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-Lo siento. Lo siento mucho. Era arriesgado, y yo lo sabía. Pero siempre eras tan fuerte, tan dura. No sabía que eso siquiera pudiese pasar. - El reflejo de unos ojos, del recuerdo de aquellos orbes llenos de vida, eran la única respuesta que recibía. Unos ojos inmóviles, vacíos, que nunca volverían a llenarse. Y era todo culpa suya, una culpa arraigada en él que aparecía todas las noches cuando él trataba de conciliar el sueño. -Ella está feliz. Todo lo que puede estar sin ti. - Hizo una pequeña pausa, antes de proseguir para tragarse el nudo que tiraba de su garganta con fuerza. -Nunca quiso ser la hermana mayor, pero ¿Qué alternativa le queda? Te echa de menos, todos lo hacemos. - Con una mano temblorosa, encendió serenamente las finas velas que descansaban en el altar. Finalmente, se dignó a mirar la ahora iluminada cara de la que un día fue su amiga, casi hermana, inmortalmente retratada en la única foto que quedó de ella. Una pena que sean las fotos las inmortales y no las personas de carne y hueso. La foto, diligentemente cuidada por Powder a diario, fue tomada días antes de la catástrofe. Vi, orgullosa, sostenía los antiguos guantes de acero de Vander, mientras una pequeña Powder sonreía a su lado. Ella decía que Vi siempre la había cuidado, que que menos que devolverle el favor. Aunque no pudiese hacerlo en persona, cuidaría de su recuerdo, teñido en celeste y escarlata. Eso siempre le partiría el corazón. Le había quitado a una niña el pilar de su vida. Niña convertida en mujer, quizás demasiado rápido.
-Ella lloraba mucho. De hecho, creo que esa fue la única vez que vi al viejo Vander llorar. Como un niño. He intentado tomar tu lugar, pero... - Sentía los puñales salados aflorar desde sus ojos, permitiéndose al fin llorar. - ¿Cómo lo hacías? Nunca pudiste enseñarme a proteger, a querer como lo hacías tú. - Dejó caer el mechero de su mano, encontrando el metálico suelo con un estruendo. - Estamos perdidos, sin importar cuántos años hayan pasado. Tendría que haber sido yo, joder. ¿Por qué te metería en aquel problema? - Con la cabeza hundida entre las manos, ni siquiera escuchó la puerta abrirse, seguido de unos suaves pasos que continuaron hasta sentarse a su lado. -¿Ekko?- -Powder. Te tendría que haber avisado de que venía, lo siento.- Unas manos pequeñas y ligeramente frías, estrecharon las suyas .
-No me importa un pequeño allanamiento de morada, no te preocupes. A ella - Powder miró, por un segundo, la foto de su hermana colocada en el altar. - Le gusta estar contigo.- Musitó, dejando el mechero caído de vuelta en el altar -¿Vas a trabajar o algo? Si quieres me voy.- Powder negó con su cabeza, pasando un trapo por la foto , con especial cuidado sobre la cara de su hermana. -No me importa que te quedes, trabajo bien contigo, ¿sabes? Y la fiesta de jóvenes inventores está cerca.-
Una sonrisa apareció al fin entre sus labios, mirándola con atención . -¿Ya sabes qué vas a hacer?- -Sí. Me lo dijo un amigo. Lo hicimos juntos, vamos.- ¿Un amigo? Mylo o Claggor, quizás. -¿Un amigo? ¿Quién?- -Bah, tú no lo conoces. Además, ya se ha ido.- Se levantó del sitio, arrastrando tras de sí una pequeña pizarra con cálculos extraños. Brillantes, sin duda. Pero extraños. -¿Y eso es?- Powder calló, pensativa por unos segundos. -¿Alguna vez has querido viajar en el tiempo, Ekko?- Si tan solo supiera. Todos los días, todos los malditos días. Quizás fuese él el que estaría enterrado bajo unos ladrillos. Quizás sería él cuyo cuerpo perdió la vida demasiado joven y no ella. Ella no. Quizás ella estaría aquí, junto a Vander, feliz. Haciendo a los demás felices, como siempre. -A menudo, sí.- -Es lo que se supone que es esto. Ya te digo, supongo. El límite son 4 segundos.-
Lo decía con tal seguridad que casi le hacía creer que fuese real. -¿Has... viajado hacia atrás 4 segundos en el tiempo?- Esa sonrisa. Orgullo, emoción, genuina éxtasis científica. -Eso creo. La clave es aumentarlo. Para empezar, averiguar cómo o si se puede.- Exclamó haciendo un emocionado énfasis en la última palabra. -¡Mira, mira! Ven.- Poco a poco, Ekko se levantó, siguiendo a Powder a través de toda la guarida hasta llegar a un amasijo de números, letras y dibujos, escritos en una gigantesca pizarra. -Si consigo aumentarlo unos segundos, quizás pueda aumentarlo horas, días e incluso... Años.- Reveló Powder, instintivamente mirando a hacia la foto. Ambos querían lo mismo, parecía ser. Traer a Vi. -¡Años! ¿Sabes la de cosas que podríamos hacer?- Su mirada, llena de nostalgia, parecía encenderse con las posibilidades. -Podría salvarla.- Ekko posó su mano en el hombro de la chica, apretando levemente. -Es precioso, pero, ¿no es eso lo del efecto mariposa? ¿Qué si alteras el tiempo pasan cosas malas?- -¿Malo? ¿Qué podría ser peor que perder a mi hermana? ¡Yo la quería! Y por un estúpido accidente, me la han quitado para siempre. Me dan igual las consecuencias siempre que vaya a tenerla de vuelta, Ekko. No puedo vivir sin ella. - Hizo una pequeña pausa para detener las amenazantes lágrimas, antes de proseguir. -No hay versión de mí misma que esté peor que la de ahora. Llevo mucho intentando convencerme de que estoy bien sin ella, que puedo continuar. Pero no puedo.- Ekko sentía como cedían sus fuerzas, como finalmente, iba a hacer lo inevitable. -Dime que me ayudarás. Puedo hacerlo sola, pero dos cabezas trabajan mejor que una.- Él suspiró, resignado. -Venga, va. Pero con cuidado.- El abrazo que le dio fue lo suficientemente fuerte como para casi derribarlo. Aún con sus brazos rodeando su cuello, Powder exclamó -¡Ese es mi salvador! Anda, coge una tiza y te enseño.-
Horas más tarde, les faltaban pizarras para escribir, las que tenían saturadas con datos, números y anotaciones. -Me va a estallar la cabeza, pero... ¿Puede funcionar?- Ekko pensó, en voz alta, mirando fijamente a las abarrotadas pizarras. Powder, sacudiéndose las manos manchadas de tiza, se acercó a ellas, mirándolas con escrutinio. -Probablemente. O no. Solo nos queda averiguarlo.- Dicho esto, la chica se marchó, volviendo tras unos segundos con las manos cargadas. -¿Y para qué es todo eso?- -Espera y verás.-
