Work Text:
Obito solía entrenar solo, bajo la luna, cuando todos dormían. Era el único momento donde podía permitirse bajar la guardia, aunque solo un poco. La rutina fue establecida hace mucho y se había vuelto complicado seguirla, más desde que compartía habitación con el artista del caos.
Siempre se aseguraba de que el muchacho durmiera, aún si tenía insomnio lo cuidaría dándole aquella infusión de hiervas relajantes o una pastilla para dormir escondida en el plato (por que Deidara jamás aceptaría tomarla por cuenta propia), bien podía hacerle un masaje o piojito en la cabeza hasta que durmiera mientras el aroma del incienso de lavanda relajará sus músculos, haciendo que incluso fuera difícil para él tener que levantarse de a su lado para acudir a su rutina. Porque todo lo que hacía era por esa rutina, no porque de verdad lo estuviera disfrutando. No son cercanos, se repite a sí mismo.
Después de hacerlo dormir entrenaría alrededor de tres horas fuera del escondite donde estuvieran, o hasta que la oscuridad de la noche empezará a diluirse, si sus propios pensamientos le hacían imposible quedarse quieto en el futón, solo mirando al rubio dormir. De todos modos, no es que él necesitara mucho de hacerlo.
Si bien él no era precisamente un ninja de percepción, definitivamente tenía un rango bastante grande como para notar a quién quiera que estuviera cerca, lo que le haría subirse de nuevo la máscara e informar/defender del intruso. Pero aquí, en medio de la nada, en la cabaña abandonada qué está compartiendo, el único Chakra cercano que puede sentir es el de su Senpai. Y como justo en este momento el muchacho está dormido, no hay problema en querer entrenar sin tener que asfixiarse con el calor acumulado bajo la máscara.
Por eso había pasado totalmente imperceptible. Porque él ya se había acostumbrado a su presencia. El sonido de su voz y esa risilla suave casi lo hacen caer al detenerse en seco de su entrenamiento. Obito giró con rapidez, tropezando ligeramente con sus propios pies.
—¡Deidara, ¿qué haces aquí a esta hora?! —Su tono fue tonto, torpe. Su grito de sorpresa al casi caer se asemeja bastante al chillido usual de Tobi, solo que ésta vez no fue fingido. Quizá la voz de Tobi es el tono que tiene estando nervioso.
La risa de Deidara que sigue suena todavía algo ronca y suave por el sueño de hace unas horas. —Suficiente para ver que fracasas miserablemente en ese movimiento, hm. —El rubio está recargado en un árbol cercano, pero no tan cercano como para ser obvio a la vista, con los brazos cruzados y una sonrisa juguetona—. ¿Estás practicando para impresionar a tu Senpai? Y yo que creí que no te gustaba entrenar, siempre te quejas cuando tenemos que hacerlo.
El azabache estaba quieto. Tratando de respirar pesadamente del ejercicio previo y la sorpresa. El dorso de su mano descansaba contra su boca, ni siquiera era consciente de que debía volver a ponerse la máscara. Solo mirando esa figura etérea a unos pocos metros, los ojos azules casi enegrecidos por la oscuridad de la noche parecen escudriñarlo.
—Desperté, me dí cuenta de que no estabas y no pude volver a dormir. —Deidara caminó hacia él, sus pasos lentos y deliberados, las palabras como si hubieran sido cuidadosamente escogidas para poder dejarlo pensando al respecto por días—. Pero oye, Obi… eso que haces con tus manos cuando lanzas un kunai… ¿es para parecer cool o simplemente tienes miedo de que alguien te lo quite?
Obito apretó los labios, sus hombros tensos. —Dei, vete a dormir.
No puede evitar observar cada detalle de sus movimientos, de él. Ahora que está más cerca es evidente lo poco que parece estar sobrellevando el frío, pues no ha dejado de frotar las manos contra sus brazos en el jersey que Tobi le da aveces, el vapor frío escapa de sus labios al hablar y esa naricita roja lo hacen ver adorable.
El rubio inclinó la cabeza, su cabello dorado brillando bajo la luz de la luna. —Si quieres, puedo acompañarte en tus entrenamientos más seguido, hm. Sería divertido.
—No necesito compañía. —Y aunque se niega su voz no es de reproche o enfado, más bien está nervioso. Entrenar seguido es una propuesta interesante pero peligrosa en muchas maneras, las cosas son mejor así. Mientras Tobi ayude a su Senpai con su arte no es necesario más.
Obito frunce un poco el ceño, está pensando demasiado, si sigue mirándolo así lo hará explotar. Su cerebro ya está haciendo el suficiente corto circuito.
—¿Seguro? Porque tus mejillas dicen otra cosa, Obi.
El Uchiha inmediatamente se cubrió la cara con una mano y se giró de espaldas, intentando huir de la situación, apenas y suelta un gemido bajo de dolor. Ni siquiera se había acordado de que no estaba usando la máscara. ¿Tan mal lo ponía?
Suficientes emociones por una noche. Deidara soltó una risita, claramente satisfecho de haberlo puesto nervioso otra vez. Obito solo puede mascullar otro "vuelve a la cama" mientras recoge su máscara, no se atreve a darse vuelta o verlo
marcharse.
—¡Dulces sueños, Tobi!
