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Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Language:
Español
Collections:
Navidad Jacegan
Stats:
Published:
2025-02-04
Words:
777
Chapters:
1/1
Kudos:
9
Hits:
127

Almohadas

Summary:

Solo una fiesta navideña, ¿No?

Work Text:

—Almohadas.
»Navidad Jacegan 2024.
»Fiesta de Navidad.

Westerosi Enterprises hacía las mejores Fiestas de Navidad, claro que lo hacían. Traían a un representante de cara una de sus sedes a lo largo del continente a hospedarse en uno de los mejores hoteles, The Red Keep, con todos los gastos pagados.

Jacaerys estaba caminando de un lado a otro con una copa de vino en la mano, diligentemente observando a quienes caminaban por el establecimiento, sonriendo un poco en satisfacción. Todo estaba yendo perfecto.

Mucho mejor cuando sintió un abrazo por la espalda y una revoltosa barba apoyarse en su hombro, sacándole una sonrisa en el momento que el vaso de whisky dió contra su estómago al mismo tiempo que un beso golpeó su mejilla.

—Lo mejor de esta fiesta es que no tengo que gastar mi dinero para venir a verte —eso hizo reír al castaño, su novio por fin lo soltó y tuvo tiempo para detallarlo.

Logró peinarse un poco el rebelde cabello rubio y liso, y a pesar del traje color caqui con camisa negra (que lo hacía ver exquisito, a pensamiento de Jace), no perdía la costumbre de usar la diadema con lobos huargos y gorritos de navidad.

Se habían conocido a principios de año en una jornada de supervisión de la empresa, cuando Jacaerys acompañó a su madre en una gira por las principales sucursales y Cregan estaba sirviendo de asistente del director de la sede de Invernalia. Tras tres meses del Norteño coqueteando abiertamente y enviándole regalos, el obstinado Jace le aceptó una cita. Más temprano que tarde cayó preso del olor a roble y los ojos grises.

Ahora mantenían una relación a distancia bastante fructífera con pautas muy marcadas (cómo por ejemplo, que Jacaerys no podía montarse en el jet privado de la familia y viajar al norte por un berrinche, porque ya lo había hecho) pero sobre todo, demasiada ternura.

Durante toda la celebración, Cregan estuvo tras él como un guardaespaldas y cuando lo veía muy estresado no perdía el tiempo en robarle besos tras los grandes arboles de navidad.

—Espérame un segundo —Jace le dijo, soltando su mano—. Mi abuelo me está llamando, vuelvo enseguida.

Con eso se retiró. Y Cregan lo esperó por largos minutos hablando con el resto de invitados con su típico estoicismo. Uno, dos, tres vasos de whisky y su bonito novio no llegaba.

Y le había fastidiado hablar de cuentas, aunque amaba su trabajo, era 25 de diciembre, quería solo mirar los labios gruesos de Jace contándole lo bien que le fue en sus pasarelas.

Así que se despidió políticamente y se fue a su habitación de hotel, allí esperaría. Clara fue su sorpresa cuando al entrar, se encontró con el ovillo de cabello rizado desparramado en las almohadas.

— ¿Bebé? —Cregan arrugó el rostro, sentándose en la cama— ¿Estás bien?

—Mis tíos me llamaron bastardo muerde almohadas —el rubio frunció el ceño, quitándole la sabana del rostro para verlo con los ojos vidriosos y el distintivo puchero que derretía polos en segundos.

—Ay, cosita. Se te corrió el maquillaje —la mano rústica le secó los pómulos antes de acostarse junto a él y atraerlo en un abrazo cálido, refregando su nariz embriagándose del olor a perfume de coco que Jace usaba en su cabello—. No llores en navidad o Santa no va a traerte la Dyson que pediste —bromeó sacándose una risita.

El rostro del chico de ojos color hazel fue llenado de besos tiernos que hicieron a Jace reírse y le encendieron las mejillas de un rosa furioso que hizo a Cregan querer besarlo mucho más. Cuando sus labios se encontraron, Jace frunció el ceño: —Sabes a whisky.

—No puedo creer que no te guste el whiskey. Eres un señorito tan refinado y prefieres beber sangría barata en vez de un buen añejo.

—Oh, Dios, cállate —con eso le devolvió el beso tratando de ignorar el sabor a madero de cedro, enredando sus dedos en las hebras castañas.

En cuestión de segundos el traje vinotinto de alta costura que estaba usando Jace y el traje rentado de Cregan estaban en el suelo, y la habitación de hotel estaba siendo llenada por los gemidos dulces del castaño, cuya pequeña cintura estaba siendo sostenida por las manos de Cregan mientras su boca hacía y deshacía a su merced con su cuerpo.

Tal vez sí era un bastardo muerde almohadas después de todo, pero en este momento cuando la mano de Cregan estaba enredada entre sus rizos halándolos ligeramente hacia atrás mientras su cuerpo era exquisitamente adorado, eso no le importaba tanto.

Esperaba que, de ahora en adelante, todas sus navidades recibiera... Digo, las recibiera así.