Chapter Text
— Hoy es tu noche, bola de pelos
Dios, no me lo recuerden. Sentí unos escalofríos con tan sólo escuchar el pequeño recordatorio. Hoy es la noche en la que me van a poner una cuerda al rededor del cuello para ahorcarme. Siento náuseas con tan solo imaginarme la escena. ¿Y por que de noche de todos modos? ¡Este pueblo me quiere avergonzar hasta la muerte!
Trato de esconderme en la esquina más oscura de mi celda, pero aún así el hombre de la celda de al lado (no recuerdo su nombre) me mira en las sombras con una cara de disgusto.
— Debes estar feliz de que nadie más en el mundo va a ver tu horrible apariencia — continuó el hombre, sin dejar de fijar sus ojos en los míos.
Por supuesto, mi apariencia, la razón principal por la que estoy por ser ahorcado. Verán, el problema empezó hace dos meses, hace dos meses hice la peor decisión de mi vida y me arrepiento profundamente de haberlo hecho; decidí coleccionar criaturas súper naturales. Al principio era fácil, había una gran cantidad escondidos en las calles de Londres. Y como eran tan fáciles de capturar, pensé que iba a ocurrir lo mismo con las criaturas en los bosques al rededor de la granja. Lo sé, suena como a una idea terrible, pero en ese momento estaba tan emocionado. Por supuesto, de todas las criaturas, un hombre lobo tenía que morderme. Llegué sangriento a la granja familiar ¿pero ellos que iban a sospechar? pude mantenerme en secreto durante dos meses, experimentando en mi cuarto con alquimia para poder revertir los efectos de la mordida y alimentando criaturas que todo el mundo consideraban abominaciones. Ahora antes de morir tengo que admitir algo que probablemente nunca habría admitido jamás: soy muy malo en la alquimia. En realidad, me considero el peor científico de todos los tiempos, una imitación, mediocre. Hasta hace cinco días seguían cazando al misterioso hombre lobo que causaba caos por la ciudad, pero hace cinco días utilicé una fórmula incorrectamente y ahora no puedo controlar mis transformaciones, mucho peor de como los controlaba antes. Incluso para ser un hombre lobo soy patético.
Después de unos largos y extraños segundos me doy cuenta que no he dejado de mirar al hombre, olvido el monólogo dentro de mi cabeza y vuelvo a recordar que este hombre se está burlando de mí. Le respondería, pero no tengo nada que decir. Solo lo miro con mis ojos brillantes hasta que él suelte su mirada en mí, pero no lo hace, miro al suelo de inmediato. Qué extraño.
El hombre de al lado lo consideraría mi primer y último amigo, aunque estoy seguro de que mis sentimientos no son recíprocos. ¡Ey, al menos me trata mejor que mi familia! Mi familia al darse cuenta de mi apariencia me delataron inmediatamente con la policía y me trataron como un monstruo. Al menos el hombre tiene la decencia de hablar conmigo, ni siquiera el hombre flacucho del otro lado de la celda me ha dirigido palabra en los últimos 5 días en el que he estado aprisionado. Miro a mi derecha para verlo, el hombre flacucho está inmóvil en el frío suelo de su celda, no se ha movido en 17 horas.
Oh, creo que está muerto...
¿Muerto? Oh no, esta noche voy a morir. Mis nervios vuelven más fuerte que nunca y empiezo a sudar a pesar de que es una noche demasiado fría y estoy abrigado por mi pelaje.
Siento náuseas y ganas de llorar. No pasan mas de cinco segundos y ya estaba vomitando mi almuerzo.
El hombre de al lado (el que está vivo) hace una mueca y deja de mirarme, se acuesta en el suelo para dormir y solo me dice — Feliz día de tu muerte, Jason. — con una voz monótona.
Siento más náuseas al notar que el hombre, a pesar de no haberlo dicho correctamente, se acordaba de las primeras letras de mi nombre.
— ¿Jasper Kaylock? — me incorporo para ver quién me llama, y veo al frente de mi celda a un oficial, con un uniforme demasiado grande para él. Llama demasiado la atención, especialmente cuando el oficial tiene la piel más pálida que haya visto, un cabello blanco como la nieve y un color de ojos que fácilmente lo haría pasar por ciego. Es un oficial que nunca había visto en los últimos cinco días. Las cosas se están poniendo extrañas.
— Sí, soy yo — tartamudeo antes de que sea muy tarde. Sigo temblando y mi visión se está volviendo borrosa, pero al escuchar las llaves del oficial abrir mi celda mi visión mejora un poco. Oh no.
— Jasper Kaylock, condenado a muerte por experimentación con la alquimia, destrucción de propiedad del gobierno y peligroso interés en lo científico ¿No me equivoco? Qué terrible. — dice el oficial, abriendo la puerta de la celda. Vuelvo y repito, que extraño. No lo dijo burlándose de mi, tampoco parecía disgustado. Más bien, parecía que me tenía lástima. ¿Que rayos, acaso no entiende que ser científico es uno de los peores delitos que un hombre puede cometer en el mundo? ¿puede ser posible que este oficial entiende como me siento? — Levanta tus sucias patas del suelo, es hora de tu ejecución. — retiro lo dicho, que rudo.
— C-Creí que mi ejecución iba a ser a media noche... — contesto demasiado rápido, ¡No podía morir ahora, todavía no!
— Eh, bueno lo adelantaron — respondió el oficial, agarrándome de los brazos para que me levantara del suelo y caminara. Su respuesta fue tan casual que es como si yo perdiera mi vida no fuera nada escandaloso. Y es la primera vez que alguien me toca al estar transformado en lobo. ¿Qué está pasando? ¿por que este oficial actúa como si no le importara mi existencia y al mismo tiempo se preocupara por mi? ¡No logro entender!
En mi propia confusión lo sigo por los pasillos de piedra del edificio, con mil dudas en mi cabeza y él — con su sedoso cabello albino y ojos extraños — con una expresión seria en su rostro.
— Creí que la oficial Wells iba a ser la encargada de mi ejecución. — digo al salir de mi trance para tratar de disipar las dudas de mi cabeza.
— Uhm... — se quedó pensando un momento, mirando exigente al aire, como si le fuera a decir algo. — La oficial Wells tiene un compromiso que atender esta noche, me encargaron a mi, el oficial Griffin, de tu ejecución. — dice las palabras como si tuvieran un mal sabor en su boca, y su expresión de enojo se intensifica más en su rostro.
— Nunca había escuchado de us-
— Ok, retiro lo dicho — me interrumpe. — Mi nombre es Mr. Griffin, soy un científico y pirata, y me harías un gran favor en callar tu boca y mover tus pies más rápido por que estoy tratando de salvar tu vida. — dejó en un solo respiro toda la molestia que tenía, tal vez por eso se veía enojado...
Espera, ¿Qué, en el nombre del santísimo espíritu santo acaba de decir?
— Jeje.. — me rio nervioso, ¿es una broma, no? de seguro el oficial me odia tanto que solamente está haciendo que un poco de esperanza nazca en mi para al final demostrar que todo era un broma, no estoy siendo salvado, están bromeando conmigo.
— Deja de reírte como idiota y camina más rápido, Cap Hyde está esperando por nosotros. — clava sus uñas más fuertes que nunca en mi brazo y me arrastra por los pasillos. Y sigo yo ahí, callado, siendo arrastrado, en un trance de nuevo tratando de procesar la situación. O el oficial es un muy buen actor o en realidad sí es un pirata tratando de rescatarme.
— ¿Cabhide, que tipo de nombre es ese?
Seguimos corriendo, las suelas de nuestros zapatos haciendo demasiado ruedo al tocar el suelo, me pone más nervioso que antes.
— Me imagino que lo conoces más bien como el Capitán Henry Jekyll.
Oh, el Capitán Henry Jekyll, el pirata y científico más famoso y peligroso de todos los mares, fundador de la sociedad de piratas.
No está bromeando.
Estoy sudando más que nunca y Mr. Griffin parece notarlo. — Te juro si tienes un ataque de pánico en este momento voy a dejarte aquí para que te ahorquen. — No es muy bueno ayudando a que desaparezcan mis nervios. Me quedo callado, o más bien sin palabras, y siento como las ganas de llorar y vomitar vuelven.
Nos detenemos al frente de una ventana, con una llave (probablemente robada), Mr. Griffin la abre, revelando la fría noche y el suave esplendor de la luna. — Tienes suerte de que vine por voluntad a rescatarte. — saca la cabeza por la ventana y mira hacia abajo, buscando algo. — Si hubiera venido Cap Hyde en mi lugar, este lugar ya estuviera en fuego y siendo bombardeada sin razón alguna. — Nos miramos a los ojos, o lo que puedo ver de sus pálidos ojos, por que mi visión está empeorando y siento que estoy a punto de desmayarme en este mismo momento.
No puede empeorar más, excepto que lo hace. Por qué caigo al suelo perdiendo mi balance, pero no por que estoy en pánico, es por que un fuerte estruendo se escuchó haciendo el edificio temblar como si hubiera un terremoto, pero no lo es, la prisión está siendo bombardeada y si no salimos ahora moriremos aplastados por las ruinas del edificio.
Mr. Griffin suelta unos insultos al recuperar el balance, se levanta del suelo y me agarra de los brazos de nuevo para levantarme. — Y ahí está Cap Hyde. — prácticamente gruñe el albino. — Rápido, sal por esta ventana, salta al mar, abajo tengo un bote para escapar. — me empuja demasiado fuerte hacia la ventana.
¿Olvide mencionar que la prisión está construida en un precipicio que da hacia el mar?
Aterrador. Fue lo primero que pensé al sacar mi cabeza por la ventana y mirar lo alto que estamos. Estamos increíblemente alto y con tan solo ver el agua metros abajo me da náuseas y sin poder aguantar más, vomito.
— ¡Dios santo si ese vomito cayó en el bote voy a hacerte desaparecer de inmediato! — gritó exasperado Mr. Griffin, empujándome para que saltara de la ventana.
— ¡No! — ¡Tengo miedo!, iba a gritar, pero me quede sin voz por que ya tenía medio cuerpo afuera de la ventana.
Me agarro fuerte de las esquinas de la ventana y trato de no caer, y vomitar de paso. Mi visión se está oscureciendo. Escucho a Mr. Griffin gruñir detrás de mi, y decir algunas palabras también, pero parece que la bomba de antes me ha dejado sordo temporalmente.
Solo logro distinguir algunas palabras: Apúrate, saltar, y policía.
Otra bomba y estoy cayendo al mar. Siento como su superficie me golpea, dejando mi cuerpo ardiendo, siento como el agua me asfixia y lo último que veo es la distorsionada forma de la luna llena bajo el agua.
Pepermín. Siento un fuerte olor a pepermín. Me hace sentir relajado, siento como si estuviera en las nubes, abrazado dulcemente por los vientos. Es como si estuviera en el mismo Paraíso.
Oh, esperen. Este puede ser realmente el Paraíso. ¿estoy muerto? ¿realmente morí al caer al mar? Tengo que admitir, la caída no era tan alta, pero con la mala suerte que he tenido a lo largo de mi vida es posible que haya muerto en ese instante.
Pepermín. ¿es así como huele el Paraíso?
— Ugh... — gruño, tratando de moverme, pero mis extremidades se sienten más pesadas de lo normal. Incluso mis párpados se sienten pesados.
Escucho unos pasos, ¿en madera, es eso? El olor a pepermín es intenso ahora, bienvenido como siempre, el olor me deja en un estado de euforia.
Por fin logro abrir los ojos pero todo se ve oscuro y borroso, solo logro diferenciar una silueta en la oscuridad. — ... ¿Es esto... El Paraíso? — me atrevo a preguntar esta vez, con una terrible voz ronca.
Escucho una agradable risa. — Lamento interrumpir tus sueños, me temo que todavía no es tu día para ir al cielo.
Oh...
— Y me disculpo profundamente por los analgésicos, pero estabas en un estado crítico. — escucho el choque de fina cerámica a mi lado, y entre la borrosa oscuridad puedo ver una taza de té. — Te preparé té de menta, toma un poco, te vas a sentir mucho mejor en poco tiempo.
El señor desconocido me ayuda a incorporarme en lo que podría decir es la cama más suave en la que he dormido en mi vida. Y con manos todavía temblorosas agarro la taza de té. El calor me da una buena sensación en las palmas y el fuerte olor a pepermín que emana de la taza no falló en relajarme. Doy un sorbo encantado.
Ahora que mi visión va mejorando, echo un vistazo al señor de al lado; está sentado en una silla al costado de la cama, un señor muy elegante sin duda, lleva una brillante capa encima y puedo ver un sombrero alto probablemente confeccionado solo para él, me fijo en sus manos y están vestidos con cálidos guantes blancos y doy un vistazo a sus ojos de un peculiar color rojo...
Hacemos contacto visual. — ¿Te sientes mejor, Jasper?
— Uh, Oh... — ¿que hace un hombre tan fino preocupándose por mí? — S-Sí...
— ¡Qué bien! Termina el té y así podré introducirte a los inquilinos. Me temo que no podremos darte una bienvenida más apropiada que esta, al parecer tienes una manada de animales súper naturales a tu disposición y una gran cantidad de investigaciones, ha sido un gran reto traerlos a bordo y-
— ¿Quién eres? ¿Qué tanto sabes sobre mí? — gruñí, sin querer realmente. Al ver la cara del señor extraño me llene de arrepentimiento. — ¡N-No! Es que, tenía miedo. Usted es un extraño, es decir no un extraño de mala forma, un extraño agradable...
— Me disculpo nuevamente, Jasper, fue totalmente irrespetuoso de mi parte no haberme introducido. — se levanta de la silla y se acomoda el sombrero. Incluso en la oscuridad del lugar, el señor pareciera que estuviera brillando, todo sobre él parece como el perfecto señor inglés, si no es que realmente lo es.
— Me llamo Henry Jekyll, Doctor y fundador de la Sociedad de Científicos piratas. — se presentó el doctor, estirando su mano para que la agitara. Pero mi mente dejó de prestar atención apenas “Jekyll” fue mencionado.
— ¿J-Jekyll? — empiezo a sudar y me tomo todo el té a pesar de lo caliente que está. — ¿Capitán Henry Jekyll? — todos los recuerdos de anoche vuelven a resurgir en mi mente como hechos y no como un simple sueño.
— Veo que haz oído sobre mí, pero no debes de temer, ¡todo eso son rumores! — tiemblo pero cuando lo miro a los ojos logro calmarme, no sé si es por la confianza que radia de, ejem, Capitán Jekyll, o por el té que me tomé de un sorbo.
Miro la mano que todavía está tendida en el aire. Dudo por un segundo en ahitarla pero con un vistazo al rostro de Capitán Jekyll con una gran sonrisa honesta, no tardo en agitar sus limpios guantes con mis peludas palmas sucias.
— Un gusto en por fin conocerte, Jasper Kaylock. ¡Vas a tener una gran estadía en la Sociedad de Científicos piratas!
Después de un tiempo, Capitán Jekyll me contó sobre la Sociedad de Científicos piratas. Al principio creí saberlo, después de todo, la sociedad era muy famosa en todo el mundo, especialmente en Inglaterra. Pero al parecer la mayoría de la información que tenía sobre ellos era falso. En Inglaterra, se oían rumores y relatos sobre la sociedad. Decían que eran científicos que aterrorizaban no solo los mares, sino a cualquier costa que tenga herramientas para avanzar las terribles investigaciones científicas y algún día, conquistar toda Europa. Aveces secuestrando a personas honradas en las costas de Asia y Europa, o vilmente destruyendo fuertes y saqueando ciudades. Yo, como una persona de mente científica, pensaba que eran un grupo de científicos que habían encontrado un lugar en el gran océano en donde las ciencias naturales eran respetadas y podían ser practicadas con placer, pensé que la sociedad salvaba a honradas personas para enviarlas a un país en donde no hay medicina riesgosa, ni criaturas súper naturales asesinadas, ni tecnología tan poco avanzada.
Pero por supuesto que tenía una percepción muy fantástica sobre ellos, por que Capitán Jekyll se rió en cuanto le dije.
— Ciertamente, no hemos destruido o saqueado tantas costas como los ingleses pueden decir, ni planeamos en secuestrar al rey de España para que trabaje para nosotros.— soltó una carcajada. — Pero puedo ver de donde salen tantos rumores, estamos siendo lo más discretos que un científico puede llegar a ser.
reí con él, es increíble lo fácil que era disfrutar una conversación con el Capitán Jekyll, a contrario de los tantos rumores que habían sobre él.
— ¿Entonces cuál es el propósito de la sociedad? — pregunté.
— Es simple, realmente — sonrió —. En toda Europa, las prácticas científicas han sido declaradas como un gran delito. La sociedad fue creada con el propósito de darles una oportunidad a cualquier científico a seguir sus pasiones, en comunidad con gente del mismo interés; sin ser juzgados por el pueblo, ni ser limitado por el escaso avance científico de las academias europeas. Un lugar para que las mentes innovadoras se queden a salvo. ¿Y qué lugar para estar a salvo que el mismísimo océano?
Quedé callado por un rato, principalmente por las increíbles palabras del Capitán, las cuales me conmovieron, pero la última frase fue la que me dejó pensando más tiempo.
— ¿Realmente cree que el océano es tan seguro así? — pregunté, pues piratas no era el único riesgo de zarpar a los mares.
Capitán Jekyll pareció entender mi duda, y con una sonrisa deslumbrante me respondió honestamente. — Parecerán peligrosas, sé qué hay barcos de reyes cazándonos por las mismas aguas, al igual que gigantes criaturas súper naturales viviendo en las profundidades, pero los océanos no pudieron estar más seguros con los avances científicos que hemos hecho hasta ahora.
No logré entender muy bien sus palabras, y pareció notarlo a través de mis brillantes ojos de lobo.
— Entenderás mejor cuando te muestre tu nuevo hogar. — dijo él, fulminándome con sus ojos rojos llenos de amabilidad y gracia, y en ese momento no pude evitar en tan sólo admirarlo un poco más.
Me ayudó a pararme de la cama. Y bajo la oscuridad de la habitación, Capitán Jekyll abrió unas puertas que llevaban a una habitación aún más oscura que la anterior.
— ¿Gente vive aquí? — pregunté, sabiendo ahora mejor que me encontraba en el barco pirata de la famosa sociedad.
— ¡Sí! — contestó emocionado, poniéndome más emocionado a mí. — Desde ingenieros de mecanismo hasta exploradores, todos viviendo en el mismo barco.
Me alentaba a adentrarme dentro de la oscura habitación, él caminando fabulosamente con sus zapatos nuevos y yo tropezándome sobre mis propias patas.
— Ah bueno, realmente me encanta la estética del lugar: todo un poco, como una mansión embrujada y eso. — opiné un poco nervioso.
— ¿Mansión embrujada? — exclamó un poco histérico, con su gracia de señor inglés. — ¡Oh diablos, está no es la mansión de Havisham! — aplaudió lo más ruidoso posible. — ¡Luces, por favor!
En ese momento pude escuchar máquinas empezar a funcionar dentro de la habitación, haciendo un eco que me hizo entender que es más grande de lo que yo pensaba. Focos eléctricos empezaron a encenderse, y como si no fuera suficiente luz, el techo de metal empezó a abrirse como cortinas para dejar entrar luz solar.
Ah, luz solar. No tardé en encogerme y empezar a toser el terrible sabor a veneno, empecé a rápidamente transformarme de vuelta a mi forma humana, y volví a estremecerme con ropas estiradas, estatura más baja y con la sensación del sol pellizcarme mi sucia piel de granjero y secar mi cabello pelirrojo. Fruncí el ceño por el terrible sabor que tenía en mi boca, y con mis mangas (qué ya estaban sucias de por sí), limpié el líquido espeso que siempre vomitaba en cada transformación que tenía.
Levante la vista para disculparme por transformarme en frente del capitán, pero mis ojos fueron inmediatamente deslumbrados por lo que estaban viendo. Esto no era un simple barco, ya lo sabía, pero nunca esperé ver algo así en mi vida. Estaba en una sala, en la sala principal, de un hotel de lujo; decorado de la forma más peculiar, había estanterías de los libros más gruesos que haya visto (incluso más gruesos que aquellos de la academia), habían acuarios gigantes ocupados por peces que yo pensaba que eran tan solo mitos de pescadores, había electricidad por todas partes (como si ya no usáramos lámparas de óleo y candelabros por allá en Inglaterra), pisos y pisos llenos de puertas que llevaban a uno sabe donde, y sarcófagos, globos móviles, bicicletas voladoras y cosas que, a pesar de ser científico, no podía ni explicar.
Quedé precisamente aturdido, con un brillo en mis ojos, mirando al rededor de lo que sabía que era la sala principal de la sociedad. — Esto... Esto es... — trataba de encontrar las palabras.
— ¿Sí? — me alentaba Capitán Jekyll a continuar, complacido parecía, viendo el brillo que tenía en mis ojos humanos.
— ¡Muy elegante! — lloré, por que me había entrado pánico, y me eché para atrás con ganas de volver a la habitación oscura de antes. — ¡Todo es muy elegante!
— ¿No te gusta?
— ¡No es eso! — volví a gritar, no queriendo decepcionarlo. — ¡Es demasiado perfecto! ¡Es un barco sagrado, lleno de magia científica la cual no soy digno de presenciar!
Y volvió a sonreír, con su sonrisa brillante que radiaba amabilidad y hacia mi corazón más débil. — ¡No seas así, por supuesto que eres digno! — me agarró de la mano, y me empujó a la luz, a pesar de que mis pies querían moverse, me arrastraba con cuidado hacia las escaleras al final de la sala. — Por alguna razón di la orden de salvarte de esa prisión en Londres. — pero no quería escucharlo, me tapaba los ojos como si la luz fuera a cegarme y me dejaba arrastrar por el capitán. — Ahora si me permites, iremos a presentarte con los inquilinos. Estoy seguro que algunos de ellos tendrán los ingredientes para tu tratamiento. Pues juzgando por tu transformación, tienes un terrible emponzoñamiento de guardalobos, ¡el peor que he visto jamás!, y es mejor hacerte una poción de acólito en cuánto antes.
— ¡Uhm, no tenemos que hacerlo ahora! — traté de excusarme. — No quiero molestar a nadie realmente...
Pero igual me arrastró, contando cosas sobre lo emocionados que estarían los inquilinos. Me arrastró por todas las escaleras y nos dirigimos a una puerta, que quitando unos dedos de mis ojos para ver, tenía un letrero que decía “Archer & Bird”, y me surgió un pequeño dolor detrás de mi cabeza. El capitán abrió la puerta, y tras ella era como entrar a otro mundo, dentro había plantas por todos lados e instrumentos químicos alterados de una forma que no iba a comprender, era como una jungla, pero moderada y creada por el hombre. Había dos hombres adentro, un grandulón robusto pero con cara amigable y con ropas de jardinero, saludaba a Capitán Jekyll refiriendose a él como “nuestro honorable fundador”, y el otro hombre; más joven, con piel oscura, y un acento tan fuerte que casi no le entendía. Archer y Bird supongo, cuál de los dos le corresponde los nombres no lo sabía. Pues mientras entablaban una conversación con Capitán Jekyll, yo me veía fascinado por las plantas a mi alrededor, como si me hubiera adentrado en las junglas del Nuevo Mundo, maravillado y curioso...
Capitán Jekyll preguntaba por una flor de acónito, y los hombres lo molestaban con que por fin iba a volver a fermentar sus propias pociones de nuevo, pero el capitán no se molestaba y respondía con buen respeto, se notaba la cercanía que tenía el capitán con sus inquilinos pero mi mente ignoraba la mayoría de su intercambio de palabras por que a lo largo de mi vida como granjero no había visto tanta variedad de plantas y flores, todo en una sola habitación...
— ¿Jasper? — me llamaba el capitán, y volví a enfocarme de inmediato. — Te quiero presentar al señor Archer — señaló al joven de acento vulgar —, y al señor Bird — el señor grande de barba peculiar. —. Ingeniero de botánica mecánica y cripto-horticulturalista, respectivamente. Señores, les presento a Jasper Kaylock, el talentoso cripto-biólogo que rescatamos ayer. — finalmente, me señaló a mi. Y una gran alegría me consumió en ese momento, por que era la primera vez que alguien me mencionaba como si fuera un verdadero científico, con un título, al igual que Archer y Bird, a pesar de que ellos tenían más experiencia que yo, me sentía feliz, apreciado y libre. Por que ellos me entendían y creían en la misma ciencia que siempre he creído yo a escondidas en la granja en las afueras de Londres y en las oscuras aula de la academia.
Me daban la bienvenida a bordo de este barco, y solo pude sonreír de respuesta, por que me di cuenta que podía encajar en este lugar y podía hacer amigos, compañeros, hermanos y ser libre por fin.
Pero ese dolor detrás de mi cabeza nunca se fue.
Y mientras Capitán Jekyll recogía la flor de acónito y nos íbamos a otras habitaciones del barco, ese dolor no cedía. Conocí a Doctor Maijabi, un patólogo ectoplásmico que tenía objetos siniestros en su habitación, juraba que había muebles transparentes, demasiados espejos con reflejos que no estaban allí y frascos de un líquido escarlata que me empeoraba la punzada detrás de mi cabeza.
— ¿Sangre de fantasma? — le preguntaba Capitán Jekyll, y el doctor de larga barba blanca y característico parche en el ojo, le preguntaba sobre qué tipo de sangre de fantasma. Sin embargo Capitán Jekyll no estaba seguro y yo tampoco estaba seguro de cómo es que una persona fue capaz de conseguir tantos extractos en la mitad del océano atlántico. Probablemente lo dije en voz alta, por que el capitán me respondió orgulloso: — La sociedad tiene una colección a nivel mundial — se sabía las estadísticas con números específicos y todo, pero yo solo podía decir “Wow”.
Había científicos de todas partes del mundo también, y entre más acumulaba los nombres y títulos, más fuerte se volvía el dolor detrás de mi cabeza: Dr. Helsby, explorador batináutico, Señorita Lavender, aprendiz zoóloga de extremofauna, Señora Cantilupe, experta zoóloga de extremofauna, Mr. Pennebrygg, automatista, Señorita Flower, Mr. Sinnett, y ¡habían muchos más!; Mr. Doddle, Mr. Tweedy y...
Mr. Griffin.
— ¡Maldición! ¡Cada vez es lo mismo! — gritó, mas mi cabeza ya no dolía tanto, a pesar de que tenía un gato encima mío (por alguna razón), me alegró ver a Mr. Griffin, revolviéndose su blanco cabello y arreglándose las gafas enfadado (pareciera que siempre lo estaba).
— Gracias, Mr. Griffin, por salvar mi vida. — le dije con sinceridad, y empecé a olvidar todos esos nombres y títulos.
— Ah, por supuesto recordarás a Mr. Griffin. — comentó el capitán.
Pero el albino me miró, con arrugas en su frente y frustrado, a pesar de que no me saludó, supe que me había escuchado y que era más buena persona de lo que él solía dejar creer. El contacto visual con él me sacó una sonrisa de mi rostro.
— ¿está intentando volver a este gato invisible? — pregunté, quitando al gato de encima mío y con buenas ganas de conversar con Mr. Griffin, sabiendo que se iba a mantener inexpresivo y hablar sobre su molestias (por qué había aprendido bastante sobre él la primera vez que nos encontramos).
— ¡Sí! El bendito proceso sigue revirtiéndose en animales grandes, y no lo puedo soportar. Lo intenté primero en ratas de laboratorio pero no logro entender por qué no funciona con animales más grandes... — empezó a balbucear, y lo único que hice es escucharlo. Me alegraba la relación que manteníamos, él me había salvado la vida y estaba agradecido, y él no se arrepentía y (a pesar de que me hice el ridículo frente a él antes de desmayarme) el hecho de que lo hubiera hecho y me haya cuidado lo suficiente para traerme a este gigantesco barco a salvo forjaba una callada relación entre los dos. No pude evitar pensar en qué tal vez Mr. Griffin y yo pudiéramos terminar siendo buenos amigos, a pesar de nuestras diferencias.
Capitán Jekyll estaba exigiéndole algo a Mr. Griffin y no me interesaba saber qué era. Ver a Mr. Griffin me ayudó bastante, por que ya no me sentía intimidado por los nombres y títulos que el capitán seguía presentándome. Los inquilinos hablaban con Capitán Jekyll y yo me conformaba con las pocas palabras que intercambiábamos, cada inquilino le daba algo al capitán para colaborar con mi tratamiento, y ya no me sentía tan abrumado como antes.
— He escuchado que Capitán Hyde ha hecho volar una montaña con pólvora ayer, ¿cómo puedes estar tan tranquilo hoy? — le preguntaron al capitán.
Me quedé confundido, sentí que mi momento de paz había sido interrumpido — ¿Capitán Hyde? Pero creí que solo estaba Capitán Jekyll.
Y todos en la habitación se me quedaron mirando, con unas expresiones que no pude descifrar para mi propia molestia. De repente, viendo a todas estas personas en la habitación me hicieron recordar todos sus respectivos nombres y títulos que causaba esa punzada detrás de mi cabeza volver más fuerte que antes, tan fuerte que me estremecí en el momento.
— Mr. Hyde — dijo Capitán Jekyll, después de unos segundos de silencio. — dice muchas cosas. — supe que esa no era la respuesta a mi pregunta. Miré preocupado a mi alrededor y los inquilinos solo evitaban mi mirada ni decían una sola palabra, algunos se veían lo suficientemente incómodos como para irse de la habitación. Supe que me estaban ocultando algo.
— ¿Mr. Hyde? — pregunté susurrando, me culpaba a mí mismo por el cambio de ambiente, sabía que era mi culpa.
El capitán parecía saber lo que estaba pensando. — Mr. Hyde es mi asistente personal. — quiso aclararme. — Aunque algunos inquilinos prefieren llamarlo capitán, él es solo mi asistente personal. Solo atiende deberes en la noche, probablemente no lo veas tanto...
Algo me estaban ocultando y no sabía qué o por qué.
Cuando terminamos el tour por las habitaciones de los inquilinos, Capitán Jekyll me enseñó donde estaba mi cuarto y me entregó las llaves. Afuera de la puerta todavía había cajas llenas de mis pertenencias y él agarró algo de esas cajas que le había llamado la atención.
— Escribes bastante al parecer. — me fijé en lo que agarró, y era un libro verde, grueso y lleno de hojas extras que le había pegado cuando se me acabaron, al frente estaba escrito, con mi terrible caligrafía “Observaciones. 1884-1885. Jasper Kaylock”
— ¿Observaciones sobre tus transformaciones? — abrió el libro y yo solo lo dejé hacerlo. Tenía esa sonrisa amable en su rostro pero sabía que me ocultaba algo.
— Lo empecé a escribir después de que fui mordido, fue un horror, me refiero a la mordida y eso, pero... era científicamente interesante. — le dije con pena, pues sus ojos brillaban cuando leía el libro.
— ¡Es brillante, Jasper! Es la primera vez en la historia que un cripto-biólogo escribe con tanta claridad las observaciones de una transformación de hombre lobo. — me miró y su brillo me puso nervioso. — ¡Por que nunca ha habido un cripto-biólogo que lo haya experimentado en el primer lugar!
Su sonrisa realmente era contagiosa, me vi ruborizado y las esquinas de mi boca se alzaron ligeramente, pero esa punzada no parecía irse. — Gracias... Aunque no es tan claro, mira aquí — le señalé en el libro. — mi letra se ve temblorosa y de lado, es cuando estaba teniendo convulsiones. — reí, y él se rio conmigo.
La Sociedad era agradable, era un sueño que nunca hubiera pensado que podría tener. Sin embargo es real. Y mi felicidad casi opaca el dolor de cabeza. Casi.
Me están ocultando algo y no puedo dejar de pensar que es mi culpa.
