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La familia Ratatouille-Sacreblue, con su típico acento francés, se dirigió hacia el restaurante "Le Coeur de la France", ubicado en la rue de la Bourdonnais, a solo unos pasos de la majestuosa Torre Eiffel. El padre, Agtugo, llevaba un bigote perfectamente arreglado y un sombrero de copa, mientras que la madre, Johanne, lucía un elegante vestido rojo con un lazo negro en el cuello y su infaltable bigote porque claro, es francesa y todos tienen ese bigote.
Su hijito iba vestido con ropa típicamente francesa, un jersey de cuello alto, una boina y su infaltable bigote porque claro, es francés y tiene bigote a pesar de ser solo un niño. La familia se sentó en una mesa junto a la ventana, desde donde podían contemplar la Torre Eiffel iluminada.
—La abuela me contó cómo salvagon Francia hace tiempo— comento su hijo mientras veía el menú pensando que comer. Su abuela le había contado la historia de como sus padres arreglaron sus desacuerdos dejando el croissant y la baguette como los mejores alimentos de toda Francia —Me enogullece ser su hijo— hablaba en español con su notorio acento francés porque obviamente, esta historia está situada en Francia y no en alguna delegación de la Ciudad de México —o, miren, una rata.
El roedor se paseaba tranquilo sobre la mesa —que maravilloso lugar— mencionó Agtugo antes de llamar al camarero.
El camarero, un hombre con un bigote igualmente perfecto, se acercó a la mesa —Bonjour, mesdame et messieurs. ¿Qué desean ordenar hoy?
—Yo pediré unas papas a la francesa— pidió Agtugo aunque el camarero lo vio mal.
—Aquí son papas normales, estúpido— dijo con desprecio antes de escupir sobre la mesa.
—O, que buen servicio— Johanne estaba maravillada por el excelente servicio del restaurante.
—para mis dos amores, lo que sea— Agtugo quería que su amada y su hijo tuvieran lo mejor de lo mejor. Lo que fuera por ambos, lo tendrían —Y tu Johanne ¿Qué pedirás amada mía?
—Pedire un cruassant
—¡Es Croissant, ignorante!— nuevamente escupió sobre la mesa —¿Y el niño que pedirá?
—Una crepa de jamón con queso.
—¿Pedirán algo más?— ellos dijeron que así estaba bien así que se retiró el camarero para después de un largo tiempo, regresará con lo pedido.
Pero mientras esperaban su comida, la familia se dedicó a disfrutar del ambiente romántico del restaurante viendo como un par de ratas peleaban por un pedazo de queso que cayó de una mesa cerca de la suya, escuchando la música de Édith Piaf y mirando la Torre Eiffel a través de la ventana. Cuando llegó la comida, la familia se lanzó a degustar los platos, acompañados de un vino tinto de Burdeos.
—Creo que haya habrá un musical— comento Johanne viendo a lo lejos a un grupo de personas reunidas.
—Yo creo que es una manifestación, amor— corrigió Agtugo al ver lo que su amada veía.
—¿Otra? ¿Y de que sería?— Johanne intentaba adivinar de que era la manifestación.
—Aquí es Francia, siempre hay manifestaciones— Agtugo siguió la conversación intentando también ver de que era la manifestación pero y al igual que con el maltrato animal, le resto importancia.
Su día iba a consistir en tomar su almuerzo Ene se restaurante y después ir a la Torre Eiffel donde el grupo Gojira debía presentarse en un par de horas más para después dar un pequeño viaje familiar por el río Sena.
Todo debía ser así pero en eso, la puerta fue destrozada por la presencia de Lady Bug que fue arrojada a ese lugar por la nueva víctima de akuma. A pesar de ser algo cotidiano en París, todos salieron corriendo lejos del caos tratando de no estar cerca del nuevo villano a enfrentar de los super héroes Parisinos.
—¡Agtugo! ¡Hijo!— gritaba aterrada Johanne buscando a su esposo e hijo, lo perdió de vista después de haber sido arrastrada por la multitud que huía del lugar. No los veía por ningún lado.
—¡ahí está!— grito el fantasma de María Antonieta al haber visto al hijo de Johanne llorando a lo lejos cerca de la Torre Eiffel.
Apurada, llegó hasta donde su hijo dándose cuenta de lo peor. Su amado Agtugo estaba en el suelo, sin vida con un trozo de queso Camembert clavado en la frente a la par que el suelo estaba lleno de vino.
—¡No, mi Agtugo, esto no puede ser así!— Lloraba dramáticamente como Andrómaca, viuda de Héctor y prisionera de Pirro en la obra de teatro Andrómaca.
Poco a poco, la gente comenzó a aglomerarse a su alrededor sin entender cómo aquella víctima no volvía a la normalidad debido a que Lady Bug ya había logrado detener el akuma —Lo lamento mucho señora, pero su esposo no fue víctima de la persona akumatizada— al no haber sido víctima, no había forma que volviera a la normalidad. En este caso a la vida.
Poco a poco y como lo habitual en musicales, la gente comenzó a cantar sobre lo sucedido remarcando el hecho que habían separado a una pareja que se amaba dejando en orfandad a un niño inocente —¿Y podrán ayudarme?— mientras la gente seguía cantando, Johanne le pregunto aquello a los super héroes quienes habían llamado a las autoridades para que hicieran lo necesario con el caso.
—¿Bromeas? Somos super héroes, no detective— respondió Chat Noir.
—Lo que Chat Noir quiere decir es que esto va más haya de nuestro trabajo. Lo sentimos— la ayudaron a ponerse de pie antes de irse de ahí.
—Pues deberían cortarle la cabeza, es súper héroe y no puede hacer esto— comentaba María Antonieta mientras usaba su abanico.
[•••]
El funeral fue lo más difícil para ella, jamás creyó quedar viuda tan rápido —Bueno amiga, duraste mas tiempo casada que el tiempo que el país en aceptar que nos rendimos— Su amiga Emily la consolaba en el momento que ella se quedó más tiempo en el cementerio frente a la tumba de su ahora difunto marido.
—Es que esto es difícil para mí— limpió sus lágrimas con una rata que tenía en manos —Nuestro hijo no ha hablado desde ese día. Está más traumatizado que la gente que asumió que la apertura de las olimpiadas fue una burla al cristianismo y catolicismo.
—Vaya… entonces si está muy mal tu hijo— eso era mucho que decir del menor.
—Ni siquiera tuve el valor de traerlo al funeral. Desde ese día tiene pesadillas, grita al despertar y solo dice mimo.
—¿Un mimo asesino a Agtugo? ¿Y que te ha dicho la policía?
—Emily, estamos en Francia. Más tardamos en hacer trámites que en apropiarnos de otras culturas.
Ninguna de las dos menciono algo más dejando que la lluvia las empapara a ambas —¿En qué momento comenzó a llover?— estaban confundidas, se supone que era aún día soleado.
Guiaron su mirada al lugar donde aparentemente provenía la lluvia viendo a una bailarina de Can Can quien las mojaba con el agua que salía de la manguera que llevaba —Lo siento, creí que necesitaba más drama la escena— la bailarina dejo la manguera antes d irse de ahí.
—Oye amiga ¿Y si contratas a un detective para averiguar quien asesinó a tu marido?— sugirió Emily mientras le daba una nueva rata a su amiga para que limpiará toda el agua que caía por su rostro.
—¿Y a quien sugieres?— Johanne no conocía a ningún detective.
—Al que resolvió el caso de la Pantera Rosa, el inspector Jacques Clouseau— ese inspector es conocido por ser despistado y torpe pero muy efectivo en su trabajo.
—¿Y si tendremos presupuesto para eso?
—no lo sé, hay que averiguarlo
