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Cupid came last

Summary:

Jacaerys se había esforzado por organizar un hermoso festival de San Valentín en su último año de preparatoria, su mayor deseo era encontrar el amor en el árbol de las confesiones tal y como sus padres se habían encontrado años atras.

¿Cupido quedó de último?

Notes:

Este es un aporte para la actividad de San Valentín de grupo Jacemond ♡

Dedicado a mi amiguita CeceSpines aquí en Ao3 y también a una de mis escritoras favs Spy Multishipper 💞

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

El festival de San Valentín en la escuela preparatoria de Kings Landing era el más esperado por la comunidad estudiantil. Los pasillos estaban abarrotados por decoraciones llenas de corazones, flores y pequeñas siluetas de aquel bebé con alas y flechas en forma de corazón.

Algunos chicos y chicas aprovechaban aquellos días para entonar canciones o poemas a la persona que les hacía suspirar, la cabina de fotos constantemente era vigilada por un maestro para evitar que otros estudiantes más sobrepasaran los límites del pudor y sobretodo, el árbol de las confesiones era el favorito de todos los alumnos.

Una enorme estructura de un árbol similar a los que había en el bosque de los dioses se encontraba en una de las zonas más importantes del recinto, con su puerta y hojas en forma de corazón, tan rojas como las rosas y adornada por pequeñas luces que hacían destellar el lugar. Allí, muchos jovencitos encontraban finalmente el valor de confesar sus sentimientos a su ser más amado y más de uno, salía tomado de la mano como una auténtica pareja. Era la atracción que años tras años había unido a grandes parejas reconocidas en la ciudad. Cómo lo eran Daemon Targaryen y su esposo Harwin Strong, quienes fueron reconocidos miembros de aquella escuela años atrás y que ahora incluso después de años de haber salido de allí, seguían financiando las instalaciones de la preparatoria.

Es por ello que este año, era tan especial para el estudiante de último año, Jacaerys Targaryen. Aún con la insistencia de su padre, este se había negado a usar la influencia del mismo para ganarse su puesto como organizador del evento de san Valentín, y con su arduo esfuerzo como ayudante de los directivos y presidente estudiantil, había ganado el privilegio de organizar por fin el evento que tanto había amado, pues sabía que gracias a este sus padres habían comenzado a salir.

Aunque era un secreto atesorado en su corazón, Jace guardaba la esperanza de encontrar el amor de la forma tan especial que sus padres lo habían hecho, así que por supuesto, ese evento tendría toda su absoluta dedicación, para que todo fuera de la mejor manera. Jace esperaba que, aún después de todo, finalmente el chico de sus sueños por fin se le acercará y confesara sus sentimientos, cosa poco probable al saber que él y Aemond Velaryon no solían hablar siquiera.

Su primo era distante y raro en el mejor de los casos, buen estudiante y bueno en los deportes, siempre se mantenía metido entre libros o el campo de arquería, su rostro siempre serio e inexpresivo mantenía alejados a todos, Aemond Velaryon era un gruñón total y a Jace le encantaba todo aquello. Aunque en sus recuerdos este mayormente era un poco brusco o grosero, había un par que Jace atesoraba como la cosa más preciosa que le haya sucedido. Cómo aquella vez en la que Aemond le defendió de los insultos de Ormund Hightower o cuando delató a su hermano Aegon quien espiaba a Jace en los baños del área de natación, le había costado un duro castigo al mayor de sus primos y Jace siempre estaría agradecido con él peliblanco.

Jace se había esmerado mucho en que todo saliera perfecto, los días anteriores al festival, se había tomado a la tarea de repartir invitaciones que sus padres le ayudaron a ordenar y galletas hechas por él mismo (con ayuda de sus hermanos y un par de empleados), por lo cual alguno que otro estudiante le empezaron a llamar cupido, era tanto gracioso como gratificante ser llamado de esa forma. Y cuando finalmente llegó el día tan esperado, Jace suspiró con orgullo al ver cómo toda la decoración había quedado tal cual lo deseaba.

 

♡♡⁠♡

Cuando el evento fue oficialmente inaugurado el recinto se encontró prontamente lleno de personas, desde maestros hasta padres que fueron como voluntarios para los puestitos de comida del festival, Jace había visto a su hermano Luke junto a su mejor amigo Cregan Stark, saliendo de la cabina de fotos con mejillas sonrojadas y sonrió cómplice, dispuesto a burlarse de ambos más tarde.

Luego, su prima Baela se había acercado agitada a él, pidiéndole ayuda con el regalo que le daría esa misma tarde a la dulce Helaena Hightower, la chica por la cual llevaba años suspirando. Con un abrazo corto y palabras de ánimo, Jace envió a Baela hacia el árbol de las confesiones. Algunos maestros se acercaron a él para felicitarle por tan maravillosa organización. Sin embargo, aunque una sonrisa adornaba sus labios mientras escuchaba a cada persona hablarle, sus ojos recorrían con disimulo el lugar, buscando ojos amatista y mechones de cabellos blancos.

Cuando estuvo solo de nueva cuenta, Jace suspiró desanimado al no ver a Aemond por ningún lado, lo cual era de esperarse, puesto que este era apático a participar en cosas como aquellas, en sus años en la preparatoria, Jace nunca le había visto asistir al festival de San Valentín y quizá este tampoco fuera la excepción. Con un poco de resignación, el castaño se sentó en una pequeña banca cerca mientras comía algunas galletas que le había llevado anteriormente una de sus maestras.

Unos minutos después pudo sentir una presencia a su lado y su ceño se frunció al percibir el horrible perfume que su primo Aegon solía usar. Girando su rostro hacia el intruso, Jace contempló como este le observaba de arriba hacia abajo sin vergüenza alguna.

– ¿Ya terminaste, Aegon?– habló el menor con desdén.

– Hum, creo que sí– respondió el chico sin dejar de mirarlo fijamente, hasta que sus ojos violetas se alzaron y una sonrisa burlona adornaba sus labios– ¿Qué haces aquí solo, Jace? ¿Es que acaso esperas a alguien?

Se burló el mayor, y es que, para pesar de Jacaerys, Aegon había notado su infantil enamoramiento por Aemond, solía molestarlo cuando nadie más estaba cerca, pues disfrutaba ver su rostro rojo de la ira o sonrojado por la vergüenza. Jace en el mejor de los casos, elegía ignorarlo o amenazar con contarle a sus tías Laena y Rhaenyra sobre sus escapadas de la escuela para irse a beber con sus amigos universitarios.

– Me gusta estar aquí, Aegon– respondió el castaño con molestia– y no tengo porqué darte más explicaciones. Así que estaría feliz si te largaras ahora mismo.

La risa que soltó el mayor en su cara fue ofensiva y grosera, pero Jace se mantuvo firme en su lugar. Aunque al sentir al otro acercarse más a su espacio personal, retrocedió un poco incómodo.

– Sé que estás buscando a alguien, Jace– dijo bajo el peliblanco, tomando un rizo castaño entre su dedo índice– creo haber visto a Aemond junto a Alys Rivers cerca de los casilleros hace un rato, parecían bastante cercanos.

El corazón de Jace dió un salto ante las palabras de su primo, pues era bien sabido los constantes rumores acerca de Aemond junto a la chica Rivers. Tragando un nudo en su garganta, dió un palmetazo en la mano del mayor antes de ponerse de pie.

– Eres un idiota si crees que puedes provocarme con esto, Aegon– dijo Jace con furia y le miró de manera fulminante– incluso si fuera verdad, eso no hará que nunca, escúchame bien– le señaló acusador– jamás te haga caso ¿Entiendes? Ahora espero que me dejes en paz y te vayas al infierno.

Dijo girando sobre sus pies para alejarse, escuchando la risa baja del idiota sentado aún en la banca. Sus ojos ardían un poco, pues aunque no lo demostrará, las palabras de Aegon le habían afectado. Jace pudo ver por el rabillo del ojo a Trystane Martell, el hijo menor del director de la preparatoria había estado insistiendo a Jace durante meses para tener una cita, invitaciones que el Targaryen rechazaba sutil y constantemente lo cual al parecer, el moreno no solía entender.

Jace caminó lo más rápido que pudo, caminando entre las personas para tratar de perderse de la vista del Martell quien le había llamado cuando le vió, sin embargo, el castaño logró esquivar un par de estudiantes más antes de esconderse en el árbol de confesiones en su afán por escapar de los ruegos de Trystane. Para su alivio el lugar está solo y soltando un suspiró de alivio, se sentó en una de las pequeñas sillas dentro del árbol.

Una sonrisa triste adornó sus labios al darse cuenta que se encontraba en el lugar que quería estar, pero solo en lugar de la compañía que tanto deseaba. Sus pies se balanceaban suavemente mientras pensaba como aquel evento le llenaba de orgullo al saber que todo marchaba bien, pero el sentimiento era agridulce al saber que lo que su corazón más quería era tener cerca a Aemond. Ver cómo algunas parejas se forman le hacía feliz, pero su felicidad era media al sentir que era el único que no podría conseguir nada aquel día.

Un ruido le hizo alarmarse y el sentir a una persona entrar al árbol le hizo levantar la mirada rápidamente, asustado de que Trystane le hubiese encontrado. Pero su sorpresa fue mayor al ver que no era nadie más que el dueño de sus recientes pensamientos. Aemond parecía agitado y despeinado mientras se sentaba en la sillita frente a Jace. Sus ojos pronto se encontraron en medio del silencio y las mejillas del menor tomaron un adorable tono rosa.

– ¿Qué haces?– Jace intentó cuestionar al muchacho pero la mano de este fue a parar a su boca, haciéndole callar de inmediato. Aemond negó rápidamente y llevó su índice a sus propios labios delgados indicándole que hiciera silencio. Jace se habría sentido ofendido si no fuera porque su mirada se desvío a la boca del contrario.

Pronto ambos jóvenes escucharon una voz femenina llamar el nombre del más alto, era la voz de Alys quien buscaba a Aemond luego de haberlo perdido de vista.

 

♡♡⁠♡

Aemond llevaba un par de horas terminando su carta en alto valyrio cuando la fragancia empalagosa de Alys Rivers llegó a su nariz, la chica se había parado frente a su escritorio en el salón de clase, con una sonrisa según ella tímida y pestañeando ridículamente. La chica era la sobrina del maestro de ciencias y siempre se mantenía pegada a su lado, incluso cuando éste le pedía irse lejos y la evitaba lo más que podía.

La chica insistía constantemente en que Aemond y ella debían salir, que serían una pareja popular y envidiada en toda la escuela. Pero Aemond no podía siquiera contemplar el atractivo a su propuesta, pues sus ojos solo podían dirigirse a una sola persona entre todas y ese no era nadie más que Jacaerys Targaryen, el hijo de su tío Daemon era dulce y hermoso, solía destacar por su inteligencia y su facilidad para tratar con los demás y por ello se había ganado su puesto como presidente estudiantil en su último año escolar.

A Aemond le gustaba mirarlo cuando este no podía verlo, mientras caminaba junto a sus amigos por el jardín o cuando este se sentaba debajo del roble a leer, el chico siempre mantenía un aura tranquila y eso le daba paz a Aemond. Su lindo primo era el dueño de sus pensamientos al despertarse y también al dormir. Sin embargo, las constantes molestias de su hermano Aegon sobre Jace le impedían acercarse al menor, eso y el hecho de que le asustaba un poco la reacción de su tío quien era muy sobreprotector con sus hijos.

Por ello, aprovechando aquel día del festival, Aemond planeaba dejarle una carta entre las cosas de Jace, escrita a puño y letra en alto valyrio, pues ambos eran los mejores en sus clases y sabía que nadie más podría entender que el receptor de aquel escrito. Aunque sus planes se vieron interrumpidos por la molesta chica de cabellos azabaches.

– Te estuve buscando toda la tarde, Mond– dijo la pálida jovencita con voz chillona y un ridículo puchero en sus labios– creí que estaríamos juntos durante el festival…

Aemond la miró fija e inexpresivamente durante algunos segundos, la chiquilla era bonita; sus ojos grandes y verdes resaltaban junto a su largo cabello negro y lacio, muchos otros chicos estaban detrás de ella, pero Aemond no podía siquiera mostrar un ápice de interés por la mujer, la encontraba aburrida e insistente.

– No recuerdo haberte prometido eso, Alys– murmuró Aemond– no me gusta estar en medio de tantas personas, además, te he dicho miles de veces que prefiero estar solo, ya basta de hacerles creer a los demás que estamos saliendo, no hacemos eso– rodó los ojos y negó dispuesto a levantarse.

La pelinegra estaba a punto de hablar cuando algo llamó su atención, el papel sobre el escritorio de Aemond captó al instante la mirada de la jóven, quien sin pensarlo tomó lo que parecía una carta, escrita en el idioma que tanto odiaba.

– ¿Qué es esto?– cuestionó mirando a Aemond y luego el papel– ¿Acaso has escrito una carta para alguien?– sus ojos grandes miraban la tinta negra sobre el papel con curiosidad y algo de molestia por no entender absolutamente nada– ¿Es para mí? Sabes que no puedo entender el valyrio, Aemond– se quejó mirando con su ceño fruncido al más alto.

– No es para ti y no te incumbe, Alys– Aemond le arrebató el papel y lo guardó rápidamente en su bolso junto a sus demás cosas– aléjate de mí ¿Entiendes? No me interesas y no quiero salir contigo.

La voz tajante de Aemond debió haber parado las intenciones de Alys, pero está no era más que terca y comenzó a seguirlo al verlo salir hacia el pasillo de la escuela.

– ¡Aemond espera!– la chiquilla casi corría tratando de seguir los pasos del más alto, sus zapatillas resonaban por el solitario pasillo mientras extendía su mano para tomar la contraria, pero Aemond era más rápido al apartarla– ¡No puedes simplemente rechazarme de esa forma! No hay alguien mejor en este lugar para estar contigo que yo– la agitada chica seguía parloteando– ¡Sabes que puedo hacer que mi tío te repruebe, Aemond Velaryon!– gritó enojada al ver que este la seguía ignorando.

Aemond de repente paró sus pasos y giró sobre sus pies, mirando a Alys quien casi caía sobre sus pies al frenar abruptamente su andar.

– Al diablo con tu tío y su estúpida materia– dijo con veneno en su voz y se acercó más a la pelinegra– no me importa lo que digas, no me asustan tus tontas amenazas ¿Sabes? Mi madre Laena vendrá aquí y hará que te echen a ti y a tu tonto tío de la escuela si yo le cuento que no eres más que un acosadora– los ojos de Aemond destilaban furia, toda dirigida a la chiquilla caprichosa frente a él– ahora, no volveré a repetirlo, alejate de mi.

– A-aemond, espera ¡No lo decía en serio!

Aemond pudo escuchar a Alys seguirlo de nueva cuenta, entonces, decidido a perderse de su vista se echó a correr alejándose lo más que pudo de la jovencita. La insistente muchacha iba detrás de él gritando su nombre y Aemond, en un acto desesperado se escondió en el primer lugar que se cruzó en su camino. El árbol de las confesiones era apropiado, pues sabía que Alys no podría imaginarlo allí adentro.

Su agitada respiración era el único sonido en el lugar, aunque al ver un par de pies cerca de los suyos, su mirada se alzó rápidamente, encontrando nada menos que al receptor de sus sentimientos. Jace le miraba con sus ojos muy abiertos y sus mejillas sonrojadas.

– ¿Qué haces?– el castaño intentó preguntar y Aemond rápidamente acercó su mano para hacerle callar, llevando su dedo a su boca para indicarle que hiciera silencio. Pronto la voz chillona de Alys llamando su nombre se escuchó afuera y conteniendo la respiración, Aemond esperó un par de minutos hasta que estuvo seguro que la chica se había marchado.

Suspirando de alivio, el mayor miró finalmente a su lindo primo frente a él, habría esperado recibir un manotazo por tal atrevimiento al taparle la boca, pero Jace parecía distraído. Aemond retiró su mano y miró sin decir palabra al chico delante de él. Se veía hermoso, como de costumbre, con su uniforme impecable y sus lindos rizos castaños cayendo como cascadas cerca de sus hombros.

Jace parecía haber salido de su trance cuando pudo conectar su mirada marrón con la lila de Aemond. Su mejillas se habían tornado de un tono rosa más oscuro y sus manos jugueteaban entre sí, muestra de los nervios que ataca en su cuerpo.

El menor se removió incómodo luego de un par de segundos y apartó su mirada del más alto.

– ¿Qué haces aquí?– finalmente rompió el silencio Jace, sintiendo aún la pesada mirada de Aemond en su rostro– creí escuchar a Alys llamarte hace un momento ¿No deberías ir con tu novia en vez de esconderte aquí?

Una de las pálidas cejas de Aemond se alzó al escuchar la palabra novia y sin poder evitarlo una pequeña risa brotó de su pecho, haciendo que la mirada castaña se pusiera de nueva cuenta sobre su persona, las cejas de Jace se encontraban fruncidas en un gesto de molestia, pues no encontraba la situación graciosa en ningún sentido.

– ¿Por qué te ríes? ¿He dicho algo gracioso acaso?– el menor le miró con furia, pero para sus adentros, una cálida sensación invadió su pecho al ver la sonrisa en el rostro mayormente inexpresivo de Aemond.

El peliblanco soltó un resoplido y rodó los ojos ante la actitud del otro, negando con su cabeza antes de hablar– En primer lugar, Alys no es mi novia, nunca lo sería– recalcó cruzándose de brazos– en segundo lugar ¿Qué haces tú aquí de todos modos?– está vez fue el turno de Aemond de sentirse algo molesto, no esperaba que Jacaerys estuviera metido en aquel lugar de entre los puestos del festival– ¿Estás esperando a alguien? ¿Es ese chico Martell quien esperas que venga?

El aire estaba un poco tenso después de sus palabras, Aemond esperaba una negación rápida por parte de Jace, pero este parecía no querer decirle nada y eso comenzaba a frustrarle.

– Yo… estaba huyendo de Trystane– finalmente respondió el castaño antes de dirigir su mirada a hacia sus pies– tenía pensado estar aquí hasta que él finalmente dejara de buscarme, pero creo que me iré ahora mismo.

Jace hizo amago de levantarse cuando una mano grande y blanca agarró su brazo, sus ojos dieron a parar sobre los de Aemond quien lo miraba de forma determinada.

– Espera, no tienes que irte– dijo el más alto con rapidez– Yo… Ahm– el chico parecía un poco ansioso, señaló el asiento dónde Jace se encontraba previamente sentado indicándole que volviera a sentarse– me gustaría hablar contigo, Jace.

El jovencito de cabellos oscuros sintió curiosidad, Aemond nunca le había pedido hablar a solas antes, y aunque solían cruzar palabras en reuniones familiares, nada más allá de eso pasó entre los dos. Así que tomando asiento de nueva cuenta, asintió intrigado por lo que tenía que decirle Aemond.

– Tengo algo para ti– murmuró el mayor buscando entre su bolso, sacó el papel algo arrugado por su afán de esconderlo de Alys y se entregó al otro– pensé en dejarlo de forma anónima entre tus cosas pero ahora que estamos aquí, creo que sería mejor si pudiera dártelo yo mismo– Aemond se encontraba nervioso cuando Jace desdobló el papel y comenzó a leer, se sabía la carta de memoria, pues había pensado durante mucho tiempo en que escribir en ella– Suelo observarte– comenzó a relatar fijando su atención en su primo– durante las clases que compartimos o tus paseos en el jardín de la escuela, en los almuerzos familiares en casa de mis madres o las fiestas en la piscina que el tío Harwin tanto ama hacer…– las palabras habían comenzado a salir como un torrente de su boca, desbordadas como una presa en un río– sueles hacer pucheros cuando estás enojado o disgustado, o mover los anillos que mi madre te dió en tu cumpleaños cuando te sientes ansioso, tus ojos toman un color ámbar con el reflejo del sol y en verano, tus pecas aparecen haciendo tu rostro brillar con destellos. Me gusta cuando hablas en alto valyrio con el tío Daemon porque piensas que nadie podrá entenderte, me gusta cuando eres amable con mis hermanas durante las clases de piano en casa del maestro Gerardys. Cuando leías historias antiguas para el abuelo Viserys o cuando acunas con cariño a tus pequeños hermanos– una pequeña sonrisa se formó en los labios delgados al notar el rojo en las orejitas del contrario– eres dulce, tan dulce como la doncella, tan inteligente como la vieja y feroz como el guerrero, hay muchas más cosas que querría decirte pero me llevarían muchas lunas y mucho papel terminarlas. Te quiero ¿Puedo esperar que tú también me quieras?

El silencio llenó el pequeño espacio, el corazón de Aemond martilleaba furioso en su pecho, había dejado salir sus sentimientos con una facilidad que no esperaba. Miraba cualquier movimiento de Jace, esperando, deseando que finalmente hablara y correspondiera sus sentimientos. En el mejor de los casos, sería el hombre más feliz de la faz de la tierra, en el peor de ellos, tendría un corazón roto e incapaz de sanar.

Grande fue su sorpresa al ver al otro acercarse rápidamente, plantando un dulce y nervioso beso en sus labios. Los ojos lilas se abrieron con sorpresa y antes de siquiera procesarlo, Jace se había separado, sonrojado hasta el cuello y con ojos cristalizados.

– Tu también me gusta, Aemond– la suave voz de su primo le hizo aterrizar y en un momento de valentía, con una sonrisa en su rostro se acercó también para finalmente unir sus labios en un dulce y tierno beso. Ambos jóvenes sintieron alivio en sus corazones, sus fuertes latidos parecían entonar una hermosa melodía en medio de aquel pequeño lugar. Y pronto, cuando sus rostros se separaron, se miraron con amor y sonrisas imposibles de contener.

Finalmente, después de tanto anhelar, Jace, cupido, finalmente había obtenido su propia flecha en el corazón.

Notes:

Aclaraciones:

Familia Velaryon:

Laena Velaryon
Rhaenyra Targaryen
Aegon Velaryon
Aemond Velaryon
Baela y Rhaena Velaryon

Familia Targaryen/Strong:

Harwin Strong
Daemon Targaryen
Jacaerys Targaryen
Lucerys Targaryen
Joffrey, Aegon y Viserys Targaryen

Helaena y Daeron son hermanos y son Hightower (Ormund es primo de ambos), por lo cual, no tiene relación familiar con los Targaryen/Velaryon.

Nyra y Daemon son hermanos, hijos de Viserys y Aemma, por lo cual, Jace y Aemond son primos.

Incesto y modern au pq si🫶