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Characters:
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Language:
Español
Stats:
Published:
2025-02-14
Completed:
2025-09-08
Words:
23,900
Chapters:
7/7
Comments:
126
Kudos:
370
Bookmarks:
21
Hits:
4,845

La vida con Enzo

Summary:

Enzo, Julián y muchos pedacitos de felicidad.

Notes:

Buenas.
Esto lo hice para cuando tenga ganas de escribir fragmentos sueltos sin complicarme mucho la vida.
Los personajes son los de Acá, con Enzo Fernández.

Chapter 1: Sam va lentín

Chapter Text

 

 

Julián siente un ligero cosquilleo en la cara, seguido de un aire tibio, aunque no está seguro, por lo que decide ignorarlo y seguir durmiendo. Pero esa sensación regresa, junto a un casi imperceptible roce sobre sus labios. Manteniendo los ojos cerrados, alza perezosamente su mano libre para quitar lo que sea que tiene en el rostro. Cuando logra dar con algo, oye el resoplar nasal de una risita.

–Dios… –balbucea entredormido.

–No, Enzo.

No necesita abrir los ojos para saber que dijo eso con una sonrisa. Siente la calidez de su aliento en la cara debido a la cercanía y se obliga a ir abriendo los ojos. Al hacerlo, encuentra a Enzo imposiblemente cerca.

–¿Qué hacés?

–Viendo cuántas veces puedo darte un beso antes de que te despiertes. Conté cinco –dice todo contento.

Parece extrañamente despabilado a primera hora de la mañana. Julián se remueve contra la almohada, gruñendo. Todavía tiene fiaca, por ende espera unos minutos antes de incorporarse en la cama. Enzo está sentado tipo indio y acerca una de sus manos, con tres de sus dedos cerrados, el pulgar extendido y el índice flexionado. Julián lo observa, pero aún está desorientado y le llama la atención algo que asoma apenas de los demás dedos.

–¿Qué e’ eso? –Pregunta curioso, tomando la punta del envoltorio, quitando así el bon o bon del puño de Enzo.

–Tenías que hacer la otra mitad del corazón –refunfuña, pero de todas formas se acerca para dejar un beso en la comisura de los labios del cordobés–. Feliz día, secote.

Enzo suele hacer reclamos sobre lo poco demostrativo que es Julián. Aunque nunca son en serio, porque entiende que así es su manera de ser y lo último que quiere es cambiarlo, pero le gusta molestarlo al respecto.  

Que Julián no lo exprese en palabras no significa que no se muera de ternura cada vez que Enzo le sonríe apretando sus labios, marcando sus cachetes, como en este preciso momento. Incluso disfruta que haya días donde la dosis se intensifique y lo cargosee más que de costumbre.

–Decirme algo lindo no te va a matar, eh –reclama, alzando las cejas. Lejos de ofenderse, ambos se divierten con estos intercambios.

–Enzo Fernández –dice con una sonrisa tranquila.

–¿Qué? –Pregunta confundido.

–Me pediste que te diga algo lindo. Ahí te dije.

–Ah, te despertaste re gracioso ¿Sabés lo que le pasa a los graciosos?

–¡No, no, no! –Se apura a decir pero es demasiado tarde, tiene a Enzo encima haciéndole cosquillas.

Ambos ríen y forcejean, hasta que el castaño siente un aroma exquisito a lo lejos. Tarda apenas unos segundos en notar que huele a café recién hecho y le devuelve la mirada al morocho.

–¿Hiciste café?

–Preparé todo un desayuno –comenta orgulloso–. Hay un montón de cositas ricas, pero vos no te despertabas nunca –recrimina.

Julián hace un pequeño puchero, más para burlarse que sintiéndose culpable. Se incorpora nuevamente en la cama, rodeando el cuello del mayor con ambos brazos y lleva su boca al tatuaje que dice amor en letras rojas. Pasa su lengua sobre él, succionando esa porción de piel, mordisqueándola un poco, hasta que la zona queda enrojecida y sonríe satisfecho.

–Vamos entonces, antes que se enfríe.

–Tranqui, está bastante caliente –ambos se dedican una sonrisa cómplice, a sabiendas que la única razón por la que no están arrancándose la ropa para un mañanero es porque van a llegar tarde.

–¿Qué querés comer a la noche?

–A vos –responde al instante– entre dos pancitos. Un pancito –apoya la palma de su mano sobre una de las mejillas de Julián– otro pancito –repite la acción con su otra mano, acunando su rostro y se acerca para morder la punta de su nariz, siguiendo por uno de sus pómulos.

–¡Auxilio, me comen!

Están entretenidos jugando cuando suena la alarma despertador de Julián. Es entonces cuando cae en la cuenta de lo mucho que madrugó Enzo buscando ser detallista para él. Y piensa que aunque él no preste particular atención a una fecha como esta, tiene que buscar la manera de retribuir lo lindo que es Enzo con él todo el tiempo, en especial si eso lo va a poner contento. ¿Y por qué no? Tal vez vengarse un poco por todas esas veces que lo llama secote.

 

。*˚✧。‿‿‿‿

 

Enzo se encuentra entrenando en el predio más tarde ese día junto a todos sus compañeros. Ya muchos han comentado al grupo en los vestuarios sus planes románticos para la noche. La mayoría habiendo optado por la más clásica, una cena romántica en algún restaurante caro y listo. El morocho sonríe recordando que él durante el desayuno le había dicho a Julián, mitad en broma y mitad en serio, que quería comer panchos a la luz de la luna. Algo tranquilo en el patio, aprovechando las hermosas noches de verano. Está absorto pensando en eso, hasta que se percata que Franco, con quien estaba practicando pases, ya no le devolvió la pelota. El pibe está mirando hacia una de las entradas, al igual que los demás, mientras se van acercando y formando una ronda. No le queda otra que seguir al montón e ir a ver.

Gallardo tiene en sus manos un hermoso ramo de flores. El arreglo floral está compuesto por unos cuantos crisantemos de un inmaculado color blanco, con una línea de crisantemos rojos e intensos en fila, como referenciando los colores del club, rodeados por un lindo envoltorio plateado un tanto metalizado.

–Enzo –llama Marcelo, captando su atención– tomá, son para vos.

–¿Eh?

Camina hasta el director técnico, quien le entrega el ramo, bajo la mirada de todos los presentes que comienzan a silbar, tirar besos y hacer ruidos insinuantes. Sin salir de su asombro observa la bonita tarjeta pendiendo del ramo y lee la inscripción.

Hoy flores, pero te quiero todos los días.

                                                                   J.

A Enzo se le ilumina la cara, todo ilusionado porque es la primera vez que alguien tiene este detalle con él, y que haya sido Julián solo lo hace aún mejor. Las gastadas no se hacen esperar.

–Ay él, le regalan flores.

–La última de las románticas.

–¿Es la misma que te comió el cuello? Viene completita, eh.

–Y seguro ¿Cuántas querés que tenga el tipo?

–Y no sé, este es medio gatienzo.

Se ríe nervioso porque él le ha dicho la verdad acerca de su relación únicamente a un par de compañeros en los que más confía, que le están dedicando miradas sugerentes, divirtiéndose con el hecho de que los demás estén re desorientados en cuanto al remitente.

–¿Qué dice la tarjeta? ¿Una flor para otra flor?

–Para un flor de boludo.

–Che paren un poco envidiosos, ya quisieran ustedes que les regalaran flores, feos de mierda.

–Y chocolates.

–Y peluches.

–No, bueno, ahí ya te re volaste.

Enzo tiene la cara colorada porque los comentarios siguen durante largo rato, él no retruca ninguno. Resignado, se limita a aceptar su destino; que no lo van a dejar en paz durante el resto del día. Y a él no le importa. Porque Julián le mandó flores, haciéndolo el hombre más feliz del mundo.

 

 。*˚✧。‿‿‿‿

 

Julián sonríe cuando escucha el sonido del auto ingresando al patio delantero y va hasta la puerta de entrada, recargando su peso en el marco. Puede ver cómo Enzo camina hasta él, todo contento con su ramo en mano.

–¿Te cargaron mucho? –Pregunta expectante. Enzo aprieta sus labios con fuerza formando un piquito.

–Sos un guacho –le dice al tiempo que toma su cintura, estampando un beso en la sonrisa burlona del castaño.

–No me digas cosas feas, que la próxima te mando a poner un pasacalle bien papelonero.

–Miralo, amenazándome con esa cara de nene bueno. Date vuelta.

–Apa –alza las cejas, sorprendido– ¿No vamos a comer panchitos? –Enzo tiene que morderse el labio inferior para resistir la tentación.

–¡Date vuelta! –Insiste–. El castigo va más tarde.

El castaño sonríe travieso, sabiendo que sus acciones van a tener consecuencias en cuanto el jugador le ponga las manos encima. Se gira sobre su eje, dándole la espalda y obedeciendo ansioso cuando Enzo le dice que cierre los ojos. Al abrirlos, encuentra una delicada cadenita rodeando su cuello, con un sobrio y elegante dije de su inicial reposando en su pecho. Sonríe encantado tomando la pequeña jota entre sus dedos, apreciándola.

–¿Te gusta? –Pregunta algo dubitativo, tono que no pasa desapercibido por el menor–. La de la joyería me ayudó a elegirla, porque viste que por ahí no tenemos los mismos gustos.

Enzo se oye algo nervioso al hablar y el castaño se derrite internamente porque asume que debe haber dedicado bastante tiempo a escoger la cadenita perfecta para él. No lo cambiaría por nada.

Ni al regalo, ni a Enzo.

Aunque solo por tratarse de una fecha especial, tiene el fuerte impulso de seguir molestándolo. Se gira lentamente, tratando de poner su mejor cara pensativa, viendo directamente al dije.

–Mmm… no sé –murmura– ¿Tiene cambio?

La expresión de Enzo se transforma en una bastante lastimera, aunque esté intentando no mostrarse desanimado, mientras asiente lentamente. Julián lo observa poner esa carita de cachorro mojado y decide no seguir torturándolo.

–Que bueno –suspira fingiendo alivio–. Porque me hubiera gustado que tenga una letra E.

Julián ríe bajito, divertido por su propia travesura, pudiendo apreciar el momento exacto en que los ojos de Enzo se iluminan, volviéndose un par de bolitas oscuras y brillosas. El morocho no dice nada, tan solo presiona el ramo sobre el pecho del castaño, haciendo que éste lo sostenga en sus manos y lo mire extrañado.

Acto siguiente Enzo rodea la espalda de Julián con uno de sus brazos, mientras que con el otro toma la parte trasera de sus rodillas, alzándolo en el aire, arrancando un gritito por parte del menor a raíz de la sorpresa, mientras éste le pega un par de veces suavemente con el ramo a causa de la vergüenza que le provoca estar siendo cargado escaleras arriba como a una novia en su luna de miel.

Enzo lo ignora, con una amplia sonrisa abarcando todo su rostro. No puede esperar a despojarlo de todo lo que lleva puesto, dejándolo únicamente con la cadenita. La cual no piensa cambiar, pero sí le va a comprar otra. Ya que ahora por su culpa tiene la imperiosa necesidad de ver a Julián luciendo la inicial de su nombre alrededor de su cuello, cayendo sobre su pecho.

A la mierda los panchitos.