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Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationships:
Characters:
Language:
Español
Series:
Part 11 of Romance a lo Puella✯Magic
Stats:
Published:
2025-02-06
Words:
1,413
Chapters:
1/1
Kudos:
8
Hits:
162

El resfriado || Kyoko x Sayaka

Summary:

—Será mejor que no te quedes mucho tiempo abrazada a mí, Sayaka —dijo la pelirroja, con voz cansada, pero divertida, correspondiendo el abrazo—. No vaya a ser que te contagie mi resfriado.

♡ Sakura Kyoko x Miki Sayaka ♡

☆ One Shot ☆

Disclaimer: Puella Magic☆Madoka Mágica no me pertenece, es propiedad de Gen Orobuchi.

Advertencias:
*Universo Alterno
*Personalidades algo Ooc
*Contenido Adulto
*Algunas partes pueden carecer de sentido ;v

Work Text:

            Haciendo acopio de toda la fuerza de voluntad que tenía disponible, Kyoko se levantó de su cama, adolorida, con fiebre, amén de malestar general, y se fue directo a la salida que daba al pasillo de ese complejo de apartamentos. Unos golpes, insistentes, sacudían su puerta como si quisieran despegarla de sus bisagras. Sin ánimos de alzar la voz, ni discutir con nadie, la pelirroja abrió, con toda la paciencia del mundo, la puerta, encontrándose con la responsable de todo ese escándalo: Miki Sayaka.

Al ver que su novia tenía el aspecto demacrado de quien está pasando por un fuerte resfriado, Sayaka se acercó y la abrazó.

—Será mejor que no te quedes mucho tiempo abrazada a mí, Sayaka —dijo la pelirroja, con voz cansada, pero divertida, correspondiendo el abrazo—. No vaya a ser que te contagie mi resfriado.

—Oh, cierra la boca, Kyoko —le respondió Sayaka, usando el mismo tono—. Tengo todo el derecho del mundo de abrazar a mi novia, y no creo que un resfriado sea suficiente para impedírmelo.

—Eres una tonta.

—No más que tú.

Y entonces rieron, o, al menos, Sayaka lo hizo. Por su parte, Kyoko se vio presa de un ataque de tos apenas intentó expulsar una carcajada. Tosió durante casi un minuto, hasta que, por fin, volvió a respirar con algo de normalidad.

Cuando entraron al lugar, Sayaka la arrastró a su habitación para que descansara, mientras ella se encargaba de los quehaceres. Con la boca fruncida, y una expresión de pocos amigos, Kyoko aceptó recostarse y relajarse un poco.

☼☼☼

Kyoko estaba dormitando, cuando Sayaka, portando un gran tazón entre sus manos, además de llevar puesto aquel ajustado —de un blanco inmaculado—, uniforme de enfermera, que le llegaba hasta la mitad del muslo, entró a su habitación.

Al sentir la presencia de su novia, Kyoko abrió los ojos con lentitud. Ver a Sayaka ataviada con aquello, fue suficiente para despertarla por completo. Se incorporó con rapidez y sintió mareos. Al verla tambalearse, Sayaka corrió hacia ella y la ayudó a sentarse.

Una vez que se hubo estabilizado, Kyoko, ahora sentada junto a su novia, la observó con detenimiento. Al notar como el uniforme se ceñía en el área del pecho —Sayaka era la segunda de su grupo de amigas que tenía el busto más grande, solamente superada por Mami— una gotita de sangre se deslizó desde la fosa derecha de su nariz.

—¡Wah, estás sangrando, Kyoko! —Sayaka buscó un pañuelo en uno de los bolsillos de su uniforme, y se lo pasó por la nariz, que volvió a expulsar un poco más de sangre.

Kyoko no podía determinar si el sangrado nasal era por causa del molesto resfriado o por el hecho de que Sayaka se veía increíblemente sensual en ese uniforme. Tras una segunda limpieza, su nariz dejó de sangrar.

—¿P-por qué estas vestida de esa forma, Sayaka? —preguntó la enferma, conteniendo, a duras penas, la sangre de su nariz.

Sayaka la miró como si tuviera tres ojos, luego suspiró.

—Me visto así porque te estoy cuidando, duh —respondió Sayaka, burlona, y le dio un pequeño golpe en la nariz, provocando que Kyoko soltara un quejido.

—Pero…pero… —Kyoko solo atinó a lanzar otros dos ‘’peros’’ y, luego, la miró como si fuera lo más interesante del universo.

Al no tener más respuesta, Sayaka continuó con lo que estaba diciendo.

—Quise tomarme enserio el tema de tu resfriado. —Puso una mano enguantada en el pecho de Kyoko, quien, aunque tenía el pijama puesto, se estremeció ante su toque, y la empujó suavemente para que se recostara de nuevo—. Seré tu enfermera, al menos, por hoy, así que procura no esforzarte. —le dedicó una hermosa sonrisa—. Para eso estoy aquí —sacó una toalla húmeda del tazón que traía en las manos y la colocó en la frente de la pelirroja.

Estando acostada, y Sayaka tan cerca de ella, Kyoko notó que los pechos de su novia estaban muy cerca, que solo bastaría levantar, un poco, la mano y entonces podría…

—¿Es enserio? —preguntó Sayaka, con la cara roja y una ceja temblorosa, cuando la pelirroja tocó su busto—. ¿Ni estando enferma puedes calmarte?

—Eh… ¿no? —fue toda la respuesta de Kyoko, que sonreía, altanera.

No quitó la mano, ni tampoco se detuvo ahí. Sin dudar, apretó, y masajeó, lo que tenía agarrado.

—Quieta —ordenó Sayaka, tomando la mano de Kyoko y alejándola de su busto—. Ahora te quedarás aquí, tranquila, y dormirás.

Kyoko iba a negarse, pero comenzaba a sentir sueño. La toalla que tenía en su frente era tan refrescante…

—Está bien —dijo la pelirroja, cerrando los ojos y sumiéndose en la oscuridad.

☼☼☼

—Ya me parecía raro que tú, Kyoko, alguien que siempre quiere hacer las cosas por sí misma, me pidieras ayuda para bañarte —comentó Sayaka, molesta.

—Sí, jeje —Kyoko, que estaba acostada, se llevó las manos a la parte de atrás de la cabeza en un despreocupado gesto de confianza—. Incluso me cumpliste lo que te pedí acerca de que entraras al baño con el uniforme puesto.

—No sé cómo pude ser tan inocente —se lamentó la peliazul, con los ojos en blanco, mientras le daba algunos antipiréticos y un vaso con agua—. Sólo te quería complacer porque se supone que estás enferma.

—Bueno, para empezar, no eres tan inocente que se diga —dijo Kyoko, burlona, y Sayaka la fulminó con la mirada—. Pero no fue tan difícil —se tomó la medicina junto con el agua y suspiró—. Caíste en la trampa~.

Todo había ocurrido muy rápido. Lo cierto era que, en efecto, Sayaka había caído en la trampa que Kyoko había puesto para ella.

Una vez en el baño, con Sayaka lista para asearla, Kyoko, quien estaba desnuda y sumergida en la bañera, con el agua a la altura del pecho, la tomó por el brazo, la jaló hacia ella y, aprovechando su cercanía, la besó. Sayaka intentó apartarse, pero Kyoko, aun enferma, era más fuerte y la mantuvo en su lugar.

En algún punto, la peliazul correspondió el beso y, dejándose llevar, terminó dentro de la bañera, junto a la pelirroja que, ante semejante oportunidad, no dudó en intentar arrancarle ese uniforme, pero estaba muy ajustado y Kyoko, a diferencia de lo que pensaba Sayaka, estaba muy débil como para poder hacer algo en contra de este.

Sin embargo, Kyoko no se desanimó y decidió entretenerse, haciendo otras cosas con su, autoproclamada, ‘’enfermera personal’’.

—Excelente —masculló Sayaka, molesta y sonrojada por estar recordando lo sucedido en el baño, sin dejar de mirarse el cuello en el espejo que estaba en el tocador de Kyoko. Pasó un dedo por la marca rojiza—. Lo hizo de nuevo —suspiró—, no entiendo cómo es que siempre caigo en este tipo de cosas —el chupetón que tenía a la altura de la carótida era del tamaño de una moneda y, poco a poco, se iba oscureciendo—. Tch, y pensar que está enferma…

Tras decir lo último, su sonrojo incrementó. Pensó que, si Kyoko estando con semejante resfriado encima, tenía toda esa energía para cosas como esas, entonces, ¿qué sería capaz de hacer estando en mejores condiciones?

Lo más curioso era que el sonrojo, y la mirada brillante, que Sayaka tenía en ese momento eran evidencias suficientes para deducir que conocía, muy a fondo, la respuesta a esa pregunta.

☼☼☼

Esa tarde, mientras Kyoko reposaba en su futón, adolorida, con malestar y sudando la fiebre, Sayaka entró a su habitación, armada con una bandeja donde portaba la tradicional sopa de pollo con fideos. Esa que se les da a las personas resfriadas. La despertó y ayudó a incorporarse para que comiera.

Sayaka tuvo que batallar con una muy enferma, y malhumorada, Kyoko que no quería ayuda para comer, sin embargo, su novia no se lo permitiría. Tuvieron que forcejear durante un rato hasta que, la pelirroja, agotada, tuvo que aceptar, muy a regañadientes. Cucharada a cucharada, fue comiendo, ayudada por su novia.

Kyoko pensó que, viéndolo en retrospectiva, no estaba tan mal hallarse en esa situación. La sopa estaba deliciosa y una bella enfermera —que tenía de enfermera lo que Homura tenía de heterosexual—, le estaba dando de comer, de forma voluntaria, sin queja alguna y aguantando todos sus berrinches, que no venían, precisamente, de su padecimiento.

«No está tan mal», se dijo Kyoko, mientras Sayaka le limpiaba una mancha de la comisura de los labios con un pañuelo azulado que traía con ella.

Sí. Tal vez, haberse resfriado, no era algo tan malo después de todo.

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