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Un monstruo sin corazón, no?

Summary:

Katsuki Bakugou, un niño ruidoso, violento y gritón. Su único objetivo es ser el mejor y podría pisar a cualquiera para lograrlo. Eso es lo que piensan todos, no?

En una fiesta de la clase B kaminari, sero, shinso y monoma dicen que no hay forma que bakugou pueda salir romanticamente con alguien debido a su personalidad, kirishima piensa que es posible y hacen una apuesta para comprobarlo. Si Kirishima logra salir 1 mes con bakugou sin rendirse antes o que él lo mande a la mierda, gana la apuesta.

No tendría por qué salir mal, no?

Chapter 1: Ese estúpido rojo

Chapter Text

(Primera persona – Bakugou)

Si hay algo que me caga de este lugar, es que no puedo tener un puto momento de paz.

Desde que entré a la U.A., mi vida ha sido un constante griterío de extras, peleas, entrenamientos absurdamente agotadores y, lo peor de todo, un grupo de idiotas que han decidido autodenominarse mis amigos.

No me malinterpreten. No es que odio al "Bakusquad"—aunque jamás voy a llamarlos así en voz alta. Pero, joder, a veces siento que estar con ellos es como tratar de mantener la cabeza fuera del agua en medio de un tsunami de estupidez.

Y en el centro de todo está él.

Eijiro Kirishima.

El pelirrojo más molesto, insistente y jodidamente genuino que he conocido en mi vida.

No sé en qué momento se pegó a mí como un chicle en la suela de mi zapato, pero ahora simplemente está ahí. Siempre. En todas partes. Metiéndose en mis entrenamientos, en mis peleas, en mi espacio personal y, lo peor de todo, en mi puta cabeza.

Porque sí, estoy enamorado de él.

Y es una mierda.

No sé en qué momento pasó, pero me doy cuenta cada vez que lo veo sonreír de esa forma exageradamente brillante. Cada vez que se ríe con toda la cara, mostrando los colmillos como si fuera un puto tiburón. Cada vez que pone una mano en mi hombro y dice algo como "¡Eres el mejor, Bakubro!" con tanta confianza que casi lo creo.

Por supuesto, no tiene ni idea.

Y está bien así. Porque yo, Katsuki Bakugou, no tengo tiempo para mierdas románticas.

...O eso me digo a mí mismo mientras lo veo, a unos metros de distancia, apoyado contra la pared del salón de clases, riéndose de algo que Kaminari acaba de decir.

Maldito estúpido pelirrojo.

—¡Baku, Baku, Baku! —Una voz insoportablemente animada interrumpe mi tren de pensamiento y antes de que pueda reaccionar, Kaminari ya está colgado de mi hombro como si no tuviera instinto de supervivencia.

—¡QUÉ MIERDA QUIERES, PIKACHU! —Lo empujo con fuerza y el idiota casi se cae de culo, pero Kirishima lo sostiene antes de que se estrelle contra el suelo.

—¡Joder, qué agresivo! —se queja Kaminari, acomodándose la chaqueta con aire ofendido.

—Es Bakugou, no sé qué esperabas —se burla Sero, apoyándose contra su escritorio con una sonrisita.

Mina, que estaba sentada sobre una mesa, patea el aire con los pies y me mira con diversión. —Pero igual es adorable, ¿no? Como un gato salvaje que intenta morderte pero en el fondo solo quiere amor.— 

—Voy a matarlos —gruño, encendiendo mis palmas, pero Kirishima pone una mano en mi hombro y por alguna jodida razón eso es suficiente para bajarme la adrenalina.

—Ya, ya, Blasty, no los mates todavía. Aún no ha terminado el día —dice con una sonrisa.

Mi cerebro se apaga por medio segundo.

Por supuesto que este idiota tiene que llamarme así en público.

Agarro su muñeca y la aparto de mi hombro con una mueca. —Deja de decirme así, Shitty Hair.

—Nah, me gusta —contesta como si nada, con esa maldita sonrisa que no se borra ni aunque lo golpees en la cara.

—Si vas a seguir molestando, lárgate.

—Pero es que tenemos un asunto importante que discutir —interviene Kaminari, agitando las manos.

Levanto una ceja. —¿Qué mierda puede ser tan importante que me tengan que joder a mí?

—¡Fiesta en los dormitorios de la Clase B! —canta Mina, alzando los brazos.

—Ni de coña —respondo automáticamente.

—¡Vamos, Bakubro! —Ahora es Kirishima el que se mete en la conversación, dándome un leve codazo en el brazo. —Nunca vienes a este tipo de cosas, ¿qué tienes que perder?

Mi dignidad, por ejemplo.

Pero el muy cabrón me mira con esos malditos ojos brillantes y mierda, ya sé que voy a terminar yendo aunque no quiera.

—Hago lo que me dé la gana —gruño, cruzándome de brazos.

—O sea que vas a ir —dice Sero con una sonrisita burlona.

—CIERRA LA BOCA, CINTA.

Pero ellos ya están celebrando, y de alguna manera, sé que mi destino está sellado.