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Language:
Español
Stats:
Published:
2025-02-23
Updated:
2026-04-01
Words:
102,828
Chapters:
11/?
Comments:
11
Kudos:
31
Bookmarks:
3
Hits:
1,463

REBANADA

Summary:

Naruto y Sasuke enfrentan las consecuencias de un descuido importante que cambió sus vidas.

El alboroto de un corazón adolescente llega a su crepúsculo.

Notes:

¡Olita de mar!

Esta historia se encuentra publicada en otra plataforma, es la primera vez que publico aquí así que veamos como va.

REBANADA, comenzó como un One shot, por eso ya nunca pude cambiarle el nombre (lol) eventualmente mi amiga y yo desarrollamos un montón de headcanon que complementaron la idea principal, buscando de alguna manera redención y aprendizaje para algunos personajes.

Aclarando también, el one shot lo escribí en el 2019, con los años avancé muy poco en la historia, según recuerdo en el 2021 o 22 escribí por última vez un capítulo de esta historia, abandonandola hasta inicios de 2025, así que la narrativa ha cambiado tanto como yo en este tiempo. Espero ser capaz de ser más clara con las ideas ahora.

En wattpad me puedes encontrar aquí : https://www.wattpad.com/user/PolarisNS
Y en facebook como : Umi-no (Tambien dibujo)

Nos leemos en algún momento en otro lugar.

Chapter 1: REBANADA

Chapter Text

 

El gerente aseguró el lugar cuándo el último comensal se retiró. Los chicos aflojaron sus corbatines molestos y las chicas se quitaron los zapatos puntiagudos de sus pies adoloridos, a causa de la larga jornada. Sakura se deshizo de las medias, las hizo bolita y las arrojó sin cuidado a su maleta; después se metió a la cocina y con un gesto con la mano le dijo que no tardara. 

Aún había que terminar la limpieza, contar las monedas y repartir las propinas, ¡hoy le tomaría un poco más de tiempo llegar a casa! Suspiró, aflojando su propia corbata y se deshizo del chaleco molesto que servía como uniforme. Animado, tomó su móvil por primera vez desde que comenzó el turno, tenía un par de notificaciones y un mensaje de él que no leyó desde la tarde "Ten un buen día, te quiero" leyó embobado. Sonrió, le hubiera gustado responder a tiempo, pero ese día la prisa ganó con el primer turno y llegó ligeramente tarde al segundo. Dio las gracias de que el viejo dueño se hiciera el que no ve y lo dejara entrar sin problemas, porque seguramente, cuando se lo cuente a él, va a repréndelo. Encantado, tecleo una respuesta rápida y releyó el pequeño texto, no importaba en qué momento del día se encontrara, esas palabras lograban calentarle el alma, y era en esos ratitos que sabía, que contra todo pronóstico, estaba haciendo lo correcto.

Sakura volvió para apurarlo "¡Solo faltas tú!" Insistió la chica. Terminó de atarse los cordones de un par de zapatillas cómodas y entró a la cocina. Sus compañeros rodearon la mesa de trabajo y en el centro estaba Kiba, con un ridículo gorrito de colores y un par de serpentinas colgando de su cabeza. 

— ¡Vamos Naruto, ya tomamos todas las fotos sin ti! — se quejó Inuzuka invitándolo al centro para que alguien más tome una fotografía.

—Voy, voy — respondió sonriendo. Robó el ridículo gorrito y se lo pasó el mismo. Sakura tomó la foto y el resto de los chicos insistieron en buscar lugar, para tomar más recuerdos. Sus ojos viajaron al reloj en la pared que marcaba las 9:30 pm, suspiro. Esperaba que la celebración no durara tanto, pues le gustaría volver a casa antes de medianoche. 

Entre las risas y las charlas, su pecho se contrajo al ver a Shikamaru entrar por la puertecilla de metal, llevando un pastel en sus manos. Por instantes, su cabeza se iluminó y ahora pensaba que la en ratitos la vida le sonreía, a veces, casi nunca, pero lo hacía. Esa fue otra buena señal de que iba por el camino correcto. Nara dejó el pastel en la mesa frente a Kiba, y él, no pudo evitar mirarlo, como si fuera la cosa más increíble que hubiera visto en mucho tiempo. Debió parecer un tonto pendiente de las rebanadas que Kiba repartía, y estaba seguro que su amigo lo notó porque le dio el trozo más grande.

—Aquí tienes idiota, sé que te gusta — le guiña un ojo cómplice y dejó el platito sobre la mesa. 

—Gracias... — respondió sonriendo, sin apartar la vista del trozo de pay de queso con fresas. Entonces, sintió que perdió el aliento, hizo un puchero chiquitito y se limpió los ojos rápidamente, la sensación de ardor en su nariz rápidamente se tornó molesta que no creyó que pudiera contenerlo por mucho tiempo. Se disculpó torpemente y salió hacia el salón principal para buscar un poco de privacidad, llevando consigo la rebanada de pan. Se quejó por lo bajo, quedito, debió parecer un tonto y tal vez lo era« ¿o era que las circunstancias actuales lo volvían más sensible? »Se preguntó confundido. Apenas aprendía a asimilar cómo estaba cambiando su vida y sin duda, iba más rápido de lo que podía manejar.

Dejó el platito sobre la mesa y se sentó un momento en una de las sillas del salón vacío. ¡Ah! Justo ahora le gustaría verlo, un abrazo suyo era todo lo que necesitaba para calmar el mal rato. Abrumado cerró los ojos y dejó caer la cabeza sobre el mantel, si, su vida pasaba tan a prisa que quería llorar, por culpa de una rebanada de pastel. 

— ¿Naruto, estas bien? — cuestionó Sakura, bajito. Le dio una palmada en el hombro y el rubio asintió, aun con el rostro sobre el mantel y la mirada opacada. — ¿seguro? — insistió. — ¿quieres que lo llame? — preguntó afligida por la actitud de su amigo.

—Estoy bien Sakura, no hay que preocuparlo ¿sí? — sonrió ligeramente. Levantó el rostro enrojecido y se limpió con las mangas de la camisa blanca, los dejos de llanto.

La muchacha se sentó a su lado, y dejó un par de palmadas en su hombro. Naruto cerró los ojos dejándose hacer, necesitaba que lo escucharan pero no sabía cómo pedirlo. 

—No les he dado mi regalo para felicitarlos — comentó animada. Sacó un pequeño sobre del bolsillo derecho y lo acunó entre sus manos. —Esto es para ustedes— lo puso sobre las manos del rubio. —Sé que debí dártelo hace dos semanas, pero la verdad estaba esperando juntar un poco más — comentó apenada. El muchacho la observó en silencio, pasmado y enternecido. Sakura insistió y se puso de pie, dispuesta a irse para no aceptar réplicas.

No podía aceptarlo, no quería, debería hacerlo, pero era orgulloso, algo le había aprendido a él en este tiempo. Había aceptado las donaciones de regalos desinteresados que sus amigos hicieron al enterarse, ¡pero no podía tomar el dinero de Sakura! No, cuando sabía lo difícil que era ganarlo. 

—Sakura no puedo.... eres muy amable, pero de verdad no puedo —insistió, dejando el sobrecito en la mesa, junto a la rebanada de pastel.

La chica negó, no cabía duda que mientras más convivían más se parecían. Sonrió, con algo de ternura y melancolía, los quería a ambos, los quería mucho. Naruto había sido su mejor amigo y Sasuke le gustó mucho, por mucho tiempo. Le gustaría hacer más, dar más, pero el orgullo de ambos no lo permitía. Dejó el sobre y Naruto, y caminó hacia la cocina, debía aprender a dejar su orgullo de lado, por su bien, por el de Sasuke, ya que en su situación no les convenía. 

Se quedó solo, un ratito sollozando en silencio, hasta que aturdido vio la hora. Había mucho por hacer si quería llegar a tiempo a casa. 

 

****

Dio un salto de la silla, se animó, animó al resto a comenzar con la limpieza. A las 10:30 las mesas estaban listas para la jornada de mañana. Recibió el sobre con su parte de las propinas de esa noche y terminó por tragarse su orgullo al aceptar el regalo de Sakura; ella le dio una palmada chiquita en la cabeza y se despidió más tranquila. Naruto guardó ambos sobres en el fondo de la mochila y en la cocina, logró conseguir un recipiente pequeño para guardar la rebanada. La llevó en sus manos a riesgo de que la tapa se abriera y terminara manchando el interior. Salió del restaurante, hacía frío, más que otras noches, cerró su chaqueta hasta el cuello y se despidió del resto de los chicos que insistían en invitarlo a continuar con la celebración. "Solo un momento" repetían. Naruto no tenía un momento, de todas formas ellos no insistieron mucho, sabían que no aceptaría, que no podía hacerlo; que había tenido que madurar por obligación. 

Se disculpó, últimamente se disculpaba mucho. En la esquina del restaurante se separaron, los chicos fueron hacia la parada del autobús, pero para él, era más rápido moverse en tren, si se apuraba lo suficiente podría alcanzar el último antes de las 11 y lograría llegar a casa a tiempo. 

Se acomodó la mochila y sostuvo con fuerza el recipiente en sus manos, antes de emprender camino. Caminar siempre era una opción inteligente, se ahorraba un pasaje y solo eran 15 minutos a pie desde su trabajo a la estación más cercana, 10 si iba corriendo. Pero hoy no podía hacerlo, debía cuidar que el recipiente llegara intacto. Aun con eso, apresuró el paso. Al llegar la entrada miró su móvil, él había respondido. "Te espero despierto, ven con cuidado" leyó atontado. Sonrió, le respondería cuando estuviera en camino. Bajó las escaleras agitado y apresurado, con el recipiente tambaleándose en sus manos al intentar pasar la tarjeta por el lector para pagar. Suspiró aliviado, la estación estaba casi vacía y tenía suerte que el último tren no hubiese salido todavía. Esa misma suerte, lo dejaría en casa antes de medianoche. 

En una banca había un señor mayor leyendo una revista, al frente, dos señoritas sumidas en la pantalla del móvil y en la esquina, alejado de todos, el guardia que vigilaba, dormitaba ligeramente. Se animó, a pesar del frío que se colaba desde sus pies hasta su espalda y titiritó cansado, con el recipiente a su lado. Debía despertar temprano al día siguiente y se moría de sueño. Se recargó en la pared y talló su nariz enrojecida, bostezo y el escalofrío de la incertidumbre atacó nuevamente. Seguramente Sasuke se daría cuenta de que estuvo llorando, y preguntaría el por qué y aunque se sentía abrumado por todo lo que les pasaba, realmente no lograba definir cuál de todas las razones era la que verdaderamente provocaba el llanto. Pensaba que eran todas, que una sola no podría provocar la revolución que vivía en su pecho. 

Cansado, jugueteó con el recipiente. Había una extraña nostalgia rodeando al pastel del queso con fresas, que curiosamente era el favorito de Sasuke. Pero ese no era el motivo por que quiso llorar al verlo, fue porque a dios le gustaba jugar un poquito con ellos, les tanteaba la suerte. Pidió un poco de esa bondad semanas atrás y llegaba hasta ese momento, que irónico resultaba. Aunque, si lo pensaba bien, tampoco era una tragedia, de hecho esa noche podía sentirse más afortunado. 

Ay Sasuke... — susurró al ver su móvil. Le envió un texto indicando que estaba en la estación y esta vez la respuesta tardó más en llegar. Mientras esperaba vio la pequeña foto de contacto, hacía casi un año que él no actualizaba, pero estaba bien, Sasuke era así de hermético con casi todo el mundo, excepto con él. Al abrir la galería su corazón palpitó rápidamente, emocionado. Las imágenes lo llenaron de ternura, de una dicha indescriptible que nadie más había causado. Como deseaba llegar a casa y acariciar suavemente su cabello oscuro, aspirar su aroma y decirle que lo amaba, tanto, tanto. 

El sonido metálico de las ruedas sobre las vías anunció la llegada del tren. Las lucecitas del vagón iluminaron el túnel y los pocos pasajeros se pusieron alerta. Naruto se puso de pie, tomó el recipiente y se acercó al tren que se detenía, con su usual chillido. Las puertas se abrieron y dos personas bajaron antes de que ellos subieran. Las señoritas entraron primero, luego el anciano y al final él. El vagón está casi vacío y aprovecha para sentarse cerca de la puerta. 

—Ya voy a casa — envió un texto. Los minutos pasan y él no responde. «Debí quedarme dormido» pensó. Y no lo culpaba, de hecho estaría bien si no lo esperaba, no habían dormido tanto esas últimas semanas y el cansancio poco a poco cobraba factura en sus ojos, en su cara y su humor.

Se dejó caer en el asiento, cruzó los brazos y metió el rostro en el cuello de la chaqueta. Dormitó sin querer, pensando que egoístamente extrañaba las noches de dormir largas horas, sin problemas, porque pese a que él insistía en que no se levantara, no podía dejarle toda la responsabilidad, no después de ver lo valiente que se mostró esa madrugada, todo lo que resistió, todo lo que lloró. Naruto estaba seguro que desde ese día, lo quería de formas que no podía expresar con palabras. 

El tren pasó por la siguiente estación, subieron varias personas más y ahora el vagón estaba un poco más lleno. Un muchacho se sentó a su lado y Naruto tomó el recipiente para evitar que se estropeara. Curioso, echo un vistazo a la rebanada, el pedacito estaba intacto y el sonrió agradecido. Debía parecer un tonto observando a detalle un pedazo de pastel cualquiera, pero para él era más que eso. Debía ser cosa del cansancio o los nervios, pero Naruto hacía analogías extrañas cuando se ponía pensativo.

Cerró los ojos, arrullado por el movimiento ligerito del tren, en minutos, ya estaba soñando. Aún escuchaba el ruido del vagón, las conversaciones bajitas de las muchachas y la tos inoportuna del señor frente a él. Sintió el movimiento sobre los rieles y se percató perfectamente de los cambios de luz cada vez que el tren cambiaba de túnel, amarillo y naranja, sus colores favoritos. Dormitando presionó los ojos tratando de mantener la paz que poco a poco el sopor del sueño seducía con suavidad, llevándolo a escuchar su voz susurrar secretos en su oído, promesas que se hicieron hace tanto y han cumplido poco a poco. La realidad se mezclaba con sus recuerdos, y se encontró a sí mismo viviendo en la fantasía. 

Vio sus labios moverse, delgados, suaves, rojos como las fresas y se detuvo ahí, en ese pensamiento único «Los labios de Sasuke sabían a fresa esa noche » pensó. Era tan nítido que casi pudo saborear el recuerdo y hundirse en la calidez de su boca. Esa noche, si, esa noche comenzó todo, y desde ese momento, la vida de ambos cambió para siempre.

Con los ojos cerrados recordó cada detalle, como si las memorias cobraran vida y se reprodujeran en una pantalla gigante, su corazón era un proyector de emociones incontrolables que apenas entendía. Él le tomó esa fotografía debajo del árbol, con el rostro recargado en el balcón blanco de madera y el viento meciendo su cabello. Naruto pensaba que logró captar perfectamente una parte de Sasuke que nadie más veía, que a nadie más mostraba. Entre sueños, recordó apenas haber juntado un poco de dinero para ir a verlo y comprarle una tarjeta; la misma que Sasuke colgó en un marco delgadito en la entrada de su habitación. Pero vamos por partes, porque Naruto disfrutaba mucho recordar ese momento.

 

****

 

Fue el cumpleaños 16 de Sasuke Uchiha, hacía calor, el verano estaba en su máximo esplendor, el sol y el calor hacían de las suyas. Compro helado y una tarjeta que le costó más de lo que tenía contemplado, si, si, ya podía escuchar los regaños del bastardo diciendo que no era necesario, que no se molestara, y si, puede que no lo fuera, pero un capricho una sola vez al año no hacía daño.

Tocó el timbre con un claro nerviosismo, las pisadas detrás de la puerta lo alertaron más, y se mordió el pulgar para calmar el revoloteo. Fue Fugaku quien abrió la puerta, con su rostro serio y su mirada dura, supo desde siempre que no era bienvenido en esa casa "por ser tan poca cosa"; aunque poco le importaba, pues Sasuke si lo quería. Sonrió, saludó educadamente, al hombre no le quedó más opción que tragarse su orgullo y dejarlo pasar, pues al fin de cuentas no podía hacer mucho si se trataba de Sasuke. 

Él bajó un momento después, tan etéreo y elegante. Naruto se puso de pie en aquella sala grande lo abrazó, y se hundió en su cuello para desearle feliz cumpleaños, quedándose ahí un buen rato, perdido en sus encantos. Si lo piensa bien, supo que había algo distinto esa noche, pues su cuerpo se estremeció al jugar con su cabello. Un ronroneo bajito se escapó sin permiso de los dulces labios del Uchiha y la cabeza de Naruto quedó en blanco. El toque fue ligero, sutil, Sasuke tembló como si se derritiera entre sus brazos, se dejó hacer, aceptó el toque por debajo de la ropa, y él suavemente acaricio su cadera.

— ¿Qué haces? — susurró en su odio tan bajito que apenas pudo reconocer que esa era la voz de un chico frío.

Pasó saliva, los dedos de Sasuke jugaban con su cabello, sus cuerpos estaban tan juntos y su respiración se mezclaba como si se calentara en cada suspiro. Era lo más íntimo que habían hecho a pesar de los meses que llevaban saliendo.

—Yo...no- no se... — titubeó. Alejó las manos de su cintura, abochornado, con el rostro caliente y la respiración agitada dio dos pasos hacia atrás. El viejo Jiraiya debería felicitarlo por la voluntad de acero que mostró en ese momento.

—Es mejor así, mi padre podría vernos — respondió Sasuke con cierta diversión. Se acomodó la playera y se sentó sobre el sillón, Naruto lo imitó y en un segundo Sasuke ya recargaba su cabeza en los hombros de su pareja. 

Ahora, rememorando esas acciones, Sasuke parecía divertirse causando esas reacciones en su cuerpo, incitándolo con elegancia, como solo él sabría. Y él era débil, quizá un poco más antes.

—Si será mejor que el viejo no nos vea así, no me quiere mucho — alzó los hombros, admitiendo con resignación divertida lo más obvio. Sasuke no lo negó, no podía. 

—Lo siento... — se disculpó vagamente. Tomó su mano y Naruto respondió entrelazando sus dedos, con dulzura y mucho cariño. 

—Da igual, tú me quieres, es lo importante. 

Sí, yo te quiero — sonrió y dejó un besito fugaz en los labios de Naruto, justo a tiempo antes de que Fugaku entre a la pieza.

—Sasuke, partamos el pastel antes de que sea tarde — ordenó con su severidad cordial. Ambos chicos asintieron, Naruto soltó su mano casi por inercia, y fueron rumbo al comedor. 

Sasuke nunca tuvo muchos amigos, y a los que tenía no los invitó porque quería pasar el día junto a las únicas dos personas que consideraba familia, su padre y Naruto, independientemente de que estos no se llevaran bien, para él eran importantes. Fugaku a su manera, pues era su familia.

Naruto recordó el rostro de Sasuke iluminado por la luz de las velas, sus ojitos negros brillantes, hundidos en el calor del momento y la sonrisa discreta de sus labios dulces, se veía feliz, ¡Claro! ¿Cómo no estarlo?, era su día, con su pequeña familia y su pastel favorito; el único que le gustaba para ser exactos. Pastel de queso con fresas de Mermaid Lagoon, la cafetería más cara de la ciudad. A veces Naruto olvidaba que salía con un niño rico, con un par de gustos caprichosos. En ese momento pensó que no sería capaz de comprarle siquiera una rebanada. 

No es que a Sasuke le importara, él lo sabía, bastaba que lo quisiera, tal y como era, con esas manías extrañas y el comportamiento de bastardo que a veces tenía; Naruto aceptaba eso y por eso Sasuke mostraba su lado dulce y humano, el que nadie más tenía la fortuna de conocer. 

El siguiente recuerdo estaba borroso. Se encontró perdido en el movimiento de sus labios que devoraba lentamente las fresas. Sasuke le regaló una sonrisa pícara, incitante en cada bocado. Sintió que su garganta se secaba, sus manos temblaron y el sonido del latido de su corazón llegó hasta sus oídos, ensordeciendo al mundo entero. Un tirón entre sus piernas lo avergonzó enseguida, estaba hipnotizado por cada guiño, cada gesto fue maravilloso, tortuoso. Desvió la mirada en busca de algo que lo salvara, gritaba por dentro y quiso, realmente quiso ser más fuerte. Pero era tarde, había caído totalmente rendido, a sus instintos de puberto inexperto.

El timbre del móvil de Fugaku lo devolvió a la realidad, el hombre pidió disculpas y se retiró de la mesa, volviendo minutos después.

—Sasuke, hay un problema en la oficina, debo irme — anunció sin mucho ánimo. No parecía molestarse en dar más explicaciones. Tomó su chaqueta, las llaves, el portátil y salió sin mirarlos nuevamente.

—E- entonces estamos solos... — titubeo el rubio. 

—Eso parece — respondió Sasuke, con alguna chispa de picardía en su tono. Se acercó, con sus ojos felinos sonrientes y su voz de terciopelo que bajaba todas sus defensas. 

Su cabeza dio mil vueltas, apenas podía pensar en otra cosa, no quería malinterpretar las acciones de su pareja. Un silencio largo e incómodo se apoderó de ambos, dejó el pastel de lado, ya ni siquiera tenía hambre, no estaba claro, todo el ambiente se sentía volátil. Llegó a pensar que alucinaba que aquello pudo ser solo una visión provocada por las hormonas y lo tenue del momento, pero se equivocó.

— ¿Quieres subir a mi cuarto? — escuchó a Sasuke susurrar.

Volvió la vista hacia él, sorprendido, sin palabras, tembloroso, sentía tanto que no podía concentrarse en alguna emoción. Embobado solo pudo asentir y Sasuke con la vergüenza latente en su rostro lo tomó de la mano y lo guió escaleras arriba.

Lo que suscitó después de eso, fue lo que en sus propias palabras, describiría como la mejor sesión de besos que haya tenido en su corta vida.

Los labios de Sasuke sabían a fresa, y su cuerpo olía a dulce, a placer y pasión. No, ninguno sabía cómo hacerlo, eran nuevos y torpes. Recordó que coló sus manos por debajo de la ropa oscura de su pareja y él aceptó el toque, recostandose sobre el colchón. Grabó cada detalle en su corazón, cada beso dulce que devoró lentamente los labios rojos de Sasuke, los probó con cuidado, y muy despacio hasta que el aire faltaba y se separaban jadeantes.

Curiosos exploraron sus cuerpos, se entregaron tímidamente llenos de amor, sentían más vergüenza que lujuria; el placer se convertía en un ejercicio de aceptación para ambos. Y de cierta forma, esa noche de verano, florecían.

****

El chirrido del metal sobre las vías lo despertó, tardó un momento en percatarse donde se encontraba; aturdido, miró a todas partes el vagón estaba casi vacío. Busca el recipiente en sus manos y deja salir un suspiro aliviado al verlo a salvo. Retomó la compostura y miró la hora, 11:15 y Sasuke ha respondido "Vale, calentaré la cena". Recién cayó en cuenta que moría de hambre. Las fresas de la rebanada lucían apetitosas, como los labios de Sasuke. Enrojeció, cayendo en cuenta que debería dejar de pensar en cosas así mientras se encuentra en la calle.

Culpó a Sasuke, por aparecer en cada recuerdo. 

Las puertas del vagón se abrieron a las 11:20, y Naruto salió apresurado en dirección a casa. En el camino, tarareo una cancioncilla conocida y nuevamente agradeció que a dios le gustara jugar un poquito con ellos. Pensó que llegaría con las manos vacías en un día tan importante, y aunque Sasuke dijera que no era importante y necesario, sabía que esa clase de detalles le gustaban, después de todo era un niño mimado y había cosas que ya eran inherentes en su persona.

Subió la callecita empinada, el mini súper de la esquina ya estaba cerrado a esa hora, y el camino apenas se iluminaba por las farolas parpadeantes. Bostezo cansado, con los pies adoloridos. En la entrada buscó las llaves en la mochila y apenas cerró la puerta, se dejó caer en la entrada, recostado en el suelo frío. Dormito, la luz de la sala estaba encendida, pudo escuchar sus pasos arriba y sonrió. Sus ojos se perdieron en la esquina derecha, junto a la puerta, en el único cuadro que hay en la pieza; la tarjeta de cumpleaños que le dio ese día a Sasuke. 

Se la entregó después de entregarse él mismo, de que Sasuke también lo hiciera, de cuerpo y de alma, así había sido. El muchacho sonrió tan dulcemente que Naruto pensó que no habría nunca una sonrisa más bonita que esa, pero se equivocó, el futuro se lo demostraría. 

¡Ah! Esa noche... esa noche les cambió la vida.

Los pasos en la madera hicieron que abriera los ojos de golpe, se levantó rápidamente tratando de no verse cansado, se acomodó el cabello y dejó la mochila en el suelo. Corrió a la cocina y metió el recipiente en el refrigerador, esperando el momento indicado para entregarlo.

— ¡Estoy en casa! — exclamó bajito, a riesgo de ganarse un regaño. 

Sasuke salió por el pasillo, encendió la luz, y lo miró atento. Naruto suspiró, incluso con los ojos cansados le pareció bonito. Había adquirido la manía de robarle su ropa oscura, y amaba, esa sudadera negra y ancha, con bolsillos al frente, que según él, camuflaban los desperfectos de su anatomía, a los que aún no se acostumbraba. 

—Bienvenido — musitó, tallándose los ojos y cubriéndose el rostro para bostezar. — ¿Cómo te fue? 

—Ya sabes, cansado como siempre — Respondió sonriendo. Si lo hacía así, el cansancio se esfumaba automáticamente, eso le decía a Sasuke y él hacía como que le creía. — Fue un buen día para las propinas, y Sakura envió un regalo, también saludos — agregó más juguetón.

—Entiendo, estamos bien con el dinero, por ahora... — agregó pensativo. Naruto soltó una risita cómplice. — ¿quieres cenar? — cuestionó dando pasos lentos en dirección al rubio. Lo recibe, con un beso quedito, de bienvenida, el segundo beso del día. Quizá mañana, con más suerte pueda besarlo un poquito más. 

—Lo sé, lo sé, lo guardaremos para emergencias — expresó quitándose la chaqueta. — ¿cenarás conmigo? — cuestionó pícaro, pasando sus manos por la cintura de su pareja. Sasuke se quejó por lo bajo — ¿te duele? — cuestionó preocupado, deteniendo sus dedos en la molesta tela. 

—Un poco, lo normal, supongo... — le restó importancia, apoyando la cabeza en el pecho de Naruto, al instante recibió una caricia en su cabello —. Sabes que no puedo comer eso, pero te acompañaré. Anda, ya debe estar caliente — lo animó a seguirlo, tomando su mano, como aquella primera vez en que subieron juntos las escaleras para hacer el amor.

—Cuando haces eso me traes recuerdos — expresó Naruto con nostalgia en la burla. 

Sasuke rió. — Idiota — respondió juguetón. 

Se quejó al sentarse, pero le gustaba jugar a hacerse el fuerte. Ya era usual en esa casa mostrar a pedazos como es que la realidad les golpeaba el rostro todos los días. Pero solo eso, pedazos, no había tiempo para dejarse abrumar por las responsabilidades, solo podían, sin más, seguir adelante.

Naruto dio un saltito de alegría y con amor, besó su mejilla. ¡Sasuke había preparado su comida favorita para cenar! Esa noche definitivamente se convirtió en algo especial. Sirvió su plato y se sentó frente a él. Antes de poder agradecerle el monitor sobre la mesa captó movimiento, y apenas logró parpadear cuando él ya iba escaleras arriba, sonrió enternecido, esa clase de sucesos también se habían vuelto usuales. 

Bajo minutos después, muy pocos para ser exacto. Se veía agotado y sus ojos perdían ese brillo encantador que lo hipnotizaba. Era ahí, que Naruto se lamentaba no poder hacer más y que esa fuera la vida que tenía para ofrecerle. 

— ¿Está bien? — cuestionó dando el primer sorbo a su comida. Se acerca y besa sus manos, con paciencia y cariño, y Sasuke se deja hacer.

—Sí, solo se movió un poco, hoy se durmió temprano, pero no falta mucho para que quiera comer de nuevo — sonrió con cierta picardía. 

Había algo mágico en la sonrisa de Sasuke, aunque fuera triste, aunque estuviera cansada. Algo que reconfortaba su corazón y lo hacía sonreír a la par. Ahí era que todas las dudas se disiparon, en su sonrisa, sus miedos se hacían chiquitos y la esperanza resucitaba. 

—Yo puedo hacerlo, no te preocupes — afirmó valiente.

Sasuke negó, con cierta ironía. —Baboso, sabes que lo tengo que hacer yo, además, aun te da miedo cargarlo — agregó divertido. 

— ¡Es que es tan chiquito! — afirmó Naruto sonriendo. Con el orgullo latente en cada risita. 

—Los niños crecen rápido Naruto, pero puedes ver cuando lo alimente, si te parece bien. 

—Sabes que adoro hacerlo.

El suceso que detonaría su vida hasta este momento fue irreal e impactante. Tanto que de hecho no recuerda mucho, salvo sus rodillas temblar y su voz cortándose al tratar de responder. Fue sin dudarlo, uno de los momentos más chocantes de su joven vida. Sasuke pedía una respuesta, la que fuera, lo que sea, pero no la tenía .Solo eran niños y ya iban a ser padres.

Pensó en lo estúpido que fue, una sola vez se acostaron ¿Qué tan mala suerte debían tener para ponerse un condón roto? por cosas como esas, es que sabía que a dios le gustaba jugar con ellos, ya desde entonces. 

Naruto no tenía a nadie, su padre y su madre murieron siendo él muy joven, apenas los recordaba. Lo crió su abuelo, Jiraiya que murió un día sorpresivamente, el viejo estaba enfermo y nunca se lo dijo. Sasuke por su parte perdió a su madre y a su hermano en un accidente quedándose únicamente con Fugaku ¡Bien! pensó aquella vez él era huérfano y el padre de Sasuke era un bastardo, ¿Cómo iban a formar una familia? Se cuestionó cientos de veces. Y contra todo pronóstico, lo estaban haciendo, con sus altas y bajas, aunque recientemente, más bajas que altas. 

Tuvo que dejar la escuela y conseguir dos trabajos. Sasuke tuvo uno, hasta que su avanzado estado de gestación no le permitió seguir. Terminó el primer año de preparatoria, ignorando las habladurías y estupideces de sus compañeros y el día que se lo dijeron a Fugaku, fue la última vez que lo vieron. Desde entonces salían adelante por su cuenta. 

Lo vio suspirar, con la vista fija en la ventana, pensando. Quien sabe que cosas pensaba Sasuke cuando estaba solo, a veces sonreía, a veces solo pretendía hacerlo. 

—Oye, traje algo para ti — comentó alegre. Se levantó y dejó el plato en lava trastes, lo limpiara en un rato más. Abrió el refrigerador y tomó el recipiente. La expresión de Sasuke, casi lo hizo llorar. 

—Es, eso es...

— ¡Si! — Afirmó animado — hoy es el cumpleaños de Kiba, los chicos del restaurante compraron un pastel, no es mucho, pero pensé que sería un lindo detalle jeje — se talló el cabello avergonzado. ¡Feliz aniversario! — exclamó bajito.

Sonrió nervioso, ambos sabían que esa simple rebanada de pastel significaba más de lo que cualquiera podría ver. Sasuke se talló el rostro y una sonrisa escapaba sin permiso de sus labios. La última semana del embarazo tuvo antojo de su pastel favorito, y como ahora vivían un poco jodidos por las circunstancias, Naruto no pudo comprarlo. No podía hacerlo antes mucho menos ahora. 

Gastar dinero en eso, significaba dejar de invertir en cosas que si necesitaban y mientras Sasuke no pudiera trabajar, él era el único sustento de su pequeña familia. Pero eso no lo detuvo, buscó la receta, compró ingredientes y pasó horas metido en la cocina, preparando un pastel de fresas para Sasuke; que al final no supo tan bien pero el Uchiha agradeció. 

Una simple rebanada, representaba parte del florecimiento de su amor, y en contraparte, el motivo por el que están metidos en esto, creciendo a prisa, a la fuerza. Prometió desde el inicio, trabajar duro, lo haría por ellos, lo harían juntos y quizá con el tiempo saldrían adelante. ¿Pero cómo saber si funcionaria? Él era un optimista soñador y Sasuke un pesimista realista.

Sasuke dejó que las gotitas de sal recorrieran sus mejillas y mancharan su rostro. Naruto también tuvo deseos de llorar, porque si Sasuke lloraba, él también quería hacerlo. Amoroso, lo acurrucó entre sus brazos, besó cabello, y con los pulgares, limpió de sus ojos los dejos de sentimientos que se escapaban sin control de sus cansados ojos negros. 

— Shhhh... Está bien, los dos estamos sensibles —susurró. — ¿Sabes? yo también lloré — afirmó con orgullo. 

— ¿Enserio? — preguntó Sasuke incrédulo. 

— ¡Como un bebé! — admitió más tranquilo. — Me hubiera gustado llegar con esto hace dos semanas... — habló bajito.

—Me gustó el que preparaste — respondió Sasuke dejando que los mimos recorrieran su rostro. 

—Hice un desastre jeje — sonrió. — sigue siendo uno de esos lujos que no te puedo dar ahora, pero... 

—No los necesito — irrumpió al rubio. 

— No, pero yo quiero dártelos, a ti y a Menma. 

—Gracias, idiota — respondió, dejando un beso lento y suave.

Naruto a veces pensaba que perdía el sentido de la realidad, que el mundo, solía moverse al ritmo de las pestañas de Sasuke cuando lo seducía. Lo vio llenarse los dedos de mermelada y acercarse, lento y grácil, sintió el toque cálido de la piel de Sasuke rozando sus labios y el frío de la mermelada embarrarse en su boca. 

Se quedó atónito, sin palabras, inmerso en la sonrisa juguetona que se formaba en el rostro de su pareja. Cauteloso e hipnotizado, su aliento se mezcló y los delgados labios de Sasuke probaron de su boca el dulce de la fresa. Sí, no importaba en qué momento del día lo besara, los besos de Sasuke sabían a fresa. 

— ¡Demonios! Creo que me estoy excitando — se quejó tras romper el beso. La sonrisa pícara de Sasuke lo invitó a continuar — tal vez podríamos... — agregó nervioso. 

— ¿Unas manitas? – insinuó juguetón.

—¡¡Dios, si!! — respondió Naruto emocionado, comenzando a besarlo.

El monitor emitió un sonido bajito y el llanto del bebé resonó por toda la pieza. 

—Creo que es hora de alimentar a Menma — comentó Sasuke tras un suspiro resignado. Se acomodó el cabello y la sudadera y fue rumbo a las escaleras. 

—Creo que el pastel va a esperar- respondió Naruto, subiendo detrás de Sasuke

—Sí, y también las manitas.

 

Continuara...