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El motivo porque a un fénix le gusta la nieve.

Summary:

Una tarde nevada Ikki piensa en los motivos porque le gusta la nieve.

Chapter 1: Capitulo I

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

La calidez que emanaba la habitación era una gran comparación al clima invernal de afuera, dónde una tormenta de copos azoraba a los inocentes árboles que quedaban blancos y congelados en todas las partes que tocan los copos, mientras tanto él simplemente se conformaba con ver todo acontecer mientras cortaba unas manzanas en la cocina donde estaba parado.

La nieve era algo que amaba profundamente, por su color, por el confort que le da al sentirla sobre su habitualmente caliente piel, por como hace huir a todos cuando se precipita con fiereza, pero al día siguiente puede ver a infantes y adultos salir a recoger y jugar con toda esa acumulación de sus patios de los patios vecinos, de las calles, de las avenidas y hasta en los parques.

Él sabe que a los demás también les gusta la nieve, es obvio por cómo corren a los congelados cuerpos de cuerpos agua y se deslizan sobre ella, cómo crean guerras campales con la nieve acumulada y crean figuras en la nieve que tapiza todo el suelo y asfalto, él de maravilla sabe que las personas no solo buscan la nieve en invierno, no, también la obtienen en primavera, verano y otoño, por la cantidad de nieves de sabores que piden, por los cubos de hielo para bajar el calor o un golpe en la cara. Él sabe que todos adoran la nieve.

Y eso no hace más que complacerlo, además no es el único que ve su atractivo y reconoce su importancia, al contrario varios la saben apreciar e incluso hablan de ella fácilmente cómo serían los biólogos que analizan el cambio climático, cómo serían los fotógrafos que ven su belleza, o incluso los artistas con toda la música o pinturas que sacan con respecto a ella, aun si en algunos es solo de fondo o decoración y no el verdadero centro de la obra.

Aunque el verdadero motivo por que la adorla es por el recuerdo que le evoca, tan pura, tan lejana, pero al mismo tan cercano, uno puede sostener entre sus dedos los minúsculos copos que raspan, sin embargo, dales un tiempo y estos desaparecerán cómo si nunca hubieran existido, tan reales como fugaces, tan blancos y fáciles de contaminar con el lodo, tan hermosos cómo minúsculos.

Tan similar a  ella, su amada que le fue arrebatada, su querida Esmeralda.

Él recuerda el primer día que la conoció, apenas iba llegando a la isla y todavía desconocía toda la violencia que debería afrontar por seis largos años, igualmente desconocía que ella significaría tanto en su vida, era un simple chico ignorante.

Ella iba andando con un paso lento, sus pasos evitaban con tal sutileza las piedras del camino que parecía que el terreno no estaba accidentado en absoluto, sus cabellos rubios resplandecían por los brillantes rayos del sol y eran despeinados por la brisa cálida del aire, recuerda el preciso momento en que sus ojos se encontraron, unos bellísimos iris verde profundo, tan vibrantes como una esmeralda,  irónico, porque ese es su nombre.

Lo que sigue de aquí resulta un tanto complicado de recordar  (lo recuerda de maravilla, pero le da tanta vergüenza que prefiere olvidarlo),  cree lanzarse contra ella y regañarla por estar ahí, en la isla Reina Muerte en vez de estar en un barco camino a isla Andrómeda, ella con la paciencia que le fue dotada se rió sutilmente y se presento a él con calma.

– Creo que te has confundido un poco, mi nombre es Esmeralda, yo resido en esta isla desde hace algunos años atrás, lamento confundirte.

O algo así habrá dicho en su momento la adolescente,  para este punto su cara caía de vergüenza, se disculpo con esa joven que ahora conocía, sin embargo, ella simplemente lo descarto como algo "normal".

– Es normal que cuando extrañas demasiado a alguien veas en otras personas alguna especie de parecido, ¿No crees?

En aquel entonces negó por completo sus palabras y afirmo que sí se parecía a sus hermano y ella, sin embargo si le preguntas ahora podría decirte que esencialmente y en algunos puntos psicológicos se asemejan definitivamente, pero no son lo mismo, su hermano es esquivo a los combates, Esmeralda aunque no tenía madera de guerra ni le gustaba (cómo a su hermano), ella sabía dónde podía alzar la voz para defenderse (sinceramente ella no sabía, él le enseño más adelante), su cuerpo no podría aguantar un combate entero cómo su hermano, pero se hizo de una lengua muy picuda (que solamente usaba con él -para que aceptará el tratamiento médico que necesitará- para su engaño) con el tiempo.

Tras ese intenso primer encuentro complicado fue verla de nuevo, entre los entrenamientos exhaustivos que recibía y entre que ella no se apareció con frecuencia en el mercado.

La segunda vez que la vio ella lucía mal, estaba apagada, con su cara hinchada y golpeada, su delgado vestido café claro no logaba ocultar los profundos moretones que tenía, hasta ese momento algo que paso por alto en su primer encuentro se hizo evidente, ella estaba desnutrida.

Siendo aún desconocidos simplemente fue a molestarla otra vez confundido por ver a su "hermano" ahí y tan lastimado, otra vez fue deber ajeno informarle que no era quien el pensaba, sino otra persona, tras algunas disculpas se trataría de ir apenado, sin embargo, siendo tan pura simplemente le impidió irse hasta ver que estuviera bien.

Recuerda sus cuidados de manera torpe, infantiles e irritantes para sus sensibles lesiones, jamás se quejo al respecto porque era (en su mente) una especie de compensación por confundirla dos veces seguidas.

– Lucen terribles estás lesiones, no se si aguantaría si el capataz decidiera darme un paliza como la tuya, me alegre que la aguantaras tan bien, no cualquiera lo sobrevive.

– ¿Capataz?

– Ah ¡Lamento molestarte con mis divagaciones!

– No me importa, quiero saber a que capataz te refieres.

– B-bueno, ya sabes, uno de los terratenientes del lugar... ¿No fue el quien te pego?

– Ni siquiera sabía que vivían varios hacendados, después de todo en este lugar parece que la vida no prospera.

– Es complicado que sobreviva, pero no imposible...

Así acabaría su primera conversación que no involucrará una presentación de por medio. Fue a partir de ese día que ella se apareció más seguido dónde él estaría, era más fácil encontrársela, incluso en el mercado dónde antes no era vista regularmente, entre esas visitas al mercado y algunos otros encuentros casuales se fueron haciendo de conocidos a amigos. 

Hasta siete meses de conocerse descubriría que ella era una esclava vendida al "capataz" del que tanto hablaba ella, el sujeto en cuestión era un anciano calvo narizón con problemas de ira (cómo los que sufre él cuando a Seiya se le ocurre aparecer por su departamento sin avisar).

Era una tarde calurosa, al punto de que quería retirarse toda la ropa y quedarse tendido en un lugar de sombra, Esmeralda tan dulce cómo solo sabía ser, curo las pocas lesiones que había conseguido ese día y se quedó abriendo una conversación entre ellos, siendo ella quien hablaba principalmente, hasta que se paralizo por completo, su tez ligeramente bronceada se puso pálida, casi lívida, encorvó sus hombros tratando de parecer más pequeña.

Instintivamente reaccionó buscando el motivo porque se encogió, frente a él se cernía el sujeto más desagradable del mundo (superando incluso a su maestro y eso dice demasiado), el hombrecito (en estándares actuales y no pasados), sostenía un fuete y se acercaba con paso acelerado hacia donde ambos estaban sentados.

– ¡Esmeralda!, ¡¿Qué estás haciendo holgazana?!– La rubia a su costado se levanta y enfrento al sujeto, con su cuerpo tembloroso, el rostro pálido, esa imagen al principio le recordó a su hermano, sus instintos de hermano protector (sobreprotector según el resto) le hacen actuar y ponerse delante de ella.

– Ikki, muévete, por favor, acabo de curarte.

Lo que paso a continuación sería una de los tantos tormentos que ciñen sobre él cuando recuerda a Esmeralda y la historia en común que comparten.

Ese individuo se lanza sobre ella cómo si fuera una bestia salvaje en busca de una presa que claramente ya estaba semi muerta, alzo el fuete e inicio a golpear con brutalidad en cualquier parte dónde cayera el fuete.

 ¡Mocosa ingrata!, ¡¿Cómo te atreves a faltar a tu trabajo, eh?!, ¡Recuerda porque sigues viva!, ¡Sigues viva porque debes servirme!, ¡Entiendes!

– Lo siento, lo siento– Ella simplemente recibió todo el maltrato y él no reacciono de la mejor manera, quedándose inmóvil por un rato.

Lo que hizo a continuación es el motivo porque recuerda con impotencia este momento, puesto que se levantaría para darle una paliza al capataz, dejando (si es posible) aún más horrible su nariz, pero es claro que eso perjudico más a la joven, pues por días no apareció en su punto de reunión, y cuando lo hizo estaba tan magullada que parecía ella quien entrenaba con su maestro, desde esa situación juró no volver a pegarle (tan duro) al terrateniente, ya se dio cuenta que las repercusiones no caen sobre él.

Los siguientes meses siguieron reuniéndose en puntos específicos para curarse las heridas que tuvieran (aunque claro era él quien más recibía cuidados), esa rutina ya era conocida entre todos los habitantes del pueblo, y él rezaba para que su maestro no se enterará, aunque debería saber que nada huía de sus sentidos.

– Parece que algo te distrae demasiado hoy, Ikki – Le dice cuándo cae por novena vez en medio del entrenamiento –, ¿Qué invade tus pensamientos hoy?, ¿Es tu hermanito llorón o esa mujer con la que te encuentras tan seguido en esa cabaña?, ¿Mn?, ¿Cuál de los dos, ahora a quien debemos sacar de esa cabeza?

– Maestro, yo, disculpe por distraerme.

– ¡No me respondas! , Ikki, debes odiar a todo, odia a tu débil hermano, odia a la isla, ódiame a mi, odia a esa chiquilla inútil que jamás podrá defenderte, ¿has visto esos escuálidos brazos? ¡Te aseguro que solo podrás lanzar sus brazos sobre tu cadáver! Porque vas a quedar reducido a uno si sigues por este camino.

Tras soltar su veneno se marcha dejando a un perturbado y malherido joven, con esas palabras carcomiendo su mente, el no podría odiar algunas cosas que mencionaron, él no podría odiar a su hermano ( lo hizo, él sí lo odio por un rato ) oa la bella Esmeralda, él jamás podría odiar a alguno de los dos, no cuando eran sus fuerzas para salir de ahí.

Ese tipo de comentarios al poco tiempo se volvieron recurrentes, una rutina que siguió por cinco largos años, rutina que afecto su estabilidad mental, rutina que le dejo traumas, aquellas palabras llegaron para quedarse de manera permanente (incluso hoy en día siendo un adulto al recordar todo  eso  puede llegar a desmoronarse).

– Ikki odia todo, odia a tu hermano, odia a tu padre, odia, Ikki, odia.

Había dicho esa tarde, la última oportunidad para alcanzar su armadura y largarse de ahí, su juvenil ser pensaba que si lo hacía podría regresar con su hermano y si era posible jalar a Esmeralda, sacarla de ese lugar y que viva apropiadamente en Japón, él piensa enseñarle el idioma, enseñarle la escritura y permitirle vivir con dignidad.

Pero eso no le impidió llegar al momento más doloroso de su vida, cuando perdió de manera consciente a un ser querido, y no, su madre no cuenta, con dificultades recuerda cómo era su madre, pues es casi nulo, a diferencia del siberiano Hyoga que la describe con pelos y señas especificas (que tétrico).

Siendo aún adolescente en sus sueños más dulces se imaginaba en Japón, con Esmeralda a su costado, caminando por las calles sostenidas de las manos, ignorando la mirada escrutadora de las personas mayores, se imaginaba abrazándola con cariño en la intimidad de un departamento compartido, dónde estarían ella y Shun, los tres viviendo lejos de angustias y pesares, e incluso podía verla en sueños más atrevidos  (para su estándar infantil, ¡Ay, la inocencia!)  donde le robaba besos.

Nadie podría decirle que sus sueños de sentir su tacto se cumplirían de una manera devastadora, se cumplirían cuando ella se derrumbará en sus brazos, llena de sangre, sangre que le salía a borbotones del pecho, sangre que escurría sobre sus brazos y dejaba manchas en su pecho ya sucio, sangre que daba fe en que le abrió el pecho con un colosal ataque (ataque que iba contra él y ella recibió por moverse).

La respiración de ella era laboriosa, no podía jalar aire apropiadamente, sus ojos verdes estaban llorosos (¿o sería él quién lo percibiera así por sus propias lágrimas?) 

– I-Ikki... haz que el fénix desplegue con sus alas, Ikki... Por favor...

La desesperación que lo siguió no tuvo comparación, odio con fuerza todo, odio a su hermano, odio a su maestro, odio a sus amigos, odio a Mitsumasa Kido  (aún lo odia), odio a su insoportable nieta  (ya no, solo el recuerdo que evoca de su insoportable "abuelo"), odio a Esmeralda por no irse cuando se lo pidió  (exigió, él la arrastro para subirse a un barco), pero sobre todo se odio a si mismo por no recibir el golpe él mismo, hubiera sido más fácil así, si ella se lanzará sobre él, sentir sus brazos a su alrededor mientras era él quien perecía, eso hubiera sido mil veces mejor, al menos sabría que seguiría viva.

¡Oh por Dios!, ¿Qué le paso a tu mano?  dejando sus cavilaciones de lado decidido a prestar atención al intruso de la cocina.

Frente a él una menuda mujer corría para sostener su mano sangrante (¿Cómo llego esa herida ahí sin que lo sintiera?, y aún más importante ¿Cuánto se metió en sus pensamientos?), sus delgadas manos acunaron con devoción su mano lesionada, tratando de evitar más daño.

– ¿Qué paso?, ¿Cómo te hiciste esto?, ¡Dijiste que solo cortarías manzanas!– unos ojos verdes lo ven con preocupación– Dios, te deje venir porque no era nada complicado, quédate aquí, voy por el botiquín, ¡Y no quiero quejas Ikki!

Sin poder responder la mínima pregunta o calmar a la otra persona queda solo nuevamente en la cocina, voltea a ver y ahora entiende la preocupación ajena, eso es bastante sangre (no tanto cómo lo que ella derramo) en estándares comunes, pero nada del otro mundo para un caballero (vaya a que punto se ha acostumbrado).

Suspira mirando a la ventana, la nieve se a calmado, ya no cae con la fuerza destructora anterior, ahora es como si una brisa cayera en los tejados de casas y edificios, recuerda otro motivo por el que ama la nieve, ella siempre está presente, en cada estación en helados paletas o hielo para las bebidas y si en ese modo no te gusta verla y prefieres ver cómo caen los blancos copos en la calle, entonces espera nueve meses, pues ahí estará.

– Ikki, toma asiento, déjame tratar esa mano– sin chistar cedé su mano a ella, viéndola trabajar como en antaño– ¿Te gusta asustarme acaso?, ¿Cómo es posible que no tengas cuidado?

– Lo lamento, no te alteres demasiado, no te hará bien.

– ¡Entonces si sabes eso evita los problemas, Ikki!

Su cara se distorsiona de coraje e impotencia, las delgadas cejas se curvan hacia abajo cuando le grita, y a él menos le puede importar, llámenlo mandilón, pero siempre cederá por ella, su fuerza, su motivo de vida, su luz, su amada Esmeralda, además, Seiya está peor que él.

– Intentaré hacerlo.

– Siempre dices eso, te vas y regresas en camilla directo al hospital, Ikki, pensé que una vez lejos de la isla estarías menos herido, sin embargo es lo contrario, regresas tan magullado que tardas meses en sanar, y eso me duele, solo puedo verte tendido sin reaccionar hasta quien sabe que hora o día– sus preciosos ojos destellan cuando las lagrimas amenazan con caer.

» Y también entiendo que es tu deber, que debes realizar este tipo de actos y salir tan lastimado cómo lo haces, no pienso detenerte cómo hace la señorita Shunrei con el joven Shiryu, ¡Pero mínimo espero que en momentos de paz no te lesiones! ¡De por sí pierdes sangre como las ganas, así que ahórrala!

Sus regaños se extendieron durante todo el tiempo que atendió su herida, él simplemente podía dar gracias por tener todo lo que siempre quiso, una oportunidad con ella, y definitivamente no haría nada para desperdiciarla, apreciaba que ella decidiera quedarse a su lado incluso con todos los problemas que tiene por él y su vida ajetreada, llena de violencia y guerras.

– ¿Me estás prestando atención?

– Si, mientras esté fuera de combates mantendré estable mi salud, no te enojes más, Esmeralda, y evita preocuparte tanto, te hará daño.

Sus labios se cerraron con fuerza y ​​sus bellos ojos lo miraron con impotencia, su dama dejo caer su cabeza sobre su hombro (tal cómo él posó su cabeza ese día que ella falleció ),  no, no era similar , gritaba su mente en el intento de bloquear  ese  recuerdo cuando la tenía viva frente a él, tan cálida, tan feliz de quedarse y tener un refugio seguro en él. Eso lo volvió loco la primera vez que escucho esas palabras tan dulces.

– Ikki– susurra desde su posición su aliento caliente choca contra su holgada camisa–, Ikki, me preocupas tanto, desde siempre me ha preocupado tu vida, me preocupaban las palizas que te daba tu maestro, y la vida que vivías por eso, entonces no me pidas que evite preocuparme, porque eso jamás podría evitarlo– Ella levanta su cabeza de la posición anterior y ahora lo mira directo a los ojos.

» ¿Sabes? me atrevería a estar en uno de esos peligrosos campos a los que vas solo para verificar que saldrás vivo, pero no es cómo la Reina Muerte, no será sencillo ponerme a cubierta, además al ver una brecha contra ti la atacarían hasta eliminarme, ¿No?

– Sí, así es no hay nada parecido al campo de entrenamiento de la isla– excepto el infierno le ofrece su mente como recordatorio.

Ambos quedan en silencio después, nuevamente apoyándose sobre su hombro y él apreciando este momento cómo si fuera una fantasía (porque hay días en que lo siente así) ellos siendo un todo, estando juntos.

– Mira, ya termino de nevar, era verdad cuando decías que las calles tapizadas de blanco por la nieve lucen hermosas, un placer visual que jamás se tendrá en la isla.

Voltea hacia la ventana y confirma lo que ella dice, las calles lucen hermosas así, el peso de su hombro se elimina cuando Esmeralda se levanta de su silla, tiene sus dificultades en el proceso de hacerlo pues la posición en la que estuvo no era muy cómoda.

– Ikki, mañana después de ir a agendar cita con el obstetra tomemos nuestro tiempo para apreciar la nieve.

– Si, hagamos eso– responde sin pensar mucho, eso hasta que cae en cuenta de la palabra "obstetra"– Esmeralda, ¿Por qué veríamos a un obstetra?, ¿No quisiste decir médico?

– No, lo dije bien, vamos a ver a un obstetra, aunque el agendar una cita médica para ver a detalle tu mano no estaría mal, de hecho soy un poco torpe, debí iniciar con eso.

Su cerebro queda carburando un rato, luego sonríe y simplemente se acerca a ella para abrazarla por la cintura, cintura que ahora sabe se hinchará más tarde (¿En unos meses podrá abrazarla cómo ahora mismo lo hace?), cintura que le acaba de regalar un motivo más de amar la nieve y todo lo que conlleva.

– Gracias, y lamento cargarte con muchos problemas por estos... ¿Cuánto tienes?

– Tres meses a partir de la semana que viene y no son problemas, más bien temía que lo tomarás mal tú, ya sabes por todos los peligros que contraes con tu rango y sobre todo el estilo de vida.

– Jamás, Esmeralda, nada que venga de ti o sea relativo a ti es error o malo, gracias por todo, simplemente que estés viva es mucho que pedir.

– Ay, Ikki, con esos comentarios a momentos parece que no debería estar a momentos aquí, pero supongo que tantas muertes pueden llegar a afectar a las personas de esta manera ¿No?

Solo puede quedarse viéndola en silencio, apreciando sus rasgos maduros, adorando que este ahí entre sus brazos respirando, cuando en otro tiempo ella  debería  estar fría y pudriéndose en una tumba señalizada por unas miseras madera en forma de cruz, la abraza con más fuerza.

– Para nada, tu... No me malentiendas, no quise dar a entender eso, solo, a momentos me parece increíble esto, es... Cómo un sueño del que nunca quiero salir.

– Siempre dices eso, ¿Te gusta decirlo? Porque al menos a mi me gusta escucharlo, me hace sentir deseado, que pertenezco a un lugar, un lugar seguro.

Ella le concede un casto beso en la mejilla, y su corazón revolotea, mira a las calles viendo el tapiz blanco que recubre todas las aceras, no le cabe dudas, ama a la nieve, porque le recuerda tanto a su amada Esmeralda, tanto a aquella versión con la que no pudo nada cómo esta con la que tiene todo el mundo englobado en sus brazos.

 

 

 

 

 

 

EXTRA.

– Entonces... ¿Alguien más lo sabe?

Su adorable esposa lo mira con picardía y luego se echo a reír por un momento, cómo si recordará algo gracioso que solo ella podía entender.

– No, tu hermanos también lo sabe.

– ¿Shun?, ¿Cómo...?

– Bueno, requería una persona para llenar una cantidad de personas para analizar sus muestras, ¿Recuerdas que pidió el favor por ese chat que tienen ustedes cinco? Y todos aceptaron, pero cómo aún faltaban más personas tanto la señorita Saori cómo yo nos propusimos para cubrir a los faltantes, bueno, en esos estudios arrojo que estaba embarazada, y para confirmar me hice unos extra.

Él se queda en silencio mientras piensa en las ironías de la vida, aunque se queda pesando por un momento, luego la mira con duda.

– ¿Y no lo habías sospechado antes?

– No, no he resentido nada del embarazo, al contrario me siento sana.

Ambos quedan en silencio nuevamente, aunque por fin se dejan de abrazar, ella mira la encimera y las manzanas a medio cortar.

– Bueno... ¿Todavía quieres comer tus manzanas o lo deja para más tarde?

– Déjalas, las pico y me las como, ¿Vas a querer?– ella tararea y niega con ligereza.

– No disfrútalas tu, solo... No le echas cosas raras sino en la madrugada lo recientes.

Con eso lo deja solo en la cocina, él solo puede sonreír y agradecer por esta buena vida que lleva con ella.

Notes:

Buenas tardes, días o noches según el horario en que lean esto, está pequeña historia fue hecha en temática al 14 de Febrero y que mejor con mi pareja favorita, espero que les agrade.

[– I-Ikki... haz que el fénix despliegue con sus alas, Ikki... Por favor...] Este dialogo fue extraído directamente del manga de Saint Seiya, del tomo 3, página 228.

Kurumada M. & Kurumada M. (1987) Saint Seiya, Shūkan Shōnen Jump, editorial Shūeisha, Japón.

Para quien le surja la duda del final aquí va explicado, por X o Y razón los caballeros terminaron en pleitos con un Dios al que no podían derrotar y esto afectaba al Olimpo directamente, por consiguiente tenían que prevenir está amenaza, en decisión unánime fueron los caballeros de Atenea a resolver esta problemática.

Ellos decidieron llegar meses antes de los torneos galácticos para tener tiempo de planeación y bueno, debe sobrar decir que Ikki aprovecho la oportunidad de matar a su maestro y escapar con Esmeralda de esa isla, finalmente todo logra resolverse correctamente, sin embargo el futuro que todos crearon aquí es más prometedor que su verdadero tiempo, finalmente deciden vivir en esta temporalidad.

Cómo dato extra: Esmeralda oficialmente no esta informada de la situación de Ikki, pero ya conoce la situación por delirios nocturnos que sufre el Fénix.

Está en tentativa el hacer un fic sobre esto, todo dependerá de mi carga estudiantil.

Cabe resaltar que lo estoy publicando sin corregir errores ortográficos o de sentido en medio de la escritura, entonces va a haber ciertos cambios cuando termine de corregirlo.