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Español
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2025-02-15
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Siempre has sido tú

Summary:

Luego de que Stan fuera recuperando sus recuerdos, Ford no está muy seguro si contarle acerca de los detalles que omitió. (Post-Raromagedón)

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

— Ford, solo dime qué pasó.

El más joven había visto a su hermano entrar al cuarto con los ánimos por los suelos, no dijo ni una sola palabra, se subió a la litera en el segundo piso y se acostó sobre la cama dándole la espalda.

Aunque su gemelo no parecía querer responder, lo último que supo de él en la escuela fue que quería invitar a una chica al baile de graduación, por lo que suponía que eso no había salido bien.

No se lo había contado, pero hace unos días descubrió a Stanford practicando sus pasos de baile, dejó la puerta semi abierta por lo que no fue difícil espiar, esos libros amontonados al lado de la cama eran todo el material que pudo conseguir en la biblioteca acerca de “cómo aprender a bailar para principiantes”, inclusive puso un papel enorme en el suelo con dibujos de marcas de zapatos que indicaban dónde pisar, realmente se había esmerado por aprender. 

Molesto, Stan subió las escaleras y se sentó en el borde de la cama.

— Oye, sé que el rechazo duele, pero si de algo estoy seguro es que ella no valía la pena.

— No me rechazó, ni siquiera se lo pregunté, no tuve el valor — dijo desilusionado y sin voltear a verlo.

— Oh.

— Estaba por hacerlo y entonces… me paralicé en frente de ella, no supe qué decirle, comenzó a mirarme extraño, así que salí huyendo de allí.

En realidad, no era que él estuviera perdidamente enamorado de ella, estaba en su clase de matemáticas, intercambiaron algunas palabras en una ocasión cuando esta le pidió prestado un lápiz y luego de clases para devolvérselo, puede que haya notado sus seis dedos, aunque no gritó del asco ni se burló, eso ya era algo, parecía una chica agradable o eso creía Ford, lo suficiente como para que la idea de proponerle ir a la fiesta de graduación rondara por su mente.

Tal vez fue lo mejor, era probable que ya alguien la haya invitado de todas formas, seguía siendo casi un completo desconocido para ella, no tenía oportunidad.

— Mírale el lado bueno, por lo menos no te dijo que no — intentó alentarlo un poco, no obstante, su comentario provocó más silencio de su parte — ¿todavía irás al baile?

— ¿Qué caso tiene? voy a ser el único sin pareja.

— Nada de eso, vamos a ir juntos.

— ¿Qué?

— Si vas conmigo, técnicamente no irás solo y si alguien se quiere meter con nosotros ¡Pow! — golpeando la palma de su mano con su puño.

— ¿Lo dices en serio? — Ford finalmente decidió sentarse sobre la cama.

— ¡Por supuesto! lo que sea por ti, bro.

— Pero pensé que le pedirías a Carla McCorkle que vaya contigo al baile, creí que te gustaba — contestó desanimado.

— Pfff ¿y no verte con ese traje que mamá había escogido para nosotros? olvídalo, Carla puede esperar.

Con una larga sonrisa en el rostro, puso la mano en el hombro de su hermano, que aún incrédulo, se ajustó los lentes devolviéndole el gesto, sabía lo interesado que estaba de ella por todas las veces que la mencionaba, por lo que apreciaba que hiciera este sacrificio por él.

— Gracias, Stan, yo no-

— ¿Quieres que te traiga algo?

— ¿Eh?

— Que si quieres que te traiga algo.

 

…

 

— Hey, Tierra llamando a Seis Dedos ¿hay alguien ahí?

El panorama había cambiado, al darse cuenta se encontraba en el asiento del copiloto, con su gemelo chasqueando los dedos y esperando que reaccionara.

— ¿Qué dijiste?

— Iré por unos maníes en la gasolinera, ¿quieres que te compre algo de paso?

— Emm no, no, estoy bien.

Stanley cerró la puerta dejando al mayor solo en el auto, había estado muy absorto entre sus pensamientos y acabó en una de sus tantas memorias de la adolescencia. 

No era de extrañar, él había estado metido en su cabeza desde hace semanas, a decir verdad, casi desde siempre, se suponía que iba finalmente a contárselo en los días que lo ayudó a recuperar su memoria, pero no fue así.

Se dijo a sí mismo que lo haría antes de pedirle que lo acompañara a su tan ansiado viaje alrededor del mundo en busca de aventuras, pero lo vio tan feliz por la propuesta que simplemente no pudo arruinar su ilusión.

Y quiso hacerlo el día de hoy, tenía que decírselo, habían salido a hacer unas últimas compras antes del viaje mañana, pero una vez más, se acobardó.

Se seguía lamentando el no poder tener más valentía para confesarle a Stan acerca de sus sentimientos, estuvo treinta años sobreviviendo por cuenta propia, luchando contra criaturas lovecraftianas en el multiverso, peleó contra un demonio interdimensional en el fin del mundo, ¿y esto era demasiado para él?

Cuando se trataba del romance, sus piernas temblaban, su mente era un caos, su boca tartamudeaba, por eso se había enfocado tanto en la ciencia toda su vida, eso era algo que sí podía entender y tenía bases lógicas, sin embargo, el amor fue incomprensible para él, hasta más que las anomalías que tanto adoraba.

El amor era tan misterioso. 

Tan ambiguo.

Tan terrorífico.

Tan doloroso.

Como si su agobio no fuera suficiente, escuchó algo que lo descolocó por completo, no se había fijado en la radio encendida, no fue sino hasta que sonó una canción en específico que lo notó, esto tenía que ser el colmo.

Rápidamente cambió de estación de radio, se sobó el entrecejo soltando un profundo suspiro, lo que le faltaba, el mundo recordándole lo horrible que debía de sentirse por mantener un gusto secreto por su hermano.

En eso la puerta del conductor se abrió, Stanley había regresado.

— Toma — se sentó entregándole un bolsa de sus grageas favoritas.

— Pero yo no-

— No podía comprarme estas sin pensar en tí también — interrumpió sacando otra bolsa, pero de maníes confitados.

Aquello lo dejó un poco perplejo, no estaba seguro si era más por sus palabras o por la acción en sí, en cualquier caso, tuvo una sensación agridulce que lo evocaron al pasado, a un momento de su vida que prefería olvidar.

El mayor al ver la bolsa notó que su empaquetado era distinto al diseño que solía tener en los 80, amaba estos dulces, pero los de esta marca eran sus preferidos, hace mucho que realmente no había probado una, siempre le gustaba coleccionar los que tenían formas inusuales, un viejo pasatiempo suyo.

— No sabía que las seguía fabricando.

— Increíble ¿no? Cada vez son más difíciles de encontrar, tienes suerte que esta gasolinera las tenga — abriendo la bolsa comenzó a comer algunas y puso el vehículo en marcha.

— Stanley…

— ¿Hmm?

Con frecuencia maldecía su suerte, el tiempo solo hizo que su culpa incrementara, entrara en conflicto, incluso con lo que pasaron juntos, esos sentimientos no desaparecieron, rogaba por lo que lo hubieran hecho, que después del incidente pudiera haberse olvidado de eso, pero nunca pasó, desde que volvió a esta dimensión lo supo.

Los sentimientos eran tan jodidamente complicados.

— No, no es nada, descuida — sonrió suavemente abriendo la bolsa de caramelos.

El pasar de los años los hayan cambiado por dentro, los moldearon, haciéndolos hombres completamente distintos a los que fueron en su juventud, sus sentimientos y aquel miedo por el rechazo se mantuvieron intactos.

El recorrido de regreso a la cabaña en un inicio fue algo silencioso, la música que ponía Stan en la radio ayudaba un poco a llenar el vacío de por medio, Ford sacó una pequeña libreta, necesitaba distraerse con algo más que no fueran martillarse con aquellos pensamientos, solo había probado un par de dulces y resto se lo guardó en el bolsillo.

No era la primera vez que lo veía así recientemente, diría que estaba distraído o estresado por algo, lo excusaba con que tendría muchas cosas en su cabeza desde que le ofreció hacer esta travesía juntos, no lo culparía si fuera así, no obstante, su intuición le decía otra cosa.

— Sigues anotando todo otra vez ¿eh? — dijo intentando sonar desinteresado — tómate un descanso.

— Solo me aseguro de revisar que no haya algún pendiente que estemos omitiendo de lista — reaccionó sin dejar de escribir.

— Espero no estés olvidando lo más importante.

— ¿Qué?

— Mañana a esta hora el Stan de Guerra II finalmente zarpará y estaremos recorriendo el mar como siempre quisimos ¡nadie podrá detenernos! — gritó con mucho entusiasmo.

Aquella actitud animada y optimista logró conmoverlo, siempre había adorado eso de él.

— Tienes razón — correspondió su emoción soltando el bolígrafo — tengo listas muchos diarios que pienso llenar con mis investigaciones sobre todas esas anomalías, iré totalmente preparado — añadió con un poco más de confianza.

— Ese es el Ford que conozco, hey ¿de verdad crees que podamos encontrar algún tesoro?

— Pues existe una probabilidad — dijo ajustando sus lentes — leí de algunos relatos que hablaban de naufragios de barcos que contenían objetos valiosos y también riquezas ocultas en civilizaciones perdidas bajo el mar. 

— Whoah ¡si, bebé! me gusta como suena eso.

— Te sorprendería la cantidad de historias que se cuentan del océano Ártico — su alegría se le contagió a su gemelo — aunque es cierto que son parte del folklore de la región, según mis indicadores todo apunta a que hay algo extraño ocurriendo por esas zonas, los gemelos Pines tendrán que ir a averiguarlo.

— Si, claro, jeh, el océano Ártico.

— ¿Qué sucede? — logró notar su cambio de tono.

— De hecho… estaba pensando en que podíamos hacer una parada antes de comenzar nuestro viaje — Stanford no entendía a qué se refería — …a Nueva Jersey.

En medio de su explicación no se dio cuenta en qué momento el menor bajó la mirada, hasta su voz se escuchó más apagada, esto extrañó al científico, aunque se disponía a preguntar pudo ver como el auto se dirigió a un lado de la carretera para lograr detenerse y aparcar.

La propuesta lo tomó de imprevisto, desde el inicio Ford le había mencionado que empezaría con su travesía dirigiéndose al océano Ártico ya que era la señal más fuerte que emitía de todas las que pudo registrar.

Realmente el modificar los esquemas y planificaciones que tenía no le molestaba tanto, sin embargo, la sola mención de ese lugar rozó una herida en su interior, una que seguía abierta, porque jamás logró cerrar.

— ¿Nueva Jersey?

— Sí, me gustaría visitar un par de lugares — rascó su cabeza mientras aún traía una mano en el volante.

— Stan ¿estás seguro?

— Sé que suena más a un capricho mío, ya he jodido mucho tus planes y sé lo meticuloso que eres programando todo, entendería si tú no…

No terminó su frase, dejándole a Ford el chance de responder, fueron unos instantes de silencio.

— De acuerdo.

— ¿En verdad? — le sorprendió que su hermano aceptase tan rápido.

— Si está bien para ti, puede que visitar nuestra ciudad natal te ayude a rememorar algunos viejos recuerdos, podría ser bueno para tu tratamiento.

Posteriormente a los acontecimientos del Raromagedón, Stanley tuvo que pasar por un proceso de recuperación, el álbum de fotos de Mabel fue útil en un inicio, pero eso no iba a bastar para volver a la normalidad a un hombre que estaba en sus sesenta.

Agradecía que todas sus viejas fotos, cintas y algunos objetos de la infancia todavía seguían guardadas en la cabaña, jamás pudo dejarlas atrás, pese a su resentimiento, seguía aferrándose al pasado, las trajo consigo cuando se mudó a Gravity Falls al acabar la universidad, las mantenía bien ocultas, nunca se deshizo de ellas y en muy escasas ocasiones se dignaba a verlas, porque lo consumía un mar de emociones, como algo que siempre sentía la necesidad de cargar por el resto de su vida.

Con ellas logró que su gemelo recuperara parte de sus vivencias de la niñez, se prometió a sí mismo que haría todo lo posible en arreglar las cosas entre ellos dos, de enmendar todo el daño que le hizo a Stan, lo que incluía la restauración de sus memorias.

La cuestión era que quizás Stanford no estaba seguro de querer que Stan recupere ciertos recuerdos, no fue muy sincero en contarle todo acerca de su vida previa al accidente de su proyecto de la feria de ciencias.

El más joven levantó su mano, haciendo la clásica señal de “choca los seis” frente a Ford, acompañado con un expresión risueña, lo extraño de haber regresado a esta dimensión era volver a tener esa familiar sensación recorrer tu cuerpo.

Su mano se levantó para completar el gesto, el roce de su piel evocaba una intimidad que no sabía cómo describir, sentimiento que siempre debía de guardar en su interior y que lo estuvo haciendo por más de la mitad de su vida.

Mientras una parte en su interior deseaba librarse de esta carga.

La otra parte se aferraba a sus deseos y la única decisión sabia sería ocultarlos.

_

— ¡Vamos, Ford, no te quedes atrás!

— ¡Stanley!

El día llegó, ambos arribaron al puerto, con el equipaje en sus mochilas y una sensación de adrenalina, se veía muy reflejada en el rostro de Stan, que cual niño emocionado, corrió para ser el primero en llegar y ver la belleza de ese barco, había gastado parte de sus ahorros en conseguir uno de segunda mano en buen estado, por supuesto que le dieron algunas remodelaciones y toques personales, eso era lo que lo hacía tan especial.

Finalmente el sueño que tenían de niños se había hecho realidad, Stanford podía notarlo en su gemelo, creo que jamás lo había visto tan feliz en el pasado, él tampoco creía que llegaría este día y mentiría si no dijera que también se se sentía dichoso justo ahora, aunque todavía tenía un asunto pendiente.

Sería un viaje algo pesado, si salían el día de hoy era posible llegar en una semana, lo que hacía más angustiante la espera, siquiera podría decir que las pasó junto a él, antes de haberlo arruinado todo.

Los días transcurrieron, aquella madrugada Ford se despertó de la nada, estaba sudando, su respiración era agitada, intentó recuperar la compostura. 

¿Qué hora era?

Rápidamente buscó sus anteojos en el estante que estaba a su altura, esto más que un alivio, pareció afectarle, ahora podía ver con nitidez a su alrededor, aún era de noche, plena madrugada, la poca luz que obtenía el cuarto era debido a una ventana circular.

El reloj ponía las “2:47 am”.  

Acababa de tener una pesadilla.

Se rascó la sien con cansancio, dios, no esta mierda otra vez, creía que derrotando a Bill podría finalmente tener paz en sus sueños, todavía se despertaba de la nada con desesperación en ocasiones, como si hubiese enfrentado a la mismísima muerte en persona.

Estuvo en modo supervivencia por tanto tiempo, yendo de dimensión en dimensión siempre, con la idea de que en cualquier instante algo o alguien podría venir a atacarlo al descansar, ya de por sí su ciclo de sueño de joven no era el más deseado a causa de desvelarse hasta tarde por los estudios o trabajo, también por las noches de tortura que vivió a causa de Bill y su deseo enfermizo de abrir el portal.

Definitivamente desde hace décadas el dormir como era debido no era un lujo que podía darse, entonces, ahora que podía ¿por qué seguía pasando? continuaba soñando con aquellos escenarios dolorosos en donde no lograba salvar a su familia, memorias que lo martirizaban, errores que lo perseguían, anhelos que lo carcomían. 

No importaba que tanto había cambiado su vida para bien, su cabeza parecía no querer soltar todo aquello, sin mencionar que, según sus cálculos, llegarían a Nueva Jersey al mediodía, las horas se le agotaban, no se sentía listo.

Levantándose, bajó por las escaleras de la litera, Stan seguía dormido a juzgar por los bajos ronquidos que salían de él al estar echado de lado mirando hacia la pared y con un brazo bajo la almohada.

Ford sonrió con ternura por unos segundos para posteriormente decaer, por lo menos él se encontraba a salvo, sin embargo, un raro impulso de despertar a su hermano para preguntarle si podía dormir con él como cuando eran niños apareció, ese vívido recuerdo hizo que estuviese a punto de levantarlo, pero se resistió.

Tenía que controlarse, ya no tenía 5 años, suspiró con pesadez para salir de la habitación y dirigirse a la zona de cocina, sentía su boca seca, así que fue por un vaso de agua a la cocina.

Vio el cielo estrellado a través de una de las ventanas, esto le dio el deseo de querer salir afuera, apoyándose en uno de los bordes del barco levantó la mirada para poder contemplar mejor el panorama.

Que curioso, recordó que ese día también había luna llena, de repente los acordes que escuchó en la radio del auto volvieron a sonar en su cabeza.

 

…

 

Podía notar su triste reflejo en el baño de la escuela, su traje estaba manchado por el ponche que le cayó encima, había vuelto a ver a esa muchacha en la fiesta, tuvo deseos de acercarse a ella, con todo el coraje que pudo sacar lo consiguió, parecía estar funcionando hasta que se le ocurrió mencionar una frase de ligoteo que escuchó decir a Stanley una vez, no resultó.

Es más, no solo no resultó, sino que fue tal la indignación de la chica que le tiró la bebida en la cara, ¿realmente fue tan malo? vio a su gemelo acercarse, por un momento pensó que solo se reiría de él, pero por el contrario, Stan se echó el ponche encima, no iba a dejar que quedara en ridículo solo.

Aunque agradeció el gesto, cuando se veía en el espejo, no encontraba otra emoción para describirse que no fuera la lástima. 

— Creo que fue un error el haber venido.

Stanley, quien estaba lavándose en el otro fregadero, lo oyó y observó al mayor quitarse las gafas para poder limpiarse.

— ¿De qué hablas? ¡la fiesta todavía continúa! si esa chica no sabe apreciar el verdadero encanto de un Pines, ella se lo pierde — hizo un ademán coqueto con los dedos, pero no causó reacción en él — anímate hermano, borrón y cuenta nueva ¿que tal si volvemos?

— ¿No te da vergüenza que te vean conmigo? 

— ¿Qué? — su enojo fue inmediato tomándolo por los hombros — jamás vuelvas a decir eso, ¿oíste?... eres alguien increíble, Stanford, el más inteligente de la escuela, puedes recitar la tabla periódica dormido, tienes más medallas y trofeos que cualquiera que conozco, ya quisieran todos esos ser la mitad de genial que tú — el mencionado secaba una de sus lágrimas — lo que digo es… que soy muy afortunado de tenerte, ¿qué dices si regresamos por una canción y luego nos largamos de aquí? — levantó los anteojos para entregárselos.

Ford se colocó las gafas y esbozó una pequeña sonrisa antes de aceptar la propuesta.

Al volver pudieron fijarse que la iluminación de la sala había bajado, el ruido de la gente hablando había cesado, todo el mundo estaba bailando con su acompañante al compás de la suave tonada.

 

Put your head on my shoulder

Hold me in your arms, baby

Squeeze me oh-so-tight

Show me that you love me too

 

Justo cuando el mayor estaba arrepintiéndose nuevamente de esta decisión, Stan levantó su brazo y le estiró la mano en gesto de que la tomara, contento y aún con el traje manchado por el ponche.

— ¿Stanley? 

— Eres mi pareja de graduación ¿no?, ¿me concederías esta pieza?

El pecho de Ford empezó a latir con más rapidez, mientras él ya se había rendido, su hermano quiso asegurarse que no se fuera sin darle su tan preciado baile, sabía lo mucho que se esforzó para aprender, las horas que gastó con todos esos libros, no quería que fuese en vano. 

Quizás fue la seguridad que siempre le brindaba Stan, quizás sólo por esta vez deseaba tener algo que los demás tenían o quizás ese palpitar inusual era su manera de confirmar de que era lo correcto.

 

Put your lips next to mine, dear

Won't you kiss me once, baby?

Just a kiss goodnight, maybe

You and I will fall in love 

(you and I will fall in love)

 

Caminaron hacia una esquina menos visible en la sala, para evitarse tantas miradas, una mano sobre la cadera, otra sobre el hombro, su mano tomando la suya, esto era más difícil de hacer con alguien de verdad, pero al menor no parecía importarle los pasos un poco torpes de su gemelo, lo único que le importaba era disfrutar este momento con él.

— La gente nos puede ver…

— Oye, oye, solo mírame a mí ¿okay?

Los destellos en los ojos de Stanley resplandecían bajo la luz de la bola disco, aquellos colores se iluminaban en su rostro sonriente, para Ford se convirtió en la viva imagen de la perfección.

No supo por qué o cómo ocurrió, puede que este sentimiento estaba guardado ahí desde hace mucho, lo que sí sabía era que cada vez que su hermano lo sujetaba de esa forma, lo tomaba por la cintura, lo dejaba caer para sostenerlo entre sus brazos, Stanford podía olvidarse del resto.

 

People say that love's a game

A game you just can't win

If there's a way I'll find it someday

And then this fool will rush in

 

Cada cosa que compartió junto a Stan en ese baile dejaría una huella imborrable en él.

 

…



— No puedes dormir ¿eh?

Esa voz, extrañado, Ford se percató que su gemelo estaba detrás suyo, aún en pijamas y medio desaliñado por haber salido de la cama.

— Para ser franco, no suelo dormir tanto, aunque pienso que tampoco me he acostumbrado del todo al haber regresado.

— Vaya, las viejas costumbres nunca mueren — Stan se acercó para apoyarse también en el borde.

El mayor rio por lo bajo, pudo entender a qué se refería, si alguien más sabía acerca de sus horribles hábitos de sueño era él, los años que pasó al otro lado de ese portal solamente provocaron que esto se agravara.

— ¿Una pesadilla?

Ford se quedó callado por un instante, Stan podía leerlo como un libro abierto.

— ¿Es sobre Nueva Jersey? — insistió, su comentario hizo suspirar al otro.

— Ha pasado mucho tiempo, no pensé en volver allá, dios, ni siquiera tenía pensado retornar a esta dimensión, pero henos aquí, a decir verdad estoy algo asustado, de cómo las cosas hayan cambiado o vayan a cambiar…

— Supongo que ya somos dos — la mirada del científico se posó en él — desde que papá me echó y me dijera que no volviera a casa sin millones, me aterraba la idea de regresar.

— Perdón — soltó casi de inmediato.

— Ford, todo eso quedó en el pasado — era común que el mayor terminara culpándose — fue gracias a tí que pude recordar nuestra niñez, lo admito, aún tengo un poco de miedo, pero quiero más que solo fotos o viejas cintas, además, me gustaría hacer algo al llegar.

— ¿Algo como qué?

— Lo verás cuando estemos allá, creo que tampoco lo has visto en años — se volteó para descansar sus codos en el borde — tal vez hasta nos pasemos por la tienda de empeños.

No diría que tuviese tan buenos recuerdos de esa tienda, lo primero que venía a su mente era la presencia de su padre detrás del mostrador esperando a cualquier incauto que pudiese estafar con alguna de sus baratijas, los problemas en los que se metieron por intentar jugar cerca de las vitrinas de exhibición, el olor a tabaco y polvo.

— La última vez que conversé con mamá me dijo que Shermie no quiso hacerse cargo, así que tuvieron que vender la casa, según entendí, ahora es una tienda de pesca, aunque puede que en treinta años haya dejado de serlo.

En los años que Stanford empezaba su investigación en Gravity Falls continuaba manteniendo comunicación con su madre, en ocasiones la llamaba para mantener el último vínculo con su familia que le quedaba en esa época. 

De hecho, fue debido a ella que pudo conseguir la dirección del lugar de donde se hospedaba Stanley cuando le mandó la postal para que viniera a ayudarlo, él también estaba en contacto con ella, era quien los mantenía conectados de alguna manera.

— Eh creo que cualquier cosa sería mejor negocio que lo que vendía el viejo — se burló, su compañero no contestó, quedándose en silencio viendo al firmamento — bueno, mejor regreso a la cama, no te vayas a desvelar de nuevo, cerebrito, hace frío aquí afuera — dándole un palmadita en el hombro para posteriormente dirigirse a la habitación.

— ¿Puedo dormir contigo esta noche?

Su hermano apenas pudo dar algunos pasos antes de detenerse, el viento soplaba con fuerza a estas horas por lo que el mencionado pudo verlo por un par de segundos aferrado al barco, dejando que el aire despeinara su cabello, callado, como si se avergonzara de haber preguntado.

— Claro, Seis Dedos — dijo riendo — y si quieres hasta te leo un cuento.

— Muy gracioso, Stanley — contestó siguiéndole el juego — gracias.

— Lo que sea por tí, bro.

En el cuarto, ambos se acostaron viendo en sentido contrario, tal vez fue otra oportunidad fallida, aquellas palabras salieron casi de forma automática, lo que evidenciaba que en verdad quería esto.

Sus ojos empezaban a cerrarse, pero no podía conciliar el sueño, tantos pensamientos en su cabeza, tantos escenarios, tantas posibilidades, tantos…

De pronto, sintió un peso apoyándose en su espalda, era la cabeza de Stan, el corazón de Ford se aceleró levemente, podía palpar la reconfortante calidez que le transmitía su gemelo, la seguridad, la paz, justo como lo hacía desde que tenía memoria.

No sabría decir si visitar su antigua casa hubiera hecho alguna diferencia en él, hasta su cabaña se sentía más como su hogar que aquella vivienda en Nueva Jersey para este punto en su vida, pero justo en este preciso momento era capaz de sentir que lo estaba, porque estaba al lado de Stan.

Aunque las cosas habían cambiado, ese sentimiento siempre prevaleció, por más que hubiera deseado que no fuera así, era el único que lograba calmarlo.

Entre ronquidos y su suave tacto, por fin consiguió dormir el resto de la noche.

_

Llegaron tras un largo viaje, tuvieron que atracar el barco en un lugar más alejado, la reputación que se ganó Stan como vendedor les jugó en contra, pues terminó siendo baneado del estado. 

Este repetía que técnicamente “Stanley Pines ya estaba muerto”, así que ante la ley él no existía, aunque solo era por seguridad, para su suerte el lugar se veía desolado, tampoco había algún barco pesquero que volviese al puerto a la distancia.

Estuvieron un rato caminando por la playa, Ford seguía a Stan, a pesar de haberle preguntado a dónde se dirigían, él contestaba que sería una sorpresa.

— Puedo verlo desde aquí, ¡es ese! — el menor se adelantó corriendo por la arena, en el horizonte divisó esa silueta.

— ¡Stan, espera!

— ¿Qué pasa? ¿ya te pesan los años? — se burló este dejando a su gemelo atrás.

El científico no se dejaría vencer tan fácilmente, aceleró el paso pudiendo alcanzarlo, tomando en cuenta que tenía una mejor condición física, esto no era de extrañar, al final se detuvo cuando vio a su hermano hacer lo mismo.

— No deberías esforzarte demasiado — dijo preocupado, tal vez había ido muy rápido para él — ¿Stanley? — sin embargo, el susodicho no respondió, se había quedado paralizado.

Al darse la vuelta para ver para en esa dirección, se encontró con la imagen de unos viejos columpios, cuyas cuerdas estaban rotas, no tenía uno de sus asientos y el otro estaba partido a la mitad, así que de esto se trataba.

— Stan… — puso una mano en su hombro para darle algo de confort, pero este avanzó hacia el columpio sin decir nada.

Pasaba las manos por la oxidada baranda, viendo con añoranza aquel juego, era lógico que estuviera deteriorado por la falta de mantenimiento, solo tenía una foto muy vieja de cómo se veía en el pasado, pero el presente contrastaba con lo que hubiese esperado.

— Fue justo aquí ¿no es cierto?

— ¿Eh?

— Lo que pasó, eso que me pediste que olvidara.

Como si fuera un reflejo involuntario, la mente de Stanford rememoró, tuvo que desenterrar eso que había querido olvidar tantos años, aquel día.

 

…

 

Habían escapado de la fiesta entre risas y carcajadas, se suponía que debían de ir a casa, pero Stanley quiso hacer una parada deteniéndose en el estacionamiento de la playa, sacó unos refrescos del auto, todavía era temprano para volver, además desde esta parte de la ciudad se podían ver bien las estrellas.

No había nadie por la zona a esa hora, los columpios eran el lugar ideal para aquel dúo de jóvenes.

— Salud, por nosotros — el de traje rosado levantó su lata en señal de brindis — ¡y porque pronto el Stan de Guerra estará completo y cuando nos graduemos de esa estúpida escuela, nos iremos muy lejos de aquí! 

Ford aceptó su gesto, chocando su lata con la de él, mientras su hermano se lo bebía hasta el fondo, este prefería ir tomando de a pocas, revolviendo el líquido lentamente.

— Stan, ¿es en serio todo lo que me dijiste? — preguntó con cierta timidez.

— Claro, ya casi lo terminamos, solo tengo que ver como arreglar bien el problema del velero y verás que-

— No eso, me refería… a lo que dijiste en el baño.

— ¿Crees que estaba mintiendo? — el mayor, cabizbajo, no respondió, sus pulgares jugaban con la lata — Hey, deja de ser tan duro contigo mismo, sí eres el sujeto más increíble que conozco, ellos no pueden verlo, pero yo sí… y sé que tarde o temprano alguien lo verá también, se casarán y tendrán muchos bebés nerds como tú — río golpeando ligeramente su hombro a manera de juego.

Stanford alzó la cabeza queriendo formar una sonriente expresión, pero rápidamente esta se desvaneció.

— ¿Y si no? — mencionó en un tono de desaliento — ¿y si al final ninguno de los dos puede conseguir a esa persona?

— Pues aún nos tendremos el uno al otro, ¿no? — contestó con seguridad — eso es todo lo que yo necesitaría.

Sus ojos se encontraron al terminar de decir esa oración, fue fulminante, un fuerte latido golpeó el pecho de Stanford una vez más, su mente se nubló, ya no fue capaz de pensar con claridad, porque cualquier pensamiento lógico en su cabeza se vio opacada por la figura de su gemelo.

— Ja, pero viajaremos por todo el mundo así que tendrás muchas chances de-

¿Qué estaba haciendo?

¿En qué momento su cuerpo se inclinó directo hacia él?

¿Por qué dejó que sus emociones opacaran su juicio?

Solo sucedió en un parpadeo, en un segundo de libertad, de anhelo y valentía, sus labios se deslizaron sobre los de un desprevenido Stan, quien nada pudo hacer frente a la repentina acción, su bebida incluso cayó sobre la arena, Ford había utilizado su mano para traerlo más de cerca, pudo sentir su respiración dentro de la suya, temblorosa, jadeante, y seguidamente se alejó de golpe.

— ¡Stanley, l-lo siento! Oh dios — asustado, tapó su boca — ¡te juro que no es lo tú crees! ¡me dejé llevar y...! 

— Ford, tú… — el rojo coloreaba su rostro intentando asimilar lo ocurrido.

— P-perdóname, no quería, yo…

Sus palabras se perdieron dentro de su boca, se había puesto de pie, comenzaba a dar pasos hacía atrás negando con la cabeza y terminó huyendo del sitio aterrorizado.

— ¡Stanford!

No pudo detenerlo, lo vio correr en dirección del auto, se había metido en el asiento del copiloto y se encerró con la culpa carcomiéndolo por completo, cometió una gran estupidez, su corazón estaba a nada de estallar, la ansiedad lo estaba matando, sintió que sus ojos se llenaron de lágrimas.

“Eres un tremendo imbécil Stanford Pines”

Se repetía mentalmente una y otra vez, ni él comprendía por qué lo había hecho.

Deseo.

Necesidad.

Soledad.

¿Cuál era la respuesta?

Stanley pudo seguirlo hasta el vehículo, observó a su hermano por la ventanilla y abrió la puerta desde el otro lado para entrar también.

Ford se había quitado las gafas, ocultando su cara debajo de sus manos, su gemelo vio preocupado como este se inundaba en una pena absoluta, no sabía qué decir y por eso el silencio duró algunos minutos, ambos sin saber cómo iniciar la conversación, finalmente Stan se armó de valor.

— Escucha, yo…

— ¿Podemos olvidar que todo esto sucedió? — contestó sin dejar que continuara.

— ¿Como? pero Sei-

— ¡Por favor! — gritó desesperado — ¡¿tienes idea de lo que papá nos haría si lo descubre?! por lo que más quieras… nadie tiene que saberlo.

Vio la angustia en sus ojos cansados y llorosos, a Stan esto lo quebró en el interior, supo que ninguna de sus preguntas iba a ser contestada, no deseaba olvidar, pero entendió que era la única salida, su incidente podría costarles caro si alguien más se enteraba, especialmente su padre, por lo que terminó aceptando sin volver a replicar.

Encendió el motor del auto y lo puso en marcha, el camino de regreso a casa fue igual de silencioso .

 

…

 

Después de esa noche, le siguieron más días de incomodidad, evitándose un poco, los dos negando lo que había pasado, aunque eventualmente fue más fácil fingir que todo estaba bien y que esto era lo correcto que debían hacer, una fachada para aparentar frente a los demás.

Sin embargo, no podían engañarse entre ellos, desde aquella vez su relación cambió para siempre.

— Tú… todavía lo recuerdas.

— Acabo de hacerlo.

Ford cerró con fuerza los ojos y el peso de su vergüenza se acrecentó, tuvo que tragar saliva para impedir el nudo en su garganta.

— Yo no quería que esto volviera a arruinar las cosas entre nosotros — soltó con un dolor en sus palabras — me prometí a mí mismo que haría lo posible por arreglar todo el daño que te causé, pero por más que he intentado, no consigo arreglar lo nuestro.

Bajó la mirada, ni siquiera se atrevía a mirarlo de frente, su secreto se había destapado, esto era lo que tanto le estuvo temiendo todo el viaje, se sentía indefenso, vulnerable bajo la vista de su hermano.

— No puedo hacer que regrese a como era antes del… accidente, eso lo arruinó todo, yo lo arruiné todo.

— No tiene por qué ser igual que antes.

— ¿Qué?

— Digo, ya está roto, pero se puede reparar, asientos nuevos, algo de pintura y quedaría mejor.

Él estaba observando los columpios de arriba a abajo, haciendo un encuadre con sus manos, esto desconcertó al científico, parecía haber ignorado todas sus palabras por completo.

— Stan, no escuchaste lo que-

— Sí lo hice — se detuvo un segundo para girar la cabeza y encontrarse con un confundido Ford — Oye, Seis Dedos, hay que reparar esto ¿quieres?

La proposición lo extrañó, por unos segundos no podía captar a qué era lo que se refería, hasta que el panorama de su hermano frente al columpio aclaró su mente, Stan no hizo más que guiarlo de regreso al bote con una expresión de tranquilidad plasmada en su semblante.

Stanford, una vez más lo siguió, guardándose sus palabras en un principio, pero en cada paso que daban, su curiosidad se hacía más difícil de soportar, su reacción no fue la que hubiera previsto, en realidad, ni siquiera sabía qué era lo que Stanley pensaba de él o qué tanto había descubierto por su cuenta.

Habían llegado al bote y dentro el menor comenzó a buscar algo en el cuarto de almacén.

— ¿Desde hace cuánto que lo sabes?

— ¿Que eres gay? desde siempre, no eres tan discreto.

— Stan, no estoy bromeando — contestó con un poco de fastidio.

El mencionado soltó unas carcajadas y se escucharon los sonidos de cosas moviéndose en la habitación.

— Lo supe desde antes de llegar aquí, bueno, solo eran sospechas mías.

— ¿Y… por qué no dijiste nada? 

— ¿Me habrías dicho la verdad? — Ford se mantuvo callado — además quería ver si podía recordar más de lo que no quisiste contarme, en realidad seguía sin entender qué era lo que había pasado y tuve un presentimiento de que lo sabría si regresábamos a Nueva Jersey.

Stanley salió del almacén con la caja de herramientas, un par de tablones de madera, un rollo de soga y un cubo de pintura, eran sobras de las remodelaciones que le habían hecho al Stan de Guerra semanas atrás, el mayor se acercó rápidamente por el miedo de que fuera mucho peso para la espalda de su hermano y los sujetó a tiempo.

— ¿Me ayudas a recordar mejor?

El desconsuelo en los ojos de Ford todavía era visible, aún se sentía frágil, que sus sentimientos se estaban tensando alrededor de él y podía romperse en cualquier instante, sin embargo el rostro jovial de su hermano lo persuadió, en verdad quería esto. 

Permanecer junto a su gemelo, aceptaría cualquier respuesta de parte de Stan si eso significaba intentar arreglar su relación.

No olvidaría la promesa que se hizo.

El resto del día se dedicaron a remodelar los columpios, la nueva capa pintura que color carmesí cubría las marcas de óxido, aunque el desgaste por el tiempo era innegable y aquel par de asientos rotos pudieron ser removidos y cambiados por unos nuevos. 

No serían iguales ni pretendían serlo, pero eran suficientes para empezar otra vez.

— Wow este lugar tiene la mejor vista de todas.

Stan se había sentado estirándose con satisfacción en uno de los columpios después de ver su trabajo terminado, su gemelo también se sentó al costado suyo en silencio, las horas transcurrieron, los colores cálidos del naranja que se mezclaba con los tonos morados en el cielo anunciaban el atardecer.

— ¿Todavía quieres continuar con nuestro viaje?

— ¿De qué hablas? claro que sí, ya llegamos demasiado lejos como para volver — se escuchaba hasta ofendido por la pregunta — no necesitaba venir hasta aquí para saber que quería quedarme contigo.

Esas palabras resonaron con tanta fuerza en Stanford que su mirada inmediatamente se posó en la de su hermano.

— Stan, acaso tú…

— No me hagas tener que explicártelo, se supone que eres el genio — la cara de perplejidad en Ford le decía que tal vez no estaba comprendiendo bien sus palabras, debía ser más claro, los pómulos de Stan se tornaron de un tono más sonrosado — Agh ¿es en serio? ¿ni siquiera lo notaste? pues sorpresa, no eres el único que dejó de ver al otro solo como un hermano.

El mayor sintió como su mundo dio un vuelco de 180 grados, nunca había siquiera considerado esa posibilidad, siempre lo creía como algo tan poco probable, básicamente imposible, y vaya que si había hecho los cálculos miles de veces, no obstante, contra todo pronóstico, conjetura o lógica, aquellos sentimientos eran mutuos.

La sensación de alivio y regocijo se combinaron con su confusión ¿esto era cierto?

¿Su hermano… enamorado de él?

— Pero, cómo es que-

— Ni yo sé cómo pasó, ¿okay? lo que sí sé es que luego de que me besaras nunca pude olvidarlo, aunque me suplicaste que lo hiciera, jamás lo hice — su vista se había dirigido hacia el panorama del océano que traía en frente — iba a contártelo cuando acabáramos la secundaria y nos fuéramos a navegar con el bote esa vez, pero al poco tiempo ocurrió lo tu proyecto de ciencias y todo se fue al diablo.

— Así que… solo terminé complicando más todo para nosotros…

— Siento que fue lo mejor, éramos unos mocosos, no hubiéramos durado ni una semana en medio del mar — dijo casi riendo al final — fue un estúpido sueño que teníamos de niños.

— Era nuestro sueño, Stan — el menor vio de reojo a su hermano — me hubiese gustado que me lo dijeras… o que yo hubiese tenido el valor de decírtelo desde antes, quizás las cosas hubiesen sido distintas.

— Quizás.

El susurro del mar resonaba en el fondo, tranquilizador, sereno y con un toque de esperanza mientras los tonos anaranjados se deslizaban en el horizonte.

— Jeh es gracioso, cuando perdí la memoria no podía recordar nada de esto, aunque siempre tenía ese extraño sentimiento, incluso cuando apenas sabía quién eras, creía estar malentendiendo lo que me decías, pero al haber regresado a este lugar pude entenderlo por completo… eras tú, Stanford, siempre fuiste tú.

Al girarse, Stanley se encontró con la expresión aún perpleja de su gemelo.

Todas esas veces que le hablaba sobre qué chicas de la escuela le parecían ardientes, esas donde se quedaban despiertos hasta tarde contándose historias de terror, las ocasiones donde compartían la misma cama luego de que uno de ellos tuviera una pesadilla, aquella noche que compartieron en la fiesta.

Cada uno de esos momentos sumaron para que poco a poco se fuera forjando este peculiar afecto que se fue convirtiendo en amor. 

Durante décadas vivieron en la mente del otro como si no existiera nadie más.

— Entonces ¿qué pasará ahora? — mencionó el científico.

— ¿Qué quieres que pase?

— No lo sé, es la primera vez que no tengo un plan para una situación como esta.

— ¿Y si simplemente lo intentamos?

— Quieres decir, tú y yo…

— Sí.

Se encontraron con la mirada y luego la desviaron con incomodidad dimensionando lo que significaría, sabían muy bien que esto estaba mal, muy mal, un romance entre ambos no debía de pasar, el decírselo a alguien más quedaba descartado, mucho menos a su familia, solo podrían saberlo ellos, se llevarían este secreto a la tumba.

Por otro lado, el hecho de intentar una verdadera relación era terreno nuevo, no lo habían considerado como posibilidad, especialmente Ford, sin embargo, estando en el tramo final del camino, esa oportunidad se veía más y más tentadora.

— Mira, todavía sigue siendo raro para mí también — habló Stanley tomando la palabra — y luego pienso en todo el infierno que tuvimos que pasar, en los años que desperdiciamos estando separados por una estúpida pelea, mierda, creo que nos merecemos ser felices por una vez en nuestras vidas.

Fueron más de 40 años en donde no tenía idea acerca de los sentimientos de su hermano, llenándose de culpa y desdén por lo que sentía, luchando con el resentimiento, odiando el día en que cruzó la línea de su fraternidad.

Ansiaban esto, ¿por qué no arriesgarse? ser imprudentes y darse la libertad de disfrutar de algo más que no sean simples fantasías.

— Muy bien — contestó con tranquilidad en su voz — pero debes prometerme que no roncarás tan fuerte por las noches.

— Solo si tú prometes no quedarte hasta tarde escribiendo — Stanford rió.

— Trato.

Compartieron una sonrisa juntos, un sentimiento recíproco, un sueño que antes parecía imposible.

De pronto el menor se puso de pie frente a su gemelo estirándole la mano.

— ¿Qué haces?

— Sigues siendo mi pareja de baile ¿no?

— ¿Cómo? pero… ¿y si alguien nos ve?

— No hay nadie aquí, solo nosotros dos — replicó confiado — vamos, Seis Dedos, no me dejes esperando.

Ford experimentó un deja-vu, le pareció que había sido transportado en el tiempo y volvió a sentirse como aquel tímido adolescente quien acabó enamorándose de su hermano.

Había pasado tanto tiempo buscando la aceptación y reconocimiento de los demás que lo dejó vació, le costó poder superar su propio ego al darse cuenta que Stan era lo siempre necesitó.

Stanley fue la única persona que permaneció a su lado desde el inicio, su única compañía y aliento, a pesar de que su vínculo se quebró en cierto punto, el amor permaneció intacto, cual mancha imborrable.

El mayor aceptó la propuesta al igual que esa vez.

— Es una lástima que no tengamos música — mencionó mientras que Stan lo acercaba hacia él.

— ¿Me estás pidiendo que cante? okay, Ehem… Put your head on-

Aunque estaba dispuesto a hacerlo de ser necesario, su voz rasposa y desafinada fue detenida por la mano de su hermano.

— Jaja ¡no! — tapándole la boca se echó a reír — creo que todavía puedo recordar cómo hacer esto.

Sus dedos se entrecruzaron, mientras uno sosteniéndolo por el hombro, el otro lo hacía por la cadera, aunque los pasos de Stanford no eran tan coordinados, Stan se aseguraba de guiarlo, la verdad no importaba mucho el ritmo, los acompañaba el sonido de las brisas de las olas, el graznido lejano de las gaviotas, el aroma salado del océano y el viento acariciando sus rostros. 

sí, esto bastaba, solo estaban ellos dos compartiendo este momento juntos.

— Hey, no pidas que olvide esto.

— Jamás.

En las huellas efímeras que iban dejando sus pasos sobre la arena, hubo una que hizo que el espacio entre ellos se desvaneciera, puede que Stan haya sido quién se apegó primero, puede que hubiera sido Ford, algo los detuvo por un segundo al tenerse cara a cara, un recordatorio de que ya no habría marcha atrás desde hoy y estuvieron dispuesto a traspasar esa delgada raya.

Sus labios se encontraron, al principio con cierta timidez, luego con más ahínco, un beso muy profundo, lleno de ternura, pero también de aceptación de por fin poder ser libres y permitirse amar sin los obstáculos que estuvieron soportando.

Al soltarse, se miraron por un segundo para volver a cerrarlos acercando sus narices, el viento revoloteando sus cabellos, el cielo se teñía de púrpura mostrando las estrellas que empezaban a destellar en el cielo, el mar continuaba tocando en el fondo, metros de la orilla dos siluetas y la pura plenitud que envolvía sus corazones por medio de un abrazo.

El mundo entero pareció detenerse en ese momento restableciendo el tiempo perdido.

— No eres tan malo besando, creo que esa máquina de besos que hiciste en la secundaria sirvió de algo.

A los minutos esto se vio interrumpido por el comentario de Stan, ¿cómo era posible que aún lo recordara?

— ¡Dijimos que no hablaríamos de eso de nuevo!

El rubor de Ford se esparció por todo su rostro, enojado, viendo que Stanley ni siquiera trataba de ocultar su carcajada.

Notes:

Hola, vengo de nuevo con otra historia de estos viejos ¡y justo para San Valentín! 💘

Tenía la trama en la cabeza desde hace rato, me gusta la idea de que Stan no haya recuperado sus recuerdos al 100%, que sea algo más como que poco a poco va recordando eventos importantes si ve algo que evoca ese recuerdo o simplemente de manera aleatoria.

Espero hayan podido disfrutar el fanfic, de nuevo todo el arte es mío, nos vemos en la siguiente que ya estoy empezando a escribirla.