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En otro universo me seguiras amando?.

Summary:

y Bo lo vio pasar, Entre el caos del hospital, entre la sangre y el aullido de las sirenas, lo vio. En ese instante, Bo dejo de respirar,

Notes:

Mais comme dit le dicton
"Plutôt qu'être seul, mieux vaut être mal accompagné",

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

 "Lo que está destinado a ser, siempre encontrará una manera de suceder." – Sara Dessen.



“El día que conocí a Bo, la noche ya anunciaba lo inevitable.

Como un presagio silencioso, el aire se sentía más pesado, cargado de algo que no supe nombrar en ese momento. Algo que no pertenecía ni al presente ni al futuro, pero que estaba ahí, esperándome.

Las sombras parecían alargarse a su paso, como si incluso la oscuridad se sintiera atraída por él. Y yo… yo fui como la marea que siempre regresa al mismo lugar, sin importar cuántas veces haya intentado alejarse.

Desde esa noche, supe—o tal vez siempre lo supe—que Bo sería el principio de algo que no podría detener.”



22:00:45

No hay avisos importantes

"Disturbios en frente del bar Vanila aparentemente dos borrachos peleando afuera"

 

02:35:37 

Entra una llamada a la línea policial alertando de múltiples tiroteos

 

02:37:02

Se da el aviso a todas las unidades 

Mando: "Atención a todas las unidades disponibles, tenemos un reporte de múltiples tiroteos en el distrito industrial que se extienden hasta los talleres de la avenida principal, al parecer el primer disparo vino del almacén 77 en la Avenida Ferroviaria. Testigos informan múltiples personas involucradas. No hay confirmación de víctimas visibles. Acudan las unidades disponibles y revisen la zona, precaución"

 

Los Santos, 2:35:37 AM

 

Las luces rojas y azules de las patrullas teñían las paredes del almacén abandonado. El olor a pólvora aún flotaba en el aire, mezclado con el hedor metálico de la sangre y el aceite de motor caliente. 

— Aquí mando de la LSPD para mando de los EMS. ¿Me copia?. Unidades disponibles para acudir a una zona con múltiples abatidos — Una voz hablaba por radio en medio del caos — Le copio, Mando. Le mando una unidad a la zona.

La escena era un caos: casquillos de bala desperdigados, autos con los vidrios destrozados, cuerpos tirados en el suelo, algunos aún gimiendo de dolor, otros completamente inmóviles.— Perfecto, me retiro de la frecuencia. Buen servicio.

 

Todo era un caos. Como el desastre de una tormenta al pasar. Como los estragos de un terremoto que arrasa un edificio sin cimientos. 

Los paramédicos tardaron en llegar. Habían recibido la alerta tarde, y además, eran pocos.

 

Entre ellos, el recién ingresado, Luis. 

 

Vestido con su uniforme de hospital, guantes de látex ajustados, mascarilla en el rostro y la mirada oculta bajo esas lentes oscuras que nunca se quitaba, se movía entre los heridos con eficiencia quirúrgica. No temblaba, no dudaba. Su trabajo era mantener con vida a los que aún respiraban, sin importar quiénes fueran. Ese era su juramento.

Pero alguien lo miraba. Desde las sombras de un callejón cercano, apoyado contra la carrocería de un Audi negro con el motor aún caliente, Bo Xin observaba todo.

Sus ojos oscuros no parpadeaban mientras seguía cada movimiento de Luis —era la primera vez que miraba a ese médico—. No era solo por el rostro angelical del médico, ni por el contraste absurdo de ver a alguien tan etéreo en medio de ese infierno de pólvora y muerte. Era la forma en que Luis se inclinaba sobre un herido, sus manos firmes pero gentiles, su expresión concentrada, su indiferencia absoluta ante el peligro. Era la manera en que su piel clara brillaba bajo las luces de las ambulancias, como si la violencia y la sangre no podían tocarlo.

 

Bo sintió algo extraño en el pecho.

 

No era solo deseo. 

 

No era solo curiosidad.

 

No era solo Intereses.

 

Era hambre.




 

 

 

Hospital General Vinewood de Los Santos, 4:22 am

 

La sala de emergencias estaba abarrotada. Médicos y enfermeros corrían de un lado a otro, tratando de estabilizar a los heridos que llegaban en camillas.

Bo entró por la zona privada, una con conexión directa a la zona de consulta general, que se encontraba vacía por tema horario, Jeans oscuros, camiseta negra ajustada al torso, botas pesadas y un abrigo largo. Su sola presencia, traía señal de mal augurio, Su reputación lo precedía.

 

Pero a él solo le importaba una cosa.

 

Mientras Eloise —una médica con la que se había acostado un par de veces y que ahora le debía favores— se llevaba a su hombre a una sala de trauma, Bo se quedó en la sala de espera, con las manos en los bolsillos y la mirada afilada.

 

Algún día la matará. 

 

Esta seguro de eso.

 

El aire de la sala de emergencias estaba cargado con una mezcla de olores: desinfectante, sangre y la tensión latente de los que esperaban noticias. Entre todo eso, Bo distinguió algo diferente, algo que no pertenecía a ese entorno de caos y desesperación.

 

Y entonces lo vio.

 

Luis pasó junto a él, y su aroma lo envolvió por un instante, dejando un rastro que Bo no pudo ignorar. No era fuerte ni invasivo, sino elegante y sutil, una mezcla equilibrada entre frescura y calidez. Había algo limpio en él, como si la lavanda y la bergamota en su perfume intentaran imponer orden en medio del desastre. Pero debajo de eso, Bo percibió matices más profundos, más personales: un dejo amaderado de cedro y sándalo que hablaba de piel cálida y presencia cautivadora.

Y luego, un detalle que lo hizo sonreír con algo parecido al asombro. Apenas perceptibles, entre la pureza de su fragancia, había un rastro de nicotina. No lo suficiente como para ser invasivo, pero sí lo bastante para insinuar que Luis no era tan inmaculado como parecía.

Luis pasó junto a una camilla, con un paso firme y seguro, guiando a los paramédicos que transportaban a un herido con una herida de bala en el abdomen. No parecía ni remotamente alterado por la sangre ni por la urgencia de la situación.

 

Pero para Bo, la escena se ralentizó.

 

Cada detalle de Luis quedó grabado en su mente.

 

Su piel clara, impecable, con el brillo tenue de la luz hospitalaria resaltando su mandíbula definida. Sus labios, suavemente fruncidos en concentración. Los mechones de su cabello negro azabache, cayendo con descuido sobre su frente.

 

Su aura.

 

Bo nunca había creído en estupideces como el destino, pero en ese momento, algo dentro de él hizo clic.

 

Luis no pertenecía a ese lugar. Era demasiado puro, demasiado hermoso, demasiado… diferente.

 

Y Bo, un hombre que se había tomado todo en la vida por la fuerza, supo que lo quería. Porque la vida le había enseñado que si no lo hacía alguien más lo iba hacer, que si no tomaba lo que deseaba Con fuerza, la vida se lo iba arrebar.

 

Bueno lo quería.

 

No como se desea un objeto.

 

No como se toma una mujer por una noche y se olvida al día siguiente.

 

Lo quería cerca. Lo quería suyo. Y si para eso tenía que quemar el maldito hospital entero, lo haría.

 

¿Pero sin saber, el porqué? De ese pensamiento.

 

La sala de espera era un lugar común para Bo, pero ese día, entre las luces blancas que daban a la vida hospitalaria un aire frío y aséptico, todo parecía estar tratado de un color diferente, como si una capa invisible hubiera cubierto todo a su alrededor. 

 

Rojo.

 

Bo seguía con la mirada fija en Luis, quien desaparecía tras una puerta. Había algo en él, algo que le provocaba una mezcla de curiosidad insaciable y deseo incontrolable.

 

Rojo intenso.

 

Con un suspiro bajo, Bo se despegó de la pared y comenzó a caminar hacia el área de emergencias, tomando su teléfono mientras lo hacía. Llamó a Eloise, quien acababa de salir de la sala de operaciones donde había dejado a su hombre herido.

 

Rojo sangre.

 

—Eloise, quiero que te encargues de él. Y me aseguras que salga de aquí con vida. —Su tono era claro, directo, una orden más que una petición.

—Lo har– colgó antes de que el médico tuviera oportunidad de responder.

 

No necesito molestarme para escuchar a la perra de turno.

 

Bo dejó su teléfono en el bolsillo de su abrigo y se acercó a una de las enfermeras, que por alguna razón lo evitaba. 

— ¿Dónde está el médico de urgencias? —preguntó, su voz un susurro rasposo producto del choque del lenguaje al hablar en otro idioma, que causaba una tensión palpable en el aire.

La enfermera, dudando, señaló hacia un pasillo por el que había desaparecido Luis. Bo ascendiendo sin decir una palabra más. No podía esperar más. No podía simplemente observar desde la distancia.

Avanzó entre las paredes blancas del hospital, su paso pesado resonando en el silencio del pasillo. 

Al final del corredor, vio a Luis, de espaldas, con su bata de médico, consultando un expediente. Bo se detuvo a unos metros de él, observando cada uno de los movimientos de Luis, una curiosidad digna de quien observa algo Maravillado.

Luis sintió que alguien lo observaba, esa extraña sensación en la nuca, la misma ocurre que cuando sabes que no estás solo. Pero no se giró.

No quería mostrar ningún signo de debilidad. En su interior, pensaba en lo que ocurriría con los heridos, en cómo la violencia había marcado otro capítulo en la ciudad. 

Sabía lo que se estaba gestando, pero su mente era un laberinto donde lo único que no tenía espacio era el miedo.

Fue entonces cuando Bo se acercó más, acortando la distancia. Su figura, tan imponente, se recortaba frente a Luis, que por fin se giró, alzando la vista. Se encontraron por un segundo, y Luis notó algo en los ojos de Bo. No era simple interés. No era el deseo superficial de un encuentro ocasional. Era algo más profundo, algo que Bo no se molestó en esconder. Y en ese momento, Luis comprendió algo: Bo lo había estado observando.

—¿Te ayudo en algo? —preguntó con voz tranquila, aunque dentro de él algo latía con un poco más de fuerza.

Esos ojos, cubiertos de miradas curiosas, bajo esas lentes oscuras. Observaron a ese hombre, ese joven, a ese niño.

 

Algo empezó a surgir en el ambiente, un hilo que siempre había estado se empezó a cortar, una Red se empezó a tejer alrededor de ellos.

 

Bo inclinó ligeramente la cabeza, observándolo con una curiosidad que no intentó ocultar. No era la primera vez que veía belleza en alguien, pero esto... esto era distinto.

—No lo sé —respondió Bo, con una honestidad inusual en su voz—. Tal vez solo quería verte de cerca.

 

El hospital estaba lleno de voces, pasos apresurados y máquinas zumbando en un murmullo constante. Pero cuando Bo miró a Luis, cuando lo tuvo cerca por primera vez, fue como si todo eso quedara en un segundo plano. No fue solo su rostro, ni su elegancia innata, ni siquiera el contraste entre la pulcritud de su bata y el leve rastro de nicotina en su aroma. Fue algo más profundo.

 

Algo que no se veía, pero se sentía.

 

Dos almas que vibraban en la misma frecuencia, chocando sin tocarse. Una energía sutil, pero innegable, que parecía despertar algo primitivo en Bo. Como si, sin siquiera hablarse, Luis ya hubiera dejado su marca en él. Como si su mera presencia le recordara que en un mundo de ruido y caos, aún existía algo capaz de hacerle detenerse.

 

Por un momento, Bo se preguntó si Luis lo había sentido también.

 

Luis parpadeó, sorprendido por la respuesta. Había esperado muchas cosas: exigencias, preguntas, incluso amenazas veladas. Pero no eso.

Bo no apartó la mirada cuando continuó:

—Te vi allá afuera. En medio de todo. Tan tranquilo... tan ajeno a la sangre y el ruido.

Luis sintió que su pecho se apretaba un poco, pero no dejó que se notara.

—Es mi trabajo —dijo con suavidad.

Bo avance lentamente, como si estuviera archivando cada palabra.

—Si. Y aún así... —Hizo una pausa breve, y cuando habló de nuevo, su voz bajó apenas un tono—. No creo que sea solo eso.

Luis lo miró con una mezcla de cautela y curiosidad.

—¿Y qué crees que es?

Bo sonriendo, apenas una curva en sus labios. No era burla, no era soberbia. Era... algo más.

 

Dulzura.

 

—Todavía no lo sé. Pero quiero averiguarlo. Quiero conocer al hombre que puede mantener la calma en medio del caos. Quiero saber quién eres. Y tal vez… 

 

Tal vez soy digno… de conocerte.

 

Porque dentro de mi siento que no es la primera vez que te veo.

 

Luis dio un paso atrás, sin saber si estaba siendo halagado o amenazado. Si instinto le decía que debía de alejarse qué debía de pretendiente que nunca cruzó palabras con él.

 

Sus instintos decían aléjate de él, tu corazón no volverá a aguantar.

 

Aguantar el que, nunca lo había visto.

 

Sintió un nudo en el pecho, una sensación extraña, como si ya supiera el final de algo que apenas comenzaba. Como si, en el fondo, hubiera una certeza enterrada en su alma—una que no podía nombrar, pero que ardía con una familiaridad inquietante.

 

Algo en él le dijo que, si seguía, terminaría roto. No sabía cómo, ni cuándo, solo que era inevitable.

 

Y aun así, su corazón no dudó.

 

Su corazón ya sabía la realidad de aquello que no alcanzaba a ver.

 

Había algo en Bo, en su mirada, en la forma en que su presencia lo envolvía, que lo hacía imposible de ignorar. Como si, sin importar lo que pasara, sin importar el dolor, él siempre elegiría esto. 

 

Siempre elegiría a él. 

 

Siempre elegiría a Bo.

 

Siempre elegiría al hombre que le rompería el corazón.

 

El silencio entre ellos se llenó del sonido lejano de un monitor cardíaco. Era absurdo. Un mafioso y un médico, de pie en medio de un hospital manchado por la violencia de esa misma noche, compartiendo un momento que no tenía sentido.

Y aún así, ahí estaban.

Luis soltó un leve suspiro, sacudiendo la cabeza con una sonrisa casi imperceptible.

—Eres un tipo extraño.

Bo no lo empresarial. Solo lo miró un segundo más, como si quisiera grabarse su imagen en la memoria antes de dar un paso atrás.

—Nos veremos pronto, doctor.

—Espera... ¿Como te llamas?.

—Mi nombre no es importante.  Mi Nombre es Bo, Bo xin.

Antes de irse miro el gafete con el nombre de la persona que tenía delante. 

 

Aquel que le roba el corazón.

 

Cuatro sílabas. 

 

Un nombre.

 

Luis.

 

—Nos veremos pronto, Luis.

 

Y con esa despedida breve, Bo se alejó, dejando en el aire la sensación de que algo había cambiado. Algo que ni siquiera Luis podía explicar.

Luis intentó sacudirse el encuentro como si fuera un pensamiento del pasajero, pero la sensación de aquellos ojos siguiéndolo permaneció con él durante el resto de la noche. Su trabajo lo absorbió rápidamente, atendiendo pacientes, revisando informes, asegurándose de que cada vida que aún colgaba de un hilo tuviera al menos una oportunidad de aferrarse un poco más a la existencia. Pero, de una vez en cuando, su mente volvió a la imagen de ese hombre de mirada oscura y sonrisa apenas insinuada.

 

Bo.

 

Luis no sabía su nombre aún, pero su presencia se había quedado con él de una manera inquietante. Era como un eco persistente en la piel. Algo en su mirada le había parecido… no exactamente peligroso, pero sí intenso. Como si hubiera visto algo en él que ni él mismo comprendía.

 

Dias despues.

 

La rutina siguió su curso. Los días en el hospital siempre eran un torbellino de trabajo, urgencias y vidas que dependían de decisiones en cuestión de segundos. Luis no tenía tiempo para pensar en cosas que estaban fuera de su control.

 

Hasta que volvieron a cruzarse.

 

Era tarde, muy tarde. La sala de urgencias estaba más tranquila que de costumbre, el silencio solo roto por el sonido distante de un televisor encendido y el murmullo de los enfermeros conversando entre turnos. Luis salía de su oficina cuando lo vio.

Bo estaba ahí otra vez.

No llevaba la misma ropa de aquella noche, pero la esencia seguía siendo la misma. Oscuro, imponente, pero con una calma extraña en su postura. No era un hombre que pareciera pertenecer a un hospital, y sin embargo, ahí estaba, como si estuviera esperando algo.

Oh, alguien.

Luis se detuvo un segundo, sintiendo una extraña sensación en el pecho antes de acercarse.

—¿Otra vez aquí? —preguntó con un tono ligero, cruzándose de brazos.

Bo suena de lado, como si la situación le divirtiera.

—No pensé que recordarías.

—Es difícil olvidar a alguien que parece sacado de otro mundo en medio de un hospital.

Bo inclinó la cabeza, evaluando sus palabras como si encontrara en ellas algo particularmente interesante.

—¿Otro mundo? ¿Es así como me ves?.

Luis soltó un leve suspiro, sacudiendo la cabeza con una media sonrisa.

—Dije que pareces. No que lo seas.

Bo dio un paso más cerca, sin invadir su espacio, pero lo suficiente como para que Luis sintiera su presencia más de cerca. Había algo en la forma en que lo miraba, en la forma en que su cuerpo se mantenía relajado pero atento. Como un depredador que observa, no para atacar, sino por pura fascinación.

—¿Y cómo eres tú, Luis? —preguntó Bo, su voz más baja ahora, casi como si quisiera captar su atención completamente.

Luis arqueó una ceja, sorprendido por la pregunta.

—¿Qué clase de pregunta es esa?

—Una sincera.

Luis lo miró, intentando descifrarlo, pero Bo era un enigma. Un misterio envuelto en una piel marcada por tatuajes y una historia que no tenía lugar en un hospital.

—Soy alguien que trabaja, que salva vidas. No hay mucho más que eso.

Bo dejó escapar un sonido suave, una especie de risa silenciosa.

—Te equivocas. Hay mucho más que eso.

Luis sintió que su estómago se apretaba ligeramente, pero no de miedo. Era otra cosa. Algo nuevo. Algo que lo hacía querer seguir esa conversación, aunque supiera que no debía.

—¿Y tú? —preguntó de vuelta, con un atisbo de desafío en la voz—. ¿Quién eres?.

Bo sonrisita, esa media sonrisa suya que parecía esconder demasiadas cosas.

—Alguien que está descubriendo algo nuevo.

Luis no pudo evitar devolverle la sonrisa, aunque no estaba seguro de lo que Bo realmente quería decir con eso.

 

Pero lo descubriría.

 

Y de algún modo, supo que ese no sería su último encuentro.

 

Por que eran dos almas que se amában con un amor que era más que amor.





Notes:

Este es un regalo para Lizzy con mucho amor y cariño. Estuve muy insegura con esto pero creo que quedo bien, espero que lo disfruten igual que yo escribirlo.