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Un pequeño (futuro) héroe.

Summary:

El mago logra salvar a Jayce y su madre del frío pero antes de poder entregar la piedra Hex y alejarse como debe ser, el niño se le cuelga encima y lo abraza con fuerza mientras agradece haber sido salvado, lo que provoca que Viktor decida probar un nuevo método para cambiar el futuro, enseñarle a Jayce desde pequeño la magia.

Leer notas.

Notes:

Aclaración: Aquí no hay nada sexual o verdaderamente romántico, Viktor siente pura ternura por el pequeño Jayce que lo sigue a todos lados. Jayce está enamorado de una forma inocente como cualquier niño lo está de una persona que admiran. Enamorado = Él es tan genial.

Chapter 1: Gran Héroe.

Summary:

El primer encuentro. Pero todo tiene un enfoque distinto a lo usual.

Chapter Text

Capítulo 1

 

Nuevamente se repetía aquel ciclo tortuoso, otra vez había fallado. Estaba solo en un vacío infinito, él y una deprimente cantidad de cadáveres que casi no tienen rastro de lo que solían ser, ahora son simplemente marionetas que desgastadas con el tiempo dejaron de funcionar.

Viktor suspira cansado, se siente débil mientras ve el desastre a su alrededor. Debe comenzar otra vez, con la esperanza de tener mejor suerte en la próxima oportunidad. ¿El destino nunca le permitiría cumplir sus sueños de encontrar una mejor ruta? ¿Acaso realmente lo Arcano estaba destinado a ser caos y destrucción? ¿O es que acaso él era quien estaba destinado a fracasar? 

Repasa una mano por su propio cabello, se da cuenta de lo mucho que ha crecido y también nota que su barba ha perdido forma, tampoco es que tenga propósito alguno para arreglarla de todas las formas. Aunque le gustaría afeitarse por el simple hecho de que la idea de envejecer nunca fue una que hubiera considerado. 

“Una vez más…” Se dice a sí mismo, lo ha hecho tantas veces que ya ni siquiera se cree. Es un mentiroso.

La mejor solución sería dejar a ese niño morir en el hielo, o morir en el desierto, también arder en llamas… Ha visto a ese pobre pequeño en tantos escenarios y aún así no es capaz de verso indiferente y permitirle agonizar. 

Esta vez al aparecer es el escenario más cotidiano de las mil posibilidades. La nieve. Una de las que más odia, porque ha pisado tantas veces ese lugar solo para ver al chico sufrir y traumatizarse con algo tan bello como es una nevada, se ríe mientras camina, aún recuerda su primer invierno en Piltover junto a Jayce. 

Jayce… Oh, ese pobre chico seguro empezará a gritar en pocos segundos. 

“¡Ayuda!” Y ahí estaba.

Ese llamado al que se veía incapaz de callar, ese grito que le da más frío que la ventisca que le envuelve, es doloroso para su corazón, si es que acaso todavía tiene uno, probablemente sí porque de no tenerlo podría ahorrarse tantos problemas ahora mismo.

Ha hecho lo mismo tantas veces que lo hace por inercia.

“¡Por ​​favor! ¡Alguien ayúdenos!” Los gritos de miedo se mezclan con la tormenta, casi los silencian pero aunque no pudiera oírlos, sabe exactamente hacia dónde ir.

Camina sin dudarlo, hay calma en sus pasos, su bastón resuena en la nieve y finalmente está ahí, en frente de ellos. 

Una mujer a pocos segundos de volverse un cadáver criogenizado y un niño asustado que busca ayuda de forma desesperada. Irónico pensar que salvar a ese niño, es su inicio y probablemente su final.

A veces simplemente los saca de ahí rápido para evitar retrasar las cosas, otras veces busca lucirse con el pequeño porque mentiría si no dijera que la adorable expresión de Jayce en una mezcla de confusión y admiración le causa gran ternura. 

Se coloca a unos pasos y comienzan a surgir las runas, que los rodean a los tres en una esfera que rápidamente alza al pequeño y a su madre, llevando a ambos lejos de ese lugar. Jayce siempre pone la misma cara, sin importar que, claramente está aterrado de lo que sucede pero a su vez hay una luz en sus pupilas que demuestra una gran fascinación por todo esto. 

Los deposita con cuidado en el más bello campo que ha encontrado en Runaterra. Cruzando las fronteras de la ciudad de Piltover, hay un hermoso prado, lleno de verde y cubierto en bellas flores y unos pocos árboles que dan color y vida al lugar pero permiten la vista al hermoso cielo azul. Eso siempre ha calmado a Jayce. 

El respira un poco agitado, mientras ve a su alrededor, sus manos tiemblan un poco, nunca ha sabido si es porque aún siente frío o si es acaso una expresión de su impaciencia. Jayce voltea a ver a su madre y su rostro se ilumina al ver que está despierta. Suspira tranquilo y sonríe, luego frunce el ceño sin comprender que está pasando.

Viktor lo mira a través de su capucha. Ocultando su rostro bajo las sombras de la misma, adora esa expresión de confusión y felicidad, siempre ha creído que Jayce es bastante expresivo.

“¿Cómo…?” Su tierna voz incrédula. 

Se acerca a él, para repetir las cosas una vez más. La runa Hex en sus manos, la roca que dará inicio a todo. Extiende su mano al frente, esperando a que las pequeñas manos enguantadas comprendan el mensaje y esté listo para recibirla.

Pero por primera vez… algo cambia.

El niño solloza y se lanza a abrazarlo. Aquello lo tomó por sorpresa sin entender qué pasó, nunca había ocurrido así. Sujeta la piedra con fuerza en su mano para no dejarla caer cuando es derribado al suelo.

“Gracias… Muchas gracias” Dice en una voz quebrada mientras lo sujeta con demasiada fuerza para ser un pequeño.

No entiende bien qué pasa, no sabe qué decir o hacer mientras ese niño llora contra su estómago. 

¿Qué estaba pasando? ¿Por qué el niño no parecía emocionado por la magia o sonreía impaciente por descubrir más sobre la misma? 

Alza la vista al ver que la madre de Jayce se levanta del suelo con cuidado, aún algo débil pero con la suficiente fuerza para caminar hasta ellos.

“Jayce, ten cuidado, pudiste lastimarle, no se salta así sobre la gente”. La mujer habla con voz suave pero a su vez con una pizca de regaño, lo que provoca que el niño rápidamente lo suelte y se aparte. 

“¡Perdón!” Dice aún con lágrimas en esas mejillas redondas. 

Viktor está sin palabras. Aún tirado en el suelo, su bastón en una mano y la runa entre los dedos de la opuesta. Es la primera vez que algo así sucede, es la primera vez que Jayce reacciona diferente, la primera vez que interactúan tanto tiempo y también la primera en que Ximena se acerca a él.

La mujer se arrodilla delante de él e inclina su cabeza con los ojos húmedos al borde del llanto.

“Gracias… nos ha salvado. Gracias por no dejar a mi hijo morir en el frío” Ximena dice con voz suave y luego se pone en pie, Jayce se acerca a ofrecerle soporte por un lado. Y luego estira su manito enguantada hacía Viktor.

Viktor cree que está soñando. 

Niega amablemente la mano del pequeño, sacudiendo su cabeza para luego ponerse en pie por su cuenta. Recargándose en su bastón como si así tuviera estabilidad de regreso a la realidad y así procesar mejor lo que sea que estaba pasando. 

“¿Cómo hizo eso?” Ahora es la mujer quien habla, mientras un poco más sana, cubre a su hijo con su propio brazo como cualquier madre protegería a su hijo, no necesariamente porque considere a Viktor un peligro, sino más bien para cuidar a su pequeño de la respuesta.

Él no sabe qué decir. Ni siquiera sabe si debería hablarles. Podría arriesgar mucho si se exponía así. Jayce descubriría lo que sucede si llega a reconocerle e incluso si el tiempo le ayuda, ahora también había involucrado a la señora Talis en esto.

Retrocede un paso en silencio, tal vez solo deba entregar al runa e irse pero los ojos curiosos de esos niños tras el brazo de su madre le dan una idea. 

¿Sería realmente tan grave alterar las cosas así? Quizás es la oportunidad que necesitaba.

Podría crear la Hex, enseñarle la magia… Pero si no lo conocía en el futuro o al menos si no lo involucraba, tal vez habría un cambio. Cayó en cuenta de una posibilidad que nunca había considerado, tal vez Jayce no lo necesita para triunfar.

Y pensar que llamó a Jayce egocéntrico.

Era claro, la culpa de todo lo ocurrido caía en sus hombros. No necesitaba matar a Jayce en el frío, tampoco había que evitar la creación de la Hex, no necesitaba suicidarse para cambiar las cosas, podía usar la magia y cambiar el mundo pero también podría ser un método seguro si Viktor no estaba ahí, al menos no como solía ser.

“Es magia.” 

Habla por primera vez y Jayce vuelve a enseñar su rostro de admiración habitual. Ximena mira en una mezcla de incredulidad y sorpresa, a pesar de haberlo presenciado era difícil creer.

Viktor se agacha esta vez con una rodilla en el suelo y extiende la roca hacia Jayce. El niño emocionado sale detrás de su madre y camina hasta él, tomando la pequeña runa azul, dándole un vistazo curioso. Ximena lo toma del hombro, alerta a toda esta situación pero a su vez, igual de interesada en todo esto.

“Puedo enseñarte a usarla… Para que puedas mejorar la vida de la gente.” 

Sería complicado, no podría quedarse mucho tiempo. No debería, seguramente aquello alteraría muchas cosas y había usado lo último en sus capacidades para poder salvar a la familia Talis y crear la runa que el niño sujeta en sus manos. Pero podría guiarlo, los primeros pasos para poder avanzar en su investigación al crecer, darle las fórmulas y notas necesarias para conseguirlo.

Tal vez acaba de firmar su propio suicidio en esta línea del tiempo. 

Pero no es tan terrible al ver esos ojos infantiles brillar emocionados.