Chapter Text
Hay cosas a las que Julián pudo acostumbrarse. La distancia, los horarios, las conversaciones interrumpidas. No puede acostumbrarse a la sensación que le aprieta el pecho. Siente el sabor de las flores en el fondo de la garganta, la acidez que ya no lo va a dejar en paz.
Afuera las hojas comienzan a caer marcando el cambio de estación.
OTOÑO
“¿Dormiste mal de nuevo?” Rodri le pregunta antes de entrar a trabajar. El pasillo de la escuela es lo suficientemente ruidoso para que pueda disimular no haber escuchado la pregunta, pero la expresión seria de su amigo lo llena de culpa. No puede mentirle más.
“Masomenos, me despierto y me duermo otra vez” Cuando se vio al espejo esa mañana tenia las ojeras marcadas, un grano en el costado del labio. El estrés no ayuda con el tratamiento.
Otra vez su sueño. Se ve que la enfermedad sabe aprovechar el momento de vulnerabilidad para seguir infectando su mente, y su cuerpo. Sabe que esta soñando, sabe que todo lo que pasa no es real; se ve preparando el mate antes de ir a entrenar y Enzo lo abraza con fuerza, la calidez de su cuerpo contrastando con el frío londinense, siente sus labios en su cuello, dale Juli dame otro beso antes de irme.
Es un sueño. Pero aún siente las manos en su cuerpo. Las lágrimas con las que se despertó también.
“No me gusta verte mal Juli” Sabe que Rodri se esta conteniendo las ganas de abrazarlo, por que sabe que no le gusta ser muy demostrativo ”Sabes que podes contarme cualquier cosa”
Cuando comenzó con los síntomas supo que no podía contárselo a nadie. Por que ya sabe que es lo que van a decir, que le van a insistir. No quiere que nadie se sienta responsable por su decisión. Eligió pasarlo en soledad, y esta haciendo un buen trabajo de eso. Se levanta para ir a trabajar, se junta con sus compañeros a planificar las clases y va al futbol cinco que organiza Licha los fines de semana. Se junta con sus amigos, va a la casa de su mamá, sale a caminar a la plaza que esta cerca de su departamento. Su vida normal.
El dolor en el pecho, la pesadez de la falta de aire son cosas a las que se está acostumbrando. Ya le duele quedarse mucho tiempo de costado, la presión en sus pulmones despertándolo en la noche.
“Tendrías que pedir pastillas para dormir me parece ¿Hiciste las respiraciones que te mande?” Rodrigo le pregunta mientras Julián comienza a caminar hacia su aula, que esta directamente al frente del gimnasio, donde Rodri da sus clases.
“Si las hice. Igual no quiero tomar nada, seguro es por la época del año” Es mentira. ¿Qué haría si sueña por más tiempo estar al lado de Enzo, tenerlo cerca aunque sea en su mente? Es peligroso.
No querer despertar es peligroso.
Querer estar al lado de Enzo, también.
A medida que pasa la mañana, siente como las raíces se van acercando a su corazón. Si se toca el pecho y respira profundo no sabe que pesa más, el dolor de los tallos que crecen, o el dolor de la distancia que parece interminable.
Con el tiempo sobrellevar el sentimiento fue mas sencillo. Ya casi no dolía la distancia, ni el paso del tiempo. Le pone contento ver las entrevistas y las fotos oficiales en su instagram, cada logro de su amigo una alegría para el mismo. El sentimiento del pecho llegando a confundirse con el orgullo.
Pero sabe bien lo que es. La etapa de la negación duró poco tiempo, porque la pregunta es absurda ¿Quién no se enamoraría de el? Julián solo es un mortal más. Enzo tiene la sonrisa mas brillante, los ojos más bonitos y Julián solo puede enamorarse cada vez más cuando están juntos, la mezcla perfecta de todo lo que siempre buscó y que la vida le dio en la forma de su mejor amigo.
Con el tiempo pudo sobrellevar el sentimiento ¿Qué mas podía hacer? Las raíces de su amor ya estaban en su cuerpo desde antes del diagnóstico, la sensación de falta de aire algo rutinario. Que ahora puedan matarlo es lo único novedoso. La primera vez que vio la vegetación de su interior, los rayos x le mostraron como las raíces iban tomando forma, como los tallos crecían lentamente en su interior. Gysophila paniculata, velo de novia. Las pequeñas flores van creciendo como si se alimentaran del sol de sus sentimientos, de la risa cálida de su amigo, de los minerales de su corazón- Quizás era su suerte que también sean venenosas para el humano.
El castigo por sentir lo que no debería sentir.
Caminado a su casa con el folleto informativo de la enfermedad, con las palabras "Hable con la persona indicada" subrayadas en negrita, Julián recordó el momento exacto en la que comenzó su enfermedad.
"No me dijiste que te ibas a quedar a dormir"
Julián mira su bolso abierto sobre el sillón de su amigo. Mira sus pies descalzos sobre la alfombra, las zapatillas al lado de las de Enzo en el mueble detrás de la puerta.
"No no, vine pero ya me tengo que ir" Miente "Tenía un poco de tiempo pero ya me voy"
Cierra su bolso después de sacar un buzo que no necesita y va hasta la entrada para ponerse sus zapatillas. Seguro alcanza a tomarse el colectivo que lo lleva de nuevo a su casa, antes de que sea más tarde.
"Ya tenia planes, no te avise porque-"
"No pasa nada, yo no me iba a quedar" Lo corta. No necesita la explicación porque es obvio. Enzo solo tenía un rato para tomar lo que quiere de él. Julián le reservó días de su vida.
Parado en la puerta con su bolso en la mano espera que Enzo le abra la puerta. Hace una hora no podían despegarse uno del otro.
"Chau Juli. Otro día arreglamos" Sabe que no hay otro día, que Enzo sale temprano para Londres.
Asintiendo, sale de la casa que tiene para quedarse cuando vuelve a Argentina. Quizás el ardor en la garganta fue el primer indicio de que algo más estaba sucediendo. Parado en el medio de la calle con el bolso en la mano y aún con el tacto del otro sobre su piel, la acidez era otro síntoma del cóctel de angustia que se formaba cada vez que abandonaba la casa ajena.
Pero ¿Qué cambiaría quedándose unos minutos mas? ¿Qué haría Enzo si supiera que se quedaría horas, días, semanas? ¿Toda la vida?
"Entonces la enfermedad fue catalogada como tal en 1933, después de que varias personas manifestaran los mismos síntomas, y las mismas causas de muerte"
La voz de la guía en el Museo de ciencias naturales estaba amplificada por el micrófono que tenía, y Julián observa a sus estudiantes escuchando atentamente el relato. El recorrido esta compuesto por videos de películas e imágenes de cuadros y fotos que muestran varias facetas de la enfermedad. Gráficos científicos que describen los signos, los síntomas, el tiempo que transcurre hasta que es imposible recuperarse. Fotos tomadas por microscopios analizando las flores más comunes de encontrar, que se distribuyen según la geografía del lugar de origen de la persona infectada, aunque en algunos casos se dan en forma de vegetación del lugar de nacimiento de la persona que aman.
"Hasta hoy siguen apareciendo casos esporádicos que se dicen son de los descendientes de la primera pareja que cursó la enfermedad" La guía sigue explicando mientras los chicos exploran la sala en la que se encuentran "Por ahora es casi imposible seguir el curso de la infección, ni hay un tratamiento efectivo"
" ¿Pero por que no hay una cura?" Una de sus estudiantes pregunta "Si pasó tanto tiempo"
"Para hallar la cura hay que hacer experimentaciones y análisis, y para eso las personas infectadas tienen que dar su consentimiento" Explico la guía mientras caminaba de espaldas por el salón "Son muy pocas las personas que se ofrecen a esto, y generalmente los ensayos se hacen post mortem"
Se detienen al frente de un cuadro, donde las figuras de los amantes en un abrazo abarca toda la pared. El hombre la sostiene de la cara para darle un beso a la mujer que posee flores por todo el cuerpo.
"Este cuadro es de 1909 y se cree que es la primera representación de la enfermedad" Julián se acerca para observar el cuadro mas de cerca. Es hermoso, encandilado con los detalles en amarillo y los trazos gruesos del óleo "La mujer esta representada con varios manchones de flores, y el artista retrató la cura de la enfermedad ¿Alguno puede decir cuál es?"
"¿Un beso?" Ante la respuesta algunos chicos se ríen y Julián los fulmina con la mirada para que se queden quietos.
"¡Muy bien! Pero no cualquier beso, el beso del afecto de la persona infectada. Lo raro de la enfermedad es que sabe cuándo es real, y no fingido o nacido por la necesidad de ayudar a la persona enferma" La guía se da vuelta para señalar la imagen "El cuadro nos deja con esa duda. Si es el beso que la puede curar ¿Por qué sigue teniendo flores en el cuerpo? ¿Realmente la ama? ¿O la ayuda por que sabe que va a morir?"
Al final de la excursión Julián compra un imán del cuadro que cuenta sin querer, su historia. Sus estudiantes recorren la tienda de recuerdos emocionados por los peluches y cuadernos con imágenes del recorrido, pero su visión queda en el pequeño imán de los amantes. De la mujer de las flores, que hace más de cien años pasó por lo mismo que Julián ¿Ese beso la habrá salvado?¿Se declararon su amor y vivieron juntos por el resto de su vida? ¿O el hombre solo quiso ayudarla, conmovido por el destino que la espera al final de todo?
Esa noche sueña que está envuelto en una manta hecha de sus propias flores, Enzo recostado a su lado. Le acaricia el rostro y su boca se mueve formulando palabras pero son inentendibles. Enzo lo mira confundido, y lo besa. Siente en sus labios el sabor de sus propias flores, y la terrible realización de que este beso no lo va a curar.
Se despierta tosiendo, y no puede volver a dormir. Desde su mesa de luz, los amantes lo observan, y siente en sus entrañas que su futuro ya está escrito.
Está en el cumpleaños de Cristian, y como siempre, rememoran como era la vida cuando eran mas chicos, las cagadas en la escuela y como se escapaba con Licha para ir a pasear. Julián, Enzo, Licha y el Cuti fueron amigos toda la vida, y con la pareja mantenía una relación cercana. El único fuera de la cercanía era Enzo. Cuando eran chicos se presentó en River Camp y desde ahí comenzó con su carrera profesional. Ahora, a miles de kilómetros de distancia, ganando en euros en un mes lo que Julián ganará en toda su vida, solo contesta en el grupo esporádicamente. A Julián no le contesta los mensajes hace meses.
"Te veo mas flaco Juli" Licha se le acerca con le vaso de fernet que preparó de la manera en la que el Cuti le enseñó hace varios años "¿Estas comiendo bien?"
"Para mi estoy normal" Hace el amague de mirar hacia abajo, donde sabe que el jean le queda mas suelto, el buzo mas amplio "Debe ser que estoy comiendo más verduras"
"Bue, ya te pegó la crisis de la mediana edad" El Cuti le contesta desde al lado de la parrilla "Toma Licha, dale un chori"
"Este no es el chori que quiere" Le pega un palmazo antes de que su amigo salga corriendo a buscar la carne. Quiere reirse, pero sabe que la tos que le va a salir después va a ser imposible de explicar. No quiere arruinar el cumpleaños de su amigo.
"¿Hablaste con Enzo?" Le pregunta el mas bajo cuando se acerca de nuevo "Le mande un par de mensajes pero no me contesta" Como para que le crea, le acerca el celular con el chat abierto. Ve que le mando un par de fotos de ellos jugando al futbol, una de Julián corriendo hacia el arco contrario, mira que jugador nos perdimos!!! Las dos tildes indicando que fueron entregados y abiertos.
Cristian puede ver que se quedo congelado, los ojos fijos en la foto que Licha mando. Sabe que llegó a la misma conclusión.
"Che ¿Se olvidan ustedes que el tipo no vive una vida normal como nosotros?" Comenta mientras da vuelta el pedazo de vacio "Ni tiempo debe tener para contestar todos los mensajes que le deben llegar"
"Bueno pero antes nos hablaba cada vez que podía" Licha le recrimina "Es mas, arregló para verse con Julián cuando vino para acá y nosotros no podíamos"
Ya conoce el sabor que le llena la boca en un instante. Sabe a lo que su amigo se refiere. La vez que en una concentración del equipo en Argentina, pudieron verse con Enzo unas horas. Antes de las flores, de los mensajes no contestados, de las llamadas perdidas.
"Bueno pero con Juli siempre fue diferente" Reflexiona el mas alto "Siempre tuvieron eso"
No puede contestar. No quiere saber, y no quiere entender a lo que se refieren. No hay nada, nada especial ni diferente. Nada especial en los besos, en las caricias, en los te extraño que se murmuraron en la piel. No es el momento para recordar esa escena en particular, y en vez de contestar, se levanta con la excusa de ponerle mas hielo al fernet.
Licha y Cristian se miran, y por el bien de su amigo deciden dejar el tema ahí. Escuchan la tos pero no les llama la atención, porque seguramente se ahogó probando la bebida.
En el grupo que comparten los cuatro, Cristian manda una foto comiendo el asado. Enzo les reacciona la imagen pero no les contesta.
Esa noche, abre los ojos de repente. La habitación está oscura, siente que podría ser de madrugada todavía. Los vestigios del sueño dan vuelta detrás de sus ojos, el tacto, la voz, la forma del cuerpo contrario sobre el suyo, su voz murmurando Enzo , Enzo, me encanta, te am- . Se aprieta los ojos con las manos, quiere concentrarse en el subir y bajar de su pecho, sabe que tiene que trabajar temprano y no puede desvelarse. Otra vez.
Reprime todo lo que puede la tos que siente trepando por la garganta, aún puede disimular los ataques- pero no puede disimular el dolor que no tiene que ver con el cuerpo extraño creciendo en su interior.
A veces sueña con otras cosas. Las vacaciones en Córdoba, salir del último día de escuela, a las mañanas soleadas con Enzo a su lado, lo primero que veía al despertar, lo último antes de ir a dormir. El sonido de su respiración al quedarse dormido, su risa al empujarlo al río donde van a pasar las tardes, las dos tazas en la mesa, dos pares de zapatillas al lado de la puerta. En sus sueños es igual, pero diferente. sabe que es un sueño, pero la ausencia al despertarse lo destroza como si fuese real. Como si las imágenes de Enzo sentado a su lado mientras almuerzan, dormido del lado derecho de la cama porque dice que le trae suerte, abrazados en el sillón mientras miran una película, fuesen reales.
El ataque de tos dura más que los normales. Las flores quedan sobre la almohada, la sangre manchando los pequeños pétalos.
Quiere volver a dormir. En sus sueños no conoce este dolor.
Cuando ve el círculo verde en el icono piensa dos veces si ver la historia. Hoy no es un buen día. Cada vez que quiere respirar profundo siente las obstrucciones en el pecho, el flujo de aire interrumpido en su interior. Siente en su aliento el leve aroma de las flores, se está haciendo cada vez mas consciente del cambio en su cuerpo, de la peligrosidad del paso del tiempo. Mirando como las hojas de los árboles que se ven desde la sala de profes van cambiando de color, se pregunta cuándo llegará el punto de no retorno. Cuando su cuerpo entenderá que no tiene sentido seguir retrasando lo inevitable.
Al abrir la historia, ve en primer plano el pecho tatuado, la sonrisa y los ojos marrones mirando fijo a la cámara. Absorbe todo, los detalles nítidos por lo cerca de la cámara. Conoce las almohadas grises, el cabezal de la cama. Casi puede sentir de nuevo la suavidad de la piel en sus dedos, la textura de los tatuajes en sus labios, la frescura de las sábanas en su espalda.
"Dale bobo me haces cosquillas"
Enzo tiene la cabeza apoyada en su pecho. Después de terminar, le gusta quedarse acostado de esta forma, y Julián espera que confunda el aleteo de su corazón con la adrenalina del sexo.
"Y quedate quieto que quiero dormir"
Julián sonríe aunque se queja. Hace un momento estaban unidos, pero estas escenas son en las que más cerca lo siente. Más suyo. Pasa su brazo al rededor de la desnudez de su amigo, y lo aprieta más contra sí. Las almohadas de la cama son gigantes así que elige acostarse contra él.
"Dormite Juli, yo te llamo mas tarde"
Siente cómo le deja un beso en el pectoral. Que sea justo encima de su corazón es un detalle. Que lo haya sentido en todo el cuerpo también.
Ve que los brazos tatuados están cruzados por detrás de la cabeza, es obvio que alguien mas sacó la foto.
Es obvio que no esta solo.
Se encierra en el baño de la sala de profesores para toser, la fuerza que hacen sus pulmones lastimándolo con cada exhalación. Ve como las flores caen al inodoro, las machas de sangre al rededor de la taza. Con los ojos llenos de lágrimas trata de respirar por la nariz, pero siente el tallo ramificado subiendo por la faringe- la sensación de que la planta le esta apretando el cuello lo asusta. Desesperado se mete los dedos en la boca, buscando eliminar la presión, rasguñando con las uñas los pétalos que se le quedaron pegados al paladar.
Vomita con todas sus fuerzas, cayendo al piso de repente. Ve con horror la sangre que queda manchando su ropa, más de la que estaba acostumbrado a ver. Siente el dolor pulsándole detrás de la lengua, y esta seguro de que no puede hablar. No hay forma de que entre a trabajar de esta manera. Esta solo, adolorido, con la ropa y el baño lleno de sangre.
Rodrigo lo encuentra aún con la cara pegada al inodoro, los ojos cerrados tratando de recuperar el oxígeno. Sin decirle nada, lo levanta y acomoda mientras limpia todo lo que puede.
INVIERNO
Es domingo y otra vez Giuliano está en el sillón de su casa mirando un partido cualquiera. Se le hizo hábito caer después de la siesta para pasar un rato juntos. Esta feliz por afianzar la amistad con su compañero, aún después de intentar ser algo más, pero su presencia lo obliga a ser consciente de su respiración, de los ruidos que se escuchan dentro de su pecho.
Prefiere estar mil veces con el que con Rodri, que desde esa escena en el baño no puede evitar mirarlo con una tristeza que lo persigue por toda la escuela. Siguen hablando, y Julián le prohibió comentar algo sobre lo que sucedió. Sobre su enfermedad, sobre la persona que sabe que esta enamorado. La situación se esta volviendo difícil de sobrellevar, y no necesita la pena de su amigo.
"Juli vení que ya volvió a empezar"
Cargando el agua en el termo toma las cosas para volver a sentarse al lado de su amigo. Si bien se sienta a su lado Giuliano aprovecha para acercarse aun más y pasarle el brazo por detrás de su cabeza.
"Ju ¿Estás bien?" Se gira para mirarlo, el mate a medio cebar.
"¿Si? estoy bien Giu" Le pasa el mate con su mejor sonrisa, la que hace que se le resalten los hoyuelos.
"Hace un par de semanas estas raro, como apagado" Siente sus facciones congelarse. El brazo detrás de su cabeza se posa en su hombro "Te siento triste Juli. Los chicos igual están preocupados"
No quiere que se le acumulen las lágrimas en los ojos, no quiere pelear con la sensación asfixiante. Pero Giuliano lo mira tan triste y preocupado que no resiste, y las lagrimas caen lentamente. La mención de sus estudiantes lo termina de romper.
Le cuenta todo lo que sabe, lo que pasa, lo que siente. La liberación es tanta que al terminar de explicar todo solo puede caer en el pecho de su amigo, la piedra que le pesa en las entrañas un poco más liviana pero el aire más escaso. El morocho no puede hablar, así que solo envuelve sus brazos a su alrededor, con cuidado de no apretarlo demasiado.
Que fácil sería si fuese todo por el hombre que lo sostiene. Que fácil sería sin la distancia, sin los silencios y los encuentros furtivos. Que fácil sería con las caricias y las muestras de afecto, con los mates los domingos después de la siesta.
Pero que haría sin ese sentimiento. Lo único entre los dos, la conexión que traspasa continentes. Estar enamorado de Enzo le trajo desgracias, pero aún así lo elige, lo elige, lo elige.
En los brazos contenedores de Giuliano, desea con todas sus fuerzas poder estar en otros, a miles de kilómetros de distancia.
Será que el avance de su enfermedad le esta derrumbando todas las barreras que puso a su alrededor, por que Giuliano no se despega de él ni cuando terminó el partido, ni cuando era hora de irse a su hogar. Lo siente recostarse a su lado en su cama, la mano sobre su pecho como afirmando que sigue respirando. Se queda dormido con la voz de su amigo planeando el día siguiente, lo que va a hacer de desayuno y que van a ir a pasear cuando salgan de la escuela.
Enzo sale de el y lo mira desde su posición, la luz de la luna iluminando la cara. Solo lo mira, los ojos oscuros moviéndose entre su cara y su pecho. Julián nunca se sintió avergonzado de su cuerpo, y menos con Enzo, pero a veces cuando lo engancha en estos momentos se pregunta que esta buscando. Que espera ver en su figura, que espera descubrir.
Con cuidado Enzo se acerca y lo toma del rostro para acércalo a sus labios, tan suave que contrasta con el movimiento al que lo sometió durante toda la noche.
A veces Julián se pregunta si el también siente la electricidad que le recorre el cuerpo cada vez que se tocan, o como puede verse tan desafectado después de darle la caricia mas suave junto con el beso mas dulce. Sabe que la respuesta es una que no quiere escuchar. Se quiere perder en las caricias que el morocho deja sin pensar en su cuerpo, la forma en la que sus manos parecen hechas para sostener su rostro. La cama es tan grande pero ellos están tan juntos como una fuerza sobrenatural que los une entre si. Sólo con él, solo para él, él siempre él.
"Enzo, Enzo" suspira "te amo"
Escucha la confesión escapársele por los labios. Se aparta con brusquedad de Enzo, dirigiéndose al baño para calmarse. El morocho lo mira en silencio desde la cama, su expresión sorprendida antes de cerrar la puerta.
Siente algo en la boca, mas en el fondo de su garganta. No quiere hacer arcadas pero la sensación esta ahí, molesta y ácida. Trata de verse en el espejo, ignorando las marcas de los labios y dientes en su pecho, concentrándose en mover la lengua para lograr ver lo que hay.
Ve algo blanco y mete los dedos en su boca para tratar de sacarlo. Respira por la nariz y con fuerza hunde los dedos en su paladar para arrastrar lo que sea que tenga hacia adelante.
Cuando saca los dedos tiene pegados pequeñas flores blancas, tan chiquitas que son varias las que pudo sacar.
No quiere creer que es lo que le esta pasando.
Afuera se escucha el sonido de Enzo colocándose la ropa.
Lo despierta el sonido de un sollozo ahogado, y cuando se levanta se da cuenta de que fueron sus propios lamentos lo que lo despertaron. La fuerza del llanto lastimándole los pulmones. Giuliano sigue acostado a su lado, por fuera de las sábanas. Desesperado se abraza a su cuerpo, el dolor de garganta, del pecho, del corazón debilitándolo en el medio de la noche.
Siente que su amigo lo sostiene, acariciándole la espalda, el pecho, el pelo. Se concentra en el patrón que dibujan las manos en su cuerpo, y cuando Giuliano le levanta la mirada para verlo bien, no se aleja cuando le deja un suave beso en los labios. Sabe que le duele verlo así, que lo besa más para calmarse a sí mismo que a Julián, para cerciorarse de que puede tranquilizarlo.
En la oscuridad, abrazados y compartiendo pequeños besos, Julián desea que pase todo más rápido para que la tristeza deje de llegar a todos lo que conoce.
No puede desear dejar de amar a Enzo.
"La verdad me sorprende que puedas caminar en el estado en el que te encontrás" La doctora lo mira, para luego volver a analizar los papeles blancos con números y símbolos que Julián no logra descifrar "¿Ya pediste licencia en tu trabajo?"
A su lado Giuliano esta congelado. No puede engañarse más, creyendo que Julián iba a recuperarse o estar mejor después de que traten de estar juntos. En el fondo agradece que lo este ayudando, pero su corazón sabe que no es esto lo que necesita. Las flores solo crecen, y crecen, y toman todo lo que Julián posee.
"No, no pedí nada." Julián mira la cara sorprendida que la doctora le dirige "Quiero disfrutar de mi trabajo el tiempo que me quede"
"Bueno Julián, lo entiendo. Pero también tenes que entender que va a llegar un momento en el que solo el reposo va a ser posible" El tono de voz no le deja lugar para argumentar "En un momento tus músculos van a dejar de recibir oxígeno, y por lo tanto van a deteriorarse. Lo mismo va a pasar con tu cerebro"
Inconscientemente busca la mano de Giuliano. Ya lo sabe, sabe como funciona, cómo va avanzando la enfermedad. Pero escucharlo de otra persona es shockeante, la descripción de la fatalidad algo para lo que quizás no estaba preparado.
"Entiendo que no hablaste con la persona involucrada" La frialdad con la que se refiere a su situación lo vuelve a colocar en sintonía "Podrías probar a ver que sucede, como tu médica necesito saber que tomamos todos los caminos posibles"
"Es, complicado. El no vive en Argentina" Se aclara la garganta cuando siente los pétalos hacerle cosquillas "El no sabe de mi enfermedad, y decirle lo pondría en una situación extrema, no quiero llegar a eso"
"¿Sabes que no te queda mucho tiempo, no Juli?" Siente como Giuliano le aprieta la mano "No creo que puedas perder más de lo que esta en juego ahora"
Sabe que no puede hacerle eso a Enzo. Preocuparlo estando tan lejos, romper con el tratado de silencio que se creó entre los dos. Hablarle para rememorar cómo se confeso para después encontrarse con una habitación vacía. Prefiere morir antes de mostrarle las flores que crecen para él.
Niega con la cabeza. La doctora no sigue insistiendo, y lo deja ir con el turno para dentro de una semana. Con el paso de tiempo las visitas al consultorio son más periódicas, hasta el día que inevitablemente tengan que internarlo.
Giuliano lo lleva a la plaza cerca de su departamento, y toman un helado a pesar del frío que los rodea. Los árboles casi no tienen hojas, y el banco en el que se sientan está congelado. Mirando el cielo despejado con el poco sol que se asoma por el horizonte, Julián piensa si es así como se sintió la mujer del cuadro.
