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Desde hace unos meses que Dia siente sus mejillas arder y su corazón latir, demasiado rápido y fuerte como para que sea sano, cuando está junto a su mejor amigo de la infancia; Pearl.
No es que sea algo nuevo para él sus sentimientos por el rubio. En realidad, los tiene bastante claros desde hace mucho, pero...
Las cosas cambiaron.
La forma en que Pearl lo mira y le sonríe, como toma su mano cuando están juntos, como lo abraza o lo halaga... Ahora son distintas. Más llenas de cariño, más íntimas.
Y Diamond ya no sabe cómo más disimular sus sentimientos por él. Siente que va a explotar si sigue ocultándolo, si no se lo cuenta a alguien de alguna forma. Pero no se atreve a contárselo a Platinum, está seguro de que, si lo hace, Blue se lo sacaría y todos los Holders acabarían sabiéndolo en menos de una semana.
Por eso, decidió pedirle a Pearl de salir juntos en San Valentín. ¿Es cliché? Sí, ¿le molesta que lo sea? Para nada. De hecho, una de sus fantasías siempre fue confesarse, o recibir una confesión, en esa festividad. Se le hace demasiado lindo y tierno.
Ahora faltan dos horas para que sea la hora acordada. Y sus nervios no pueden ser mayores.
Sentado en la cama, cubre su rostro con las manos mientras se pregunta una y otra vez en qué momento pensó que esto sería buena idea. Sabe bien la respuesta, fue esa misma madrugada, a las 3:00 AM, luego de dar vueltas por la cama inquieto e indeciso por horas.
Debería ir a darse un baño y prepararse para la salida, en lugar de seguir dando vueltas en la cama... Pero después de unas vueltas más.
—¡Dia! Perdón por llegar tarde, una señora me pidió ayuda de camino aquí —dice Pearl, mientras se acerca al mencionado. Este voltea, y siente el frío alejarse de sus mejillas al verlo. Ni siquiera es que tenga algo distinto a lo habitual, pero...
Santocielocómovaasertanlindocomovaasonreírasíasertanbrillantetanajsbhjdss.
Palmea sus mejillas con las manos enguantadas, para volver en sí y dejar de mirarlo como enamorado perdido. Sí, es verdad, es un enamorado perdido, pero no es la idea delatarse, no tan pronto.
—No importa, acabo de llegar también. Me distraje con la actuación de un mimo —explica, devolviéndole la sonrisa, y luego voltea al frente, para disimular su sonrojo y nervios.
—¿¡Un mimo!? ¿¡Y me lo perdí!? Ush, siempre se esconden de mí, nunca podré ver uno en persona a este paso —se queja el rubio y suelta un suspiro pesado. Dia ríe.
—Si quieres, podemos ir a donde lo encontré. Quizá siga por la zona —ofrece y al ver la mirada de su mejor amigo iluminarse de emoción, siente que podría derretirse de amor como si fuera un malvavisco frente a una fogata. Y si le agregas chocolate y alguna galletita de agua... Espera, ese no es el punto.
—¿¡En serio!? ¡Vamos, vamos! ¡Los mimos no podrán escapar por siempre de mí! —grita emocionado y toma la mano de Dia, para darle pequeños jalones, instándolo a guiar el camino.
Juntos, corren a donde el pelinegro vio al mimo un rato antes. Para la fortuna de Pearl, este seguía ahí, por lo que, apenas verlo, apresuró su paso hacia este, sin soltar la mano de Dia.
El rubio mira con emoción la actuación del mimo, mientras Dia trata de recuperar el aliento, pero sin perder la sonrisa. Sus ojos fijos en su mejor amigo, en la alegría y satisfacción que reflejan, perdiéndose en ellos. Tanto que ni se percata que Pearl volteó a verlo.
—¿Tan rápido sin aliento? ¡Si solo corrimos unas cuadras! —molesta de forma amistosa mientras rodea los hombros del pelinegro con su brazo.
—E-es demasiado para mi —se excusa, nervioso por la forma en que se perdió en su mirada. Será un milagro si Pearl no llega a sospechar nada antes de que se confiese.
—¡Aww, mírate! ¡Estás todo rojo! —Pica su mejilla con una mano, y eso solo aumenta el rojo de sus mejillas. No sabe qué responder, por lo que solo mira a otro lado—. Eres tan lindo~.
Sin previo aviso, Pearl deposita un beso en la frente de Dia, que deja a este congelado en el lugar. Aunque, "congelado" es lo contrario a lo que siente en su rostro, pecho y... Bueno, todo su cuerpo.
La bufanda y el abrigo grueso que tiene puestos, se sienten sofocantes, y hasta las puntas de sus dedos se caldean. Y el culpable de ello solo ríe por su reacción, enternecido.
Diamond ni siquiera prestó atención a la presentación del mimo esta vez, tuvo que utilizar todo ese tiempo para estabilizar su corazón y sentimientos desbordantes. Cada día entiende más el concepto de "enfermo de amor" ... O eso cree, porque es la única forma que se le ocurre para definir a la forma en que su ser reacciona por cada pequeña cosa que Pearl hace.
Oh, Arceus, es como las chicas de esos dramas que ve Platinum.
—¿Dia? Tierra llamando a Dia~... ¡Diamond! —chilla Pearl mientras lo sacude, hasta que por fin el pelinegro reacciona—. ¡Al fin reaccionas! Llevo hablándote cinco minutos, ¿dónde está tu cabeza?
—En los dramas de la señorita —admite, sin siquiera pensar sus palabras.
—¿Ah?
—Perdón, me distraje —ríe, apenado—. ¿Qué me estabas diciendo?
Pearl alza una ceja, no muy seguro de tragarse esa explicación.
—Te decía que abrieron una cafetería por aquí cerca, y pensé que te gustaría ir a probar. Dicen que tiene unos pasteles deliciosos.
Lo que sea que estuviera pasando por la cabeza de Diamond en ese momento, se desvaneció por completo.
Tras una merienda llena de anécdotas y chistes, que para nada algunos de ellos encendieron las mejillas de Diamond, ambos caminan por la plaza donde se encontraron hace ya unas horas.
Pearl cuenta algo sobre su encuentro con los Holders de Johto, que vinieron a Sinnoh hace unos días por petición del profesor Elm. Aunque Diamond no está prestando mucha atención a ello. No porque no le interese o algo así, solo que.
De nuevo.
Se quedó embobado viéndolo. Le pasa más seguido de lo que le gustaría admitir.
Una descarga eléctrica recorre todo su cuerpo en forma de adrenalina pura. Es valentía. Una correntada de valentía salida de la mismísima nada.
Sus puños se aprietan mientras observa a Pearl.
—Al final todo acabó bien gracias a Crystal, pero ambos notamos que Gold y Silver actuaban raro... Si Silver te llega a contar algo al respecto, tienes que decirme —comenta, con una sonrisa traviesa. Lo chismoso es algo que tienen en común muchos Holders.
Diamond se detiene en seco y se queda mirándolo. Tiene que aprovechar el momento, no sabe cuándo más sentirá esta valentía, ni cuánto durará. Es ahora o nunca.
—¿Dia? ¿Pasa algo? —pregunta Pearl, confundido al notar que no está a su lado. Voltea a verlo, y percibe algo distinto en su mirada. Determinación.
—Pearl, hay... Hay algo importante que tengo que decirte —comienza. Sus mejillas van tomando color, mientras piensa en cualquier otra cosa que no sea las palabras que dirá, para no perder el valor.
Algo como lo suave que se ve el cabello de Pearl, en como la luz del ocaso hacen parecer que sus mejillas están rojas, lo lindo que es el conjunto de todo eso, en...
Esto no está ayudando en lo absoluto.
—¿Qué cosa es? —cuestiona tras varios segundos de silencio, algo preocupado por lo serio que se ve.
—M-me... ¡Me gustas mucho!
Decidió decirlo de golpe, sin más rodeos. Cierra sus ojos con fuerza, temiendo ver la reacción del rubio. Rojo hasta las orejas, deseando con toda su alma que nada salga mal.
Ni siquiera se está confesando esperando algo reciproco, mucho menos ser pareja. Solo, necesita expresarlo. Necesita exteriorizar esos sentimientos acumulados de alguna forma. Siempre se le dio mal reprimirse, y esta no es la excepción.
—Dia...
La voz de Pearl lo sobresalta. La forma en que dijo su nombre eriza su piel. Siente miedo, pánico, expectación, emoción.
—Llevamos seis meses saliendo.
—¿¡Eh!?
Levanta la cabeza de golpe para ver al rubio, que está conteniendo la risa lo mejor que puede.
—¿¡No lo sabías!?
—¿¿¿¿¿¿¡No!??????
—¡Te llevo presentando como mi novio desde entonces! ¿No te diste cuenta?
El rostro enrojecido de Dia es toda la respuesta que necesita Pearl, que ya no aguanta más y empieza a reír a carcajadas y se tumba en el césped, mientras su, recién enterado, novio lo mira con el rostro tan rojo que podría pasar por pokémon tipo fuego.
—¡Cuando te pedí ser novios aceptaste mirándome a los ojos! ¿En serio no te acuerdas? —cuestiona Pearl entre risas, apenas capaz de hablar. Dia se deja caer al suelo también y cubre su rostro con las manos.
—No... Me distraje viéndote... —admite con la voz amortiguada.
—Ay, estoy llorando de la risa —dice mientras se acerca a Dia para abrazarlo.
Lo mira a la cara unos segundos e, incapaz de contenerse, apoya la frente en su hombro para volver a reír. Al principio, Diamond lo observa, todavía apenado, pero con el pasar de los segundos, la pena se desvanece, y acaba uniéndose a la risa.
Siguen riendo juntos un rato. Poco a poco, las risas se calman, pero ambos permanecen en la misma posición. Un pequeño silencio cómodo se instaura. Pero no tarda en romperse cuando Pearl levanta la cabeza para hacer una pregunta.
—Entonces, ¿tan atractivo soy que te distraes viéndome? —bromea, con una sonrisa traviesa, listo para volver a reírse.
—Bastante, sí —responde Dia, sin siquiera pensar en sus palabras. Fue algo por completo automático.
Y ahora es el turno de Pearl de enrojecer. Su sonrisa tiembla y, tras unos segundos de silencio y realización, suelta una risa. Una pequeña risa nerviosa.
—Oh, eh... Okey, no... n-no esperaba esa respuesta... —admite, apenado. Dia solo puede pensar en lo lindo que se ve sonrojado.
En silencio, conectan miradas, y una idea fugaz cruza por la mente de Pearl. Diamond puede notar el momento en que ocurre, por la forma en que su mirada cambia, deja de lado la pena para dar paso al deseo.
El rubio traga saliva y apoya una mano sobre la que Dia descansa en el césped. Se inclina hacia este, pero se detiene a escasos centímetros, a la espera de alguna señal, o de que su compañero entienda su intención.
Y lo hace. Diamond sabe bien qué está por hacer desde ese cambio en sus ojos. Su corazón se acelera por la expectación. Con su mano libre, busca la otra de Pearl y entrelaza sus dedos.
Con eso, Pearl decide terminar de acortar la distancia, y une sus labios con los de Dia, en un beso torpe e inexperto, pero lleno de significado para ambos.
El beso se mantiene varios segundos. Tal vez, más de la cuenta. Al separarse, ambos conectan miradas, mientras sus respiraciones irregulares chocan. Sus rostros ardiendo.
No saben cuánto rato pasan embobados mirándose mutuamente, pero es Pearl el primero en cortar esa conexión silenciosa, incapaz de seguir aguantando la forma en que su corazón late acelerado, como si amenazara con salir de su pecho.
—¡B-bueno, ya fueron muchas c-cursilerías por hoy! —dice, con una gran sonrisa llena de nervios, a la par que se aparta y voltea para ver a otro lado. Diamond imita su acción.
—S-sí, estoy de acuerdo...
El silencio hace acto de presencia. Necesitan calmar sus corazones antes de poder proseguir, pero el momento se ve interrumpido por el tono de llamada de Diamond, que por poco les quita el alma del susto a ambos.
Tan rápido como puede, con manos sudadas y temblorosas, Dia atiende la llamada.
—¡M-mamá! —chilla al contestar, con el corazón a mil y esa sensación de que estaba haciendo algo malo—. ¿Eh? ¿No te avise que iba a salir...? Perdón, pensé que sí, estoy con Pearl. —Una risa nerviosa escapa de sus labios, una que atraviesa el corazón de Pearl como una flecha—. Sí... Sí, mamá... Eh, no lo sé... —Al pronunciar esas últimas palabras, su mirada se desvía hacia Pearl—. Luego te mando mensaje. Te quiero mamá, adiós.
Pearl, con todas sus neuronas funcionando correctamente y en completa paz y estabilidad, decide hacer la pregunta más inteligente que podía:
—¿Era tu mamá?
—Sí, parece que olvidé avisarle que saldría contigo, y ahora que volvió del trabajo, se preocupó de no verme en casa —explica, jugando con el celular entre sus dedos.
—Ah, tiene sentido. Además, es tarde... —responde, dejando la frase al aire. Ambos saben cómo continua, "ya deberías volver", pero ninguno quiere decirlo. A pesar de estar nerviosos, ninguno quiere separarse del otro.
—Sí... Pero todavía podemos dar una vuelta por la plaza, ¿no? —sugiere Dia, y Pearl sonríe de inmediato.
Se levanta de un salto y le tiende una mano a su novio.
—Hay tiempo para una vuelta, o dos, ¿verdad? Tampoco es tan tarde aún.
Diamond acepta la ayuda, sonriendo también. Y así, ambos comienzan a caminar, hablando de tonterías, mientras sus manos permanecen unidas, al igual que el pequeño rubor en sus mejillas.
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Al volver a su casa, Pearl fue directo a su cuarto, solo para tirarse de cara a la almohada y ahogar un grito ahí.
Arceus. Santo.
¿¡Cómo puede ser tan tierno, tan lindo!?
La forma en que sus mejillas se elevan cuando sonríe le dan tantas ganas de llenarlo de besos. Y su risa. Oh, su risa. Siempre queda completamente perdido en su risa, adora tanto escucharlo reír.
Pero lo que lo tiene golpeando su cabeza contra la almohada no es eso. Es el beso.
Tanto tiempo deseando besarlo, pero sin atreverse. Y ahora que por fin pudo, siente que va a EXPLOTAR de la felicidad.
AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA.
Chilla hacia sus adentros al recordar el momento.
Se levanta y comienza a caminar en círculos por la habitación, recordando ese momento una y otra vez, sintiendo las mariposas revolotear por su estómago y alrededor suyo.
Por otro lado, tras llegar a casa, Dia habló un poco con su madre antes de poder ir a su cuarto a organizar su mente y corazón respecto a lo ocurrido en el día de hoy.
Una vez ahí, se sienta en el borde de su cama. Los recuerdos vuelan a él y, tras unos segundos en silencio y quieto, toma la almohada y la abraza.
Novios.
Son novios. Y ni siquiera se había enterado. Se siente un tonto, pero eso ahora no importa, la felicidad que siente al respecto pinta una enorme sonrisa en su rostro.
Aprieta la almohada y entierra la cara en esta, solo para tumbarse en la cama y dar vueltas. Risas vuelan de su boca mientras recuerda, no solo lo ocurrido hoy, también en salidas anteriores.
Ahora tiene sentido el por qué Pearl actuaba de forma más cariñosa.
Ahh, está tan feliz que se siente en el mismísimo cielo.
Ya quiere que sea mañana para volver a encontrarse con Pearl y pasar más rato juntos.
