Work Text:
If you're all I need
Don't you see me I
I think I'm falling, I'm falling for you.
with all my love, for lewis.
vannie.
Estoy esperando a Roier. Su turno acaba a las nueve en punto. Son las ocho con treinta minutos. Estoy más nervioso de lo que me gustaría hacer ver, normalmente él me pone así con solamente su presencia, algo que aún no puedo entender del todo.
Lo conocí gracias a Mariana, un chico con los lentes más feos que he visto en mi vida. Ambos vamos a los entrenamientos de fútbol en la universidad, así que verlo llegar con un chico castaño me hizo perder el aliento. Ese día me caí una o dos veces, fué la peor experiencia de mi día, pero Roier se estaba riendo desde las bancas, así que supongo que valió la pena.
Después de eso se me acercó, preguntándome si podía pasarle mi número de teléfono, inmediatamente le dije que sí, y, aquí estamos, unos 4 meses después.
El día está gris, es otoño, mi época favorita del año. Roier dijo que también le gustaba, aunque creo que estaba mintiendo. Él es la persona más extrovertida que conozco, es inteligente, carismático, guapo -más de lo que me gusta aceptar- siempre le digo que es un sol andante, solamente se ríe para después decirme: “Spreen, sí yo soy el sol, tú eres la luna.” Sé a qué se refiere, por eso no creo que su estación favorita sea el momento en que las hojas de los árboles caen, cuándo el sol se tapa por nubes y el día es más frío. Para mí él irradia primavera. Yo odio la primavera.
La odio por mis alergias al cambio de estación, también por el sol tan fuerte que sale todos los días. Podríamos decir que Roier y yo somos polos opuestos. La luz y la oscuridad en persona. Pero hay algo en él que me hace sentir que no es así.
Todo esto me lleva a mi dilema más grande, mis sentimientos por Roier. Soy bisexual, lo sé desde que soy pequeño -gracias a las telenovelas- mis padres me apoyan, mis amigos también. Así que no sé qué es lo que siento. ¿Amor?, no creo. ¿Deseo?, puede ser.
Solamente sé que estoy un poco sonrojado bajo mi bufanda azul al pensar en él. En su cabello castaño, ondulado, en sus ojos brillantes, su mejillas, sus labios.
Tomo aire, sintiendo que de repente he olvidado como respirar. Ya habrá momento para saber que está pasandome. Miro el reloj en mi muñeca, son las ocho con cincuenta y cinco. Roier trabaja en una librería, está estudiando letras, así que este es su mayor sueño. Yo estudio abogacía, en mis sueños soy un futbolista (difícil de creer).
Yo no trabajo, mis papás no han dejado que su bebé deje el nido a pesar de tener 20 años. Roier vive con Quackity, su mejor amigo desde pequeños. Admito que su amistad me causa algo de malestar. Quackity es irritante en el mejor de los casos, siempre arriba de Roier, lo abraza, lo besa en el rostro. Me molesta, pero no diré nada. Yo podría hacerlo mejor.
Miro el cielo, estoy sentando en una banca, estaba fría cuando me senté, ahora ya no. A lado de mi hay una bolsa, le compré a Roier una campera, la vió cuando salimos al centro comercial. Le rogué a mi papá por el dinero, así que ojalá le guste.
Tengo miedo, de esto, de Roier y yo. No porque las cosas vayan mal, sino de cómo puede salir todo esto. Jamás he sido bueno con los sentimientos, normalmente huyo, pero con él no puedo. Siento que es todo lo que necesito. Quiero que me vea y piense en besos o abrazos a la media noche. Quiero que piense en mi y sonría, así como yo lo hago con él.
Estoy acabado, ¿no?
— Hey, Spreen. — Hablando del rey de Roma. Roier está justo enfrente de mí, trae un pantalón negro, y también una campera color café, su cabello está suelto por su rostro, no trae su bandana. Eso es raro. Pero aún así se ve bien, tanto que desvio la mirada en busca de algo que no haga que mi corazón lata tan rápido.
— Hola capo, saliste justo a tiempo. — Me armo de valor y le vuelvo a mirar, él me sonríe.
— Así es, Mariana va a encargarse de cerrar, ya sabes, le dije que nos íbamos a ver. — Se pone un mechón de pelo detrás de la oreja.
— Hasta que hace algo el pelotudo ese. — Me levanto, tomando la bolsa a mi lado. — Así qué.. ¿a dónde vamos? al final no quedamos en nada.
Me mira como sí yo fuera él único en el mundo. Creo. No estoy seguro.
— Podemos ir a tomar un café antes de que se haga más tarde y después.. no sé, ¿ir a mi casa? Quackity no estará esta noche. — Me tiende la mano, para que la tome. Él siempre guía el camino, yo me dejo llevar.
— Dale, vamos. — Le tomo la mano, está helada. Roier entrelaza nuestros dedos, comenzando a caminar.
— ¿Y esa bolsa? ¿que compraste? — Intenta mirar, pero quito el regalo de su vista.
— Qué te importa, lo compré por ahí. —
Me mira con un puchero, siempre que hace eso me dan ganas de besarlo. Sus labios siempre están humectados, he pensado que usa algún brillo labial. No me molesta, al contrario, me parece atractivo, hace que su boca esté rosa, como las frutillas. Tal vez él sepa dulce, no sé, tal vez a café con mucha azúcar. A Roier le encanta el café, siempre que salimos compra uno. Soy más fan del té, pero soportaría cualquier cosa por él. Espero que sea mutuo.
— ¿Hola? ¿tierra llamando al boludito de Spreen? — Su mano libre se sacude frente a mí, no me había dado cuenta que me quedé mudo. Él me hace sentir así, perdido.
— Ah sí, ¿qué decías? — Ya no lo miro, si lo hago caeré en la tentación nuevamente. Así que miro el camino, hay chicos y chicas caminando. Estamos en octubre, esa época del año en que se celebra Halloween, así que hay decoraciones por dónde sea. Las luces tiran un color naranja brillante sobre nosotros. Mi corazón empieza a latir con fuerza, aquí, con Roier, me hace sentir que algo nuevo podría empezar.
— Te decía que hoy llegaron nuevos libros a la biblioteca, ¿te acuerdas que te dije la semana pasada?, hay uno de poemas, lo compré pero lo dejé en mi casillero. — Él sigue hablando, le pongo atención, siempre, pero hoy está diferente. Habla con más cautela, con un tono que no sé qué significa. Su mano se aprieta constantemente contra la mía, está nervioso, pero desconozco el motivo. Así que hago lo mejor que puedo, me acerco, dándole un beso en la mejilla, tan rápido que me duele el cuerpo cuando vuelvo a mi posición inicial, mirar la calle como sí fuera más interesante.
Roier suelta un jadeo de sorpresa, después se ríe, mirando el suelo.
— De esta manera parecemos una pareja, ¿no lo crees? — Me tropiezo con mis propios pies, no me esperaba eso. Para nada.
— ¿Eh?, nah, que decís, nada que ver. — Soy bueno para escapar, siempre ha sido así. Doy gracias a qué la cafetería The 1975 está frente a nosotros, así que le suelto, apresurando el paso para abrir la puerta. — Vení, pidamos las bebidas. —
Le veo, parece decepcionado, pero asiente, pasando al establecimiento.
Es más fácil mantenerlo lejos que cerca.
Nos sentamos cerca de la puerta, nos iremos rápido, empieza a bajar la temperatura. Él se levanta, pero le agarro del brazo.
— ¿Vas a pedir vos? — Sus ojos brillan, creo que no me había dado cuenta de eso. Se relame los labios, así que bajo mi vista a esa dirección. Hace calor.
— Sí, ¿lo mismo de siempre? — Lo suelto, asintiendo. Roier se va a la barra, esta es su cafetería favorita, dice que simplemente todo es perfecto aquí. La decoración, el aroma, el sabor. Yo le creo, él siempre tiene buenos gustos.
Tarda unos 10 minutos, lo veo esperando, charlando amablemente con el barista, siempre es así, busca sacarle plática a la gente.
Cuándo termina el barista, le entregan el pedido, así que ahora está acercándose con dos vasos en las manos.
— Un matcha con una cuchara de azúcar para tí. — Me entrega el vaso, tiene un mensaje, nunca había hecho esto antes.
“Para él chico con los ojos más hermosos que he visto.”
Le sonrío, porque no puedo evitarlo. Él me regresa el gesto, sentándose frente mío.
— Y para mí.. — Antes de que pueda seguir, hablo yo.
— Un capuchino, con dos cucharadas de azúcar y un chorro extra de leche. —
— ¡Exactamente! chico con buena memoria. — Bromea, dándole un golpe a mi mano libre que está encima de la mesa. Creo que es un buen momento para darle su regalo. Roier ama spiderman, hemos hablado de los cómics, de las series, y las películas, me contó que de pequeño se creía el superhéroe.
La campera es roja, con una araña en el centro.
— Mirá, te mentí un poco. — Agarro la bolsa de papel, poniéndola encima de la mesa. — Es para ti, te la iba a dar en tu casa pero nah, mejor aquí.
— ¡No mames! ¿Neta?, gracias Spreen, yo no tengo nada para darte, pero lo compensaré. — Agarra la bolsa, está emocionado, lo sé por cómo sus manos tiemblan ligeramente, también su pecho sube con más frecuencia. Saca la campera, la mira, me mira.
Sonríe de una manera en la que jamás había tenido el placer de observar. Casi sus ojos desaparecen por completo, creo que hasta podría empezar a llorar. La deja en sus piernas, agarrándome la mano, me la aprieta, después la entrelaza con la suya.
— Te puedo jurar que este es el mejor regalo que me han hecho, dios, eres increíble. — Baja la mirada, aún con esa sonrisa tonta.
— No es para tanto.. te gustó y pensé que te gustaría tenerla. — Le acaricio el dorso de la mano con mi pulgar, porque puedo y quiero.
— Cállate culero, no te rebajes. Te pasaste con el regalo, muchas gracias en serio. — Me vuelve a mirar, cada vez que conecta sus ojos con los míos siento que el tiempo se detiene, él tiene ese poder sobre mí.
— Ya, está bien. — Ruedo los ojos, pero no puedo dejar de sonreír. Su mano está caliente sobre la mía. Quisiera que fuera mío. No en ese aspecto tóxico que tienen todos, si no en el sentido de ser elegido por él. Amarlo, cuidarlo, todo porque Roier lo ha permitido y porque lo quiere. Porque me quiere. Pensarlo es raro, hace que sienta un pinchazo. Me cuesta creer que Roier podría quererme, estar enamorado de mí. Así como yo lo estoy de él.
Creo que estoy enamorado de Roier.
Creo que me gusta.
Creo.
La realización me llega tan de pronto que no sé cómo actuar, qué sentir. Mis sentidos están tan llenos de ojos color café y manos suaves. Quiero huir, pero quiero quedarme. Quiero gritar, pero quiero quedarme callado. Quiero que lo sepa, pero tengo miedo. Así que lo suelto.
Tomo de mi bebida, solamente para tener una excusa para no hablar, para darme más tiempo de resolver esto. Roier también lo hace.
— Deberíamos ir a tu casa, ¿no?, ya casi son las diez. — Digo una vez he terminado con mi matcha, evito el contacto visual, buscando algo más interesante. No funciona.
— ¡Ah sí!, vámonos, después hará más frío, es más, mira. — Roier se para y se pone mi regalo, le queda un poco grande, pero sé que ese es su estilo. Agarra sus cosas, listo para irse. Pero yo estoy perdido en él, en lo guapo que se ve, en que, si no es muy rápido, lo amo.
Me levanto por inercia, me vuelve a guiar hacía afuera, contándome algo que no entiendo, estoy en blanco, estoy jodido.
— ¿Estás bien Spreen?, estás pálido. — Llegamos a la estación de parada, esperando el taxi. Roier se pone enfrente de mí, tocando mi mejilla, siento como me sonrojo, así que solamente me aparto suavemente.
— Estoy bien, un poco cansado.. es todo. — Le doy la espalda.
Escucho como él suspira a mis espaldas, después siento su barbilla en mi hombro, sus brazos rodeando mi cintura.
— Spreen.. necesito decirte algo. — Su aliento es frío, lo siento contra mi oreja. No me muevo, me quedo quieto. — Yo.. dios, es muy difícil. — Nos quedamos en silencio, así, abrazados.
— Roier.. yo— No me da tiempo de responder, él me voltea, así que quedamos cara a cara.
— Me gustas. — Dice, serio, pero sus ojos están brillosos, no sé sí por la luz o por el miedo, sea lo que sea, me tiene atrapado. Me agarra el rostro. — Te juro que tenía una mejor idea de propuesta, pero hoy, dios, ha sido difícil ocultarlo. No puedo, cuando estás conmigo, y..— Ya no le doy tiempo a decir algo más. Lo beso, así como he soñado desde un principio. Sus manos se resbalan, así que enrollo mis brazos en su cuerpo, lo quiero cerca, ahora y siempre.
Me corresponde, nuestros labios danzan a la par, cómo si estuvieran destinados a esto, están hechos el uno para el otro. Me roba el aliento, me deja indefenso, sin poder huir, sin poder alejarme.
Le acaricio el cabello de la nuca, él me toma de la cintura, fuerte. Soy suyo, él es mío.
Lo aprieto más, sintiendo que no es suficiente. Roier me deja ir primero, juntando nuestras frentes.
— Spreen.. — Mi nombre siempre ha sonado así en su boca, correcto. Hoy no es la excepción, me está sonriendo, suelta un suspiro tembloroso, que poco a poco se convierte en una risa.
— Roier, yo también, digo, también me gustas muchísimo. Lo descubrí hoy, en la cafetería. — Me río también, porque sé que soy un poco patético. — Pero estoy seguro de lo que siento, quiero intentar todo contigo no importa como termine.
Siempre lo supe, que Roier y yo no estábamos saliendo en algo amistoso, que esto no sería casual. Pero ahora, que puedo decirlo en voz alta, suena más real que nunca.
— Está bien, si, hagamos esto, juntos, nosotros dos. No sabes lo mucho que lo deseaba, aparte tú no eres muy bueno captando señales, ni dándolas. — Me acaricia el pelo y después la mejilla, yo sonrío.
— Déjame.. no sabía que hacer, así me pones boludito. — Me vuelve a besar y le respondo, dejándome llevar.
El taxi se para enfrente de nosotros, así que nos separamos. Miro a Roier, está sonrojado y sus labios están más rojos, supongo que por haber estado besándome.
— Vámonos a casa Spreen. —
— Vámonos Roier. —
Me besa la frente y se acerca al coche, abriendo la puerta de atrás. Saluda al chófer y entra, yo lo sigo.
Estamos de camino a casa, la ciudad poco a poco se queda sin personas fuera de sus casas. Las luces iluminan el camino, Roier sentado a mi lado vuelve a apoyar su cabeza en mi hombro. Después me toma la mano, fuerte.
— Podría hacer esto siempre, contigo. — Susurra, unas palabras solamente para mí. Intento quedarme con eso, con él dándome detalles que a nadie más le daría.
— Yo también. — Le contesto igual de bajo, dejando que mis pensamientos se apaguen. Mi cuerpo reacciona, me relajo, tanto que me acomodo para darle un beso en el cabello a Roier. Él se ríe, acomodándose más cerca. Me aprieta la mano, una, dos, tres veces. Sé que será un camino largo.
Pero me siento bien, se siente bien y ahora sé que Roier también lo quiere.
Fin. ♡︎
