

 

- Son 50 centavos cada alfajor y 25 centavos la llamada, $1,75- dijo Lionel haciendo la cuenta, el cordobés dejó la plata frente a él y lo miró:

 

- El alfajor es para vos, unas disculpas por haberte despertado- le guiñó el ojo, antes de que el pujatense pudiera decir algo, los dos amigos habían cruzado la puerta del local, entonces sonrió y se lo guardó en el bolsillo

 

- Que pibe más raro- dijo en voz alta para él y volvió a sonreír.

 

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Lionel era por sobre todas las cosas un busca vidas y un emprendedor nato, dado que cuando jugaba al baby fútbol le descubrieron ese problema hereditario en las rodillas que lo imposibilitó de seguir su sueño de ser jugador. Buscó siempre estar en contacto de una manera u otra al deporte que más amaba como ser el aguatero del equipo de su ciudad desde los diez hasta los quince, hasta hacer artículos para el diario del colegio sobre los torneos locales juveniles. En ese momento descubrió que, si se dedicaba al periodismo deportivo, estaría muy cerca de las canchas, cosa que amaba con locura y de paso despuntaba su reciente amor por escribir crónicas deportivas. Así fue como con el permiso de sus padres y todas sus materias del secundario aprobadas, metió en su mochila todas sus ilusiones y sus sueños, junto con su espíritu de busca vidas y se instaló en bs as. Pero pronto encontró que la gran ciudad no era lo que él pensaba y sentía que apenas llegó esta lo engullo por completo, se sentía solo entre medio de tanta gente, un extraño que no lograba adaptarse a la vorágine diaria de ese lugar.

 

Pero si había algo que le sobraba a Lionel era la fuerza, el empuje y tratar siempre de salir adelante, tenia un sueño, y no se iba a dejar derrotar, quería cumplirlo aunque significara un sacrificio trabajar en el turno nocturno y dormir pocas horas, tenia una visión que siempre se le aparecía en la cabeza cuando sentía que se quería volver, trataba de verse a él mismo con traje, junto al pasto de la cancha relatando un partido de futbol, era como un poster de lo que aspiraba, su meta, su horizonte, y hacia allí iba.

 

Por su lado, Pablo era un chico tímido y retraído, había empezado a jugar al futbol porque su familia era del fútbol, su padre había sido jugador, pero el cordobés nunca sintió la presión de seguir los mandatos familiares, si jugaba al fútbol era porque lo divertía. Nunca se cruzó en su cabeza la idea de ser un jugador profesional, y el ir a probarse en River a los catorce, fue más desde un punto de vista turístico, que el de quedar seleccionado para las inferiores, pero paso que cuando lo vieron jugar todos se maravillaron con él y lo convocaron. Pablo tuvo tiempo de pensarlo casi un año, y aunque era tímido y retraído, siempre hubo en él una chispa de curiosidad, así que con el visto bueno de sus padres aceptó ir a la pensión del Monumental que sería su hogar.

 

Jamás pensó que extrañaría tanto su casa y su familia, pero algo más grande que él hacia que soportara las noches de llanto para levantarse al otro día para ir a entrenar, quizás era que lo divertía mucho jugar y ese tiempo de entrenamiento solo pensaba en jugar. Fue también convocado para jugar en las juveniles de la selección, ponerse la camiseta de Argentina para él había sido siempre un sueño y ahora lo estaba cumpliendo.

 

Tenía un sentido de la lealtad enorme, siempre correcto y aplicado, muy maduro para su edad, con cierta obsesión por la limpieza, el orden y hacer todo lo más correcto posible, temeroso de infringir las reglas, jamás causó algún problema en la pensión o en la AFA. Respetuoso, estudioso, y buen lector, pero siempre humilde, Pablo tenía una sensibilidad para la empatía que no tenían otros.

 

Al fin el turno nocturno había terminado, Lionel lo detestaba, era aburrido, peligroso y monótono, pero no había encontrado otra cosa y ante la necesidad, no iba a rechazar un trabajo. Cuando llegó su jefe, Mario un tipo de unos 40 y largos, canoso, con bigotes anchos y cara de pocos amigos, solo se limitó a decirle al chico de Pujato: "buen día pibe" el joven con el bolso cruzado solo contesto con un "buen día” cansado.

 

Mario miró la recaudación de la noche, la contó, mientras Lionel esperaba ansioso su pago del día. Su jefe le dio $150 pesos, que para el joven solo significaba el gasto diario, entre colectivos a la facultad, alimento y pagar la pensión estudiantil donde vivía: “es lo que hay nene”

 

Lionel salió cuando estaba amaneciendo, su panza era un concierto hambriento, y estaba triste, se sentía defraudado de sí mismo, esperaba otra cosa cuando llegó a la gran ciudad, quizás un mejor empleo, en blanco o mejor pago, pero tenía un jefe que todo el tiempo le decía: "agradece que te doy laburo nene, no creo que encuentres algo mejor" aunque muy adentro de si el pujatense sabía que él estaba para algo mejor, si tan solo pudiera quejarse sabiendo que si lo echaban tenía otra cosa mejor, pero no, era eso o nada. Lo único que lo animaba en ese momento era saber que dormiría en la pensión y a la tarde iría a cursar, la facultad era para él un escape.

 

Se acomodó la campera, caminó con la cabeza gacha y al poner las manos en el bolsillo de su pantalón encontró el alfajor que le había regalado Pablo , no era mucho, pero con el hambre que tenía al darle el primer bocado sintió que tocaba el cielo con las manos, cerró los ojos y se le vino a la cabeza la imagen del cordobés con la mirada triste y evasiva tratando de ocultar que había llorado al hablar por teléfono y se preguntó el porqué, quizás nunca lo sabría por qué no se lo volvería a cruzar. Se paró en la parada de colectivos, esperando aquel que lo llevaría a lo que llamaba ahora hogar, una habitación de dos por dos. Miró hacia el costado izquierdo y ahí lo vio, era el chico del alfajor, con un bolso de la afa cruzado, las manos en los bolsillos, bufanda y gorro, casi como aquella madrugada, lo reconoció por su nariz colorada del frío y los ojos llorosos por el viento. El cordobés lo vio también, se miraron un momento y se saludaron a la distancia, el pujatense había quedado helado viendo el bolso de la AFA, ¿y si era jugador de fútbol?, no se animaba a preguntar, pero ya del solo pensarlo el corazón le saltaba de alegría: " un amigo futbolista, estaría buenísimo" pensó y sus ojos se llenaron de entusiasmo.

 

Cuando llegó el colectivo los dos se acercaron para subir y se chocaron en la puerta:

 

- Subí vos- le dijo Pablo, Lionel agradeció y dio un paso al frente, mientras avanzaba por el pasillo buscando un asiento escuchó:

 

- ¿Qué haces Pablito? ¿Vamos a entrenar? - le dijo el colectivero, Lionel se dio vuelta, escuchó la palabra "entrenar" y su emoción lo colmó:

 

- Si Héctor, cansado, pero vamos- le contestó el joven con los ojos achinaditos por la sonrisa.

 

Pablo avanzó por el pasillo hasta encontrar dos asientos libres del lado derecho, lo miro a Lionel que se había quedado parado:

 

- ¿Nos sentamos? - le preguntó, el pujatense asintió y se sentaron juntos, luego de un momento de silencio el más alto se animó a hablar:

 

- Gracias por el alfajor- Pablo solo movió la cabeza, y volvió la vista a la ventanilla, a la calle, no habló en todo el camino, evidentemente no era un chico muy conversador, Lionel al ver que su compañero de asiento no estaba interesado en interactuar, tomó su walkman, colocó un cassette de Fito Paez y se puso a escucharlo, todo bajo la atenta y disimulada mirada del cordobés.

 

"Todo lo que diga está de más
Las luces siempre encienden en el alma
Y cuando me pierdo en la ciudad
Vos ya sabes comprender
Es solo un rato, no más
Tendría que llorar o salir a matar
Te vi, te vi, te vi
Yo no buscaba nadie y te vi"

 

Sonaba en el walkman de Lionel mientras este de a momentos veía a su compañero de asiento que estaba en silencio, mirando la ventanilla como buscando algo que sabía que no iba a encontrar.

 

Lo que no sabían los dos era que ambos estaban lejos de casa y extrañaban, se sentían solos y tristes. Tenían más cosas en común de las que alguno de los dos podría imaginarse. El pujatense observaba al tímido Pablo, ahora sabía su nombre y le gustaba, y no podía creer que tenía junto a él un jugador de fútbol de inferiores de la selección, su alma de periodista quería preguntarle un montón de cosas, y su amor por el fútbol quería acompañarlo al entrenamiento, pero el más alto pudo percibir que el chico del alfajor era bastante distante y tímido. Ahora sabía que seguramente se volverían a encontrar y dentro suyo nacía el deseo de que se hicieran amigos.

 

Pablo por su lado estaba nervioso, le costaba entrar en confianza y además siempre sintió que no tenía nada interesante para decir, si hubiera sabido que para el chico que tenía sentado junto a él ya era casi como una estrella, seguramente se hubiese puesto bordó de la vergüenza. Pensó que quizás había conocido a alguien por fuera de lo que él habituaba a frecuentar. Recordó cuando lo vio dormido en el mostrador, y cuando volvió la cabeza para mirarlo y comentarle eso, se encontró un Lionel totalmente rendido en los brazos de Morfeo, sonrió apenas, algo de la imagen le dio ternura y pensó: " pobre pibe, no debe dormir nada” bajó su vista al bolso del pujatense y vio pines de bandas de rock, y de equipos de fútbol, lo que veía ya le gustaba, seguramente podrían hablar de música.

 

Lo que los dos no sabían que cuando menos lo imaginaban habían encontrado a alguien que les cambiaría la vida por completo.