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Ojos rosados se posaban observando las largas lineas hinchadas y rojas sobre su muslo. No era la primera vez que hacía algo parecido, Kieran aprendió a desatar sus emociones de aquella forma.
Valentine obtuvo poderes que ningún otro vampiro tiene gracias a sus intensas emociones, pero aquello trajo consigo consecuencias mucho peores para el vampiro emocional, y es que emociones caían sobre él como una arrasante cascada sobre su cabeza, corrían por sus venas como la lava de un volcán activo, causaban dolores de cabeza, temblores intensos, nauseas, nublaban su cabeza y lo hacían actuar a sus impulsos, llevandolo a recurrir a actos de autolesión para liberar la intensidad de sus emociones, golpes, rasguños, enterrar sus uñas en su piel, tirarse el cabello, cortes, eran sus principales formas de liberar la tensión.
Kieran había creído que cuando se reformara, tuviera amigos y al fin pueda ser él mismo, todo mecanismo de defensa desadaptativo desaparecería y sería un mejor monstruo, pero la realidad lo golpeó con fuerza. A penas sentía que había cambiado, a pesar de ir a terapia y recurrir a psiquiatra para sus dolencias, pero el recorrido para sanar es demasiado para su poca paciencia.
Si bien habia aceptado ser gay abiertamente y ya no ser un rompecorazones, él tenía muchos más defectos de los cuales deshacerse. Y a pesar de tratar de mejorar, tenía miedo, Valentine no reconocía quién era sin el dolor.
Actualmente se encontraba en su dormitorio, en su cama, Spelldon no había respondido a los mensajes que le envió y lo estaba volviendo loco, Kieran sabía que no debía reaccionar así, se sentía culpable, pero no soportaba que su propio novio lo estuviera ignorando. Quería llamarlo, mandarle mil mensajes, salirlo a buscar por todo Monster High, pero eso solo lo haría ver como el tóxico novio manipulador que todos ya habían conocido en su pasado y él no quería eso, no quería ser un mal novio, pero necesitaba saber que Spelldon seguía ahí, que lo amaba, su comunicación, su atención.
Su mento comenzó a maquinear, ¿Qué era lo que había pasado para que Spelldon no le respondiera?, quizá le sucedió algo malo, capaz estaba con otro, con otra incluso, capaz lo raptaron. Su mente no soportaba, quería agarrarle el cuello y gritarle que le diera atención, porque Valentine no podía ponerle atención a ninguna otra cosa que no fuera Spelldon en este momento, en que respondiera. Tenían planeado dormir juntos en su dormitorio, ¿Cómo no iba a responder?
Y luego de media hora desde su último mensaje, los ojitos del vampiro se iluminaron cuando el brujo respondió, y todas sus preocupaciones de esfumaron, Valentine sentía que lo amaba más que a nada. El mensaje de Spelldon decía que iba en camino a su dormitorio terminando con un corazón rosa, el emoji favorito de Valentine. Ahora estaba más emocionado que nunca.
Esperaba con impaciencia la llegada de Spelldon, escuchar que tocara la puerta y llamara a su nombre, dió un suspiro ilusionado y se sentó en su cama a esperar, mirando alrededor de su dormitorio para asegurarse de que no tuviera nada vergonzoso a la vista de Spelldon.
Y cuando el brujo tocó a la puerta, no tardó en dar un brinco emocionado y abrirla, recibiendo al brujo con los brazos abiertos.
—Spelldon! Al fin-...— Su sonrisa de desvaneció un poco de su rostro al notar la seriedad y sorpresa en su novio al momento de verle los brazos y muslos. Spelldon era muy bueno ocultando sus emociones, pero Valentine era muy bueno leyendolas.
Kieran se había olvidado de ocultar algo que él consideraba vergonzoso en sí mismo, sus cicatrices y su reciente largo rasguño en su muslo, Valentine se maldijo a si mismo por habersele pasado ese detalle. Se sentía sucio y vulnerable, sus ojos se llenaron de lágrimas de inmediato, haciendolo sentir aún más verguenza por ponerse a llorar.
Spelldon al ver que los ojitos rosa del vampiro humedecieron, él se agachó a su altura para limpiarle las lágrimas que se derramaban. —Oh cariño, tranquilo, no tienes nada de que preocuparte.— Le calmó, y entro con él a la habitación cerrando la puerta detras de él.
Kieran se secó las lágrimas, respirando profundo tratando de calmarse. —Lo siento, lo siento... No debiste ver esto.— Estaba frustrado y partió a su closet a buscar una camisa de manga larga y pantalones.
El brujo suspiró, sintiendose culpable por haber hecho a su novio llorar, su estupida cara pudo haber mirado a otro lado, pero esas marcas lo tenian preocupado. —Valentine, esas heridas... ¿Qué pasó?— Trató de conversarlo aunque sabía que podía ser un tópico hiriente.
—Son cicatrices.— Reveló con firmeza mientras se colocaba un buzo que solo usaba para dormir en invierno.
—¿Cicatrices?.. Creí que los vampiros no quedaban con cicatrices.— Mencionó con algo de sorpresa, y pena al ver que su novio creía que tenía que cubrirse ante él.
Valentine subió la mirada para ver al brujo, subió y bajó los hombros. —Yo sí.— Antes de que Spelldon pudiera preguntar por qué, siguió. —Soy un vampiro emocional! Todo mi cuerpo esta al merced de mis emociones!— Hizo un puchero desviando la mirada. —Todas mis marcas... Me las cause yo... Heridas causadas por el dolor emocional quedan marcadas en mi piel, por siempre... Creo.
Spelldon asintió comprendiendo. —¿Crees? ¿Si sanas ese dolor emocional, podrian desaparecer?
El vampiro se abrazó a sí mismo, sintiendo sus marcas por debajo de la ropa. —No lo sé, y pasarán miles de años hasta que lo sepa.
El silencio inhundó la habitación por un momento, incluso luego de haberlo conversado con su novio se sentía avergonzado de sus marcas, Spelldon en este momento estaría asqueado y arrepintiendose de tener un novio tán emocional, probablemente le terminaria ahora mismo, si tan solo se hubiera dado cuenta que estaba tan desprotegido.
—Quitate la ropa.— Dijo de la nada Spelldon dejando al vampiro con el corazón en mano.
—¿¡Qué!? ¡Date cuenta de la situación en la que estamos ahora!
—No-! Yo-...— Se ruborizó al darse cuenta de como sonó lo que dijo. —Digo, Valentine, no es necesario que cubras tus cicatrices ante mí, cicatrices o no, te sigo amando como la primera vez.— Confesó con calma, ruborizando también al vampiro.
Kieran se encogió de hombros, mirando al suelo, sintiendose más vulnerable que nunca. —N-no... Sé que no se ven bien.
De pronto, Spelldon lo tomó por la cintura, tirandolo con facilidad a la cama, con el brujo encima y mirandolo seriamente. —Kieran, no me importan tus cicatrices, solo me interesa que estes bien.— Spelldon colocó una mano sobre el muslo rasguñado del vampiro haciendolo ruborizar más, y con una palabra en greco, aceleró la curación del rasguño, dejando detras solamente un moretón amarillento, ese sanaría pronto.
Valentine desvió la mirada otra vez, dudando de si realmente volver a su pijama que llevaba, aún tenía miedo de que a Spelldon le desagradara sus marcas. Pero Spelldon ya las había visto, y estaba siendo sincero cuando le decía que no le importaba que tuviera aquellas cicatrices, Kieran pensó que tenía que creerle, dejar de ser tan cobarde, capaz realmente al brujo no le importaba las cicatrices que marcaban su piel y le recordaban situaciones en las que se sintió vulnerable y abandonado. El vampiro dió un suspiro, lo haría.
—¿Estás seguro?— Había un deje de tímidez en su pregunta.
El brujo asintió. —Sí, cariño.
Y con eso, Valentine empujó un poco a Spelldon para que este se moviera de encima suyo, pues el brujo era mucho más pesado que él, entonces así se sentó en la cama para comenzar a cambiarse de pijama al cómodo que antes ocupaba. Spelldon lo miró en todo momento admirando su cuerpo, cosa que si bien avergonzó un poco al vampiro, se sentía bien que su novio lo admirara de tal forma, se sentía amado.
Para Spelldon, cada parte de su novio era hermosa, su piel rosa, sus ojos, lo delgado que era, todo en él era de admirar para el de ojos púrpura. A los ojos del brujo, no habia nada de lo cuál Valentine se tenía que avergonzar o culpar de ello.
Una vez ya estuvo cambiado, la camisa blanca de manga corta y un short rojo oscuro, mostrando las cicatrices que corrían por sus brazos y muslos, Spelldon esta vez no se sorprendió por verlas, seguía con esa tonta sonrisa de enamorado que lo hizo ruborizar.
—Bien, esto es lo querías.— El vampiro evitó mirarlo a los ojos.
Spelldon sonrió. —Solo quería que te sintieras cómodo.— Admitió.
Valentine sonrió en respuesta, abrazandose a si mismo apretando sus brazos. —Gracias.— De pronto para sorpresa del vampiro, el brujo tomó de su brazo y comenzo a besar sus cicatrices, haciendolo sonrojar mucho más. —S-Spelldon!— Exclamó.
El otro rió y lo miró a los ojos. —¿Qué? Tal vez así curan tu dolor.— Se encogió de hombros.
Kieran apartó su brazo. —Sabes que así no funciona.—
—Había que probar.— Spelldon se acercó más al vampiro, su mírada serena sobre el de ojitos rosa.
Valentine risueño miró sus brazos y muslos, pasando su dedo suavemente por sus cicatrices, ya no se sentía avergonzado, sabía que Spelldon no tenía problema con sus cicatrices y eso lo calmaba, incluso si aún no se sentiría cómodo mostrandolas a ante otros, poder tener alguien con quién sentirse cómodo consigo mismo era liberador.
A Spelldon no le importaba ninguna de las historias que cada una de ellas traía consigo, le importaba más que el vampiro estuviera bien, si Kieran quería contarles cada una de ellas y lo que significaban para él, lo haría cuando estuviera cómodo, ahora se concentraría en disfrutar el presente y amar cada segundo con su novio felíz en sus brazos. Las cicatrices solo una historia, y una adición a su cuerpo haciendolo más bello, por más que la anecdota detras sea dolorosa.
El vampiro se acercó al brujo poniendole una mano en la mejilla, guiandolo hacia abajo a su altura. —Eres un tonto.— Rió gentilmente, y besó sus labios, dejandose llevar por el dulce beso que se dieron en la cama.
Valentine tenía muchas inseguridades y características que él consideraba sus banderas rojas, era díficil, pero Spelldon siempre encontraba la manera de hacerlo sentir mejor y no hundirse en su mente cuando estaba a su lado.
Cuando se separaron del beso, sus frentes presionadas suavemente, Spelldon lo miró a los ojos. —Cariño, habla conmigo antes de que sientas la necesidad de hacerte daño, estoy aquí para tí.— Le dió otro corto beso en los labios, acariciando su mejilla con el pulgar. —No voy a abandonarte.
Sus palabras le dieron la seguridad y comfort que necesitaba en ese momento, saber que tenía a alguién a su lado para escucharlo, antes de que sus emociones lo consuman.
—No sabes cuanto lo agradezco Spell.— El afecto brillaba en su mirada, sabía que por más díficil que fuera superar sus traumas, Spelldon lo apoyaría todo el camino en sus altos y bajos. —Yo también estoy aquí para tí.
Y suavemente, se tumbaron en la cama los dos para pasar la noche.
