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Language:
Español
Stats:
Published:
2025-02-12
Words:
1,043
Chapters:
1/1
Comments:
1
Kudos:
5
Hits:
62

Instinto (XiaoDery)

Summary:

Xiaojun necesita ayuda para escapar antes de que aparezca la luna.

Work Text:

Tic, tac. Tic, tac. El segundero del reloj retumba en el aula como la cuenta regresiva de una bomba. O al menos, de esa forma lo siente Xiaojun, quien tiene la mirada clavada en la ventana junto a su pupitre. Observa cómo el sol se vuelve cada vez más pequeño en el horizonte, tiñendo todo en tonos rosado y naranja.

Unas cuantas gotas de sudor aparecen en la nuca del muchacho y ruedan por su espalda, a la vez que su respiración se vuelve más irregular. Ni siquiera puede escuchar las palabras del profesor Kim, parado debajo del reloj. El monótono discurso sobre historia coreana es siempre igual, incluso cuando el horario se extiende por castigo al mal comportamiento, como este día. Nadie escucha realmente, cada estudiante distraído en silencio de una forma u otra.

De pronto a Xiaojun lo invade el deseo de derribar su pupitre, saltar hacia el frente del aula y arrancarle la garganta al molesto profesor. Sería demasiado simple transformar sus dedos en garras y hundirlas en ese cuello humano debilucho, observar los chorros de sangre caliente y roja que brotasen entre la piel. Sería tan sencillo que la sola idea lo hace temblar y sacudir la cabeza. No debería tener ese tipo de pensamientos cuando la luna pronto hará su aparición y él no se encuentra en un lugar seguro.

Un golpe rápido interrumpe el discurso del profesor y casi al instante un muchacho pelinegro de otra división entra al aula sin permiso. En lugar de vestir el uniforme escolar, usa una vestimenta blanca deportiva. Se escucha un jadeo proveniente de alguna esquina ante tal falta de decoro, así como también algunas risitas ahogadas. En cambio, Xiaojun lo mira con la respiración contenida.

-Lamento molestarlo, profesor Kim, pero el profesor Park me pidió buscar a Xiao Dejun. Hace media hora que tendría que haberse presentado al Club de arquería para el entrenamiento de hoy –dice Hendery con una sonrisa.

-La clase terminará dentro de 20 minutos. Puede esperar –replica con tono molesto.

-En realidad, no. Nos estamos preparando para una competencia regional que será dentro de dos semanas, así que estamos entrenando todos los días. El consejo escolar aprobó que esto sea una prioridad cuando los horarios coincidan con clases obligatorias o castigos. El profesor Park envió notificaciones el lunes explicando todo esto. Seguro debe estar en su correo –explica con una sonrisa, aunque mueve un poco los dedos de las manos contra el pantalón blanco.

El profesor, con los labios fruncidos, dedica unos buenos minutos a revisar su computadora hasta que, con un gesto de la mano, le indica a su estudiante que puede retirarse. Al principio, los dos muchachos caminan apresurados por los largos pasillos, no queriendo llamar la atención de los pocos cursos presentes, pero pronto se encuentran corriendo los restantes pisos, rumbo al gimnasio. El sol casi ha desaparecido en el horizonte y el alumbrado del colegio se prende cuando llegan a la mitad del patio.

-Gracias por eso –jadea Xiaojun en chino mandarín.

-La próxima vez podrías hacerlo tú mismo –le responde mientras le empuja el hombro izquierdo. Su sonrisa había desaparecido en cuanto abandonaron el aula, mostrando su habitual rostro malhumorado.

-Sabes que todavía se me dificulta hablar bien en coreano. Puedo entenderlo, pero no me sale dar buenas explicaciones como tú hiciste recién.

Entonces Hendery aminora el paso y sujeta a Xiaojun por el mismo brazo que le había golpeado. Unos pocos metros los separan de la puerta del gimnasio y las primeras estrellas del firmamento hacen su aparición. Ya casi no tienen tiempo, pero esta charla tampoco puede esperar.

-Pues aprende bien el maldito idioma y no seas un peligro para todos –exclama con los ojos entornados.

-Llegué aquí hace tres meses…

-No me importa. Yo llegué hace cuatro y nadie está detrás de mí para controlarme –lo interrumpe con la voz agitada–. Ya bastante hace el profesor Park para ayudarnos usando el nombre del club.

-Lo sé, pero…

-¿Qué pensabas hacer? ¿Transformarte en medio de la clase? ¿enfrente de humanos?

-Claro que no. Estaba esperando que termine la hora –resopla con la cabeza gacha.

-¿En serio? –se ríe con un bufido– Todavía están tus compañeros en el aula. Desde aquí se ve la luz encendida.

-Iba a aguantarme hasta que saliéramos –murmura.

Despacio Hendery posa sus manos en las mejillas de Xiaojun. Apenas hace presión para que este note que le comenzaron a crecer las garras. Le levanta la cabeza y observa aquellos grandes ojos ambarinos por unos cuantos segundos. Hay muchas cosas más que tiene atoradas en la garganta, algunas de ellas las guarda desde hace años, pero su lobo no le permite decirlas. Con la luna presente, ahora es momento de que el instinto tome las riendas.

-La próxima vez inventa una excusa o solo vete del aula –dice despacio.

-Está bien. Lo siento, alfa –gimotea.

No hay nadie esperando por ellos en el gimnasio, así que dejan sus ropas en los casilleros del vestidor y se transforman. Rápidamente los huesos se parten y estiran, los colmillos se alargan y el pelaje gris crece hasta cubrirles todo el cuerpo. El olfato, ahora más desarrollado, les sirve para buscar a sus compañeros de manada provisoria. Aquellos olores los guían por el mismo camino hacia el claro del bosque, el cual se encuentra a unos kilómetros del colegio.

El lobo de Hendery marca el paso, volviendo la cabeza cada pocos minutos para controlar que Xiaojun realmente lo siga. Aunque esto no es muy necesario debido a los constantes ladridos juguetones que interrumpen los sonidos del lugar. Al adentrarse más en el bosque y ser el espacio más estrecho, Xiaojun se adelanta y comienza a frotarse contra el costado derecho del lobo más grande. De modo que, cuando Hendery voltea una vez la cabeza para verlo, también le da unos lengüetazos en la nariz.

Para cuando el alfa le suelta un resoplido suave, una manera de pedirle que se comporte, Xiaojun corre en dirección opuesta. Sentir las pisadas fuertes y los ladridos de Hendery persiguiéndolo, hace que su corazón galope eufórico. Le encanta convertirse en su presa y jugar a las escondidas toda la noche, sin importar que a la mañana siguiente lo más seguro es que volvieran a ignorarse.