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2 años después, en el territorio de Edmund

Summary:

Ya han pasado 2 años desde que el Imperio de Adrestia declaró la guerra en Fodlan. El Ex-noble, Ferdinand Von Aegir, ahora fugitivo, se encuentra cabalgando sin rumbo por todo Fodlan para darle esquinazo a los soldados imperiales, o bueno, eso es lo que estuvo haciendo, hasta que un fatídico día se encontró, en el Territorio de Edmund, con alguien preciado a quien no veía desde sus días en el monasterio.

Notes:

(First of all, foreign readers, if you don't understand Spanish but you still wanna read this story, I recommend using your web browser's "translate page" option. Thanks for reading!)

Quería hacerle un Fanfic a este ship tan infravalorado de fire emblem desde hace tiempo, ¡Así que espero que lo disfrutéis!

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Fugitivo

Chapter Text

POV de Marianne: 

 

-Amada Diosa, te ruego que detengas esta guerra que está causando tanta destrucción, para que la prosperidad y la paz puedan volver de nuevo a nuestro hogar, amén- terminé de rezar. Ya han pasado dos años desde que la guerra comenzó, dos años desde que el profesor, Byleth, desapareció, dos años que llevo sin ver a ninguno de mis compañeros de clase. Debería ir volviendo a mi hogar, se está haciendo tarde.

 

Salí de la capilla en la que estaba rezando para toparme con el Sol despidiendose del día mientras se ocultaba tras una lejana montaña, aunque el atardecer no era lo único que me esperaba, pues en aquél momento un vil bandido apareció ante mi.

 

-¡Dame todo lo que llevas y ahorrame el trabajo de tener que hacerlo yo mismo!- dijo el bandido con voz rasposa mientras apuntaba su espada de hierro a mí pecho.

 

Instintivamente, mi brazo se dirigió a mí cadera para agarrar mi propia espada, pero, lamentablemente, me había olvidado mi espada en mi hogar, realmente estoy hecha un desastre, siempre lo he sido, y supongo que esta vez lo voy a pagar caro. 

 

-Veo que no quieres colaborar ¿Eh?, ¡Entonces tendré que hacer que colabores a la fuerza!- dijo el ladrón más alto 

 

Mi única otra arma era una de mis lanzas, pero estaba en el equipaje de Dorte, mi amado corcel, el cual estaba cerca como para correr y cogerla, pero a la vez lo suficientemente lejos como para no alcanzarle antes de que aquél despreciable bandido pudiera poner sus manos sobre mí. En un último momento de desesperación, grité con todas mis fuerzas con la esperanza de que algún buen samaritano viniera a salvarme.


POV de Ferdinand:

 

Estaba recorriendo las preciosas praderas sobre mi corcel mientras el sol se ponía. Momentos como estos, en los que me puedo relajar y contemplar la belleza a mi alrededor, son de los que más añoro. Desde que Edelgard empezó la guerra y me despojó de mi título y tierras de nobleza ando a la fuga, al inicio estaba acompañado por un grupo de personas que aún confiaban en mí, pero les dije que sería mejor que partieramos caminos, pues su lealtad a mí solo les traería problemas. En fin, que aquél momento estaba siendo uno relajante, hasta que...

 

-¡Dame todo lo que llevas y ahorrame el trabajo de tener que hacerlo yo mismo!- escuché una voz rasposa decir a la distancia 

 

Parecía ser que un bandido andaba cerca de ahí, será mejor que ponga rumbo hacia su dirección.

 

Mientras mi corcel galopaba hacía la dirección de aquél malechor, le volví a escuchar hablar -Veo que no quieres colaborar ¿Eh?, ¡Entonces tendré que hacer que colabores a la fuerza!- dijo está vez, y justo después, escuché el sangriento grito de la dama que estaba siendo atacada. Ahora sí no hay duda, tengo que detener a ese vil bandido.


POV de Marianne: 

 

Este era mi fin, aquél bandido ya había alzado su espada en el aire, solo era cuestión de tiempo que aquella pieza afilada de hierro atravesara mi frágil y pálida piel. Pero como si de un milagro se tratase, una figura encapuchada montada sobre un blanco corcel saltó de él para noquear a mi agresor con el mango de su espada. Yo estaba confundida por la súbita acción que se desarrolló en frente de mí, pero el misterioso encapuchado me ofreció su mano.

 

-¡Vamos Marianne, levántate!- me dijo el encapuchado mientras me ayudaba a levantarme del suelo.

 

-¿Como sabe usted mi nombre?- pregunté extrañada por el hecho de que aquél desconocido me conociera, a no ser que fuera alguien cercano a mi padre adoptivo, la gente del territorio Edmund apenas conocía mi nombre, y aún menos mi apariencia, así que era extraño que este desconocido si supiera de mí.

 

-¡No hay tiempo para cháchara, solo súbete a tu corcel y huyamos!- comandó el encapuchado aún sin resolver mi duda 

 

Hice caso a lo que dijo y me monté sobre Dorte para cabalgar junto a aquél desconocido. Esto podría ser perfectamente una trampa, pero tengo una corazonada, una corazonada de que este sujeto en verdad si quiere ayudarme, una corazonada que me decía que yo ya había conocido a ese sujeto.

 

Tras un rato, al fin estábamos lo suficientemente lejos del bandido como para que no pudiera dar con nosotros, entonces confronté al encapuchado.

 

-Revele su identidad, misterioso encapuchado- le dije al encapuchado con toda la valentía que pude sacar de dentro de mí en aquel momento.

 

-Bueno, supongo que ahora que estamos lejos del peligro ya podemos hablar- dijo el encapuchado cambiando a un tono de voz más relajado a la vez que familiar, entonces, se quitó la capucha y reveló su identidad, la cual era... -Soy Ferdinand Von Aegir, aunque bueno, ya deberías saber eso, Marianne- dijo Ferdinand mientras su pelo naranja se movía al compás del viento.

 

-¿¡Ferdinand!?- dije sorprendida -¡¿Que haces aquí?! ¿Y era necesario todo lo de estar encapuchado y sin decirme quién eras?- pregunté.

 

-Bueno verás- empezó a contar Ferdinand. -Después de que la guerra empezara, Edelgard me despojó de mi título como noble y de mis tierras, por suerte logré reunir a un grupo de rebeldes para empezar una revolución- me contó.

 

-Pero si empezaste una revolución ¿Como es que has acabado solo y en los territorios del Marquesado de Edmund?- interrumpí -Oh, perdón por mi falta de respeto- dije al darme cuenta que había interrumpido a Ferdinand 

 

-No te preocupes justo iba a llegar a esa parte- me dijo Ferdinand mientras su voz y cara se ponían más serias -Aquel intento de revolución salió horriblemente mal, la mayoría de mis hombres murieron o quedaron heridos, y el resto de hombres desertaron, porque les dije que sería mejor que no apoyen mi causa, pues seguir a mí lado solo les traerían problemas. Así es como he acabado vagando las tierras de Fodlan sin rumbo, siendo un fugitivo y sin la compañía de nadie mas que mi corcel.- terminó de decir Ferdinand mientras sacaba algo de comida de su bolsillo, para dársela de comer a su corcel. Ante aquella acción, mi Dorte se empezó a acercar a la mano de Ferdinand, para intentar coger un bocado de la comida del otro corcel presente -¡Vaya! Veo que tú también tienes hambre ¿Eh?, no te preocupes, que tengo comida de sobra para ambos- Dijo Ferdinand mientras ponía su mano en el casco de acero de Dorte para acariciarlo -Cambiando de tema, ¿Que has estado haciendo tú desde que empezó la guerra?- me preguntó mientras Dorte y el corcel de Ferdinand comían las manzanas que él sujetaba.

 

-Tampoco es que haya hecho mucho- suspiré -paso la mayoría del día aislada dentro de la mansión de mi padre adoptivo, porque no quiere que salga afuera y corra peligro, aunque a veces consigo escabullirme para respirar un poco de aire fresco con Dorte- le expliqué a Ferdinand mientras me lamentaba por tal aburrida vida, que aunque segura, era triste el hecho de no poder aportar nada para solucionar este conflicto.

 

-Vaya, me apena oír eso, pero bueno, al menos el Marqués Edmund parece preocupado por tu seguridad- dijo Ferdinand intentando sacar a relucir lo positivo de mi situación.

 

-Parece que al menos de eso si se preocupa, pero a nivel personal apenas nos hablamos, aunque él esté en la misma casa que yo, sigo sintiendome solitaria ahí dentro- me lamenté. 

 

La cara de Ferdinand pasó de estar sonriente a estar lamentada -oh vaya, espero que puedas estrechar lazos con tu padre adoptivo, pues tener un mala relación con alguien que ves todos los días no es lo más placentero- me aconsejó Ferdinand.

 

-Gracias por la ayuda, Ferdinand- le respondí.

 

-Bueno, ha sido un placer el volver a verte, Marianne, pero ya debo marcharme- dijo Ferdinand mientras se montaba en su corcel, ya saciado.

 

-¿Que? ¿Tan pronto?- dije, me había vuelto a encontrar a alguien conocido, no quería que me abandonara tan rápido.

 

-Lo siento, Marianne, pero estoy en busca y captura, nunca puedo quedarme en solo un sitio, sino podría ser atrapado- explicó Ferdinand.

 

-Pero Ferdinand, el territorio de Edmund sé encuentra muy alejado del imperio, además, el bosque que rodea el territorio lo aísla aún más, si buscas un lugar en el que asentarse, este es ideal- le argumenté a Ferdinand para que no sé fuera.

 

-Bueno, no son malos argumentos- Ferdinand dijo, perfecto, ahora solo tengo que convencerle del todo.

 

-Asi pues, últimamente hay muchos bandidos, como el que intentó atacarme antes, amenazando la seguridad de los habitantes del territorio, y tu eres la persona perfecta para encargarte de ellos- seguí argumentando, seguro que esto le convencería.

 

-Hmm... Negarse a la llamada de auxilio de un territorio es difícil- Ferdinand dijo, aún dubitativo.

 

-Por favor Ferdinand, te lo suplico, ayudanos a mí y a mí gente, prometo que te lo compensaré con un gran botín- dije juntando mis manos.

 

-Bueno, está bien, no quisiera abandonaros a tí y a tu gente en medio de una dura situación- aceptó finalmente Ferdinand -Pero no hace falta que me des ninguna recompensa, me basta con ayudaros, aunque, si no es molestia, me gustaría saber si podrías conseguirme un lugar en el que asentarme.

 

-Si, te puedo proporcionar una vivienda a cambio de tu trabajo- le dije a Ferdinand.

 

-Entonces ya hemos llegado a un acuerdo- dijo Ferdinand mientras estiraba su brazo para ofrecerme un apretón de manos.

 

-Por supuesto- respondí mientras estiraba mi propio brazo para aceptar su apretón de manos, un excelente apretón firme y fuerte, pero a su vez delicado y elegante para no causar dolor, normal teniendo en cuenta a quien estoy estrechando la mano -entonces deja que te guíe a tu nuevo hogar- dije mientras me subía en Dorte.


POV de Ferdinand:

 

Marianne empezó a cabalgar a su caballo hacia el norte mientras yo iba detrás, en mi propia montura. El camino hacia mi nuevo hogar fue muy agradable, galopar al atardecer en el territorio de Edmund. El territorio de Edmund es realmente precioso, sus colinas verdes y sus prados llenos de anémonas con pétalos azules y varios molinos que se podían ver a la distancia decoraban la tierra, mientras que varios pájaros y guivernos volaban por el ahora rosado cielo, de hecho, el paisaje del territorio de Edmund me recuerda bastante al territorio de Varley, una zona rural en la que se podía respirar la naturaleza y la tranquilidad. 

 

El viaje, aunque con vistas preciosas, estaba siendo algo silencioso, así que intenté iniciar una conversación -Marianne, ¿me puedes contar un poco más sobre el territorio de Edmund?- le dije a Marianne.

 

-Bueno- dijo Marianne pensando en qué responder -El Marquesado de Edmund es un territorio conocido por sus tierras fértiles y por su gran variedad de cultivos, además, al ser tierras costeras, también da acceso a muchos tipos diferentes de pescado, por ende, siempre ha sido un lugar próspero y lleno de recursos, aunque nunca fueron aprovechados al máximo, por ende, no tenía mucho dentro de la alianza. Pero desde que el actual Marqués de Edmund está a cargo del territorio, ha conseguido ascender rápidamente entre los rangos de los nobles de la Alianza de Leicester, gracias a la creación de rutas de comercio que abastecen de recursos a todos los territorios de la Alianza- explicó Marianne.

 

-¡Oh vaya! ¡Que gran hazaña! Espero que algún día yo también pueda ser tan importante para el Imperio como lo es el Marqués de Edmund para la alianza- dije con un tono entusiasta en mi voz, realmente el marqués de Edmund era alguien admirable en cuanto ser noble se trataba, alguien que es capaz de explotar y distribuir los recursos de su tierra para abastecer a toda una nación es definitivamente alguien capaz, aunque ya veré qué tipo de actitud tiene si algún día le conozco, porque según las palabras de Marianne, parece bastante frío.

 

-Oye Ferdinand- dijo Marianne mientras estaba absorto en mis pensamientos.

 

-¡Dime!- volví en mí rápidamente para escuchar lo que tenía que decir.

 

-¿De donde ha salido tu corcel? Estoy muy segura de que nunca lo he visto en los establos de Garrech Mach- dijo Marianne mientras miraba a mí montura.

 

-Oh, ¿Mi corcel? Si, es normal que no la conozcas, es mi yegua, se llama Venus. Me lleva acompañado desde que tenía unos 10 años, no está acostumbrada al combate y yo tampoco es que haya batallado encima de un caballo desde que entré a Garrech Mach, así que por eso nunca la llevé a los establos del monasterio, pero ahora que estamos en guerra, me he visto obligado a montar en ella, porque por muy rápido que sea yo, a pie difícilmente podría huir de los soldados del imperio- le expliqué a Marianne mientras nos acercábamos a mi destino.

 

-Parece buena chica, quizás se podría llevar bien con Dorte- comentó Marianne.

 

-Si que lo es, siempre ha sido muy cariñosa desde que la conocí- dije mientras le acariciaba el cuello a Venus, y seguimos galopando.

 

No mucho tiempo después, llegamos a mi nuevo hogar. Era una casa relativamente grande, aunque no lo suficientemente como para considerarse una mansión, bueno, yo me conformo mientras pueda sobrevivir en ella. Las paredes de la casa estaban hechas de ladrillos bastante oscuros, teniendo varios soportes hechos de madera también oscura. El tejado, hecho de tejas cerámica, no era nada fuera de lo común, pero el color negro de las tejas complementaba bastante bien a los colores apagados del resto de la casa.

 

-Ya hemos llegado- dijo Marianne mientras se bajaba de Dorte -Esta casa es una de las propiedades de mi padre adoptivo, la tiene algo abandonada, así que no creo que te lleguen visitas por parte suya- explicó Marianne -¿Quieres que te guíe por el interior?- me propuso.

 

-No hace falta, ya me acomodaré por mi cuenta- dije rechazando su oferta -aunque algo que si me preocupa es que la casa esté en medio de la nada- dije.

 

-No te preocupes por eso, la mayor ciudad del Marquesado, Aoife, está a apenas 2 kilómetros de distancia en dirección Norte, así que no deberías preocuparte en cuanto a eso- explicó Marianne.

 

-Oh, entonces perfecto- respondí.

 

-Bueno, si todas tus dudas han sido resueltas, entonces yo ya me dirijo a mí hogar- dijo Marianne 

 

-Espera, ¿No te apetece quedarte a tomar algo de té?- le propuse.

 

-Me encantaría, Ferdinand. Sin embargo, ya llevo mucho tiempo afuera y no quiero levantar las sospechas de mi padre, ademas, está anocheciendo- explicó Marianne rechazando mi propuesta.

 

-Está bien, lo comprendo, no te retuviere mas, puedes irte- dije.

 

-Gracias Ferdinand, espero que nos podamos volver a ver- dijo Marianne mientras volvía a subir en Dorte y se iba hacia su casa.

 

No voy a mentir, me hubiera gustado estar un poco más de tiempo con Marianne, pero b

ueno, ya me acostumbraré, porque es hora de empezar una nueva etapa en mi vida, ahora en el territorio de Edmund.

Notes:

Este es el fin de éste capítulo, espero que os haya gustado.

La verdad es que está es mi primera vez escribiendo a estos personajes en concreto, así que no sé si los he caracterizado muy bien.

Todas las críticas/sugerencias/consejos seran apreciados, os veré en el próximo capítulo.
¡Muchas gracias por leer <3 :)!