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Language:
Español
Stats:
Published:
2025-03-05
Words:
1,211
Chapters:
1/1
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3
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16
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4
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198

Pastel de mil hojas

Summary:

Planear su propio cumpleaños para Martín le resulta fácil. Solo es inflar globos, colocar la mesa, colocar el pastel con mucho cuidado, entre otros. Lo difícil es no tener a Manuel más de 10 segundos.

Notes:

Una historia de cabros chicos siendo cabros chicos porque cuando son cabros chicos el amorsh es más tonto, por lo cual me parece más gracioso y algo tierno, por lo que lo relaciono con pastel.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Bajo la amenaza del golpe de la lluvia contra el techo de lata, provocando un sonido similar al de una metralleta, conjunto a la anomalía de que todos sus compañeros de curso que se la pasaban en el patio ahora se refugiaban del frío en el salón.

Martín se sentó en la mesa más cercana a la estufa y justo ahí. A su lado, Manuel, el gran invitado de todos los que invitó a su cumpleaños. Los que no son pocos.

Le estuvo acompañando todo el día sin queja; no se le acercó a nadie además de a él, por una razón muy especial e importante. Hacerle una pregunta muy seria. Pero tan específica que no sabía cuándo decirla, aunque Martín era muy preguntón —según la docena de profesores suplentes que logró desesperar—, pero en todo el día no supo cómo, dónde y cuándo decirla.

Se le pasó el tiempo. No podía decir que volando, en sus 8 y próximos 9 años, nunca se había sentido tan similar a los protagonistas de películas dónde tenían que desactivar una bomba en 5 minutos. Pero él lleva más de una hora sin saber qué hacer.

Tocó el timbre para irse a casa, lo que significaba que la bomba imaginaria explotó, y Manuel. Entre todos, el más emocionado por irse, ya tenía su mochila encima de su espalda, pero Martín no se rinde, así que lo sostiene del abrigo y le pregunta.

—¿Cuál es tu pastel favorito? —preguntó jurando estar serio, pero siendo arruinado al expulsar de él una voz más aguda de lo normal.

—De mil hojas —le respondió con la voz muy seria que Martín deseaba tener y con la expresión a nada que transformaba lo que dijera en algo sin respuesta.

Manuel se fue corriendo atrás del furgón amarillo. Que seguía ahí, pero Manuel sentía que el tío del furgón lo abandonaría sin posibilidad de volver a casa por no saludarlo en la mañana.

En cambio, Martín se esforzaba en memorizar: «Pastel de mil hojas, mil hojas, mil hojas...» hasta llegar a casa. Entró a casa; corrió hasta encontrar en dónde estaba su mamá para hacerle el pedido especial de pastel de mil hojas. Lo que le aceptaron y él celebró en silencio; ahora todo estaba perfecto para su cumpleaños.

Cada vez más cerca de su cumpleaños. Lejos de estar a su gusto, se aseguró de que fuera todo lo que le gustaba a Manuel en un solo cumpleaños. Entonces también le gustaría a él. Y todo transcurría igual, porque el mundo no estaba ni enterado de su cumpleaños o de que quería mucho a alguien, de que en vez de hurtar en la caja de CD's para ver "Shrek" por quinta décima vez, él se había pegado a la tele en las horas donde mostraban las novelas románticas de su mamá para tomar nota en su libreta sobre absolutamente nada, porque al final no entendía nada y se iba a acostar con sueño o se dormía en el sillón...

Todo este entrenamiento para que el día de su cumpleaños lo manden a poner la mesa e inflar unos cuantos globos, y, gracias a Dios, llegaron sus primos a ayudar porque si no se le iba a reventar un pulmón.

Para cuando llegaron los invitados, todo estaba perfecto a primera vista, pero para la segunda vista no pillaba a Manuel.

Pasaban las horas que en realidad eran minutos, y ni con el inmenso montón de regalos se alegraba.

Caminaba de aquí para allá, sin conversar, sin jugar, solo pasando la mirada por encima de todos, desgastando inútilmente sus zapatillas rojas que eran arrastradas cruelmente por el suelo.

Con el desánimo de un anciano que para sus cumpleaños ya solo pedía morir, miró al patio de su casa a un grupo de niños que jugaba fútbol, que solo se despegarían del juego si necesitaban ir a tomar bebida... Entre todos ellos se fijó en el portero.

—¡Manuel! — En unos milisegundos se le resolvió el mundo. Corrió ignorando todo su alrededor. Si botó al suelo a alguien ni se enteró. Sus mayores disculpas, pero tenía algo más importante que hacer.

Abrazó al portero sin ver siquiera si estaba siendo amenazado por la pelota, pero parecía que no, ya que ni se intentó escapar de su abrazo ni se acercaba alguien a la portería. Solo quedaba él y su cariño, mezclado en malas palabras por no tener la decencia de saludar al cumpleañero.

Después de eso, recuerda sus pantalones con el tinte verde del pasto, frituras flotando en bebida dentro de un vaso de cartón y un niño con arcadas por beberlo. Ese niño era él, las velas, la canción del feliz cumpleaños y la torta de mil hojas. «La favorita del Manu» se acordó. Apagó las velas y la torta se esfumó.

Los niños se iban, los globos se explotaban de uno en uno, pero Manuel seguía ahí y Martín descubrió que en su libreta que agarraba antes de ver las telenovelas románticas no tenía nada escrito.

—Manuel, dice tu mamá que te va a venir a buscar en unos minutos —avisó la mamá de Martín después de hacer una llamada en busca de un alivio para ella y para el niño que aún estaba en su casa. —Si quieren pueden ir a la habitación de Martín.

Los sacó del desorden en lo que se había transformado la casa. El desorden en que ellos habían transformado la casa.

La habitación de Martín era ciertamente acogedora y colorida. Disimulaba el desorden de los rincones.

Solo se sentaron, ya que Manuel no quería molestar, y Martín aún insistía en recordar las novelas de su mamá... Martín inhaló para convencerse; primero se agarraban la mano por razones que desconoce y después solo era un beso en la boca. «¿Por qué agarrar la mano de Manuel?» «¿Por qué el beso debía ser en la boca?» Martín no tiene ni idea de los por qué, pero se resigna a seguir con la idea como si fuera un tutorial de YouTube.

El primer paso estaba hecho de forma perfecta. En verdad, Manuel no estaba ni inmutado. O eso daba a entender que él mirara a otro lado; el segundo paso era más raro aún.

Martín se inclinó con destino a la cara de su "amado" (así se referían entre ellos los de las novelas), y si bien no logró besar su boca porque Manuel se movió, lo besó cerca de la boca, lo que es lo mismo, ¿no? Que Martín analice la diferencia de beso en la boca y cerca de la boca, le da tiempo a Manuel de morir y resucitar desde su cuerpo incinerado de Infante. Estaba rojísimo y se sentía rarísimo. Igual que Martín, pero él reaccionó brusco para alejarse, pero al mirar por unos segundos a Martín. Quien le miraba era inocente, así que pensó y pensó sin poder despegar la mirada de la cara del cumpleañero, cerró sus ojos con fuerza y le devolvió el beso a Martín. Ahora sí era como en las novelas. Eso creía Martín.

Después de destruir cada capa de bizcocho, conocer cada dulzura de dulce de leche, y con tal inocencia separarse para mirar al otro con una expresión diferente, pero con un mismo sabor.

—¡Manuel, llegó tu mamá!

Notes:

Un fic viejo mío para poder probar AO3(no le sé a las etiquetas, sorry).